Proyecto
O.H.U.
Organización de la Humanidad Unida
ONG para la planificación, organización y funcionamiento
de la
Comunidad Planetaria
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Los abajo firmantes, reunidos
en integración planetaria con otros firmando en diversos países,
por voluntad de trascender fronteras nacionales, y elección de una
vida digna, en cumplimiento del ideal ancestral de unidad de los seres
humanos, con el objeto de constituir la unión mundial, afianzar
la justicia, establecer la paz, promover el bienestar general, y asegurar
los beneficios de la libertad, para nosotros, para la posteridad, y para
todos los habitantes del cosmos que deseen fraternizar con la humanidad
de la Tierra, invocando el Amor Universal, fuente y razón de la
vida, formulamos, proclamamos y establecemos estos Principios Fundamentales
para la Organización de la Humanidad Unida.
NOSOTROS, ciudadanos de todas las razas, regiones
y naciones del mundo-"Tierra", gobernados arbitrariamente por poderes políticos,
económicos y religiosos que mantienen la milenaria desunión
de los pueblos,
DECIDIMOS establecer una vía de comunicación,
integración y legislación en pro del cuidado del planeta
y el mejoramiento de la humanidad, paralelamente a la acción que
los gobiernos de los países cumplen integrados en la Organización
de las Naciones Unidas.
CONSIDERAMOS que la O.N.U. no es representativa
de las necesidades de los pueblos, sino de los intereses de los gobernantes
de los pueblos, y que, por esa razón, los ciudadanos de todo el
mundo debemos generar y desarrollar un organismo que sí nos represente,
a través del cual emprender y sostener acciones de ayuda recíproca
entre los pueblos, lo cual implica asistencia solidaria entre los ciudadanos
de países que puedan estar enfrentados, cuyos respectivos gobiernos
(incluso con intervención de la O.N.U. mediante tropas o sanciones
económicas) hayan obligado a esos ciudadanos a entrar en guerra.
RECHAZAMOS toda imposición que pueda ser
hecha por cualquier gobierno, sobre todo y cualquier civil al que se lo
obligue a participar en acciones bélicas contra otras naciones,
o se lo inhiba de permanecer al margen de tales hechos y de realizar acciones
humanitarias para con sus semejantes considerados como "el enemigo" por
parte de los gobiernos beligerantes.
NO RECONOCEMOS legalidad jurídica mundialmente
avalada por los pueblos, a la declaración de guerras por parte de
los gobiernos. La organización que los ciudadanos del mundo impulsamos,
extragubernamentalmente, apunta a constituírse en una estructura
de poder, con capacidad de legislar en pro de la unión definitiva
de los seres humanos, lo cual implica la absoluta ilegalidad de toda iniciativa
bélica por parte de los gobiernos de las naciones.
ADVERTIMOS que si la Declaración Universal
de Derechos Humanos aprobada y promulgada por la Asmblea General de las
Naciones Unidas en 1948, no establece que "todo ser humano tenga derecho
a la paz y a negarse a participar en guerras", automáticamente toda
persona queda sujeta a las disposiciones del gobierno que la obligue a
participar de la guerra, siendo el gobierno el que tenga derechos (que
la O.N.U. no objeta) y el ciudadano (sin apoyo alguno de la O.N.U. a sus
"derechos humanos" tales como la vida que deberá arriesgar) sólo
tendrá obligaciones para con el Estado.
DENUNCIAMOS, entonces, la conspiración
de los gobiernos mundiales (amparados por dicha organización con
sede en New York) que, al no haber declarado a la paz mundial como un propósito,
y a la no participación en guerras como un derecho de todo ser humano,
evidencia la disfuncionalidad de la O.N.U. como organismo representativo
de los pueblos, y como defensor de ese derecho humano omitido en su referida
declaración.
OPONEMOS a ese marco jurídico establecido
en la O.N.U. (permisivo para la proliferación de acciones bélicas
y para la industria armamentista, incluso a nivel nuclear), el establecimiento
de una Ley Mundial emanada de la voluntad popular, de los ciudadanos del
mundo llamados a manifestar su vocación pacifista.
CONSTITUIMOS como organismo mundial, jurídicamente
representativo de todos los ciudadanos integrados en esta Comunidad Planetaria,
ajena a todo gobierno, la Organización de la Humanidad Unida (O.H.U.).
12 de octubre de 2002
ESPAÑA
Barcelona: Amador Muiña Muiña,
Amdipsky
ARGENTINA
Rosario: María Hortensia Espinosa, Gomitolo
Yanina, María Graciela Dillet, Juan Carlos Carbone, Mariano Notario,
Germán Cereseto
COLOMBIA
Alfonso Muñoz, María Zenaida
Rendón, María Cielo Puerta
CHILE
5ª Región: Javiera Correa
ECUADOR
Quito: Jorge Coello Rodriguez, Cecilia Asanza, Wilson Cárdenas, Atawallpa Makarios Oviedo, José Naula, María Judith Hurtado, Elena Ramos, Neferthythy Cisneros, Susana Sacancela, Domitila Yupa, Oscar Ortiz, Patricio Guevara, Ramiro Guaño, Vinicio Díaz, Mónica Coello, Ruth Sotomayor, Wilson Zurita, Emilia Rosero, Ivan Gómez, Carlos Bueno, Eulalia Avilés, Eduardo Cadena, Lucy Torres, Juan C. Rivera, Segundo García, María Vásconez, Galo Amores, Alfonso Solines, Guido Padilla, Alfredo Yanza, Daniel Ordoñez, Honorio Jiménez, Lupe Flores, Elva Gavilanez, Veronica Baño, María Victoria Torres, Katia Páez, José Chanatasig, César Garzón, Ney Yépez, Andrea Sottoliduo, Elizabeth Carrera, Martha Jiménez, Norma Morales, Betty Pérez, Giovana Valencia, Libertad Arroyo, Patricia Araque, Nelson Espinoza, Mario Cafuto, Narcisa Infante, Piedad Ordoñez, Jorge Macas, Angel Bedón, Luis Guanda, Alba Alencastro, Adriana Elizalde, Wilmer Avila, Miguel Torres, Margoth Vargas, Mauro González, Margoth Vargas, Marco Muzo, Verónica Castro, Jorge Oña, Jumandi Chimba, Edison Cantuña, Karloman Vilota, Iván Pérez, Ana Cecilia Pintado, Diego Córdova, Anabel Figueroa, Valeria Suárez, Patricio Echeverría, Maauricio Gallardo, Byron Sánchez, Martha Cisneros, Jorge Velasco, Angel Defaz, Eulalia Garzón, David Garzón, Fabián Guevara, Jorge Darcela, Mónica Iza, Vicente Grefa, Alexandra Ibarra, Isabel Armas, Daysi Encarnación, Gloria Torres, Nelson Guevara, Nancy Noboa, Rita Ontaneda, Emma Torres, Roberto Gualoto, Enrique Guerrero, Carlos Herrera, Isabel Oña, Fernanda Cantuña, Gabriela Morocho, Leticia Oña, Carmen Tenorio, Jorge Yungán, Isabel Rodríguez, Laura Defaz, Evangelina Piza, Martha Toscano, María Cóndor, Carmen Morocho, Gloria Rodriguez, Carmen Ayala, Martha Barahona, Olga Chizaiza, Dorys Ortíz, Narcisa Cano, Antonio Cano, Florencia Maza, Rafael Cárdenas, Gabriela López, Joana Rodríguez, Jaenela Fernández, Luis Enrique Estacio, Isabel Oña, Marina Valdivieso, Galo Alvarado, Cecilia Pilaguano, Janeth Enríquez, Edith Terán, Jorge Pazmiño, Fabián Carrión, Luis Flores, Amparo Arteaga, Pilar Zambrano, José Andrés Zamora, Manuel Salgado, Josefina Licán, Laura Guzmán, Martha Ñacato, Rosa Maldonado, Jorge Purina, Angel Yom, Angel Quishpe, César Zuñiga, Edgar García, José Luis Zuñiga, Carlos Junaro, Héctor Cifuentes, Camilo Guerra, Guillermo Barragán, Alfonso Valladares, Jorge Linchiguo, Juan Morales.
Centros de sabiduría
Guayaquil: Alfonso Solines (Centro Raíz);
Machala: Guido Padilla (Equinox);
Peguche: José Quimbo (Amauta Wasi);
Quito: Allpa Sarapac Achikinti (Centro
Raíz), Atahuallpa Oviedo (Escuela Yuyarina), Eduardo Cadena
(Fundación
Universitas),
Noemí Paymal (Fundación
Niños Indigo), Eulalia Avilés (Fundación Metafísica
Quito Luz de América), Gino Calderón (Grupo Acuario),
Soledad
Yupa (Intichurikunapak), José Naula (Justicia Cósmica).
VENEZUELA
Caracas: Elena Prato, Esmeralda Prato, Iván
A. Vera, Andrés Luna Sinning (hubo más firmas; reporte
pendiente).
COSTA RICA
María Isabel Villalobos, Enrique Pacheco
López, María Felicidad Corchon Gil, Sonia Caamaño,
Patricia Vargas
MEXICO
Aguascalientes: Clomro - Keyla
ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
Aisha Mathews
ver imágenes de las firmas
FUNCIONAMIENTO ESTRUCTURAL DESCENTRALIZADO
Bases Políticas
REDES intercomunitarias mundiales
de redes comunitarias regionales, sin gobierno central.
POBLACIONES pequeñas,
permiten mayor comunicación y orden que ciudades altamente pobladas.
Las necesidades, decisiones, acciones y soluciones, pueden ser planteadas
y resueltas con máxima participación de ciudadanos, a menor
número de pobladores.
DELEGACIÓN mínima
de la autoridad popular en representantes, por parte de la colectividad,
que deben ser supervisados constantemente, y renovados toda vez que la
comunidad lo resuelva, en asambleas ordinarias o extraordinarias cuya frecuencia
no exceda el mes lunar (28 días).
NIÑOS Y JÓVENES
integrarán dos niveles de participación política:
un Gobierno Infantil Mundial y un Gobierno Juvenil Mundial, por un lado,
y un Gobierno Comunitario Infantil y un Gobierno Comunitario Juvenil, por
otro lado. En el nivel gubernamental mundial, niños y jóvenes
tomarán decisiones sobre asuntos globales, elevándolas directamente
a la asamblea mundial de representantes de redes intercomunitarias. En
el nivel comunitario, las decisiones son de carácter local y regional,
participando de las asambleas y de los consejos de representantes de los
niños y jóvenes que sean delegados por sus pares. Se parte
del principio de que en la infancia y en la juventud, debe tenerse la necesaria
capacitación, basada en el derecho y la obligación de participar
activamente en la política comunitaria local, regional y mundial.
DESNACIONALIZACIÓN
de áreas a ser cedidas por todos los países, para establecer
en ellas comunidades integradas por ciudadanos de todas las naciones y
grupos étnicos, en caracter de representantes de sus respectivas
culturas, las cuales serán mantenidas en preservación del
patrimonio cultural de la humanidad, a la vez que, diversidad aparte, todos
participarán de una cultura planetaria que integre a los miembros
de todas las comunidades de la red mundial.
TRATATIVAS con los gobiernos
de todas las naciones, para que cedan dichos territorios y les reconozcan
a las comunidades de esta red de la O.H.U. neutralidad ante eventuales
conflictos bélicos en el país donde estén asentadas,
de modo que se les garantice protección, si fuera necesario, mediante
Fuerzas de Seguridad, nacionales o internacionales.
LIBRE PERMANENCIA sin límite
de tiempo en las comunidades por parte de los inmigrantes a establecerse,
con libertad temporalmente ilimitada de tránsito por el país
anfitrión, a partir del registro de estos ciudadanos, en carácter
de miembros de una comunidad cosmopolita con asiento en un área
cedida por el gobierno nacional.
REGIONALIZACIÓN de
redes comunitarias, de modo que no estén integradas según
límites territoriales nacionales, estatales (o provinciales) y municipales,
sino intervinculadas según proximidad, pudiendo ocurrir que cerca
del límite de dos o más países, estados (o provincias)
o municipios, se establezca una red de comunidades limítrofes desvinculadas
funcionalmente de otras ubicadas en los respectivos países, estados
o provincias, o municipios, en que estén asentadas a tal distancia
que sea inconveniente encuadrarlas, para acciones coordinadas, dentro de
la división política que los países han trazado sobre
los territorios.
PLANIFICACIÓN demográfica,
en la instalación de comunidades en áreas despobladas, de
modo que el número de habitantes tenga un tope máximo, y
que entre poblaciones haya una distancia mínima establecida, con
áreas libres entre ellas, evitando la expansión poblacional
y la resultante fusión de dos o más comunidades en una población
mayor.
ROTACIÓN poblacional,
con permanencia transitoria de habitantes en las comunidades, por tiempo
a fijarse, con opción a residencia definitiva. Es de preverse que
esta forma de vida requiera, en el caso de muchos, retorno a las grandes
ciudades, a la vez que, desde éstas, otros cubran las vacantes que
aquéllos dejen, considerando que la planificación poblacional
debe mantener estable la cantidad habitantes de estos núcleos.
DESPOBLAMIENTO progresivo
de grandes ciudades, priorizando a sus habitantes, por sobre los de ciudades
menores, como admisibles para poblar las comunidades que se vayan estableciendo.
Esta corriente migratoria pretendida, cumpliría con la función
de descomprimir la población de las grandes urbes y revertir la
tendencia de los habitantes del interior de los países a mudarse
a las grandes capitales.
Propuesta de base, elaborada en 1998, sujeta a
modificaciones que mejoren, amplíen y desarrollen el proyecto.
ANEXO-1
LA O.H.U. Y LA O.N.U.
Este proyecto
de comunidades regidas por un sistema de coordinación y administración
o forma de gobierno independiente de los políticos de las naciones,
no pretende rivalizar ni con los gobiernos de cada nación en particular,
ni en general con la O.N.U. Por el contrario, a los gobiernos les será
ventajoso que en ellos no recaiga toda la responsabilidad sobre los ciudadanos,
sino que muchos de éstos, integrados en las redes comunitarias,
busquen sus propias soluciones, alivianándoles tarea a los gobernantes.
Los responsables de administrar estas comunidades, formando consejos o
comisiones regentes, no estarán compitiendo ni con los gobiernos
en los países, ni con la O.N.U., sino colaborando para cubrir necesidades
y solucionar la situación de mucha gente, a la que los sistemas
políticos y económicos no les pueden resolver sus problemas.
Los ciudadanos deberán buscar soluciones no gubernamentales a través
de vías de acción comunitaria como la O.H.U., mientras los
gobiernos no sean ni en sus respectivas naciones, ni por vía de
la O.N.U. a nivel mundial, representativos de los pueblos, sino de intereses
de minorías que conspiran contra la satisfacción de las necesidades
vitales de los pueblos, explotándolos, empobreciéndolos,
dominándolos.
Las perspectivas
de un gobierno planetario único que no haga otra cosa que imponerle
a las naciones regímenes políticos y económicos que
empeoren la situación, están exigiendo que se empiece a trabajar
de abajo hacia arriba, es decir, desde los ciudadanos actuando comunitariamente,
hasta el logro de un cierto grado de entendimiento mundial. Porque esperar
a que llegue la solución de arriba hacia abajo, es decir, desde
la O.N.U. a los pueblos, no está mal, pero no debe ser lo único
a lo que apostar el destino del mundo. Las dos cosas son necesarias: ciudadanos
que asuman roles activos a nivel comunitario, más allá de
sistemas gubernamentales, y un cambio en la O.N.U., que la convierta en
la voz y la ley de los pueblos ante sus respectivos gobiernos. Vale decir,
una organización que vele por los derechos humanos y los proteja
de las irresponsabilidades y abusos de gobernantes cuyas políticas
desfavorezcan o se opongan a los más elementales principios de la
dignidad humana. Que ninguna dictadura pueda adueñarse de los destinos
de un pueblo, llevándolo incluso a guerras con otros pueblos, sin
que interceda un tribunal internacional cuyas disposiciones estén
garantizadas por una fuerza de intervención con capacidad de disuación.
Situación ideal ésta para la cual las posibilidades operativas
están dadas, y sin embargo la O.N.U. no ha sido todavía convertida
en el órgano por medio del cual esa operatividad se cumpla. Es decir,
tenemos una organización de naciones que sigue siendo inoperante
para unirlas y para asegurar en cada una de ellas regímenes gubernamentales
que aseguren la justicia, los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Que no se haya
querido -porque poder, se puede- hacer de la O.N.U. una fuerza supranacional
con autoridad por sobre todo gobierno de todo país -y esto incluye
a las cinco potencias nucleares que son las únicas naciones con
poder de veto en el Consejo de Seguridad de la O.N.U.-, indica que el mundo
sigue manejado por las naciones poderosas que no están dispuestas
a renunciar a su autodeterminación en cuestiones bélicas
y someterse a una autoridad mundial que les impida hacer lo que se les
antoje con sus ciudadanos, contra sus eventuales o tradicionales enemigos,
y contra el planeta. No puede haber verdadera unión de naciones
sin un organismo que tenga tal autoridad, y no será la única
finalidad de la O.H.U. trabajar paralelamente a los gobiernos de la O.N.U.
dado que ésta no funciona como debería, sino también
generar posibilidades para que consiga hacerlo.
Cuando por disposición
de la Asamblea General de la O.N.U., ocurran acontecimientos tales como
que el gobierno chino desocupe el Tibet, le restituya su independencia,
y el Dalai Lama pueda retornar a su país, las cosas en el planeta,
a nivel gubernamental, estarán empezando a funcionar como debe ser.
Mientras tanto, a nivel no gubernamental, las cosas han empezado a funcionar
hace rato, a ritmo mucho más acelerado. Por lo que, entre la lentitud
gubernamental y la aceleración de las iniciativas no gubernamentales
ante el estado del mundo, la idea de una organización para una humanidad
unificada sintonizó más con dichas iniciativas que con los
planteamientos de partidos y líderes políticos, generalmente
con intereses demasiado nacionalistas u oligopólicos para un proyecto
como éste, de orientación universalista.
Por eso la idea
de un "gobierno" paralelo a los gobiernos está desprovista de típicos
factores gubernamentales como poderío bélico y sistemas legislativos
y judiciales que efectúen imposiciones o penalizaciones al margen
de las leyes y de los tribunales nacionales e internacionales. Se trata
de un "gobierno" en sentido organizativo y administrativo de las comunidades,
a constituirse con representantes de redes comunitarias de todo el mundo
para resolver cuestiones a nivel global. Un gobierno en el que no habrá
partidos políticos ni jefes, pues lo compondrán delegados
o voceros de redes de comunidades donde las resoluciones de sus pobladores
sean las que se expongan en las reuniones a nivel mundial por parte de
los representantes.
Es decir, que
la noción de representatividad es la clave; las poblaciones comunitarias
no deberán estar sujetas a disposiciones arbitrarias de autoridad
alguna que hayan elegido para que ésta tome decisiones autónomamente
en cuestiones en las que las poblaciones no tengan voz ni voto: todas las
cuestiones fundamentales de la vida comunitaria deben ser resueltas mediante
referéndum, y todo consejo de representantes tendrá la función
de hacer que se cumpla con lo decidido por la mayoría. Cuando hablamos
de sistemas "representativos" en las democracias, nos referimos a aquéllos
en que la elección de "representantes" les concede autoridad para
tomar decisiones, incluyendo no representativas de la voluntad del pueblo.
Y es allí cuando las autoridades elegidas por el pueblo dejan de
representarlo, y cuando el sistema democrático "representativo"
en teoría, deja de serlo en la práctica. El concepto de representatividad
en las comunidades de la O.H.U., no consiste en designar representantes
para dirigir, porque hay una dirección a seguir que está
bien clara en las bases organizativas de las comunidades, y tales principios
hacen innecesario cualquier liderazgo. También ello implica estas
dos razones: por un lado, la población de las comunidades está
ideada como suficientemente reducida para hacerla absolutamente participativa
en la toma de decisiones; por otro lado, no deberá existir una "clase
dirigente" con una preparación cultural que el resto de los habitantes
no tenga, porque uno de los propósitos de estas comunidades es que
todos accedan con las mismas posibilidades a un nivel cultural que les
permita los mismos derechos de participación en las decisiones que
cualquier otro miembro de su comunidad. El logro de humanos culturalmente
y espiritualmente elevados es uno de los pilares del proyecto, y a humanos
de tales condiciones no hay que "gobernarlos", sino ponerlos a gobernar:
a mayor participación de los ciudadanos en la resolución
de situaciones, menor necesidad de decisiones tomadas de arriba hacia abajo.
Podrá
suceder que personas con mayores conocimientos y mejores ideas que otras,
efectúen propuestas y elaboren proyectos, funcionando más
activamente que la mayoría en cuestiones de planeamiento, organización
y administración. Que tengan mayor autoridad cultural o intelectual
que el resto, no deberá derivar en que se les conceda autoridad
política superior a la de los demás: la población
deberá estar lo suficientemente capacitada para saber evaluar lo
que la gente más activa en elaboración de propuestas ponga
en consideración de todos. A su vez, no deberá existir una
clase "intelectual" y una clase "trabajadora": la biblioteca y las tareas
agrícolas deben ser para todos. Esto es necesario para evitar la
tendencia de unos a querer manejar las cosas, y la de otros a dejar que
las responsabilidades de manejarlas queden en manos de aquéllos.
En el terreno
jurídico, la meta en cuanto a dónde se deberá juzgar
y penalizar todo acto ilegal cometido en cualquiera de las comunidades,
es que sea por un Tribunal Mundial, a través de una delegación
en el país del hecho; en principio, en su capital; más adelante,
con subdelegaciones en diversas ciudades y, quizá a la larga, en
la misma comunidad, o al menos en una de las áreas intercomunitarias
con jurisdicción en varias comunidades. Pero mientras no existan
leyes internacionales que puedan asegurarse mediante sanciones efectivas
por parte de la O.N.U., y no pueda ser ella la responzable a nivel jurídico
de comunidades que los gobiernos nacionales declaren como "áreas
desnacionalizadas", deberá ser a las leyes nacionales a las que
se someta todo infractor de ellas. Es decir, que hay que diferenciar lo
que es la comisión de infracciones contra la normativa propia de
las comunidades (cuyas sanciones internas no sean ilegales en el país
donde estén establecidos estos núcleos comunitarios), de
lo que es la comisión de delitos según sean entendidos como
tales por las leyes nacionales. En las comunidades se podrá juzgar
y penalizar toda conducta inadecuada a la normativa comunitaria, imponiendo
sanciones que no se aparten de las leyes del país. Pero será
a éstas a las que se derive todo caso que exceda no sólo
la normativa de la comunidad, sino también el marco jurídico
del país.
La máxima
sanción que los miembros de una comunidad podrán imponer
a otro, es la pérdida del derecho a seguir viviendo en ella. Si
alguien fuera injustamente sancionado de esa forma (o alguna otra), mediante
argumentos falsos ante los cuales pudiera mostrar evidencias en contrario,
tendrá el recurso de acudir a los tribunales nacionales para demandar
a los responsables de su expulsión de la comunidad. Esto podrá
evitar que miembros de las comunidades conspiren contra terceros mediante
falsas acusaciones, sin que éstos puedan accionar jurídicamente
para protegerse y para evitar que los responsables del perjuicio ocasionado
obren impunemente. Es decir, nada sustancialmente distinto de las acciones
legales que puede iniciar un ciudadano contra una institución, empresa
o gobierno que le ocasionaran algún perjuicio.
En cuanto a
la "desnacionalización" de territorios y poblaciones donde estén
asentadas las comunidades, esto sería inconveniente desde el punto
de vista jurídico, mientras no sea bajo leyes internacionales que
se regule la conducta de sus habitantes. Mientras la O.N.U. no pueda ser
el organismo mundial jurídicamente responsable de las comunidades,
alguien debe serlo, y es el país donde ellas estén. No puede
el gobierno del país desentenderse de tal responsabilidad sin que
alguien se ocupe; en este caso, Naciones Unidas, porque se trata de comunidades
compuestas por representantes de diversas naciones, y sería coherente
que, tratándose de una experiencia conjunta de gente oriunda de
ellas, sus respectivos gobiernos, por vía de la O.N.U., aseguren
un marco jurídico internacional a sus respectivos ciudadanos habitantes
de las comunas. Una experiencia internacional a nivel planetario como ésta,
con implicancias trascendentales para la humanidad, requiere que las Naciones
Unidas no se desentiendan del asunto y participen para que los derechos
humanos y las obligaciones que ellos implican jurídicamente, tengan
al menos en estas comunidades el primer ámbito del mundo donde la
O.N.U. disponga de atribuciones para hacer efectivo, en carácter
de ley, lo que hasta ahora las autonomías nacionales le vienen restringiendo.
Desde el momento
en que los asuntos jurídicos de las comunidades pudieran ser puestos
por los gobiernos bajo la normativa de la O.N.U., y desde el momento en
que los gobiernos de las naciones de origen de los residentes en las comunidades
pudieran ocuparse de la resolución de determinados problemas de
sus ciudadanos, por ejemplo, a nivel económico, sanitario, de recursos
técnicos, etc., la perspectiva de un mundo sin fronteras sería
abierta mediante la desnacionalización de estas fracciones de territorio.
Porque esto, al hacer que las responsabilidades sobre ellas dejen de estar
en manos del gobierno nacional, para ser puestas bajo responsabilidad de
las naciones representadas por los habitantes extranjeros, reduce espacios
y problemas de los cuales tenga que ocuparse el gobierno del país,
y abre espacios cuyos habitantes estén bajo responsabilidad del
conjunto de naciones. En la medida en que estos espacios crecieran, los
países se irían reduciendo en extensión, aumentarían
los territorios "internacionales" o bien "no nacionales": neutros, no de
"propiedad" del conjunto de las naciones, sino ajenos ellas, que cuidarían
de la neutralidad de esos territorios. Realmente, comunidades integradas
por gente de todo el mundo no encajan con el concepto de nación,
por el sólo hecho de estar situadas en un país. Si los países,
como una forma de contribución al establecimiento de una comunidad
planetaria con una humanidad unida, cedieran para este propósito
partes de sus territorios, convirtiéndolos en "embajadas" de las
naciones, como tránsito para que éstas los conviertan en
porciones autónomas pertenecientes a una comunidad humana sin divisiones
nacionales, los ciudadanos cuyos gobernantes decidieran efectuar tal contribución,
seguramente no sólo no se opondrían, sino que muy probablemente
serían los primeros en apoyar la iniciativa cuando los políticos
todavía estarían discutiéndola. Mucho antes de que
el primer gobierno de un país resuelva desnacionalizar zonas para
que allí sean establecidas estas comunidades bajo responsabilidad
de las Naciones Unidas, este proyecto será aprobado, apoyado y presentado
a muchos gobiernos por parte de ciudadanos y organizaciones no gubernamentales
de diversos países.
25 de junio de 2001
ANEXO-2
ÁREAS NEUTRALES DESNACIONALIZADAS
Podrá
parecer, en una primera -y apresurada- apreciación, imposible que
una nación ceda porciones de su territorio a una comunidad mundial.
Sin embargo, enormes extensiones de tierras de muchos países, especialmente
tercermundistas, son vendidas sin problema alguno a extranjeros. Pueden
encontrarse, por ejemplo, en la Patagonia argentina, lugares donde se habla
Inglés, el idioma de tantos terratenientes de allí. Pero
ningún ejemplo mejor que la venta de empresas nacionales al extranjero,
para tener una medida de lo poco que les importa a los gobiernos tercermundistas
ceder partes de la nación. En ese caso, dinero de por medio, no
importa bajo qué bandera funcionen ferrocarriles, líneas
aéreas, petroleras o telefónicas: que desde el exterior ingrese
capital y se administre lo que un país subdesarrollado no consigue
manejar, es una carga que el Estado se saca de encima (a la larga, esto
empobrecerá a la industria nacional, pero mientras tanto es un alivio).
Visto esto,
no es, comparativamente, extraño el planteo de ceder partes de territorio
para un proyecto de comunidades mundiales, al suponer afluencia de capitales
aportados desde los países representados por los pobladores de esos
núcleos, y al implicar una administración gubernamental y,
a la larga, hasta jurídica por parte de un órgano supranacional
-en principio, la O.N.U., y luego, según cuánto se avance,
la O.H.U.- todo lo cual alivie el trabajo de los gobiernos de los países
que cedieran tierras, sobre las cuales, así como sobre sus habitantes,
ya no debiera asumir responsabilidades -presupuestarias inclusive-, pues
toda una organización mundial estaría ocupándose de
ello.
Por lo tanto,
más que utopista, es optimista y sumamente realista este planteo
de aspirar al logro de áreas nacionalmente neutras, declaradas como
tales por los gobiernos. Pero debe tenerse en cuenta que existe la posibilidad
de que haya gobiernos que, urgidos de ayuda internacional, procuren sacarse
un peso de encima entregando el "paquete completo" de territorios con gente
y todo (viviendo en la extrema pobreza), para que la organización
mundial les resuelva la crisis... Con muchas empresas en bancarrota rematadas
al mejor postor, se ha hecho no mucho menos que eso.
8 de setiembre de 2001
ANEXO-3
ASPECTOS NORMATIVOS EN LA VIDA
COMUNITARIA
Los principios
fundamentales que han dado origen al Proyecto O.H.U., como producto de
la disfuncionalidad de la O.N.U., plantean la necesidad de una acción
por parte de los pueblos al margen de sus gobiernos, con miras a una legislación
mundial fuera del marco de Naciones Unidas, por inoperancia jurídica
de éstas. Pero de ser reformada la O.N.U. y convertirse en lo que
el mundo operativamente necesita, el marco jurídico que ella proporcionaría
a los pueblos haría innecesario que ellos deban buscar fuera de
sus gobiernos y de las Naciones Unidas una legislación, porque se
contaría con ella. El problema que se plantea es cuánto tiempo
la humanidad debe esperar a que la O.N.U. sea reformada y las comunidades
de la O.H.U. dispusieran de una Ley Mundial emanada de las Naciones Unidas,
para no tener que estar cada comunidad sometida a la ley del país
donde esté asentada. Mientras tanto, tomando a cada comunidad de
la O.H.U. como un conjunto de individuos dispuestos a aceptar una determinada
normativa de convivencia mutua, tal normativa interna de la O.H.U. para
regir en todas sus comunidades, debe ser formulada por una asamblea, como
lo hace cualquier organización no gubernamental, empresa o club,
que tienen sus reglas y su "gobierno" (aunque no sean organizaciones "gubernamentales";
de ahí el concepto de "Gobierno Paralelo del Mundo" de la O.H.U.,
en un sentido organizativo y normativo interno, y no de poder político
a nivel Estado).
El sólo
hecho de crear una organización con una normativa interna que una
convención internacional establezca, y que no entre en contradicción
con las legislacones de ningún país, determinará qué
tipo de personas poblarán las comunidades, restringiéndose
a aquéllas cuyos valores e ideales sean coherentes con los de la
O.H.U. Como experimento en forma de escalón para sucesivos pasos
hacia el logro de un mundo con un orden político y jurídico
deseables, sus resultados serán de valor. Incluso, como una forma
de ir preparando, entrenando a la O.N.U. para que vaya adquiriendo efectividad
en la aplicación internacional de su normativa, estas comunidades
pueden ser constituidas en el primer ámbito, en principio experimental,
para que Naciones Unidas ejerza una autoridad efectiva a nivel supranacional.
La lectura de
la declaración de principios fundamentales de la O.H.U. puede dar
lugar a interpretar que el planteo es contra la O.N.U. por ineficiente
y por representativa de intereses contrarios al bien de la humanidad. Debe
quedar claro, en vistas de lo hasta aquí expuesto, el sentido de
la noción de "paralelismo" en el Proyecto O.H.U. con respecto a
la O.N.U. y a los gobiernos de las naciones, como un camino al margen del
sistema político mundial y no en conflicto con él; más
aun, procurando establecer con ese sistema toda convergencia posible en
pro de fines comunes.
10 de setiembre de 2001
ANEXO-4
LA O.H.U., LA O.N.U. Y LOS FUTUROS
ESTADOS UNIDOS DEL MUNDO
Considerando
los conceptos "Confederación" y "Federación" (el primero,
sinónimo de "liga", compuesto de Estados soberanos que obran separadamente
sin una ley y gobierno para todos, y el segundo, sinónimo de "unión",
compuesto de Estados regidos por una legislación y autoridad supremas),
observamos que la O.N.U., siendo una confederación no es una "unión",
sino una liga de naciones separadas. Hasta tanto no sean convertidas en
Estados de una Federación Mundial, las naciones nunca podrán
estar "unidas". De esto se deduce que la denominación "Naciones
Unidas" es técnicamente incorrecta; Estados Unidos del Mundo sería
la denominación apropiada, para el momento en que una ley y gobierno
mundiales fueran establecidos. Desde ese momento, operativamente en lo
político, dejarían de existir las naciones, por más
que cada pueblo conserve sus banderas, himnos, sentimientos patrióticos
y límites fronterizos; en la realidad, serán Estados de un
nuevo orden, no ya "internacional" (término éste que dejará
de valer) sino mundial, en el que las relaciones serán "interestatales"
dentro de una república planetaria.
La irrealidad actual y la no existencia futura del binomio Nación-Unión,
hace que la O.N.U. debiera haberse llamado -en honor a la verdad- Naciones
Confederadas o Liga de Naciones.
Hablando del futuro, el planteo de los "Estados Unidos del Mundo" y el
de la "Organización de la Humanidad Unida", no deben confundirse:
esta última no pretende ser una organización gubernamental,
no pretende competir con la futura Federación de Estados ni hoy
con la O.N.U. El proyecto de las comunidades en red mundial, necesita ser
operado como organización no gubernamental; hoy, apoyado o no por
la O.N.U.; mañana, indiscutiblemente instrumentado, mejorado, quizá
patrocinado o tal vez absorbido por la Federación Mundial que reemplazará
a la O.N.U., porque el proyecto O.H.U. para los futuros Estados Unidos
del Mundo, sería de las mejores e imprescindibles herramientas para
el logro de una humanidad que, por fin, luego de toda su historia anticomunitaria,
tenga un proyecto para ser convertida en Comunidad Planetaria.
10
de setiembre 2001
(O.H.U., Organización de la Humanidad Unida, comenzó como idea del autor del proyecto, el 5 de junio de 1993, mientras redactaba un mensaje sobre el futuro del planeta en ocasión del Día Mundial del Medio Ambiente).
[Principios
y Fines] [Proyecto]
[Comunidades] [Situación
de la O.N.U.] [Bandera de la Paz]
[Jardín de la Paz] [Planificación
de Pasos 2002-2013] [Divulgación]
[Participe] [Páginas
Relacionadas]
Reuniones del 8 de agosto al
12 de octubre de 2002
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