Proyecto
O.H.U.
Organización de la Humanidad Unida 
PARA UNA PERSPECTIVA DE SOCIEDAD DISTINTA
RED INTERCOMUNITARIA MUNDIAL
 
Parte III
LOS POLÍTICOS ANTE EL CHOQUE DEL FUTURO
 
 

Gobiernos sin propuestas de cambio

    En el mundo del futuro que se proyecta desde este presente, si los gobernantes de las naciones, estados y provincias, hubieran planteado hace algunas décadas, proyectos demográficos tendientes a establecer numerosas poblaciones pequeñas lejos de las ciudades, el mundo de hoy no sería tan parecido al de los últimos siglos, y no tendríamos que estar pensando en un mundo del futuro distinto del de hoy. Tampoco cuenta entre las estrategias el cambio del espíritu de competencia por el de cooperación solidaria, para edificar nuevas comunidades integrantes de una humanidad unida, luego del rotundo fracaso de la humanidad dividida por la competencia. Pero dada la falta de estrategias para transformar el mundo, que hasta ahora se puede observar en todas las políticas gubernamentales, en especial del siglo XX y de la actualidad, cabe preguntarse: ¿hay un proyecto de transformación en las naciones, o el proyecto es que todo siga más o menos como ha venido estando? ¿Quieren realmente los políticos solucionar los problemas de los países, o pretenden administrar la falta de soluciones, mediante proyectos que dejan la realidad tal como está, poniéndole apenas algunos parches o remiendos para aliviar, pero no para terminar con las situaciones de crisis?(1)
    El planeta no soportará por mucho más tiempo los daños ambientales causados por la sociedad, sin tornarse mucho más hostil de lo que se está volviendo. La protección de bosques y selvas con absoluta prohibición de desforestación, no está del todo clara en las políticas a futuro con plazos definidos. La reducción de contaminantes a niveles EXTREMOS, no figura en ningún plan que fije para qué fecha habrá de prohibirse la fabricación y uso de ciertas sustancias que están arruinando la tierra, aguas y alterando el clima. El Protocolo de Kioto sobre reducción de gases de efecto invernadero recién para el 2012 es una muestra de lo poco que les urge lo urgente. Porque la fecha para la cual se estima que no quedarán glaciares en la Tierra (muchos dejaron de existir en los últimos años), fecha en que no quedarán ciudades costeras por el aumento del nivel del mar, ya está prevista por los científicos: apenas es cuestión de unas décadas, y no sólo llegarán a ver el desastre nietos e hijos de los actuales adultos, sino también muchos de éstos. Revertir el proceso climático de calentamiento global, requerirá políticas que planteen con absoluta claridad que hay intención de solucionar el problema.
    Pero ninguna campaña electoral  de candidatos, ni discursos de gobernantes, pregonan programas de acción para salvar al ecosistema de la catástrofe que la ciencia anuncia; catástrofe provocada autodestructivamente por la parte más corrupta y antinatural de la humanidad, arrastrando al desastre a la parte compuesta por los humanos que viven en armonía con la naturaleza.(2) Al pueblo se le hacen promesas laborales, económicas, dentro de un sistema de producción y consumo que exige la continuidad de los factores industriales que agravan constantemente el estado del medio ambiente. No hay políticos que propongan medidas extremas para contrarrestar los efectos de la industrialización excesiva. "Crecimiento y desarrollo" son las metas, pensando en las naciones y no en el planeta.
    El mundo del futuro que se proponen construir los políticos, no difiere sustancialmente del actual. En 1930, la crisis económica con epicentro en Nueva York tuvo alcance internacional. Cualquier acontecimiento parecido que ocurriera allí, o alguna catástrofe, tendría efectos devastadores en la economía mundial. Los científicos han determinado que el lugar donde está asentada la ciudad es agitado cada tantos siglos, por actividad sísmica de intensidad suficiente para destruir lo edificado, a niveles catastróficos. La pregunta no es si va a suceder o no, sino cuándo, dicen los especialistas. Pero la mayoría de la población neoyorquina ignora que hay tal riesgo. Las políticas económicas de los países dependen de que lugares como Nueva York, u otros puntos neurálgicos de la economía mundial, no sean afectados por algún imprevisto.
    Riesgos por impactos de asteroides son objeto de seguimiento y estudio científico permanente, y han sido objeto de varias películas recientes, mostrando lo que puede pasarle al planeta ante un evento tal. Alteraciones en el campo magnético terrestre, efectos electromagnéticos de fenómenos que a nivel cósmico se están considerando posibles, con capacidad de impedir el funcionamiento de cualquier aparato eléctrico, nos presentan la posibilidad de un futuro en el que tengamos que arreglárnoslas sin nada de todo lo que la actual tecnología nos permite para nuestro confort, trabajo y supervivencia. Parece poco creíble que tal cosa pueda suceder, pero bastaría una huelga de trabajadores del gremio de la electricidad para quedarnos a oscuras; o alguna grave crisis económica que quiebre todos los sistemas que mueven a las sociedades, para que en medio de la anarquía resultante todo se paralice, las fábricas cierren, los alimentos escaseen, la delincuencia desborde, la policía se repliegue, la ley se pierda y el desorden conduzca a un sálvese quien pueda…
    El mundo del futuro que los políticos han venido definiendo, es un mundo dependiente de la tecnología, de la economía, de las grandes fábricas, de las grandes ciudades y de que el clima no cambie. Pero con sólo cambiar el clima, se inundan muchas grandes ciudades, se pierden muchas grandes fábricas, se quiebra la economía y se reduce la utilidad de la tecnología. Y el clima ya empezó a cambiar: en África, el monte Kenya ha perdido como un 65% de su glaciar, para dar una idea de lo que está pasando, también en los hielos de todo el mundo, con destino inevitable al aumento del nivel oceánico.
    Pero esto que pasa y que es tan grave como para ser titular constante en los medios de prensa, sigue siendo ajeno a ella e ignorado por la mayoría de la gente en todo el mundo. La explicación: el alerta mundial exigiría acción inmediata, y la acción, políticas que inevitablemente deberán hacer que el "desarrollo" cese en ciertos ámbitos industriales. Consecuencia: trabajadores en la calle. Pero ha llegado la hora de parar las máquinas y dar un golpe de timón; no para esquivar el iceberg, porque justamente los icebergs no serán el problema, sino la ausencia de icebergs.
    Ése es el mundo del futuro para el cual están gobernando y planificando los políticos que tenemos por "representantes". Un mundo degradándose ambientalmente, con una civilización frágil, que no podrá tener futuro cuando el sistema colapse. No hay una conciencia que permita ir amortiguando el choque del futuro, el cual hará impacto con todo su rigor en la civilización, de seguirse sin efectuar la debida preparación para dimensionarlo en toda su realidad.
 

Mundo paralelo

    Ajeno a ese mundo de la civilización fácilmente vulnerable, habrá un mundo paralelo: el de las personas aisladas que, en pequeños núcleos alejados de las ciudades, eventualmente podrán carecer de electricidad, de confort (más o menos como hasta ahora), y por eso, en caso de estallar una crisis que haga de las ciudades verdaderos infiernos, lejos de ellas esas personas seguirán viviendo más o menos como lo hacen.
    En medio del "sálvese quien pueda", muchos sobrevivientes emigrantes de las ciudades irán a parar a sitios alejados, en donde habrá quienes morirán por no estar adaptados a una existencia sin horno a microondas, sin empleada doméstica que les cocine, sin coche para pasear, sin Master Card, y sin un centavo, o con los bolsillos todavía guardando billetes que habrán perdido todo valor. No se trata de un futuro de película de ciencia-ficción, sino de un futuro probable con bases científicas.
Los políticos no han planteado proyectos de países que, ante una crisis nacional o mundial, dispongan de una alternativa para que al menos una parte de la población quede a resguardo. Si acaso algunos gobernantes han previsto la posibilidad de alguna crisis tal, y han evaluado las consecuencias posibles, calculando qué porcentajes de sobrevivencia  y de qué parte de la población, podría haber, esto no se ha traducido en ningún planteo serio a nivel pragmático, acorde con la realidad ante la cual estamos a punto de chocar. Sólo una pequeña porción de ciudadanos acedería a refugios subterráneos -eso sí hay gobiernos que han construido- con reservas de alimentos para un cierto tiempo... Pero el mundo de la superficie, el de los que en vez de refugiarse como ratas, tengan que seguir adelante como puedan, no cuenta con perspectivas de desarrollo de proyectos comunitarios gubernamentales como el del presente planteo.
    La ausencia de políticas gubernamentales para ir preparando comunidades alejadas de las ciudades, que estén relativamente independizadas de la economía y de la tecnología globales, plantea la necesidad de encarar acciones no gubernamentales por parte de organizaciones y de individuos a título personal. Gente que se proponga trabajar para que, ante la eventualidad de una crisis del sistema, para entonces ya existan núcleos suficientemente autónomos para sobrevivir y, en lo posible, vivir; entendiendo por "vida" un intercambio con la naturaleza en mayor plenitud de lo que las ciudades permiten, y un intercambio con los demás más humanizado que en el funcionalismo de las sociedades urbanas.
    La amenaza de catástrofe ambiental -que ya es un hecho concreto y no un fantasma- no debía ser necesaria para que la humanidad comprendiera que la vida en las ciudades requería un descongestionamiento, que la contaminación requería un freno a tiempo, y que los lugares despoblados eran los ideales para establecerse, en núcleos reducidos, solidarios y ajenos a las ambiciones materiales desmedidas que propone la sociedad de consumo. Todo esto debía haberse planificado mucho antes de que se tornara una urgencia. Pero no fue así; y como no se hizo por voluntad, tendrá que hacerse por obligación; como no se hizo para dignificar la existencia, tendrá que hacerse para seguir existiendo.
    En estos momentos, para darse una idea de que la existencia en la sociedad urbana no está asegurada, basta tener en cuenta que muchas grandes ciudades se han tornado inhabitables por el alto riesgo para sus pobladores, de ser víctimas de delitos. Allí no hay ley, policía, ni políticos que puedan hacer lo suficiente para garantizar el orden público, o la vida del ciudadano. Por lo tanto, la elección de seguir viviendo bajo tales condiciones supone no sólo el riesgo de que a uno le pase algo, sino también que, aunque no le pase nada, su estado de alerta e intranquilidad constante no valga la pena ser la rutina diaria. No es sano. Muchos prefieren irse, pero no pueden. Otros podrían irse, pero no quieren.
    Vivir en paz y con un buen margen de seguridad lejos de las ciudades que se han vuelto inapropiadas para la vida, está siendo la consigna de cada vez más gente, sobre todo la que tiene creencias o ideas espiritualistas. Si bien espiritualidad no es necesariamente sinónimo de naturaleza y de repudio a la vida en grandes capitales, es más probable que la persona espiritual sea menos dependiente de las cosas materiales de la vida urbana, que la persona cuya rutina pase invariablemente por la dependencia de esas cosas. Por lo tanto, es más probable que se vaya de la ciudad a un lugar despoblado o de escasa población, alguien con orientación espiritual, que alguien carente de ella, que no quiere ni puede vivir fuera de la sociedad de consumo. Y el problema es el exceso de manipulación ejercida para hacer del ciudadano un consumista, y la falta de orientación para hacerlo libre de tal dependencia de cosas externas, y rico a nivel interior. Por eso una política que propusiera una forma de vida que no necesitara de los lujos innecesarios que el sistema proporciona, a los cuales se los presenta como necesidades, no contaría con mucha adhesión. La gente no está entendiendo y le costará entender que el cambio que la sociedad necesita no es el cambio de los demás, sino el de uno mismo. Que no es el otro el que tenga que irse a la dificultad del campo o la montaña para que sea uno quien se quede en el confort capitalino, sino que es uno quien debe tomar la iniciativa de irse a la bendición del campo o la montaña. Porque alguien deberá hacerlo, y se precisan voluntarios. Alguien deberá dejar de contaminar el aire con su automóvil, y para ir en bicicleta, a caballo o a pie por los caminos del campo, se precisan voluntarios. Alguien deberá dejar de seguir alimentando a los millonarios petroleros y de los hipermercados, para que el producto de su trabajo beneficie a gente más próxima a él, y para eso también se precisan voluntarios.
    Ninguno de esos voluntarios será rico, pero tampoco pobre, o esclavo a perpetuidad del sistema impositivo con el que se provee fondos a ejércitos y fabricas de armamentos. No verá en el estadio a los futbolistas famosos, y tal vez ni siquiera los vea por televisión, pero no le faltará tiempo para jugar a la pelota, y ser más protagonista que espectador. No será envidiado por sus bienes, pero tampoco tendrá a quién envidiar. No llegará a ser famoso o "importante" para muchos, pero será importantísimo para todos; empezando por quienes comunitariamente convivan con él, y terminando por el planeta como totalidad.(3)
    En ese "mundo nuevo", paralelo al mundo de viejas estructuras, podrá parecerle a muchos ilusionados de progresar económicamente, desmotivadora la propuesta de que los que hoy son pobres, nunca serán ricos, y ni siquiera tendrán algunos de los bienes materiales de confort que son considerados una necesidad elemental. Pero tampoco sufrirán la miseria, la falta de trabajo o la explotación laboral, ni el riesgo de caer en la delincuencia o la drogadicción. Tampoco sufrirán el abandono y la falta de solidaridad a la hora de la necesidad. Ni padecerán la soledad de vivir rodeados en una sociedad de relaciones superficiales y vacías, muy competitivas y poco o nada cooperativas.
    Al ver en marcha este propósito que comience a ejecutarse con la participación de ONG's e individuos en particular, que políticos y empresarios fuertes abran los ojos y deseen integrarse a la consigna, será algo de lo que no tendrá que dependerse: sin ellos, habrá que hacerlo de todos modos. Pero si gobiernos y capitales privados aumentaran las posibilidades de acción en este sentido, el "mundo paralelo" al sistema, que estaremos construyendo en conjunto con ellos, podrá tener perspectivas mayores. ¿Cambiará la óptica de los gobiernos? No se puede ser profético en esto, ni para bien ni para mal; por lo tanto no se debe ni creer que eso va a ocurrir, ni descreer de tal posibilidad.
    Básicamente, no se debe estar a la espera de una definición gubernamental para llegar a la ación. Si hay quienes piensan que hay que recurrir a los gobiernos para establecer las primeras comunidades e implementar las primeras migraciones hacia ellas, sepan que no será así: los gobiernos deberán observar los logros hechos por vías no gubernamentales. Los millonarios que podrían construir las primeras comunidades con sus abundantes recursos, deberán observar cómo con escasos recursos, grupos de personas emprendedoras habrán concretado la idea. Este proyecto no necesita ni millones de dólares, ni millones de personas para empezar: con poco, con pocos y de a poco, será suficiente para llegar a ser muchos los participantes; no miles, sino millones.
 
 
 

    1 Sobre los problemas de los países y la actitud de los gobernantes, en su libro citado escribió Konrad Lorenz: "Uno se pregunta qué causará más daño al espíritu de la Humanidad actual, si la codicia cegadora o el apresuramiento agotador. Sea como fuere, los gobernantes de todas las orientaciones políticas se esfuerzan por promover ambas cosas e incrementar hasta la hipertrofia aquellas motivaciones que impulsan al hombre hacia la competencia.
    Las lujosas estructuras resultantes del diabólico ciclo constituido por el crecimiento de producción y necesidades con acoplamiento regenerativo, acarreará el desastre, tarde o temprano, a los países occidentales y, sobre todo, a los Estados Unidos, ya que su población no podrá seguir compitiendo ventajosamente con las de los países orientales, menos malacostumbradas y más sanas. Así pues, los gobernantes capitalistas dan prueba de una miopía extremada al mantener hasta ahora ese curso consistente en recompensar al consumidor elevando su "nivel de vida" e imponiéndole, por ende, la "condición" de proseguir su competencia -causante de alta presión sanguínea y alteraciones nerviosas- con el prójimo."

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    2 Sobre la tendencia autodestructiva de la humanidad, dice en su obra citada Konrad Lorenz: "Todas las facultades inherentes al hombre y derivadas de sus profundas percepciones en la naturaleza circundante, es decir, el progreso de su tecnología, los adelantos de las ciencias química y médica, todo cuanto parece hecho para aminorar los sufrimientos humanos se traduce, de forma horripilante y paradójica, en una corrupción de la Humanidad. Ésta amenaza con hacer precisamente lo que casi nunca han intentado los sistemas vivientes, a saber, estrangularse a sí misma. Pero lo más espantoso de este acontecer apocalíptico es que las cualidades y aptitudes óptimas, las más nobles del hombre, aquéllas que conceptuamos y valoramos con razón como específicamente humanas, son las primeras en sucumbir, a juzgar por las apariencias."
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    3 Sobre el problema de la pobreza y la riqueza, en su libro: "Las enseñanzas de los esenios desde Enoch hasta los rollos del Mar Muerto" (1981), dice Edmond Bordeaux Szekely: "La humanidad en ninguna época de la historia ha disfrutado de paz social. El hombre siempre ha explotado económicamente al hombre, siempre lo ha oprimido políticamente y siempre lo ha eliminado por la fuerza militar. Los esenios sabían que todas estas injusticias eran causadas por desviaciones de la Ley. Las mismas desviaciones que crean desarmonía en la vida personal del hombre, en su actuar, su pensar y su sentir, son las que producen la riqueza y la pobreza, los dueños, los esclavos y las agitaciones sociales.
    Para los esenios tanto la riqueza como la pobreza eran desviaciones de la Ley.
    Consideraban que las grandes riquezas se concentran en las manos de unos pocos sólo gracias a la explotación del hombre por el hombre, ya sea ésta de un modo u otro. Ello es causa de miseria, tanto para el opresor como para el oprimido. Las masas sienten la injusticia y ello origina en ellas emociones destructivas. Esto genera miedo en los corazones de los explotadores, miedo a las revueltas, miedo a perder sus posesiones y miedo a perder sus vidas.
    La pobreza era igualmente considerada como una desviación de la Ley. Un hombre es pobre debido a erróneas actitudes en su pensar, en su sentir y en su actuar. Es pobre porque ignora la Ley y no trabaja de acuerdo con ella. Los esenios mostraron que existe abundancia de todo lo que el hombre necesita para su bienestar y su felicidad.
    Tanto las limitaciones como la sobreabundancia son situaciones artificiales, son desvíos de la ley. Ello genera círculos viciosos de miedo y odio y un ambiente permanente de desarmonía que afecta a los cuerpos pensantes, sintientes y actuantes de ambos, pobres y ricos, creando continuamente una situación de inquietud, guerra y caos. Ésta ha sido la situación que ha prevalecido a lo largo de la historia.
    Las consecuencias de estas desviaciones de la Ley las sufren tanto los ricos como los pobres. Los esenios sabían que de ese círculo de opresión, odio, violencia, guerras y revoluciones no había salida, salvo que se aliviara la ignorancia del individuo. Y sabían también que se necesita mucho tiempo para que un ser cambie sus ideas y sus hábitos y aprenda a cooperar con la ley. El cambio lo debe realizar el propio individuo, nadie puede hacerlo por él.
    Sin embargo los esenios creían que sí es posible generar una comprensión cada vez mayor de la Ley, de un modo gradual, a través de la enseñanza y del ejemplo. Así, enseñaron un modo de existencia totalmente opuesto tanto a la pobreza como a la enorme riqueza. Demostraron en su vida diaria que si el hombre vive de acuerdo con la Ley, intenta comprenderla y coopera conscientemente con ella, no conocerá la necesidad y será capaz de mantener una armonía total en todos sus actos, en todos sus pensamientos y en todos sus sentimientos. Además, todas sus necesidades estarán cubiertas.
    La solución que los esenios ofrecían para lograr una armonía económica y social puede ser aplicada en cualquier época; en el presente al igual que en el pasado. Contenía cuatro factores:
    1. Separarse del ambiente caótico de las masas humanas que se niegan a obedecer la Ley cósmica y natural.
    2. Establecer un sistema social práctico, basado en la Ley natural y cósmica.
    3. Comunicar estas ideas al mundo exterior, a través de enseñanzas, curación y ayuda a las necesidades de los demás.
    4. Atraer hacia sus comunidades a otros individuos lo suficientemente evolucionados como para desear cooperar con la Ley.
    Los esenios se retiraron de la desarmonía de las ciudades y pueblos y formaron hermandades a las orillas de los ríos y lagos, donde podían vivir y trabajar obedeciendo a la Ley. Su sistema económico y social estaba totalmente basado en la Ley. En sus hermandades no había pobres ni ricos. Nadie carecía de aquello que le era necesario y nadie tenía exceso de cosas que no pudiera usar. Para ellos ambas situaciones eran igualmente erróneas.
    Demostraron a la humanidad que el alimento y lo necesario para la vida diaria del hombre puede lograrse sin gran esfuerzo, a través del conocimiento de la Ley.
    Las normas y reglas estrictas eran innecesarias, pues todos vivían de acuerdo con la Ley. El orden, la eficiencia y la libertad individual se daban en todas sus comunidades. Los esenios eran extremadamente prácticos y también elevadamente espirituales e intelectuales.
    No tomaban parte en la política ni se involucraban en facciones políticas, pues sabían que ni los medios políticos ni los militares podían cambiar la caótica situación del hombre. Mostraron con el ejemplo que la explotación y la opresión de otros eran totalmente innecesarias. Muchos historiadores han considerado a los esenios como los primeros reformadores sociales de la humanidad.
    Sus hermandades eran parcialmente comunitarias. Cada miembro del grupo tenía su propia casa y un huerto lo suficientemente grande para cosechar en él lo que deseara, pero también tomaban parte en actividades comunales, siempre que su servicio fuera requerido, ya se tratara de llevar a pastar a los animales, de sembrar o de recoger aquellas cosechas que era más rentable efectuar en grandes extensiones.
    Poseían gran habilidad agrícola y un profundo conocimiento de la vida vegetal, del suelo y de las condiciones climáticas. En zonas relativamente desiertas producían una gran variedad de frutas y verduras de la mayor calidad y en una abundancia tal que periódicamente distribuían sus sobrantes entre los necesitados. Su conocimiento científico les permitía realizar todo esto con muy pocas horas diarias de trabajo, teniendo así mucho tiempo para sus estudios y sus prácticas espirituales.
    La naturaleza era su Biblia. Consideraban que el trabajo en el campo era altamente instructivo, siendo una especie de clave para la comprensión de la totalidad del universo y de sus leyes. Estudiaban los grandes libros de la naturaleza en sus vidas, como una inagotable fuente de conocimientos, a la vez que de energía y armonía. Cuando cavaban sus huertos y sembraban sus plantas, estaban en comunión con la vida vegetal, con los árboles, el sol, el suelo y la lluvia. De todas estas fuerzas recibían instrucción, placer y distracción.
    Una de las razones de su gran éxito era su actitud hacia el trabajo. No lo consideraban como trabajo, sino como un medio de estudiar las fuerzas y las leyes de la naturaleza. Ésta era la mayor diferencia existente entre su sistema económico y los demás. Los vegetales y frutos que producían eran para ellos un mero resultado accidental de sus actividades su verdadero premio era el conocimiento, la armonía y la vitalidad con la que enriquecían sus vidas. Para ellos la agricultura era un ritual. Un impresionante silencio reinaba entre ellos mientras trabajaban en armonía con la naturaleza, creando en sus comunidades un verdadero reino de los cielos.
    Su organización social y económica era sólo una fase de la totalidad de sus sistema de vida y de enseñanza. La consideraban como un medio, no como un fin en sí misma. Así, existía una armonía total entre sus actividades, sus pensamientos y sus sentimientos. Todos entregaban su tiempo y su energía sin medir las contribuciones de los demás. En este ambiente de armonía tanto interno como externo, la evolución del individuo progresaba firmemente.
    Los esenios sabían que se necesitan muchas generaciones para lograr un cambio en la gente o en la humanidad. como un todo, sin embargo mandaban maestros y sanadores al exterior, personas cuyas vidas y logros eran una manifestación de las verdades que enseñaban, a fin de poco a poco, ir estimulando en la humanidad el entendimiento y el deseo de vivir de acuerdo con la Ley.
    La hermandad esenia del Mar Muerto mandó durante siglos maestros al exterior, como Juan el Bautista, Jesús y Juan el Amado. Una vez y otra advirtieron las consecuencias que las desviaciones de la Ley en sus aspectos económico y social tendrían para el hombre. Un profeta tras otro era enviado al exterior para advertir los peligros de las injusticias sociales que existían entonces y siguen todavía existiendo hoy.
    La inmensa mayoría de la humanidad no quiso oír, no quiso acercarse a la comprensión de la paz social y económica. Sólo unos pocos individuos, los más evolucionados, siguieron sus enseñanzas.
    Los esenios sabían que a través del efecto acumulativo del ejemplo y de la enseñanza, esa minoría que entendía y obedecía la Ley crecería algún día en las generaciones futuras, para finalmente, ser la mayoría de la humanidad.
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    Para cerrar esta parte sobre los políticos ante el choque del futuro, nada mejor que algo que ha sido considerado como la más bella declaración ecológica de la historia:

 
Carta del Jefe Seatlle (Lago Washington, Junio de 1854) al Presidente Norteamericano

    El Gran Jefe Blanco de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras. Pero, ¿cómo es posible comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Nosotros no comprendemos esta idea. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos?
    El Gran Jefe Blanco de Washington nos envía también palabras de amistad y de buena voluntad. Esto es muy amable por su parte, pues sabemos que él no necesita de nuestra amistad. Sin embargo nosotros meditaremos su oferta, pues sabemos que si no vendemos vendrán seguramente hombres blancos armados y nos quitarán nuestras tierras. Nosotros tomaremos una decisión.
    El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en lo que diga el Jefe Seatlle, con tanta seguridad como en el transcurrir de las estaciones del año. Mis palabras son como las estrellas, que nunca tienen ocaso. Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante aguja de pino, cada grano de arena de las playas, cada gota de rocío de los sombríos bosques, cada calvero, el zumbido de cada insecto... son sagrados en memoria y experiencia de mi pueblo. La savia que asciende por los árboles lleva consigo el recuerdo de los pieles rojas. Los muertos de los hombres blancos olvidan la tierra donde nacieron cuando parten para vagar entre las estrellas. En cambio, nuestros muertos no olvidan jamás esta tierra maravillosa, pues ella es nuestra Madre. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas, el venado, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Las cumbres rocosas, los prados húmedos, el calor del cuerpo de los potros y de los hombres, todos somos de la misma familia.
    Por todo ello, cuando el Gran Jefe Blanco de Washington nos comunica que piensa comprar nuestras tierras exige mucho de nosotros. Dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir agradablemente y que él será nuestro padre y nosotros nos convertiremos en sus hijos. Pero, ¿es eso posible? El Gran Espíritu ama a vuestro pueblo y ha abandonado a sus hijos rojos. El envía máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo y construye para él grandes poblados. Hace más fuerte a vuestro pueblo de día en día. Pronto inundaréis el país como ríos que se despeñan por precipicios tras una tormenta inesperada. Mi pueblo es como una época en regresión, pero sin retorno. Somos razas distintas. Nuestros niños no juegan juntos y nuestros ancianos cuentan historias diferentes. El Gran Espíritu os es propicio y en cambio, nosotros estamos huérfanos. Nosotros gozamos de alegría al sentir estos bosques. El agua cristalina que discurre por los ríos y arroyos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y que cada reflejo fugaz en el agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados. Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que, por tanto, hay que tratarlos con dulzura, como se trata a un hermano.
    El piel roja retrocedió siempre ante el hombre blanco invasor, como la niebla temprana se repliega en las montañas ante el sol de la mañana. Pero las cenizas de nuestros padres son sagradas, sus tumbas son suelo sagrado, y por ello estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo es sagrada para nosotros. Sabemos que el hombre blanco no nos comprende. Él no sabe
distinguir una parte del país de otra, ya que es un extraño que llega en la noche y despoja a la tierra de lo que desea. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando la ha dominado sigue avanzando. Deja atrás las tumbas de sus padres sin preocuparse. Olvida tanto las tumbas de sus padres como los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el aire, como cosas para comprar y devastar, para venderlas como si fueran ovejas o cuentas de colores. Su voracidad acabará por devorar la tierra, no dejando atrás más que un desierto. Yo no sé, pero nuestra raza es diferente
de la vuestra. La sola visión de vuestras ciudades tortura los ojos del piel roja. Quizá sea porque somos unos salvajes y no comprendemos. No hay silencio en las ciudades de los blancos. No hay ningún lugar donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o el zumbido de los insectos. Quizá sea sólo porque soy un salvaje y no entiendo, pero el ruido
de las ciudades únicamente ofende a nuestros oídos. ¿De qué sirve la vida si no podemos escuchar el grito solitario del ave chotacabras, ni las querellas nocturnas de las ranas al borde de la charca? Soy un piel roja y nada entiendo, pero nosotros amamos el suave rumor del viento, que acaricia la superficie del arroyo, y el olor de la brisa, purificada por la lluvia del
medio día o densa por el aroma de los pinos. El aire es precioso para el piel roja, pues todos los seres comparten el mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre..., todos respiramos el mismo aire.
    El hombre blanco parece no notar el aire que respira. Como un moribundo que agoniza desde hace muchos días, es insensible a la pestilencia. Pero si nosotros os vendemos nuestras tierras no debéis olvidar que el aire es precioso, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que mantiene. El aire dio a nuestros padres su primer aliento y recibió su última
expiración. Y el aire también debe dar a nuestros hijos el espíritu de la vida. Y si nosotros os vendemos nuestras tierras, debéis apreciarlas como algo excepcional y sagrado, como un lugar donde también el hombre blanco sienta que el viento tiene el dulce aroma de las flores de las praderas.
    Meditaremos la idea de vender nuestras tierras, y si decidimos aceptar será sólo con una condición: el hombre blanco deberá tratar a los animales del país como a sus hermanos. Yo soy un salvaje y no lo entiendo de otra forma. Yo he visto miles de bisontes pudriéndose, abandonados por el hombre blanco tras matarlos a tiros desde un tren que pasaba. Yo soy un salvaje y no puedo comprender que una máquina humeante sea más importante que los bisontes, a los que nosotros cazamos tan sólo para seguir viviendo. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si los animales desaparecieran el hombre también moriría de gran soledad espiritual. Porque lo que suceda a los animales, también pronto ocurrirá al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí. Lo que afecte a la Madre Tierra, afectará también a todos sus hijos.
    Enseñad a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a nuestros hijos: la tierra es nuestra madre. Lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra. Si los hombres blancos escupen a la tierra, se escupen a sí mismos. Porque nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra. Todo está relacionado como la sangre que une a una familia. El hombre blanco no creó el tejido de la vida, sino que simplemente es una fibra de él. Lo que hagáis a ese tejido, os lo hacéis a vosotros mismos. El día y la noche no pueden convivir. Nuestros muertos viven en los dulces ríos de la tierra, regresan con el paso silencioso de la primavera y su espíritu perdura en el viento que riza la superficie del lago. Meditamos la idea del hombre blanco de comprar nuestras tierras. Pero, ¿puede acaso un hombre ser dueño de su madre? Mi pueblo pregunta: ¿qué quiere comprar el hombre blanco? ¿se puede comprar el aire o el calor de la tierra, o la agilidad del venado? ¿cómo podemos nosotros venderos esas cosas, y vosotros cómo podríais comprarlas? ¿podéis acaso hacer con la tierra lo que os plazca, simplemente porque un piel roja firme un pedazo de papel y se lo entregue a un hombre blanco? Si nosotros no poseemos la frescura del aire, ni el reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos? ¿acaso podréis volver a comprar los bisontes, cuando hayáis matado hasta el último?
    Cuando todos los últimos bisontes hayan sido sacrificados, los caballos salvajes domados, los misteriosos rincones del bosque profanados por el aliento agobiante de muchos hombres blancos y se atiborre de cables parlantes la espléndida visión de las colinas... ¿dónde estará el bosque? Habrá sido destruido. ¿Dónde estará el águila? Habrá desaparecido. Y esto significará el fin de la vida y el comienzo de la lucha por la supervivencia. Pero vosotros hombres blancos caminaréis hacia el desastre brillando gloriosamente, iluminados con la fuerza del Gran Espíritu que os trajo a este país y os destinó para dominar esta tierra y también al hombre piel roja. El Gran Espíritu os dio poder sobre los animales, los bosques y los pieles rojas por algún motivo especial que no comprendemos. Ese motivo es también para nosotros un enigma. Quizás lo comprendiéramos si supiésemos con qué sueña el hombre blanco, qué esperanza trasmite a sus hijos en las largas noches del invierno y qué ilusiones bullen en su imaginación que les haga anhelar el mañana. Pero nosotros somos salvajes y los sueños del hombre blanco nos permanecen ocultos. Y por ello seguiremos distintos caminos, porque por encima de todo valoramos el derecho de cada hombre a vivir como quiera, por muy diferente que sea de sus hermanos. No es mucho realmente lo que nos une. El día y la noche no pueden convivir y nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestro país y enviarnos a una reserva. Allí viviremos aparte y en paz. No tiene importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos vieron a sus padres denigrados y vencidos.
    Nuestros guerreros han sido humillados y tras la derrota pasan sus días hastiados, envenenando sus cuerpos con comidas dulces y fuertes bebidas. Carece de importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Ya no serán muchos. Pocas horas más, quizás un par de inviernos, y ningún hijo de las grandes tribus que antaño vivían en este país y que ahora vagan en
pequeños grupos por los bosques, sobrevivirán para lamentarse ante la tumba de un pueblo, que era tan fuerte y tan lleno de esperanzas como el nuestro. Pero cuando el último hombre piel roja haya desaparecido de esta tierra y sus recuerdos sólo sean como la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas riberas y en estos bosques. Porque ellos amaban esta tierra como el recién nacido ama el latir del corazón de su madre. Pero, ¿por qué he de lamentarme por el ocaso de mi pueblo? Los pueblos están formados por hombres, no por otra cosa. Y los hombres nacen y mueren como las olas del mar. Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla con él de amigo a amigo, no puede eludir ese destino común. Quizás seamos realmente hermanos. Una cosa sí sabemos, que quizás el hombre blanco descubra algún día que vuestro Dios y el nuestro son el mismo Gran Espíritu. Vosotros quizás pensáis que le poseéis, al igual que pretendéis poseer nuestro país, pero eso no podéis lograrlo. El es el Dios de todos los hombres, tanto de los pieles rojas como de los blancos. Esta tierra les es preciosa, y dañar la tierra significa despreciar a su Creador.
    Os digo que también los blancos desapareceréis, quizás antes que las demás razas. Continuad ensuciando vuestro lecho y una noche moriréis asfixiados por vuestros propios excrementos. Nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestra tierra, pues sabemos que si no aceptamos vendrá seguramente el hombre blanco con armas y nos expulsará. Porque el hombre blanco, que detenta momentáneamente el poder, cree que ya es Dios, a quien pertenece el mundo. Si os cedemos nuestra tierra amadla tanto como nosotros la amábamos, preocupaos por ella tanto como nosotros nos preocupábamos, mantened su recuerdo tal como es cuando vosotros los toméis. Y con todas vuestras fuerzas, vuestro espíritu y vuestro corazón conservadla para vuestros hijos y amadla como El Gran Espíritu nos ama a todos nosotros. Pues aunque somos salvajes sabemos una cosa: nuestro Dios es vuestro Dios. Esta tierra le es sagrada. Incluso el hombre blanco no puede eludir este destino común. Quizás incluso seamos hermanos. ¡Quién sabe!
 
 
 

CONSIDERACIONES FINALES

    Conforme a lo tratado en  la Parte I, si todo este proyecto tecno-político no tuviera en cuenta lo que era "oculto" (ahora revelado), lo sagrado, lo energético, recaeríamos en construcciones y proyectos carentes de los valores trascendentes que determinan el orden del cosmos. Concebir un modelo de comunidad con nuevas formas de organización social, sin retornar a antiguas sabidurías acerca de cómo funcionan las cosas en el Universo, sería perdernos en una política vacía de los contenidos y de las orientaciones espirituales que una sociedad superior necesita.
    En cuanto a lo tratado en la Parte II, si la propuesta de comunidades pequeñas ante los problemas derivados de las grandes ciudades, no fuera a constituirse en la principal estrategia a tener en cuenta para que la Humanidad realmente empiece a cambiar en favor de la preservación de sí misma y del ecosistema, podríamos pasarnos años de sesiones en la ONU para buscar soluciones dentro del "orden establecido" para desarrollar un "Nuevo Orden" que será más de lo mismo, sin solución para el deterioro ambiental y humano.
    Por eso en la Parte III, se deja claro que hay un riesgo ambiental inminente, ante el cual los políticos que irresponsablemente postergan medidas para revertir el problema, recibirán el choque de la realidad que no están queriendo enfrentar, cuando ella sea irreversible. Ante esto, en vez de esperar a que los políticos y los poderosos de la economía mundial tomen conciencia y hagan algo, los ciudadanos deberán ocupar ese vacío de responsabilidades con acciones concretas y urgentes, a las cuales los gobernantes podrán o no plegarse cuando comprendan que el camino es por allí.
    Que una sociedad superior, en vez de estar compuesta por megalópolis ultratecnificadas, esté hecha de redes de pequeños núcleos comunitarios mínimamente equipados a nivel tecnológico, y máximamente desarrollados urbanística y arquitectónicamente según místicas sabidurías ancestrales, podrá parecer un retroceso. Y lo es: el retroceso a formas de vida más elevadas y dignas, que se perdieron por darle poder absoluto a una mentalidad industrialista y progresista sin orden y sin rumbo que no sea el de la autodestrucción. Hace un siglo, el futuro ideal podría verse reflejado en las torres gigantes de Manhattan, y más recientemente, en el futurismo de la "Ciudad Gótica" de "Eternamente Batman" o de las construcciones en "El quinto elemento". Hoy, si, en busca de conceptos para la armonía de los hábitats, ese ideal no se desplazara a las aldeas indígenas o a la Acrópolis ateniense, tal vez podamos esperar a que el sistema colapse y la Estatua de la Libertad y su entorno terminen como en "El planeta de los simios".
 
 

Parte I
CONCEPTOS ESOTÉRICO-ESPIRITUALISTAS EN POLÍTICA DE PLANIFICACIÓN URBANA
*
Parte II
COMUNIDADES PEQUEÑAS ANTE EL PROBLEMA DE LAS GRANDES CIUDADES
*
(Final de la nota para Kiaosfera)

Anexo-2003, sobre el tema de los políticos y comunidades:
 

 
ORGANIZACIÓN DE LA HUMANIDAD UNIDA
Propuesta de reformas sociales para una comunidad planetaria
 
 
CARTA ABIERTA
A CANDIDATOS Y TITULARES DE CARGOS GUBERNAMENTALES
EN TODO EL MUNDO
 
 
Sr/a. candidato/a a un cargo gubernamental;
Sr/a. gobernante o funcionario/a a nivel nacional, estatal, departamental o municipal:

    Usted pertenece a una sociedad cuyas necesidades lo motivan a pensar en soluciones posibles para los problemas de la gente. Al ganar las elecciones, usted pasará o pasó a pertenecer a una realidad desde donde las soluciones parecen más difíciles de lo que se cree antes de llegar. En todo el mundo, la mayoría de los que han llegado a donde usted se propone o ya llegó, han terminado por desistir de los ideales con que llegaron al poder, limitándose a cumplir una gestión que no mejoró sustancialmente la realidad social. Lo que usted necesita para evitar ser uno más por ese mismo camino, son fórmulas que aseguren cambios deseables y posibles en la sociedad. Cambios acordes con el momento histórico que vivimos, la realidad mundial con sus nuevas exigencias, que plantean la necesidad de programas de gobierno que no tienen nada que ver con los que décadas atrás pudieran haber sido exitosos.
    La pobreza conducente a la drogadicción, y ésta, a su vez, a la delincuencia, han hecho inseguras y, por lo tanto, inhabitables las ciudades, entendiendo por habitabilidad a las condiciones que una ciudad debe tener para que vivir en ella sea digno, sano, armonioso. No es digno del ser humano vivir en medio de la tensión, inseguridad, miedo y riesgo a que está expuesto donde debe permanecer bajo llave protegido por rejas, alarmas, perros y guardias, debiendo hasta poner candado a su bicicleta y abstenerse de transitar ciertas calles a ciertas horas. Sin embargo, la mayoría de la gente se ha acostumbrado a existir y permanecer en ese estado, salvo una minoría de personas que, en busca de condiciones de vida acordes con su dignidad humana, se han retirado de la gran masa urbana a lugares poco poblados y en mayor contacto con lo natural.
    La mayoría de los políticos se vanagloria de las obras realizadas con la construcción de más viviendas, radicación de más industrias y colocación de más asfalto para hacer más modernizadas, más progresistas, más grandes y más pobladas las ciudades que gobiernan. Ese paradigma de crecimiento y progreso de las sociedades urbanas ha dejado de ser valedero como medida de la calidad de gestión gubernamental, desde que la ciudad ha dejado de cumplir su función de generadora de progreso, para convertirse en causa de desorden.
    Mientras los pueblos tenían un equilibrio entre orden y progreso a nivel urbano y rural, el crecimiento de las ciudades estaba dado en términos favorables para que la población urbana tuviera trabajo, y la del campo pudiera migrar a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Pero desde que las economías nacionales, destruidas por las transnacionales, han sufrido una declinación productiva que dejó sin empleo a un alto porcentaje de la población, la ciudad está ofreciendo menos de lo que el campo sigue dispuesto a dar: a quien trabaje la tierra, nunca le faltará alimento, cosa que cada vez más habitantes del asfalto sufren a diario, sin solución, llevados muchos a delinquir.
    Sobra gente en las ciudades, y sobran políticos cuyas “grandes obras” con las que se llenan la boca, consisten justamente en hacer más grandes, llenando de más hormigón, de viviendas y de industrias sus ciudades para que llegue más gente, como si acaso estos políticos vivieran en el mundo de hace más de medio siglo.
    Faltan políticos con una visión acorde con el mundo de hoy: un mundo en desorden social y ambiental, que necesita ser reordenado poblacionalmente y subsanado ecológicamente. Políticos que lleven adelante programas demográficos que reviertan la situación actual, a partir de una situación deseada que no aparece claramente definida en las campañas electorales: disminuir urgentemente la población urbana y desarrollar fuera de las ciudades núcleos comunitarios pequeños.
    Dada la comodidad de la gente para no querer cambiar su propuesta de vida, pretendiendo que los gobernantes cumplan el milagro de crearles puestos de trabajo desde la nada, es lógico que los políticos no quieran recurrir a la antidemagógica alternativa de decirle al pueblo que “el que carezca de recursos y quiera comer, vaya a trabajar la tierra”.
    Pocos elegirían a un candidato que le haga ver a la gente que las soluciones están en manos de todos y cada uno, y no del gobierno nada más, y que esas soluciones no pueden producirse desde la confortabilidad urbana que ha alejado al ciudadano de cualquier deseo de producir su propio alimento, incluso cuidando así su salud, en lugar de deteriorarla con los productos industriales alimentariamente pobres y dañinos que consume.
    También serían pocos los que elegirían a un candidato que le diga a la gente: “el habitante de la gran ciudad que quiera vivir en paz, seguridad y sanamente, que se vaya al campo, porque no podemos llenar las ciudades de policías ni encarcelar a todos los delincuentes”. Pareciera ser que, en el fondo, todo ciudadano al emitir su voto, está consciente de elegir a un candidato que no va a cambiar sustancialmente nada, porque cualquiera que propusiera hacerlo, exigiría al pueblo acciones que en general la gente no está dispuesta a emprender.
    La mayoría de los ciudadanos quiere soluciones desde arriba, sin un cambio de vida desde adentro de cada uno. Y muchos influenciados por la cinematografía hollywoodense de un futurismo apocalíptico (en el que pandillas y vagabundos pueblan las calles, y una élite acaudalada vive en mansiones aisladas, fortificadas y ultraprotegidas), se han resignado al caos urbano tomándolo como cosa normal, y como normal el hecho de que los gobernantes no propongan cambiar ese cuadro, porque ellos también participan de la misma filmografía de resignación. Cuando asumen un cargo lo hacen -tan conscientes como quienes los eligieron con su voto- sabiendo que no producirán cambios, que sólo añadirán caos al ya existente, apenas disimulado con unos retoques con apariencia de reformismo.
    Un verdadero reformador social y político es alguien que sabe que el que no cambia todo, no cambia nada. Es alguien que sabe que para poder cambiar todo, de raíz, se requiere un pueblo participativo y dispuesto a servir, y no pasivo y deseoso de que lo sirvan. Cuando un pueblo pasivo, dormido en su comodidad, empieza a dejar de creer en los gobernantes, es cuando puede empezar a despertar, actuar, esforzarse y tomar el poder en sus manos, para dejar de estar en manos del poder. Cuando un candidato a gobernante le hace observar esto al pueblo, es cuando puede movilizarlo. La gente notará la diferencia entre las promesas electoralistas de los candidatos que se consideran el centro, el eje en torno del cual todo girará, y que no le piden nada al pueblo (diciendo que son ellos los que harán las cosas y el pueblo será simple beneficiario pasivo de sus logros), y un candidato que se salga del centro de la escena, del centro del poder, y promueva la máxima participación del pueblo como eje de todo logro posible.
    Pero para que la gente esté dispuesta a seguir una voz de mando que le exija esfuerzo, en vez de tomar partido por los otros candidatos con sus promesas providenciales, hay que convencerla de que ese esfuerzo vale la pena. Y el convencimiento de que vale la pena hacer el esfuerzo de irse de las ciudades a núcleos comunitarios distantes de ellas, puede resultar de la sola comparación del estado actual en que vive la gente, con el estado en que vivirá en esas comunidades.
    La pregunta a formularle al ciudadano sería: ¿está usted dispuesto a vivir en contacto con la naturaleza, haciendo producir la tierra y alimentándose de lo que coseche, y a su vez cumplir otras tareas, oficios, estudiar, recrearse, en una comunidad donde la gente viva solidariamente, sin delincuencia ni inseguridad? Dada la situación de carencias materiales en que viven, son muchos los que responderían que sí; ¿qué podrían perder, teniendo, encima, tanto a ganar?
    Más aun, a esto se le debe agregar que en los trayectos vehiculares y a pie, en las grandes ciudades se puede pasar una o dos horas ida y vuelta al trabajo, estudio, compras, trámites, visitas, etc. Esto demanda: tiempo, dinero y/o combustible, y desgaste físico y mental, produciendo aglomeraciones humanas, contaminación atmosférica, sonora, congestionamiento vehicular, propiciando robos, accidentes de tránsito, contagio de enfermedades, y otros problemas que no existirían en pequeños núcleos comunitarios.
    Inseguridad, delincuencia, pobreza, drogadicción, prostitución, producción y acumulación de basura, degradación del ecosistema, son algunos de los males que en las ciudades encuentran su caldo de cultivo. Los políticos en general suelen no pensar en mejorar la sociedad humana mediante algo que no sea seguir pensando en términos de megalópolis y de ciclópeas obras de mentalidad faraónica, levantadas por obreros con salarios bajos, mientras para los marginales desempleados no ofrecen solución.
    No está de más decir que rara vez asumen cargos políticos personas con visión y conocimiento espiritual, y que, a propósito de lo señalado sobre propuestas de cambio social, todos los grupos, instituciones, organizaciones y movimientos espirituales que están proponiendo un nuevo concepto de civilización, de humanidad, hablan de la necesidad de reunir gente en pequeños núcleos poblacionales, donde los individuos desarrollen el sentido de vida en comunidad, cambiando lo individualista y competitivo por lo colectivo y cooperativo.
    Todo debe conducir a una comunidad planetaria de comunidades regionales, integradas por redes de pequeñas comunidades locales, en cada una de las cuales la vida sea disfrutable en vez de, como en las ciudades, insufrible o, en el mejor de los casos, dentro de todo, soportable. Esto será más factible y viable si gente con visión y preparación en el campo espiritual llegara a cargos gubernamentales, con lo que, seguramente, los programas de desarrollo social, poblacional y urbano cambiarán sensiblemente.
    Pero no pudiendo esperar a que gente con dicha visión se postule para cargos públicos (si ocurre, bien, pero no será por lo pronto en la mayoría de los casos), debemos dirigirnos a los actuales candidatos y gobernantes para que comiencen a desarrollar esa visión que, a juzgar por sus propuestas y programas, les falta evidentemente.
    Por eso la elaboración especialmente para ellos de este manifiesto, a ser acompañado con información sobre ideas, estrategias, modelos, proyectos; nuevos paradigmas para una sociedad nueva, que vaya removiendo estructuras que ha llegado la hora de desmontar. Este mensaje y esa información adjunta habrán de ser traducidos a diversos idiomas y presentados a políticos en ejercicio gubernamental o candidatos en todo el mundo. Porque se trata de un proyecto de cambio integral para la humanidad, y no de alguna iniciativa aislada que termine por circunscribirse a determinados lugares, donde alguno que otro gobierno haga algo al respecto en su área jurisdiccional y nada más.
    También este documento será leído por todo tipo de ciudadanos desvinculados de la política, y así irán interiorizándose de que los futuros cambios sociales van a tener que ser de abajo hacia arriba, desde los pueblos, desde los individuos, y no desde los políticos que sean informados y convencidos de lo aquí propuesto. Porque para que desde sus puestos de gobierno lleguen a la acción social, deberán contar con la adhesión de la gente, y esa gente deberá estar informada y convencida de que vida comunitaria en dignidad es mejor que existencia urbana indigna de la condición humana. Por eso ésta es una "carta abierta": para que esa gente acceda a su contenido y se concientice de lo en ella propuesto.

Comandante Clomro
Autor-Proyecto O.H.U.
Monterrey, Nuevo León, México
Primavera de 2003

OHU web: www.geocities.com/libertylove.geo/OHU.htm
E-mail: libertylove.geo@yahoo.com

 
 

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