EL ATAQUE A EE.UU. Y EL FUTURO
DE LA O.N.U.
EN EL "NUEVO ORDEN" DE UN MUNDO
SIN LEY
El impacto emocional de la
operación terrorista contra objetivos en Estados Unidos, condujo
a diversos analistas a establecer una nueva línea divisoria en la
historia de la nación, y hasta del mundo: "el comienzo de una nueva
era", "el establecimiento de un nuevo orden internacional", ante el dimensionamiento
de la vulnerabilidad bajo las posibilidades operativas del terrorismo.
Pero este cuadro descriptivo de la situación no es más que
reflejo del asincronismo con los acontecimientos, mostrado por un pueblo
y un gobierno dormidos en sus laureles de la omnipotencia de los que ni
Vietnam, ni los sacudones de Oklahoma y del atentado del '93 contra las
torres gemelas, alcanzaron para hacerlos despertar a la realidad.
"RIESGO CALCULADO"
Para los estadounidenses que
subestimaron al enemigo y que sobrestimaron lo efímero y vulnerable
creyéndolo eterno, el shock emocional del ataque con aviones secuestrados
les hace ver -fuera de tiempo, porque el aviso lo tuvieron desde que Hussein
llamó a "guerra santa" mediante atentados terroristas en todo el
mundo- que la amenaza exigía precauciones. Porque para frustrar
atentados no alcanza con Steven Segall, Kurt Russell y Bruce Willis; los
héroes norteamericanos que Hollywood le vende a la nación
y al mundo, no son creíbles ni para sus compatriotas. La inseguridad
ha estado cruzando el espacio aéreo estadounidense, sin que aviones
y pasajeros tuvieran su suerte asegurada en otra cosa que no sea la decisión
de fundamentalistas de abordar o no un vuelo. En plena era de las armas
electrónicas, basta tomar por asalto con cuchillos un jet, para
convertirlo en un misil tripulado. No es difícil pasar por los controles
de aeropuertos una navaja de campamentismo, cutter y tijeras (elementos
suficientes para emplear abordo como armas) sin que los mecanismos de detección
lo noten (a mi experiencia personal me remito). El "riesgo calculado" de
dar a los pasajeros tanto margen de maniobrabilidad, a lo sumo, podía
suponer la búsqueda de soluciones una vez consumado el secuestro
de una aeronave, a saber: acceder a las demandas de los terroristas o lamentar
una tragedia. Vigilancia armada en los aviones, ¿para qué?
Recién ahora, sí se empieza a hablar de su necesidad…
LA PSICOSIS Y LAS CULPAS TRAS "EL EFECTO DE LA CAUSA"
Para Estados Unidos, la psicosis
recién comienza: tomar un vuelo, ir caminando por las calles o estar
en un centro comercial de sus mayores ciudades, con la tranquilidad de
que hay seguridad, empieza a parecer difícil. Para los argentinos,
aunque en los últimos años decreciente, la psicosis de la
inseguridad, la vulnerabilidad ante la amplitud de facilidad de movimientos
de terroristas musulmanes lleva casi una década, luego de la destrucción
de la Embajada de Israel, y luego la mutual judía. Fueron claras
señales de lo que podía pasarle a quien, desde Occidente,
se metiera en conflictos internos del mundo árabe; en el caso de
la Argentina, el envío de tropas al Golfo Pérsico, con una
política no exenta de contenidos pro-judíos y "pro-yanquis"
por parte del presidente Menem que, siendo de linaje árabe, cometía
lo que podía ser entendido como un acto de traición que le
iban a cobrar de alguna forma. Más allá de la visión
política del incidente, una visión metafísica basada
en simples leyes herméticas, no puede menos que explicarlo así:
se cosecha lo que se siembra; ley de causa-efecto. El pueblo argentino
no apoyaba el envío de las tropas, ni la intervención de
Bush con la operación "Tormenta del desierto"; se panfleteaba con
la frase "Fuera yanquis del Golfo Pérsico", y hasta en los estadios
de fútbol se vitoreaba a Saddam Hussein. De haberse imaginado las
consecuencias con los edificios judíos en Buenos Aires y con las
torres gemelas y edificios cercanos, cuál no hubiera sido una oposición
mucho más ferviente a ese intervencionismo en el Golfo del que ahora
tenemos que lamentar las consecuencias en nuestras propias ciudades de
América. Además de tener que aguantarse a un autócrata
como Menem, sobre el que recién ahora empieza a caer el peso de
la ley (efecto de su siembra), el pueblo tuvo que lamentar en judíos
y no judíos víctimas de los atentados, los efectos de una
política que no apoyó.
Cincuenta años después
del bombardeo nuclear sobre Hiroshima, japoneses pedían perdón,
sintiéndose responsables de haber provocado lo que al final sufrieron.
Quizá deban pasar cincuenta años para que los descendientes
de las víctimas o los para entonces viejos sobrevivientes de la
masacre de Manhattan pidan perdón en vez de acusar. (Ironía
del destino, "karma" dirían muchos, se llamó Manhattan el
proyecto que condujo a la destrucción de Hiroshima). Por lo pronto,
el pueblo estadounidense prefiere comparar lo sucedido, con Pearl Harbor,
y no con los genocidios de Hiroshima y Nagasaki (que la balanza de "Allá
Arriba" mide y compensa tarde o temprano); pueblo que recibe los efectos
de una política de intervencionismo militar que el Islam no está
dispuesto a tolerar. Una política implementada bajo el pretexto
de la Casa Blanca de que, como el mundo necesita una policía, para
eso está el Tío Sam…
EE.UU. Y LAS FUERZAS DE PAZ DE LA ONU
Las razones por las cuales
Estados Unidos deba asumir el liderazgo de las operaciones armadas en Medio
Oriente, no son sustentables ante la comunidad islámica, y hasta
simplifican la estrategia de represalias musulmanas: atacar al enemigo
mayor.
Estados Unidos, para mantener
su liderazgo armado, ocupa el espacio que viene dejándose intencionalmente
vacío en la O.N.U. en materia de fuerzas de intervención:
el Consejo de Seguridad puede autorizar el envío de tropas y empleo
de armamento por parte de naciones, pero no dispone de una fuerza supranacional.
Dicha fuerza es la única policía que terminaría con
las suspicacias que despiertan las intervenciones de potencias como EE.UU.
en conflictos bélicos de terceros. Una fuerza de paz con arsenales
y soldados propios, y no prestados por los países intervinientes,
no tendría diversidad de banderas ni jugaría para el lado
de los intereses económicos, como sucedió con el petróleo
en Kuwait como eje de la cuestión. Mientras que la no-intervención
estadounidense -ni de nadie- en ayuda de otros pueblos hostigados, muestra
que no se puede depender de políticas e intereses establecidos desde
Washington, para que la O.N.U. disponga de recursos bélicos donde
la solidaridad internacional sea necesaria en forma de intervención.
La comunidad internacional debe proveer a la O.N.U. de efectivos y de equipamiento,
cediendo cada país parte de sus fuerzas para constituir esa fuerza
supranacional, protectora de la humanidad sin otra bandera que la azul
de Naciones Unidas. Fuerza que, para garantizar su poderío, supere
a la del propio autoproclamado país líder del militarismo
mundial. Para esto, a ese país, al igual que a las demás
superpotencias, debería obligárseles a someterse a lo que
en 1959 John J. McCloy, secretario general adjunto del Departamento de
Guerra de los EE.UU. sugirió: "Lo necesario es un desarme total:
universal, obligatorio y completo".
Pero ninguna potencia va a
desarmarse considerando que, de hacerlo unilateralmente, si un potencial
enemigo no hiciera lo mismo y aprovechara para atacar, no se tendría
defensa. A la defensa ante una eventualidad tal, hay que crearla primero:
la fuerza supranacional; la garantía de protección para todas
las naciones que se desarmen, ante cualquiera que se resista. Donde se
empieza a disponer de recursos para aplicar una ley, la ley empieza a existir
en la realidad. En los papeles nada más, ninguna ley es ley; lo
prohibido, sin elementos para penarlo, es lo mismo que permitido. Sin una
fuerza propia, la O.N.U. no es gobierno, no tiene ley: es un ámbito
manipulable dentro de la anarquía mundial, donde las potencias con
veto en el Consejo de Seguridad pueden tomar las resoluciones que les convengan,
procurando no ceder en el manejo del mundo la mínima porción
de poder para que haya una ley y un gobierno mundiales por encima de las
soberanías nacionales.
LA REBELIÓN DEL SIERVO A SU AMO
La más soberana de las
soberanías -la estadounidense- tiene el destino de todo soberano
de toda dictadura: el constante peligro de que el siervo se rebele violentamente.
Las razones del atentado del martes 11 de setiembre simbolizan el sentir
de la mayor parte de la humanidad: el hartazgo del sometimiento a un amo
en condición de siervos que -reconozcamos- es lo que somos los tercermundistas
dentro del orden internacional establecido. Aunque la forma de expresión
de esas razones, la mayoría de los siervos del amo no las aprobamos:
lo que queremos es que el amo deje de serlo y nos libere; no destruirlo.
Menos aun, con el ataque a un núcleo neoyorquino donde había
gente de todas partes del mundo, sobre todo hispanos en abundancia. Lo
del pentágono no afecta tanto la sensibilidad mundial: por el contrario
-y, honestamente, pese a la lamentaci&oaacute;n de víctimas-, no
deja de ser un golpe aleccionador al orgullo bélico de un opresor
mundial que, en lo más interno de cada uno de los oprimidos, hasta
nos puede resultar satisfactorio por merecido. Muchos habrán pensado
que si los cuatro aviones hubieran sido dirigidos a ese blanco para arrasarlo
por completo, el pesar mundial no sería el mismo que con el ataque
al World Trade Center. Los cientos de millones de pacifistas, no sueñan
otra cosa que el fin de las centrales bélicas que ponen en jaque
al planeta, y lo del Pentágono hasta puede ser entendido por creyentes
de religiones, como una manifestación de que la "justicia divina"
le llega a todos ("cosecharon las espinas que sembraron", dijo Hussein
a todo esto). Pero lo de atacar al corazón de la economía
mundial y causar miles de víctimas de todo el mundo, ya no es un
ataque al "amo", sino a la humanidad, por parte de una minoría intolerante
para con el amo, para la cual la destrucción del enemigo considerado
"diabólico" es sinónimo de heroísmo y de beneplácito
por parte de Alá.
Ser enemigo de gente con delirios
religiosos, es más peligroso que haber sido enemigo del Kremlin
incluso en pleno incidente de los misiles en Cuba. Manhattan y el Pentágono
son una pequeña muestra de ello; pequeña, porque lo peor
no pasó, no porque no se hubiera podido, sino porque simplemente
no se quiso: más terroristas y más blancos que atacar, no
hubieran tenido impedimento. Pero nada asegura que, en lo sucesivo, no
se vaya a efectuar una operación a mayor escala: la política
norteamericana en Medio Oriente ha tenido su respuesta terrorista más
como aviso, que como operación a nivel devastador, porque eso es
posible; es más económico que los misiles, los cazas, los
portaaviones y miles de soldados. Es más práctico, invisible,
imprevisible. La vulnerabilidad desnudada a la Unión por los atentados
con aviones propios, es toda una invitación para delirantes fundamentalistas
que deseen imitar la operación.
REPRESALIAS Y PERSISTENCIA EN EL ERROR INTERVENCIONISTA
Mediante lo que queda del Pentágono,
la solución a buscarse parece ser una aleccionadora cadena de represalias
contra objetivos en medio Oriente, y la persistencia en la política
intervencionista en la región. De Ho Chi Minh y su resistencia,
Estados Unidos tuvo una lección que no quiso aprender: no se le
puede ganar -al menos no fácilmente- a quienes luchan por su patria.
¿Por qué patria luchó cada muchacho estadounidense
en Vietnam? ¿Por qué causa patriótica lucharon en
el Golfo las fuerzas de cada país interviniente? ¿Cuál
es la diferencia de eso con ser mercenarios, y cuánto puede un mercenario
estar dispuesto a dar por una causa que no es suya? En una guerra con participantes
cuyas banderas y consignas estuvieron manchadas de petróleo, los
pueblos no les creyeron a los gobiernos beligerantes el cuento de la solidaridad
-de$intere$ada- para con los invadidos kkuwaitíes. No por nada la
solidaridad de los ciudadanos comunes de tantas naciones estuvo del lado
del pueblo iraquí ante los ataques a Bagdad y las sanciones económicas
de la ONU.
Luego fue lo del bombardeo
del 17 de diciembre de 1998, en cuya ocasión difundí este
comunicado: "La maternal USA, protectora de la paz y seguridad mundial,
con su madre Gran Bretaña, atacan a los iraquíes porque la
negativa de ellos a la inspección de la ONU, confirma que están
fabricando armas no permitidas; no permitidas, porque son perjudiciales
para la humanidad, para el planeta. Lo mismo que el armamento nuclear del
que USA y el Reino Unido disponen; por cierto, mucho más peligroso
para la continuidad de la biosfera planetaria. Sin embargo, no hay ninguna
prohibición de fabricar ojivas atómicas, y la Convención
de Ginebra de 1968 sobre el uso pacífico del espacio, ha corrido
la misma suerte que luego corriera la Agenda 21 sobre la biodiversidad
en la Conferencia de Río 92, pues el medio ambiente no importa.
Tampoco el ambiente extraplanetario: con el pretexto de defenderse de eventuales
ataques extraterrestres, Reagan lanzó el programa "Guerra de las
Galaxias", y ahora, con estas películas sobre asteroides que son
destruidos con bombas nucleares para salvar la Tierra, se pretende meter
en las mentes la idea de que esta tecnología es necesaria y que
debe ser llevada al espacio. Lo de Hiroshima y Nagasaki no bastó;
lo de Chernobyl tampoco sirvió, y se sigue jugando con la energía
nuclear, no inconcientemente, sino con plena conciencia del peligro en
que están poniendo al mundo. Pero van a meterse con los iraquíes,
que con sus "armas prohibidas", son un riesgo menor para el mundo. Si tienen
derecho a meterse en Irak para resguardar la seguridad de la humanidad,
¿por qué no empiezan por desarmarse ellos de sus cabezas
nucleares? ¿A éstos quién los para? ¿Para qué
existe la ONU? ¿Quiénes la manejan para que ella no prohiba
las armas nucleares?
Ha sido un día triste
para la humanidad. Una burla de los Estados Unidos y Gran Bretaña
al mundo entero. Un mundo que mira pasivo por TV el triste show, como si
fuera una película de Hollywood: Reagan con el rifle es Clinton
con los misiles sobre Bagdad, y los iraquíes son los "salvajes"
pieles rojas. Pero bien, ¡vivan los yanquis!; la ONU aplaude, y que
Alá se apiade de los suyos..."
LAS FUERZAS DE PAZ NECESARIAS
El "Vigía de Occidente",
instalado en Medio Oriente con sus Patriot apuntando, no es representativo
de las libertades y democracias del mundo como pretende serlo; no es representativo
(ni sus aliados de la O.T.A.N., ni ninguna nación que intervenga
con sus tropas), de una autoridad mundial que todo país entienda
como tal; para Hussein, esto no es autoridad, sino conspiración
mundial; esto no son "Fuerzas de Paz", sino agentes de provocación.
Era necesario que una fuerza mundial intercediera por el pueblo de Kuwait
ante la invasión iraquí; no era correcta la postura anti-intervencionista
de que "los árabes arreglen sus problemas entre ellos", y dejar
desprotegido al atacado como se dejó a los tibetanos en la invasión
china ante la inacción de la ONU. Pero, lamentablemente, no se disponía
de una vía correcta de intervención en el Golfo, que no involucrara
a países (de la O.T.A.N. y otros) en una nueva forma de Guerra Mundial
(así es la Tercera, que provocó aquél Bush y que éste
veremos a dónde la lleva… la nuclear sería la Cuarta); guerra
abierta a objetivos terroristas en los países intervinientes. No
se disponía de un ejército mundial supranacional. La necesidad
de crearlo no estaba clara; no lo está todavía para los que
deciden, pese a que celebridades de todo el mundo lo vienen reclamando
desde hace décadas. Se sigue insistiendo en involucrar a países
haciendo que envíen tropas y armas por vía del Consejo de
Seguridad. Contratados para librar combates donde les toque, esos militares
de carrera prestos para tal acción, vistos desde Irak -y por qué
no desde Occidente y desde lo más profundo y pleno de nuestras conciencias-
no difieren de los guerreros gurkas nepaleses contratados por Inglaterra
en 1982 para ir a las Malvinas a -según el ritual y la pretendidamente
aterradora propaganda inglesa- decapitar muchachos argentinos con sus sables.
El mercenario o nacionalista
material humano con que Naciones Unidas puede contar como única
fuerza disponible para ir al frente que se le designe, no es lo que la
humanidad necesita para ser protegida. Se necesita patriotas, pero no de
naciones (buscando la grandeza de su nación en la vidriera mundial
de un acontecimiento bélico extraño a su país), sino
de la Gran Nación ("Arco Iris", anunciada por los nativos de América)
que las soberanías nacionales obstruyen evitando que de una vez
se constituya como está previsto y se ha venido proponiendo desde
hace décadas; la federación de los "Estados Unidos del Mundo"
(anunciados por Víctor Hugo), patria planetaria suprema que deberá
tener cualquier integrante de los Cascos Azules, por encima de su propia
nacionalidad, para que el mundo esté custodiado por seres leales
a él, por sobre cualquier bandera.
Ésa es la policía
mundial que necesita la humanidad. Ningún tirano y ningún
terrorista podrá justificar como "voluntad de Alá" un ataque
a una fuerza de intervención genuinamente representante de la humanidad
y apoyada en una ley mundial y no en simples tratados o en arbitrariedades
de una votación del Consejo de Seguridad. Y aunque la resistencia
se produjera, una fuerza supranacional no pertenece en especial a ningún
país, ni Estados Unidos ni potencia alguna estarían en la
contienda (porque para mantener a las naciones como neutrales, es que se
establecería dicha fuerza mundial, evitando luchas entre países);
no habría más atentados terroristas contra EE.UU. si éstos
se retiraran de toda acción bélica, al disponerse ya de Fuerzas
de Paz no internacionales, sino supranacionales.
QUÉ HACER ENTONCES
La única alternativa
que le queda al arrogante poderío y orgullo estadounidense humillado
por los ataques de unos simples grupitos terroristas, es empezar a aprender
humildad bajándose del pedestal de los dioses en el que pretende
ser adorado por tiempos sin fin, y obedecido como jefe de la policía
mundial por la simple aplicación de la ley del más fuerte.
El Viejo Desorden Mundial seguirá vigente mientras la nación
sobreprotectora de sus grandes y pequeñas naciones útiles
a sus fines, y no-amiga de las naciones que no quieren subordinarse a ella,
no renuncie a su pretensión de liderazgo y asuma un rol decisivo
en la conformación de la referida fuerza supranacional, bajo un
gobierno mundial federal con una Constitución, a ser establecido
por una Asamblea Constituyente Mundial, como el único "Nuevo Orden"
emanado de la voluntad de la humanidad; no así el otro, el que,
desintegrada la U.R.S.S. y debilitada Rusia, quiso imponer George Bush
con la operación en el Golfo y reafirmado ahora por la política
exterior de su hijo. De este inadecuado "Nuevo Orden", sólo podemos
esperar un nuevo caos. A menos que hagamos algo, para sacar provecho del
ataque terrorista que todos hemos sufrido por no habernos movilizado lo
suficiente en busca de un verdadero y valedero orden mundial. Como pueblos,
tenemos el derecho y el deber de hacerlo a través de nuestros respectivos
gobiernos. En memoria de todas esas vidas perdidas, lo que se necesita
no es reedificar las torres gemelas para restaurar el orgullo desplomado
-propósito del alcalde de NY- ni levantar, en su lugar, una plaza
con un monumento recordatorio -idea mejor, expuesta ya por otra gente-;
lo que transformará a esas muertes en algo que no resulte en vano,
es que a partir de ellas evitemos millones de muertes más -ni más
ni menos que las nuestras- cambiando la estructura mundial de poder y el
concepto de qué se debe entender por "Fuerzas de Paz", y bajo qué
reformas a la ONU ellas deben ser organizadas y dirigidas, desmilitarizando
a los países para mantenerlos neutrales (consecuentemente, a salvo
sus poblaciones) ante cualquier conflicto que con la fuerza supranacional
se resuelva.
12-13 de setiembre de 2001
Comandante Clomro,
http://www.geocities.com/clomro
Autor: "Proyecto Organización de la Humanidad
Unida" (O.H.U.),
http://www.geocities.com/libertylove.geo/OHU.htm
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