El Mundial de 1962. Segunda parte

En el capítulo anterior habíamos dejado a nuestros héroes buscando con tozudez el empate frente al defensivo equipo de Suiza. A partir del minuto 38 había llegado la pelota oficial, y este hecho coincidió con una mejora en el juego de Chile. Se empezaron a armar paredes y a mejorar el juego colectivo. Elsener recibía un pelotazo tras otro. Finalmente, en el minuto 42, Landa y Ramírez hicieron una serie de toques y este último centró desde la derecha al segundo palo. Por allá apareció, sorprendiendo a todos, Rojas, quien cabeceó al medio. Fouillioux y Sánchez corrieron hacia esa pelota, y fue Leonel quien llegó primero para definir con zurda. Era el empate de Chile y el suspiro de alivio que emitió el público hizo flamear las banderas del estadio. Se fueron al entretiempo con ese empate 1-1.
El segundo tiempo comenzó con el mismo libreto, Suiza refugiada atrás y Chile martillando. Pero poco les duró el aguante a los helvéticos. A los cinco minutos, un remate de Toro es frenado a medias por la defensa suiza, pero el rebote lo recibe Ramírez, que define a la izquierda del portero, es el dos a uno y la multitud está eufórica. Tres minutos más tarde, Sánchez se interna en el área, remata pero el arquero contiene a medias, mas la pelota vuelve a Leonel que patea nuevamente, algo pifiado, el balón se cuela por la derecha y es el tercer gol de Chile.
De ahí en adelante los chilenos se dedican a controlar el partido. Los suizos, sorprendentemente, siguen metidos al fondo y no arriesgan en busca de un descuento o del empate. Así Chile gana sus dos primeros puntos en este mundial.
El siguiente rival es Italia. Si Chile gana, clasifica a la segunda fase del torneo. De empatar o perder, hay que salir a buscar un resultado con Alemania. El ambiente está algo caldeado por un artículo de un periodista italiano, que califica a Chile como un país pobre, triste y sin cultura. La revista Estadio replica: "Nosotros también vimos la pobreza en el sur de Italia (para la gira de la selección) , pero preferimos hablar de las maravillas de Venecia y Florencia".
Los itálicos vienen de igualar con Alemania en un partido que fue un festival de patadas, y necesitan del triunfo. En sus filas cuentan con Altafini y Sívori, brasileño y argentino respectivamente, que incluso habían jugado por sus selecciones. No es primera vez que los italianos recurrían al talento sudamericano para reforzarse; la selección campeona de los mundiales del 34 y del 38, tenía varios argentinos. En esa época la FIFA permitía este hecho. Puskas, otrora seleccionado húngaro estaba jugando por España, y el argentino Di Stéfano también estuvo cerca de estar con los ibéricos pero una lesión lo dejó fuera del mundial (Alfredo "La Saeta Rubia" Di Stéfano, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, jamás jugó una copa del mundo).
Si le preguntan a un extranjero, conocedor de la historia de los mundiales, acerca de "La Batalla de Santiago", no esperen que se refiera a la destrucción de la capital a manos de las huestes del cacique Michimalonco el 11 de septiembre de 1541, ni mucho menos al bombardeo de La Moneda en 1973, sino a este partido entre Italia y Chile, el 2 de junio de 1962. El partido más violento en la historia de las copas del mundo.
Los itálicos salieron a la cancha entregando claveles blancos al público, pero una vez iniciado el match, le pegaban a todo lo que tuviera camiseta roja. En nuestra defensa podemos decir que ellos comenzaron con las patadas, pero los chilenos rápidamente le siguieron el juego. Ya a los diez minutos el juez Aston, de Inglaterra, expulsaba a Ferrini por golpear a Landa. Más tarde el mismo Honorino le partiría la nariz a un defensor italiano pero el árbitro no lo echaría. El partido se detenía a cada momento, cada foul era motivo de tumultos, empujones y golpes. Extrañamente, para este match, el italiano Mora golpearía a Escuti al disputar una pelota dividida. El europeo le daría las excusas y nuestro portero las aceptaría caballerosamente.
Llegamos así al minuto 38, cuando se consuma uno de los hechos que quedaría en la memoria de los chilenos. Leonel Sánchez busca un desborde por la izquierda, lo sale a marcar David. El chileno intenta pisar la pelota pero David lo traba y Leonel cae, con el esférico entre las piernas. El tano comienza a patear el balón, pegándole de paso a Sánchez. Éste se incorpora y aplica un gancho de zurda, y el italiano cae aturdido al piso (el padre de Leonel había sido boxeador y algo le había enseñado del manejo de los puños). Al igual que con Landa, Aston no expulsa a Sánchez. Una de las historias que se cuentan al respecto es que el árbitro llegó a consultarle al guardalíneas, el mexicano Fernando Buergo, y éste, en un arranque de solidaridad latinoamericana, habría dicho que no pasaba nada y que el italiano estaba simulando.
Tres minutos después, David se venga de Leonel con una patada en la cabeza. Esta vez el árbitro no tiene miramientos y expulsa al italiano. Así terminaría el primer tiempo con el marcador a cero.
Con dos hombres menos, Italia sale al segundo tiempo con precauciones defensivas. El juego de Chile mejora y presiona a los italianos. En el minuto 29 un centro de Sánchez es mal despejado por el arquero Mattrel y Ramírez define de cabeza. Gol de Chile y el estadio explota. Al minuto siguiente, Landa anota pero su gol es anulado por fuera de juego. Italia poco puede hacer, salvo esperar algún cotragolpe. Faltando dos minutos para el final , Jorge Toro recibe una pelota en mediocampo, ve un espacio entre la defensa y patea desde treinta metros. El tiro sale arrastrado pero muy fuerte y se mete en la ratonera izquierda. Es el segundo gol de Chile, un golazo, y se abrocha el partido.
Mientras tanto, prosiguen las patadas. Al minuto 45 nuevamente es Landa víctima de foul. Otro tumulto, empellones y amenazas. El árbitro se aburre de tantos problemas y da por terminado el encuentro. Chile clasifica a cuartos de final y el público celebra el hecho batiendo pañuelos blancos. Pero no todo es alegría. Alberto Fouillioux ha sufrido una esguince al caer sobre un periodista durante el partido y queda fuera por el resto del mundial.
La Batalla de Santiago es un escándalo a nivel internacional. Se critica la violencia de ambos equipos, el mal manejo del juez Aston y, sobre todo, que no haya expulsado a jugadores chilenos, quizá en una intención de favorecer al local. La FIFA ordena a los árbitros tener mano dura y éstos tendrían miramientos a la hora de arbitrar a Chile.
La primera consecuencia de esto se vería en el siguiente partido de la roja, enfrentando a los alemanes. A los veinte minutos del primer tiempo, se cobra penal contra Chile, por una carga discutible contra un atacante alemán. Convierte Szymaniak. Chile juega mal, a media máquina. Armando Tobar ha reemplazado al lesionado Fouillioux y Mario Moreno a Jorge Toro, que es cuidado para la segunda fase. Finalizando el encuentro, Uwe Seller pone el dos a cero para los germanos. Chile clasifica segundo en el grupo y debe ir a jugar los cuartos de final a Arica, frente a la Unión Soviética que ha clasificado invicta.
Lo de Arica pasa a ser parte de la mitología. El equipo chileno se enfrenta al poderoso equipo ruso, la superpotencia, la amenaza comunista, los que se comen a las guaguas y que además cuentan con Lev Yashin, el mejor arquero del momento y el mejor del siglo XX. Pero la convicción y calidad de Chile puede más. A los once minutos del primer tiempo, Tobar es derribado dentro del área. Horn, el árbitro de Holanda, sanciona foul pero afuera. "En esta copa del mundo los penales se cobran contra Chile", reclama Julio Martínez. El tiro es por la izquierda, Jorge Toro pide ejecutar el foul pero Leonel Sánchez le responde: "Déjame, Chino, me tengo confianza". Yashin, "La Araña Negra", pone a dos hombres en la barrera y se corre al medio del arco pues la lógica es que el tiro sea un centro al área. Pero no conoce a Leonel, que patea con borde externo, la pelota pasa por el lado de la barrera y va curvando su trayectoria hacia el primer palo. La Araña Negra sólo atina a dar dos pasos pero ya es tarde, ya es gol. Julio Martínez, grita alborozado por el micrófono: "¡Justicia divina! ¡Esa falta era penal!"
Los soviéticos comienzan a presionar y quince minutos más tarde, Ponedelnik remata al arco y Escuti alcanza a desviar el balón, pero el rebota lo recibe un jugador ruso que toca hacia el medio y es Chislenko quien recibe y anota el empate para la URSS. Los chilenos reclaman off-side, pero el árbitro ignora los alegatos.
Lo que sigue es de no creerlo. Parten los chilenos del círculo central, pero la pelota la recuperan los soviéticos. Ponedelnik tiene el balón y eleva la vista para hacer un pase largo, pero cuando mira al suelo el esférico ya no está en sus pies. Este error infantil le costará caro. Leonel Sánchez se ha robado esa pelota y avanza hacia territorio enemigo. Se enfrenta a la defensa y opta por tocar corto al medio hacia Eladio Rojas. Éste despacha un zapatazo de treinta metros. Yashin vuela pero no llega y es el segundo gol de Chile. Entre el gol soviético y el de Chile han transcurrido menos de tres minutos. El mismo árbitro felicita a Rojas por el golazo. Con esa ventaja se van al descanso.
El segundo tiempo se juega casi todo en el campo chileno, los rusos atacan y atacan pero la defensa desbarata todos los intentos. Y también la suerte nos acompaña: a los diez minutos un tiro de Ivanov pega en el palo. Pero a parte de eso, Escuti no tiene mucho trabajo y los que la sufren son los volantes y defensas. Los soviéticos cada vez están más arriba, Tobar queda como único atacante, Toro y Rojas defendiendo la entrada del área, delante de los centrales. Lev Yashin sale a jugar en la misma línea de los zagueros, cosa que no era muy común entonces. Hacia el final del partido, Landa captura una pelota y se arranca solo contra Yashin, pero el meta le achica bien y los rápidos defensas soviéticos le dan alcance y anulan la carga. Poco después es el pitazo final. "Es un momento para la historia" relata un emocionado Julio Martínez, mientras Sánchez es sacado en andas, llorando.
Si el mundial fue el primer gran evento masivo que paralizó al país (se corrieron las vacaciones de invierno de los escolares para hacerla coincidir con el torneo), y una especie de "presentación en sociedad" del fútbol chileno para el mundo y para la gente de acá que no estaba interiorizada en el tema (sobre todo las mujeres), el triunfo sobre la Unión Soviética fue la primera gran celebración que vivió nuestra sociedad. Todas las calles de todas las ciudades chilenas se llenaron de gente festejando, algo nunca visto hasta ese entonces. Hay imágenes de la apoteósica celebración, de caras sonrientes y muchas parejas bailando cueca en la calle. Esa era gente feliz.
Ahora había que volver a Santiago a enfrentar a Brasil, que venía de ganar a Inglaterra. Pelé, la gran estrella de la verde-amarelha se había lesionado en el segundo partido y había quedado fuera del mundial. Amarildo lo reemplazaría dignamente y por la banda derecha brillaba Garrincha, uno de los grandes punteros derechos de todos los tiempos. Chile jugaba bien pero los brasileños eran de otro nivel. A los nueve minutos se ponían en ventaja. Poco después, Eladio Rojas estrellaba un tiro en el vertical y a los 32, Garrincha volvía a anotar. El desarmado morenito tenía de cabeza a los rojos. Este jugador no hacía otra cosa que amagar irse hacia adentro y partir hacia fuera, pero siempre le resultaba, pues dicen que "partía antes de empezar a correr". Incluso en una jugada parte corriendo y un defensa lo sigue en la marca, pero… ¡El brasileño ha partido sin la pelota! La redonda está dos metros más atrás, solitaria, Garrincha se devuelve y la recupera mientras el defensa chileno aún se pregunta qué fue lo que pasó.
A los 42, Jorge Toro convierte un bello tiro libre y ambos equipos se van al descanso con el 2-1. A los dos minutos del segundo tiempo, Vavá pone el 3-1 y a los 16, Sánchez convierte un penal por mano de Zozimo en el área. El 3-2 da para ilusionarse pero Brasil ha sido superior durante todo el partido y a los 33, Vavá marca el 4-2. Chile está entregado y algo ofuscado; Landa es expulsado a los 35 y un par de minutos después Garrincha se toma venganza de una falta anterior y también es expulsado.
Chile se pierde la final, pero debe definir el tercer puesto con Yugoslavia, que en cuartos de final eliminó a Alemania pero luego cayó ante Checoslovaquia.
Cabe señalar que la eliminación de Alemania Federal fue considerada un fracaso absoluto en ese país. Se decidió entonces hacer un plan de trabajo riguroso, que hasta el día de hoy se respeta. Resultado de esto fue que desde el mundial siguiente (1966) hasta el de 1990, los germanos siempre estuvieron entre los cuatro primeros.
La derrota ante Brasil tuvo sus consecuencias para el equipo chileno. Misael Escuti fue sindicado como el responsable y no faltaron los mal hablados que lo acusaron de haberse vendido. Otros alegaban en su defensa que en todos los otros partidos casi no había intervenido pues el equipo chileno era tan sólido que casi no recibía balonazos, y Brasil lo había pillado algo frío. En mi modesta opinión, he revisado muchas veces los goles de Brasil y la verdad es que poco había que hacer y no creo que la derrota haya pasado por sus manos.
Escuti entonces pasó a la banca y lo reemplazó Adán Godoy. El Tanque Campos estuvo en el lugar de Landa y Chita Cruz entró por Pluto Contreras, y Manuel Rodríguez por Sergio Navarro.
El 16 de junio, ante 67.000 espectadores, Chile enfrentó a Yugoslavia. Dragoslav Sekularac, el talentoso volante de los eslavos, posó para una foto junto con Jorge Toro. Pero a los cinco minutos, el europeo lesiona a nuestro mediocampista. Recordemos que en aquella época no se hacían cambios, así que Toro tuvo que seguir en la cancha, cojeando. Jaime Ramírez tuvo que bajar un poco para ayudarlo. El encuentro era parejo, con leve dominio de Chile. Rojas estrellaba un tiro en el palo y el meta Soskic desviaba un remate de Sánchez. Hacia el final del primer tiempo se lesiona Campos, mientras el equipo de Tito tiene a todos sus hombres en óptimas condiciones.
En el segundo tiempo comienza a presionar el elenco yugoslavo. Eyzaguirre traba una entrada peligrosísima de Jerkovic y manda al córner. Luego se le anula un gol a Kovacevic, por posición de adelanto. Rodríguez, en un afán de anular a Sekularac, también resulta lesionado. Con tres hombres en inferioridad de condiciones, era mucha la ventaja, y si bien los chilenos podían aguantar los noventa minutos, era difícil que resistieran el alargue, con todo el cansancio acumulado de los partidos anteriores. Eladio Rojas es el que se ve más entero. A los cuarenta minutos el chileno ingresa al área y es derribado por dos defensores, pero el árbitro español Gardeazábal no lo considera como falta. Se cumplían los 45 minutos del segundo tiempo, cuando Eyzaguirre sube por su banda y cede a Rojas, quien avanza hacia el centro del campo y se acerca al área. Se despacha un tiro arrastrado, no muy fuerte. Soskic, el arquero va hacia su derecha para embolsar el disparo que parece ser fácil. Pero la pelota roza en el zaguero Markovic y cambia de trayectoria. Desesperado, el meta se lanza hacia su izquierda pero no llega y es gol de Chile. Eladio va hacia el arquero, le da la mano y luego parte a celebrar. Tres minutos más tarde, el cotejo termina y Chile es tercero.
Existe cierta mitología al respecto de este gol de Eladio. Cuando niño me comentaban que había sido un remate de cuarenta metros, que había entrado limpio en el arco de Soskic. Seguramente en unos años más dirán que fue un tiro de mitad de cancha y, dentro de unas décadas, que el gol se produjo de un saque de fondo. Pero la verdad es que, tras ver las imágenes y hablar con testigos presenciales del gol, es que el remate no fue de más de veinte metros, a lo más veinticinco. Lo que no quita méritos al triunfo de Chile ni al talento de Rojas en el remate de media y larga distancia. Los rojos dan la vuelta olímpica, rengueando unos, caminando apenas los otros. Pero ya somos terceros.
La fiesta es completa al día siguiente, cuando Brasil derrota a Checoslovaquia 3-1 en la final. Los sudamericanos, expertos en el arte de caer bien, y que habían votado por Chile para realizar el mundial (aunque creo que fue más en un afán por joder a los argentinos), dan la vuelta olímpica con la bandera chilena en la mano.
Las consecuencias de este mundial y nuestra siguiente presentación en una copa del mundo, las veremos en la siguiente entrega de esta serie.

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