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FEBRERO DEL 2.000 En Venezuela, por supuesto. Remembranzas de
todo tipo, sobre todo las políticas, los aniversarios de los revolucionarios
actuales y en posesión del Ejecutivo Nacional y estrenando Constitución. Pero,
sí, pero siempre hay un pero y ha habido un pero...¿Qué ha cambiado con relación a
1.825, 26, 27?. Todos diremos que mucho, muchísimo. ¿Pero, es del todo así?. En Febrero de 1.827, el propio Bolívar
admitió una deuda enorme, casi impagable; el uso y abuso de pagarés en contra del
Gobierno por ciudadanos, incluyendo funcionarios públicos desde el Vice-presidente de la época hacia abajo, era
insólito; el comercio de dichos pagarés involucraba ganancias desde el 5 hasta el 60 %;
empréstitos obtenidos en el exterior, sobre todo en Inglaterra, eran dilapidados en casas
de juegos y repartidos entre los patriotas que detentaban posiciones de poder. ¿Qué les
parece?. Robos y abusos, fraudes y falsificaciones
era un hecho corriente, algo increíble, pero cierto y, sobre todo, bajo el amparo de
los más altos funcionarios del Gobierno, léase de Vice-presidente para abajo. Se comentaba, en esa época, que los papeles
del comisariato de Páez, emitidos en ocho días contra las Aduanas de Puerto Cabello y La
Guaira, al conocerse la llegada del Libertador, subieron de precio enormemente y que
aproximadamente el 50% de esa ganancia estaba ya acordada y destinada para algunos de los
honestos comerciantes criollos y extranjeros. ¿Qué les parece?. En 1.825 el déficit alcanzaba
aproximadamente 9.000.000,00 de pesos. La
rapiña era el sistema aplicado por los funcionarios públicos contra los dineros y
recursos del Gobierno y cuando se quería castigar a alguno se sustituía por otro de más
peso y recurso para que saciara su patriotismo y evidenciara su
virtud. ¿ Qué les parece?. Hemos progresado, sin duda, de entonces a
esta parte. Hemos vivido mucho como Pueblo y como Gobierno. Sin embargo el
comportamiento honrado y honroso con relación a los dineros públicos parece ser
excepcional. De hombres y mujeres excepcionales. Pero si la regla ha sido el saqueo, el
robo, la malversación, etc., no podía ser de otra manera. ¿ Y qué ha pasado, entonces, con la
educación?. ¿Qué ha pasado con la moral?. ¿Qué ha pasado con las luces?. ¿Dónde
están?. ¿Quién las enseña?. ¿Quién las detenta?. ¿Quién las exhibe?. ¿Acaso ya
las hemos perdido para siempre?. Hace apenas un año se hizo, según algunos
voceros, una revolución, sería una nueva revolución u
otra revolución, porque desde 1.800, aparentemente, han pasado y se han hecho
varias revoluciones. Los recientes revolucionarios afirman:
Encontramos un verdadero desastre. Un gran desorden. Un gran robo público y
descarado. Nada sirve. Se lo llevaron todo. Las cúpulas podridas durante 40 años
acabaron con el País. Pero no hay culpables ni presos. No hay delincuentes. No
aparecen por ninguna parte. No hay un juicio público. No hay un señalamiento concreto.
No hay un resarcimiento al Fisco. Se quita y se pone otro y punto. Y, ahora, después de un año en el
ejercicio del poder de esa revolución, los mismos revolucionarios aparentemente
están involucrados directa o indirectamente en hechos aparentemente censurables desde el
punto de vista de la honradez, lo honroso y lo virtuoso. En un año fue imposible exhibir las
pruebas de los robos y a los ladrones. Se tardaron un año para formular planes que poco difieren de los expuestos hace 5, 10 ó 15 años atrás y, casi todos, para ser
iniciados en el mes de Mayo, con las lluvias, con los aguaceros, para que cuesten más ó
no se hagan ó se retrasen por 6 meses y para que aparezcan los
moisés de turno. Tal como hacían los antecesores. Ahí están todas las obras iniciadas e
inconclusas: el helicoide como símbolo y recuerdo de todas las demás; los edificios
del Seguro Social, hay Dios. Mejor parar aquí. Porque no hemos parado de pedir prestado y
de endeudarnos más y parece que nunca pararemos. Pero los reales y las inversiones no se
ven por ninguna parte. ¿Dónde están los reales?. ¿Las Obras?. Todo se ha ido en pagar
personal, en la emergencia. Hemos vivido en una eterna emergencia y, aparentemente, en una
eterna revolución. Pero, entonces, cuánto hemos cambiado
conductualmente con relación,
por ejemplo, a 1.826 y el uso y abuso de los dineros públicos?. Esta
revolución sí cambiará eso: ojalá. ¿Qué te parece?.
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Lic. Nelson Maica C nmaicac@starmedia.com |