Cuenca es una pequeña ciudad del centro de España, a la que don Pío Baroja otorgó la denominación de "nido de águilas". La razón es bien sencilla: aparte de estar situada a una altitud cercana a los 1000 metros, se halla construida sobre un farallón rocoso aislado, debido a la acción constante de los ríos Júcar y Huécar. Sus habitantes aprovecharon al máximo el escaso espacio que concedía la naturaleza, y en última instancia osaron desafiar al vacío edificando en el mismo borde de la roca, literalmente compartiendo el espacio vital con las rapaces. Este rasgo le confiere una belleza insólita dentro del paisaje urbano español.
Esta página se divide en los siguientes apartados:
Un
poco de historia... Sobre los orígenes y avatares de esta ciudad
Al
detalle. Sobre sus monumentos más importantes, museos, etc.
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enlaces de tema conquense
Los remotos orígenes de Cuenca se funden en la bruma de sus hoces y en el vacío silente de sus bosques de piedra. Sin embargo, la primera noticia histórica de su existencia se remonta al siglo IX, en pleno dominio sarraceno.
A la sombra de la media luna se alzó, en lo que es hoy el casco antiguo de la ciudad, el castillo sarraceno de Conca, nombre del que arranca la etimología de la ciudad. Dependiente la vieja Conca del emirato de Valencia, se lanzó a guerrear contra el rey de Córdoba, con el fin de colaborar en los encarnizados combates que contra éste sostenía el gobernador de Toledo, quien destronado por sus mismos súbditos, se cobijó en Cuenca en el año 1080.
Consecuencia directa de su derrota, la ciudad pasó a depender del reino de Sevilla. Este hecho provocó que se convirtiera en la dote nupcial de Zaida, hija del rey sevillano y futura esposa del rey Alfonso VI de Castilla. Tras sucesivas conquistas y pérdidas de la ciudad debidas a las incursiones de los almorávides, la ciudad pasa a dominio cristiano el 21 de septiembre de 1177, día de San Mateo. Alfonso VIII, el conquistador de la ciudad, otorga a la ciudad y a sus habitantes numerosos privilegios, como el de la propiedad de sus términos, con montes, pastos y fuentes. Otorgó igualmente el Fuero de Cuenca, que es el de los más notables de Castilla y León. Es una recopilación de los antiguos usos y costumbres jurídicas de Castilla, y resumen del Derecho en aquellos tiempos; por este hecho alcanzó gran renombre y hasta en tiempos de Alfonso X el Sabio los juriconsultos acudían a él.
En 1257 Cuenca alcanza el título de "Ciudad", y poco antes de finalizar el siglo XIII ve acrecentados sus privilegios gracias al favor real. Durante los siglos XIV, XV y XVI la ciudad vivió una época de relativa tranquilidad y prosperidad, tan sólo puestas en entredicho por el apoyo a la sublevación de las Comunidades. La actividad artesanal alcanza su apogeo, sobre todo en tejidos de lana (paño), rejería, cerámica y armas, llevando consigo un fuerte crecimiento demográfico que dio origen a la parte baja de la ciudad. Hay que destacar la instalación de la primera imprenta en 1529.
Ya en el siglo XVII, coincidiendo con la decadencia general del país, conoce la escasez más extremada de su historia. Con sólo 1500 habitantes, la ciudad vive del recuerdo. A causa del alza excesiva de precios y del aumento de de los costes de la producción, se inicia el declive de las manufacturas laneras de Cuenca, que llegará a un punto crítico con la decadencia de la Mesta. Su agricultura, en estado lamentable por la falta de cultivos y la pobreza de sus tierras yermas, agravan el cuadro general. A la postración de las riquezas agrícolas hay que sumar la falta de mano de obra, consecuencia directa de la emigración a las Indias, las continuas guerras y la expulsión de judíos y moriscos.
Con motivo de la guerra declarada entre los países de la Gran Alianza contra Francia y España, pasó a poder de los ingleses en agosto de 1706. Tres meses más tarde fue recobrada por los ejércitos de Felipe V. Después de la paz de Utrecht, siguiendo la tónica de atonía nacional, nada de notable acaeció en Cuenca. Durante la Guerra de la Independencia, Cuenca vuelve a sufrir un nuevo saqueo por las tropas invasoras de Napoleón, que en 1810 la prenden fuego por los cuatro costados. La decadencia material de Cuenca se consuma.
Durante el siglo XIX la situación no sufre cambios de interés. Limitada a una función de mercado agrícola con escasa vitalidad, sufre un asalto durante la tercera guerra carlista. Sin embargo, va recuperando poco a poco su nivel poblacional, alcanzando los 10000 habitantes en la parte final del siglo.
Inicia el siglo XX con relativa tranquilidad, que se ve puesta en entredicho con los avatares de la Guerra Civil (1936-1939). En estos años de contienda forma parte de la zona republicana, y sólo en el último año, con el avance de las tropas franquistas, pasa a formar parte de la zona nacional. Tras la posguerra, sufre ostensibles fluctuaciones debido a una fuerte emigración a zonas industriales de la península. Con ello, se convierte en una ciudad eminentemente administativa: los servicios y funciones ocupan a una buena parte de la población activa. La industria es escasa y se concreta en una incipiente industria maderera. Sin embargo, ha alcanzado gran desarrollo la explotación turística.
Cuenca dispone de un conjunto destacable de lugares pintorescos, donde el visitante puede deleitar su vista. No en vano escribió Camilo José Cela:
"Cuenca abstracta, pura, de color de plata, de gentiles piedras, hecha de hallazgos y de olvidos -como el mismo amor-, cubista y medieval, elegante, desgarrada, fiera, tiernísima como una loba parida, colgada y abierta: Cuenca, luminosa, alada, airada, serena y enloquecida, infinita, igual, obsesionante, hidalga; vieja Cuenca.
Ni es cierta la plomada. NI es Newton verdad. Ni es exacto Descartes. Ni la escuadra y el cartabón. La naturaleza marcha adelante; a la zaga, el arte. Cuanto más lejos marchemos, más cerca está Cuenca. En la pintura, Picasso -calle de los Tintes-; en la arquitectura, Gaudí -calle de la Moneda-; en la música, un mirlo que se queja en el cementerio de los ajusticiados."
La primera imagen que el visitante asocia a Cuenca tiene mucho que ver con ésta.
Éstas son las famosas Casas Colgadas -que no colgantes, es una diferencia de matiz-, conocidas en gran parte del mundo. Estas casas, antigua sede del ayuntamiento, albergan hoy en día en su interior un mesón donde es posible degustar los platos populares de la cocina conquense (el morteruelo, los zarajos, el ajoarriero y otros menos conocidos), y el Museo de Arte Abstracto Español, fundado en 1966 por el pintor Fernando Zóbel -hoy gestionado por la Fundación March- que acoge la obra de artistas tan reputados como Antonio Saura, Antoni Tàpies, Gustavo Torner, Sempere, Chillida, Oteiza, Mompó o el mismo Zóbel.
Éstas son otras páginas que hablan de Cuenca en la red. Aquí destaco algunas de las más notorias:
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Semana Santa, por M. Sánchez Rubio |
Penmanyo Cuenca desde Canadá |
Mota del Cuervo, por G. Zarco |
Salvacañete, un pueblo serrano |
Priego, por Gonzalo Calzada |
Esta lista no es lo larga que quisiera. Si quieres ver incluidas en ella aquellas páginas que conozcas, por favor deja un mensaje a svalero@hotmail.com