CONSIDERACIONES SOBRE LA DIVULGACIÓN
DEL
PROYECTO O.H.U.
Para impartir nociones introductorias en reuniones, conferencias, clases escolares, universitarias, programas de radio y TV, medios gráficos, Internet, y demás vías posibles
Quien haya leído
el Proyecto O.H.U. y desee participar en él como divulgador, instruyendo
a personas que ignoren de qué se trata, podrá formular su
propio sistema de enseñanza, presentando los temas en el orden que
considere conveniente. No necesariamente debe seguirse una única
secuencia temática para que la transmisión y el entendimiento
del destinatario de ella se produzcan satisfactoriamente. Por lo tanto,
habrá que considerar alternativas distintas según las personas
y las circunstancias en que se desarrolle la tarea.
Impedimentos
Cualquiera sea el
procedimiento a llevar a cabo, deberá hablarse, ante todo, del objetivo
final: la unificación de la Humanidad, y todo cuanto ello implica
(integración multiétnica, tolerancia y convivencia multirreligiosa,
desaparición de barreras limítrofes nacionales y de fanatismos
nacionalistas, ausencia de guerras, de hambre, etc.). Lo primero que habrá
de considerarse al respecto de este propósito final, es que hay
un prejuicio instalado en la mente de las personas, consistente en que
tal aspiración unificadora es imposible de concretarse, al menos
por lo pronto. Considerando ese prejuicio, habrá de tenerse claro
que a la mayoría de la gente no tiene por qué interesarle
un proyecto de Humanidad Unida que, al menos por lo pronto, no va a lograr
su propósito. Tampoco tiene por qué interesarle a la gente
un proyecto tal, cuyo propósito vaya a lograrse -si es que se lograra-
dentro de mucho tiempo. A la gente le interesaría, si se la convenciera
de que no será mucho ese tiempo, que el proyecto fuera concretable
en lo inmediato, y que, por lo tanto, saber en qué consiste y hasta
participar en él, resultaría deseable.
Si a la gente se
le habla de lo que debe ser el mundo del mañana, fraternalmente
unido, y de que hay un proyecto para llegar a él, lo primero que
muchos harán es pensar en todos los impedimentos por los cuales
la utopía carece de sentido práctico. Por lo tanto, de lo
primero que se debe hablar, antes de entrar en el desarrollo del proyecto,
es precisamente de los impedimentos que la humanidad tiene para unirse.
Justamente son
esos impedimentos los pilares del Proyecto O.H.U.: por curioso que pueda
parecer, se trata de un proyecto elaborado al revés de lo que se
supone que debe ser un proyecto de transformación mundial; se supone
que hay que partir de pilares sólidos, favorables, para proponer
y concretar un cambio en la humanidad, y no de impedimentos. En efecto,
políticos y magnates corporativos buscan soluciones a través
del poder y el capital, con el individualismo y la competencia como motores
de progreso, desarrollo y prosperidad. Contra ésos que se supone
que tienen que ser los fundamentos de los cambios mundiales, el Proyecto
O.H.U., inversamente, propone que poder, capital, individualismo y competencia
son impedimentos para la unificación humana. Lo que se viene proponiendo
como soluciones, son justamente los problemas que este proyecto define
como bases de sustentación sobre los cuales elaborar estrategias
de cambio. Mientras desde las altas esferas de poder se hace un llamamiento
a "combatir la pobreza" (de ahí la sistemática eliminación
de millones de pobres), el Proyecto O.H.U. plantea la necesidad de "combatir
la riqueza" (no eliminando a los ricos como Mao hizo fusilando a terratenientes,
sino combatiendo a la codicia materialista dentro de cada ser, con el desarrollo
de la humildad, espiritualizando a la sociedad con valores trascendentes).
Quien afirmara
que el Proyecto O.H.U. no puede funcionar porque hay excesiva riqueza acumulada
para bien de unos pocos, o porque hay mucha competencia y poca colaboración
solidaria, o porque hay guerras, divisiones religiosas, nacionalismos y
demás problemas mundiales, estaría enunciando justamente
los factores por los cuales éste es un proyecto que sí puede
funcionar: porque los considera, los enfrenta y los resuelve, en lugar
de evitarlos (o promoverlos) como lo hacen las cabezas del sistema de poder
mundial. Si no fuera porque todos esos y otros factores que mantienen el
status quo, deben ser contrarrestados, este proyecto no existiría.
Si existe, es porque hay que contrarrestarlos, por más que otros
proyectos mundiales se empeñen en preservarlos; más aun,
justamente por ese empeño en mantener el "orden" existente, es que
algo grande a nivel mundial había que proyectar en contrario, y
ése fue el origen del Proyecto O.H.U.
Por lo tanto, no
puede efectuarse ningún discurso de presentación de este
proyecto, sin exponer claramente, frontalmente desde un comienzo, cuáles
son las estructuras conspirativas contra la unificación de la humanidad.
Religión
Si en el momento
inicial de una presentación del tema, alguien pudiera anticiparse,
por ejemplo, al tema religioso como impedimento, pensando en que es imposible
la unificación mundial con tantas religiones, no tardará
en percibir que éste no es un proyecto inconsistente que no considera
tal dificultad y que vuela alto de un modo delirante e irreal, pensando
que acaso las religiones van a unirse. Por el contrario, habrá que
aclarar de entrada este punto para que la gente que pudiera creer con esa
falencia al proyecto, sepa de inmediato que no la tiene, pues se trata
de un proyecto que considera que la diversidad religiosa es realmente un
problema, y que como tal requiere una solución; que sin esa solución,
no habrá ninguna humanidad unida, mientras que muchos están
pensando en que la humanidad va a unirse pese a que se mantengan las diferencias
religiosas con sus respectivos fanatismos.
Llegado a ese punto,
el oyente, en vez de pensar en un nivel bajo, en el que crea que "no funcionará
el proyecto porque hay desunión religiosa", pensará en un
nivel más alto, en el que se pregunte cuál es el planteo
que el proyecto efectúa para superar las diferencias religiosas.
La pregunta sería: ¿existe alguna forma de solucionar esto?
La respuesta: si no existiera, no habría Proyecto O.H.U.: la religión
como problema, tiene solución. Y obsérvese bien: no "las"
religiones como problema, sino "la" religión como problema; es decir,
no se trata de una cuestión de pluralidad de cultos lo que hace
al problema, sino que el problema pasa por dentro de cada culto, porque
es un problema de religión y no de religiones. Es en la religión,
y no en las religiones, donde hay que focalizar, en vez de dispersar en
lo múltiple, la atención para detectar dónde está
el problema a resolver.
Los sistemas políticos
ateos que la eliminaron, no mejoraron el estado espiritual de los ciudadanos.
Por lo tanto, no se trata de terminar con la religión para que se
acaben las religiones, y se acaben los problemas, sino de replantear el
sentido de la religión, para que las religiones verdaderamente sirvan
para contribuir con la solución de los problemas humanos, en vez
de agravarlos como lo hacen.
La religión
debe ser replanteada como una actitud mental y espiritual con diversas
ramificaciones doctrinarias, ninguna de las cuales tiene por qué
ser tomada como la única verdad en detrimento de la supuesta falsedad
de todas las demás. La religión debe ser replanteada como
ese árbol multidoctrinario cuyas ramas deben ser conocidas todas
(y no sólo la "oficial" del país), enseñadas y aprendidas,
razonadas y debatidas, desde la niñez, para elegir libremente, si
es que acaso se elegirá alguna luego de haber aprendido la relatividad
de todas y el absolutismo de ninguna en la verdad total. Somos un planeta
evolutivamente retrasado a nivel mental y espiritual y, por lo tanto, hemos
necesitado religiones para encauzar a los ciudadanos en conducta y convivencia;
no obstante, siempre habrá individuos de mentalidad y espiritualidad
más avanzada, que ya no necesiten de sistemas doctrinarios para
estar en comunión con los demás y con lo Superior. Individuos
que hayan trascendido la etapa humana de la "re-ligión" (re-ligare:
"volver a ligar"), porque tan atrás habrán dejado la desconexión,
que estarán, sencillamente, ligados, en conexión cósmica-espiritual,
sin necesidad de mandamientos y rituales, de templos y de intermediarios,
porque obrarán correctamente sin necesidad de otra guía que
la conciencia y espiritualidad que tendrán.
Terminar con las
religiones antes de que todo el mundo alcance ese nivel, dejaría
un vacío que podría ser contraproducente; mejor es la conexión
que la re-conexión o "re-ligión", pero el proceso
de reconexión requiere pasos, y las religiones, dentro de la religión,
son niveles por los que todavía deberán pasar muchos antes
de trascender a un nivel más elevado. El nivel más alto de
la religión, es en donde el aprendiz deja de necesitarla, porque
ella le ha provisto los elementos suficientes para estar en conexión
con lo Superior, sin necesidad de ella. La religión, la pura, en
ese sentido, nada tiene que ver con dogmas separatistas entre humanos:
es un proceso de restablecimiento de una espiritualidad perdida, que culmina
dejando de existir, en el individuo espiritualmente restablecido; mientras
que las religiones que compiten contra otras religiones son la contaminación
de la religión.
Purificar la religión
de esta contaminación, es el primer paso para que las religiones
no interfieran en el proceso de unificación de la humanidad, sino
que contribuyan con él. Lo impuro de la religión (que no
pertenece a ella, pero que es identificado con ella culpándola de
ser corrupta), que se expresa en todas las religiones, es la presunción
de verdad absoluta. Ningún camino espiritualmente puro y elevado
necesita verdades absolutas para inspirar bondad, amor y paz. Cualquiera
de los verdaderos caminos espirituales reconoce sus limitaciones, su constante
búsqueda de la verdad, una verdad a la cual puede uno ir acercándose,
pero nunca poseerla, mientras que los falsos caminos espirituales se proclaman
dueños de la verdad, y convencen a sus adeptos de estar en ella,
y de que los adeptos a otras creencias están en el error o la mentira.
Cuando la palabra "verdad" desaparezca del discurso religioso, empezará
la purificación. Cuando el amor deje de ser tan sólo una
palabra de discurso, desaparecerá la religión porque la reconexión
habrá sido trascendida, debido a que los pasos religiosos habrán
quedado atrás; se estará en conexión.
Mientras tanto,
pocos estarían dispuestos a renunciar a las religiones, si a cambio
no hubiera una propuesta que justificara hacerlo; pero si la alternativa
fuera una vida plena, justa y fraterna, bajo una cosmovisión que
elevara al individuo integrándolo en armonía con lo Superior,
sin necesidad de sistemas doctrinarios, renunciar a las creencias divisorias
empezaría a tener sentido para muchos de sus adeptos.
Nacionalismo
Con una educación nacionalista como la que los países imparten a los alumnos, no puede esperarse suficiente apoyo popular a la constitución de una federación mundial de estados sometidos a una ley que acabe con la soberanía de las naciones y hasta con el concepto de nación. Para comprobar lo que piensa la gente, bastaría con una encuesta proponiendo estas opciones:
A- Los países
deben ser soberanos, autodeterminados, cada uno con su propia constitución
nacional.
B- Deben renunciar
a la soberanía para estar bajo un gobierno y una ley mundiales.
Por más que
tanto se hable de universalismo, a la hora de la verdad la gente se volcará
por la defensa de los "eternos laureles" de la independencia y soberanía
"que supimos conseguir", por más que se queje de la globalización
mientras compra en Wal-Mart. Defiende el nacionalismo sacando a relucir
su bandera en las fechas patrias o en las competencias deportivas internacionales,
pero se lleva bien con la globalización económica y, especialmente
los adolescentes poniéndose ropa que si tiene la bandera de U.S.A.,
mejor, por más que se la pasen hablando de su aversión por
el imperialismo estadounidense.
La gente preferirá
el nacionalismo y se opondrá a la idea de un gobierno mundial, porque
asocia a éste con la idea de una posible dictadura (y tiene razón);
por lo tanto, entiende que es mejor seguir como estamos…
La única
forma de mentalizar a la gente para que apoye la idea de un gobierno mundial
en vez de al nacionalismo y la soberanía, es hacerle ver que, justamente
por la amenaza concreta y visible de esa dictadura mundial, debemos en
todos los países movilizarnos los ciudadanos para ponernos de acuerdo
en cómo impedirla, a través de un sistema democrático
mundial. La gente deberá entender que no se puede contrarrestar
una dictadura sin una democracia, y que divididos en naciones cuyos ciudadanos
no constituyan un gobierno que represente a todos los pueblos, el vacío
de conducción por parte de los pueblos, es propicio para ser ocupado
por una dictadura.
Por lo tanto, otra
pregunta para la encuesta podría ser: para evitar que sea constituido
un gobierno mundial dictatorial que termine con las soberanías nacionales,
¿sacrificaría su nacionalismo para apoyar a un gobierno democrático
de todos los pueblos, que los unifique en una sola nación? Seguramente,
a esta altura de la propuesta y luego de haber efectuado las debidas explicaciones,
el punto de vista de muchos, quizá mayoritario, podría dar
un sorprendente vuelco en sentido afirmativo.
Economía
Si un sistema solidario
reemplazara no sólo al monetario y competitivo, sino incluso al
de trueque, haciendo que todo aquél que desee servir y producir,
lo haga desinteresadamente, y todos tendrían lo necesario para una
vida de abundancia, pero sin excesos, tal vez se negaran los integrantes
de la minoría de ricos, pero de buena gana se integrarían
a la propuesta los que integran la mayoría de la humanidad: los
carenciados. La actitud de servicio en reemplazo del trabajo con afán
de lucro y competitividad, es una exigencia para el funcionamiento de una
futura humanidad civilizada, donde la vida transcurra de modo muy diferente
de cómo es en la sociedad regida por el mercado.
¿Pretendemos
que el dinero subsista por los siglos de los siglos, o trazamos planes
para su eliminación, a la luz de un ser humano en ascenso de conciencia,
con posibilidad de convivencia y productividad solidaria? La propuesta
de una Humanidad Unida operando solidariamente en comunidades, es una alternativa;
seguir como estamos, es otra, por supuesto.
Militarismo
Si aspiráramos
a una humanidad que pudiera vivir a niveles de entendimiento tales, que
hicieran innecesarias las armas y milicias, podríamos ir eliminándolas
según fuéramos progresando en pasos hacia nuestra unificación
como humanos. Y la O.H.U. no pretende ser el primer paso: ése se
ha dado hace ya mucho, y muchos otros le siguieron; la consigna es seguir
avanzando.
Para un comienzo
en pequeño, la posibilidad de comunidades sin ejércitos ni
armamentos, integradas en redes que vayan aumentando en número,
puede conducir a un final en grande, en lo que a reducción y eliminación
a nivel mundial de recursos bélicos se refiere. Por lo tanto, un
final a lo grande requiere un comienzo desde lo que puede ser aparentemente
insignificante.
Conclusiones
Por todo lo expuesto,
trátese de cambios en la política, la religión, la
economía o el militarismo, siempre el problema es el mismo: las
divisiones benefician a quienes las sustentan, pero ello no solamente no
justifica que así deban seguir las cosas, sino que exige que deban
ser cambiadas. El Proyecto de una Organización de la Humanidad Unida
es, en este sentido, un comienzo, a partir del final necesario para una
etapa de divisiones en el mundo. Pero en esta etapa que está cerrando,
la O.H.U. es la concreción final de siglos y siglos de especulaciones
y alternativas propuestas sobre qué pasos debemos dar para el logro
de un mundo mejor. Un mundo que, dado un sinfín de impedimentos,
no ha podido tener la posibilidad de un plan global para la humanidad como
un todo, sino que ha sido escenario de planes mutuamente confrontados,
manteniendo a la humanidad como un rejunte de parcelas en conflicto interno
y externo.
Por lo tanto, la
divulgación del Proyecto O.H.U. en reuniones, conferencias, clases
escolares, universitarias, programas de radio y TV, medios gráficos,
Internet, y demás vías posibles, habrá de ser efectuada
no partiendo de lo fantasioso de la idea de una humanidad unida, sino del
deber que tenemos de lograrla. Pues no es lo mismo plantear un proyecto
que una utopía, y mucho menos cuando ese proyecto no es emergente
de meros sueños de un mundo mejor, sino de metas razonables para
seres que estamos en condiciones de revertir el proceso autodestructivo
que llevamos, porque si no estuviéramos en condiciones tales, ya
deberíamos declararnos como especie en extinción segura.
Hay un problema
clave en este proyecto de transformación mundial: determinar si
las acciones se van a llevar a cabo por parte de una mínima proporción
de gente conciente de lo que hay que hacer, que conduzca los destinos de
una mayoría pasiva y absolutamente inconciente del asunto, o si
se va a concientizar a esa mayoría para que acompañe el proceso
de forma lo más participativa posible.
En el primer caso
-haciendo una analogía org&aacutte;nica- estaríamos hablando
de una cabeza (élite conductora) y de un cuerpo social (el grueso
de la población mundial), a ser dirigido por aquélla. En
el segundo caso, todos seríamos un poco cabeza y un poco cuerpo,
para tomar determinaciones y realizar acciones. Éste, más
democrático que el anterior, no sólo es el más deseable,
sino el más acorde con espíritu del Proyecto OHU.
En vez de aspirar
a cambios mundiales cuyos motivos de concreción haya que explicarle
a la gente una vez efectuados, antes de cualquier acción, habría
que concientizar a la gente sobre lo que se debe hacer. De esa forma, lo
que se logre, no solamente será con un mayor consenso, sino también
con un mayor apoyo participativo, pues muchos de los que sean concientizados
sobre los fines a lograr, querrán participar en las acciones para
lograrlos, facilitando que se logren.