Hoja 7 -  "El solitario Chéjov" -  por Pablo Sodor.

Antón Chéjov

Anton Tsjekhov - Антон Павлович Чехов

   
Capitulo VI - El Escritor (Continuación)    
Màximo Gorki comenta sobre Antón: "Hablaba de sus obras como si se tratara de comedias y creo que estaba sinceramente persuadido de ello. Probablemente Savva Morozov lo había oído decir, pues declaraba: “debían ser puestas en escena como comedias líricas”. Y esto que dice Gorki no es un tema menor, pues Chéjov amaba el elemento cómico de la vida y fue conocido como autor de incontables narraciones humorísticas. Sin embargo hoy se lo considera -entre otra cosas- como el creador de la literatura de incertidumbres que da expresión a la dolorosa sensación de aislamiento del ser humano.
Antón supo plasmar con extrema lucidez, las fluctuaciones de la Rusia Zarista que se encaminaba lentamente hacia la modernidad y la industrialización y al mismo tiempo, a un cambio profundo que amenazaba quebrar los cimientos del sistema tradicional. En su vida, vio pasar -en medio de constantes agitaciones político sociales- a tres Zares: Alejandro II, III y a Nicolás II, y en esta realidad social rusa, creó a sus personajes insertos en un contexto en el que la antigua clase aristocrática, habiendo perdido el brillo y el poder de antaño, se consumía lentamente frente a los dictados de un nuevo orden encarnado en la incipiente burguesía.

Cuando Chéjov apenas tenia un año (1861) y bajo el reinado del zar Alejandro II, se  decreta la abolición de la servidumbre. Los antiguos Mujiks (como los padres y abuelos de él) se convierten en hombres libres y comienzan a formar una baja burguesía concentrada en el campo y en los reductos obreros de San Petersburgo y Moscú. Este fenómeno hace que las rígidas estructuras de la nobleza se vean sacudidas por una clase que comienza a interactuar, los límites se desdibujan y el conflicto se patentiza entre los herederos de un orden estatuido en la sangre y los representantes de un nuevo modo de vida regido por el trabajo y el sacrificio.

Es entonces en forma indirecta, eligiendo, conjeturando, combinando como Chéjov  ejerce su función moral. Presenta los problemas reales de acuerdo a un orden y deja libradas al arbitrio del espectador las posibles soluciones. Claro que el orden está preconcebido, no toma personajes ni situaciones al azar; por el contrario, sus piezas dejan entrever determinados tópicos que se repiten en forma constante.
En Chéjov, realismo y compromiso interactúan sutilmente evidenciando la intencionalidad del autor: pintar objetivamente la realidad con todos sus matices, sin excluír las fuerzas ocultas que operan sobre ella. Como él mismo le escribe a Suvorín en 1888: "El artista observa, elige, conjetura, combina... Usted tiene razón en exigir una actitud consciente del artista hacia su obra, pero mezcla dos ideas: la solución del problema y su correcta presentación. Sólo lo último es obligatorio para el artista."
A lo largo de su corta carrera como escritor dio gran impulso a la narrativa corta y al teatro, siguiendo una original estructura dramática que lo daría a conocer en el mundo entero.

Sus narraciones sientan las bases del relato breve moderno: emplea un lenguaje llano pero expresivo, con el que, a través de pequeños detalles y con gran economía de medios, sugiere el universo psicológico de sus personajes, tratado con una lúcida ironía que, a medida que pasaron los años, se tornó cada vez más desencantada. A menudo, toda la tensión expresiva del relato se concentra en un único detalle, mínimo pero significativo, a través del cual se abre de golpe ante el lector la interioridad del personaje o de la situación.

Sus dramas manifiestan la imposibilidad del hombre moderno de poner en "acto" sus deseos, su indolencia, la inercia moral y la falta de responsabilidad. Ambientados en casas de provincia, los personajes se ven sometidos al aburrimiento y la monotonía característicos de una clase aristocrática que ha perdido sus motivaciones. Se sienten los últimos baluartes de la cultura, en contraposición con la vulgaridad generalizada de la vida rusa, ámbito que sofoca cualquier expectativa. Es preciso aclarar que cuando Chéjov habla de cultura no se refiere a una particularidad privativa de las clases altas, cultura no es para él sinónimo de intelectualidad, sino un compendio de sabiduría, educación, humanidad y capacidad de sacrificio.
En 1886 Chéjov se había convertido ya en un escritor de renombre. Ese mismo año publicó su primera obra, Relatos de Montley; al año siguiente ganó el Premio Pushkin gracias a la colección de relatos cortos “Al Anochecer”.

Chéjov en su época de Mélijovo (1893)

Anton Chéjov, caminando en 1898 por las calles de Yalta, junto a Máximo Gorki

Los intereses literarios de Chéjov se orientaron entonces hacia el teatro y, tras unas primeras adaptaciones de sus propias narraciones a la escena, escribió las piezas teatrales iniciales, empezando con sainetes cortos y emprendiendo proyectos más ambiciosos como Ivanov, su primera obra de éxito, estrenada en 1887.
Tras la muerte de su hermano, tuberculoso como él, en 1890, emprendió un largo viaje a Sajalín, en Siberia (ver columna), para realizar una investigación sociológica sobre la situación de los deportados al penal de la isla, cuyos resultados expuso en La isla de Sajalín (1893). Al regreso, su salud había empeorado, lo que no le impidió ejercer la medicina, en lucha contra la carestía y las epidemias que asolaban la Rusia meridional.
En 1892 se traslado de Moscú al campo, para vivir durante casi siete años en una propiedad rural en Mélijovo (70 km de Moscú), donde además de ejercer la medicina, mantuvo una intensa relación con escritores e intelectuales, a la vez que, filantrópicamente, ayudaba y aconsejaba a los campesinos, contribuyendo económicamente a la construcción de tres escuelas. Fue allí donde escribió sus mejores obras, consolidándose como un dramaturgo de los "estados de ánimo", con lo que consiguió, alejándose de la concepción clásica de acción dramática, dar un paso decisivo en el teatro europeo; recreó ambientes y personajes de la Rusia zarista abocados a vivir un destino mediocre que contemplan con pasividad o angustia, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Precisamente en Mélijovo, Chejov creó unas 40 de sus obras más famosas, incluidas las piezas "La Gaviota" y "EL tío Vania".
Antòn se encariñó mucho con su modesta finca, aunque allí no había paisajes muy hermosos. A cada paraje le puso un nombre, por ejemplo: "La alameda del amor", "La loma de Levitan" refiriendo a su amigo el pintor Isaac Ilyich Levitan; y a la huerta solía llamarla "El Sur de Francia".
Sin embargo, el avance de su tuberculosis no le daba tregua, y a partir de 1897 se vio obligado a trasladarse a Yalta (Crimea), donde el clima parecía serle más favorable; allí vivió en soledad, aunque durante un período compartió sus días con su amigo Levitan, quien murió en 1900.  A mediados de 1901, su salud era delicada y en esas circunstancias conoció a la que sería su esposa, la actriz Olga Knipper (tía de la actriz Olga Tschechowa). Fue realmente un matrimonio inusual, ya que Chéjov permaneció retirado en Crimea, mientras su esposa continuaba su carrera artística en Moscú, aunque mantuvieron una intensa relación epistolar que constituye un documento de gran valor literario.
En el año 1904 la salud de Chéjov se deterioró gravemente y, en un último intento por salvarse, partió en compañía de Olga hacia el balneario alemán de Badenweiler, donde finalmente murió.

Ricardo Piglia

Dos Tesis sobre CHEJOV*
En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.
Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.
Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.
El cuento es un relato que encierra un relato secreto.
No se trata de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.
Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento.

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*de Ricardo Piglia, extraído de su obra: Tesis sobre el Cuento.
Piglia recibió en noviembre de 1997, el Premio Planeta por su novela Plata Quemada, que años después (2000), fue llevada al cine bajo la dirección de Marcelo Piñeyro.

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Un viaje a Sajalín

Остров Сахалин

Cuando Antón Chéjov emprendió a principios de la década de 1890, el largo viaje a esta lejana Isla del Pacífico asiático, ya había publicado numerosos cuentos y su obra Relatos de Montley, pero aún no había escrito ninguno de su posteriores famosos libros.
En la infernal prisión de la isla Sajalín había más de diez mil presos políticos y comunes, y otros tantos guardias; ninguno de los condenados volvería a gozar de la libertad. Aun así, cuando Chejov decidió atravesar 9600 kilómetros de territorio ruso, casi sin caminos, para ver en qué condiciones vivían los presos y escribir acerca de ellas, suscitó en los círculos culturales de Moscú y San Petersburgo insinuaciones sarcásticas y difamatorias, en el sentido de que, simplemente, agotada su inspiración, trataba de levantar su imagen pública con esa expedición carente de sentido.
No obstante la numerosa correspondencia enviada desde la travesía, la razón de su viaje a esta remota Isla, no esta aún del todo clara.
Poco antes de partir, vio morir a su hermano Nicolai de tuberculosis y ya por entonces, seguramente intuía que también él la incubaba.
No obstante la oposición familiar e incluso el fastidio de Suverin (su editor) Antón viajó hasta esa colonia penitenciaria, argumentando que era su forma de "saldar una deuda que he contraído con la medicina" y que le serviría de base para su tesis doctoral (que luego, una vez realizada, no fue aceptada)
El libro, que la censura expurgó y que no se publicó íntegro hasta 1895, puede considerarse el primer reportaje sobre un Presidio, realizado con criterios modernos de objetividad.
En la carta que escribe a su editor A. S. Suvórin, el 11 de Septiembre de 1890, comenta entre otras cosas:  "Estuve presente en un castigo con látigo", refiriéndose a su experiencia del 13 de agosto de 1890 en Due, cuando era torturado al recluso Prójorov y que después describe en su libro: La isla Sajalín:
“El verdugo esta parado a un costado (...) Cada cinco golpes, va al otro costado con lentitud, y deja descansar medio minuto. A Prójorov los cabellos se le pegan a la frente, el cuello se le hincha; ya tras 5-10 golpes el cuerpo, cubierto de surcos ya por los latigazos anteriores, se pone púrpura, azuloso; la piel se revienta con cada golpe.
-¡Su excelencia! –se oye a través del aullar y el llanto. -¡Su excelencia! ¡Apiádese, su excelencia!
Y después, tras 20-30 golpes, Prójorov se lamenta, como un borracho o como en delirio:
-Yo soy un hombre miserable, soy un hombre muerto… ¿Por qué pues me castigan?
He aquí ya cierto extraño estiramiento del cuello, sonidos de vómitos… Prójorov no pronuncia ni una palabra, sino sólo muge con voz ronca; parece que desde el principio del castigo pasó toda una eternidad, pero el celador sólo grita: ‘¡Cuarenta y dos! ¡Cuarenta y tres!’ Hasta los noventa está lejos. Yo salgo afuera. Alrededor, en la calle, hay silencio…”

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Tuberculosis y Romanticismo
Entre los siglos XIX y principios del XX, la tuberculosis afectó a numerosas figuras del mundo de la cultura, por lo que se acabó convirtiendo en un tópico o subgénero recurrente en el arte.
A lo largo de la historia, la tuberculosis ha sido una enfermedad estrechamente unida a las diferentes expresiones artísticas, no solo porque afectó a muchos artistas ligados a las letras, la pintura, la poesía, etc., sino también porque ella ha sido la fuente de inspiración de innumerables obras. Es que el aspecto etéreo, pálido, casi fantasmal del enfermo de tuberculosis, representó a la perfección el ideal de belleza romántica.
Muchos clásicos musicales  fueron inspirados a partir de esta enfermedad, tal el caso -por nombrar algunos- de Mimí, de La Bohème (Puccini) o Violetta, de La Traviata (Verdi), cuyas heroínas padecen  tuberculosis.
En la Literatura, Margarita Gautier, el personaje de La Dama de las Camelias (A. Dumas Jr.) es el prototipo de languidez femenina atribuida a la enfermedad. Otra es Katerina Ivanovna, en Crimen y Castigo (Dostoyevski)
En la pintura, encontramos también numerosos ejemplos, como en la obra La Miseria, de Cristóbal Rojas (1886) quien aquejado de tuberculosis, refleja el aspecto social de la enfermedad, y su relación con las condiciones de vida durante los últimos años del siglo XIX.
A tal punto se mitifica la enfermedad que surge la creencia de que su padecimiento provoca "raptos" de creatividad o euforia denominados "Spes phtisica", y son más intensos a medida que la enfermedad avanza, hasta el punto de producirse una fase final de creatividad y belleza supremas justo antes de la muerte.

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El Color Amarillo en el Escenario.
El dramaturgo francés Jean-Baptiste Poquelin, mas conocido como Moliere, enfermo de tuberculosis muere tras sufrir en el escenario una hemoptisis masiva, mientras representa su obra: "El enfermo imaginario". Tras su fallecimiento se extiende la superstición entre el gremio de actores, de que salir a escena vestido de amarillo (como lo estaba Molière) trae mala suerte.

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