DESARROLLO = REVOLUCION SOLIDARIA
(extractos)
L.J. Lebret O.P. 
(con la colaboración de R. Delprat y M.F. Desbruyeres)
IV
CONDICIONES DEL DESARROLLO

 

Conviene insistir aquí sobre las condiciones del desarrollo, en el plano local o nacional y en el internacional en ambos a la vez.

1.°     No puede haber desarrollo donde faltan los recursos naturales.

Varios autores han lanzado el slogan «hacer florecer los desiertos» No es simplemente imposible.  Israel, por ejemplo, ha sabido en pocos años, gracias a la aportación masiva de capitales y de una población técnicamente formada, sacar el mejor partido de las zonas desérticas.  Pero su ejemplo no parece renovable ni transportable.  Egipto, por otra parte, después de descubrir, en pleno desierto, capas acuáticas fósiles, decidió utilizarles para el cultivo.  No es imposible que la experiencia consiga crear una zona de vida vegetal, animal y humana, que sea próspera durante cierto tiempo.  Lo malo es que una capa fósil no pueda existir indefinidamente; cuando se desgaste seguirá siendo desierto.

Cuando se vuela sobre el valle del Nilo, uno queda rigurosamente sorprendido de la estrechez de la faja verde entre montañas que son preludio de los grandes desierto del Este y Oeste.  La población egipcia, sin embargo, crece tan rápidamente que habría que encontrarle urgentemente nuevas tierras.  Pero ¿dónde? ¿En la presa de Asuán? Pese al sacrificio de uno de los más pre­ciosos parajes prehistóricos e históricos del mundo, Egipto no tendrá tiempo de respirar. Se puede mejorar, cierta­mente, los rendimientos ya elevados; llegará un momento en que apenas se podrá cobijar. ¿En el Delta? La concentración de los puebles es tal, que nos preguntamos cómo una multitud de hombres pueden continuar viviendo allí, a pesar de los beneficios marginales obtenidos por una extensión costosa del regadío.

¿Y  qué hacer del largo desierto de Chile donde no se ha visto una nube desde hace siglos? ¿Y el Sahara? ¿Cómo han podido vivir allí tanto tiempo camellos y pastores, aunque haya sido en pequeño número? La explotación de sus petróleos no puede servir en el mismo terre­no. Aunque se crean acá y allá algunos oasis, extrayendo con grandes gastos, a pesar del bajo precio del combus­tible, el agua que corre a gran profundidad.

¿El desierto salado del Irán? ¿Cómo vivir en él aunque sea interesante utilizar esta reserva de productos químicos? Y así podríamos seguir alrededor del mundo.  ¿Qué recursos tienen Haití, la Martinica, la Reunión para alimentar poblaciones insulares ya excesivas?

2.° No puede haber desarrollo donde no hay hombres suficientemente formados.

Una población sub-alimentada, abrumada de enfer­medades de masa, en gran parte analfabeta, no está en las condiciones requeridas para emprender la operación compleja y larga del desarrollo. El desarrollo, en efecto, exige al frente un grupo de selección que pueda analizar una situación, tener un plan, hacerse obedecer. Supone también cuadros intermedios. Exige que la población pueda comprender el gran esfuerzo que debe aceptar sobre el terreno, asociando este esfuerzo a los esfuerzos paralelos y a las  directrices de los mandos.

Dicho de otro modo, un país necesita bastantes cabezas que piensen, bastantes personalidades capaces de comprometerse en una acción amplia, individuos robustos que puedan asumir tareas difíciles para hacer frente al desarrollo y proseguirlo. Aunque se acepte el concurso de expertos, técnicos, monitores extranjeros, éstos deberán reconocer su propia impotencia. Se sabe qué difícil es, hasta en los países relativamente adelantados, encontrar los «homólogos» que continúen la obra.  No es que no se encuentren candidatos, sino que no tienen, frecuentemente, ni la formación básica suficiente, ni dedicación al trabajo, ni la resistencia a su ambición propia, ni quiera, en muchos casos, la resistencia a las facilidades de  malversación.  Los mejores elementos son absorbidos por el gobierno, la administración, la diplomacia, y no hay casi nadie para tareas consideradas como menos nobles, en particular, próximas a la base.

3.°  No puede haber desarrollo donde los hombres no están suficientemente unidos.

Hay que reflexionar en las divisiones señaladas por la historia del pasado y que se agravan con divisiones de nuevo tipo. En  la historia del pasado, ¡cuántas luchas entre aldeas, tribus, etnias, entre adheridos a religiones diferentes, entre gentes de diversas castas!  Esto continúa.  Los viejos desconfían de los jóvenes que son menos sumisos, los feudales quieren conservar sus privilegios, los jefes espirituales también.  Lo hacen apoyándose en tradiciones aún vivas.  Sin embargo, han aparecido nuevas oposiciones:  partidos o sindicatos de ideologías diferentes, grupos de intereses ligados, en grado diverso, a fuerzas económicas exteriores, nacionalistas exagerados y partidarios de urna cierta dependencia del extranjero, afectos al poder o agresivos para con él, intentan imponer su punto de vista.  En esta confusión, es muy difícil instaurar bien común, que no puede resultar más que de un esfuerzo colectivo y de un justo reparto de los derechos y bienes entre todos. Si el gobierno es débil, improvisa decisiones  contradictorias. Si es fuerte, impone un orden ficticio y opresor. En ambos casos, los derroches son enormes y provocan o múltiples puntos de estrangulamiento, o realizaciones de prestigio y gastos extraordinarios para la po­licía o el ejército.

La democracia, a la que se invoca sin embargo, no puede, en estas condiciones, convertirse en una realidad asociativa. El desarrollo auténtico es imposible.

4.° No hay desarrollo sin un dispositivo de desarrollo bien concebido y rápidamente realizado.

Suponiendo que en los jefes exista una voluntad vigorosa de provocar el desarrollo, esta voluntad debe disponer de una máquina de ejecución, capacitada, un verdadero ministerio de desarrollo compuesto de personali­dades suficientemente abiertas para no entorpecer la ac­ción del organismo central de planificación y desarrollo, una administración central controlada por directores generales capaces, jefes regionales y subregionales de gran calidad, un servicio de animación que haga penetrar en el sector público, en el privado y hasta en las comunida­des básicas, el espíritu y la vida del desarrollo.

La dificultad mayor, al principio, está en la falta de hombres. No es posible, por otra parte, constituir de repente un dispositivo completo.  Lo esencial es poner, desde el comienzo, en los puestos claves hombres superiores y darles una gran autoridad. Harán lo posible donde estén, con medios reducidos, sin tener que embro­llarse con el papeleo burocrático, que no dejan de exigir los servicios centrales.  Un responsable regional debe ser un hombre de mucha envergadura, en quien se tiene confianza y que, en lugar de encerrarse en su despacho para recibir, sale, rodeado de algunos técnicos, a ver la realidad que tiene que transformar, es decir, su espacio de acción, y encuentra sobre la marcha los hombres y fuerzas que debe asociar a su esfuerzo. Si se quiere, de una vez y desde arriba, proveer todos los puestos teóricamente deseables, no se hace más que implantar una adminis­tración pesada e introducir seres incapaces que obstruirán por mucho tiempo la máquina de desarrollo e impedirán que funcione. Sólo poco a poco será posible llegar al esquema ideal teórico.  Mientras tanto algunos hombres capaces pueden emprender el desarrollo regional y subregional. Es más importante dedicarles a este trabajo creador que multiplicar, demasiado pronto puestos diplomáticos no indispensables. La gestión y la propagación del desarrollo pueden efectuarse sin la pesada y estática administración que ostentan los países ya desarrollados.

5.° No habrá desarrollo sin planificación.

La planificación tiene sus métodos y reglas de aplicación en las que los responsables deben estar iniciados, no para seguir de modo simplista las elaboraciones hechas por gentes del exterior, sino para inventar y adatar ante los casos precisos que tienen que solucionar.

Es muy fácil pretender planificar mediante fórmulas.  La planificación se aprende viviéndola en el contacto continuo con las realidades básicas y en la percepción progresiva de los conjuntos de los que depende la evolución,  feliz o desgraciada, de la base. No es que haya que descuidar los modelos que faciliten la coherencia de un plan general. Sus indicaciones son útiles como puntos apoyo, pero su aplicación, sin discernimiento, es peligrosa. Ellos simplifican demasiado la complejidad de la estructura y de la coyuntura, incluso en lo que respecta a los datos más directamente económicos.   En cuanto a los extraeconómicos, no admitiéndolos más que por marginalidad, elasticidad, o las propensiones expresadas en cifras dudosas, no se puede contar con ellos para  su inserción sino a título indicativo.  Múltiples modelos parciales pueden, sin embargo, ser utilizados con el fin de proyectar, entre ciertos límites, unas probabilidades de evolución. Estas reservas con respecto a los métodos, llamados científicos, conducen a abordar la planificas de manera diferente y en realidad más científica, aunque calificada de empírica.

La planificación es para el hombre y no el hombre para la planificación. Es indispensable, pues, comenzar por mirar donde está el hombre, sin contentarse con medir su ganancia y su gasto, el rendimiento de su actividad profesional, la eficacia de las técnicas que emplea.   Todo esto ciertamente, debe ser analizado; pero parale­lamente a estas situaciones directamente económicas, hay que considerarlo en sí mismo, en su salud, en su esperanza de vida, vivienda, medios de protección contra el calor y el frío.   Hay que colocarlo en su vida familiar y colectiva, observar su grado de Libertad, comprender en que «cultura» se ha desenvuelto o debilitando, qué presiones sufre, qué ayudas recibe, qué temores le asaltan. Hay que reconocer que equilibrio puede alcanzar, qué valores posee, cuál es su explicación del universo, cuáles son sus esperanzas, cómo concibe su destino, de qué ma­nera siente la religión.  Mientras no se comprenda al hom­bre, es ilusorio pretender ayudarle.

Pero si se le ha hecho reflexionar por el conocimiento y el amor, se le puede servir con eficacia.  No se trata de imponerle fórmulas hechas, muchas veces importadas y que le destrozan. Se le ha encontrado donde esta, se han dado cuenta de lo que le mueve a superarse y de lo que le amenaza, para ayudarle, es  necesario buscar y descubrir en concreto las vías efectivamente practicables.

En esta perspectiva, estamos lejos de la actitud a la vez altanera y simplista de muchos peritos, maestros, monitores y hasta misioneros cristianos.  No se ve bien sino amando.  No se realiza a fondo el estudio del prójimo a no ser que se le lleve cada vez más dentro de sí. «Postura muy poco científica», dirán algunos, obsesionados por lo cuantitativo. Pero de hecho, es la postura .mas científi­ca, porque el objeto del desarrollo como disciplina del saber y de la acción, es el hombre y lo que le rodea, y el sujeto del desarrollo como beneficiario, es también el hombre.

Esto no quiere decir que no haya que medir  lo que se puede, ni que Haya que menospreciar los métodos de cada ciencia social relacionada.  Tales medidas y métodos son tanto más luminosos cuanto mayor conocimien­to se ha adquirido de todo lo que explica y condiciona  el comportamiento de un grupo humano, y porque  amando a los hombres, se convierte en uno más de ellos.

No basta, en el desarrollo, determinar la necesidad humana comparando los diversos aspectos de su situación con una norma que sería aplicable en todas partes.  La comparación debe hacerse con lo que podría llegar a ser un hombre o un grupo, partiendo de lo que son y según las posibilidades de acción de las que se dispone. Como decía Marx, «no se trata de contemplar el mundo, si de transformarlo». Comenzando por estudiar al hombre, comprenderlo, estimar hasta dónde, por su propio esfuerzo y la ayuda que se le dé, nos hacemos aptos, con él,  ayudarle a ser un hombre.

La razón de los fracasos de muchos que se han dedicado al desarrollo y la planificación es que han creído, de buenas a primeras, que el impacto de la civilización científica y técnica es siempre beneficioso.  Esto es terriblemente peligroso, cuando destruye valores y no está cargado de amor.  Si es un mar de fondo provocado por la actividad de esos volcanes lejanos que llaman polos de desarrollo económico, extenderá su ruina en el tercer mundo.  La función no es inundar, sino regar.  Hace falta además que unas presas limiten su invasión y que unos canales primarios, secundarios y terciarios distribuyan bien su caudal.

El desarrollo supone, previamente, el análisis de las estructuras que condicionan al hombre; estructura física, estructura social, estructura de las colectividades. No se pueden, sin fijar metas, determinar los medios de alcanzarlas...

El responsable autóctono regional que ha vivido la  historia antecedente, si no se ha alienado en una civilización exterior, es mucho más apto para emprender la totalidad de las estructuras en su complejidad, que el experto llamado al principio para el primer plan.  Una gran  ventaja para él es que no está atado por los plazos demasiados cortos que se imponen a los planificadores extranjeros. Tiene tiempo de conocer a fondo -libre es de hacerse ayudar en algunas indagaciones por extranjeros-  lo que el perito extranjero más cualificado no puede analizar más que superficialmente.  Sin embargo, su análisis regional no bastaría para establecer un plan regional que deba inscribirse en el plan nacional.  Es indispensable que conozca en qué contexto nacional e internacional va a colocarse su acción.  Aquí las cuentas económicas nacionales y cierto conocimiento de la coyuntura supranacional deben permitirle situar las operaciones que tiene que emprender en un contexto más amplio, que condicione la calidad de sus decisiones y orientaciones.

Es  lamentable que los  planes nacionales hayan sido hasta ahora principalmente, sino casi exclusivamente, de base sectorial, sin que los autores de sus planes hayan utilizado bastante las estudios regionales.   Un buen plan supone las dos clases de trabajos, sectorial y regional, El primer plan no puede ser más que una aproximación, aun deficiente, para facilitar el arranque del desarrollo.  Es necesario que poco a poco se ajuste, en la línea vertical  y sobre las plataformas horizontales superpuestas, a las diversas escalas territoriales.

Se creyó con exceso que la planificación consiste en una sucesión de planes de periodo medio, cuando la planificación debe ser continua, probarse en la experiencia, adaptarse a las evoluciones estructurales y coyunturales. El plan debe llegar a ser vivo, en la cooperación ininterrumpida entre su organismo central y sus organismos regionales, entre los que buscan la  coherencia de conjunto y los que se enfrentan diariamente a las resistencias de la naturaleza y de las comunidades restringidas.  Lo esencias no es fijar porcentajes ilusorios de crecimiento económico, sino asentar, con orden y según lo posible, las causas del desarrollo armonizado. Del mismo modo lo mis impor­tante en planificación es comenzar por un plan prospectivo  (a larggo plazo) después de haberse formado una idea de las potencialidades diversas que ofrece el país, conside­rado como complejo físico, población, comprador y pro­veedor de bienes en el exterior.

Este plan que define la política general, en una coyuntura dada, nada tiene de rígido. Debe evolucionar conforme a las evoluciones coyunturales. Constituye el  proyecto nacional de reajuste sin que se pueda precisar el plazo de su realización. Ofrece una perspectiva constructiva de utilización de los recursos y de coordinas de la valorización.

Los planes sucesivos de período medio cortan en series de realizaciones el avance deseado, pero ellos mismos están sujetos a reajustes según los obstáculos encontrados y las facilidades nuevas que resultan del descubrimiento de recursos anterior es desconocidos o de una mejora de las relaciones con otros países.

La programación estrictamente dicha se basa en el corto plazo, durante el cual hay que organizar los compromisos de gastos y las operaciones en función del plan de plazo medio, periódicamente referido cada dos años por ejemplo, al número de años escogidos para el período.  Esta concepción de la planificación continua comienza a sustituir a la antigua de planes rígidos de período.   El plan no es ya un acto puesto cada 4, 5 ó 6 años, sino la expresión de un estudio ininterrumpido, en realidad más científico que las proyecciones fatalmente presuntuosas en la estimación hasta hace poco.

Los países en desarrollo toman más conciencia de que el plan debe ser su plan, con la posibilidad de recurrir por algún tiempo a consejeros exteriores que no se imponen.  Quieren ser dueños de su destino, más dispuestos a utilizar técnicos y monitores extranjeros en las regiones y en la base. La animación tiende a convertirse en la «promoción humana», lo que abre una asociación más estrecha entre las comunidades elementales y los mandos. El punto negro es la insuficiencia de cuadros medios que deberán asumir poco a poco la elevación del nivel de instruc­ción y la multiplicación de pequeños institutos especializados de formación.

Se llega a admitir que el desarrollo no puede efectuarse sino por un doble movimiento: un descenso de  cumbre a la base a través de escalas intermediarias y una elevación de la base a la cumbre por las mismas escalas. (Cf. esquema puesto a continuación).  Pero el segundo movimiento debe expresarse poco a poco a través de grupos representativos, gracias a los cuales se establecerá la democracia real.

6.° No puede haber desarrollo sin una firme voluntad política de desarrollo.

En muchos países, el desarrollo no se inicia o se inicia mal, porque el gobierno no lo convierte en su primer objetivo, no porque el gobierno sea opuesto al desarrollo, sino que no capta ni su naturaleza, ni sus dimensiones, ni sus condiciones.  En el  peor de los casos, desarrollar es para ellos imitar a Occidente, estructurar el Estado conforme a los esquemas Occiden­tales, tener una capital de estilo occidental, fundar una universidad de tipo occidental. En los casos medios, es hacer establecer un plan por consejeros extranjeros; una vez promulgado el plan, se realizará por sí mismo, y tanto más de prisa cuanto que se puede aducir su existencia, para obtener más asistencia financiera.  Juzgar de la objetividad del plan y de su aplicabilidad es asunto de especialistas. La cámara legislativa aceptará el plan sin discutirlo a fondo.  En algunos casos excepcionales, el Jefe del estado o el Presidente del Consejo tiene una cultura económica suficiente para comprenderlo, pero los ministros no, Realizan operaciones fuera del plan que desequilibran todo el dispositivo, destruyendo la coherencia.   Además, los grupos de presión trabajan para impedir la realización de los programas que comprometerían su libertad y sus privilegios.

Como ningún plan se realiza con exactitud, por falta de colaboradores competentes de la cumbre a la base y también como consecuencia de imprevistos que se encuentran tanto en el interior como en el exterior, hay que tener la inteligencia y el valor de hacer las adaptaciones necesarias y restablecer la coherencia.  El hombre de Estado que quiere de veras el desarrollo, choca con múltiples opositores, ataques hábiles, sabotajes premeditados.  Para triunfar, a pesar de todo, le hace falta una firmeza muy excepcional, una tenacidad inflexible, a la vez que una lucidez en sumo grado, sin lo cual los recursos naturales, las estructuras nuevas y la planificación continuarán totalmente inoperantes.



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