DEL LIBRO LOS HIJOS DE LA NUEVA ERA,
DE SALVADOR FREIXEDO Y MAGDALENA DEL AMO
CAPÍTULO 10
¿QUÉ ES ARTE?
Hoy día se le llama arte a cualquier cosa
y estamos en una época en que verdaderos mamarrachos son considerados
obras de gran valor artístico. El arte esperpéntico está
de moda y, por desgracia, no faltan millones de papanatas que están
dispuestos a admirarlos y a comprarlos.
Nos damos cuenta de que con el paso del tiempo y
con la sofisticación de las técnicas, la imaginación
humana es capaz de construir formas y manifestaciones nuevas que hasta
ahora, o la naturaleza no nos había brindado, o no las habíamos
imaginado. Pero no todo lo nuevo y todo lo original que se le ocurra a
una imaginación calenturienta tiene necesariamente que ser considerado
artístico. Hay creaciones nuevas que son auténticos adefesios,
por muy famoso que sea su autor y por mucho que sean promocionadas por
los medios de comunicación. Y por desgracia esto es lo que está
sucediendo en gran medida. Verdaderos bodrios de todos los tipos son creados
continuamente, y como el mundo del arte ha caído en manos de comerciantes,
éstos saben muy bien cómo darlos a conocer a una gran cantidad
de personas y cómo promocionarlos de una manera convincente de modo
que se vendan y produzcan dinero que, en definitiva, es lo único
que se busca con las pretendidas obras de arte.
Insistimos en que sabemos diferenciar muy bien entre
un impresionista, verdadero creador de arte, y un mamarrachero, por mucha
fama que haya adquirido y por mucho que se coticen sus cuadros. Sabemos
que el arte no está precisamente en imitar a la naturaleza -aunque
también en eso puede haber arte- sino en hacer vibrar el alma, por
el método que sea, produciendo en ella sentimientos profundos y
nuevos.
LA CREACIÓN DEL ARTE
El arte se crea de muchas maneras: se crea a través
de formas plásticas utilizando cualquier material. El papel, el
barro, el lienzo, la madera, el metal o la piedra son aptos para concretar
formas bellas, que pueden ser pinturas, dibujos o esculturas de formas
simples que nos sugieran algo con lo que el alma se siente en armonía.
El arte se crea también mediante sonidos producidos de mil maneras
diferentes; mediante ideas que logran hacer vibrar el alma de una manera
especial y hasta mediante movimientos elegantes: arte es cualquier cosa
que nos estremezca el alma y que la ponga en armonía con lo mejor
y más profundo de nosotros mismos y con lo más elevado de
la naturaleza y el universo. El sentimiento del arte refina el alma y la
hace más permeable a la belleza infinita del cosmos. La hace más
sensible hacia los sentimientos de los demás hombres y la prepara
para futuras etapas de evolución.
Hay que reconocer que lo artístico es un
concepto y un sentimiento bastante subjetivo, y que puede haber cosas que
a alguien le parezcan artísticas mientras que otro las encuentre
totalmente vulgares. Pero hay "creaciones" que son esperpentos desde cualquier
punto que se las mire.
ARTE VERDADERO Y ARTE FALSO
Lo que resulta completamente despreciable es alabar
como artístico algo que uno considera que no lo es, únicamente
porque los críticos o la gente dice que es artístico. En
eso deberíamos ser totalmente sinceros y rebelarnos contra las manipulaciones
de los que quieren que comulguemos con ruedas de molino. En nuestra sociedad,
tal como dijimos, hay muchas, -cuadros, esculturas, películas, músicas-
que son auténticos engendros de mal gusto y que, sin embargo, son
alabadas como obras de arte. Con frecuencia entra uno en oficinas, hoteles
o despachos en donde cuelgan de las paredes pinturas, grabados o collages
que son auténticas mamarrachadas con las que parece que alguien
quiso reírse del que cometió el pecado de comprarlas. Y en
esto tenemos que ser valientes y llamar mamarracheros a famosísimos
pintores, a escultores laureados, a poetas ininteligibles que da la impresión
de que crearon o escribieron sólo para sí mismos, y a músicas
multitudinarias que son no sólo un agravio para el oído,
sino una vejación para el espíritu.
Los medios masivos de comunicación, entre
sus muchos pecados, cometen con frecuencia el de alabar o fomentar obras
estrafalarias presentándolas como artísticas, y como en nuestra
sociedad el número de "marías" y de borregos es infinito
y, por el contrario, el número de personas con capacidad de análisis
y de criterio propio es infinitamente menor, sucede que las bazofias así
celebradas en los medios de comunicación, son vendidas profusamente
a pesar de su escaso valor. Un ejemplo de esto son algunos de los famosos
premios literarios concedidos y entregados con bombo y platillo. La gente
no sabe los vergonzosos chanchullos que tras bastidores se cometen con
tales condecoraciones. Pero basta que los medios de comunicación
anuncien quién ha sido el ganador, para que una nube de ingenuos
se lance con frenesí a comprar las obras del galardonado, como si
se tratasen de libros sagrados.
¿Dónde queda el verdadero arte en
todo este tajureo? El pseudoarte, convertido en pesos, va a engrosar la
cuenta del editor o de los promotores de la obra premiada.
LOS CRÍTICOS DE ARTE
Y en cuanto a los críticos -otra falsa hechura
de los medios de comunicación- erigidos en jueces omnisapientes
acerca de tal o cual arte, su vaciedad ha quedado demostrada en más
de cuatro ocasiones.
No hace muchos años un famoso autor inglés,
con el premeditado fin de hacer un experimento, presentó anónimamente
una obra suya al mismo editor que ya le había publicado varias con
gran éxito. El editor la rechazó por defectuosa. Siguiendo
en su experimento, el autor se la presentó también con un
seudónimo a varios editores más, que igualmente la rechazaron.
Cuando posteriormente los editores supieron quién era el autor,
se lamentaron muchísimo de no haberla publicado, y su propio editor
le pidió mil disculpas antes de publicarla. Los mismos críticos
que antes la habían leído y la habían menospreciado,
posteriormente, una vez publicada, la cubrieron de elogios. Toda una comedia
de comerciantes.
Da pena ver cómo se cotizan algunos mamarrachos
de Picasso, Klee, Modigliani, Miró o Tapiès, por poner sólo
algunos ejemplos entre cientos. Si se hace como una inversión, sabiendo
que siempre va a haber papanatas y nuevos ricos que los vana a pagar muy
bien, no es mala idea. Pero lo triste y lo indignante es que los omnisapientes
críticos pretenden convencernos de que aquellos adefesios son obras
de arte.
El hijo de la Nueva Era debe ser valiente
para rebelarse contra las estupideces, y sincero a la hora de manifestar
la mala impresión que le producen. Y eso a pesar de todo lo que
digan los omnisapientes críticos interesados. Pero dejemos lo que
no es arte y fijémonos en lo que sí lo es, y digamos por
qué debemos abrir nuestras vidas de par en par al arte.
Como ya dijimos, éste eleva el alma, la hace
vibrar y la prepara para conectarse con lo mejor del mundo, con el plano
de las ideas y con el reino del espíritu.
LA POESÍA COMO ARTE
La tan desprestigiada poesía, por ejemplo,
es capaz no sólo de producir unas enormes y hondas satisfacciones
que conmueven lo más profundo de nuestro ser, sino que, si somos
capaces de dejarnos penetrar por ellas, podrían hasta curarnos de
una dolencia física. El trance poético estremece no sólo
el alma, sino también el cuerpo.
Naturalmente esto que estamos diciendo les sonará
a chino a aquéllos que lo más que llegan a leer es un diario
de deportes o a lo sumo las cotizaciones de la bolsa. En las escuelas debería
enseñárseles a los niños a leer poesía y saborearla
hasta llegar al trance poético en el que el alma se siente traspasada
por la pura belleza y por una felicidad trascendente. Pero desgraciadamente
no es así y, por el contrario, se atasca la mente de los niños
con cosas absurdas que el día de mañana no van a servirles
para nada. Y cuanto decimos de la poesía se puede aplicar a la música
y a las demás bellas artes. El cuerpo casi se eleva del suelo cuando
uno oye ciertas melodías o ciertos acordes. Pero, ¿qué
saben de esto los alcoholizados del dinero o los que se pasan toda la vida
luchando por obtener "cosas"?
El hijo de la Nueva Era apreciará
más una puesta de sol desde lo alto de un monte en un paraje solitario,
que el "culipandeo" nervioso de cualquier fiesta de sociedad que frecuentemente
es sólo una larga mentira sonriente. El hijo de la Nueva Era,
ante un mar encrespado, buscara ese momento sublime en que por un segundo
ante el retumbar de una ola contra las rocas, el alma propia se siente
unida al alma del mundo. El hijo de la Nueva Era se llenará
de emoción cuando en un gran concierto se sienta sacudido hasta
las entrañas por las notas graves de un piano o acariciado por la
mano femenina de un oboe. El hijo de la Nueva Era amará el
arte y le dedicará tiempo porque eso lo hará más espiritual
al mismo tiempo que lo hará más humano. Y no sólo
será sujeto pasivo del arte, sino que lo creará en la medida
de sus fuerzas. El hijo de la Nueva Era usará el arte para
estar más preparado para el gran salto al más allá.