4 de Septiembre - Democracia Obrera |
Edición
Especial
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Nos decían y escribían que el trotskismo era una “panacea” del pasado.
Nos decían que el marxismo revolucionario había muerto,
que había emergido un nuevo marxismo, proveniente de
la elaboración de académicos marxistas reconocidos
en el mundo. Caían las estatuas de Lenin, se derrumbaba
el Muro de Berlín, se desplomaba la burocracia stalinista
y no faltó quien sentenciara: murió el marxismo.
Lejos de ello camaradas, lo que moría en 1989 y
lo que caía, era la podrida burocracia stalinista, que
desde los ‘80, se había propuesto, con Gorbachov y la Thatcher
a la cabeza, reinstalar el capitalismo en los ex estados
obreros. Pero, a causa de la crisis de dirección revolucionaria,
los procesos que marcaban el inicio de la revolución política
en los estados obreros, fueron abortados, y la burocracia
stalinista, reciclada en burguesía, terminó imponiendo
la restauración capitalista en ellos, sobre la base de
brutales masacres como en la Plaza Tiananmen en China,
con guerras y a los bombazos, como en los Balcanes, y con
múltiples guerras de opresión nacional.
Dentro de nuestra misma IV Internacional surgió
entonces la más dura crítica contra el marxismo revolucionario,
un revisionismo generalizado. Esta vez, a partir del
‘89, el marxismo revolucionario dejó de ser atacado
por la socialdemocracia y por el stalinismo. Es que los
gobiernos socialdemócratas de las potencias imperialistas
europeas -luego llamados “de la Tercera Vía”-, guardaban
silencio sobre el marxismo revolucionario mientras
administraban los intereses de los carniceros imperialistas
de las potencias europeas. El stalinismo –que venía de
entregar los estados obreros a la restauración capitalista-
se llamó a silencio durante cinco o seis años. Fueron entonces
los renegados del trotskismo los que comenzaron a escribir
ríos de tinta para no dejar piedra sobre piedra del marxismo
revolucionario: decían que lo que estaba y había estado
mal eran las bases de la IV Internacional y de sus fundadores,
porque el trotskismo había sido “sectario”, y que “por
eso no tuvo participación activa en los acontecimientos
de 1989”. Dijeron que la IV Internacional “se equivocó”. Inclusive, “teóricos” del MAS llegaron
a decir que Trotsky había sido sectario con Andrés Nin y
el POUM en los ‘30, en España. Se levantaron voces para
decir que habían surgido otros dirigentes revolucionarios;
que la resistencia al capitalismo venía, ante la decadencia
y la caída de Moscú y de Pekín, de nuevos comandantes guerrilleros,
que Fidel Castro se mantenía incólume y que ¡el zapatismo,
el sandinismo, el frente Farabundo Martí de Centroamérica,
todas las variantes, eran las nuevas direcciones revolucionarias!
Desde adentro mismo de la IV Internacional surgieron
los que dijeron que el trotskismo no iba más, que las premisas
básicas del marxismo revolucionario habían dejado
de existir. Llegaron a decir entonces camaradas, que
todos los pronósticos de la IV Internacional estaban
equivocados.
Nosotros, que de forma tortuosa, bárbara, llena
de errores, rebatíamos eso, no lo podíamos creer. Les voy
a decir la verdad: veíamos tanto revisionismo a nuestro
alrededor que decíamos, “si Trotsky se equivocó, y estos
revisionistas acertaron, preferimos quedarnos con Trotsky
equivocado y no con éstos, que lo único que quieren es reunir
miles para sacar votos y meter un diputado”. Nuestro
pensamiento era confuso, tardamos años, ¡años! en comprender
que a partir de 1989 ¡es cuando más se cumplieron los pronósticos
de Trotsky y de la IV Internacional! Se nos ocurrió un día
leer el Programa de Transición, que decía: ¡Abajo la burocracia
soviética, con sus medallas, sus condecoraciones y sus
privilegios! ¡hay que regenerar el poder de los soviets
en la patria de Octubre! Si no triunfa la revolución política
y los obreros no vuelven a poner en pie los consejos de obreros
y soldados rojos en la URSS, la burocracia stalinista
se volverá capitalista y enterrará al estado obrero.
Entonces dijimos “¿Qué fue lo que pasó en 1989,
si no fue que Gorbachov hizo la perestroika, entregó la
economía planificada, liquidó el comercio exterior
y todos los burócratas rusos se robaron los rublos, los
pasaron a dólares y los invirtieron en el Citibank en
Estados Unidos y en Europa? ¿Qué fue lo que pasó, si no
esto mismo, en China, donde Den Xiao Ping en 1975 entregó
70 millones de obreros esclavos para que las empresas
imperialistas fueran a explotarlos en todo el sudeste
chino? La burocracia
stalinista entregó los estados obreros y antes de hacerlo
tuvo que estrangular la revolución en Occidente.
Ahí está, como decían los camaradas, el canalla de Jaruzelski
que aplastó la revolución política en Polonia, para
luego venderle el carbón a la Thathcher para que derrotara
la huelga de los mineros ingleses de 1984-85. Ahí están
los últimos servicios prestados al imperialismo por
esa burocracia restauracionista que luego devino en
burguesía. Hoy nadie puede negar que esa ex burocracia,
el corazón de la nomenklatura de los partidos traidores
de la Revolución de Octubre se ha comprado medio Mónaco,
con yates y casas preciosas: son los viejos burócratas
reciclados que están viviendo en Mónaco, desplazando
a los jeques árabes.
Se había dado a rajatabla la ley marxista de que
la burocracia defiende las organizaciones obreras a
su manera, o sea las hunde, las destruye, porque defiende
sus privilegios. Entonces dijimos ¡No! ¡La
IV Internacional tuvo razón! El problema fue que los trotskistas,
durante 40 años, en lugar de prepararse para la revolución
política que vino en 1989, fueron incapaces de construir
la sección rusa de la IV Internacional.
Y hoy, camaradas, como surge de la apertura de
los archivos de la vieja KGB, los trotskistas podemos decir
orgullosos: ¡hasta el año 1968 resistimos contra la burocracia
stalinista! ¡Dirigimos la Ucrania levantada en 1968!
¿Cómo nos van a decir que el trotskismo estaba muerto?
¡Estaba muerto el kautskismo, estaba muerto el oportunismo,
que lo entregó! ¿Cómo
íbamos a construir la sección soviética de la IV Internacional,
la sección rumana o china, si en Occidente los que hablaban
en nombre del trotskismo estaban reivindicando a los
comandantes castristas, estaban en frentes únicos con
los partidos stalinistas, y durante décadas se negaron
a levantar las consignas de las masas que se sublevaban
en el Este, como en Checoslovaquia, en Hungría, en Polonia,
al grito de ¡muera el Ejército Rojo! Y el pablismo,
en nombre de la IV Internacional, denunciaba a todo el
que levantaba esa consigna, con el argumento de que ponía
en riesgo la existencia del socialismo en el bloque soviético.
¡Que nos desmientan que esto no fue así! Que nos desmientan
que la política de los liquidadores de la Cuarta Internacional
fue la de negarse a decir ¡fuera el Ejército Rojo opresor
de las masas revolucionarias de Checoslovaquia, Hungría
y Polonia!
Camaradas, el trotskismo pasó la prueba, su programa
fue más fuerte que todos los trotskistas y que todos nosotros
mismos, porque estaba asentado en las bases de granito
de los continuadores de los fundadores de la III Internacional.
Hoy todos se
aproximan a romper los papelitos que escribieron, a borrar
con el codo los ríos de tinta que escribieron con la mano,
porque la realidad les dio un trompis en la nariz. Durante
todos los ’90, llegaron a decir la estupidez de que con
la revolución técnico-científica de las computadoras
y los celulares, se abría una nueva fase donde el imperialismo
mundial iba a sacar de la postración a la humanidad, y
se abría una nueva etapa reformista de avance orgánico
del capital. Lo escribieron los mandelistas,
los socialdemócratas del MAS; otros hablaban de “desarrollos
parciales de las fuerzas productivas” como es el caso
de los hoy gramscianos del PTS.
Dijeron que los celulares y las computadoras
iban a hacer de locomotora de todas las ramas de producción
de la sociedad capitalista. Eso mismo decían -¡y esta
gente no se daba cuenta!- los yuppies de las compañías informáticas,
que les querían vender computadoras hasta a los compañeros
obreros que viven en tribus en Africa en las chozas. Eso
lo pueden decir los estúpidos de los shopping, o los gerentes
de marketing de Movicom o de Personal, pero nunca lo puede
decir un marxista serio. El capitalismo de la época imperialista
desarrolla permanentemente tal o cual rama de producción,
a costa de hundir todas las demás; lo que no puede hacer
es desarrollarlas armónicamente -como fuera durante
el siglo XIX- porque estamos en la época de decadencia
y agonía del capital, de crisis, guerras y revoluciones,
donde las crisis son la norma, y los períodos de crecimiento,
la excepción.
Entonces nosotros dijimos ¡esta gente está liquidando
el carácter de la época imperialista, está viendo que
se viene un proceso de avance del capitalismo como en
el siglo XIX! ¡Ahora entendemos por qué dicen que el trotskismo
es sectario!: se preparaban para 20, 30 años de expansión
del capital (esto lo escribían en 1992, 93, 94, 95, y hasta
en 1998), de computadoras y teléfonos celulares en todos
lados.
¡Digan la verdad!
Los chicos comiendo tierra en Corrientes, el pueblo africano
hundido, con la mitad de su población bajo el SIDA, millones
de obreros sin trabajo, vuelve el canibalismo en Asia.
¡Es una bofetada a los apologistas del capitalismo!
¡Trotsky tenía razón! Las fuerzas productivas dejaron
de crecer, las condiciones para la revolución proletaria
están más que maduras; la crisis de la humanidad se reduce
a la crisis de su dirección revolucionaria.
Estos revisionistas que habían surgido al interior
de la IV Internacional no acertaron una. Si no es desde
aquí, no se puede comprender por qué hoy hacen lo que están
haciendo, camaradas. Porque durante años se prepararon
para hacer esto. Es que si la época cambió, si lo que viene
es un desarrollo impetuoso del capitalismo, estamos
como al final del siglo XIX o principios del siglo XX. Entonces,
hay que construir grandes partidos obreros y grandes sindicatos,
para hacer presión y conseguir conquistas. Hay que refundar
la II Internacional de nuevo: la de Noske, la de Kautsky,
la de Bernstein, etc. Hay que construir partidos obreros
que hagan que los obreros consigan conquistas, y cuando
el ciclo de crecimiento expansivo de dos, tres o cuatro
décadas se acabe, ahí recién necesitarán de nuevo al
trotskismo, para usarlo. Los charlatanes más desquiciados
que se animaron a escribir esto fueron los ex -trotskistas
del PTS, que dijeron que al trotskismo hay que combinarlo
con Gramsci. Gramsci para las épocas de paz, que es lo que
según ellos prima, y trotskismo para las crisis, que son
“la excepción”. Nos estaban hablando entonces de un capitalismo
que lo que había liquidado es la época de guerras, crisis
y revoluciones.
Decían que el imperialismo norteamericano,
entonces, iba a expandir celulares, computadoras, la
revolución de los granos, iba a repartir riquezas. ¡Puro
cuento! Hoy lo que expande son bombazos, masacres, hambre,
crac, crisis, guerras, y ahora nada más ni nada menos que
adentro mismo de los Estados Unidos.
Pero estos charlatanes
del “marxismo”, que envenenaron la conciencia de tantos
honestos trotskistas, tienen un problema: porque si el
capitalismo norteamericano tuvo un “boom”, fue el “boom”...
de los balances fraguados. Ustedes saben que la extensión
del famoso crecimiento de los Estados Unidos por cinco
años más a partir de mediados de los ‘90, no fue más que la
falsificación de los balances de todas las empresas imperialistas
para poder seguir juntando plata en la bolsa de Wall Street,
y vivir de la timba financiera. Podríamos decir que en
algo tienen razón: el marxismo científico no había previsto
semejante descomposición del capitalismo en su fase
imperialista, que iban a ser capaces de mantener en forma
ficticia un ciclo de crecimiento, basado en la falsificación
generalizada de los balances de todas las empresas imperialistas...
Pero ellos nos decían que semejante estafa escandalosa
era una “nueva fase de expansión del capitalismo”. ¡Esos
revisionistas se creyeron el cuento de la IBM! ¡Se creyeron
el cuento de la Enron! ¡Se creyeron el cuento de la ITT,
de AOL Warner, etc., de que las empresas estaban bien, cuando
estaban todas quebradas! Y ahora el crac está aquí, ya
se lo están haciendo pagar a las masas con guerras, con
miseria, con destrucción, y lo están pagando incluso
en los propios países imperialistas.
Entonces, camaradas, antes de 1989, los oportunistas
usurpadores del trotskismo que no pasaron la prueba, se
dedicaron a sostener sobre sus hombros al stalinismo,
y después le echaron la culpa de sus tropelías al trotskismo
y al marxismo, en lugar de decir valientemente: “no acertamos
una, y tuvimos mil y una adaptaciones, fuimos incapaces
de construir la sección rusa de la IV Internacional”.
Ese revisionismo escandaloso de los ’90 preparó
las capitulaciones de hoy. Como decía León Trotsky, un
error no reconocido ni reparado lleva a otro error, este
error a una adaptación, una adaptación a la capitulación,
y la capitulación a la degeneración completa del movimiento
revolucionario, si no se la para a tiempo.
Estamos presenciando
la crisis histórica, camaradas, que reafirma también
la tesis fundamental del marxismo: que la crisis de dirección,
hoy, ha estallado de forma aguda porque el instrumento
que tenía el proletariado revolucionario para orientarse
en un camino hacia la revolución mundial –la IV Internacional-
ha sido copado y usurpado por el centrismo que lo ha liquidado.
Nada de lo que pasa hoy, camaradas, cayó del cielo.
Leí una crítica muy dura de la LIT contra nosotros, durísima,
durísima, diciendo que somos un grupo de “calumniadores”,
porque decimos que ellos cobijan al PLP de Pakistán. Camaradas,
ustedes saben que en Pakistán hay un partido que se dice
“trotskista”. Se llama PLP, Partido Laborista de Pakistán,
y dirige muchos sindicatos en Pakistán, con centenares
de miles de obreros. Escuchen, camaradas. Este partido
había hecho un “Comité Organizador por un Partido Obrero
Mundial”, el Koorcom, es decir, un comité por un partido
obrero internacionalista común, con la LIT. Viene la
guerra en Afganistán, empieza el bombardeo, y la canalla
burguesía Talibán, que se hacía la “mala”, y el famoso
Bin Laden que decían que se comía los chicos crudos, huyeron
como ratas –como siempre los burgueses nacionales-, y
dejaron al pueblo desarmado, para que lo masacrara el
imperialismo.Y resulta ser que este partido, el PLP de
Pakistán, llamó a no intervenir en la guerra nacional
afgana, puesto que según ellos era una guerra... ¡entre
la “civilización” imperialista y los “déspotas totalitarios”
Talibanes! Y cuando miles y miles de obreros y campesinos,
sobre todo los trabajadores pashtunes afganos y pakistaníes
-que son los que trabajan como obreros golondrinas esclavos
en las compañías petroleras del Medio Oriente- dejaban
los pozos de petróleo y se organizaban junto a sus hermanos
pashtunes para ir a combatir el imperialismo, ¡el PLP
no tuvo el honor de llamar a formar brigadas internacionales
trotskistas con los sindicatos que dirigían, para marchar
junto con los antiimperialistas a luchar contra el imperialismo!
Si hoy el trotskismo no es una alternativa revolucionaria
para las masas del mundo, no es porque su programa no sirva
o no esté vigente, sino porque estos traidores, camaradas,
impidieron que la gloriosa bandera de la Cuarta Internacional
flameara en Mazar-i Shariff, a la cabeza del combate contra
el imperialismo yanqui. Esa es la triste realidad: Dijeron
“¡paz!”
Por otro lado, Alain Krivine, el dirigente de la
Liga Comunista Revolucionaria francesa, como diputado
del parlamento europeo, viajó junto a una comisión de
la ONU a decirle a los palestinos ¡que acepten los “dos
estados”, el “Plan de Paz” de la ONU!
¡Camaradas!
En este aniversario del asesinato de León Trotsky, nosotros
tenemos que decir que distintos impostores en diferentes
momentos quisieron vendernos planos y cimientos falsos,
pero que los cimientos de la teoría y del programa de la
Revolución Permanente pasaron total y absolutamente
la prueba de la historia, y que el revisionismo fue el
encargado de liquidar y diezmar las filas del movimiento
revolucionario e impedir que hubiera una continuidad
tanto en 1989, como hoy, cuando comenzaron nuevamente
los combates entre revolución y contrarrevolución,
al calor de la crisis económica mundial.
Sacamos, camaradas, una tercera conclusión:
no somos en absoluto “calumniadores”: todavía estamos
esperando que la dirección de la LIT rompa públicamente
ese Koorcom con el PLP de Pakistán; que lo denuncie por traidor
a la lucha nacional afgana, e inicie una campaña internacional
por la liberación de los presos antiimperialistas de
Guantánamo, que son los que sobrevivieron a la masacre
de Mazar-i- Shariff. Saben, camaradas, ya se están descubriendo
las fosas comunes donde los carniceros imperialistas
enterraron a miles de estos combatientes asesinados.
Porque no solo los masacraron en Mazar i Sharrif, sino
que a 2000 sobrevivientes los trasladaron desde el centro
de Afganistán hacia el norte en contenedores sin luz,
sin agua, sin aire, y murieron todos y los enterraron en
fosas comunes. En Mazar-i Sharif asesinaron a dos o tres
mil luchadores antiimperialistas -a ningún Talibán,
a ningún al-Qaeda-, y a algunos sobrevivientes los trasladaron
drogados, atados, con grilletes y en jaulas a Guantánamo
-al igual que el César llevaba a Roma a los esclavos de
las Galias-, y el carcelero Castro y la burocracia restauracionistas
cubana dijeron: “Bienvenidos, se los vamos a cuidar”.
Estamos esperando entonces que la LIT rompa públicamente
ese Comité por un Partido Obrero Internacional que tiene
con el PLP y comience a impulsar una campaña de solidaridad
y de liberación de los presos de Guantánamo. Y si no lo
hacen les vamos a decir encubridores de los traidores
de la lucha antiimperialista del pueblo afgano ... aunque
no les guste. A los oportunistas se les dice oportunistas,
a los revisionistas se les dice revisionistas, y a los
encubridores se les dice... encubridores.
¿Qué ha pasado con nuestra Cuarta Internacional,
camaradas? Ha surgido un pablismo generalizado. A
los camaradas nuevos les contamos que cuando terminó
la segunda guerra mundial, el stalinismo usurpó en su
favor el heroísmo de 20 millones de obreros rusos que habían
muerto en lucha contra el nazismo y que habían derrotado
al ejército nazi de Hitler. Millones de obreros decían
“con la URSS podemos derrotar el fascismo y cambiar la
humanidad”. Los partidos comunistas se llenaban de obreros
y de jóvenes, mientras los PC estrangulaban toda la revolución
en Occidente. La burocracia soviética hizo los pactos
de Yalta y Potsdam con el imperialismo: le dijo, “de acá
para acá yo controlo la revolución, y de Alemania Oriental
para allá, no te toco nada”. Así estrangularon la revolución
en Francia a la salida de la segunda guerra mundial, desarmaron
a los partisanos italianos y a los maquis franceses, le
dieron el poder a De Gaulle que no había disparado ni un
solo tiro contra el fascismo en Francia. Así fue como el
stalinismo permitió que se salvara el corazón del imperialismo
a la salida de la segunda guerra mundial.
Pero al finalizar la guerra, basados en el prestigio
que les daba el heroísmo de los obreros rusos que habían
derrotado a Hitler, surgieron fuertes partidos comunistas.
Entonces, surgió un movimiento dentro de la Cuarta Internacional
que decía: “Como el stalinismo está enfrentado al imperialismo
yanqui, lo que tenemos que hacer es entrar todos dentro
de los Partidos Comunistas porque Estados Unidos va a
atacar a la URSS con una bomba atómica, y la burocracia
stalinista, para defenderse, se va a ver obligada a hacer
la revolución mundial”. Y se fueron alegremente a disolver
un 40 o 50% de la Cuarta Internacional adentro de los partidos
comunistas. Por supuesto que los Estados Unidos nunca
le tiraron una bomba a la burocracia soviética, sino
que le tiraron muchos créditos del Citibank, del Chase
Manhattan Bank, de los bancos imperialistas europeos,
etc., es decir, el imperialismo entraba a los estados
obreros con el capital financiero, y no a los bombazos
como suponía Pablo. Y efectivamente, la burocracia
stalinista terminó, no haciendo la revolución mundial,¡por
supuesto!, sino entregándole los estados obreros al
imperialismo.
En 1953, camaradas, cuando surgió el pablismo,
había fuerzas revolucionarias de la IV Internacional.
La mayoría de la IV Internacional dijo “¡No! ¡Fuera Pablo
de la IV Internacional”!, se puso en pie el Comité Internacional,
y el movimiento trotskista internacional pudo sobrevivir
en lucha de tendencias y de fracciones. Hubo peleas principistas,
de las cuales nos consideramos patriotas. ¡Cómo no nos
vamos a considerar patriotas de la pelea del SWP norteamericano
contra los liquidacionistas de la IV Internacional en
1953! ¡Cómo no nos vamos a considerar patriotas de la pelea
que dio la fracción Leninista-Trotskista de Nahuel Moreno
junto al SWP, sacando las lecciones revolucionarias
de Chile en el 73, combatiendo al pablismo, que apoyaba
a Tito, a Mao, y a cuanto comandante oportunista había!
¿Cómo no nos vamos a sentir patriotas de esa pelea? A los
compañeros de la LIT y del centrismo que están tan ofuscados
con nosotros, les decimos ¡ustedes no les llegan ni al
tobillo a las luchas parciales pero principistas que
dio Moreno como parte de un combate internacional!
Porque, camaradas, cuando Nahuel Moreno a principios
de los ‘80 hizo un acuerdo con Lambert, y luego Lambert sale
a apoyar al gobierno de Mitterrand en Francia, inmediatamente
Moreno rompió ese acuerdo porque apoyaba el gobierno
francés de Frente Popular... ¡Y hoy la LIT se niega a romper
ese Comité por un Partido Obrero Internacional -el Koorcom-
que tiene con el PLP de Pakistán que traicionó y estranguló
por la espalda a las masas en la guerra nacional afgana!
La LIT nos dice que nosotros somos “antimorenistas
fanáticos”, pero nosotros decimos que hay que hacerle
un homenaje a Moreno -con el cual discrepamos profundamente,
porque opinamos que sus revisiones teóricas no tuvieron
razón-, porque no tiene ni punto de comparación con los
oportunistas y liquidacionistas surgidos del revisionismo
y de la adaptación!
Es que los pablistas de hoy, compañeros, son peores
que el pablismo de ayer. En el ‘53, Michel Pablo podía “justificar”
su capitulación porque había en el mundo grandes Partidos
Comunistas de masas, victoriosos. El stalinismo se tuvo
que poner a la cabeza de las masas chinas que hacían la
revolución, y lo mismo tuvo que hacer luego en Vietnam.
Hoy, los nuevos pablistas nos están diciendo que hay que
hacer partidos únicos con el stalinismo ¡cuando éste
se hizo burgués! Nos están diciendo que hay que hacer partidos
únicos con Ziuganov, es decir, ¡con el partido comunista
ruso que sostiene la restauración capitalista!
Camaradas, discúlpenme un poquito porque esto
ya parece una “locura” nuestra... ¡yo no estoy mintiendo!
El periódico del Partido Comunista argentino, “Nuestra
Propuesta” informa que el señor Patricio Echegaray
viajó a China. Y publica un artículo de Echegaray, recién
venido de allá, que se titula “Socialismo
con características propias”...¡”Socialismo con
características propias!”. Veamos cuáles son algunas
de estas “características propias” que encandilaron
a Echegaray. El Financial Times informa que el PC chino
se apresta a realizar su XVI Congreso Nacional y a incorporar
a su Comité Central “a un grupo de prominentes empresarios
capitalistas”, algunos de los cuales figuran entre los
individuos más ricos del país. Por si a alguien le quedaba
alguna duda de que la burocracia que masacró en Tian An
Men se hizo burguesa, ahí está el PC chino incorporando
a su CC –que según Echegaray defendería la dictadura
del proletariado chino, eso sí con “características
propias”- a los burgueses chinos más poderosos ¡El Financial
Times aplaude de pie las “características propias” que
tanto alaban Echegaray y el PC argentino.
El MST comparte con el PC un partido común; el MAS
llama a los castristas que están con la burocracia restauracionista
cubana a hacer partidos únicos, el PO se ufana de tener
una “gran homogeneidad política” con los castristas y
stalinistas en el Bloque Piquetero; la LIT llama a los
stalinistas a hacer un “movimiento continental por la
segunda independencia” para juntos derrotar al imperialismo,
renegando de toda exigencia de que rompan con la burguesía.
Quiero contarles que los camaradas japoneses
de la JRCL están divididos en dos fracciones, se han peleado
mucho entre ellos, igual que todos los trotskistas del mundo,
por tanto aislamiento y revisionismo que nos separó,
y nos hizo estallar. Una de sus fracciones, en el año 1972,
se autocriticó públicamente luego de que un grupo de
obreros chinos les mandara una carta criticándoles que
no tenían como consigna fundamental de su programa la
lucha de los trabajadores del Asia, chinos, coreanos,
etc. El trotskismo japonés hizo un congreso inmediatamente
y se autocriticó públicamente y dijo que el trotskismo
japonés iba a ser sirviente de la lucha de sus hermanos
explotados por su propia potencia imperialista.
El trotskismo japonés denuncia que cuando osaron
levantarse los obreros y estudiantes en Tian An Men en
1989 hubo ¡un millón de obreros muertos solamente en Pekín!
Denuncian que hubo más de ¡tres millones de obreros desaparecidos!
Se imaginan, camaradas, nosotros en la Argentina tenemos
30.000 desaparecidos; la clase obrera china tiene por
lo menos ¡tres millones! Esta nuevo burguesía restauracionista
del “socialismo con características propias” que tanto
alaba el señor Patricio Echegaray hizo desaparecer
a tres millones de obreros revolucionarios chinos después
de la masacre de Tien An Men, para terminar de restaurar
el capitalismo en China. ¡Y ahora los liquidacionistas
nos vienen a decir que hay que hacer “partidos únicos”,
“frentes políticos y sindicales permanentes”, “polos”
que sean una “alternativa”, con estos masacradores de
obreros!
Compañeros, si el pablismo de los ‘50 y los ‘60
era capitulador, ¡qué podemos decir de los que hoy se aferran
al stalinismo que se recicló en burguesía! No tengo la
menor duda que si Michel Pablo viviese, se levantaría
y los señalaría con el dedo acusador para decirles “¡Yo
no hubiera llegado a tanto!”
Por eso les decimos a los liquidacionistas y oportunistas:
ustedes serán aplaudidos y van a tener el “honor” de participar
de todas las reuniones de los agentes de los canallas y
asesinos de Pekín y de los carceleros de los luchadores
antiimperialistas, como Castro. Pero hay un lugar donde
ustedes no van a poder entrar: no van a tener un lugar en
la tercera revolución china, cuando se levanten los obreros
y los campesinos chinos, como ya están comenzando a hacerlo.
Los trotskistas internacionalistas argentinos y chilenos
del COTP (CI) vamos a estar con el trotskismo internacionalista
de Japón y se nos abrirán las puertas de la China revolucionaria
y de los millones de trabajadores asiáticos, que muy posiblemente
sean los que cambien el curso de la historia. Señores pablistas,
¡quédense con vuestras “buenas compañías”, que los trotskistas
sabremos buscar nuestro lugar en la historia, y veremos
quiénes son los revolucionarios y quiénes son los reformistas!
Compañeros, en la IV Internacional hubo un estallido
brutal. Muchos compañeros dicen, con bronca, “¡Hay que
hacer una nueva Internacional! ¡Esto no va más!” Otros
dicen “¡Son todos unos traidores! ¡Vamos a hacer no la Cuarta,
sino otra internacional, pongámosle la Quinta Internacional!”
Nosotros, camaradas, les recordamos que hemos
iniciado esta discusión con todas estas fuerzas sanas
del movimiento trotskista, planteando el por qué de la
actualidad de la Cuarta Internacional. En primer lugar,
una Internacional primera, segunda, tercera, cuarta
o quinta, no es una simple cuestión de números. El problema
de las internacionales en la historia del proletariado
internacional, es que cada una tuvo que ver con etapas
distintas del movimiento obrero y por lo tanto, con sus
programas.
La primera Internacional le dio a la clase obrera
naciente en el siglo XIX, el socialismo científico. La
segunda Internacional demostró, en la época de crecimiento
del capitalismo desde 1880 a 1910, que el proletariado
a nivel mundial podía poner en pie grandes partidos obreros
y arrancarles conquistas, con luchas internacionales,
a los explotadores del mundo. La tercera Internacional,
camaradas, no nació por un capricho, sino porque hubo
un cambio de época, cuando surge el imperialismo, que
es el capitalismo agónico, que se basa en dividir las
filas obreras comprando a los sectores privilegiados
de su clase enemiga. Es que así surgió el capitalismo
en la historia: compró a los reyes, a los nobles, y antes
de irse, en su etapa de degeneración imperialista, compra
a sectores de su clase enemiga, el proletariado.
La III Internacional surgió, camaradas, porque
levantó el grito de guerra de ¡muera el imperialismo!
¡el enemigo está en casa! ¡la tarea más importante de
los revolucionarios en Europa es hacer la revolución
socialista en nuestros propios países! Surgió en Kienthal
y en Zimmerwald, y los internacionalistas ¡cabían en
un sillón! Pero fueron capaces de unir los hilos de la historia
y preparar al proletariado para la revolución rusa,
y para el surgimiento de la III Internacional, porque
se había abierto la época de la lucha por la dictadura
del proletariado, derrotando a la dictadura de los capitalistas.
La IV Internacional tampoco nació por capricho,
sino porque el marxismo revolucionario en la década
del ’30 tuvo que responder a una terrible tragedia: la
Revolución Rusa había quedado ahogada, la burocracia
stalinista -como en un sindicato-, se había adueñado
del estado obrero y usurpado sus conquistas. Había que
responder a ese nuevo problema que tenía el proletariado
mundial. La Cuarta Internacional nació ajustando y actualizando
el programa revolucionario del proletariado mundial,
con la teoría de la revolución permanente e incorporando
la lucha por la revolución política al interior de la
Unión Soviética, para derrocar a la burocracia stalinista,
reinstalar el poder de los soviets y transformar al estado
obrero en una palanca de la revolución mundial.
Afirmamos que
la IV Internacional tiene su vigencia porque su lucha
histórica no terminó. En primer lugar, su lucha histórica
no terminó, porque si bien triunfó la restauración capitalista
en el Este, aún no fue aplastado el proletariado de Occidente.
Y mientras viva la revolución en Occidente, está abierta
la posibilidad histórica de volver a derrotar la restauración
capitalista e imponer la restauración de la dictadura
revolucionaria del proletariado, porque el problema
del triunfo o de la derrota de las conquistas obreras, se
resuelve en la arena de la lucha de clases mundial.
Afirmamos que los acontecimientos de 1989 no cerraron
ningún período histórico, sino que lo abrieron. ¡Miren
Argentina! Para llevar a un país capitalista semicolonial
algo próspero, como fue hasta la salida de la Segunda
Guerra Mundial, a que llegue al 50% de pobreza, fueron necesarios
50 años de golpes militares, aplastamientos, genocidios,
guerras como la de Malvinas. Si eso necesitaron hacer
con un país semicolonial, nosotros afirmamos que para
terminar de reincorporar los ex estados obreros a la división
mundial del trabajo como colonias o protectorados, tienen
que hacer la masacre de los Balcanes en toda China, Rusia,
Polonia y en el resto de los ex estados obreros, para terminar
de esclavizar esos pueblos como protectorados y virreinatos.
Y eso, camaradas, todavía no está dicho que puedan lograrlo.
Pero lo que sí está dicho es que la crisis económica mundial
pone al rojo vivo si esos estados van a terminar como
colonias o protectorados o si, antes que las potencias
imperialistas lo logren, la clase obrera podrá hacer
una nueva revolución social y restaurar la dictadura
revolucionaria del proletariado, y entonces la actual
restauración capitalista sería tan sólo un breve período
en la historia.
Solamente un punto de vista internacional puede
comprender los fracasos y las derrotas de nuestra clase.
Desde aquí podemos decirle a los explotadores: ¡no festejen!
¡Ustedes, señores burgueses capitalistas, antes de
dominar el mundo, estuvieron cuatro siglos intentando
lograrlo! Allá por el fin de 1400 y principios de 1500, con
Lutero, empezaron a dirigir las guerras campesinas
contra los nobles y fueron derrotados en Alemania, y fueron
obligados a convivir más de cuatro siglos con los junkers
feudales. Ustedes, señores capitalistas, no se mofen,
porque en 1600 hicieron las ciudades burguesas en Génova,
en los cantones suizos, en Milán, en Florencia, y nuevamente
los reyes y los señores feudales los molieron a palos
y derrotaron sus ciudades burguesas. ¡No festejen!, porque
en 1640 dieron el movimiento de Cromwell en Inglaterra
y pusieron en las picas de los ejércitos burgueses revolucionarios
a las cabezas de los nobles ingleses, en Londres, y fueron
derrotados por la restauración monárquica. ¡¿Qué festejan?!
¡Si después de cuatro siglos recién tomaron el poder en
Francia y expandieron el capitalismo a todo el mundo!
Los trotskistas internacionalistas, hoy podemos
decir: ¡obreros del mundo! ¡a no desmoralizarse! En 150
años demostramos que éramos capaces de tener un programa
para la victoria. Hemos demostrado que podíamos hacernos
del poder. En países aislados, no lo pudimos sostener.
Nos metieron el cuento del “socialismo en un solo país”
y nuestra ciudadela revolucionaria fue entregada desde
adentro. ¡Obreros del mundo! ¡Saquemos lecciones revolucionarias!
En la lucha por la revolución proletaria –y en este homenaje
a León Trotsky lo vamos a decir—se ha demostrado la teoría
de la Revolución Permanente, que no hay ciudades obreras
aisladas ni estados obreros aislados del mundo, que logren
mantenerse en una economía mundial dominada por el imperialismo.
Las próximas revoluciones aprenderán de esta derrota,
aprenderean que la revolución triunfante en un país es
un paso para expandirla al resto del continente, y que toda
revolución triunfará cuando triunfe la revolución en
el corazón mismo del imperialismo, en las potencias imperialistas.
Por eso, camaradas, vaya nuestro homenaje a León
Trotsky, no porque pudo predecir tal cual se dieron los acontecimientos
-porque los marxistas no somos brujos ni adivinos- sino
porque con su método podemos interpretar el devenir
del proletariado mundial.
La Revolución
Permanente, camaradas, mantiene todo su valor, y el
programa de la IV Internacional también, compañeros,
porque la lucha por la revolución política es la lucha por derrotar a todos
los burócratas sindicales, a todos los aristócratas
obreros y sus organizaciones que se niegan a someterse
a la disciplina de la democracia obrera revolucionaria
en los organismos que dirigen.
Entonces, compañeros, hoy también podemos decir
con la IV Internacional ¡Abajo las medallas y las condecoraciones
del señor D’Elía, que en Argentina dirige un movimiento
de desocupados viviendo con 6.000 pesos de su sueldo de
diputado! ¡Abajo la aristocracia y la burocracia obreras
de la AFL-CIO norteamericana, de los sindicatos franceses,
alemanes, italianos! El único partido que podrá llevar
a la victoria a la clase obrera, para sacarse de encima
a los burócratas traidores, es la IV Internacional!
Por eso, camaradas,
¡VIVA LA CUARTA INTERNACIONAL!
Y vamos a luchar por regenerarla y refundarla,
y actualizar su programa. Vamos a inscribir en el programa
de la IV Internacional la lucha por la restauración de
la dictadura revolucionaria del proletariado en los
ex estados obreros. Vamos a llevar la lucha contra los
privilegios de los aristócratas obreros a todo el mundo,
para que el proletariado revolucionario derrote con
la bayoneta calada a los traidores. Vamos a decir que
el primer deber de todo obrero consciente de Europa, de
Estados Unidos o del Japón, cuando empieza una agresión
contra un país semicolonial, es estar del lado del país
semicolonial, declarándole la guerra a su propia burguesía.
Vamos a decir –aunque nos llamen “calumniadores”— que
los que se dicen trotskistas y no luchan por la libertad
de los prisioneros antimperialistas presos en Guantánamo,
son capituladores, y están de rodillas ante los regímenes
burgueses.
Camaradas: El otro día leí una cita interesante
del trotskismo japonés. Ellos decían: “Aprendimos
de España, aprendimos cuando a los trotskistas y a los
anarquistas revolucionarios, en la Guerra Civil Española,
los stalinistas nos decían ‘agentes de Franco’ y nos mataban
por atrás... Aprendimos de Vietnam”. Cuando en 1956 el
imperialismo francés se retiraba de Vietnam y entraban
los yanquis a dominar ese país, los trotskistas organizaron
una huelga general en Hanoi, y le disputaban la dirección
a Ho Chi Minh y al stalinismo. Por ello fueron acusados
de ser “agentes franceses”, y el ejército de Ho Chi Minh
masacró a 20.000 trotskistas.
Aprendimos de Ramón Mercader, que se hizo novio
de la secretaria de Trotsky, y con una piqueta le rompió
la cabeza a Trotsky a traición, por la espalda. “Aprendimos...”,
dicen los trotskistas japoneses.
Y nos quedamos pensando. Y la verdad es que nos
enseñaron. Nos enseñaron
que cuando comienza una revolución, camaradas, siempre
hay una quintacolumna. Hay un famoso discurso de Karl
Liebknecht, en la revolución alemana de 1918, que no pudo
terminar de decirlo. Liebknecht, amigo y colaborador
de Rosa Luxemburgo, recién salía de la cárcel –había estado
toda la primera guerra mundial en la cárcel, por haber
llamado a los obreros alemanes a dar vuelta el fusil contra
sus propios oficiales, y no matar a los obreros rusos. Dio
ese discurso en una reunión de los consejos obreros de Alemania,
y no pudo terminar de hablar: fue echado porque tuvo la
valentía de decir que “al
enemigo imperialista alemán ya lo tenemos identificado
y está afuera, pero los obreros del mundo tenemos un problema:
el enemigo que no vemos, el que está adentro, el que nos
vende, el que nos desarma...” Y ahí nació el marxismo
revolucionario alemán al grito de “¡Vamos a decirles
a los obreros quiénes son los traidores que están en esta
asamblea!” Así empezó la izquierda revolucionaria alemana,
que intervino en la revolución alemana del 1918 y 1919.
Por eso la soldadesca socialdemócrata de Noske asesinó
a Rosa Luxemburgo y a Liebknecht, a los más grandes revolucionarios
europeos. Porque con Lenin y Trotsky supieron marcar al
enemigo más confuso, al que nunca pueden ver los obreros:
¡al que está adentro!
Y esa es la tarea
de un partido revolucionario: demostrarles a los trabajadores
quiénes son los aliados y quiénes son los enemigos. ¿Qué
quieren hacer hoy en Argentina los nuevos burócratas
sindicales del movimiento de desocupados que viven
de administrar los Planes Trabajar, los stalinistas en
todas sus variantes, y los partidos usurpadores del trotskismo
a los que el régimen cobijó durante años pagándoles 2
pesos por voto? ¿Qué quieren hacerles creer a los obreros?:
¡que los revolucionarios son los enemigos!
Pero no les tenemos miedo, porque hemos aprendido
que, siempre que hay revolución, hay quintacolumna. Y
hemos aprendido quiénes nos van a defender a los trotskistas
internacionalistas. Nos van a defender, en primer lugar,
los miles de obreros que entraron a la revolución en la
Argentina, y cada vez más están viendo y sintiendo en
carne propia que los partidos que les prometían que iban
a hacer la revolución, que les decían que “sin socialismo
no hay solución”, y hoy son los partidos que les dicen pidamos
“bolsones de comida”, “cultivemos las peores tierras,
las que están al lado de las vías del ferrocarril”, “repartamos
150 lecops” y “hagamos una Asamblea Constituyente”. Y
miles de esos obreros, lejos de apoyarlos nos van a escuchar
a los trotskistas que les vamos a decir “¡Pero no! “Pan,
paz y tierra” es “todo el poder a los soviets”! ¡Eso era lo
que significaba “pan, paz y tierra” era para los bolcheviques:
“quedémonos con lo que tienen los terratenientes, que
tienen los granos”. ¿Hay hambre? Los trotskistas decimos:
“Muy sencillo, no queremos, como dice el reformista Zamora,
que nos den tierras para cultivar al lado de los ferrocarriles.
¡No! Los obreros revolucionarios van a escuchar a los trotskistas
que les vamos a decir que la tierra al lado del ferrocarril
se la queden los explotadores, que vivan con un bolsón
de comida los accionistas del Citibank, que los obreros
productores de todas las riquezas queremos las tierras
que dan trigo, y leche, y carne para que no tengan hambre
los chicos de la Argentina, queremos Mastellone, queremos
La Serenísima, queremos Cargill, queremos la SanCor,
queremos las fábricas, queremos los bancos, queremos
lo que da ganancia, queremos los shoppings para que los
hijos de los obreros vayan a divertirse.
Y en cambio, los oportunistas les dicen a los trabajadores
que hay que conformarse con migajas y con repartir la miseria
y luchar por una Asamblea Constituyente que es la que va
a “cambiar todo”!, porque, camaradas, no se preparan para
organizar una insurrección consciente para que la clase
obrera se haga del poder, sino para una “revolución democrática”.
Y nosotros sabemos que si nos mantenemos firmes, millones
de obreros comprenderán que no tienen otra salida para
comer, para tener trabajo, que atacar a la propiedad,
que derrotar a los verdaderos explotadores y sus intereses,
y que para esto tienen que poner en pie sus organismos
de doble poder, armarse y avanzar en la revolución proletaria.
Ahí está los que nos van a defender. Pero, camaradas,
batallones enormes vendrán en defensa de los trotskistas,
a condición de no caer en el exclusivismo nacional. A
los oportunistas y liquidadores del trotskismo les decimos
“¡Quédense con Patricio Etchegaray y la burocracia china!”
Nosotros vamos a marchar para hacer en los próximos meses,
un Congreso Internacional con los trotskistas de Japón,
con los trotskistas peruanos, con los trotskistas de Nueva
Zelanda, porque vamos a decirles, “¡Compañeros,
golpeemos la mesa! ¡Digamos que los oportunistas y centristas
NO SON TROTSKISTAS! ¡Fuera todos los liquidacionistas
de la IV Internacional! ¡Agrupemos ya las fuerzas, hagamos
un Kienthal y un Zimmerwald, y ese día millones de obreros
volverán a levantar la bandera del fundador de la IV Internacional,
el compañero Trotsky!” ¡Camaradas! ¡Manos a la obra!•