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¿Qué es realmente el
desarrollo?
Se
han cometido muchos errores a este respecto. Desarrollar ¿es sólo
modernizarse? ¿Es dar una estructura política y administrativa
casi parecida a la
de los países llamados desarrollados?
Muchos
también han confundido desarrollo y crecimiento.
Para
comprender lo que es el desarrollo, es necesario referirse al
crecimiento de los seres vivos, de donde viene la
expresión.
El vegetal no es sólo una yuxtaposición de la raíz, del
tronco, ramas, hojas, flores o frutos. La raíz extrae del suelo
el agua y los principios nutritivos, las hojas respiran en
intercambio con la atmósfera y se enriquecen de la energía
solar. El vegetal crece de acuerdo con una armonía interna. Lleva en sí mismo
el principio de armonía, su capacidad de resistencia a las
agresiones, su poder de adaptación al medio que le rodea.
El
árbol soporta que, para aumentar su belleza o su rendimiento en frutos,
se
le corten algunas ramas, se le pode. Brota después
más erguido hacia el cielo,
más airoso de follaje y más fácil de cuidar.
La hevea cuyo
suelo se enriquece da más látex.
Las flores que sabemos fecundar bien, llegan a ser más
hermosas. Todo esto
porque cada planta Lleva en sí misma su orden de perfeccionamiento.
El
animal también: las razas mejor alimentadas se perfeccionan, los
cruces permiten una mayor adaptación a los climas. El ser vivo,
situado en las condiciones más diversas, encuentra su vía de
defensa y expansión.
El
desarrollo del hombre, a diferencia de los seres totalmente
determinados por su ley interna, alcanzan su máximo valor por la serie de
sus
libres elecciones. Está
parcialmente determinado, es verdad, por su medio familiar
y la cultura en la que nace, por las iniciaciones o la formación
científica que marcan su educación por los nuevos ambientes en
los que se encuentra enraizado.
El hombre sin embargo, desde que tiene conciencia, triunfa
sobre todo por su esfuerzo, pero, para completarlo, debe adaptarse
a las posibilidades y exigencias de
su naturaleza. También él necesita ser podado y tallado.
Si recibe de su civilización, gana aún más recibiendo de
las restantes civilizaciones, a condición de que sepa asimilar
las aportaciones exteriores sin ser íntimamente
dominado por ellas.
Ocurre
lo mismo con los
pueblos. En período
estático, la
cultura
de la que son tributarios y su trabajo aseguran su persistencia.
Las formas tradicionales de colectiva los protegen de las
desviaciones. Sus mitos les explican el mundo, y con mucha
frecuencia, están cargados de significaciones religiosas, hasta
la comunión con el cosmos o hasta alguna forma de adhesión al
Dios único. Interpretaciones
que nos pueden parecer extraviadas y el clima de una cultura daban
al hombre pese al temor supersticioso, una consistencia en su vida
íntimamente unidas a la
naturaleza. Pero cuando se produce
el choque con civilizaciones científicas, técnicas, de
importacíón-exportación,
la vida colectiva tradicional es afectada en lo más profundo.
La
higiene y la
medicina
de Occidente impide que
una parte de los niños mueran en edad temprana, prolongando así
su existencia. Es
preciso
responder a este crecimiento
de población. Ahora
que los dominios coloniales se han atenuado y hasta teóricamente
suprimiendo, cada
pueblo debe, en el cuadro de su independencia, proveer a las
necesidades agravadas por el espejismo de la prosperidad que da el
progreso material y por el aumento rápido de las bocas que hay
que alimentar. Se necesitan ahora más cereales, tubérculos,
ganado, leche, tejidos; hay que comprar más objetos. Tendríamos
que producirlos en el país mismo, durante mucho tiempo aún
habrá que comprarlos en el exterior.
Los
esfuerzos espontáneos de aldeas dispersas no pueden bastar,
aunque intervenga alguna asistencia exterior, para aportar técnicas
aplicables, herramientas más eficaces, cultivos nuevos, una
instrucción primaria, una mejor organización del trabajo; no
hay ante estas dificultades más medio que un conjunto de acciones
coordinadas en el espacio y en el tiempo para la totalidad del
territorio soberano definido por unas fronteras nacionales.
Iniciativas
locales, disposiciones regionales, intervenciones del Estado
dejan entonces de ser incoherentes. Las enfermedades internas,
causadas por el desequilibrio de fuerzas, se pueden curar,
particularmente los cánceres que provocan los grupos organizados
de intereses, preocupados de polarizar las actividades en su
provecho. Se toman medidas para que el pueblo llegue a ser verdaderamente
un pueblo entregado a una obra común; mientras una población no
sea consciente de las solidaridades que unen a unas regiones y
capas sociales con otra, no es aún un verdadero .pueblo.
Mientras una nación sea sólo
una entidad nominal compuesta de poblaciones yuxtapuestas, no
será todavía una nación. Mientras
las familias, pueblos, ciudades, asociaciones libres,
administraciones y poder, no se adhieran a un designio
colectivo, para utilizar, con vistas al bien común, todos los
recursos naturales y la energía de los hombres, la nación no está
aún hecha. A diferencia de las plantas y animales que llevan en
si mismos el principio de organización y armonía, cada, hombre
inserto en cualquier cultura que no le determina más que en
parte, se procura una personalidad, un semblante. Pero para
constituir una comunidad nacional, no puede ser suficiente un solo
hombre o un solo grupo, aun cuando cierto gobierno o aristocracia
o asociación de intereses o movimiento ideológico logre dominar
la población. Mientras la
población
no sea una y coopere no habrá «pueblo». Mientras no haya
organización, institución, un alma colectiva, no habrá «nación».
El nacimiento de un pueblo, la formación de una nación no se
logra sin la participación voluntaria
de la multitud animada por un proyecto y creando, por encima de
las culturas parciales de sus grupos, una cultura de conjunto. Sin
esto las fracciones de población serán oprimidas. La obligación
actual para cada nación, que trata de responder a su crecimiento
de población, en alimentos, vestidos, vivienda, una mejor
instrucción y educación, exige un gran esfuerzo colectivo,
medidas coherentes, la protección y valoración ordenada de las
potencialidades físicas y humanas.
En
el I. R. F. E. D.
(Instituto Internacional de Investigación y Formación en pro del
Desarrollo), definimos el desarrollo como «la serie de etapas,
para una población determinada y las fracciones que la componen,
de una fase menos humana a otra más humana, al ritmo más rápido
posible, al coste menos elevado posible, habida cuenta de la
solidaridad entre las fracciones de la población nacional y de la
solidaridad entre las naciones».
Esta
definición nos parece completa y responde todas las exigencias señaladas
hasta aquí. El
desarrollo no
es nunca algo acabado, en lo que uno pueda detener por esencia es
dinámico. Es un
movimiento, una serie de evoluciones o más exactamente series
coordina de evoluciones.
El
desarrollo es el crecimiento continuo, bajo todos
los aspectos, del gran viviente colectivo que es un pueblo,
en el que están asociados grupos diferentes de poblaciones,
localizados en regiones diversas, pertenecientes a capas sociales
distintas o dedicados a actividades particulares.
Es, pues, un error considerar sólo el desarrollo económico
Iimitándose por otra parte al
crecimiento económico
que se traduce en aumento de la renta, global dividido por el número
de habitantes.
El
crecimiento económico puede
coincidir con una elevación enorme del nivel de vida de algunas
categorías sociales y con una elevación notable del nivel de
vida
de las clases medias en formación, mientras que el resto de la
población
queda estacionada o retrocede. El desarrollo es ciertamente un
crecimiento, pero un crecimiento muy equilibrado y distribuido.
El desarrollo es un
crecimiento integral
del
que puede beneficiarse cada
hombre sea cual fuere la región o capa social a la que pertenece.
Es también un crecimiento integral en el sentido de que no
se trata sólo de elevar los elementos materiales del nivel de
vida, sino también de los hombres en cuanto tales, con sus
dimensiones intelectuales, morales y espirituales.
En consecuencia la definición propuesta destaca la
valorización del hombre mismo.
La valoración humana no comprende, por otra parte, sólo
el acceso a los bienes materiales del que
se benefician las clases dirigentes y hasta cierto punto
las clases medias en
formación. Los que poseen se valorizan adquiriendo más capacidad de
servicio por el aumento de sus conocimientos, el incremento de su
competencia y la intensificación de su generosidad.
«Con
el ritmo más rápido posible» responde a la urgencia de las
necesidades que hay que satisfacer.
La rapidez del desarrollo es evidentemente función de la
objetividad de las medidas tomadas y de la participación confiada
de las poblaciones en su ejecución, lo que depende en gran parte
de la cualificación, sagacidad y abnegación de los gobernantes.
«Con
el costo menos elevado posible»: los países que han escogido el camino del desarrollo
disponen de muy pocos recursos financieros y humanos para
derrochar lo que sea. Los
gastos llamados «de prestigio» o de «ostentación» deben estar
proscritos rigurosamente, contrariamente a lo que por desgracia
ocurre con mucha frecuencia. Esto no
quiere
decir que debe reinar la fealdad. Las construcciones baratas
pueden ser bellas y es normal que en la aldea más pequeña o en
cada barrio Urbano, alguna obra artística ayude a los hombres a
elevarse.
En
cuanto a la solidaridad, le hemos consagrado la segunda parte de
esta obra. recordemos sólo que es una exigencia entre los
hombres, regiones, naciones y a escala mundial. Sólo por un
esfuerzo concertado y
una acción
multiforme de larga duración se realizará el desarrollo
generalizado, la elevación de la humanidad en todos los aspectos.
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