Freud tuvo muchos amigos a lo largo de su vida: los que le acompañaron de joven, los que compartieron sus estudios, los que (mayores que él) le apoyaron en su carrera, los que conoció de distintas partes del mundo cuando el psicoanálisis se afianzó como doctrina novedosa pero seria y atinada para resolver algunos de los enigmas que en aquel momento presentaban las dolencias mentales. En este capítulo aparece un número pequeño de esos amigos, pues la mayoría se mencionan en el capítulo dedicado a "Seguidores". Entre las amistades de Freud se cita a la familia Fluss, originaria de Moravia como él y que le acompañó en su adolescencia. También aparecen Fleischl, un estudiante de medicina de la Universidad de Viena y dos de sus más grandes amigos, con quienes mantiene una larga y profunda relación que luego se rompe definitivamente: Breuer y Fliess. Estos acontecimientos marcaron fuertemente el ánimo de Freud y le llevaron a decir que para él tener enemigos era casi tan importante como tener amigos.