Era un amigo de Freud a quien él le había
prescripto el uso de cocaína, sin éxito en cuanto a aliviar el dolor que padecía a
causa de un proceso de gangrena en el pulgar. Para agravar las cosas, en el curso del
tratamiento se volvió adicto a la cocaína como antes lo había sido a la heroína.
Esto, no menos que su errada recomendación de administrar cocaína por medio de
inyecciones, le dejaron sentimientos de culpa que se revelaron con el tiempo en sus
sueños, que aparece tanto en el conocido sueño de "La inyección de Irma" como
en "Non Vixit", con una persistente preocupación relativa a aquella desdichada
experiencia. (11 Bb)