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Conviene
insistir aquí sobre las condiciones del desarrollo, en el plano local o
nacional y en el internacional en ambos a la
vez.
1.°
No puede haber desarrollo donde
faltan los recursos naturales.
Varios
autores han lanzado el slogan «hacer florecer los desiertos» No es
simplemente imposible. Israel, por
ejemplo, ha sabido en pocos años, gracias a la aportación masiva de capitales
y de una población técnicamente formada, sacar el mejor partido de las zonas
desérticas. Pero su ejemplo no
parece renovable ni transportable. Egipto,
por otra parte, después de descubrir, en pleno desierto, capas acuáticas fósiles,
decidió utilizarles para el cultivo. No
es imposible que la experiencia consiga crear una zona de vida vegetal, animal y
humana, que sea próspera durante cierto tiempo. Lo malo es que una capa fósil no pueda existir
indefinidamente; cuando se desgaste seguirá siendo desierto.
Cuando
se vuela sobre el valle del Nilo, uno queda rigurosamente sorprendido de la
estrechez de la faja verde entre montañas que son preludio de los grandes
desierto del Este y Oeste. La
población egipcia, sin embargo, crece tan rápidamente que habría que
encontrarle urgentemente nuevas tierras. Pero
¿dónde? ¿En la presa de Asuán? Pese al sacrificio de uno de los más preciosos
parajes prehistóricos e históricos del mundo, Egipto no tendrá tiempo de
respirar. Se puede mejorar, ciertamente, los rendimientos ya elevados; llegará
un momento en que apenas se podrá cobijar. ¿En el Delta? La concentración de
los puebles es tal, que nos preguntamos cómo una multitud de hombres pueden
continuar viviendo allí, a pesar de los beneficios marginales obtenidos por una
extensión costosa del regadío.
¿Y
qué hacer
del largo desierto de Chile donde no se ha visto una nube desde hace siglos? ¿Y
el Sahara? ¿Cómo han podido vivir allí tanto tiempo camellos y pastores,
aunque haya sido en pequeño número? La explotación de sus petróleos no puede
servir en el mismo terreno. Aunque se crean acá y allá algunos oasis,
extrayendo con grandes gastos, a pesar del bajo precio del combustible, el
agua que corre a gran profundidad.
¿El
desierto salado del Irán? ¿Cómo vivir en él aunque sea interesante utilizar
esta reserva de productos químicos? Y así podríamos seguir alrededor del
mundo. ¿Qué recursos tienen Haití,
la Martinica, la Reunión para alimentar poblaciones insulares ya excesivas?
2.°
No puede haber desarrollo donde no hay
hombres suficientemente formados.
Una
población sub-alimentada, abrumada de enfermedades de masa, en gran parte
analfabeta, no está en las condiciones requeridas para emprender la operación
compleja y larga del desarrollo. El
desarrollo,
en efecto, exige al frente un grupo de selección que pueda analizar
una
situación, tener un plan, hacerse obedecer. Supone también cuadros
intermedios. Exige que la población pueda comprender el gran esfuerzo que debe
aceptar sobre el terreno, asociando este esfuerzo a los esfuerzos paralelos y a
las directrices de los mandos.
Dicho
de otro modo, un país necesita bastantes cabezas que piensen, bastantes personalidades capaces
de comprometerse
en una acción amplia, individuos robustos que puedan asumir tareas difíciles para hacer
frente al desarrollo y proseguirlo. Aunque se acepte el concurso
de
expertos, técnicos, monitores extranjeros, éstos deberán reconocer su propia
impotencia. Se sabe qué difícil es, hasta en los países relativamente
adelantados, encontrar los «homólogos» que continúen la obra.
No es que no se encuentren candidatos, sino que no tienen,
frecuentemente, ni la formación básica suficiente, ni dedicación al trabajo,
ni la resistencia
a su ambición propia, ni quiera, en muchos casos, la resistencia a las
facilidades de malversación. Los mejores elementos son absorbidos por el
gobierno, la administración, la diplomacia, y no hay casi nadie para tareas
consideradas como menos nobles, en particular, próximas a la base.
3.°
No puede haber desarrollo donde los
hombres no están suficientemente unidos.
Hay
que reflexionar en las divisiones señaladas por la historia del pasado y que se agravan con divisiones de nuevo tipo. En
la historia del pasado, ¡cuántas luchas entre
aldeas, tribus, etnias, entre adheridos a religiones diferentes, entre gentes de
diversas castas! Esto continúa.
Los viejos desconfían de los jóvenes que son menos sumisos, los
feudales quieren conservar sus privilegios, los jefes espirituales también.
Lo
hacen
apoyándose en tradiciones aún vivas. Sin
embargo, han aparecido nuevas oposiciones:
partidos o sindicatos de ideologías diferentes, grupos de intereses
ligados, en grado diverso, a fuerzas económicas exteriores, nacionalistas
exagerados y partidarios de urna cierta dependencia del extranjero, afectos al
poder o agresivos para con él, intentan imponer su punto de vista.
En esta confusión, es muy difícil instaurar bien común, que no puede
resultar más que de un esfuerzo colectivo y de un justo reparto de los derechos
y bienes entre todos. Si el gobierno es débil, improvisa decisiones
contradictorias. Si es fuerte, impone un orden ficticio y opresor. En
ambos casos, los derroches son enormes y provocan o múltiples puntos de
estrangulamiento, o realizaciones
de prestigio y gastos extraordinarios para la policía
o el ejército.
La
democracia, a la que se invoca sin embargo, no puede, en estas condiciones,
convertirse en una realidad asociativa. El desarrollo auténtico es imposible.
4.°
No hay desarrollo sin un dispositivo de
desarrollo bien concebido y rápidamente realizado.
Suponiendo
que en los jefes exista una
voluntad vigorosa de provocar el desarrollo,
esta voluntad debe disponer de una máquina de ejecución, capacitada, un
verdadero ministerio de desarrollo compuesto de personalidades suficientemente
abiertas para no entorpecer la acción del organismo central de planificación
y desarrollo, una administración central controlada por directores generales
capaces, jefes regionales y subregionales de gran calidad, un servicio de
animación que haga penetrar en el
sector público, en el privado y hasta en las comunidades básicas, el espíritu
y la vida del desarrollo.
La
dificultad mayor, al principio, está en la falta de hombres. No es posible, por
otra parte, constituir de repente un dispositivo completo.
Lo esencial es poner, desde el comienzo, en los puestos claves hombres
superiores y darles una gran autoridad. Harán lo posible donde estén, con
medios reducidos, sin tener que embrollarse con el papeleo burocrático, que
no dejan de exigir los servicios centrales.
Un responsable regional debe ser un hombre de mucha envergadura, en quien
se tiene confianza y que, en lugar de encerrarse en su despacho para recibir,
sale, rodeado de algunos técnicos, a ver la realidad que tiene que transformar,
es decir, su espacio de acción, y encuentra sobre la marcha los hombres y
fuerzas que debe asociar a su esfuerzo. Si se quiere, de una vez y desde arriba,
proveer todos los puestos teóricamente deseables, no se hace más que implantar
una administración pesada e introducir seres incapaces que obstruirán por
mucho tiempo la máquina de desarrollo e impedirán que funcione. Sólo poco a
poco será posible llegar al esquema ideal teórico.
Mientras tanto algunos hombres capaces pueden emprender el desarrollo
regional y subregional. Es más importante dedicarles a este trabajo creador que
multiplicar, demasiado pronto puestos diplomáticos no indispensables. La gestión
y la propagación del desarrollo pueden efectuarse sin la pesada y estática
administración que ostentan los países ya desarrollados.
5.°
No habrá desarrollo sin planificación.
La
planificación tiene sus métodos y reglas de aplicación en las que los
responsables deben estar iniciados, no para seguir de modo simplista las
elaboraciones hechas por gentes del exterior, sino para inventar y adatar ante
los casos precisos que tienen que solucionar.
Es
muy fácil pretender planificar mediante fórmulas.
La planificación se aprende viviéndola en el contacto continuo con las
realidades básicas y en la
percepción
progresiva de los conjuntos de los que depende la evolución,
feliz o desgraciada, de la base. No es que haya que descuidar los modelos
que faciliten la coherencia de un plan general. Sus indicaciones son útiles
como puntos apoyo, pero su aplicación, sin discernimiento, es peligrosa. Ellos
simplifican demasiado la complejidad
de la estructura
y de la coyuntura, incluso en lo que
respecta
a los datos más directamente económicos.
En cuanto a los extraeconómicos, no admitiéndolos más que por
marginalidad, elasticidad, o las propensiones expresadas en cifras dudosas, no
se puede contar con ellos para su
inserción sino a título indicativo. Múltiples
modelos parciales pueden, sin embargo, ser utilizados con el fin de proyectar,
entre ciertos límites, unas probabilidades de evolución. Estas reservas con
respecto a los métodos, llamados científicos, conducen a abordar la planificas
de manera diferente y en realidad más científica, aunque calificada de empírica.
La
planificación es para el hombre y no el hombre para la planificación. Es indispensable, pues, comenzar por
mirar donde está el hombre, sin contentarse con medir su ganancia y su gasto,
el rendimiento de su actividad profesional, la eficacia de
las técnicas que emplea. Todo
esto ciertamente, debe ser analizado; pero paralelamente a estas situaciones
directamente económicas, hay que considerarlo en sí mismo, en su salud, en su
esperanza de vida, vivienda, medios de protección contra el calor y el frío.
Hay que colocarlo en su vida familiar y colectiva, observar su grado de
Libertad, comprender en que «cultura»
se ha desenvuelto o debilitando, qué presiones
sufre, qué ayudas recibe, qué temores le asaltan. Hay
que reconocer que equilibrio puede alcanzar, qué valores posee, cuál es
su explicación del universo, cuáles son sus esperanzas, cómo concibe su
destino, de qué manera siente la religión.
Mientras no se comprenda al hombre, es ilusorio pretender ayudarle.
Pero
si se le ha hecho reflexionar por el conocimiento y el amor, se le puede servir
con eficacia. No se trata de
imponerle fórmulas hechas, muchas veces importadas y que le destrozan. Se le ha
encontrado donde esta, se han dado cuenta de lo que le mueve a superarse y de lo
que le amenaza, para ayudarle, es necesario
buscar y descubrir en concreto las vías efectivamente practicables.
En
esta perspectiva, estamos lejos de la actitud a la vez altanera y simplista de
muchos peritos, maestros, monitores y hasta misioneros cristianos.
No se ve bien
sino amando. No se realiza a fondo
el estudio del prójimo a no ser que se le lleve cada vez más dentro de sí. «Postura
muy poco científica», dirán algunos, obsesionados por lo cuantitativo. Pero de
hecho, es la postura .mas científica, porque el objeto del desarrollo como
disciplina del saber y de la acción, es el hombre y lo que le rodea, y el
sujeto del desarrollo como beneficiario, es también el hombre.
Esto
no quiere decir que no haya que medir lo
que se puede, ni que Haya que menospreciar los métodos de cada ciencia social
relacionada. Tales medidas y métodos
son tanto más luminosos cuanto mayor conocimiento se ha adquirido de todo lo
que explica y condiciona el
comportamiento de un grupo humano, y porque amando
a los hombres, se convierte en uno más de ellos.
No
basta,
en el desarrollo, determinar la necesidad humana comparando los diversos
aspectos de su situación con una norma que sería aplicable en todas partes. La comparación debe hacerse con lo que podría llegar a ser
un hombre o un grupo, partiendo de lo que son y según las posibilidades de acción
de las que se dispone. Como decía Marx, «no se trata de contemplar el mundo,
si de transformarlo». Comenzando por estudiar al hombre, comprenderlo, estimar
hasta dónde, por su propio esfuerzo y la ayuda que se le dé, nos hacemos
aptos, con él, ayudarle a ser un
hombre.
La
razón de los fracasos de muchos que se
han dedicado al desarrollo y la planificación es que han creído, de buenas a
primeras, que el impacto de la civilización científica y técnica es siempre
beneficioso. Esto es terriblemente
peligroso, cuando destruye valores y no está cargado de amor.
Si es un mar de fondo provocado por la actividad de esos volcanes lejanos
que llaman polos de desarrollo económico, extenderá su ruina en el tercer
mundo. La función no es inundar,
sino regar. Hace falta además que
unas presas limiten su invasión y que unos canales primarios, secundarios y
terciarios distribuyan bien su caudal.
El
desarrollo supone, previamente, el análisis de las estructuras que condicionan
al hombre; estructura física, estructura social, estructura de las
colectividades. No se pueden, sin fijar metas, determinar los medios de
alcanzarlas...
El
responsable autóctono regional que ha vivido la
historia antecedente, si no se ha alienado en una civilización exterior,
es mucho más apto para emprender la totalidad de las estructuras en su
complejidad, que el experto llamado al principio para el primer plan.
Una gran ventaja para él es
que no está atado por los plazos demasiados cortos que se imponen a los
planificadores extranjeros. Tiene tiempo de conocer a fondo -libre es de hacerse
ayudar en algunas indagaciones por extranjeros-
lo que el perito extranjero más cualificado no puede analizar más que
superficialmente. Sin embargo, su
análisis regional no bastaría para establecer un plan regional que deba
inscribirse en el plan nacional. Es
indispensable que conozca en qué contexto nacional e internacional va a
colocarse su acción. Aquí las
cuentas económicas nacionales y cierto conocimiento de la coyuntura
supranacional deben permitirle situar las operaciones que tiene que emprender en
un contexto más amplio, que condicione la calidad de sus decisiones y
orientaciones.
Es
lamentable que los planes nacionales hayan sido hasta ahora principalmente, sino
casi exclusivamente, de base sectorial, sin que los autores de sus planes hayan
utilizado bastante las estudios regionales.
Un buen plan supone las dos clases de trabajos, sectorial y regional, El
primer plan no puede ser más que una aproximación, aun deficiente, para
facilitar el arranque del desarrollo. Es
necesario que poco a poco se ajuste, en la línea vertical
y sobre las plataformas horizontales superpuestas, a las diversas escalas
territoriales.
Se
creyó con exceso que la
planificación
consiste en una sucesión de planes de periodo medio, cuando la planificación
debe ser continua, probarse en la
experiencia,
adaptarse a las evoluciones estructurales y coyunturales. El plan debe llegar a
ser vivo, en la cooperación ininterrumpida entre su organismo central y
sus organismos regionales, entre los que buscan la coherencia de conjunto y los que se enfrentan diariamente a
las resistencias de la naturaleza y de las comunidades restringidas.
Lo esencias no es fijar porcentajes ilusorios de crecimiento económico,
sino asentar, con orden y según lo posible, las causas del desarrollo
armonizado. Del mismo modo lo mis importante en planificación es comenzar por
un plan prospectivo (a larggo plazo) después de haberse formado una
idea de las potencialidades diversas que
ofrece el país,
considerado como complejo físico, población, comprador y proveedor de
bienes en el exterior.
Este
plan que define la política general, en una coyuntura dada, nada tiene de rígido.
Debe evolucionar conforme a las evoluciones coyunturales. Constituye el
proyecto nacional de reajuste sin que se pueda precisar el plazo de su
realización. Ofrece una perspectiva constructiva de utilización de los
recursos y de coordinas de la valorización.
Los
planes sucesivos de período medio cortan en series de realizaciones el avance
deseado, pero ellos mismos están sujetos a reajustes según los obstáculos
encontrados y las facilidades nuevas que resultan del descubrimiento de recursos
anterior es desconocidos o de una mejora de las relaciones con otros países.
La
programación estrictamente dicha se basa en el corto plazo, durante el cual hay
que organizar los compromisos de gastos y las operaciones en función del plan
de plazo medio, periódicamente referido cada dos años por ejemplo, al número
de años escogidos para el período. Esta
concepción de la planificación continua comienza a sustituir a la antigua de
planes rígidos de período. El
plan no es ya un acto puesto cada 4, 5 ó 6 años, sino
la expresión de un estudio ininterrumpido, en realidad más científico
que las proyecciones fatalmente presuntuosas en la estimación hasta hace poco.
Los
países en desarrollo toman más conciencia de que el plan debe ser
su plan, con la posibilidad de recurrir por algún tiempo a consejeros
exteriores que no se imponen. Quieren
ser dueños de su destino, más dispuestos a utilizar técnicos y monitores
extranjeros en las regiones y en la base.
La animación tiende a convertirse en la
«promoción
humana», lo que abre una asociación más estrecha entre las comunidades
elementales y los mandos. El punto negro es la insuficiencia de cuadros medios
que deberán asumir poco a poco la elevación del nivel de instrucción y la multiplicación
de pequeños institutos especializados de formación.
Se
llega a admitir que el desarrollo no puede efectuarse sino por un doble
movimiento: un descenso de cumbre a
la base a través de escalas intermediarias y una elevación de la base a la
cumbre por las mismas escalas. (Cf. esquema puesto a continuación).
Pero el segundo movimiento debe expresarse poco a poco a través de
grupos representativos, gracias a los cuales se establecerá la democracia real.
6.°
No puede haber desarrollo sin una firme
voluntad política de desarrollo.
En
muchos países, el desarrollo no se inicia o se inicia mal, porque el gobierno
no lo convierte en su primer objetivo, no porque el gobierno sea opuesto al
desarrollo, sino que no capta ni su naturaleza, ni sus dimensiones, ni sus
condiciones. En el peor de
los casos, desarrollar es para ellos imitar a Occidente, estructurar el Estado
conforme a los esquemas Occidentales, tener una capital de estilo occidental,
fundar una universidad de tipo occidental. En los casos medios, es hacer
establecer un plan por consejeros extranjeros; una vez promulgado el plan, se
realizará por sí mismo, y tanto más de prisa cuanto que se puede aducir su
existencia, para obtener más asistencia financiera.
Juzgar de la
objetividad del
plan y de su aplicabilidad es asunto de especialistas. La cámara legislativa
aceptará el plan sin discutirlo a fondo. En
algunos casos excepcionales, el Jefe del estado o el Presidente del Consejo
tiene una cultura económica suficiente para comprenderlo, pero los ministros
no, Realizan operaciones fuera del plan que desequilibran todo el dispositivo,
destruyendo la coherencia.
Además, los grupos de presión trabajan para impedir la realización de
los programas que comprometerían su libertad y sus privilegios.
Como
ningún plan se realiza con exactitud, por falta de colaboradores competentes de
la cumbre
a la base
y también como consecuencia de imprevistos que se encuentran tanto en el
interior como en el exterior, hay que tener la inteligencia y el valor de hacer
las adaptaciones necesarias y restablecer la coherencia.
El hombre de Estado que quiere
de veras el desarrollo, choca con múltiples opositores,
ataques hábiles, sabotajes premeditados.
Para triunfar, a pesar de todo, le hace falta una firmeza muy
excepcional, una tenacidad inflexible, a la vez que una lucidez en sumo grado,
sin lo cual los recursos naturales, las estructuras nuevas y la planificación
continuarán totalmente inoperantes.
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