4 de Septiembre - Democracia Obrera |
Edición
Especial
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En
declaraciones al diario Clarín, Néstor Pitrola, dirigente
del PO y del Bloque Piquetero, dijo: “...el
PO tiene una caracterización de esta etapa del país en
el sentido de la crisis de poder que hay en la Argentina.
En función de ello el Polo plantea un segundo Argentinazo
(el primero fue el 19 y 20 de diciembre) para completar
la obra iniciada por la rebelión popular. Somos conscientes
de que las organizaciones de lucha de los trabajadores
y del pueblo, como las asambleas, no están maduras para
hacerse cargo del poder. Luchamos para fortalecerlas
y planteamos, como transición
para encarar ya la transformación social, política y
económica, una Constituyente con poder político y soberana”.
(Clarín, 2/09/02, negritas nuestras).
No
se puede más que decir que esta es una verdadera confesión
del PO, y como dice el dicho, “a confesión de parte, relevo
de pruebas”. Porque, ¿qué les está diciendo el PO a los trabajadores
y el pueblo? Que como sus organizaciones de lucha no están
maduras para tomar el poder, es necesaria una “transición”,
una primera etapa en la revolución que han iniciado, y
que no puede ser otra que ... una Asamblea Constituyente
que encare “ya la transformación
social, política y económica”. El PO está diciendo
que, entre la dictadura del capital actual, y la dictadura
del proletariado –es decir, una insurrección obrera triunfante
que instaure un gobierno obrero y popular, rompa con el
imperialismo y expropie a la burguesía- hay una etapa
previa, de “transición” que se realizaría mediante...
¡una institución burguesa como es la Asamblea Constituyente!
Esta
es la posición menchevique, de la “revolución por etapas”:
primero una “revolución democrática”, y después, en
un segunda etapa cuando, no se sabe cómo, las organizaciones
de lucha de los trabajadores y el pueblo “maduren”, recién
ahí estará planteado luchar por el poder. Pero es aún más
ruin que la posición menchevique, puesto que incluso a
éstos jamás se les ocurrió plantear que esa primera etapa
“democrática” iba a hacer la “transformación social,
política y económica”!!! La posición del PO es realmente
la “vía pacífica al socialismo” de Salvador Allende en
Chile en los ‘70. Es una verdadera combinación explosiva
de menchevismo y “vía pacífica al socialismo: en síntesis,
reformismo puro.
Esta
posición es la posición con la que el stalinismo estranguló
la revolución española de la década del ’30 y la llevó
a la derrota. Así decía Trotsky: “Según
la concepción de los socialdemócratas y de los stalinistas
–esto es, de los mencheviques de la primera y segunda
cosecha- la revolución española no tiene más que resolver
tareas “democráticas”. Toda tentativa de parte del proletariado
para salir de los marcos de la democracia burguesa es,
desde ese punto de vista, no solamente prematura, sino
funesta. Además, lo que se encuentra a la orden del día,
no es la revolución, sino la lucha contra el rebelde Franco.
El fascismo es la “reacción”. “Contra la “reacción” es necesario
unir todas las fuerzas del “progreso”. Que el fascismo es
una reacción, no feudal, sino burguesa; que contra la reacción
burguesa no se puede luchar con éxito más que con las fuerzas
y los métodos de la revolución proletaria, es una noción
que el menchevismo, rama del pensamiento burgués, no quiere
ni puede hacer suya”.
En
síntesis, ¿Qué planteaban socialdemócratas y stalinistas
en España? Que primero había que ganar la guerra civil
contra Franco y conquistar definitivamente la “democracia”
con la República, y después recién estaría planteado
hacer la revolución socialista. Mientras tanto, el proletariado
y el campesinado debía aliarse y subordinarse a la burguesía
republicana, y no tocar una sola de sus propiedades,
no atacar sus intereses, para no asustarla.
¿Qué nos están diciendo ahora Pitrola y el PO? Que
como en Argentina los organismos de las masas en lucha
no están “maduros” para luchar por el poder, lo que hay
que hacer no es pelear por que éstos se extiendan, se desarrollen,
maduren, se centralicen en un gran Congreso Nacional
obrero y popular, y se armen, es decir se transformen en
organismos de doble poder preparatorios de la insurrección
y de la toma del poder. No, en absoluto, dice el PO: lo
que hay que hacer ahora es luchar, contra el gobierno de
Duhalde y los restos del régimen del Pacto de Olivos, ambos
bonapartistas, -reaccionarios- por una Asamblea Constituyente
para conquistar “más democracia”, y recién después estará
planteado luchar por el poder. Y para ello, los trabajadores
y el pueblo por ahora deben conformarse con migajas y
reparto de miseria, y sumarse... al “frente democrático”
de la Carrió, las Pymes, los banqueros del Credicoop, los
burócratas sindicales como De Gennaro, y Zamora, para
presionar por imponer elecciones para todos los cargos
y una Asamblea Constituyente.
Pero,
¿cómo hace Altamira para que pase semejante posición
reformista incluso entre los trabajadores y jóvenes
de su propia base? Dice que esa Asamblea Constituyente
va a hacer la “transformación social”, es decir... que va
a expropiar a la burguesía! ¡Así la encuebre!
¿Cuál
era, por el contrario, la posición de los trotskistas y
de la IV Internacional en la revolución española? Decía
Trotsky: “El punto de vista bolchevique, expresado de manera terminante
únicamente por la joven sección de la IV Internacional,
procede de la teoría de la revolución permanente, a saber:
que aún tareas puramente democráticas, tales como la
liquidación de la propiedad territorial, semifeudal,
no pueden ser resueltas sin la conquista del poder por el
proletariado y ésta, a su vez, pone a la orden del día
la revolución socialista. Además, los mismos obreros
españoles, desde las primeras etapas de la revolución,
plantearon prácticamente las tareas, no simplemente
democráticas, sino puramente socialistas. Exigir la
no salida de los límites de la democracia burguesa, no
es defender con los hechos la revolución democrática,
sino renunciar a ella. Es sólo por la subversión de las
relaciones sociales en el campo que se podía hacer del
campesino, masa principal de la población, una muralla
contra el fascismo. Mas, los propietarios de la tierra
están ligados por lazos indisolubles ala burguesía comercial
e industrial y ala inteligencia burguesa que depende
de ellas (...) La revolución agraria no podía realizarse
más que contra la burguesía, y por consecuencia, sólo por
medio de las medidas de la dictadura del proletariado.
No existe un régimen intermedio”. (Todas las citas de
“La lección de España, última advertencia”, 1937, negritas
nuestras).
Pero
Pitrola, Altamira y el PO hoy toman la posición de los
mencheviques, y reniegan de la posición de la IV Internacional.
Nos dicen que, entre la dictadura del capital y la dictadura
del proletariado –que es la única que puede realizar íntegra
y efectivamente las tareas democrático-revolucionarias,
como son en Argentina la ruptura con el imperialismo
y la expropiación a los terratenientes del campo y de
la ciudad-, hay un “régimen intermedio”... el de una “Asamblea
Constituyente” –es decir, una institución burguesa-
eso sí, “con poder” para que pueda encarar la “transformación
social, política y económica”.
Por
eso, en la marcha del 30 de agosto estuvieron con Carrió
y Zamora, sus aliados en la “revolución democrática”. Pero hay más: a la cola del PO se ha enganchado el PTS, que
coherentemente, le propone al PO -su aliado en
la “revolución democreatica”- hacer un “partido único”
para ver cómo conquistar la Asamblea Constituyente. Es
decir, quieren hacer el partido de la revolución democrática”.
¡No
extraña entonces que el PO, por boca de Pitrola y en la
misma nota, siga reivindicando su “fuerte homogeneidad
política” con el stalinismo y el castrismo en el Bloque
Piquetero: no son más que el menchevismo de la tercera
cosecha –esta vez provista por los liquidacionistas
del trotskismo- dándose la mano con los mencheviques de
la segunda cosecha.
Silvia Novak