Cuando movemos alguna parte del cuerpo, no siempre tenemos consciencia
del movimiento, ni de la zona que debemos mover, ni hacia donde debemos
encaminar la acción. Es importante saber, que todo el cuerpo siempre está
listo para cualquier movimiento, así mismo que, la elección de los
planes de acción se efectúa en la etapa preparatoria del movimiento y
que depende sobre todo de las impresiones y representaciones ópticas en
relación con la experiencia.
Es de destacar que, los esquemas de movimientos están potencialmente
impresos en el sistema nervioso, y que van a transferir a los músculos la
acción, dando lugar a lo que denominamos posturas, antes de ingresar a la
conciencia (antes de darnos cuenta) mediante constantes alteraciones de la
posición.
Estamos construyendo siempre un modelo postural de nosotros mismos,
sujeto a continuos cambios. Cada postura o movimiento nuevo queda
registrado sobre este esquema plástico, y la actividad de la corteza,
pone a cada nuevo grupo de sensaciones provocadas por la alteración de la
postura en relación con aquél (modelo postural).
El modelo postural de nuestro cuerpo, se halla relacionado con el
modelo postural de los demás. Así como nuestras emociones y acciones son
inseparables de la imagen corporal, del mismo modo las emociones y
acciones de los demás son inseparables de sus cuerpos.
E.J. Head (1985), sostiene que la impresión postural, es la base del
modelo postural. Hay entonces un patrón postural de las Posturas, sobre
cuya base se miden todas las percepciones nuevas, y que existen esquemas
que nos enseñan a ver la relación entre las distintas partes del cuerpo.
Por esto deducimos que:
1. El sentido de la postura desempeña cierto papel en la construcción
del conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo.
2. En lo que concierne a la facultad de localización existe la
posibilidad de elaborar un conocimiento de la relación que guardan entre
sí las distintas partes de la superficie corporal.
3. Existe una imagen óptica del cuerpo, independiente de las imágenes
táctiles.
4. Las partes simétricas del cuerpo se hallan relacionadas entre sí,
fisiológica y psicológicamente.
Dusser de Barenne destaca: la estrecha relación psicológica entre los
puntos simétricos del cuerpo, y Wolkman demostró que cuando uno ejercita
un lado del cuerpo, las partes contralaterales del mismo mejoran su
facultad de localización. Es decir siempre se produce un plan de
integración entre las impresiones, táctiles y kinestésicas, orientadas
hacia el propio cuerpo.
En dicho plan el conocimiento del propio cuerpo constituye una
necesidad absoluta: «siempre me hará falta el conocimiento de que actúo
con mi cuerpo, inicio los movimientos con mi cuerpo, aunque utilice una
parte determinada del mismo, siempre con el conocimiento del objetivo de
mis acciones o para ellas.
No sabemos mucho acerca de los procesos psíquicos que tienen lugar
cuando el movimiento es continuado. Es probable que, sean los reguladores
sensomotores los que desempeñan aquí el papel más importante entre la
meta y la inciación. De algún modo, todo movimiento se basa en las
estructuras que se extienden entre la iniciación y el fin del movimiento
provoca además de continuo nuevas sensaciones de tipo kinestésico y táctil
que penetran en el campo de tensión y se convierten a su vez en
tensiones.
El movimiento es pues, el factor unificador entre las distintas partes
de nuestro cuerpo, gracias a él adquirimos una relación definida con el
mundo exterior y con los objetos, construyendo así mismo, junto a todos
los sentidos el esquema del cuerpo.
Así definimos la Imagen del cuerpo, como la representación mental que
nos formamos de nuestro propio cuerpo; es decir, la forma en que éste se
nos aparece y que le sirve de referencia en el espacio. Se integra
mediante: impresiones táctiles, térmicas, dolorosas; recibimos
sensaciones provenientes de los músculos, y de las vísceras; siempre con
la experiencia inmediata de que es una unidad.
Este conocimiento inmediato del cuerpo, tanto en estado de reposo o
movimiento se le define en función de la interrelación de sus partes y
sobre todo de su relación con el espacio que le rodea. Es como señala
Coste (1979), el resultado de la experiencia del cuerpo en el mundo.
Esquema Corporal: indistintamente; algunos autores no hacen distinción
alguna con la «Imagen Corporal», sin embargo mencionaremos la definición
de Ajuriaguerra:
«Desde el punto de vista psicológico, el concepto de esquema
corporal, se aplica a un sentimiento que tenemos de nuestro propio cuerpo
de nuestro espacio corporal. Desde el punto de vista fisiológico
representa la función de un mecanismo fisiológico que nos da el
sentimiento correspondiente a la estructura real del cuerpo», mientras
que la imagen corporal es la represen-tación mental del cuerpo.
Gracias a la existencia de estos esquemas, podemos proyectar nuestro
reconocimiento de la postura, movimiento y localización más allá de los
limites de nuestros propios cuerpos.
Al estudiar la imagen corporal, debemos encarar el problema psicoló-gico
de la relación que guardan las impresiones de nuestros sentidos con
nuestros movimientos y la motilidad en general. Cuando percibimos algo, o
imaginamos, actuamos como entidades estructuradas (personalidad), sistema
de acciones y tendencias a la acción, coloreadas emocionalmente. Amamos
nuestro cuerpo, es una cosa viva, en su incesante diferenciación e
integración.
LA EXPERIENCIA DEL «CUERPO VIVIDO» EN EL DEPORTE
En el sujeto normal el cuerpo no sólo puede ser movilizado por las
situaciones reales que lo atraen, sino que puede además, apartarse del
mundo, prestarse a experiencias y situarse en lo virtual. Está abierto a
lo nuevo, a lo posible, es decir, al espacio y al tiempo.
Esto se verifica en el aprendizaje de movimientos nuevos, que supone
ampliar los limites del cuerpo hacia lo externo (instrumentos o espacio),
el esquiador por ejemplo en su acción no separa los movimientos de
extensión y flexión que deben asegurarle el aligeramiento de su cuerpo,
el movimiento de los esquíes, el desplazamiento del peso del cuerpo en la
curva, la inclinación del busto hacia delante, sino que, percibe la
pendiente (accidentes, variaciones, eminencias y depresiones, las partes
del hielo, etc.) y su horizonte (obstáculos materiales, rocas, árboles,
personas, etc.), según una fisonomía afectiva de tal condición que su
cuerpo, al integrarlos en su espacio, o campo propio, adopta en un acto
global y espontáneo, las diferentes posturas y realiza todos los
movimientos necesarios.
De esta manera, el espacio corporal no es algo neutro, viene cargado de
«valores» o significaciones claras, por esto el «cuerpo es
eminentemente un espacio expresivo», forma y hace vivir un mundo a través
de habilidades motrices coordinadas, que por si mismas se constituyen en
diferentes categorías:
1. En esta categoría se pueden colocar todas las habilidades motrices
que no están estrictamente definidas y adaptadas al fin propuesto; son el
resultado de movimientos variados coordinados en determinadas posturas,
que a la vez son percibidas interiormente (p. ej. el fisio-culturismo).
Estas habilidades no están automatizadas de una manera estricta; por el
contrario, son el resultado de movimientos más sencillos, relativamente
automáticos. A esta categoría pertenecen la mayoría de actos de nuestra
vida cotidiana.
2. A esta categoría pertenecen las habilidades motrices que resultan
de los movimientos automatizados y dirigidos a un objetivo, pero que en
sentido estricto son movimientos estereotipados, a ellos corresponden en
su casi totalidad, los movimientos deportivos.
3. Las habilidades motrices que resultan de los diferentes movimientos
automatizados, que sin embargo no poseen un alto grado de automa-tización,
porque estos movimientos son relativamente independientes unos de otros.
Estas habilidades constituyen un todo estructuralmente unido en una
forma determinada. Se trata por ejemplo de las habilidades que un
deportista especializado posee. Cuyo trabajo automático y uniforme en sus
diferentes movimientos, exige no obstante, una atención vigilante y
cierto grado de inteligencia para la coordinación y ajuste de los
movimientos en relación con los objetivos que se propone realizar.
4. Las habilidades motrices, que resultan de movimientos automatizados
relativamente independientes y subordinados al objetivo a alcanzar, que es
la razón de su coordinación, y que, el elemento intelectual posee una
participación predominante, de modo que, en su conjunto pierden todo carácter
de automatismo y adquieren otro plenamente personal y creativo.
Esta situación en los atletas, es motivo de mejora de resultados y
que, en los especialmente aptos, esta modalidad da origen a estilos
nuevos, que los entrenadores deben dejar que progresen, y no anularlos por
miedo a no controlar al deportista.
La estricta mecanización de un movimiento se inicia al descomponer los
actos que han de aprenderse, según su grado de dificultad. De modo tal
que, por su incesante repetición se asegura la regularidad, precisión y
ritmo, que los «músculos» adoptan el movimiento y se liberan de la
tutela de la mente. El gesto es este momento es automático.
Sin embargo, nosotros preservamos el valor expresivo del movimiento y
de las actitudes corporales y, al mismo tiempo propendemos a la eficacia
gestual.
La internalización del ritmo del movimiento, es decir, su pasaje a la
representación mental, es una condición esencial, para conservar el carácter
humano del aprendizaje «técnico»; no obstante, el ritmo por si sólo,
signifi-caría entrar en un proceso armónico a nivel corporal vivido, sin
paso a la concientización y consecuentemente, sin paso a la internalización.
Debe producirse siempre un acuerdo entre el campo sonoro y el kinestésico,
para activar las acciones musculares, tanto clónicas, como tónicas.
El estudio por tanto, de los conceptos: Imagen del cuerpo y Esquema
corporal, al vincularlos con el problema del ritmo, permite precisar mejor
la concepción de un aprendizaje que tienda a la disponibilidad corporal.
Toda práctica corporal, siempre implica desplazamiento de algunas
partes del cuerpo, con otras que permanecen estables. Estos elementos
suelen transformarse en puntos de apoyo, que dado el carácter articular
de nuestro cuerpo y su modo de locomoción, cada punto de apoyo debe
preceder y favorecer el impulso de otra parte del cuerpo.
La representación mental de las posturas del cuerpo, en el movimiento
de los apoyos sucesivos corresponde a lo que se denominan: «esquema dinámico
de la Actitud» que se compone de datos visuales internalizados, asociados
a las sensaciones kinestésicas. Su fineza está en función del nivel de
estructuración del esquema corporal.
CONCLUSIONES
1. La ciencia del movimiento debe considerar al cuerpo, como una
unidad, y al movimiento, como un dato inmediato de la expresión de la
conducta.
2. El movimiento, siempre es transitivo y expresivo a la vez, por la
confluencia: funcional, sensitiva y emocional.
3. Es importante situar el movimiento, en función de la situación
vivida por el organismo.
4. El carácter expresivo del movimiento, nos remite a la persona y no
sólo a un objetivo exterior que se quiera alcanzar.
5. Una buena organización perceptiva implica, la estructuración
reciproca de los datos del mundo exterior y de las informaciones del «cuerpo
Propio».
6. El conjunto de los actos motores, asociados a los juegos y a las
actividades de expresión, realizados en un clima favorable, desempeñarán
un papel esencial en la estructuración consciente del «esquema Corporal»,
elemento central de la personalidad.
7. Si se trata de un adulto limitado en sus relaciones motrices, como
conse-cuencia de una excesiva mecanización de los movimientos; es
aconse-jable, una cierta desautomatización (reacondicionamiento), que le
permita volver a estructurar una «imagen del cuerpo» más dinámica,
adecuada a la expresión auténtica y eficaz, en su acción sobre el
medio.