Cuando
la pasión es broncearse bajo el sol del trópico, Venezuela tiene 3.000
kilómetros de costas con arenas blancas, rojas o plateadas; olas enormes,
medianas o imperceptibles; repletas de gente o solitarias; escondidas o
al borde de la carretera; con matas de coco o hileras de uva de playa.
Recorrer las Selvas Tropicales.
Para
los amantes de la selva, Venezuela reserva el Amazonas, La Gran Sabana
o el Delta del Orinoco, extensas áreas donde lo desconocido espera descubridores,
donde las vías de comunicación dependerá de su audacia; y donde está la
caída de agua mas alta del mundo.
Escalar montañas.
Los montañistas alcanzaran las cimas nevadas de la
cordillera andina, acamparan en poblados que olvidaron el transcurso de
los tiempos, o subirán hasta El Avila y verán una ciudad que jamas se apaga.
Cruzar Ríos y Sabanas.
Los
avatares de una excursión alcanzan su apogeo al cruzar las sabanas infinitas
de los Llanos de Apure, Barinas o Portuguesa, y navegar ríos donde abunda
la pesca y las aves más extraordinarias de la selva.
Amanecer observando los Pájaros.
Observadores de pájaros amanecen junto a lagos, ríos
y lagunas, y su idioma no conoce expresiones suficientes para manifestar
el asombro ante especies solo vistas en libros.
Gozar de un verdadero turismo de
aventura.
El
verdadero turista de aventura consigue en Venezuela una variedad inimaginable.
Costas desiertas a las que solo se llega en pequeñas embarcaciones, se
duerme en casas de pescadores, se come el alimento que regala el mar y
se cocina debajo de los cocoteros. Vegetación espesa, únicamente penetrable
en minúsculas avionetas, con largas travesías por ríos anchos o caños angostos,
y caminatas interminables en medio de la extraordinaria vegetación tropical.