4 de Septiembre - Democracia Obrera |
Edición
Especial
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el triunfo de la revolución proletaria o ser un protectorado yanqui"
Compañeros: Hacemos este homenaje al fundador de la IV Internacional, León Trotsky, en medio de una revolución en curso en Argentina. Por eso, queremos aprovechar esta oportunidad no para discutir tan sólo de tácticas, de nuestras difíciles luchas de todos los días, sino que queremos reflexionar sobre los grandes problemas que plantea esta revolución que empezó. Lo que los trabajadores revolucionarios tenemos que discutir, antes que nada, es qué dirección, qué programa, qué estrategia necesitamos para triunfar. Porque la heroica clase obrera argentina no se merece más derrotas.
En primer lugar, lo que tenemos que tener en claro es que a pesar de todos sus vaivenes, a pesar de la encrucijada en que la metieron, el 19 y el 20 de diciembre pasados con esas grandes acciones independientes, espontáneas, se abrió una revolución en la Argentina. Las masas demostraron con sus acciones estar muy por adelante que todos los estados mayores reformistas: ¡Nadie de los que hoy se quieren apropiar de las luchas de los trabajadores y que se proclaman su dirección como la CCC, el Bloque Piquetero -¡y no digamos nada de la burocracia sindical- puede decir que convocó a esas jornadas!
Las masas combatieron en las calles, los desocupados se lanzaron a resolver con los saqueos a los supermercados el problema del hambre, las asambleas populares surgieron por todos lados, la Plaza de Mayo fue llenada espontáneamente decenas de veces al grito de “¡qué se vayan todos, que no quede ni uno solo”. El movimiento de desocupados se amplió y fortaleció, los ahorristas se lanzaron a rodear los bancos, los trabajadores que se encontraban con sus fábricas abandonadas por la patronal las ocuparon y las pusieron a producir. La unidad obrera y popular se palpaba en las calles con la clase media saliendo a saludar las columnas piqueteras, a alcanzarles agua en las múltiples marchas que realizaban a la capital. Los programas que planteaban atacar directamente la propiedad de los monopolios capitalistas, de los banqueros, del imperialismo, eran votados con naturalidad y entusiasmo en cada esquina, en cada plaza, a mano alzada. Producto de esta revolución que empezó, la ligazón de décadas de la clase obrera con el peronismo, se quebró. El régimen patronal quedó dislocado con sus instituciones profundamente odiadas por las masas. Por eso, lo primero que hay que decir es que empezó una revolución.
Lo segundo que desde Democcracia Obrera queremos decir es que
siempre que empieza una revolución se pone al día y se vuelve
inmediato el pronóstico que el marxismo revolucionario
plantea a escala histórica: comunismo, o fascismo, o el
estangulamiento, el aborto de la revolución que empezó.
Para nuestro país esa alternativa quiere decir que solo una
revolución obrera triunfante que expropie a los capitalistas
puede liberar a la nación del imperialismo, que esa es la
única alternativa para que no nos conviertan en un nuevo
virreinato yanqui, en un protectorado con un proletariado
aplastado con millones de esclavos por 150 pesos, sin descartar
hasta una ocupación militar. El espejo en el que tenemos
que mirarnos los trabajadores argentinos es el de Afganistán
o el del Kosovo.
Porque esa es la política del imperialismo. Si no les tiembla la mano para llenar de bombas a Afganistán, para hacer un genocidio en Palestina, para preparar otro ataque a Irak, para organizar abiertamente un golpe en Venezuela, es iluso creer que en Argentina donde los trabajadores estamos insurreccionados, van a venir con guantes blancos, a pedirnos por favor que respetemos sus intereses. La crisis mundial ya les está pegando adentro con recesión, y el imperialismo yanqui va defender su lugar en el mundo a punta de cañón, como siempre hacen los imperialistas. Y para esta lucha se prepara disciplinando a su patio trasero, Latinoamérica, y en primer lugar a la Argentina a cuyas masas quieren dar un escarmiento por haberse sublevado, y por el default de la deuda externa.
Por eso, si no triunfa la revolución obrera, si no se echa al imperialismo de Argentina y de toda Latinoamérica, el imperialismo yanqui va doblegar a nuestros países con triples cadenas, ya sea en forma directa con sus propias tropas, o a través de sus regímenes y gobiernos títeres.
Existe una tercera alternativa: que producto de la traición de los dirigentes, la revolución no avance y se agote y se descomponga en múltiples estertores. Pero eso significa ya para la burguesía -como la destaca el diario burgués La Nación- un gran triunfo para festejar, con obreros disponibles por 150 lecops y bolsones de comida, con dos millones de los seis millones de desocupados librados a la beneficencia patronal para usarlos como mano de obra esclava contra los trabajadores ocupados para bajarles el salario.
Por eso, o triunfa la revolución obrera, o la alternativa será una profundización de la catástrofe que vivimos, una decadencia aún mayor de la civilización humana.
En tercer lugar, lo que queremos decir es que tras ocho meses de revolución argentina se ha puesto de manifiesto una vez más, lo que afirma el Programa de Transición trotskista: que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de su dirección revolucionaria. Todas las debilidades que se puedan encontrar en esta revolución en curso no deben buscarse en la conciencia de las masas -como dicen los oportunistas- sino en los dirigentes. A estas masas no se les pueda adjudicar ninguna responsabilidad en el retraso de la revolución, porque no solo hicieron el 19 y el 20 de diciembre sino que demuestran cada día que pasa, en multitud de hechos, que están animadas de una energía enorme y una decisión a pasar a la acción porque la situación ya no se aguanta más. Cuando hace unas semanas los trabajadores desocupados de la localidad petrolera de Las Heras en Santa Cruz salieron a la lucha, lo hicieron dispuestos a conseguir un trabajo digno. No querían conformarse con migajas ni con limosnas. No pusieron carpas por una noche, ni se dedicaron a hacer cortes simbólicos. En lugar de eso tomaron los tanques de combustible de Repsol y amenazaron con prenderles fuego mientras le exigían al gobierno y a la patronal trabajo digno.
Lo que hicieron los piqueteeros de Las Heras fue mostrarle otra
vez a todos los trabajadores que para conseguir algo hay
que luchar por todo, que los capitalistas solo ceden algo
cuando ven atacados y amenazados su propiedad y su poder.
Por eso titulamos nuestro volante: "¡Así
se lucha!", porque fueron un ejemplo para todos los
trabajadores. No hacían más que seguir el camino abierto
por los heroicos piqueteros del Norte de Salta y por las jornadas
del 19 y 20 de diciembre (...)
Todo el dispositivo montaado por el régimen infame para tratar
de meter a las masas en la trampa electoral -ya sea con las elecciones
de Duhalde, o con la “renovación de todos los cargos” del “frente
democrático de Carrió, la Pymes, De Gennaro y Zamora- no
basta, porque la situación de hambre y miseria es intolerable,
y ante esto la predisposición de las masas a pasar a una acción
decisiva se palpa en cada pequeño hecho, como quedó demostrado
en Las Heras, o en Santa Fe, en la multitud de conflictos que
hay, porque ninguna de las fábricas ocupadas y puestas a funcionar
por los obreros ha podido ser desalojada, porque las asambleas
populares se resisten a ser disueltas o totalmente desfiguradas.
Por eso han tenido que recurrir a los viejos partidos de la izquierda argentina, para que frenen desde adentro a las masas en lucha. Porque este papel no lo pueden jugar los viejos burócratas sindicales –como Moyano- que ya no pueden salir a la calle. Estos viejos burócratas sindicales comparten el odio obrero y popular tanto como los políticos patronales. Por eso en su lugar, han sido llamados para contener a las masas, que van hacia la izquierda, otros dirigentes y otras organizaciones, no los que provienen del riñón del peronismo sino de los partidos que durante años les hablaron a las masa de la revolución, como son el stalinismo y sus variantes como el castrismo y el maoísmo, y a los partidos usurpadores del trotskismo alimentados durante años por el régimen patronal. Son los que se las pasaron durante años hablando de la “”argentina socialista”, del “argentinazo”, de que sin socialismo no hay solución”, los que como Altamira acusaban a todo el mundo de “democratizante” y hablaban del “poder obrero”.
Amplias capas de los trabajadores rompen con el peronismo y enfrentan al gobierno de Duhalde, y al calor de esta revolución que empezó -y de los sufrimientos indecibles que la contraofensiva imperialista y el capitalismo putrefacto provocan- van hacia estos partidos. Pero esta izquierda, donde los renegados del trotskismo forman fila junto al stalinismo, no les habla en el lenguaje de la revolución sino en el de la reforma.
Sus llamados planes de luchha, son nada más que planes de presión
para conseguir unos pocos miles de Planes Trabajar y más bolsones
de comida, mientras dejan a millones a merced de las beneficencia
del estado patronal y sus planes jefes de hogar, y a otros
millones directamente sin siquiera eso. Así han dividido
al movimiento de desocupados. Quieren convencer a los trabajadores
que es posible conseguir conquistas presionando al gobierno
y a la patronal.
Desde Democracia Obrera
afirmamos, en cambio, categóricamente, que para conseguir
aún la miseria de Planes Trabajar los
trabajadores tuvimos que hacer grandes luchas revolucionarias,
como en Mosconi, como el 19 y 20 de diciembre, pasando por
arriba de los dirigentes, y no marchitas pacíficas y acampes
en Plaza de Mayo! Planes trabajar, comedores, bloqueras,
las bolsas de comidas: ¡Hemos puesto decenas de muertos en
las calles para conseguirlos!
Los programas que levantan desde la izquierda en realidad son para repartir la miseria. Estos partidos de izquierda les dicen a los trabajadores que el único camino posible contra el hambre y la desocupación es resignarse a la limosna de 150 lecops por mes. ¡Mientras tanto la burguesía ya está utilizando a miles de esos trabajadores como esclavos por 35 dólares mensuales, como está sucediendo ya en muchas fábricas, para bajarle el salario a todos los trabajadores!
Es que la burguesía viene a por todo: bajó el salario con la devaluación y la inflación, despidió a 750 mil trabajadores desde diciembre, le entregó 20 mil millones de dólares a los bancos para salvarlos, consumó el robo de los ahorristas. En el medio de la crisis, peleó por todo, como una clase que agudiza su instinto cuando está amenazada,
Pero esta izquierda no quiere hacer lo mismo. Que los trabajadores nos organicemos, ocupados y desocupados, para luchar por trabajos dignos para todos, por el reparto de las horas de trabajo, por salarios dignos de 1200 pesos indexados por la inflación, que impongamos como en el subte seis horas de trabajo para que trabajemos todos, para esta izquierda ¡eso es música del futuro! ¡Ahora hay que conformarse con planes trabajar! Su programa es el de conseguir solo “lo posible”, o sea el programa de la burguesía para estrangular la revolución.
Pero el hambre arrecia, porque todo lo que conseguimos con grandes sacrificios no alcanza. Hay que ir por todo, incluso para conseguir lo más mínimo. Por eso no hay tarea más inmediata que expropiar a los grandes monopolios de la alimentación, de los granos y de la distribución de alimentos –como La Serenísima, Bunge y Born, Cargill, Disco, etc.- para asegurar la comida de millones. Pero estos partidos le dicen a los trabajadores que solo se puede luchar por los bolsones de comida, y que la salida es cultivar huertas en los terrenos baldíos y hacer bloqueras. Eso significa que las mejores tierras queden en manos de los monopolios y de los terratenientes, que los granos sigan en manos de monopolios como Cargill, que la leche y la manteca sigan en manos de La Serenísima, de Sancor, de Disco, de Carrefour. O sea, respetar la propiedad privada capitalista. Pero son ellos o nosotros, o la vida de los obreros, de sus familias, de sus hijos, o la propiedad de los explotadores. Esa es la alternativa de hierro.
Cuando los trabajadores, para poder darle de comer a sus hijos, ponen a funcionar fábricas donde la patronal huyó después de llevarlas a la quiebra y dejar el tendal de trabajadores sin salario y sin indemnización, los dirigentes de esta izquierda reformista dejan a esas fábricas aisladas unas de otras, en “cogestión” con la justicia patronal, o para que burócratas sindicales convertidos en patrones esclavistas como Sosa estafen a los trabajadores como en Renacer de Tierra del Fuego. Obligan a los trabajadores a conformarse administrando fábricas en crisis cediendo los salarios adeudados y las indemnizaciones. Las dejan aisladas, a los pies de la justicia patronal y su ley de quiebras, lo que la patronal intenta aprovechar para quebrar a los trabajadores con provocaciones y preparándose para enviar carneros para intentar quebrar la heroica lucha de los obreros de Zanón, por ejemplo.
La izquierda oportunista es enemiga de que los trabajadores
de estas fábricas se unan y coordinen en todo el país, que estas
fábricas se estaticen, bajo control obrero. Son enemigos
de pelear por el control obrero, pero no de una fábrica aislada
y en quiebra, sino de toda la rama de la producción, en primer
lugar las fábricas que les dan a sus patrones enormes ganancias,
con trabajo esclavo, con la brutal devaluación que les permite
exportar a lo loco. Los trabajadores no nos tenemos que conformar
solamente con Zanón, queremos cerámica San Lorenzo y los
grandes monopolios de la construcción; no solamente Brukam,
porque no tiene salida si los trabajadores no controlamos
Adidas, Nike, Alpargatas, Macowen. No solamente Grissinópolis,
sino también Sancor, La Serenísima, Bunge y Born, Nabisco.
Queremos que se abran los libros de toda la patronal para conocer
los secretos de toda la patronal y conocer sus descomunales
ganancias.
Pero para la izquierda oportunista, esto es un programa para el futuro, para otra etapa! Eso significa que a pesar de sus luchas heroicas para ponerlas a funcionar los trabajadores se tienen que conformar con las fábricas en crisis que la patronal desecha. Los patrones esperan que los trabajadores le cuiden estas fábricas y las mantengan en condiciones en base a grandes sacrificios, porque cuando los patrones decidan que les conviene van a volver a reclamar su propiedad! Este es el final del camino, lamentablemente si se separa la lucha por el control obrero de la lucha por el poder, como hace toda la izquierda.
Al grito de "se va
acabar la burocracia sindical", como cuando los desocupados
echaron a piedrazos a Moyano de la segunda Asamblea Piquetera,
lo silenciaron a toda costa. Cuando los trabajadores con
grandes sacrificios echamos a los burócratas de una seccional,
estos partidos mantienen los estatutos de la burocracia
sindical, se niegan a independizar a estas organizaciones
del estado patronal, con conciliaciones obligatorias, permitiendo
que el estado siga cobrando las cuotas sindicales compulsivamente.
Nosotros decimos, en cambio: ¡Independencia
de las organizaciones obreras del estado patronal! ¡No a
las conciliaciones obligatorias! ¡Que los dirigentes sean
rotativos y revocables, que vayan a las fábricas personalmente
a cobrar las cuotas sindicales, y que cada dos años vuelvan
a trabajar! ¡Asambleas de fábrica que se reúnan permanentemente!
Y cuando nos matan como en Avellaneda y la policía, la Gendarmería y las FFAA, y los ejércitos privados de seguridad de los countries, se preparan para seguir matando, se niegan a impulsar los comités de autodefensa en las organizaciones de masas. ¿Que le van a decir a los trabajadores de Santa Fe que se organizaron para ajustar cuentas con los delincuentes organizados por la policía y les quemaron sus guaridas y aguantaderos! ¡En una hora limpiaron el barrio de chorros y maleantes aliados a la policía! ¡Ahí está la respuesta obrera a la campaña de la "seguridad" con la que la patronal quiere militarizar los barrios obreros!: piquetes obreros armados que controlen la seguridad.
Estos dirigentes de la izquierda se la pasan haciendo encuentros de fábricas tras encuentro de fábricas, divididos unos de otro – hoy mismo, compañeros, hay dos funcionando al mismo momento-, convocan a "asambleas piqueteras", reuniones de todo tipo. Pero lo que no quieren hacer es convocar a un gran organismo de carácter nacional de las masas en lucha. ¡Y después nos dicen que "no hay condiciones" para llamar ya mismo a ese congreso! ¡Condiciones sobran, los que dividen son los dirigentes!
¡Porque nada hay que impida que surja ya mismo, que sea convocado ya mismo un gran organismo centralizador de las masas en lucha, que se reúna con representantes de todos los explotados del país, las organizaciones de desocupados, los trabajadores que pusieron a producir las fabricas ocupadas, las asambleas populares, los pequeños ahorristas estafados. ¿Qué trabajador de una organización de desocupados votaría en contra de esta propuesta? ¿Qué asambleísta se opondría?
Estos partidos se la pasan justificándose diciendo que el movimiento obrero industrial no interviene. ¡Pero si la clase obrera industrial hizo ocho paros generales en dos años que fueron los que prepararon la caída de De La Rúa, porque obligaron al gobierno a atacar su propia base social, a la clase media con el corralito! ¡Si las jornadas que iniciaron la revolución empezaron con el paro general del 13 de diciembre!
¿Cómo esperan, si no es poniendo en pie un gran organismos de las masas en lucha, que los obreros industriales se pongan en movimiento si cualquiera se da cuenta de que con luchas aisladas por fábricas están amenazados por los despidos y la desocupación, y bajo el control policíaco de la burocracia sindical? Lo que estos dirigentes se niegan a hacer es a poner en pie un gran organismo de las masas que luchan, que es la única manera de golpear sobre el proletariado industrial para que pase a la acción.
Si este organismo de las masas en lucha no surge, la situación seguirá siendo la de más de cien fábricas tomadas aisladas unas de otras, el movimiento obrero industrial atenazado por la amenaza de la desocupación y dejado en manos de la burocracia sindical, con seis millones de desocupados de los cuales las organizaciones piqueteras organizan a solo una minoría mientras dos millones están a merced directa de los planes jefes de hogar del estado patronal, y otros millones directamente sin nada.
Es así, con grandes organismos de las masas en lucha, como puede vencerse la resistencia de los aparatos reaccionarios de los sindicatos y de los partidos. ¡Estas son las lecciones revolucionarias que sacaron los trotskistas de las revoluciones del siglo XX, y que los oportunistas y liquidacionistas quieren enterrar! Todos quieren borrar de la historia las lecciones de Francia durante la década del ’30, cuando el camarada Trotsky escribía, en “¿Adónde va Francia?”: “las huelgas, las manifestaciones, las escaramuzas callejeras, los alzamientos directos, son por completo inevitables en la situación actual. La tarea del partido proletario consiste, no en frenar y paralizar esos movimientos sino en unificarlos y darles una fuerza mayor”. Pero, ¿cómo hacerlo? Trotsky contestaba: “No se trata de una representación democrática de todas y no importa cuáles masas, sino de una representación revolucionaria de las masas en lucha”. Y continuaba: “El comité de acción –es decir, compañeros, el nombre que adquiría entonces en Francia la lucha por poner en pie organismos de democracia directa y autodeterminación de las masas en lucha- es el aparato de la lucha. Es inútil suponer de antemano qué capas de trabajadores estarán ligadas a la creación de los comités de acción: las fronteras de las masas que luchan se determinarán en la propia lucha”.
Compañeros, Trotsky planteaaba con claridad que sin la creación
de los comités de acción, es decir, de organismos de autodeterminación
y democracia directa de las masas en lucha, “tareas tales como la creación de la milicia obrera, el armamento
de los obreros, la preparación de la huelga general, quedarán
en el papel si la propia masa no se empeña en la lucha por medio
de sus órganos responsables”. Y esto era así porque esos
organismos eran “el único medio de quebrar la resistencia contrarrevolucionaria
de los aparatos de los partidos y los sindicatos”.
Hoy, en Argentina, esas lecciones nos marcan el camino a los trotskistas, porque, repetimos, sólo poniendo en pie esos organismos, se puede vencer la resistencia de los aparatos de los sindicatos y los partidos. Por eso se ponen tan nerviosos cuando le exigimos que convoquen a ese organismo de las masas en lucha, que sus diputados renuncien al parlamento y se pongan ya mismo a convocarlo, que la Aníbal Verón, que todo el Bloque Piquetero convoquen. ¡Y nos dicen "sectarios"! Nada menos que estos partidos y dirigentes que mientras hacen todo lo posible para unirse en partidos únicos, mantienen a los trabajadores divididos.
¡Por eso nos atacan, y nos dicen “provocadores” y “calumniadores”!
¡Por levantar esta política! ¡Por que en esos organismos
los pacifistas y los sostenedores del régimen no durarían
ni un segundo! Porque en ellos, sus posiciones serían derrotadas
como lo fueron en Mosconi, como lo fueron en la Interbarrial
Nacional!, porque las masas revolucionarias practicando
la democracia directa aprenden muy rápido cuáles partidos
son sus aliados y cuáles sus enemigos! Porque, de surgir, se
abriría la posibilidad de organizar el boicot a las elecciones.
Pero estos partidos también aprendieron. Por eso, se han hecho un juramento que es opuesto al trotskismo: ¡nunca más un Mosconi! ¡Que nunca más haya 5 mil trabajadores votando a mano alzada en el Parque Centenario. ¡Que nunca más haya piquetes de desocupados decidiendo por su cuenta! ¡Que no surjan en ningún lado comités de fábrica ni coordinadoras! ¡Que nunca más haya una Asamblea Piquetera unitaria de todas las organizaciones de desocupados como la que el año pasado en La Matanza echó a Moyano al grito de ¡se va a acabar la burocracia sindical!
Y para rematar este programa de reparto de la miseria y de sumisión a la burocracia, nos vienen con que la salida es votar una Asamblea Constituyente. Les dicen a los trabajadores que en lugar de tomar los problemas en sus propias manos en los organismos de democracia directa, hay que votar en una constituyente para "cambiar todo" y para "gobernar". ¡Por eso son todos enemigos de que los trabajadores desde sus organizaciones de masas organicen y preparen el boicot a las elecciones! Así le hacen el juego al plan burgués de recambio del régimen, de volver aunque sea por un tiempo a un régimen “democrático” como el del 83, para abortar la revolución. A la consigna de "¡que se vayan todos!" la transforman en un recambio y una lavada de cara al régimen semicolonial sirviente del imperialismo. Esta izquierda, que durante años le dijo a los trabajadores que "sin socialismo no hay solución", que había que hacer un "Argentinazo", ahora que centenares de miles de trabajadores los ponen a la cabeza de sus luchas, les dicen que votando y con una Asamblea Constituyente, en compañía de Carrió y De Gennaro se pueden resolver todos los males de los explotados y lograr la independencia de la nación del imperialismo. ¡Esta izquierda les dice a los trabajadores que con una Asamblea Constituyente "se come, se educa y se cura", casi lo mismo que decía Alfonsín en la campaña electoral del 83, cuando la verdad es que los únicos que recibieron los "beneficios" de la "democracia" fueron la burguesía y el imperialismo, ya que para los trabajadores solo hubo hambre, miseria y represión!
Por eso decimos que en la Revolución Argentina se enfrentan, como en toda revolución, menchevismo y bolchevismo, stalinismo y trotskismo. El partido bolchevique de Lenin y Trotsky llamó a los obreros rusos a tomar el poder en 1917 con las consignas de "paz, pan y tierra" y "todo el poder a los soviets". En cambio el programa de los renegados del trotskismo, se puede sintetizar en "planes trabajar y bolsones de comida" y "todo el poder a la Asamblea Constituyente”. Mientras que para los bolcheviques la lucha por el "pan" y por la "tierra" significaba la expropiación de la tierra y de las reservas de trigo de los terratenientes y los especuladores y el monopolio del comercio del trigo en manos del gobierno de obreros y campesinos, y la lucha por la paz significaba derrotar al propio gobierno imperialista, para los renegados del trotskismo en Argentina, "pan" y "tierra" significan seguir mendigando bolsones de comida, hacer panaderías y hacer huertas para plantar tomates en los terrenos baldíos y en las tierras fiscales.
A los piquetes los disolvieron, los cortes de ruta los transformaron en cortes pacíficos con caminos alternativos, que no molestan a nadie. A las asambleas populares las tienen organizando ollas populares y huertas comunitarias. En vez de atacar la propiedad de los capitalistas como hicieron los piqueteros del Norte de Salta y los de Las Heras, se dedican a poner carpas en la Plaza de Mayo para presionar por bolsones de comida. ¡Y ahora el PO dice que el "acampe" en Plaza de Mayo fue un "triunfo"! ¡De que triunfo nos hablan si cada vez hay más cartoneros revolviendo y comiendo de la basura por las calles del país! ¡Y a esto el PO tiene la desvergüenza de llamarlo, por boca de Pitrola en su discurso en Plaza de Mayo el día del “acampe piquetero”, "control obrero de la industria del reciclaje de la basura"!
Les dicen a los trabajadores que lo único posible es conformarse con las limosnas y las migajas que los patrones desechan y dejan caer de su mesa!¡Esa no puede ser una salida ni el destino de la única clase productora de la riqueza!
El programa reformista y la política posibilista de la izquierda del régimen, que transforma a la clase obrera en mendigos al llevarlas a luchas de presión, impotentes, sobre el régimen y el estado, no solo es incapaz de soldar la alianza obrera y popular, sino que la rompe a cada paso. Al inicio de la revolución argentina, las clases medias arruinadas, los ahorristas estafados, los pequeños comerciantes en quiebra, les llevaban agua y comida a los piqueteros que marchaban por las calles de Buenos Aires, porque veían en ellos a los que podían devolverles sus ahorros atacando y tomando los bancos. La política reformista y posibilista de la izquierda stalinista y los liquidacionistas del trotskismo, ha impedido hasta ahora que la clase obrera, levantando un programa obrero y popular de emergencia para que la crisis la paguen los capitalistas y el FMI y demostrando con su acción en las calles que está dispuesta a ir hasta el final en la revolución que se ha iniciado, se gane a los sectores arruinados de la clase media como su aliado en la revolución. No solo han impedido que la clase obrera sea el caudillo de todos los explotados de la nación oprimida, sino que con su política reformista de transformar al movimiento obrero en mendigos de planes trabajar y bolsones de comida en vez de atacar la propiedad de los capitalistas, han condenado a la clase obrera a tener dos millones más de desocupados, y han colaborado en que la clase media dejara de atacar los bancos para seguir a Nito Artaza que llama a confiar en la Corte Suprema y en los reclamos leguleyos a los bancos.
Esta hermandad entre los renegados del trotskismo y el stalinismo no es un invento argentino como el dulce de leche: se impulsa desde el Foro Social Mundial, como el que se reunió en Porto Alegre en febrero de este año, y que hoy en este mismo momento se está reuniendo acá en Argentina. Este rejunte de burócratas sindicales, traidores stalinistas y socialdemócratas, con el apoyo de los renegados del trotskismo, hoy se está reuniendo acá en la Argentina. ¡Vienen a este país donde los trabajadores y el pueblo iniciamos una revolución para ver como la traicionan mejor, para ver como mejor ayudan a estrangularla y a derrotarla!
Y todos los oportunistas y liquidacionistas que fueron gustosos y activos participantes de las reuniones anteriores, como la realizada en febrero en Porto Alegre, acá se quieren ocultar y participan de forma camuflada. ¡Pero cuando en febrero se reunieron en Porto Alegre para discutir los partidos "únicos" con el stalinismo, todos, desde al MAS, el PO, el MST, CS, el FOS, hasta el PTS, asistieron. Por eso aunque hoy no aparecen por ahí, no han sacado ni un volante paras denunciar este encuentro. ¡En cambio, este acto en homenaje al camarada Trotsky es la única tribuna que se levanta para denunciar a ese Foro Social reformista de los enfermeros del capitalismo!
Para participar mejor en esa componenda del régimen, el MAS, el FOS, el PRS, CS, quieren reunirse todos para volver al MAS de los ‘90, quieren un gran partido unificado para ponerse a los pies del stalinismo todos juntos, porque por separado, ¿para qué?. Parecen decir: ¡para capitular al stalinismo hay que hacerlo a lo grande! ¡ Y el PTS, para no quedar atrás, corre a la cola de este frente con un gran retrato de Gramsci, diciendo: "¡No nos dejen afuera, no nos dejen afuera!"
¡Esto no es trotskismo! No son más que repeticiones de lo que fue el POUM en la revolución española, donde se unen los renegados del trotskismo con stalinistas. Quieren un partido no para luchar por la insurrección obrera triunfante, sino para luchar por la “revolución democrática”, una revolución por etapas menchevique. Por eso, todos ellos anuncian que marcharán en 30 de agosto presionando por “renovación de todos los cargos” –y por supuesto, agregando el PO, el PTS, CS, la consigna de Asamblea Constituyente- convocados por la Carrió amiga de los monopolios imperialistas, por las Pymes, los banqueros del Credicoop, De Gennaro y Zamora, es decir, por sus aliados de esa “revolución democrática”.
Quieren poner en pie un partido único con cualquier programa, discutiendo si Constituyente sí o Constituyente no. Están en contra de la unidad en un partido revolucionario que pueda preparar la insurrección. De acá sólo pueden surgir engendros como el MAS de los ’90 que llevará a nuevas capitulaciones y desmoralizaciones.
Quieren poner en pie otra vez el partido de la vereda del No, el que levantaba en andas al secretario general del PC cuando se caía el muro de Berlín. Quieren repetir esa tragedia que llevó al estallido al trotskismo y a la desmoralización a miles de cuadros y militantes. ¡Y a los que decimos que están de rodillas ante el stalinismo y el foro social mundial, nos dicen ...“puristas” y “sectarios”! Si defender la estrategia y el programa de la IV Internacional, si enfrentar al stalinismo, es ser “sectario”, les decimos: ¡sí, somos “sectarios” y “puristas”!, ¡defendemos al trotskismo contra los que arrastran sus banderas por el barro!
Pero estos partidos, nos dirán algunos, se la pasan hablando
de “revolución”, de “Argentinazo”, de “sublevación popular”,
de repetir otro 19 y 20 de diciembre, de partidos únicos para
"tomar el poder". ¡Pero, qué impostura! Porque por
más que escuchemos y escuchemos, de lo que nunca hablan, ¡ni
que se equivoquen!, es de la insurrección obrera. ¿De qué revolución
nos hablan, de que "poder" nos hablan, si jamás hablan
de preparar una insurrección de masas? ¿Qué revolución puede
triunfar si no se prepara una insurrección de masas? Es como
hablar de cocinar y no mencionar al fuego!
¿Cómo nos van a decir que la Asamblea Constituyente "resuelva todo" como el PTS, o que sirve para "cambiar el régimen social" como el PO, tan solo votando, sin soviets armados, y sin que estos tomen el poder? ¡De esta manera le sacan todo el filo a las demandas democrático revolucionarias de las masas y las transforman en su opuesto, en un freno para los trabajadores!
¡Esos no pueden ser los partidos de la IV Internacional ni merecen llamarse trotskistas! Porque los trotskistas somos los que sostenemos que no se resuelve ningún problema, que no podemos mantener ninguna conquista por más pequeña que sea si los trabajadores no tomamos el poder. Cuestión ésta que no está planteada en lo inmediato, pero lo que sí está planteado es luchar por que esta revolución medio ciega, medio sorda y medio muda que se ha iniciado se ponga de pie, madure, que las masas en lucha pongan en pie sus organismos de doble poder y su armamento, y que vuelvan a soldar la alianza obrera y popular.
Se trata, al calor de esta lucha, de poner en pie el partido obrero, revolucionario e internacionalista que la clase obrera argentina se merece y necesita para llevar al triunfo la revolución, cuestión que sólo podrá lograrse bajo las banderas de la IV Internacional, y jamás bajo las de la izquierda reformista y oportunista del régimen. •