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¿RECUERDO Y/O REPASO? La Ley electoral última, regla de juego, hecha por el
Congreso a finales del año 98, por los criticados partidos políticos, en su
interés, les favoreció el 8 N. En ella plasmaron formas de cambiar los mismos votos en
cargos: proporcional y nominal (mixta) y, más, apresuradamente separaron las elecciones
para tres ocasiones distintas. El voto lo partieron para adjudicar por lista, por
circuito, a su conveniencia, sin consultar al dueño y emisor del voto: al
elector. Sectorizaron la población de acuerdo a categorías definidas sólo
por ellos. Así los resultados: alta abstención; votaron los partidarios. Y,
por poco, las mismas caras de hace 40 años, vuelven al Congreso. Pero lo curioso es que
votó, el 8 N, sólo el 40% y el 60% se abstuvo o lo hizo mal. ¿Dónde queda la
legitimidad de los elegidos?. ¿Cuándo dirá algo la Corte Suprema de Justicia?. O, como
siempre ha venido ocurriendo: todo es legal; pero ilegítimo. Recuerdo: Es hora de cambio. El CNE, de arbitro, hizo piruetas; gastó un dineral;
contrató hasta lo incontratable, como el caso de una Universidad que nunca ha hecho
elecciones para que enseñe a votar; fue rebasado en su capacidad para decidir y cumplir
por la población. Algunos de sus miembros nunca han debido ser nombrados en ese Organismo
o han debido ser sustituidos inmediatamente. Su grado de credibilidad, del suelo, mejoró
en la elección del 6 D. Pero ha dejado un mal sabor en toda la población. Los participantes en las elecciones(en el juego), los
partidos, grupos y candidatos, el 8 N, convencieron sólo al 40% del electorado para
ir a votar. Hecho inquietante. Los electores, en su mayoría, 60%, se abstuvo o votó mal,
nulo. En cambio el 6 D votó el 59% y se abstuvo el 41%. Observamos que el Presidente
cosechó legitimidad. Resultado: Congreso
ilegítimo, Presidente legítimo. ¿Por qué?. Esto necesita una investigación, una
explicación; pero también necesita una opinión jurídica. La Corte Suprema debe opinar.
En la reforma a la Constitución debe incluirse un procedimiento de repetir la elección
cuando no sea legítima. Toda forma de gobierno debe estar apoyada, bien sustentada, de lo
contrario carece de la voluntad mayoritaria y afirmativa de los gobernados, de los
electores. ¿Quién gana?. Después de un acto electoral como el
del 6 D gana el juego el sistema político;
su ambiente, nacional e internacional; quienes comparten mayoritariamente los valores
básicos que legitiman y legalizan el sistema político y aquí precisamente hay una
diferencia muy grande entre los resultados del 8 N y 6 D. Quien obtuvo la mayoría de
votos, fije y trasmita objetivos entendibles y asimilables al pueblo y al sistema. El que
ofrezca y trasmita credibilidad de que puede y hará cambios sin rupturas dramáticas. El
que emocione y despierte esperanzas en un nuevo estadio político satisfactorio para la
mayoría de la población. El que tenga y demuestre formas de producir y hacer cumplir
decisiones y obligaciones para todos. El que presente respuestas eficaces a las tensiones
dentro del sistema. El que tome medidas para que funcione el sistema democrático que
quiere el país. El que utilice eficientemente las reglas del juego, incluso, para
cambiarlas sin traumas. Pregunta: ¿quedó alguien fuera del sistema?. En la
elección del 8 N quedó el 60% sin votar y/o
votaron mal. Así que aquí quedó planteado un verdadero problema. Pero desconocemos
manifestaciones contra el sistema. En la elección del 6 D el 41% quedó sin votar o votó
mal. ¿Cómo lo interpretamos?. ¿Alguien amenaza el sistema?. Si no lo vemos o entendemos es porque la causa nos
es provisionalmente desconocida. Así lo
escribió alguien. Pero creo que, por ahora, no, no hay amenazas aparentes contra el
sistema. Mostró persistencia una vez más. Posible desconocimiento de
quienes basaron su campaña electoral en la supuesta amenaza contra el sistema. La
simulación no les funcionó. ¿Y, ahora, que otra inventarán para seguir en lo mismo?.
Ya pasaron 40 años.
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Lic. Nelson Maica C Página Principal nmaicac@starmedia.com |