N° 1201 30 de diciembre de 1999
Por ORLANDO BARONE*
Los teatros de Mar del Plata
y Carlos Paz son auténticos reservorios estivales de estas mujeres
señuelo, sin las cuales los cómicos tendrían el desafío
de hacer reír solos, de verdad. En la televisión fue "Memoria",
de Chiche Gelblung (55), el espacio desde el cual la observación
periodística encontró el argumento para poder exhibir a estas
núdicas conejitas criollas. Y ahora, todo programa que se precie
busca entrevistarlas o tenerlas de partenaire. Aprovechando la devoción,
ellas graban discos, acceden al espacio televisivo propio y revientan teatros
(ver infografía). Las revistas del corazón y el escándalo
las persiguen, y la cotización de su labor alcanza picos inéditos:
hasta diez mil mensuales por contoneos en pantalla; entre mil y tres mil
pesos por presentarse en discotecas.
Cualquiera que haya visto la tevé extranjera,
aquí o allá, advertirá que el target de la versión
argentina es vocacional y étnicamente del Tercer Mundo. Una provocación
corporal explícita: "Lo más atrevido que hice -dice Mónica
Ayos (27), convencida de su propia calificación- fue en el programa
de Moria Casán (48). Estaba desnuda en una bañera cubierta
de espuma y los hombres metían la mano y tanteaban para buscar una
llave. Necesitaba dinero porque tengo un hijo chiquito que mantener". El
Tercer Mundo se cuela por todas partes, haya o no espuma. La Casán,
más evolucionada en el cinismo, trabaja el fenómeno vulgar
desde adentro pero simula observarlo desde afuera.
"A los argentinos les gustan, por eso pongo a estas
chicas en mis programas", dice el autor Hugo Sofovich (60). Cosechador
y experto de criadero, descubrió a Danna Fleschner (28), a la que
se presenta como mujer pero llaman "Carlitos". Ella misma se dice "ratonera",
lo que probaría su entrenamiento gatuno. "Me gusta hacer el amor
por teléfono", no aclara a qué distancia.
Hay algo común a todas ellas: siempre están abriendo
la boca como si tuvieran sed de helado. Y siempre traspasan la frontera
del gusto adentrándose en el mundo kitsch con más fanatismo
que Isabel Sarli (64) filmada por Polaco. No es que en otras partes no
haya esta clase de seres mutantes y en reciclaje incesante, sino que incluso
las chicas de "Baywatch" sugieren un target algo menos subterráneo.
Asumen la vulgaridad pero aun así las refina un poco la pertenencia
al Primer Mundo, que las influye por ósmosis o por el próspero
ingreso promedio per cápita.
Paula Volpe (27) posa con su doble frente para una
revista y el título proclama: "Mi marido, haciendo el amor, es un
mago". El marido es el mago Emanuel, quien cuando ella llega de trabajar
la manda a la ducha y le enjabona la cola.
Esa porción ahora trabajada con fierros,
musculosa y dura como la de un camionero de ruta, ofrece vaya a saberse
qué secretas asociaciones a los contempladores masculinos. Yanina
Zilly (30) dice que es lo que más le elogian. A Flavia Miller (39)
-la que se consagró por el rumor de que se había acostado
con Huberto Roviralta (47) cuando aún estaba con Susana Giménez
(54)- ahora le gusta Cavallo (53). Se aprendió una frase de alguna
fuente temporaria. Cuando se le pregunta si es una vedette, Flavia Miller
dice que no, "yo soy una circunstancia". Hay un rumor de que libretistas
a sueldo les proveen de frases escandalosamente ingeniosas para nutrir
a los medios y pelearse con las otras vedettes y así salir en las
revistas.
Hay frases inteligentes que nadie duda que no fueron
pensadas por ellas. Marixa Balli (32), la bailantera que usa un vestuario
tan ajustado que su cuerpo parece clamar auxilio, se pasó el último
mes invitada a doce programas de televisión. "A mí me molesta
-decía en una entrevista- que a todas nos digan ´gatos´."
Su canción cumbre es "Cachaca": su letra merece ser anónima.
Ella la canta con sus labios de once pulgadas, el de abajo y el de arriba,
y sus dientes de carnívoro de cera: "Es la cachaca, un ritmo tropical,
chachaca, cachaca, cacha-cá-cá". Hasta Mirtha Legrand (72)
debió asumir este arebato barrial clase media baja que tanto hizo
prosperar a Adrian Suar (31). Casi se pone a bailar con Marixa, modelo
femenino tan ajeno a su target como un pobre que no sea portero o chofer,
los unicos que ve diariamente.
REALITY SHOW. Un cable
de la agencia Télam decía hace unos días: "Susana
Giménez fue internada por una inflamación de ovarios. Había
tenido un fin de semana muy intenso". La secuencia informativa tiene una
lógica empírica. La exposición pública de un
padecimiento genital femenino tiene en cambio una lógica mediática.
No sería lo mismo una angina. Los movileros, por más esmero
que pusieron en tratar de certificar el informe, siempre tocaron lo orgánico,
hubo explicaciones que incluyeron conceptos como flujos humorales y otros
flujos genitales. De todos modos, en la televisión ya no resulta
extraordinario el realismo ordinario.
Graciela Alfano (47), hasta ahora en equilibrio
en esa delgada cuerda entre la finura y lo kitsch, se ha arrancado dos
costillas -con anestesia, claro- para estrechar su ya estrecha cintura.
Aunque sólo prefiere decir que se ha retocado "las lolas".
La stripper Valeria Degenaro (20), reciente finalista
del concurso "Playboy" y protagonista del aviso publicitario de "Venus",
confiesa que a sus senos naturales les inyectó silicona hasta cargarlos
con 340 centímetros cúbicos. Lo hizo voluntariamente con
la colaboración del cirujano Néstor Vincent que al parecer
se hace responsable. Mónica Ayos, del mismo rubro de ramos generales,
se inyectó más cautamente: sólo 295 centímetros
cúbicos. Y Sabrina Pettinato (29), desnudista del programa de televisión
"Petardos", título de refinamiento rupestre, se confesaba a una
revista no cultural: "Tengo 120 centímetros de busto". La palabra
busto podría llamar a engaño: 120 centímetros no es
la medida del busto tomada desde la base del cuello hasta el comienzo de
la ingle: es la medida de circunvalación del tórax de una
mujer a la altura de los pezones. La magnitud de la medida la da esta comparación:
un metro y veinte centímetros es lo que mide un enano, o la alzada
de un caballo petiso, pero es treinta y cuatro centímetros menos
que lo que mide la línea del Ecuador de Lía Crucet (48),
la cantante bailantera descubierta por el poeta Alejandro Romay (72) hace
una década. Lía Crucet es la agigantación de todo
un estilo de vida cuya épica bailantera tiene olor de galpón,
de piso de tierra, perfume de stand de estación terminal y de ropa
interior con lenetejuelas, de casa de sex shop en el Once. Los canales
América y Azul suelen mostrar, los fines de semana, la musicalidad
que acompaña esta movida social cuyo paradigma mítico es
Gilda y cuyo vestuario jamás prescinde de la seda y del brillo total.
Las cámaras enfocan con delectación minimalista los trabajados
glúteos de las bailanteras desbordando tangas cuya reducción
es inversamente proporcional al espacio que deberían cubrir.
Una antigua pionera del género corporal sobreactuado,
como Beatriz Salomón (48), ahíta de la vulgaridad y de ser
toqueteada por cómicos de gracia de gliptodonte, se metamorfoseó
y empezó a curtir el estilo top model delgada a la usanza de los
años noventa. Ahora, ante esta nueva marea cárnica, de competidoras
ayer inexistentes, se arrepintió. Volvería a ser auténtica.
La androginia, el estilo high society, aunque falso,
se reduce al micromundo de empresarios prósperos y fashion que seleccionan
muñecas para ir acompañados a las fiestas del Este. Bellas
anoréxicas entrenadas en el histeriqueo. Las otras, en cambio, prometen
liberación sexual.
Pocos habían advertido que Hugh Grant (39)
fue el primer abanderado global de esta tendencia al seleccionar a Divine
Brown, una prostituta de boca de "pez bocaza" (especie caribeña
que come cardúmenes enteros) para que lo lamiera como un helado.
La prefirió a su delicada novia de pasarela y a las histéricas
divas de Hollywood, siempre con jaqueca. Grant quería algo suculento
y a la vez bárbaro y barrial tipo Harlem; y tan poco desinteresado
que le cobrara como si él fuera indeseable y ella estuviera haciendo
un sacrificio. Similar vocación por el sexo oral alteraría
luego la vida del presidente.
Para Alejandro Dolina (54), intelectual popular,
"a las mujeres pulposas las envuelve la superstición. Al parecer
habría una belleza correcta -así como también existe
una actitud correctamente política- hecha de sutilezas y de carencias
si hablamos de físico. Y existe también una belleza ´incorrecta´,
´grasa´, ´vulgar´ -dice Dolina- que es la belleza
brutal de los cuerpos ´desarrollados´. Es la conspiración
de las finas, flacas y rubias, contra las morochas tetonas. Además,
hacerse la cirujía es como ir al dentista a arreglarse la dentadura".
Silvio Soldán (64), quien primero descubrió
a Silvia Süller cuando todavía ella tenía alguna porción
de naturaleza, dice que "si lo que está caído se puede levantar,
bárbaro. Yo prefiero la armonía en general: una buena cola,
unas buenas lolas, una buena boca, pero sin exagerar". Esa obsesiva fragmentación
anatómica y sus sucesivas elecciones de pareja, lo certifican. No
hay ninguna que haya sido operada. Todas estudiaron en Princeton.
La escritora María Esther de Miguel (69)
dice que mira a esas mujeres "como se mira a un perrito perfumado y con
moñito. O como a los robots del cine de ciencia ficción".
De Miguel podría ejemplificar la opinión de muchísimas
mujeres obligadas a ser espectadoras de la sobreactuación de otros
ejemplares de su especie. Es lícito deducir que una mujer de cierto
segmento cultural y social se sienta agraviada por esta secreción
escatológica pública y publicitada.
LA REVANCHA. "Yo diría
que estas mujeres producen envidia. ¿Quién no quisiera tener
un cuerpo perfecto? Después, esa envidia se transforma en rechazo",
dice Esther Díaz (60), filósofa. "La cultura del capitalismo
-dice- impone sus reglas de belleza. En Disney-world hay un lugar en el
cual parejas de mujeres y hombres, Barbies rubios y perfectos, bailan.
A su alrededor, los mira uno de los pueblos con más gordos del mundo".
Es obvio que hasta ahora la cultura corporal era otra. Ha nacido una subcultura
que irrumpe como por los intersticios de la empalizada de un barrio cerrado.
A las monotemáticas Barbies hoy las suceden las hembras coppolianas,
barriales, desfachatadas como las pupilas de un prostíbulo. Del
mismo modo que "Guevara" Laport -el personaje, no el actor- en musculosa
villera y slip de stripper calienta alcobas de señoras que colman
el rating, mientras le dan la sopa al nene y el marido está entretenido
copn la trama. Es la intromisión del otro lado de la globalización:
el desquite de los excluidos que, cansados de ser influidos por la cultura
fashion, contraatacan con la abundancia cárnica a lo bruto. Es la
deformación, la caricatura del sistema. Nicole Neumann (19), la
ex lolita ahora prematuramente crecida, no entra en este status de exacerbación
histriónico-sexual: su novio, Matías Liberman, tampoco. "A
mí no me gustan de ese tipo: a mí me gusta Niki". Su reflexión
es tan simple que un guión de Fofó y Miliki parece críptico.
Sin embargo, aunque los hombres correctos en general no lo dicen, estas
mujeres objeto ejercen un atractivo subrepticio sobre ellos. Es el pecado
de gusto que nadie osa confesarse ni a sí mismo. Hace treinta años,
causaba gracia la escena de una película de Armando Bo donde la
protagonista, Isabel Sarli, con su protuberante belleza era arrojada sobre
una res vacuna dentro de un camión frigorífico para ser violada.
La película se llamaba "Carne" y esa era una metáfora: carne
sobre carne. El mismo estilo cárnico actual, solo que adscripto
a la tecnología y a la alimentación balanceada. Daniela Cardone
(33) juega en la misma cancha popular pero con un toque distintivo. El
mismo que le permitió ser la elegida para la fiesta de River, los
millonarios del fútbol. Alejandra Pradón (33) es mimada por
gasalla (58). Hay una asociación visceral entre ese mundo femenino
grotesco y brutal y el mundo heterodoxo de Gasalla. Yuyito González
(38), ex aspirante a primera dama del ciclo anterior, según el libro
de Olga Wornat (43), es como un hito en esta cronología cárnica.
Los argentinos siempre odiaron a la nouvelle cuisine de platos tan magros.
Por cercanía agropecuaria les atrae la comida abundante y echada
sobre el plato sin reservas. Grasa es una sustancia untuosa, fácil
de derretir, que se encuentra en el cuerpo. Vulgar es algo ordinario, trivial.
El refinado Epicúreo hablando de la gente vulgar decía "Lo
que yo sé no les gusta y lo que les gustaría, no lo sé".
Yo tampoco.
Danna Fleschner. "Sólo tengo sexo si me dan plata o me hacen regalitos." Silvia Süller. "Hay mujeres que tienen un ataque de sexualidad con los jugadores de fútbol. A mí me gustan transpirados." Nazarena Vélez. "Estábamos en la Panamericana en su Ferrari, cuando yo le dije: ´Pará que quiero hacerte el amor´. Me preguntó si estaba loca, pero igual me hizo el amor sobre el capó, mientras los demás nos miraban y no podían parar por la velocidad del tránsito." Chuchi Ferreyra. "Hice el amor agarrada de un pino. Y aunque me pelé las rodillas fue bárbaro". Silvina Coacci. "Si querés preguntarme si soy gato, te digo que no lo soy, y te digo también que no podés preguntarme eso porque soy madre de dos hijos." Daniela Cardone. |
TODOS SOMOS VULGARES Un amigo tiene la teoría de que el amor verdadero se prueba con el estómago. No entendí a qué se refería hasta que una noche le sostuve el mentón a mi mujer mientras ella vomitaba 22 veces los langostinos de un tenedor libre chino que, nos pareció, de buena calidad y créanme: nunca la vi tan seductora en medio del charco del drama como esa vez. Fíjense adentro: no somos dignos de ser expuestos en una pasarela. Digo, todo ese menjunje de tripas, la médula espinal idéntica a los cartílagos de un pez, la edificación parada de los huesos y el hedor que se cocina en su interior, no representan, seamos francos, modelos de belleza. A veces me pregunto si Valeria Mazza no sufrirá de gastritis, si Nicole neumann no pescará la conjuntivitis, si los pañuelos de las chicas y chicos top no desbordarán de moco. Si a mí me pasa, no entiendo cómo a ellos pueden escapársele los gérmenes. Me gusta pensar que, a pesar de los avances, la cirugía no puede camuflar el cuerpo completo. Las manos, por suerte, delatan. A mí me encanta mirar manos, manos de uñas mordidas, manos chamuscadas por la vejez, manos con dedos retorcidos de tanto esfuerzo. La belleza vulgar no existe porque la belleza sin fisuras no existe. Bellas son las estatuas: no hablan, no transpiran, y no las usan como cebo en los programas cómicos donde lo que faltan son ideas y lo que sobra es carne. * REDACTOR SECCIÓN
CULTURA
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¿ME GUSTA SER MUJER? Tampoco es que tenga algo contra estas mujeres de uñas largas hasta la inutilidad (a excepción del arañazo), que calzan full time tacos tan altos como para no ir muy lejos según opinó a su turno Simone de Beauvoir. En todo caso, la exageración de sus cuerpos no es menos extrema que el raquitismo de pasarela que mediáticamente tanto se alentó. Cuenta la leyenda que son una amenaza. Las sirenas ante cuyo canto caerán rendidos célibes y amantes esposos. ¿Y si te gusta eso por qué estás conmigo?, se oye reclamar a mujeres convencidas de haber elegido para sí un estilo estéticamente correcto. Como él prefería ¿o no? Las chicas de melena Boticelli en cuerpo equivocado, después de todo, no tienen la culpa de tanto rechazo femenino. Las "comehombres"apenas si hunden los dientes. En realidad son los patos de la boda. Su carnalidad es el esqueleto del megashow grotesco que tan bien factura. El de las chicas que se agachan frente a una cámara sin doblar las rodillas, responden a un pellizco con risita tonta y graban un CD de letra procaz con voz desafinada. Y reciben unos dineritos que se gastan rápido a cambio de ser una "cosita linda", pero cosita al fin. La belleza vulgar no es anatómica. Lo grosero es la doble moral que, mal que nos pese a las cuasi emancipadas de Occidente, le dará vieja nueva letra al feminismo del promocionado milenio. * PERIODISTA DE NOTICIAS
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FOTOS: GUSTAVO
BOSCO,
CEDOC
INVESTIGACIÓN: FLORENCIA
CANALAE,
NICOLÁS
WIÑAZKY
Y GUIDO
BILBAO