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Existen numerosas pruebas de que la educación
y la alfabetización de la mujer tienden a reducir la tasa de mortalidad
infantil. Aunque esta influencia se refleja de muchas maneras, la más
inmediata quizá se aprecie en la importancia que la madre suele otorgar
al bienestar del hijo y en la oportunidad con que cuenta la madre,
siempre que se respete y fomente su capacidad de intervención, de
influir en las decisiones familiares al respecto. La potenciación de la
capacidad de intervención de la mujer también influye decisivamente en
la reducción, ampliamente observada, del sesgo de supervivencia por motivos
de sexo (en perjuicio, sobre todo, de las muchachas jóvenes).
La función política, social y económica de la
mujer
De hecho, la potenciación de la capacidad de
intervención de la mujer es actualmente en todo el mundo una de las
cuestiones fundamentales en el proceso de desarrollo de muchos países. Los
factores en liza comprenden la educación de la mujer, su grado de
acceso a la propiedad, las oportunidades de empleo de que dispone y el
funcionamiento del mercado laboral. Con todo, más allá de estas
variables "clásicas", también hay que señalar el carácter de
las condiciones de empleo, la actitud de la familia y de la sociedad en
general con respecto a las actividades económicas de la mujer, y las
circunstancias económicas y sociales que fomentan u obstaculizan el
cambio de actitud al respecto. Como indica Naila Kabeer en su
esclarecedor estudio de la participación laboral y económica de la
mujer oriunda de Bangladesh en Dhaka y en Londres, la perpetuación o el
abandono de las condiciones anteriores se ven influidos radicalmente
por las relaciones económicas y sociales concretas que operan a escala
local. En vista de que la transformación de la capacidad de
intervención de la mujer es uno de los principales vehículos del cambio
económico y social, su determinación y sus consecuencias guardan una
relación estrecha con gran parte de los rasgos más importantes del
proceso de desarrollo.
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