DESARROLLO = REVOLUCION SOLIDARIA
(extractos)
L.J. Lebret O.P. 
(con la colaboración de R. Delprat y M.F. Desbruyeres)
IV
DEFINICIONES DEL DESARROLLO

 

¿Qué es realmente el desarrollo?

Se han cometido muchos errores a este respecto. Desarrollar ¿es sólo modernizarse? ¿Es dar una estructura política y administrativa casi parecida a la de los países llamados desarrollados?

Muchos también han confundido desarrollo y crecimiento.

Para comprender lo que es el desarrollo, es necesario referirse al crecimiento de los seres vivos, de donde viene la expresión.  El vegetal no es sólo una yuxtaposición de la raíz, del tronco, ramas, hojas, flores o frutos. La raíz extrae del suelo el agua y los principios nutritivos, las hojas respiran en intercambio con la atmósfera y se enriquecen de la energía solar.  El vegetal crece de acuerdo con una armonía interna. Lleva en sí mismo el principio de armonía, su capacidad de resistencia a las agresiones, su poder de adaptación al medio que le rodea.

El árbol soporta que, para aumentar su belleza o su rendimiento en frutos, se le corten algunas ramas, se le pode.  Brota después más erguido hacia el cielo,  más airoso de follaje y más fácil de cuidar.  La hevea  cuyo suelo se enriquece da más látex.  Las flores que sabemos fecundar bien, llegan a ser más hermosas.  Todo esto porque cada planta Lleva en sí misma su orden de perfeccionamiento. El animal también: las razas mejor alimentadas se perfeccionan, los cruces permiten una mayor adaptación a los climas. El ser vivo, situado en las condiciones más diversas, encuentra su vía de defensa y expansión.

El desarrollo del hombre, a diferencia de los seres totalmente determinados por su ley interna, alcanzan su máximo valor por la serie de sus libres elecciones.  Está  parcialmente determinado, es verdad, por su medio familiar y la cultura en la que nace, por las iniciaciones o la formación científica que marcan su educación por los nuevos ambientes en los que se encuentra enraizado.  El hombre sin embargo, desde que tiene conciencia, triunfa sobre todo por su esfuerzo, pero, para completarlo, debe adaptarse a las posibilidades y exigencias de  su naturaleza. También él necesita ser podado y tallado.   Si recibe de su civilización, gana aún más recibiendo de las restantes civilizaciones, a condición de que sepa asimilar las aportaciones exteriores sin ser íntimamente  dominado por ellas.

Ocurre lo  mismo con los pueblos.  En período estático, la cultura de la que son tributarios y su trabajo aseguran su persistencia. Las formas tradicionales de colectiva los protegen de las desviaciones. Sus mitos les explican el mundo, y con mucha frecuencia, están cargados de significaciones religiosas, hasta la comunión con el cosmos o hasta alguna forma de adhesión al Dios único.  Interpretaciones que nos pueden parecer extraviadas y el clima de una cultura daban al hombre pese al temor supersticioso, una consistencia en su vida íntimamente unidas a la naturaleza. Pero cuando se produce  el choque con civilizaciones científicas, técnicas, de importacíón-exportación, la vida colectiva tradicional es afectada en lo más profundo.      

La higiene y la medicina de Occidente impide  que una parte de los niños mueran en edad temprana, prolongando así su existencia. Es preciso responder a este crecimiento  de población.  Ahora que los dominios coloniales se han atenuado y hasta teóricamente suprimiendo, cada pueblo debe, en el cuadro de su independencia, proveer a las necesidades agravadas por el espejismo de la prosperidad que da el progreso material y por el aumento rápido de las bocas que hay que alimentar. Se necesitan ahora más cereales, tubérculos, ganado, leche, tejidos; hay que comprar más objetos. Tendríamos que produ­cirlos en el país mismo, durante mucho tiempo aún habrá que comprarlos en el exterior.

Los esfuerzos espontáneos de aldeas dispersas no pueden bastar, aunque intervenga alguna asistencia exterior, para aportar técnicas aplicables, herramientas más eficaces, cultivos nuevos,  una instrucción pri­maria, una mejor organización del trabajo; no hay ante estas dificultades más medio que un conjunto de acciones coordinadas en el espacio y en el tiempo para la totalidad del territorio soberano definido por unas fronteras nacionales.

Iniciativas locales, disposiciones regionales, interven­ciones del Estado dejan entonces de ser incoherentes. Las enfermedades internas, causadas por el desequilibrio de fuerzas, se pueden curar, particularmente los cánceres que provocan los grupos organizados de intereses, preocupados de polarizar las actividades en su provecho. Se toman medidas para que el pueblo llegue a ser ver­daderamente un pueblo entregado a una obra común; mientras una población no sea consciente de las soli­daridades que unen a unas regiones y capas sociales con otra, no es aún un verdadero .pueblo. Mientras una nación sea sólo una entidad nominal compuesta de po­blaciones yuxtapuestas, no será todavía una nación.  Mientras las familias, pueblos, ciudades, asociaciones li­bres, administraciones y poder, no se adhieran a un de­signio colectivo, para utilizar, con vistas al bien común, todos los recursos naturales y la energía de los hombres, la nación no está aún hecha. A diferencia de las plantas y animales que llevan en si mismos el principio de orga­nización y armonía, cada, hombre inserto en cualquier cultura que no le determina más que en parte, se procura una personalidad, un semblante. Pero para constituir una comunidad nacional, no puede ser suficiente un solo hombre o un solo grupo, aun cuando cierto gobierno o aristocracia o asociación de intereses o movimiento ideológico logre dominar la población. Mientras la población no sea una y coopere no habrá «pueblo». Mientras no haya organización, institución, un alma colectiva, no habrá «nación». El nacimiento de un pueblo, la formación de una nación no se logra sin la participación  voluntaria de la multitud animada por un proyecto y creando, por encima de las culturas parciales de sus grupos, una cultura de conjunto. Sin esto las fracciones de población serán oprimidas. La obligación actual para cada nación, que trata de responder a su crecimiento de población, en alimentos, vestidos, vivienda, una mejor instrucción y educación, exige un gran esfuerzo colectivo, medidas coherentes, la protección y valoración ordenada de las potencialidades físicas y humanas.

En el  I. R. F. E. D. (Instituto Internacional de Investigación y Formación en pro del Desarrollo), definimos el desarrollo como «la serie de etapas, para una población determinada y las fracciones que la componen, de una fase menos humana a otra más humana, al ritmo más rápido posible, al coste menos elevado posible, habida cuenta de la solidaridad entre las fracciones de la población nacional y de la solidaridad entre las naciones».

Esta definición nos parece completa y responde todas las exigencias señaladas hasta aquí.  El desarrollo  no es nunca algo acabado, en lo que uno pueda detener por esencia es dinámico.  Es un movimiento, una serie de evoluciones o más exactamente series coordina de evoluciones.

El desarrollo es el crecimiento continuo, bajo todos  los aspectos, del gran viviente colectivo que es un pueblo, en el que están asociados grupos diferentes de poblaciones, localizados en regiones diversas, pertenecientes a capas sociales distintas o dedicados a actividades particulares.  Es, pues, un error considerar sólo el desarrollo económico  Iimitándose por otra parte al  crecimiento económico que se traduce en aumento de la renta, global dividido por el número de habitantes.

El crecimiento económico  puede coincidir con una elevación enorme del nivel de vida de algunas categorías sociales y con una elevación notable del nivel de vida de las clases medias en formación, mientras que el resto de la población queda estacionada o retrocede. El desa­rrollo es ciertamente un crecimiento, pero un crecimiento muy equilibrado y distribuido.

El desarrollo es un crecimiento integral  del que puede beneficiarse  cada hombre sea cual fuere la región o capa social a la que pertenece. Es también un crecimiento integral en el sentido de que no se trata sólo de elevar los elementos materiales del nivel de vida, sino también de los hombres en cuanto tales, con sus dimensiones intelectuales, morales y espirituales.  En consecuencia la definición propuesta destaca la valorización del hombre mismo.  La valoración humana no comprende, por otra parte, sólo el acceso a los bienes materiales del que  se benefician las clases dirigentes y hasta cierto punto las clases medias  en formación.  Los que poseen se valorizan adquiriendo más capacidad de servicio por el aumento de sus conocimientos, el incremento de su competencia y la intensificación de su generosidad.

«Con el ritmo más rápido posible» responde a la urgencia de las necesidades que hay que satisfacer.  La rapidez del desarrollo es evidentemente función de la objetividad de las medidas tomadas y de la participación confiada de las poblaciones en su ejecución, lo que depende en gran parte de la cualificación, sagacidad y abnegación de los gobernantes.

«Con el costo menos elevado posible»: los países que han escogido el camino del desarrollo disponen de muy pocos recursos financieros y humanos para derrochar lo que sea.  Los gastos llamados «de prestigio» o de «ostentación» deben estar proscritos rigurosamente, contrariamente a lo que por desgracia ocurre con mucha frecuencia. Esto no quiere decir que debe reinar la fealdad. Las construcciones baratas pueden ser bellas y es normal que en la aldea más pequeña o en cada barrio Urbano, alguna obra artística ayude a los hombres a elevarse.

En cuanto a la solidaridad, le hemos consagrado la segunda parte de esta obra. recordemos sólo que es una exigencia entre los hombres, regiones, naciones y a escala mundial. Sólo por un esfuerzo concertado y una  acción multiforme de larga duración se realizará el desarrollo generalizado, la elevación de la humanidad en todos los aspectos.



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