DESARROLLO = REVOLUCION SOLIDARIA
(extractos)
L.J. Lebret O.P. 
(con la colaboración de R. Delprat y M.F. Desbruyeres)
III
LUCHAR CONTRA EL HAMBRE ES PROMOVER 
O PARTICIPAR EN EL DESARROLLO

 

Vista ya la enorme diferencia de las condiciones de vida entre los países desarrollados y los subdesarrollados, después de comprender que estas diferencias, lejos de atenuar, se acentúan, habiendo probado que cada hombre es responsable de todos los demás y que es necesario orga­nizar la solidaridad mundial, conviene preguntarse cómo lograr alimentar suficientemente a todos los hombres, habida cuenta del impulso demográfico que, según la tendencia actual, doblara en 35 años la población mundial.

Una solución que no es única

Ciertamente se puede imaginar que una distribución racionalizada de los excedentes posibles de los países desarrollados permitiría satisfacer las necesidades alimenticias más esenciales de la humanidad. Haría falta, además para esto, que los países desarrollados dejasen de ser maltusianos en cuanto a su producción agrícola, que es susceptible de aumentar en grandes proporciones. Pero incluso suponiendo que este aumento llegue a ser rápi­damente tan importante que la masa de productos alimenticios sea suficientemente abundante para que, bien repartida, todo mal alimentado pueda disponer de una ración normas, esto supondría un servicio importante para la determinación de las carencias y excedentes previstos. No funciona igual, en efecto, la producción agrícola que la producción industrial. La previsión del rendimiento agrícola es siempre muy incierta, dadas las irregularidades de temperatura y las precipitaciones que pueden provocar heladas, sequías o inundaciones inesperadas, o depredaciones provocadas por las plagas.

Aun pudiendo hacer incluso buenas previsiones, se necesitaría una red inmensa de «stocks», en el punto de partida, unos transportes por mar, almacenajes en el puerto de descarga, vagones o camiones en el país beneficiario, etc. Este conjunto organizado está muy lejos de existir.

Pero quizás el problema más difícil sería armoniza una economía de donaciones a escala mundial, tanto por la economía comercial de Occidente, cuanto por la economía de intercambio del Este. Los regímenes económicos deberían  ser transformados tan profundamente que la fase de transición sería extremadamente difícil de reglamentar.

Hay que señalar también que un sistema tal de distribución correría el riesgo de impedir la valoración de los países beneficiarios, haciendo que los explotadores agrícolas de estos países teman la competencia de los productos entregados a bajo precio a los consumidores.

Examinemos por ejemplo brevemente, los problemas alimenticios de la Unión India de los cuales se ha hecho la eco la Prensa mundial. Su población aumenta en el porcentaje de un 2,1% por año.  Desde 1949, el gobierno Indio recurre todos los años, a EE. UU. para comprar los excedentes agrícolas, pagaderos en rupias.  Estos excedentes, entregados en el mismo puerto de desembarque, son almacenados, repartidos y transportados por la administración India a las zonas menos favorecidas, lo que supone numerosas pérdidas y representa una carga financiera casi igual al valor de la compra.  Además la negociación con los EE. UU. impone algunas condiciones económicas más generales: por ejemplo, la liberación del Código de las inversiones con el peligro de que difuculten el ulterior desarrollo de país.  Estos excedentes, a corto plazo, no permiten a la Unión India asegurar a sus habitantes lo indispensable para vivir.  Ni los EE. UU.  –supuesto el aumento demográfico– podrán garantizar la demanda en un futuro próximo.

Ahora bien, la falta de posibilidades alimenticias por parte de la India tiene dos causas:  el régimen de pro­piedad de la tierra y las estructuras de comercialización.

A pesar de un ensayo de reforma agraria, los propieta­rios y los grandes comerciantes dominan toda la activi­dad económica y detentan el poder político en la mayoría de los Estados.  Este problema estructural no puede re­solverse por medio de una solución coyuntural.

No debemos deducir que es inútil recurrir a una distribución razonable de los excedentes para dismi­nuir las grandes penurias regionales: esta medida, si no resuelve el problema de hecho, por lo menos lo ate­núa.  La verdadera solución radica en elevar la produc­ción local y regional. Y es necesaria mirar el problema muy de frente.

La primera vía de exploración para resolver el problema de la subalimentación, será la de una mejora, -cuantitativa   y cualitativa- de la producción agrícola nacional; cualitativa, por un mejor reparto entre culti­vos de alimentación y cultivos de exportación; cuanti­tativa, con vistas a aumentar las disponibilidades alimenticias de base (arroz, mijo, etc.) o la renta monetaria que permita adquirirlas.

Esta elección, que es la más razonable, no basta sin embargo, para dar una solución, pues como vamos a ver más adelante, la agricultura de estos países por primitiva que nos parezca, ha seleccionada sus métodos empírica­mente para hacer frente a elementos físicos que no puede controlar (lluvias, erosión, etc.) y todo aumento de la producción agrícola deberá poner en juego medios nuevos, que analizaremos concisamente a continuación.

1.° Extensión de las superficies cultivadas o reducción de los períodos de barbecho.  La agricultura tropical y ecuatorial, sobre todo en África, sigue el ciclo conocido: roturación (a menudo por el fuego), cultivos, barbechos, cultivando cada familia según sus necesidades y medios (a fuerza de trabajo).  El crecimiento demográfico rápido por un lado, la urbanización galopante por otro, conducen al campesino a aumentar su producción. Tratará de conseguirlo, primeramente por la extensión de las superficies cultivadas y por la reducción de los tiempos de barbecho.  Pero si alcanza su objetivo a corto plazo destruye también su capital a medio o largo plazo.

2.° Fertilización del suelo (abonos, riegos…) El rendimiento de las tierras cultivables puede ser considerablemente aumentado por la traída de aguas o sustancia químicas indispensables para la regeneración del suelo.   Mediante la organización del riego, tierras declaradas estériles pueden y deben alimentar a poblaciones siempre crecientes; pero esto supone por parte del estado, importantes inversiones que la inversión-trabajo podrá completar pero nunca suplir.

Esta inversión-trabajo requiere además para ser rentable -es preciso que lo hagamos notar- una buena preparación sicológica  de los moradores y la formación de un cuadro técnico. Ahora bien, sabemos que la capacidad de inversión de los estados nuevos es muy débil, y que los mandos intermedios formados les faltan seriamente

En cuanto a los abonos, factor tan importante en la producción agrícola de los países industrializados, su precio es elevado por razón misma de la demanda. Su utilización en gran escala en los países en desarrollo, supone igualmente la presencia de un cuadro agrícola en la base, para que el agricultor aprenda a utilizarlos a pleno rendimiento, de modo que la inversión sea rentable.  Es por que la agricultura de ciertos países, a pesar de sus numerosos productores de abonos, no puede absorber todos los fertilizantes que el suelo precisa.

Riego y abono, factores esenciales de mejora en la producción agrícola, deben pues, ser atendidos con prioridad a la hora de planificar los créditos de inversión y de funcionamiento del presupuesto estatal.

3.°  Mejora de las técnicas de cultivo y organización de la producción. Además de la extensión y valoración de las tierras por procedimientos diversos,  la producción agrícola puede ser aumentada sensiblemente por la introducción de prácticas nuevas de cultivo: aperos y máquinas sencillas y baratas que cada familia puede adquirir.  Estas medidas no son  suficientes y requiere que los nuevos Estados estimulen eficazmente (con créditos, préstamos de material, etc.) y fomenten la organización de células de producción más extensas que las explo­taciones familiares actuales, bien sea en forma de coope­rativas u otras análogas según las características del país.  Destaquemos, sin embargo, que estas medidas requieren la presencia regular de un cuadro técnico en la base.

De esta brevísima exposición resulta que la produc­ción agrícola nacional de los países en desarrollo puede ser mejorada. Pero como una parte importante de esta se destinará, por mucho tiempo aún, a la exportación, el beneficio de un «programa agrícola aislado» volverá principalmente al sector comercial que domina. Por eso la reforma de los circuitos de comercialización (com­pras y ventas al productor) es una condición esencial del  desarrollo rural de los países nuevos.

Otro sistema para mejorar el nivel de vida de los habitantes de un país, es la creación o extensión de la industria nacional y el desarrollo de la artesanía. local.  Es el sistema adoptado por los países socialistas de Europa y Asia. La mejora de los niveles de alimentación, salud; educación, está subordinada entonces a la industrializa­ción, única capaz de dar al país los medios suficientes para su independencia. Además de las condiciones físicas (recursos mineros, energéticos, etc.) que ella supone, no puede aplicarse más que a países de gran extensión o federaciones sólidas en ideologías fuertes; en efecto, esta selección implica un esfuerzo constante de la población y no le permite esperar una mejora sensible de su nivel de vida sino a muy largo plazo.

Al nuevo país que escoge la vía de industrialización rápida, se le presentan los problemas de financiación de los proyectos industriales, por una parte, y del cuadro técnico, por otra.  En efecto el ahorro interno es insuficiente o inexistente y los capitales privados extranjeros llevan el riesgo de coartar la independencia del país sin reportar ninguna, ventaja económica para el mismo. Corresponde, pues, al Estado invertir en los sectores prioritarios y solicitar y obtener para ello de la cooperación bilateral o multilateral las colaboraciones y préstamos que sea­n necesarios. En cuanto a los dirigentes y rectores de la industria, si inicialmente pueden ser asumidos por técnicos extranjeros, es indispensable que progresivamente les vayan sustituyendo los técnicos nacionales en la medida en que se vayan preparando.

La solución al problema de la miseria, de la que hambre es el aspecto más angustioso, no podrá hallarse en operaciones sectoriales, sino que exige una serie coordinada de operaciones. Hay que transformar al campesino en agricultor, y para ello instruirle, animarle, encuadrarle técnicamente. hay que mejorar también su salud, facilitarle la adquisición de nuevos instrumentos de trabajo, asesorarle en la selección de semillas y razas animales. Hay que hacer evolucionar a los pueblos, convencer a los influyentes, organizar los municipio.  Hay que poner una administración capaz en todas las esferas y estructuras provinciales y nacionales. Hay que sanear el mercado, encontrar nuevas salidas, equilibrar la producción alimenticia, industrial y de exportación. Hay que construir y mejorar carreteras, canales de riego, ciudades y poner en condiciones el territorio. Hay que preparar promociones técnicas, proveer al país de diversos servicios y obtener la ayuda exterior.

En resumen, hay que asegurar el desarrollo.

La lucha contra el hambre no es más que un engaño si no se encuadra en una estrategia general a largo plazo de elevación humana, Semejante estrategia comprende una valoración bien organizada del suelo, subsuelo, fuentes de energía, una distribución racional del territorio en medios de comunicación, polos de diversas escalas de­bidamente equipados, industriales, universitarios, sani­tarios y una buena estructuración del Estado y de la administración con Leyes apropiadas, estudio del equilibrio presupuestario y todo ello respaldado con una red de relaciones internacionales. Dicho de otro modo, la lucha contra el hambre es una parte de la batalla en pro del desarrollo.  Es el desarrollo total quien triunfará del hambre y los males que le acompañan.  Por eso hemos afi­mado justamente, que la lucha contra el hambre es el desarrollo.



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