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Los problemas

La fiebre del fútbol

Actitud y Habilidad

Definir metas claras y psicológicamente precisas

Otro punto de análisis: la meta

Futbolista peruano: mucha habilidad, poco carácter

El factor provinciano


 

Los problemas

Los reiterados fracasos de nuestros clubes y selecciones en certámenes internacionales, han puesto en evidencia problemas que acusan directamente una actitud inadecuada, carácter o de personalidad con poca disposición para la competencia del futbolista peruano.

La presencia de estos problemas también fueron observados y criticados por profesionales del comportamiento, entrenadores extranjeros que han laborado en nuestro medio y público en general.

De hecho que estos fracasos tienen una causa que está relacionada con la personalidad de los que nos representan; y esto principalmente porque el comportamiento del deportista suele mostrar una considerable variación, en términos de rendimiento y efectividad, de un partido a otro.

Pero, a pesar de ello, es bastante aventurado y poco objetivo generalizar; no se puede asegurar que todos los jugadores presentan esos problemas, por que, primero, los que nos representan son sólo algunos de nuestros futbolistas; y, segundo, no todos los que nos representan adolecen de los mismos problemas, aunque existe una fuerte tendencia en la mayoría de ellos; además hay otros, –aunque pocos–, que están destacando en ligas de alta competitividad.

Pero, si la mayoría de los que nos representan muestran actitudes no idóneas para la competencia, es porque los encargados de seleccionar a los individuos que van a vestir la casaquilla en una competencia internacional han tomado muy a la ligera su tarea o lo han hecho sobre la base de criterios bastante inadecuados.

Aquí se inician los problemas y, probablemente, la seriedad, minuciosidad y la exigencia de los criterios con los que se proceda al seleccionamiento sean caminos seguros para la solución de estos problemas en el corto plazo.

En esto, claro está, teóricamente juega un papel decisivo el entrenador; pero sabemos que en los clubes generalmente éste está obligado a trabajar con lo que encuentra o con lo que los dirigentes le permiten. En una selección el entrenador tiene mayor ventaja, pero también se puede notar que no deja de recibir recomendaciones (que finalmente terminan siendo presiones), sobre todo cuando éste no ha trabajado en el medio futbolístico en el que va a armar un equipo. 

Así, con esta pequeña aclaración, y conscientes de que el tema es amplio y que no esperamos agotar aquí, nos permitimos presentarles algunos de los defectos que hemos podido observar en gran número de futbolistas y muchos de nuestros equipos. 

La fiebre del fútbol

Es evidente que el fútbol peruano necesita la intervención profesional del Psicólogo o del Psiquiatra para su desarrollo real y efectivo. Pero eso no quiere decir que todos los que conforman la gran familia de los futbolistas necesiten psicoterapia, por que no se necesitan estos profesionales en el deporte para que hagan psicoterapia sino para que, dada las características del deportista peruano, corregir actitudes y predisposiciones inadecuadas que limitan su desempeño en una determinada labor competitiva. 

Pero la labor de corregir no es la más importante, claro, sino creemos que se debe trabajar para formar a los deportistas. Y, dependiendo de los plazos y las metas trazadas definir lo que se va a hacer. Es decir, si se va formar o corregir. Si se va a formar naturalmente que se trabajaría con niños, por que es un trabajo a largo plazo; en el mediano plazo, la tarea sería corregir u orientar y se trabajaría con adolescentes; en el corto plazo la tarea ya no es ni formar ni corregir, sino seleccionar, por que se va a trabajar con adultos para una competencia inmediata; aquí se pone especial énfasis en el proceso de seleccionamiento, el mismo que debe ser riguroso, minucioso y, en conclusión, muy exigente.

Actitud y Habilidad

Para todo trabajo se necesitan habilidades y actitudes que favorezcan un eficiente desempeño. La habilidad por sí misma es inocua, para que sea productiva necesita de un sentimiento que le oriente hacia algo. Los peruanos solemos ser muy hábiles en muchas cosas, pero nos falta ese sentimiento que nos oriente y nos impulse hacia la meta.

En el fútbol, así como en toda actividad competitiva, lo que influye decididamente en el triunfo o el fracaso es la Actitud; en segundo plano la habilidad y, mínimamente, esas cosas que solemos llamar azar. Pero nosotros lo invertimos siempre, es decir, en primer plano ponemos al azar.

Recurrir al azar o la casualidad para explicar o justificar algo es verdaderamente irracional y engañoso, éste es un mecanismo que esconde nuestra predisposición al fracaso, nos defiende de la crítica y del sentimiento que nos deja la derrota. Entonces, un sujeto muy hábil en el fútbol, —y en la carrera de la vida probablemente—, no necesariamente es triunfador. En este deporte un sujeto hábil que no tenga una actitud favorable se va a quedar dominando el balón en media cancha, no avanzará hacia el arco rival y, si se acerca, no sabrá como hacer gol; esto a nivel individual. Un equipo que no tenga los sujetos con la actitud requerida, en el último minuto le voltean el partido. En estas dos cuestiones observamos al Perú de siempre. Este problema se ve con más claridad en los torneos internacionales.

Definir metas claras y psicológicamente precisas

Iniciar una labor correctiva requiere definir metas claras y psicológicamente precisas en todos los niveles posibles. Metas a nivel institucional, y dentro de ella, en cada categoría y, dentro de ésta, en cada equipo; o sea se trata de ir desde el nivel grupal, pasando por los subgrupos, al nivel individual; en tiempos que vayan desde el largo, mediano, corto, inmediato plazo, etc., así hasta definir metas en cada minuto de nuestra vida.

La definición de la meta tiene una influencia determinante en el comportamiento del individuo y del grupo. Si uno tiene como meta llegar a la luna, se preparará para llegar a ella, y no se contentará cuando, por cuestiones no previstas —que pueden suceder, claro— vayan a dar a la punta de un cerro. Pero, cuidado con las trampas, porque también nuestras metas están condicionadas por nuestros temores. Y detrás de todo eso hay un complejo de actitudes.

Tengamos mucho cuidado, por que si en algo somos campeones es escondiendo nuestras actitudes. Somos tan tramposos muchas veces, que decimos que "juego para ganar" para quedar bien, o salirnos del paso, sin convicción, o sea en lo más profundo de nosotros estamos derrotados y, cuando entramos a la cancha, todo sale mal y concluimos: no hubo suerte. Muchas veces perdemos antes de salir al terreno de juego, esto se muestra en la actitud de espera al rival en nuestra área, los temores se evidencian en los fallos de gol y si conseguimos uno es por error del otro equipo, o por que por allí nos salió un "chiripazo".

Hemos visto en más de una oportunidad que reaccionamos cuando nos hacen un gol; pues este gol lo deseamos, lo ansiamos y, cuando ello sucede, recién nos vamos hacia delante, pero tampoco nos vamos con la convicción de ganar, sino trajinamos sólo para esconder nuestra actitud que nos predispuso a la derrota y qué bien que lo logramos. Hacemos creer al ingenuo periodista y al apasionado hincha que no tuvimos suerte. Entonces aparecen titulares como: "digna derrota", "perdimos luchando" con lo que dirigentes, entrenadores, jugadores, periodistas y aficionados quedan satisfechos.

Así escondemos una actitud inadecuada. Por otro lado, también tenemos objetivos desviados y mediatizados. La meta en un partido es ganar, y para ello el objetivo primario es hacer goles. Si tu objetivo primario es defenderte para que no te hagan goles, ya perdiste el partido.

En el primer caso buscarás el gol con ambición, te empeñarás en crear situaciones, esforzándote y, en el segundo, si metes un gol es por que alguien del otro equipo hizo autogol o cometió una falla garrafal, es decir, ganas por el error del otro y no por tus méritos o habilidades propias. Entonces, la forma que definas tu meta también ya nos dice mucho de tus temores. Además, el futbolista no sólo juega al fútbol por que le gusta, sino por que le permite obtener reconocimiento de la afición. Pero se observa que, cuando el jugador es incapaz de llegar al arco, de concretar el gol y, como consecuencia, el triunfo, y para no quedarse con el trago amargo de la derrota actúa sólo para quedar bien con el aficionado y, de esta manera, salvarse de la condena y disipar el doloroso sentimiento que le deja el fracaso.

Es así que cuando —para hablar concretamente—, la máxima aspiración de muchos jugadores, en la cancha, queda convertida en hacerle "huachita" al rival, realizar un quiebre espectacular o hacer un pase de taquito aunque sea mal dirigido. Es decir el futbolista termina desviando su objetivo principal, el gol, por el "dribling" o los "quecos" improductivos que arrancan un aplauso del publico, con lo que queda satisfecho. En todo esto se genera una dinámica tal que el jugador da algo al aficionado para que este disipe su sentimiento de frustración y el jugador recibe algo que aminora los efectos emocionales del fracaso y le salva de la condena. Entonces, decimos "perdimos pero jugamos mejor que ellos, manejamos menor el balón, entonces oímos otra vez: qué bonito juega Perú que viene perdiendo... y nos quedamos contentos.

Es decir, el aficionado va a comprar liebre y salen vendiéndolo gato y , para colmo, lo celebra y regresa feliz. Hablamos aquí de un objetivo desviado y del olvido de la meta. A nivel grupal observamos con claridad, por ejemplo, que la máxima aspiración de Alianza Lima es ganarle a Universitario; y de Universitario, ganarle a Alianza Lima. Y ambos se sienten consagrados cuando le ganan a Cristal. La aspiración de Cristal está un poquito más allá: representar a Perú en la Copa Libertadores, aunque solamente sea representar. Es decir, sólo se preparan para ganarse entre ellos y allí encuentran toda su gloria. Con estas aspiraciones rara vez, como sucede en realidad, tenemos a peruanos en equipos grandes y mucho más raro es que ganemos algún torneo internacional. Hablamos aquí de una meta mediatizada.

Como intentamos hacer notar aquí, no sólo es problema de jugadores y objetivos desviados, mejor dicho si tenemos jugadores o equipos con actitudes inadecuadas y objetivos desviados, es por que hay un entrenador, un dirigente, un periodista y un aficionado que celebra justamente esas actitudes inadecuadas y esos objetivos desviados. Así, por ejemplo, el entrenador se justifica diciendo que va a ganar experiencia, el dirigente que está trabajando para el futuro, el periodista nos habla de una digna derrota y el aficionado celebra la "huachita", y grita olé, olé, cuando los jugadores se pasan y repasan el balón, cuando en realidad lo hacen por que no saben qué hacer con él. Finalmente, deseamos resaltar que hay una actitud instaurada, una predisposición a la derrota que muchos de nuestros más promocionados jugadores llevan en sus espaldas y la que necesita ser tratada con mucho profesionalismo y, claro, buen humor. Este es sólo un primer acercamiento a la problemática del fútbol peruano.

Otro punto de análisis: la meta

Sporting Cristal, Universitario y Alianza Lima son, sin lugar a dudas, los equipos más representativos del fútbol peruano. Ellos son los principales protagonistas de nuestro campeonato profesional y los que suelen representarnos en las diferentes ediciones de la Copa Libertadores. Pero a pesar de que estos evidencian una enorme diferencia respecto a los demás equipos profesionales del medio, es preocupante el hecho que sean poco competitivos a nivel internacional. Uno de los puntos de análisis es, sin lugar a dudas, el objetivo que cada equipo se traza al iniciar el campeonato.

La meta que cada equipo se propone alcanzar nos da la posibilidad de deducir el nivel de competencia que presentará el torneo, no sólo por que define ciertos parámetros de acción, sino por que, además, influye considerablemente en el desempeño de cada integrante del equipo. A simple vista se observa que sólo estos tres equipos tienen como meta el coronarse campeón del torneo; dos o tres más aspiran a cumplir una decorosa campaña y los restantes participan en el campeonato con la única intención de no descender de categoría. Así, mientras los primeros sólo quieren campeonar aquí, los segundos quieren ver lo que pasa y los demás huyen del descenso.

Con estas aspiraciones ya es posible entrever un campeonato con un nivel de competencia bajísimo y una dinámica individual disminuida. En este sentido observamos con claridad, por ejemplo, que la máxima aspiración de Alianza Lima es ganarle a Universitario; y de Universitario, ganarle a Alianza Lima. Y ambos se sienten consagrados cuando le ganan a Cristal. La aspiración de Cristal está un poquito más allá: representar a Perú en la Copa Libertadores, aunque solamente sea representar. O sea, sólo se preparan para ganarse entre ellos y allí encuentran toda su gloria. La gloria de los segundos y terceros, de los que juegan el campeonato con la sola intención de ver lo que pasa y de los que huyen del descenso, es ganar a los primeros (Cristal, Universitario, Alianza).

Pues, como dicen, allí se juegan su mundial. Con estas aspiraciones rara vez, como sucede en realidad, tenemos a un equipo peruano jugando la final de algún torneo internacional —aunque nos hubiese gustado decir, rara vez campeón de algún torneo internacional, pero, ya sabemos, ninguno a llegado tan lejos. Entonces, la meta, consciente o inconscientemente definida, es muy pobre.

Al observar el desempeño individual en un partido de fútbol es evidente: 

Falta de empeño, dinámica, movilidad y entrega. Falta de marca: dejar que el rival actúe con demasiada libertad. 

Poca disposición o preparación para la competencia: pasividad, desgano, resignación. 

Frente a todo esto queda como tarea de los clubes replantear sus metas y, más que celebrar sus triunfos, preocuparse por analizar la forma en que ganan un partido, si es que quieren ganar un poco más allá del barrio, claro.

Futbolista peruano: mucha habilidad, poco carácter

Mientras que, por ejemplo, los equipistas de Rivel Plate de Argentina se crecen cuando sufren la expulsión de uno de sus jugadores los jugadores de nuestros equipos más representativos del medio se desmoronan frente a similar hecho. Esto es una constante en todos los equipos del futbol peruano. Jugar con un hombre menos es significativamente más derrotista en nuestros equipos que lo que es en los equipos de Argentina por ejemplo. ¿Por qué sucede esto?, ¿Por qué los nuestros son incapaces de compensar la ausencia de un compañero?.

Sin lugar a dudas, es la preparación psicológica la que hace las diferencias, la disposición mental y el repertorio de actitudes que configuran su personalidad, su fortaleza emocional, su disposición frente a la competencia. En un equipo de futbol, los jugadores preparados para la alta competencia, por ejemplo, físicamente pueden ser menos que su rival, pero psicológicamente logran mostrarse como uno o dos más que ellos; así la expulsión de uno de sus compañeros sirve para activar aquella fortaleza mental que hace que lo que a simple vista parezca irrealizable se logré; pero con ímpetu, valentía y arrojo total. Para ellos la expulsión de uno es impulsor de sus capacidades potenciales y disposiciones idóneas para la alta competencia, pero para los otros, o mejos dicho, para los nuestros, casi siempre es una justificación de la derrota.

En esto se puede notar una predisposición inadecuada hacia la competencia. Al parecer, desde el inicio, los jugadores entran a la cancha sin tener la plena convicción de ganar el partido; más bien, se intuye, que entran con muchas dudas, inseguros y sin la ambición suficiente para hacerse del triunfo en la competencia. Con esto sólo están a la espera de un hecho para justificar la derrota; lo que lo encuentran en una expulsión o en un mal arbitraje. Con esta justificación tratan de eximirse la responsabilidad, aunque finalmente digan: “todos tenemos la culpa”. Pues, así , según ellos, su responsabilidad en la derrota es mínima por que el culpable sería el que se hizo expulsar o el “bendito árbitro”.

El factor provinciano

Es un problema de significado que ha calado hondo en el sentimiento de las personas tanto por el peso de la tradición como el de la propaganda. Esto se ha convertido en comportamiento, en una actitud que predispone a la derrota, que minimiza considerablemente el rendimiento de los equipos. Llamamos factor provinciano a la actitud por la cual el futbolista de un equipo de provincia muestra demasiado respeto o, más precisamente, temor cuando se enfrenta a un rival limeño. Pues el futbolista, y con él su equipo, entra a la cancha con un sentimiento derrotista, que se muestra en la actitud defensiva, de espera al rival, de desgano, de falta de iniciativa para encarar al rival y atreverse a conseguir un resultado positivo.

Esto tiene su origen en que, tradicionalmente, los equipos de Lima son considerados los mejores equipos del Perú. Aunque muchas veces esto es cuestionable, la gente común y corriente lo cree así y más aún, esto ya le han interiorizado tanto que ahora forma parte del sentimiento de un gran sector popular, el mismo que se ha convertido en comportamiento. Notamos esto no sólo por la expectativa que genera la presentación de un equipo limeño en cualquier provincia, sino por la actitud de inferioridad que se asume cuando se los enfrenta. Todo esto ha llevado a considerar raro que un equipo de provincia gane en Lima.

Pues el peso de la tradición y la propaganda se ha convertido en algo contra el que no pueden luchar y, si ello es así, —concluyen los deportistas— que es inútil cualquier esfuerzo, por tanto, no les queda más que portarse como perdedores. Vemos que una sola idea, o mejor dicho un prejuicio, les ha anulado, les ha predispuesto a la derrota, así es que, desde antes de entrar a la cancha, inconscientemente tienen la consigna de perder. Algunos de estos equipos logran reaccionar cuando les hacen un gol; es ahí donde se dan cuenta de que el equipo limeño no es lo que ellos han imaginado; pero finalmente no logran superarlo en su totalidad ya que sólo buscan conseguir un empate con lo cual regresarán felices y contentos. Pero la mayoría de los que vienen a jugar a Lima ya vienen derrotados. Entonces, vemos aquí también una actitud instaurada que espera ser tomada en cuenta para erradicarla y así seguir mejorando.

Dennis David

PRESENTACION EQUIPO DE TRABAJO PSICOLOGIA ACTUAL 1