El texto que viene a continuación versa sobre un maestro hermético del Renacimiento, desafortunadamente muy poco conocido hoy en día. Se trata de Filiberto de l'Orme. Nacido en Lyon (Francia) hacia 1.510, e hijo de un maestro masón de l'Orme ejerció el arte de la arquitectura, y fue un experto en numerosas disciplinas relacionadas con ese oficio, como la estereotomía, que consiste en el arte de cortar la madera, la piedra y los metales destinados a la construcción. Siendo todavía muy joven viaja a Italia, lo cual le da la oportunidad de conocer la obra de los filósofos herméticos, cabalistas cristianos y neoplatónicos como Marsilio Ficino, Pico de la Mirándola, J. Reuchlin, Francesco Giorgi, etc., y muy posiblemente también el tratado de Luca Pacioli sobre La Divina Proporción. Esto fue decisivo para su formación, dado que posteriormente, y de regreso a Francia, aplica en su obra arquitectónica los principios que se desprenden de las correspondencias y analogías entre el macrocosmos y el microcosmos, y en los que se fundamenta la "Harmonía Mundi". Esta es la razón de que considerara a la arquitectura como una imagen de esa Armonía y como un compendio de todas las artes y ciencias cosmogónicas, y de que el arquitecto no sólo debe poseer los conocimientos puramente técnicos propios del oficio, sino que además debe saber Astronomía, Astrología, Música, Historia, Matemáticas, Filosofía, Pintura, Medicina, etc. Filiberto de l'Orme era, pues, un ejemplo claro del "homo universalis" del Renacimiento preconizado por Pico de la Mirándola. Hemos de añadir también que mantuvo una estrecha amistad con Rabelais -autor como sabemos de la obra hermética Gargantúa y Pantagruel-, quien dijo de él que era "El gran arquitecto del Rey Megisto", que naturalmente no es otro que el mismísimo Hermes Trismegisto. De l'Orme es pues un maestro hermético que aplicó las ideas de la Ciencia Sagrada en el arte de la construcción. Decir además que dejó escrita una extensa obra de varios tomos sobre Arquitectura, el prólogo a una de las cuales es el que hemos traducido de manera resumida. Finalmente, observaremos por este escrito que Filiberto
de l'Orme es uno de los eslabones de la "cadena áurea" de Occidente
que contribuyó (al igual que Elías Ashmole en Inglaterra)
a establecer el vínculo entre las corrientes herméticas del
Renacimiento y la Masonería, que por aquella época estaba
en plena mutación especulativa, lo que acabaría por concretizarse
definitivamente en el siglo XVIII. Decir que murió en 1570, siendo
enterrado en la nave central de la basílica de Notre Dame de París,
de la que fue canónigo del Capítulo. F.
Ariza
Tal es la armonía de los siete planetas del cielo, bajo diversas cualidades, temperaturas y resonancias ocultas, pero proporcionadas la una a la otra por un cierto símbolo, simpatía y armónica influencia, para la generación y conservación de las cosas de este mundo inferior. De manera que de un heptacordio se hace, como decía Sócrates, un monocordio, es decir un instrumento de siete cuerdas distintas (que son los siete planetas de diversas cualidades), uno de una sola cuerda, que es la armonía y el acuerdo de los siete en uno, como saben aquellos que están versados en la divina filosofía de Orfeo, Pitágoras, Platón, Aristóteles y otros antiguos. Se lo puede ver también en el acuerdo e inteligencia de los elementos que concurren en la generación y conservación de todos los cuerpos y de todas las cosas de este mundo inferior y visible, bajo el régimen, la conducta y agitación del movimiento regulado de todo el cielo. Es esto lo que pretendemos mostrar, a saber que de numerosas cosas bien proporcionadas y propiamente dispuestas se hace una perfecta, como lo hemos mostrado de las siete materias y partes que hacen de la morada un bello cuerpo, cuando son apropiadas, conjuntas y ordenadas. De manera semejante de las siete artes y disciplinas que permiten la arquitectura perfecta y la arquitectura admirable. Pero, ¡ay!, pocos arquitectos reciben tantas gracias y favores de Dios, de poderlas conocer y entender, según a él le plazca abrir los sentidos y la inteligencia a cada uno para darle conocimiento de sus obras y de las proporcionadas medidas, yo no diría de la arquitectura, sino también de todas las demás cosas, las cuales él mismo ha ordenado desde la primera creación bajo ciertas medidas, pesos y números, como algún dia (con ayuda de Dios) deduciremos en nuestro Tomo y obra de las Divinas proporciones, en donde aconsejaremos a cada uno que imite las medidas y proporciones, a las que llamamos divinas, para buenas y justas causas, y en consecuencia dignas de ser seguidas más bien que aquellas otras que han sido escritas, inventadas y hechas por los hombres, tanto en edificios antiguos como modernos, como aún puede verse en diferente lugares. Porque Dios es el único, el grande y el admirable Arquitecto que ha ordenado y creado por su palabra toda la máquina del mundo tanto celeste como elemental y terrestre, con tan gran orden, tan gran medida y con tan admirables proporciones que el espíritu humano sin su ayuda e inspiración no las puede comprender, y sobre todo la arquitectura y fábrica del cuerpo humano, no solamente en la composición y en la unión de sus partes espirituales, húmedas y sólidas (como lo contemplan los médicos), sino sobre todo en la gran armonía y más que admirable proporción y simetría que está entre todos los miembros y partes tanto interiores como exteriores de aquél. La cual contemplan o deben contemplar y saber los doctos y expertos arquitectos, con el fin de acomodarla a las edificaciones que acometen con una divina excelencia, incluso de aquella que procede de las proporciones comunes y acostumbradas, como (con ayuda de Dios) lo deduciremos y demostraremos con la mayor claridad posible en el Tomo y obra nombrados anteriormente, donde hablaremos de las santas y divinas medidas y proporciones dadas por Dios a los Santos Padres del Antiguo Testamento, como al Patriarca Noé para fabricar el Arca contra el cataclismo y diluvio, a Moisés para el Tabernáculo del altar, de las tablas, de las cortinas y otros; a Salomón para el templo que edifica en Jerusalén, para las dos casa que hizo, una para él y la otra para su mujer, hija del Faraón. Vemos un caso semejante en Ezequiel en el hombre que le aparece, que parece ser de bronce y teniendo en una mano una cuerda y en la otra una caña o bastón llevando las medidas o proporciones que sólo Dios le muestra para restaurar y reedificar el Templo de Jerusalén (...) ¡Oh gran e insigne bondad de Dios hacia los hombres! ¡Oh magnífico y sobrenatural Arquitecto, que tanto ha querido honrar la arquitectura y favorecer al Arquitecto, al que has enviado de lo alto de los cielos y pronunciado por tu muy sagrada boca las verdaderas medidas y proporciones con las que él debe ayudarse (...). Decimos, pues, que los arquitectos y maestros albañiles no podrían realizar una obra, o hacer el plano o los modelos que deseen, si en primer lugar no trazan sobre una recta otra perpendicular, o trazo de escuadra (como lo llaman los obreros), ya sea de manera simple, o dentro de la circunferencia de un círculo. Es la más cómoda y la más sencilla de todas las cosas que podeis hacer, no sólo para plantar edificios, sino incluso para hacer cualquier clase de figura, ya sea retratos o dibujos, para los trazos geométricos y ornamentos de arquitectura, para la perspectiva, la música, la teoría, los instrumentos de arte militar, artefactos u otras cosas, siempre es necesario comenzar por una línea perpendicular trazada sobre una recta, la cual representa y figura el carácter de La Cruz, que es tan admirable que no puedo dejar de señalar lo que he aprendido de Marsilio Ficino y otros excelentes profesores de filosofía, que dicen que la figura de 2 líneas rectas que se entrecortan por el medio en ángulos rectos representa el carácter de La Cruz, tan honrada y querida por los Antiguos. Incluso mucho tiempo antes del acontecimiento de J. C., los Egipcios la tomaban como cosa muy Santa, muy sagrada y milagrosa, y la habían grabado sobre el pecho del ídolo Serapis. Volvamos de nuevo a esta cruz por la satisfacción de lo que ha sido hecho para nosotros en ella por la muerte de J. C., nuestro único justificador, y tomémosla y considerémosla como una primera y perfecta figura de geometría. La encontramos en iguales longitudes y ángulos bien rectos, al igual que Dios, autor de todas las cosas, lo hizo y ordenó primeramente, creando el cielo y la tierra, y poniéndola en medio de la circunferencia de sus obras. Porque después de haber creado por su palabra toda la máquina del Universo con una forma redonda y esférica, él divide su circunferencia en cuatro partes iguales, mediante dos líneas rectan que se entrecortan en el centro y el medio, o si queréis en el punto de la división que es la tierra. Dichas partes está figuradas por una cruz y dividen
todo el universo por sus extremidades en cuatro partes llamadas Oriente,
Occidente, Mediodía y Septentrión.
* Para los datos biográficos y la traducción del texto nos hemos servido del estudio que sobre F. de l'Orme hizo Jacques Thomas en el Nº 14 de la revista Villard de Honnecourt (1987). |
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