Se dedicaba junto con su esposo al negocio textil, especialmente a la tintura y criaba a cinco hijos: tres varones (Emil, Richard y Alfred) y dos mujeres (una de ellas, Gisela, era Ichthyosaura en la correspondencia con Silberstein) Su hijo Emil fue uno de esos amigos, como Eduard con los que se carteó proficuamente. La madre de Gisela, una mujer "buena y pura", fue objeto de los tiernos sentimientos del Freud adolescente. En sus cartas a Silberstein, la recuerda como una persona siempre amable y bien dispuesta, quien pese a las limitaciones que tenían las mujeres en su época poseía una inteligencia y cultura destacables, que según Freud no tenían nada que "envidiarle a ninguna damita de salón". Se preocupaba de que el amigo y compañero de colegio de su hijo Emil se sintiera cómodo en su casa y no tenía reparos ni tan siquiera en servirle el desayuno en la cama. Freud siempre recordaría estos gestos de cariño y se los hizo conocer a "Berganza" con estas palabras: "Parece que he transferido el respeto hacia la madre a sentimientos amistosos dirigidos a la hija". (11 Bb)