El Mundial de 1930

"Ah, en esa época jugaban con pijama", comentó alguna vez Eduardo Bonvallet al referirse al fútbol de la primera mitad del siglo. La figura que utilizó para disfrazar de manera graciosa su poco interés por la historia y su limitada cultura, es de las actitudes que nos tienen donde estamos. ¿Por qué? Porque no sabemos lo que somos, si estamos avanzando o nos damos vuelta en lo mismo.
"Se necesita una reestructuración del fútbol". Esta frase, que la puede haber dicho cualquier comentarista actual, incluído Bonvallet, fue pronunciada ya en 1922, por parte de los dirigentes de Santiago que no soportaban la humillación de ver la sede del fútbol chileno en Valparaíso. El fútbol nacional iba en un lento tránsito del amateurismo al profesionalismo, de los equipos con jugadores de apellido inglés a las escuadras de raigambre criolla.
El mundial de 1930 tuvo su sede en Uruguay, debido a que había ganado oro en las olimpíadas de 1924 y 1928 y era indiscutiblemente el mejor equipo del momento, debido básicamente a un Estado que se había preocupado de fomentar el deporte y que fue el primer equipo del mundo en incluir jugadores negros (En 1916, tras ser vapuleado cuatro a cero por los charrúas, el equipo chileno protestó y quiso anular el partido porque la formación uruguaya incluía "a dos africanos", refiriéndose a los morochos Isabelino Gradín y Juan Delgado).
Chile, y casi todos los países de Sudamérica llegaban por invitación y sólo cuatro equipos europeos quisieron darse la molestia de viajar tan lejos. El primer mundial comenzaba con trece participantes, y el sorteo de los grupos se hizo una vez que todas las delegaciones estaban en tierras orientales. Los competidores se dividieron en tres grupos de tres y uno de cuatro. Siendo fiel al hado fatal de nuestro fútbol, Chile quedó en este grupo junto a Argentina, Francia y México, debido en parte a que nuestro delegado abandonó la sala antes del sorteo.
El húngaro Jorge Orth dirigía la escuadra tricolor (que en aquel entonces vestía camiseta blanca, pantalones azules y medias grises), ya que en esa época existía especial apetencia en Chile por los entrenadores extranjeros. Sin tener una liga profesional formada, y con Santiago y Valparaíso disputándose el control del fútbol nacional, el equipo chileno no daba para esperanzarse. Pero a los jugadores se les impuso un régimen severo. Tenían que levantarse a las siete de la mañana, almorzaban a las once y media; retomaban el entrenamiento a las tres y no paraban sino hasta las ocho y media de la noche. Además muchos entrenamientos eran a puerta cerrada, lo que era una novedad para la época. Tras muchos forcejeos entre porteños y capitalinos que exigían tener a su gente en la nómina final, los que fueron al primer mundial fueron los siguientes: Roberto Cortés y César Espinoza (arqueros); Ulises "El Gringo" Poirier, Ernesto Chaparro y Armando Morales (defensas); Casimiro Torres, Arturo "Car'e cacho" Torres, Guillermo Riveros, Humberto Elgueta y Guillermo "Monumento" Saavedra (mediocampistas); Tomás Ojeda, Guillermo "Chato" Subiabre, Eberardo Villalobos, Guillermo Arellano, Juan Aguilera, Carlos Schneberger, Carlos "Zorro" Vidal, Arturo Coddeau y Horacio Muñoz (delanteros).
Es común decir que antes se jugaba más lento y el fútbol era más fácil. Es verdad, pero también es verdad que antes se jugaba con muchos delanteros y poquísimos defensas. En el mundial de 1930, Chile jugó con un 2-3-5, exactamente al revés de cómo jugó en el mundial de Francia 98. Cualquier falla de la defensa era gol seguro porque dejaba sólo al arquero frente a cinco atacantes y ahí te quiero ver.
El 16 de julio de 1930 Chile debutaba ante México y lo derrotaba 3-0, en un partido muy friccionado. Antes del mundial se le había criticado a Chile el exceso de toques y adornos que hacían los jugadores, olvidando de rematar al arco o esperando al defensa para hacer un enganche de más (¡Igual que ahora!). Sin embargo, frente a México la escuadra chilena se mostró fría y segura.
Tres días más tarde, se enfrentaba al poderoso equipo francés. Sorprendentemente, Chile domina las acciones, y se le sanciona un penal a favor. Sirve el Zorro Vidal y… tenemos el honor de patear el primer penal desperdiciado en la historia de los mundiales.
Pese a ello, crece la figura de Chato Subiabre, poniendo pases y echándose el equipo al hombro. Thépot, el meta francés, lo ataja todo. Hasta que en el minuto 18 del segundo tiempo, Torres roba una pelota, cede a Schneberger quien centra. Thepot espera la entrada de Villalobos o Vidal, pero una sombra pequeña y escurridiza se le adelanta y remata de cabeza. El Chato Subiabre marca el gol de la victoria. Esta es una de las pocas imágenes que he podido ver de ese mundial. Desconozco si habrá más filmaciones, pero un acierto de un anónimo cronista de chaqueta y sombrero de paja inmortalizó a Subiabre metiendo el cabezazo, el arquero que llega tarde y los defensas franceses mirando con desesperación a la pelota que va camino de las mallas. Chile gana 1-0.
Tras este partido, corresponde enfrentar a Argentina. Los dos países solicitan, como se trata del único grupo de cuatro, que ambos equipos clasifiquen pues ya han ganado sus dos partidos. La solicitud es rechazada y el partido debe jugarse. A la gallarda tricolor sólo le basta el empate (clasifica un equipo por grupo), pero cae 3-1. Mas los trasandinos no se la llevan pelada: Luis "Doble Ancho" Monti, persigue durante todo el partido a nuestro Chato Subiabre y lo muele a patadas. En un momento del match, tras recibir tres puntapiés consecutivos, Subiabre encara al argentino y le propina un bello gancho de derecha, mandando Doble Ancho a la lona. O sea, al césped. Lo más impresionante es que el chileno poseía un físico esmirriado en comparación con su víctima. Sería nuestro primer puñete mundialista, pero no el último. A los uruguayos les causa gracia el hecho e inmortalizan a Subiabre en las cajetillas de cigarrillos "Crack", donde venían rostros destacados del mundial.
Chile es eliminado con esta derrota. El mundial lo gana Uruguay superando 4-2 a Argentina. Una multitud premunida de palos y piedras sale a esperar el ferry que lleva de vuelta a la selección argentina a Buenos Aires, con propósitos poco amigables. Los jugadores trasandinos optan por lanzarse al agua y ganar la costa a nado en lugares menos hostiles. En contraste, los chilenos son recibidos como héroes, pero al interior de la delegación todo son recriminaciones por conflictos internos: que los dirigentes le imponían la formación a Orth, que los de Colo-Colo hacían grupo a parte, etc. No sabían que estaban frente a la mejor presentación chilena en mundiales fuera de casa; Chile queda en el quinto lugar. Además Guillermo Saavedra deslumbró con su desempeño, ganándose el apodo de "Monumento" y es destacado como el mejor centre-half del torneo.
El mérito de la actuación chilena es doble pues, hasta esa fecha, Chile casi no había obtenido triunfos a nivel internacional y era goleado periódicamente por las potencias del Atlántico. Tendrían que pasar veinte años antes de volver a un mundial.
Gracias a esta presentación, se produce la primera venta de un jugador chileno al extranjero: Carlos Giudice se va del Audax Italiano a Peñarol de Montevideo. Además el fútbol chileno aumenta su roce internacional al traer equipos extranjeros a jugar amistosos. Hay más pasión y florecen algunos problemas de violencia en los estadios (entre el público y también entre los jugadores) y, un par de años después, se forma la liga profesional.
El fútbol chileno ya no era un pasatiempo de gringos o de jóvenes ociosos; se presiona al gobierno de Carlos Ibáñez para que promulgue una ley del deporte. A más de setenta años de los sucesos aquí narrados… ¿hemos cambiado mucho? La verdad es que, aparte de que entonces jugábamos con pijama, seguimos siendo los mismos.


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