Psicoanálisis FREUD - UNA CRONOLOGIA DIFERENTE DE SUS RELACIONES PERSONALES, de Mary Isabel Videla y Doris Hajer. Ediciones Multiplicidades. Montevideo, 1996. 152 págs. EL PSICOANALISIS ha generado discusiones durante casi un siglo, desde el extremo positivo de quienes
lo ven como una respetable ciencia hasta el extremo negativo de quienes lo consideran sólo una
profesión rentable que exige cierta inteligencia y dedicación, sin olvidar los pagos que exige al paciente.
Pero aún entre quienes lo respetan como ciencia, el psicoanálisis queda reconocido como el mayor albergue
de discusiones internas que se haya producido en una actividad humana. Solamente la política podría ser su comparación.
Ese cuadro surge con nitidez de este útil librito uruguayo, recopilado con mucho trabajo por dos damas
de la profesión, cuyo subtítulo alude a las relaciones personales de Freud y aparece publicado por una
editorial que con toda corrección se llama Multiplicidades. En la página 3, bajo la foto de Sigmund Freud,
se lo cita en su necesidad constante de tener siempre algún amigo íntimo y algún odiado enemigo. ![]() |
En las 150 páginas siguientes desfilan con cierto orden los amigos y los enemigos, dando nombres propios
a vida, pasión, muerte y derivaciones del tan venerado como discutido maestro. La estructura del libro es muy sensata, conformando capítulos que se inician antes del nacimiento de Freud y prosiguen hasta mucho después de su muerte en 1939. Cada uno de ellos contiene subcapítulos de biografías, hasta un total de 69, y el razonable orden queda armado con una Cronología que enumera infancia, adolescencia, formación cultural, universidad, dos amores (pero no su cuñada Minna), agrupaciones, viajes, discípulos. Las biografías son sintéticas, entre los tres párrafos y las tres páginas, con el debido apunte de la relación entre cada persona y Freud, más la cita de cartas y artículos. Dos nutridas bibliografías finales completan la documentación. La contratapa señala un posible aporte del libro, al descubrir que ciertos temas supuestamente creados por analistas modernos ya habían sido explorados antes. El concepto está subrayado en la Introducción, mencionando la vinculación del psicoanálisis con otras disciplinas, la variedad de sus aplicaciones y también la "disgregación de escuelas", que ha provocado reservas sobre la validez de unas y otras. La Introducción marca asimismo que eran judíos un setenta por ciento de los analistas de la primera época, en Alemania y Austria, lo que derivó en las décadas de 1930 y 1940, durante el nazismo, a que nueve de ellos murieran en campos de concentración y derivó también a la abundancia de exilios hacia Inglaterra, Holanda y Estados Unidos, lista que debe comenzar por el mismo Freud y que continúa con Sachs, Reik, Bernfeld, Fenichel, Kris, Schur, |
Wilhelm Reich. Esos 69 pequeños capítulos de biografías, ordenados con cierta razonable cronología, procuran la objetividad y marcan logros y limitaciones de los diversos personajes. Están los datos de sus prestigios, pero el libro no vacila en mencionar la frigidez sexual de Marie Bonaparte, protectora de Freud, ni los muchos hombres en la cama de Lou-Andreas Salomé, ni el error fatal del cirujano Wilhelm Fliess (que dejó medio metro de gasa en la nariz de un paciente), ni el antisemitismo de Carl Jung, que lo acercó al nazismo. Entre sus datos alarmantes figuran los abundantes suicidios de los seguidores de Freud, como Stekel, Kahane, Tausk, Rosenthal y Sokolnicka. Aún más elocuente es la lista de discrepancias y conflictos, que en algunos casos llegaron a la pelea personal. Esa nómina incluye a Breuer, Fliess, Stekel, Adler, Groddeck, Wilhelm Reich, Melanie Klein y también Jung, ofendido para siempre por lo que creyó una falta de cortesía en un viaje de Freud. Como se lo marca en la Introducción, esas discrepancias y peleas ayudan a explicar ante todo el escepticismo de Freud en sus últimos años y después la "disgregación de escuelas" que prosigue hasta hoy. Este librito tan útil para estudiantes y diversos curiosos corre el riesgo de parecer superficial a los analistas establecidos, que suelen saberlo todo. Tiene otras limitaciones. La abundancia de nombres propios conduce a errar en la ortografía de algunos, como Nietzsche, Caryl Chessman, Schnitzler, sin olvidar otros deslices en nombres comunes. Y aunque el excéntrico Jacques Lacan (1901-1981) recibe menciones incidentales, no se incluye su biografía entre los seguidores y discrepantes. Habría dado un toque ameno al texto. ![]() H.A.T. |
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