1872 - Emil Fluss (*)

Uno de los hermanos de Gisela y compañero de colegio de Freud, con quien también mantuvo correspondencia editada en español. La amistad entre las familias Fluss y Freud es anterior a la partida de los Freud a Viena, ocurrida en 1859. En ese momento Freud tenía tres años y solo volvió a Freiberg a los dieciséis para pasar su vacaciones (acompañado por dos condiscípulos) como huésped de la familia Fluss. Freud apreciaba mucho a Emil y se lo hizo saber a su otro gran amigo, E. Silberstein, en carta del 12.08.1872, escrita en español: "...Vm. se recuerda de un joven llamado Emil, jefe de la tintura, el cual ya entonces tentó embocarme en lazos con Ich. Ese joven es mi favorito, le hallo hombre de bien, muy discreto y capaz de sentimientos nobles, con no poseer él esos principios materialísticos, que solos elevan el hombre, humillando su pequeñez. Un día, es decir: una noche (los pormenores hallará Vm. en el Tagebuch ) le he descubierto el mito sáurico de Roznau, preguntándole, si todavía tuviese inclinación por Icht. Lo ha negado de buena conciencia y de trueque me ha contado la historia de sus requiebros a cierta Otilia.(Ottilie)" En sus cartas intercambiaron impresiones de viajes, de personas, de amores adolescentes (con sinsabores y alegrías), dándose aliento y consejo con mucha confianza mutua. En carta de setiembre de 1872, Freud le decía: "...Le he escrito con fidelidad sobre lo mío...Que lo pase ud. bien y cuénteme todo cuanto pueda interesar a uno que es de Freiberg y es amigo de su casa...". En febrero de 1873 le escribía, entre otras observaciones: "...3. No es verdad que Otilia no repare en usted. El "casi" que usted agrega al "absolutamente no" destruye por completo a éste. Asombroso suceso sería que la Otilia de 15 años (una edad en que no se es descontentadizo, y menos se atiende a la persona que al cortejo) no reparase absolutamente en usted...". Esa amistad tuvo buenas consecuencias: Emil conservó las cartas de su amigo, tal como él mismo se lo había sugerido en una ocasión, medio en broma, medio en serio. A mediados de 1873, Freud había dado una serie de exámenes para hacer el bachillerato y su amigo estaba ansioso por conocer los detalles de lo que a él mismo le esperaba en poco tiempo más. En carta del 16.06.1873, Freud le contaba acerca de la temática de los exámenes y las calificaciones que había obtenido, así como de algo que provocó su asombro y una decisión que hoy tenemos que agradecerle a Emil: "...Por último, me pusieron sobresaliente en el trabajo de lengua alemana. Era un tema en extremo elevado: "Sobre las consideraciones en la elección de una profesión", y yo escribí más o menos lo mismo que puse por escrito para usted hace dos semanas sin que usted me lo reafirmara con un sobresaliente. Mi profesor me dijo además -y es el primer ser humano que osa decírmelo- que yo tenía lo que Herder tan bellamente llama un estilo idiotisch, esto es, un estilo que es al mismo tiempo correcto y característico. Me asombré lo debido ante el increíble hecho y no omito remitir lo más lejos posible el feliz acontecimiento, el primero en su tipo. A usted, por ejemplo, que sin duda no ha reparado hasta ahora en que mantiene correspondencia con un estilista de la lengua alemana. Pues entonces le aconsejo como amigo, no como interesado: guárdelas usted, átelas, consérvelas bien...uno no puede saber...". En esa misma carta, un poco antes, le detalla uno de los temas de la prueba: "...El trabajo de griego, para el cual nos presentaron treinta y tres versos de Edipo Rey, anduvo mejor, distinguido, el único con esa calificación; también había leído por mi cuenta este pasaje y no hice de ello ningún secreto...". Es la primera vez que Freud hace referencia a Edipo aunque sin ninguna connotación psicoanalítica todavía. De todos modos aquí vemos la anécdota del momento que vivía Freud cuando se puso en contacto con un tema que le sería tan útil conceptual y teóricamente más adelante. Un texto que, a juzgar por sus palabras, le había impactado más allá que por el solo hecho de estar escrito en griego, puesto que ya lo había leído por su cuenta. "Las cartas tienen una historia curiosa, que vale la pena referir. En la década de 1930, fueron ofrecidas en venta en Viena a Dorothy Burlingham, quien las adquirió y obsequió a su amiga Anna Freud. Estas viejas hojas que hoy tienen casi cien años (actualmente, más de cien), estaban desleídas y se habían vuelto casi ilegibles; acaso esa circunstancia explique que permanecieran casi inadvertidas. Tras la entrada de los nazis en Viena, Marie Bonaparte por razones de seguridad se las llevó a París junto a otros documentos y en su primera visita a Londres se las devolvió". (4 Bb)

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