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Vista
ya la enorme diferencia de las condiciones de vida entre los países
desarrollados y los subdesarrollados, después de comprender que
estas diferencias, lejos de atenuar, se acentúan, habiendo
probado que cada hombre es responsable de todos los demás y que
es necesario organizar la solidaridad mundial, conviene
preguntarse cómo lograr alimentar suficientemente a todos los
hombres, habida cuenta del impulso demográfico que, según la
tendencia actual, doblara en 35 años la población mundial.
Una
solución que no es única
Ciertamente
se puede imaginar que una distribución racionalizada de los
excedentes posibles de los países desarrollados permitiría
satisfacer las necesidades alimenticias más esenciales de la
humanidad. Haría falta, además para esto, que los países
desarrollados dejasen de ser maltusianos en cuanto a su producción
agrícola, que es susceptible de aumentar en grandes proporciones.
Pero incluso suponiendo que este aumento llegue a ser rápidamente
tan importante que la masa de productos alimenticios sea
suficientemente abundante para que, bien repartida, todo mal
alimentado pueda disponer de una ración normas, esto supondría
un servicio importante para la
determinación
de las carencias y excedentes previstos. No funciona igual, en
efecto, la producción agrícola que la producción industrial. La
previsión del rendimiento agrícola es siempre muy incierta,
dadas las irregularidades de temperatura y las precipitaciones que
pueden provocar heladas, sequías o inundaciones inesperadas, o
depredaciones provocadas por las plagas.
Aun
pudiendo hacer incluso buenas previsiones, se necesitaría una red
inmensa de «stocks», en el punto
de
partida, unos transportes por mar, almacenajes en el puerto de
descarga, vagones o camiones en el país beneficiario, etc. Este
conjunto organizado está muy lejos de existir.
Pero
quizás el problema más difícil sería armoniza una economía de
donaciones a escala mundial, tanto por la economía comercial de
Occidente, cuanto por la
economía de intercambio del Este. Los regímenes
económicos deberían ser
transformados tan profundamente que la fase de transición sería
extremadamente difícil de reglamentar.
Hay
que señalar también que un sistema tal de distribución correría
el riesgo de impedir la valoración de los países beneficiarios,
haciendo que los explotadores agrícolas de estos países teman la
competencia de los productos entregados a bajo precio a los
consumidores.
Examinemos
por ejemplo brevemente, los problemas
alimenticios
de la Unión India de los cuales se ha hecho la
eco la Prensa
mundial. Su población aumenta en el
porcentaje de un 2,1% por año.
Desde 1949, el gobierno Indio recurre todos los años, a EE.
UU.
para
comprar los excedentes agrícolas, pagaderos en rupias.
Estos excedentes, entregados en el mismo puerto de
desembarque, son almacenados, repartidos y transportados por la
administración India a las zonas menos
favorecidas, lo que supone numerosas pérdidas y representa una
carga financiera casi igual al valor de la compra.
Además la negociación con los EE. UU. impone algunas
condiciones económicas más generales: por ejemplo, la liberación
del Código de las inversiones con el peligro de que difuculten el
ulterior desarrollo de país.
Estos excedentes, a corto plazo, no permiten a la Unión
India asegurar a sus habitantes lo indispensable para vivir.
Ni los EE. UU. –supuesto
el aumento demográfico– podrán garantizar la demanda en un
futuro próximo.
Ahora
bien, la falta de posibilidades alimenticias por parte de la India
tiene dos causas: el régimen de propiedad de la tierra y las estructuras de
comercialización.
A
pesar de un ensayo de reforma agraria, los propietarios y los
grandes comerciantes dominan toda la actividad
económica y detentan el poder político en la mayoría de
los Estados. Este
problema estructural no puede resolverse por medio de una solución
coyuntural.
No
debemos deducir que es inútil recurrir a una distribución
razonable de los excedentes para disminuir las grandes penurias
regionales: esta medida, si no resuelve el problema de hecho, por
lo menos lo atenúa. La
verdadera solución radica en elevar la producción local y
regional. Y es necesaria mirar el problema muy de frente.
La
primera vía de exploración para resolver el problema de la
subalimentación, será la
de
una mejora, -cuantitativa
y cualitativa- de la producción agrícola nacional;
cualitativa, por un mejor reparto entre cultivos de alimentación
y cultivos de exportación; cuantitativa, con vistas a aumentar
las disponibilidades alimenticias de base (arroz, mijo, etc.) o la
renta monetaria que permita adquirirlas.
Esta
elección, que es la más razonable, no basta sin embargo, para
dar una solución, pues como vamos a ver más adelante, la
agricultura de estos países por primitiva que nos parezca, ha
seleccionada sus métodos empíricamente para hacer frente a
elementos físicos que no puede controlar (lluvias, erosión,
etc.) y todo aumento de la producción agrícola deberá poner en
juego medios nuevos, que analizaremos concisamente a continuación.
1.°
Extensión de las
superficies cultivadas o reducción de
los
períodos de barbecho. La
agricultura tropical y
ecuatorial, sobre todo en África, sigue el ciclo conocido:
roturación (a menudo por el fuego), cultivos, barbechos,
cultivando cada familia según sus necesidades y medios (a fuerza
de trabajo). El
crecimiento demográfico rápido por un lado, la urbanización
galopante por otro, conducen al campesino a aumentar su producción.
Tratará de conseguirlo, primeramente por la extensión de las
superficies cultivadas y
por la
reducción
de los tiempos de barbecho. Pero
si alcanza su objetivo a corto plazo destruye
también su capital a medio o largo plazo.
2.°
Fertilización del suelo (abonos, riegos…)
El rendimiento de las tierras cultivables puede ser
considerablemente aumentado
por
la traída de aguas o sustancia químicas indispensables para la
regeneración del suelo.
Mediante la
organización
del riego, tierras declaradas estériles pueden y deben alimentar
a poblaciones siempre crecientes; pero esto supone por parte del
estado, importantes inversiones que la
inversión-trabajo
podrá completar pero nunca suplir.
Esta
inversión-trabajo requiere además para ser rentable -es preciso
que lo hagamos notar- una buena preparación sicológica
de los moradores y la
formación
de un cuadro técnico. Ahora bien, sabemos que la capacidad de
inversión de los estados nuevos es muy débil, y que los mandos
intermedios formados les faltan seriamente
En
cuanto a los abonos, factor tan importante en la producción agrícola
de los países industrializados, su precio es elevado por razón
misma de la
demanda. Su utilización en gran escala en los
países en desarrollo, supone igualmente la presencia de un cuadro
agrícola en la
base, para
que el agricultor aprenda a utilizarlos a pleno rendimiento,
de modo que la inversión sea rentable.
Es
por que la agricultura
de ciertos países, a pesar de sus numerosos productores de abonos,
no puede
absorber todos los
fertilizantes
que el suelo precisa.
Riego
y abono, factores esenciales de mejora en la producción agrícola, deben pues, ser
atendidos con prioridad a la hora de planificar los créditos de inversión y de
funcionamiento del presupuesto estatal.
3.°
Mejora de las técnicas
de cultivo y organización
de la producción. Además
de la extensión y valoración de las tierras por procedimientos
diversos, la producción
agrícola puede ser aumentada sensiblemente por la introducción
de prácticas nuevas de cultivo: aperos y máquinas sencillas y
baratas que cada familia puede adquirir.
Estas medidas no son
suficientes y requiere que los nuevos Estados
estimulen eficazmente (con créditos, préstamos de material,
etc.) y fomenten la organización de células de producción más
extensas que las explotaciones familiares actuales, bien sea en
forma de cooperativas u otras análogas según las características
del país. Destaquemos,
sin embargo, que estas medidas requieren la
presencia
regular de un cuadro técnico en la base.
De
esta brevísima exposición resulta que la producción agrícola
nacional de los países en desarrollo puede ser mejorada. Pero
como una parte importante de
esta
se destinará, por mucho tiempo aún, a la
exportación,
el beneficio de un «programa agrícola aislado» volverá
principalmente al sector comercial que domina. Por eso la reforma
de los circuitos de comercialización (compras y ventas al
productor)
es una condición esencial del
desarrollo rural de los países nuevos.
Otro
sistema para mejorar el nivel de
vida de los habitantes de un país, es la
creación
o extensión de la
industria
nacional y el desarrollo de la
artesanía.
local. Es el sistema
adoptado por los países socialistas de Europa y Asia. La mejora
de los niveles de alimentación, salud; educación, está
subordinada entonces a la
industrialización,
única
capaz de dar al país los medios suficientes para su independencia. Además de las
condiciones físicas (recursos mineros, energéticos, etc.) que
ella supone, no puede aplicarse más que a países de gran extensión
o federaciones sólidas en ideologías fuertes; en efecto, esta selección implica un esfuerzo constante de la
población
y no le permite esperar una mejora sensible de su nivel de vida
sino a muy largo plazo.
Al
nuevo país que
escoge
la vía de industrialización rápida, se le presentan los problemas de financiación
de los proyectos industriales, por una parte, y del cuadro técnico,
por otra. En efecto
el ahorro interno es insuficiente o inexistente y los capitales
privados extranjeros llevan el riesgo de coartar la
independencia
del país sin reportar ninguna, ventaja económica para el mismo.
Corresponde, pues, al Estado invertir en los sectores prioritarios
y solicitar y obtener para ello de la cooperación bilateral o
multilateral las colaboraciones y préstamos que sean necesarios. En cuanto a los dirigentes
y rectores de la industria, si inicialmente pueden ser
asumidos por técnicos
extranjeros, es indispensable que progresivamente les
vayan sustituyendo los técnicos nacionales en la medida en que se
vayan preparando.
La
solución al problema de la
miseria,
de la que
hambre es el aspecto más angustioso, no podrá hallarse en
operaciones sectoriales, sino que exige una serie coordinada de
operaciones. Hay que transformar al campesino en agricultor, y
para ello instruirle, animarle, encuadrarle técnicamente. hay que
mejorar también su salud, facilitarle la
adquisición
de nuevos instrumentos
de
trabajo, asesorarle en la selección de semillas y razas animales. Hay que
hacer evolucionar a los pueblos, convencer a los influyentes,
organizar los municipio. Hay
que poner una administración capaz en todas las esferas y
estructuras provinciales y nacionales. Hay que sanear el mercado,
encontrar nuevas salidas, equilibrar la
producción
alimenticia, industrial y de exportación. Hay que construir y
mejorar carreteras, canales de riego, ciudades y poner en condiciones el territorio. Hay que preparar
promociones técnicas, proveer al país de diversos servicios y
obtener la ayuda
exterior.
En
resumen, hay que asegurar el desarrollo.
La
lucha contra el hambre no es más que un engaño si no
se encuadra en una estrategia general
a largo plazo de elevación
humana, Semejante estrategia comprende una valoración bien
organizada del suelo, subsuelo, fuentes de energía, una
distribución racional del territorio en medios de comunicación,
polos de diversas escalas debidamente equipados, industriales,
universitarios, sanitarios y una buena estructuración del
Estado y de la
administración
con Leyes apropiadas, estudio del equilibrio presupuestario y todo
ello respaldado con una red de relaciones internacionales. Dicho
de otro
modo,
la
lucha
contra el hambre es una parte de la batalla en pro del desarrollo.
Es el desarrollo total quien triunfará del hambre y los
males que le acompañan. Por
eso hemos afimado justamente, que la
lucha
contra el hambre es el desarrollo.
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