Consejos a un escritor. Las Cartas de
Antón Chéjov |
Desde 1879 hasta 1904,
Antón Chéjov
mantuvo una intensa correspondencia con escritores, familiares y amigos.
Se estima que escribió cerca de cuatro mil cartas, de las cuales se han
publicado hasta hoy unas tres mil quinientas. Aquí tres de sus cartas.
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A
Alexéi M. Peshkov (Maxim Gorki). Yalta, 3 de diciembre de 1898 |
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Me pregunta
cuál es mi opinión sobre sus cuentos. ¿Qué opinión tengo?. Un talento
indudable, y además un verdadero y gran talento. Por ejemplo, en el
cuento En la estepa crece con una fuerza inhabitual, e incluso me
invade la envidia de no haberlo escrito yo. Usted es un artista, una
persona sabia. |
Siente a la
perfección. Es plástico, es decir, cuando representa algo, lo observa
y lo palpa con las manos. Eso es arte auténtico. Esa es mi opinión y
estoy muy contento de poder expresársela. Yo, repito, estoy muy
contento, y si nos hubiésemos conocido y hablado en otro momento, se
hubiese convencido del alto aprecio que le tengo y qué esperanzas
albergo en su talento. ¿Hablar ahora de los defectos? No es tan fácil.
Hablar sobre los defectos del talento es como hablar sobre los
defectos de un gran árbol que crece en un jardín. El caso es que la
imagen esencial no se obtiene del árbol en sí, sino del gusto de quien
lo mira. ¿No es así? Comenzaré diciéndole que, en mi opinión, usted no
tiene contención. Es como un espectador en el teatro que expresa su
entusiasmo de forma tan incontinente que le impide escuchar a los
demás y a sí mismo. Especialmente esta incontinencia se nota en las
descripciones de la naturaleza con las que mantiene un diálogo; cuando
se leen, se desea que fueran compactas, en dos o tres líneas. Las
frecuentes menciones del placer, los susurros, el ambiente
aterciopelado y demás, añaden a estas descripciones cierta retórica y
monotonía, y enfrían, casi cansan. La falta de continencia se siente
en la descripción de las mujeres (Malva, En las balsas) y en las
escenas de amor. Eso no es oscilación y amplitud del pincel, sino
exactamente falta de continencia verbal. |
Después es
frecuente la utilización de palabras inadecuadas en cuentos de su
tipo. Acompañamiento, disco, armonía: esas palabras molestan. [...]
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En las
representaciones de gente instruida se nota cierta tensión, como si
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precaución;
y esto no porque usted haya observado poco a la gente instruida, usted
la conoce, pero no sabe exactamente desde qué lado acercarse a ella. |
¿Cuántos
años tiene? No le conozco, no sé de dónde es ni quién es usted, pero
tengo la impresión de que aún es joven. Debería dejar Nizhni [Nizhni-Novgorod]
y durante dos o tres años vivir, por así decirlo, alrededor de la
literatura y los círculos literarios; esto no para que nuestra
generación le enseñe algo, sino más bien para que se acostumbre, y
siente definitivamente la cabeza con la literatura y se encariñe a
ella. |
En las
provincias se envejece pronto. Korolenko, Potapenko, Mamin (Mamin-Sibiriak),
Ertel, son personas excelentes; en un primer momento, quizás le
resulte a usted aburrido estar con ellos, pero después, tras dos años,
se acostumbrará y los valorará como merecen, y su compañía le servirá
para soportar la desagradable e incómoda vida de la capital. |
Antón
Chéjov A |
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Mijail P. Chéjov Taganrog, 6 y 8 de abril de 1879 |
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Haces bien
en leer libros. Acostúmbrate a leer. Con el tiempo, valorarás esa
costumbre. ¿La señora Beecher Stow [novelista norteamericana, autora
de La cabaña del tío Tom] te ha arrancado unas lágrimas? La leí
hace tiempo y he vuelto a leerla hace unos seis meses con un fin
científico, y después de la lectura sentí la sensación desagradable
que sienten los mortales que comen uvas pasas en exceso... Lee los
siguientes libros: Don Quijote (completo, en siete u ocho
partes). Es bueno. Las obras de Cervantes se encuentran a la altura de
las de Shakespeare. Aconsejo a los hermanos que lean, si aún no lo han
hecho, Don Quijote y Hamlet, de Turguéniev. Tú, hermano, no lo
entenderás. |
Si quieres
leer un viaje que no sea aburrido, lee La fragata Palas, de
Goncharov. |
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Antón Chéjov A Dmitri V. Grigoróvich
Moscú, 28 de marzo de 1886 |
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Su
carta, mi querido y buen bienhechor, me ha impactado como un rayo. Me
conmovió y casi rompo a llorar. Ahora pienso que ha dejado una
profunda huella en mi alma. [...] Todas las personas cercanas a mí
siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de
aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la
de escritor. |
Tengo
en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y
no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista.
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En
Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades
de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el
reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si
fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras
cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme
con esa opinión general de mi insignificancia literaria. En seguida me
acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera
trivial. Esa es la primera razón. La segunda es que soy médico y
siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre
las dos liebres [“El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas
veces, ninguna”] nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le
escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran
pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una
actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo
cuento mío en el que haya trabajado más de un día. El cazador,
que a usted le gusta, lo escribí en una casa de baños. |
He
escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio:
mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del
lector ni de mí mismo... |
He
escrito intentando no desperdiciar en un cuento las imágenes y los
cuadros que quiero y que, sabe Dios por qué, he guardado y escondido
con mucho cuidado.[...] Disculpe la comparación, pero ha actuado en mí
como la orden gubernamental de “abandonar la ciudad en 24 horas”, esto
es, de pronto he sentido la imperiosa necesidad de darme prisa, de
salir lo antes posible del lugar donde me hallo empantanado... Estoy
de acuerdo en todo con usted. El cinismo que me señala, lo sentí al
ver publicado La bruja. Si hubiera escrito ese cuento no en un
día, sino en tres o cuatro, no lo tendría... Me libraré de los
trabajos urgentes, pero me llevará tiempo... |
No es
posible abandonar el carril en el que me encuentro. No me importa
pasar hambre, como ya pasé antes, pero no se trata de mí. Dedico a
escribir mis horas de ocio, dos o tres por día y un poco de la noche,
esto es, un tiempo apenas suficiente para pequeños trabajos. En
verano, cuando tenga más tiempo libre y menos obligaciones, me ocuparé
de asuntos serios. No puedo poner mi verdadero nombre en el libro,
porque ya es tarde: la viñeta ya está preparada y el libro, impreso. |
Mucha
gente de Petersburgo me ha aconsejado, antes que usted, no echar a
perder el libro con un pseudónimo, pero no les he hecho caso,
probablemente por amor propio. No me gusta nada mi libro [Cuentos
abigarrados se publicó bajo el pseudónimo de Antosha Chejonté]. Es
una vinagreta, un batiburrillo de trabajos estudiantiles, desplumados
por la censura y por los editores de las publicaciones humorísticas.
Creo que, después de leerlo, muchos se sentirán decepcionados. |
Si
hubiera sabido que usted me lee y sigue mis pasos, no lo habría
publicado. La esperanza está en el futuro. Sólo tengo 26 años. Quizás
me de tiempo a hacer algo, aunque el tiempo pasa deprisa. Le pido
disculpas por esta carta tan larga.(...) |
Con
profundo y sincero respeto y agradecimiento, |
Antón Chéjov |
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