LA ENSEÑANZA DE LA MUERTE


Wolfgang nos dice en su diccionario de teología dogmática que el tiempo es un don que Dios nos da con el que va ligada la tarea de realizar la salvación, aunque no propiamente filosófico nos da una idea de como la experiencia de la muerte nos puede enseñar a tomar decisiones, a llenar "el tiempo cuantitativo que de por sí está vacío y con él definir el valor de la vida temporal"

Debemos tomar nuestra condición mortal como una función educativa con disponibilidad y libertad. Esta función educativa no procede del hecho de que seguiremos viviendo después sino del hecho de que vamos a morir. Así es que aunque no hubiera vida a través de la muerte, debemos ser para los demás, con los demás, para bien de los demás.

Debemos reconocer que la necesidad de la muerte nos obliga a darle un valor a las cosas del mundo y a rechazar otros valores que no les corresponden, no debemos tener sólo por tener, porque el tener como valor absoluto excluye a los demás, en el tener debe haber sentido , un sentido que sirva como promoción a los demás y que sirva para reconocer a los otros. "Las cosas son en su propia esencia no ya cosas para poseer y conservar sino realidades para dar" (Gevaert p.319)

Si doy se me recordará, servirá para algo. No nos debemos cerrar a un amor de dos porque se acaba, debemos buscar un mundo más humano por la justicia y por la paz.

E. Levinas dice citado en Gevaert dando un ejemplo al casado diciendo que "La muerte invita al hombre a transmitir la propia vida y el amor al hijo...El hijo es la obra humana por excelencia... es preciso despertar la llama de la personalidad y del amor, mediante la palabra que se le dirige y el amor que se le da. Esto encierra perspectivas indetermina-das en el porvenir de la humanidad, ya que toda persona humana puede emprender de nuevo esta obra, renovando perpetuamente la experiencia humana. Vivir y revivir infinitas veces en los hijos y en los hijos de los hijos"

Con la muerte aprendemos a que todos los seres humanos somos exactamente iguales. y nos invita a crear un mundo con más igualdad para todos.

Nadie somos indispensables en la comunidad humana (debemos tener tolerancia con los demás) Todos somos iguales.

"La muerte impide retocar o cambiar el sentido y el camino de la vida" (Gevaert p.321)

"El hecho irreversible de la muerte lo confiere un límite al tiempo existencial, y por eso mismo confiere una gran seriedad a cada uno de los momentos limitados que están disponibles" (Gevaert p.321) debemos considerar la existencia como prueba, ya que la muerte quita la última posibilidad.

S. de Beauvoir dice citada en Gevaert que "Una existencia temporal sin muerte haría absurda a toda empresa humana, más aún que la misma muerte".

Mencionábamos al principio que el tiempo es un don, la vida también lo es, las posibilidades de la existencia se apoyan en la fuerza de este, ya que el hombre realiza la experiencia de no estar en la raíz de su propia vida al ser consciente de la muerte. Ver la muerte nos despierta a ver la seriedad de la vida "como si mi vida poseyera un sentido que está en mí, pero que no viene únicamente, ni finalmente en mí" (Gevaert p. 322)

Después de estas reflexiones, debemos llegar a quien nos da ese don, es imposible filosóficamente llegar ahí. Dice Gevaert que con la muerte se agotan las posibilidades de elegir, la prueba de la vida ha terminado; es una opción en favor o en contra de Dios. La muerte es un punto de referencia privilegiado en donde el hombre puede ponerse cara a cara con el misterio metafísico y religioso de su propia existencia.


Introducción Tiempo y Temporalidad Muerte

La Fe como única solución


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