1.-
Para satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad hay que hacer
todos los esfuerzos posibles para que dentro del respeto a los derechos de las
personas y a las características de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente
posible las enormes diferencias económicas que existen hoy y frecuentemente
aumentan vinculadas a discriminaciones individuales y sociales.
De igual manera en muchas regiones, teniendo en cuenta las peculiares
dificultades de la agricultura, tanto en la producción como en la venta de
sus bienes, hay que ayudar a los labradores para que aumenten su capacidad
productiva y comercial, introduzcan los necesarios cambios e innovaciones,
consigan una justa ganancia v no queden reducidos como ocurre con frecuencia, a
la condición de ciudadanos de segunda categoría...
Mater
et magistra, Juan XXIII:
&
161.--Hay
naciones que tienen sobreabundancia de bienes de consumo y particularmente de
productos agrícolas. existen en cambio, otras en las cuales grandes masas de
población luchan contra la miseria y el hambre.
Por ello, tanto la justicia como la humanidad exigen que las naciones
ricas presenten su ayuda a las naciones pobres. Por lo cual, destruir por completo o malgastar bienes que son
indispensables para la vida de los hombres es tan contrario a los deberes de
justicia como a los que impone la humanidad.
&
163.--Ciertamente,
los socorros de urgencia responden a un deber de humanidad y justicia.
Con todo, estas ayudas no
pueden eliminar de modo inmediato en muchos países las causas permanentes de la
miseria o del hambre. Generalmente
la causa reside en el retraso que acusan los sistemas económicos de esos países.
Para remediar este atraso hay que movilizar todos los medios posibles, de
suerte que, por una parte, los ciudadanos de estos países se instruyan
perfectamente en el ejercicio de las técnicas y el cumplimiento de sus oficios,
y por otra puedan poseer los capitales que les permitan realizar por sí mismos
el desarrollo económico, con los criterios y métodos propios de nuestra época.
Todos
los pueblos son solidarios para obtener una utilización
óptima de los recursos de la tierra.
Mater
et Magistra.
Juan XXIII:
&
155.--Es
evidente que solidaridad humana Y fraternidad cristiana requieren entre pueblos
relaciones de colaboración activa y variada. Esta debe favorece los movimientos
de bienes, hombres, capitales, con el fin de eliminar o al menos reducir
los desequilibrio demasiado profundos.
&
157.--El
problema más importante de nuestra época es tal vez el de las relaciones entre
comunidades políticas económicamente desarrolladas y países en vías de
desarrollo económico. Las primeras gozan de un nivel de vida elevado, las otras
sufren privaciones con frecuencia graves. La solidaridad que
une a todos los hombres en una sola familia impone a las naciones que
sobreabundan en medios de subsistencia, el deber de no quedar indiferentes con
respecto a países cuyos miembros luchan contra las dificultades de la miseria y
del hambre, no gozando ni de los derechos elementales reconocidos a la persona
humana. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la
interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya
posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas
y sociales entre ellos resultan excesivas.
&
158.--«Consciente
de Nuestra Paternidad universal, juzgamos deber nuestro repetir en forma solemne
la afirmación manifestada otras veces:
Todos somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas… por
lo cual es necesario despertar la conciencia de esta grave obligación en todos
y en cada uno y de modo muy principal en los económicamente poderosos».
&
159.--Como
es evidente, el grave deber que la iglesia siempre ha proclamado de ayudar a los
que sufren la indigencia y la miseria y lo han de sentir de modo muy principal
los católicos, por ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo. «En esto,
proclama Juan el Apóstol, hemos
conocido la caridad de Dios, en que dio El su vida por nosotros y así nosotros
debemos estar prontos a dar la vida por nuestros hermanos.
Quien tiene bienes de este mundo y viendo a su hermano en necesidad le
cierra las entrañas, ¿cómo es posible que habiten en la caridad de Dios?»
&
165.--Con
objeto de alcanzar tan anhelados fines, vemos cómo organismos supranacionales y
estatales, fundaciones particulares y sociedades
privadas ofrecen a diario con creciente liberalidad a dichos países ayuda técnica
para aumentar su producción. Por
ello, se dan facilidades a muchísimos jóvenes para que, estudiando en
las grandes Universidades de las
naciones más desarrollada, adquieran una formación científica y técnica
al nivel exigido por nuestro tiempo. Hay
que añadir que determinadas instituciones bancarias mundiales, algunos Estados
por separado y la misma iniciativa
privada, facilitan con frecuencia préstamos de capitales a lo países
subdesarrollados, para montar en ellos una amplia serie de instituciones cuya
finalidad es la producción económica. Nos complace aprovechar la ocasión para
expresar nuestro sincero aprecio por tan excelente obra.
Es de desear, sin embargo, que en adelante las naciones más ricas
mantengan con ritmo creciente su esfuerzo por ayudar a los países que están
iniciando su desarrollo para promover así el progreso científico, técnico y
económico de estos últimos.
&
171.--Es
necesario asimismo, que las naciones económicamente avanzadas eviten con
especial cuidado la tentación de prestar su ayuda a los países pobres con el
propósito de orientar en su propio provecho la situación política de dichos
países y realizar así sus planes de hegemonía mundial.
&
172.--Si en
alguna ocasión se pretende llevar a cabo este propósito, se debe denunciar
abiertamente que lo que se pretende, en realidad, es instaurar una nueva forma
de colonialismo, que, aunque cubierto con honesto nombre constituye una versión
más del antiguo y anacrónico dominio colonial, del que se acaban despojar
recientemente muchas naciones; lo cual, por se contrario a las relaciones que
normalmente unen a los pueblos entre sí, crearía una grave amenaza para la
tranquilidad de todos los países.
&
173.--Razones
de necesidad y de justicia exigen por consiguiente,
que los Estados que prestan
ayuda técnica y financiera a las naciones poco desarrolladas lo hagan sin
intención alguna de dominio político y con el solo propósito de ponerlas en
condiciones de realiza por sí mismas su propia elevación económica y social.
&
174.--Si
se procede de esta manera, se contribuirá no poco a formar una especie de
comunidad de todos los pueblos, dentro de la cual cada Estado, consciente de sus
deberes y de sus derechos, colaborará, en
plano de igualdad, en pro de la prosperidad de
todos los demás países.
&
202.--Sucede
por esto que los Estados aislados, aun cuando descuellen por su cultura y
civilización, el número e inteligencia de sus ciudadanos, el progreso de sus
sistemas económicos, la abundancia de recursos y la extensión territorial, no
pueden, sin embargo, separados de los demás, resolver por sí mismos de manera
adecuada sus problemas fundamentales. Por consiguiente, las naciones, al
hallarse
necesitadas, unas de ayudas complementarias y otras de ulteriores
perfeccionamientos, sólo podrán atender a su propia utilidad mirando simultáneamente
al provecho de los demás. Por
lo cual es de todo punto preciso que los Estados se entiendan bien y se presten
ayuda mutua.
Pacem
in Terris. Juan XXIII:
&
98.--Como
las relaciones internacionales deben regirse por las normas de la verdad y de la
justicia, por ello han de incrementarse por medio de una activa solidaridad física
y espiritual. Esta puede lograrse
mediante múltiples formas de asociación como ocurre en nuestra época, no sin
éxito, en lo que atañe a la economía, la vida socia y política, la
cultura,
la salud
y el deporte. En este punto es
necesario tener a la vista
que la autoridad
pública, por su propia naturaleza, no se ha establecido para recluir al
ciudadano dentro de los límites geográficos de la propia nación, sino para
asegurar ante todo el bien común, el cual no puede ciertamente separarse del
bien propio
de toda la familia humana.
&
99.--Esto
implica que las comunidades políticas, al procurar sus propios intereses, no solamente
no deben perjudicar
a las demás, sino que también todas han de unir sus propósitos y esfuerzos,
siempre que la acción aislada de alguna no baste para conseguir los fines apetecidos;
en esto hay que prevenir con todo empeño que lo que
es ventajoso para ciertas naciones no acarree a las otras más daños que
utilidades.
Gaudium
el Spes. Vaticano II:
&
30.--La
aceptación de las reacciones sociales y sus observancias deben ser consideradas
por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo.
Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre
rebasan los límites de los grupos particulares y se extienden poco a poco al
universo entero. Ello es imposible
si los individuos y los grupos sociales no
cultivan en si mismos y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales,
de forma que se convierta verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una
nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia.
&
85 a).--La
actual unión del género humano exige
que se establezca también una mayor cooperación internacional en el orden económico
pues la realidad es que aunque casi todos los pueblos han alcanzado la
independencia, distan mucho de verse libres de excesivas desigualdades y de toda
suerte de inadmisibles dependencias, así como de alejar de sí el peligro de
las dificultades internas.
b).--El
progreso de un país depende de los medios humanos y financieros de que dispone;
los ciudadanos deben prepararse por medio de la educación y de la formación
profesional, al ejercicio de las diversas funciones de la vida económica y
social. Para esto se requiere colaboración de expertos extranjeros que en su
actuación se comporten no como dominadores, sino como auxiliares y
cooperadores. La ayuda material a
los países en vía de desarrollo no podrá
prestarse si no se operan profundos cambios en las estructuras actuales del
comercio mundial. Los países desarrollados deberán prestar otros tipos de
ayudas, en forma de donativos, préstamos o inversión de capitales; todo lo
cual ha de hacerse con generosidad y sin ambición por parte del que ayuda y con
absoluta honradez por parte del que recibe tal ayuda.
c).--Para
establecer un auténtico orden económico universal hay que acabar con las
pretensiones de lucro excesivo, las ambiciones nacionalistas, el afán de
dominación política, los cálculos de carácter militarista y las
maquinaciones para difundir e imponer las ideologías. Son muchos los sistemas
económicos y sociales que hoy se proponen; es de desear que los expertos sepan
encontrar en ellos los principios básicos comunes de un sano comercio
mundial. Ello será fácil si todos y cada uno deponen sus prejuicios
particulares y se muestran dispuestos a un diálogo sincero.
&
86
b).--Por su parte, los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima
de ayudar a los países en vía de desarrollo a cumplir tales cometidos. Por lo
cual han de someterse a las reformas psicológicas y materiales que se requieren
para crear esta cooperación internacional.
Busquen
así con sumo cuidado en las relaciones comerciales con los países más débiles
y pobres el bien de estos últimos, porque tales pueblos necesitan para su
propia sustentación los beneficios que logran con la venta de sus mercancías.
c).--Es
deber de la comunidad internacional regular y estimular el desarrollo de forma
que los bienes a este fin destinados sean invertidos con la mayor eficacia y
equidad. Pertenece también a dicha comunidad, salvado el principio de la acción
subsidiaria, ordenar las relaciones económicas en todo el mundo para que se
ajusten a la norma de la justicia.