LOS ÓSCARES 2007: MEXICANOS EN EL EXILIO
“No hay condiciones en el país para hacer una película
ni para hacer nada”
Alfonso Cuaròn
(¡Por esto! 23 de feb.)
Alejandro González Iñarritù, Alfonso Cuaròn y Guillermo
del Toro han señalado, cada uno por su lado, su decepción por la falta de apoyo
al cine mexicano. Han hecho fuertes críticas a su país por que han tenido que
salir de él para poder continuar y sobresalir en sus carreras como realizadores
de cine. “Soy un bracero de lujo” ha dicho Cuaròn y González Iñarritù hizo la
broma en corto al gobernador de Los Ángeles: “…tengo mis papeles en regla…”,
cargada de sarcasmo e ironía, por la notoria antipatía que despierta entre “la
Raza”, el famoso “Terminator”
Pero las preocupaciones de estos tres artistas van mas
allá de lo anecdótico y trivial que suele ser el ambiente del espectáculo. Es
digno de mencionar que eligieron un oficio de carácter artístico, que conlleva
una responsabilidad social, en cuanto participa de la cultura a través de los
sentimientos, las emociones, los pensamientos y, me atrevería a decir, la
educación de la gente, del espectador. Esta responsabilidad es mayor por la
enorme capacidad penetración que logra tener el artista en un mundo globalizado
como el que vivimos.
Desde su oficio, desde su quehacer encuentran la forma
de expresar, objetivamente los fenómenos de la realidad que nos inunda. De
hacer una crítica justa y con rigor, de los evidentes conflictos que vive la
humanidad. Dentro de su juego de imaginación y sus creaciones fantásticas,
reflejo de la realidad, el verdadero artista, el creativo, consigue describir
la circunstancia actual, la de la época que vive. Guillermo del toro lo expresa
así en entrevista a la T. V. en que explica sus motivaciones: “…cuando veo a
dictadores de cómo Franco y Pinochet, morir en su cama por causas naturales me
revelo ante lo injusto de los totalitarismos…” y mas adelante, al comentar que
“El laberinto del fauno” se exhibiría en la casa blanca: “…no se si les guste,
es en español…” (Aludiendo al racismo y sectarismo contra los hispanos). Y mas
adelante apunta directo: “…yo quise hacer, describir el paralelismo entre esa
época de fascismo y las condiciones actuales… el señor Bush es un especialista de
esa tendencia…”
Pero no son comentarios triviales, el mismo Del Toro
lo aclara. “Para mí, en México, en mi adolescencia, se volvió una guerra de
gran importancia para el mundo y no sólo para España. Mi país y mi vida fueron
afectados profundamente por la emigración de refugiados españoles, que
cambiaron para bien la cultura y las artes. México y España tienen un vínculo
fuerte en esta Guerra Civil, pero me interesó mucho cómo, de alguna forma,
también se volvió preludio y prólogo (en la posguerra) de la II Guerra Mundial.
Me parece que, respetuosamente, se puede usar para crear fábulas y parábolas
que no sólo atañen a España sino al mundo, a través de lo fantástico”. Y mas
adelante explica: …"El laberinto… es una fábula a favor de la
desobediencia...”
Estos tres directores han tenido que convertirse en
empresarios, productores para sobresalir en un medio que, “de facto” ha
declarado a la cultura y el arte como un “accesorio” que no requiere
estructuras de apoyo a nivel nacional. El estado mexicano no le concede
prioridad al tema. Hemos enterrado el pasado glorioso de “La Época de Oro del
cine mexicano” A estas alturas ya no hay “memoria histórica”.
A todo esto, el buen amigo Juan Antonio Miranda nos
enseña el otro lado de la moneda cuando nos escribe por mail:
“Porque tanta queja, si están arrollando en todo el
mundo. Nadie tiene por que hacerles la tarea a los cineastas mexicanos, ni a
los de ningún otro país. La industria cinematográfica de México cayó en una
profunda crisis porque los mismos productores, los empresarios de la industria
no supieron defender su negocio. También es cierto que la corrupción política
hizo su parte. No debemos quejarnos “Tenemos el cine que nos merecemos”. Ahora
existe una camada de buenos cineastas, artistas que están empeñados en
triunfar. Que están en contacto con la industria más poderosa del mundo y están
produciendo”.
Comparto, a medias, la opinión del buen amigo Juan
Antonio y confieso que, en lo personal, no tengo una clara visión de cómo
podríamos rehacer nuestra cinematografía, solo me asaltan las dudas y surgen
las interrogantes:
¿Qué papel corresponde al estado en la integración,
protección y creación de estructuras básicas para la industria del cine? La
respuesta podría encontrársela al responder otra pregunta: ¿Qué se hace en
otros países? Obviamente, tomando en cuenta las peculiaridades de nuestro país.
Pero no solo es el cine, sino todas las demás artes.
La cultura en general. Lo que, si no podemos pasar por alto es el reclamo que
hace Alfonso Cuaròn cuando reclama enfáticamente: “…es inaceptable que el cine
latinoamericano se tenga que hacer en los Estados Unidos…” O que lo hagan las
productoras gringas. Se corren demasiados riesgos. Un ejemplo claro está, por
ejemplo, en la controversial “Apocalypto” de Mel Gibson. Pero, viéndolo bien y
desde el punto de vista del señor Miranda pensemos que los cineastas mexicanos
tienen pendiente la tarea de producir “la verdadera película sobre los mayas” y
el Estado mexicano no puede eludir su responsabilidad. O, por lo menos, no
debería quedarse al margen.
Autor: Rafael Fernández Pineda.
Cancún, Quintana Roo. México.
fernandezpr@hotmail.com