El Mundial de 1962, primera parte.

Hay momentos en la historia en que las personas indicadas están en el lugar y el momento justo. Nuestra existencia como nación tiene innumerables ejemplos: un brillante Lautaro desestabilizando todo el poder español en Chile en un par de años, el Huaso Bueras dando vuelta una batalla perdida, el ministro Rafael Sotomayor organizando al ejército que luego entraría victorioso en Lima. En el caso del mundial del 62, como nunca, todos (dirigentes, técnicos, futbolistas e incluso periodistas e hinchas) fueron los hombres idóneos en el momento preciso.
La historia cita al dirigente de Magallanes, Ernesto "Negro" Alvear como a quien se le ocurrió la idea de traer el mundial de 1962 a Chile. Él estuvo invitado a un congreso de la FIFA en Finlandia, paralelo a las olimpíadas de Helsinki 1952, y tomó nota, observó, analizó y llegó a la conclusión de que hacer un mundial en Chile no era imposible.
Existe también la versión de que fue la misma FIFA quien le solicitó a Chile postular para ser sede del mundial. Ese año le correspondía a Sudamérica y Argentina era candidato y seguro ganador de la plaza, y la Federación Internacional pidió la postulación de Chile para que el asunto tuviera algo de transparencia y los ches no compitieran solos. Ahora bien, ambas versiones no son incompatibles y los sueños de Alvear y la petición de la FIFA pueden haber coincidido.
Argentina corría una fija gracias a su excepcional infraestructura futbolística y a contar con varios de los equipos más poderosos del continente. Si bien aún no brillaba en copas mundiales, en torneos sudamericanos de clubes y selecciones siempre estaba en los primeros lugares. Chile era un país más pobre, pero de muy buena fama por su austeridad, honestidad y orden (eran otros tiempos). El punto en contra era que nuestros clubes no figuraban ni en las cómicas, y a nivel de selecciones no teníamos participaciones destacadas, exceptuando un par de vicecampeonatos sudamericanos.
En 1954 se postuló oficialmente y la votación se realizaría dos años después. Se preparó el proyecto sin ocultar nada ni llorar pobrezas. Un país chico y modesto quería ser sede del mundial y punto. A la cabeza de este trabajo estaban Alvear, Juan Pinto Durán, dirigente de Universidad de Chile y Carlos Dittborn, entonces presidente de la Confederacion Sudamericana de fútbol y ex dirigente de Universidad Católica. En 1956, en Lisboa, se realizaría la ponencia final y la votación. Allá viajaron Dittborn, Alvear y Pinto y en ese lugar se les unió el diplomático Manuel Bianchi.
El 10 de junio se reunió el consejo pleno de la FIFA. Habló el doctor Colombo, de Argentina. De lo bien preparados que estaban, de la inmensa capacidad gestora y organizativa de Argentina. Terminó diciendo: "Podemos hacer el mundial mañana mismo. Lo tenemos todo." Esta última frase quizá inspiró a Dittborn para su célebre sentencia. El directivo chileno se subió al estrado y mandó a sentarse al traductor intérprete y realizó su ponencia en inglés, francés, portugués y español (¿cuántos dirigentes actuales harían esa gracia?), y remató diciendo: "Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo." Luego se procedió a la votación. Más tarde, un telegrama urgente llegaría a la sede de la Federación de Fútbol de Chile:

"Obtenida sede mundial 1962 punto 32 votos punto Llegamos miércoles próximo vuelo. Pinto."

Se comenzó un trabajo de organización, evaluando posibles sedes y considerando los mil detalles que un evento de este tipo implica. El mundo entero miraba con cierta desconfianza que un país tan chico fuera capaz de realizar un mundial de fútbol. Paralelamente se comenzó a esbozar la idea de un trabajo de largo plazo para conformar una selección competitiva. Chile había sido eliminado del mundial de 1954 a manos de Brasil y del de 1958 a manos de Argentina, lo que no nos daba mucho roce ni categoría internacional. El mismo mapa del fútbol había cambiado; Hungría, la superpotencia de los años cincuenta comenzaba un período de decadencia futbolística y había surgido Alemania Federal, demostrándole al mundo que no sólo eran capaces de armar guerras mundiales. Brasil, que tenía fama de arrugón, había finalmente logrado ganar la copa del mundo de 1958 gracias a un brillante equipo y a un jovencito llamado Pelé, que pintaba para bueno.
En 1959 se decidió nombrar a Fernando Riera, exitoso entrenador del Belenense de Portugal para comandar el proceso. Por esta vez, el "proceso" fue realmente digno de llamarse así. Se organizaron amistosos y una cuidadosa selección de valores. Entre marzo y abril de 1960 se hizo una gira por Europa donde la selección realmente sería puesta a prueba. Se jugaría con frío, barro, nieve, lo que fuese, y a ritmo europeo. Hasta ese entonces, en Chile no se jugaba con lluvia (se suspendían los partidos si caía algo de agua), y al lento ritmo de la provincia. Empezaron perdiendo 6-0 con Francia. Luego los rojos cayeron contra Alemania Federal, Irlanda y Suiza. Finalmente el seleccionado chileno agarró en algo la manija y empató con Bélgica y con el Inter de Milán. Chile aguantaba sólo un tiempo, en la segunda parte los jugadores se agotaban y les pasaban por arriba.
Pese a los malos resultados, la prensa no destrozó al equipo de Riera. Sabían que estaban trabajando con miras a un objetivo futuro, y que se estaba en una etapa de experimentación. Las conclusiones obtenidas de esa gira fueron valiosísimas.
En mayo de 1960, el peor terremoto jamás registrado (grado 9 en escala Richter) azota el sur de Chile, seguido de un maremoto. Cambia el perfil del mapa, los ríos alteran su curso y desaparecen ciudades enteras. De Chiloé a Concepción hay solo ruinas. La planificación del mundial debe tomar un nuevo rumbo; si la copa iba a ser de por sí austera, ahora tenía que ser simplemente franciscana. La Federación de Fútbol devuelve los fondos que el Estado chileno les había entregado y decide que sólo podrán ser sedes los estadios que se puedan autofinanciar. Concepción, Talcahuano y Valdivia quedan fuera por el terremoto, Antofagasta y Valparaíso por no ser capaces de solventar sus gastos. La Bradden Copper Company, de El Teniente, remoza el estadio de Rancagua, la poderosa municipalidad de Viña del Mar logra poner a punto el Sausalito y la Junta de Adelanto de Arica, con el apoyo de Dittborn logra también tener un estadio adecuado para un mundial. Ésas serían las sedes, junto con el Nacional de Santiago, donde se jugaría la copa del mundo. Además se aumenta el precio de las entradas de los partidos del torneo local, de manera que el mundial fuera financiado por los mismos hinchas.
Mientras tanto, se arman dos selecciones chilenas, la "A", dirigida por Riera y la "B", dirigida por Luis "Zorro" Álamos. Se juega una interminable seguidilla de amistosos y los resultados van mejorando. Se ha mejorado la capacidad física y el equipo chileno es una escuadra ofensiva, con variantes de ataque y muy certera, a diferencia de tantas otras selecciones chilenas. Riera es implacable con el trabajo y no tolera indisciplinas ni que se entorpezca su labor, amenazando con renunciar varias veces.
El Chile de entonces vivía una época de calma pueblerina, donde el Mundial vendría a ser el disparo de partida de toda una serie de transformaciones culturales y políticas que acabarían con la siesta y marcarían la década siguiente. Eramos poco más de cinco millones de habitantes, muchos viviendo en la pobreza más absoluta en las ciudades, y en el campo sometidos a un régimen feudal. En la música comenzaban a destacar los trabajos de Violeta Parra, aunque ella tenía que luchar sola contra el mundo para poder sobrevivir y era reconocida en Europa antes que en Chile (en 1962 esaba viviendo en Francia), y se comenzaba a gestar el movimiento rocanrolero de la Nueva Ola mientras Palmenia Pizarro destacaba en la música romántica. En literatura, Nicanor Parra era la voz más brillante de esos días.
Algo similar ocurría en el mundo, donde los jóvenes y la gente en general empezaban con la idea de que la gente de la calle podía cambiar la sociedad. En 1962 se suicidaba Marilyn Monroe, un cuarteto de rockeros ingleses que buscaban grabar su primer disco eran rechazados por el sello Decca (me refiero a los Beatles) y en Argentina comienza a publicarse la tira cómica "Mafalda". El gobierno norteamericano descubre una base de cohetes nucleares soviéticos en Cuba y le exige a la URSS que la retire. Los rusos se niegan, el presidente Kennedy amenaza con bombardear el lugar, y el premier soviético Kruschev con responder el ataque. Por unos días, la humanidad está al borde del exterminio gracias a una guerra atómica. Finalmente el camarada Nikita cede y retira los misiles.
Junto con el mundial, llega la televisión, que había debutado en el fútbol internacional en 1958. Se comienzan a vender televisores, unos aparatos grandes, blanco y negro y a tubos, que tenían que prenderse varios minutos antes de ver un programa, pues la imagen demoraba en aparecer. Casi todas las familias de Santiago tienen historias al respecto, con gente de toda la cuadra apelotonada en el living de una casa mirando los partidos. Sólo se transmitían los encuentros de cada sede para su respectiva ciudad, pues no existía la comunicación satelital y las antenas tenían poco alcance. Algunos países europeos, con más tecnología, logran recibir la transmisión en directo.
El 18 de enero, en el Hotel Carrera, se realiza el sorteo de los grupos. Confirmando la transparencia y limpieza de los realizadores de la copa, a Chile le toca uno de los grupos más difíciles, debiendo enfrentarse a Suiza, Italia y Alemania Federal. Normalmente, y misteriosamente, a los dueños de casa siempre le han tocado grupos fáciles para garantizar un éxito de público. Chile fue una excepción.
Juan Pinto Durán, uno de los héroes de Lisboa, muere en un accidente automovilístico. Carlos Dittborn, con su salud muy deteriorada por el exceso de trabajo, también fallece poco antes del inicio del mundial. La selección jugaría todo ese torneo con una banda de luto bajo el escudo.
La nómina oficial de la selección chilena se entrega el 21 de mayo del 62. Por lesiones, rendimiento e indisciplina quedan varios nombres afuera. Del equipo "B", del Zorro Álamos, son llamados otro par de jugadores. Los integrantes de ese plantel son los siguientes: Misael "Gato" Escuti, Manuel Astorga y Adán Godoy (arqueros); Luis Eyzaguirre, Sergio Valdés, Carlos "Pluto" Contreras, Humberto "Chita" Cruz, Raúl Sánchez, Hugo Lepe, Sergio Navarro y Manuel Rodríguez (defensas); Jorge "Chino" Toro, Braulio Musso, Eladio Rojas y Mario Ortiz (volantes); Mario Moreno, Jaime Ramírez, Honorino "Nino" Landa, Carlos "Tanque" Campos, Alberto "Tito" Fouillioux, Armando Tobar y Leonel Sánchez (delanteros). Luis "Zorro" Álamos pasa a conformar una dupla técnica junto con Fernando "Tata" Riera. Este listado de nombres debiera ser recitado de memoria por todos los chilenos y ser materia obligatoria en la enseñanza, pero hasta el día de hoy es olímpicamente ignorado por nuestros educadores.
El 30 de mayo de 1962 se inicia el mundial. "El sueño de seis años, es hoy una realidad" comentaría por la radio Julio Martínez. Sesenta mil personas en el estadio Nacional, más varios miles por TV, verían al presidente Alessandri haciendo un breve discurso inaugural, al cardenal Raúl Silva Henríquez en las tribunas, a los hijos de Dittborn izando la bandera chilena. Ya estaba todo listo.
En la cancha están Chile y Suiza, nerviosos antes del encuentro, pero… no se puede comenzar el match pues ¡no hay pelota! El encargado la ha olvidado en su casa. Una patrulla de carabineros parte a toda velocidad a buscarla mientras el árbitro decide iniciar el cotejo con unos balones de entrenamiento que alguien ha encontrado por ahí. Esa es la bola que Honorino Landa echa a correr desde el círculo central, dando el inicio a la copa del mundo.
Los chilenos están nerviosos pero no por eso pierden la confianza. A poco de iniciar el partido, un tiro libre de Sánchez, desde 35 metros, pasa rozando el travesaño del arco suizo. Pero a los siete minutos, Escuti cede un balón a Toro, que intenta controlar la pelota pero se le pasa por debajo del pie. La toma Guttrich que, con un tiro impresionante desde más de treinta metros, la coloca en un ángulo donde Escuti no puede llegar y es gol de Suiza. El estadio enmudece. Los helvéticos están en su salsa pues lo suyo es jugar a la defensiva. En los amistosos previos han lucido mucho las paredes entre Landa y Fouillioux, pero esta vez la fórmula no funciona, en parte también porque Fouillioux presiona todo el tiempo al líbero suizo para molestarlo en su labor.
Chile no pierde la calma y, sin jugar bien, se va encima de Suiza. En treinta minutos contabiliza veinte tiros al arco. Un tiro de Pluto Contreras es devuelto por un vertical. Otros son atajadas de Elsener, o pasan cerca. Los hijos de Guillermo Tell están ahogados. En el minuto 38, llega la famosa pelota oficial y reemplaza al esférico con que se estaba jugando hasta ese entonces.
En el aire flota cierta inquietud… tanto trabajo y esfuerzo, ¿para empezar perdiendo como siempre?

(CONTINUARÁ)

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