DESARROLLO = REVOLUCION SOLIDARIA
(extractos)
L.J. Lebret O.P. 
(con la colaboración de R. Delprat y M.F. Desbruyeres)
ANEXO
TEXTOS DE LOS ÚLTIMOS PAPAS Y DEL CONCILIO VATICANO II

 

La totalidad de los recursos de la tierra debe ser utilizada en beneficio de toda la humanidad.

1.- Para satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que dentro del respeto a los derechos de las personas y a las características de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente posible las enormes diferencias econó­micas que existen hoy y frecuentemente aumentan vincu­ladas a discriminaciones individuales y sociales.   De igual manera en muchas regiones, teniendo en cuenta las peculiares dificultades de la agricultura, tanto en la produc­ción como en la venta de sus bienes, hay que ayudar a los labradores para que aumenten su capacidad produc­tiva y comercial, introduzcan los necesarios cambios e innovaciones, consigan una justa ganancia v no queden reducidos como ocurre con frecuencia, a la condición de ciudadanos de segunda categoría...

Mater et magistra, Juan XXIII:

&  161.--Hay naciones que tienen sobreabundancia de bienes de consumo y particularmente de productos agrícolas. existen en cambio, otras en las cuales grandes masas de población luchan contra la miseria y el hambre.  Por ello, tanto la justicia como la humanidad exigen que las naciones ricas presenten su ayuda a las naciones pobres.  Por lo cual, destruir por completo o malgastar bienes que son indispensables para la vida de los hombres es tan contrario a los deberes de justicia como a los que impone la humanidad.

&  163.--Ciertamente, los socorros de urgencia responden a un deber de humanidad y justicia.  Con todo,  estas ayudas no pueden eliminar de modo inmediato en muchos países las causas permanentes de la miseria o del hambre.  Generalmente la causa reside en el retraso que acusan los sistemas económicos de esos países.   Para remediar este atraso hay que movilizar todos los medios posibles, de suerte que, por una parte, los ciudadanos de estos países se instruyan perfectamente en el ejercicio de las técnicas y el cumplimiento de sus oficios, y por otra puedan poseer los capitales que les permitan realizar por sí mismos el desarrollo económico, con los criterios y métodos propios de nuestra época.

Todos los pueblos son solidarios para obtener una utilización óptima de los recursos de la tierra.

Mater et Magistra.  Juan XXIII:

&  155.--Es evidente que solidaridad humana Y fraternidad cristiana requieren entre pueblos relaciones de colaboración activa y variada. Esta debe favorece los movimientos de bienes, hombres, capitales, con el fin de eliminar o al menos reducir los desequilibrio demasiado profundos.

&   157.--El problema más importante de nuestra época es tal vez el de las relaciones entre comunidades políticas económicamente desarrolladas y países en vías de desarrollo económico. Las primeras gozan de un nivel de vida elevado, las otras sufren privaciones con frecuencia graves.  La solidaridad que une a todos los hombres en una sola familia impone a las naciones que sobreabundan en medios de subsistencia, el deber de no quedar indife­rentes con respecto a países cuyos miembros luchan contra las dificultades de la miseria y del hambre, no gozando ni de los derechos elementales reconocidos a la persona humana. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actual­mente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

&   158.--«Consciente de Nuestra Paternidad universal, juzgamos deber nuestro repetir en forma solemne la afirmación manifestada otras  veces: Todos somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas… por lo cual es necesario despertar la conciencia de esta grave obligación en todos y en cada uno y de modo muy principal en los económicamente poderosos».

&   159.--Como es evidente, el grave deber que la iglesia siempre ha proclamado de ayudar a los que sufren la indigencia y la miseria y lo han de sentir de modo muy principal los católicos, por ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo. «En esto, proclama  Juan el Apóstol, hemos conocido la caridad de Dios, en que dio El su vida por nosotros y así nosotros debemos estar prontos a dar la vida por nuestros hermanos.  Quien tiene bienes de este mundo y viendo a su hermano en necesidad le cierra las entrañas, ¿cómo es posible que habiten en la caridad de Dios

&   165.--Con objeto de alcanzar tan anhelados fines, vemos cómo organismos supranacionales y estatales, fundaciones particulares y sociedades privadas ofrecen a diario con creciente liberalidad a dichos países ayuda técnica para aumentar su producción.  Por ello, se dan facilidades a muchísimos jóvenes para que, estudiando en las grandes Universidades de las naciones más desarrollada, adquieran una formación científica y técnica al nivel exigido por nuestro tiempo.  Hay que añadir que determinadas instituciones bancarias mundiales, algunos Estados por separado y la misma iniciativa privada, facilitan con frecuencia préstamos de capitales a lo países subdesarrollados, para montar en ellos una amplia serie de instituciones cuya finalidad es la producción económica. Nos complace aprovechar la ocasión para expresar nuestro sincero aprecio por tan excelente obra.   Es de desear, sin embargo, que en adelante las naciones más ricas mantengan con ritmo creciente su esfuerzo por ayudar a los países que están iniciando su desarrollo para promover así el progreso científico, técnico y económico de estos últimos.

&   171.--Es necesario asimismo, que las naciones económicamente avanzadas eviten con especial cuidado la tentación de prestar su ayuda a los países pobres con el propósito de orientar en su propio provecho la situación política de dichos países y realizar así sus planes de hegemonía mundial.

&   172.--Si en alguna ocasión se pretende llevar a cabo este propósito, se debe denunciar abiertamente que lo que se pretende, en realidad, es instaurar una nueva forma de colonialismo, que, aunque cubierto con honesto nombre constituye una versión más del antiguo y anacrónico dominio colonial, del que se acaban despojar recientemente muchas naciones; lo cual, por se contrario a las relaciones que normalmente unen a los pueblos entre sí, crearía una grave amenaza para la tranquilidad de todos los países.

&   173.--Razones de necesidad y de justicia exigen por consiguiente, que los Estados que prestan ayuda técnica y financiera a las naciones poco desarrolladas lo hagan sin intención alguna de dominio político y con el solo propósito de ponerlas en condiciones de realiza por sí mismas su propia elevación económica y social.

&   174.--Si se procede de esta manera, se contribuirá no poco a formar una especie de comunidad de todos los pueblos, dentro de la cual cada Estado, consciente de sus deberes y de sus derechos, colaborará, en plano de igualdad, en pro de la prosperidad de todos los demás países.

&   202.--Sucede por esto que los Estados aislados, aun cuando descuellen por su cultura y civilización, el número e inteligencia de sus ciudadanos, el progreso de sus sistemas económicos, la abundancia de recursos y la extensión territorial, no pueden, sin embargo, separados de los demás, resolver por sí mismos de manera adecuada sus problemas fundamentales. Por consiguiente, las na­ciones, al hallarse necesitadas, unas de ayudas comple­mentarias y otras de ulteriores perfeccionamientos, sólo podrán atender a su propia utilidad mirando simultá­neamente al provecho de los demás.   Por lo cual es de todo punto preciso que los Estados se entiendan bien y se presten ayuda mutua.

Pacem in Terris.  Juan XXIII:

& 98.--Como las relaciones internacionales deben regirse por las normas de la verdad y de la justicia, por ello han de incrementarse por medio de una activa solidaridad física y espiritual.  Esta puede lograrse mediante múltiples formas de asociación como ocurre en nuestra época, no sin éxito, en lo que atañe a la economía, la vida socia y política, la cultura, la salud y el deporte.  En este punto es necesario tener a la vista que la autoridad pública, por su propia naturaleza, no se ha establecido para recluir al ciudadano dentro de los límites geográficos de la propia nación, sino para asegurar ante todo el bien común, el cual no puede ciertamente separarse del bien propio de toda la familia humana.

&   99.--Esto implica que las comunidades políticas, al procurar sus propios intereses, no solamente no deben perjudicar a las demás, sino que también todas han de unir sus propósitos y esfuerzos, siempre que la acción aislada de alguna no baste para conseguir los fines apete­cidos; en esto hay que prevenir con todo empeño que lo que es ventajoso para ciertas naciones no acarree a las otras más daños que utilidades.

Gaudium el Spes. Vaticano II:

&   30.--La aceptación de las reacciones sociales y sus observancias deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo.  Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extienden poco a poco al universo entero.  Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en si mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se convierta verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia.

&   85 a).--La actual unión del género humano exige que se establezca también una mayor cooperación internacional en el orden económico pues la realidad es que aunque casi todos los pueblos han alcanzado la independencia, distan mucho de verse libres de excesivas desigualdades y de toda suerte de inadmisibles dependencias, así como de alejar de sí el peligro de las dificultades internas.

b).--El progreso de un país depende de los medios humanos y financieros de que dispone; los ciudadanos deben prepararse por medio de la educación y de la formación profesional, al ejercicio de las diversas funciones de la vida económica y social. Para esto se requiere colaboración de expertos extranjeros que en su actuación se comporten no como dominadores, sino como auxiliares y cooperadores.  La ayuda material a los países en vía de desarrollo no podrá prestarse si no se operan profundos cambios en las estructuras actuales del comercio mundial. Los países desarrollados deberán prestar otros tipos de ayudas, en forma de donativos, préstamos o inversión de capitales; todo lo cual ha de hacerse con generosidad y sin ambición por parte del que ayuda y con absoluta honradez por parte del que recibe tal ayuda.

c).--Para establecer un auténtico orden económico universal hay que acabar con las pretensiones de lucro excesivo, las ambiciones nacionalistas, el afán de domi­nación política, los cálculos de carácter militarista y las maquinaciones para difundir e imponer las ideologías. Son muchos los sistemas económicos y sociales que hoy se proponen; es de desear que los expertos sepan encontrar en ellos los principios básicos comunes de un sano co­mercio mundial. Ello será fácil si todos y cada uno deponen sus prejuicios particulares y se muestran dispuestos a un diálogo sincero.

&   86 b).--Por su parte, los pueblos ya desarro­llados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vía de desarrollo a cumplir tales cometidos. Por lo cual han de someterse a las reformas psicológicas y materiales que se requieren para crear esta cooperación internacional.

Busquen así con sumo cuidado en las relaciones comerciales con los países más débiles y pobres el bien de estos últimos, porque tales pueblos necesitan para su propia sustentación los beneficios que logran con la venta de sus mercancías.

c).--Es deber de la comunidad internacional regular y estimular el desarrollo de forma que los bienes a este fin destinados sean invertidos con la mayor eficacia y equidad. Pertenece también a dicha comunidad, salvado el principio de la acción subsidiaria, ordenar las relaciones económicas en todo el mundo para que se ajusten a la norma de la justicia.



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