La historia tiene otro rostro para los historiadores islámicos.
Los mahometanos se defendían de una abierta invasión.
Los salvajes eran europeos, porque la civilización musulmana estaba
considerablemente más adelantada que la del occidente.
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entro de la historia occidental y cristiana, las cruzadas han ocupado un lugar verdaderamente preponderante en la preocupación de los tratadistas encargados de divulgarla. Historiadores, novelistas y poetas han puesto un empeño especial en relatar las aventuras de estos miles de cristianos dispuestos a luchar por implantar su credo en pueblos de una cultura e idiosincrasia absolutamente opuestas.
Sin embargo, también los historiadores islámicos han mostrado preocupación preferente por este apasionante tema. Naima Mustafá, en el siglo XVIII; Cevdet, entre fines del XIX y comienzos de nuestro siglo; Riza Nur y Evliya Celevi, son algunos de los tratadistas turcos que se ocuparon de las cruzadas.
Hemos querido en esta crónica entregar un panorama general acerca de cómo enfocan ellos el tema y las consideraciones que tienen en cuenta para diferir diametralmente de la posición de la mayoría de los historiadores occidentales y cristianos.
Cuando las cruzadas comenzaron, árabes, turcos y persas se encontraban sumidos en una serie de luchas intestinas, que no los hacía aparecer unidos frente al enemigo común. La gran obra de Saladino consistió en unir estos pueblos para hacer frente a los cristianos.
Según algunos de los historiadores mencionados, los primeros conflictos surgieron para los europeos cristianos con los bizantinos; sin embargo, no atacaron a estos pueblos, sino a los mahometanos. ¿Por que? La mayoría de las versiones turcas es similar: los cristianos no estaban defendiendo una ideología o religión, sino que pretendían conquistar territorios y, más aún, comerciar con los ricos productos que generaban y manufacturaban en el Oriente Medio. Dicen Mustafá y Celevi que había en Europa por ese entonces muchos aventureros que comprendieron la importancia de la conquista de las tierras musulmanas y que fueron ellos quienes empujaron a reyes y Papas para que organizaran las cruzadas.
Cuando el Islam se dio cuenta de que tenía que hacer frente a esta avalancha de comerciantes y a una minoría de cristianos fanáticos, logró formar un frente unido de lucha; sin embargo, fueron los turcos los que se destacaron más fundamentalmente como defensores de sus territorios y riquezas.
La causa principal de que las primeras luchas permitieran un relativo éxito a las fuerzas cruzadas, dicen los tratadistas islámicos, se debió fundamentalmente, a que los turcos eran una minoría considerable. Y también agregan que la principal causa de que finalmente pudieran rechazar en forma definitiva a los invasores estriba en la gran preparación guerrera de los islámicos frente a fuerzas salvajes que no sabían luchar, ni poseían ejércitos organizados para ello. Actuaban solamente cuando tenían un líder enfrente, y a la primera flaqueza se desmoronaban sus sueños, perdían fuerza y se dispersaban. Los turcos no pretendían luchar por una religión, sino defenderse de quienes los invadían; su organización bélica estaba cimentada en miles de años de luchas por defender sus propios imperios, y a pesar de sus querellas internas, que favorecían la instalación de un reino latino, occidental, lograron mantener lo que era de ellos.
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ero todos estos argumentos están basados, según los escritos turcos, en algo mucho más profundo: la gran diferencia de cultura y civilización entre los bandos de lucha. Las cruzadas fueron para ellos un contacto entre un continente salvaje (Europa) con otro civilizado y de técnica superior (el islámico).
Los turcos en la época de las cruzadas habían formado ya más de diez imperios, y por entonces reinaba el Selyúcida; pero cuando este pueblo nació se ubicó en tierras muy áridas y secas, lo que los obligó a convertirse en nómades que buscaron lugares más hóspitos para vivir. Al ir pasando por diversos territorios, lograron apoderarse de algunos de ellos e ir formando imperios, como también ir asimilando sus culturas y formas de vida. Los turcos fueron y son hasta ahora un pueblo con gran sentido práctico, lo que, evidentemente, les sirvió en aquellos tiempos para ir tomando todo lo que les parecía útil e ir modelando así, su propia civilización.
Cuando los cristianos llegaron a las tierras del Islam encontraron un pueblo en que existía una sociedad organizada, con escuelas, centros de salud, investigaciones científicas y manifestaciones artísticas mucho más acabadas que las de ellos. Y así como los turcos habían aprendido de civilizaciones tan milenarias como las de China e India, los europeos tomaron también las muestras de progreso y cultura islámica.
Asimismo, las formas de comercio turcas y sus productos encontraron acogida; las sedas, perfumes, alfombras, plantas, flores, frutas y legumbres fueron llevados a Europa, con lo que no solamente este continente conoció nuevos productos, sino que entabló nuevos negocios altamente lucrativos.
En medicina, Europa estaba todavía muy atrasada, y los turcos les enseñaron a conocer medicamentos, curaciones y tratamientos que ellos ya habían practicado con éxito. En el aspecto cultural, tomaron algunas formas de arquitectura y, principalmente, copiaron de Oriente las fortificaciones, verdaderos castillos construidos especialmente para la defensa y que después se vieron reproducidos en Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, como también las hospederías, que dieron origen a los hoteles.
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egún el historiador Cevder, la imagen que se ha dado en el sentido de que los musulmanes fueron fanáticos religiosos, intolerantes con las creencias de los pueblos conquistados, es absolutamente falsa. Y enfatiza su afirmación diciendo que cuando los turcos se apoderaron de territorios habitados por cristianos, no prohibieron la práctica de dichas creencias. Para él, el argumento de liberar Jerusalén y Tierra Santa para emprender las cruzadas no fue sino un pretexto, sin fundamento; asegura que los peregrinos cristianos iban hasta esos lugares y no se les negaba el paso. Dice Cevder que los verdaderamente fanáticos fueron precisamente los cristianos, y que ellos sí negaban las prácticas religiosas a los pueblos dominados.
Las reconquistas islámicas trajeron como resultado la asimilación de los occidentales que habitaban en ellas, a sistemas de vida mucho más avanzados. El concepto de justicia social, prácticamente desconocido en Europa, tenía ya cimientos firmes en Turquía, y fue implantado. También la educación cumplía un papel importante. Los cristianos avasallados fueron llevados igual que los musulmanes, desde muy corta edad a los centros de enseñanza en los cuales se los preparaba en actividades guerreras, se los capacitaba para desempeñar un oficio o artesanía y también como futuros administradores de las diferentes secciones de que estaba compuesto el sistema administrativo de cada país. Todas estas escuelas y actividades eran supervisadas por sultanes y visires que daban las líneas directrices.
Los cristianos que volvían a Europa implantaban las costumbres adquiridas en el Oriente. Las mujeres lucían los modelos y las telas traídos de esas lejanas tierras; los términos justicia, salubridad, educación y otros comenzaban a conocerse de diferente manera, y Europa, evidentemente, iba cambiando su fisonomía. Pero mientras tanto, se unían a los musulmanes y establecían sus familias allí para siempre.
El último intento cristiano por destruir el Islam fue en 1442, con la lucha en Bulgaria. El triunfo de Turquía fue definitivo, y según los tratadistas que ya hemos mencionado, Europa comprendió al fin que se enfrentaba a un enemigo superior, dispuesto a luchar hasta su exterminio por defender lo que le pertenecía.
Y a esto se une el reconocimiento de la gran mayoría de los historiadores occidentales del valioso aporte que la cultura arábiga y otomana hizo a la eclosión del período llamado el Renacimiento.
La religión cristiana universalizó el arte occidental y le dio una sola
forma de expresión.
Preeminencia de la arquitectura e influencia del arte musulmán.
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l arte desarrollado durante las cruzadas responde evidentemente a la unidad de pensamiento del mundo cristiano católico que se manifestó en todas las formas de vida en esa época y, en general, durante la Edad Media. En los países que participaron en las cruzadas podemos encontrar, en sus formas artísticas, los mismo temas iconográficos, las mismas formas y técnicas semejantes. Es decir, que la universalidad de la religión cristiana avasalló, si pudiera decirse así, el pensamiento artístico y le dio una única forma de expresión.
Resulta casi imposible discriminar acerca de la formación del arte cruzado sin mirarlo como un todo desarrollado durante la época medieval. Sin embargo, hay ciertas obras arquitectónicas, de escultura y literarias que pueden destacarse independientemente.
Muchos historiadores dan como origen del arte cristiano medieval los frescos de las catacumbas romanas y, sin embargo, éstas no son sino una derivación, un reflejo del arte helenístico y sirio. La segunda fuente de influencias se deriva del arte que se desarrolló en el Egipto helenístico y cristiano, es decir, el alejandrino y el copto. Más concretamente, con respecto al arte gótico —entendido entonces como una expresión derivada de los godos— es imposible mirarlo sino como una forma de intercambio con las otras dos civilizaciones que se repartían en la Edad Media el mundo mediterráneo: las civilizaciones bizantina e islámica. Las cruzadas contribuyeron en forma mucho más eficaz aún a este intercambio y el cisma religioso que separó en el siglo XI a la Iglesia Católica de la Ortodoxa no constituyó un obstáculo infranqueable para la relación artística entre las dos mitades de la cristiandad.
Con respecto a la influencia islámica, algunos historiadores la consideran importante, mientras otros sostienen que los cristianos no aprendieron mucho de las escuela musulmana. En todo caso, hay vestigios importantes, como las huellas que dejó la dominación árabe que sucedió a la de Bizancio en Sicilia y en Palermo. También en Francia penetraron las ideas artísticas musulmanas, no tanto por la vía de la imitación directa, sino mucho más por la importación masiva de objetos de artesanía, como la cerámica o los tejidos. Con respecto a España, donde la conquista árabe o sarracena fue mucho más duradera, las muestras del arte musulmán fueron más evidentes. En Andalucía son ejemplos claros la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. Pero también en el resto de la Península Ibérica fue quedando dispersado un arte un tanto híbrido, mezcla de gótico e islámico, llamado mozárabe o mudéjar, según que lo practicaran musulmanes cristianos sometidos al dominio árabe o éstos bajo la dominación cristiana.
En la Edad Media se han distinguido dos formas fundamentales artísticas, llamadas: gótico y románico, y que según L. Réau y G. Cohen en “El Arte de la Edad Media y la Civilización Francesa”, nada tienen en común con los romanos ni con los godos. Hemos visto a grandes rasgos las principales influencias de estas dos ramas —ambas desarrolladas durante la época de las cruzadas, aunque el gótico continuó después de finalizadas éstas. En síntesis, se puede decir que Occidente debe a Oriente técnicas, tales como aparejo de las cúpulas hemisféricas o nervadas, mosaico, marfil, vidriería con engastes; técnicas como el estilo animal, capiteles con figuras humanas o con animales desconocidos de la antigüedad griega, decoración de figuras afrontadas o adosadas a ambos lados de un motivo como eje y, finalmente, la mayor parte de su repertorio iconográfico.
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l rasgo característico del arte en la época de la que hablamos es la primacía de la arquitectura sobre todas las otras formas de expresión artística humana. Sin embargo, ésta estaba absolutamente sometida al servicio de la Iglesia Católica. Mientras los caballeros cruzados defendían sus ideales religiosos en las lejanas tierras del Islam, los que permanecían en Europa ponían todo su ingenio al servicio de esta fe y la traducían en el plano de la arquitectura, en construir catedrales.
En Francia hay, como en otros países, obras maestras del arte románico y gótico. La basílica carolingia de Chartres es un ejemplo. Fue destruida en el año 858 y reconstruida en el siglo XI por el obispo Fulberto como catedral románica; un nuevo incendio la arrasó en 1194, y su posterior edificación ocupó los fundamentos anteriores, pero se le dio un estilo gótico; se fue reconstruyendo de a poco y todas las partes esenciales de este edificio pueden fecharse en la primera mitad del siglo XIII. La Catedral de Chartres se conserva hasta hoy día como una enciclopedia del arte de esos siglos.
Otra basílica —que se salvó en parte del vandalismo de la Primera Guerra Mundial— y que constituye una muestra maravillosa del arte medieval es la Catedral de Amiens, cuya construcción se inició a partir del año 1220 y fue terminada en los últimos años del reinado de San Luis; se trata, por lo tanto, de un templo marcadamente homogéneo. Las catedrales de Estrasburgo, de Bayeux, de Lisieux y de Coutances, Nuestra Señora de Dijon y la Santa Capilla, son algunas de las otras basílicas construidas durante los siglos XI, XII, XIII y comienzos del XIV en Francia. Esta última fue edificada expresamente por orden de San Luis en su palacio de la isla de La Cité, para dar alojamiento a la Corona de Espinas, rescatada de Tierra Santa por sus cruzadas.
La arquitectura francesa tuvo también su expresión elocuente en las construcciones monásticas —las famosas abadías—, militares y civiles, aunque este último aspecto fue el menos importante y significativo.
Pero también se pueden encontrar maravillosas obras arquitectónicas fuera de Francia, aunque la mayoría de tratadistas dan la primacía a Francia, sobre todo en la creación del estilo gótico. Esta expresión tuvo favorable acogida en Inglaterra y Alemania. En el primer país mencionado el arte románico alcanza su apogeo en la catedral de Durham, a pesar de ser una iglesia de transición, que se mantuvo fiel a las líneas románicas, pero en la que aparecen los primeros rudimentos de la crucería de ojivas. La arquitectura militar está representada en Inglaterra por el torreón de Rochester, construido entre 1126 y 1139, y sobre todo por la Torre de Londres.
En Alemania, las catedrales de Worms y de Maguncia son ejemplos de arquitectura románica, al igual que la abadía de Corvey, junto al Weser, el monasterio de Hirsau, en Suabia, y muchas otras. Las dos iglesias góticas más antiguas de Alemania son Nuestra Señora de Tréveris y Santa Isabel de Marburgo, y la más popular es la de Colonia. Según Réau y Cohen, los alemanes han intentado implantar la idea de que ellos “inventaron” un gótico diferente, pero agrega estos historiadores que la catedral de Colonia es una copia de la de Amiens.
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sí como la arquitectura en la Edad Media, y más concretamente durante el desarrollo de las cruzadas, estuvo sometida, inspirada y arraigada profundamente en las ideas católicas y al servicio de Dios, la escultura a su vez estuvo sometida a la arquitectura, y si bien renació como una maravillosa forma de expresión artística, estuvo aplicada, si pudiera decirse así, a las creaciones arquitectónicas. El canon de las figuras no está determinado por sus proporciones naturales, sino por el espacio que deben ocupar; tendidas en los sillares de basamento y bajo el arco de medio punto o apuntado de los tímpanos, las figuras se amontonan, se contraen y contorsionan en los dinteles, en las dovelas trapezoidales o bajo el ábaco de los capiteles. Poco importa que las siluetas estén arbitrariamente deformadas, que las cabezas y las piernas resulten anatómicamente imposibles; el escultor románico, especialmente, se preocupa sólo de llenar el espacio que se le ha designado.
Hay algunas esculturas, al igual que en toda manifestación artística, que se destacan de otras. En Francia, y más concretamente durante la época de las cruzadas, cabe mencionar los capitales del coro de Cluny; los bajos relieves de Moisac, los capiteles de Vezelay; el Tímpano de Autum; la fachada de Nuestra Señora de Poitiers, todas dentro de la época románica. En el estilo gótico están el Pórtico Real de Chartres; el Portal de la Virgen de Nuestra Señora de París; la fachada de Amiens; las estatuas de la iglesia y de la sinagoga del crucero de Estrasburgo y la fachada de Reims.
En Alemania, la escultura en metal precedió a la talla en piedra y madera, siendo los dos centros principales para la orfebrería en metal Renania y Sajonia. Entre los monumentos de la orfebrería renana, los más importantes son el antependio de Basilea, la Virgen de Essen y las grandes urnas de Colonia y Aquisgrán. Dentro de la escultura en piedra, el gran crucifijo del arco triunfal del coro de Wechselburgo (hacia 1230), los dos hermosos púlpitos de la catedral de Maguncia y las famosas estatuas de donantes del coro de Naumburgo son algunos ejemplos representativos dentro de Alemania.
De la escultura inglesa se podría decir que fue la menos opulenta y que la especialidad fue la escultura en alabastro. Con este material se fabricaron sepulcros y pequeños retablos portátiles de dudosa ejecución. Dentro de los países latinos, Italia tiene la ventaja sobre España de haber poseído una escultura más autóctona, aunque no se vio libre de la influencia francesa. La fachada occidental de la catedral de Módena; el bajo relieve del Descendimiento de la Cruz, los portales del Baptisterio de Parma, los púlpitos del Baptisterio de Pisa y de la catedral de Siena, son algunas de las muestras del arte escultórico italiano.
Durante los siglos que se desarrollaron las cruzadas, la pintura se mantuvo subordinada a la arquitectura y sólo desempeñó un papel complementario; hasta el siglo XV no pasó a ocupar el primer plano. Se presentó bajo tres formas: la pintura mural, la miniatura o pintura para ilustración en pergamino, y por último la pintura móvil sobre tabla.
Vinculada a la arquitectura, la pintura moral fue víctima de sus progresos; a medida que aumentaron los calados y los vanos de los muros, en cuyas ventanas surgen los vitrales, la pintura ve cómo se le escapa el lugar, el espacio donde realizarse. Solamente en Italia, donde la arquitectura obedeció a un ideal diferente, los pintores pudieron realizar sus frescos en amplias zonas murales situadas entre los ventanales más angostos. Italia, antigótica, fue pues el país por excelencia del fresco, en tanto que Francia, foco de la arquitectura gótica, es el reino del vitral y de la tapicería.
La miniatura tuvo mayor posibilidad de expansión dentro del arte gótico, donde cumplió una función capital. Hasta el siglo XV no fue eliminada y reemplazada por el grabado. En cuanto a la pintura en tabla, que se convirtió en lo que actualmente llamamos cuadro, prácticamente hizo su aparición a fines de las cruzadas y en forma muy limitada, para alcanzar su independencia y gran posición con respecto de las demás artes sólo con el comienzo del Renacimiento.
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n la “Historia de la Humanidad” de Henri Ber no ocupa la literatura del tiempo que tratamos sino un lugar muy restringido y a la que no se le da prácticamente la categoría de arte. Sin embargo, es importante señalar que a fines del siglo XI y comienzos del XII, aunque no tan abundante, la literatura tenía una expresión artística mucho más acabada que las otras formas plásticas y sólo en el siglo XII se podría hablar de una equiparidad.
Los cantares de gesta fueron sin duda la expresión literaria que tuvo mayor fuerza y acogida, si pudiera decirse así, dentro de esta época. Esencialmente, el cantar de gesta es exaltación; apoteosis de una dinastía de reyes y de una raza de pueblos; engrandecimiento de héroes que sirvieron a aquéllos y encarnaron a éstos. El poderío y la fidelidad al caudillo y a la Iglesia ocupan en ellos más espacio que el amor humano. Los cantares de gesta, en su relativa rudeza, con su exageración de la valentía, con su sentido de lo cómico, con su apasionado individualismo que coloca a veces al héroe en conflicto con su soberano, al que sin embargo, rendirá toda clase de servicios contra viento y marea, con su fe viva que arrastra a las cruzadas ante el llamamiento de la Iglesia, nos proporcionan un animado cuadro, lleno de colorido y que deja ver una sociedad inestable, siempre en devenir y en constante tumulto.
Dentro de los cantares de gesta francesa se pueden distinguir tres ciclos: el de los barones rebelados; el de Guillermo de Orange o la gesta de Garin de Monglane y el cilo del Rey, dentro del cual está, tal vez, el cantar de gesta más conocido: La Chanson de Roland.
España es, como Francia, otro de los países en que la canción de gesta tuvo un gran auge. Nadie puede desconocer el Cantar de Mio Cid, donde tal vez más claramente se pueden encontrar las características propias de este tipo de literatura que se daba a conocer más arriba.
Junto a los cantares de gesta surgieron también en la segunda mitad del siglo XII otras tendencias literarias, como la novela cortés, que difiera básicamente con la gesta, porque aquí el amor humano, entre hombre y mujer, cumple un papel decisivo. También surge la poesía, que se inicia con exaltaciones del amor humano (Dante y Petrarca) para sufrir también al fin de la influencia religiosa y transformarse en poesía en que el amor que se exalta es divino.
De cualquier forma, no fueron la novela, la poesía y el teatro —que también tuvo su expresión en estos siglos— las formas literarias que tuvieron arraigo popular y por tanto se puede decir que la influencia dentro de la masa estuvo ejercida por los cantares de gesta.