MANIFIESTO POR UNA CIVILIZACIÓN SOLIDARIA
L.J. Lebret O.P.
FIN
EL UNICO CAMINO POSIBLE

 

Muchos calificarán estas consideraciones de utópi­cas. Responden sin embargo a la aspiración universal y, para los cristianos, a la exigencia evangélica. El ade­lanto por este camino seria de lejos el más fácil y el menos gravoso.

Los comienzos de esta nueva civilización se multiplican rápidamente, ahogados, lamentablemente, o disminuidos por las coagulaciones de egoísmos, por las ideologías caducas, por los grandes temores enfermi­zos, por la demora de los hombres o de los pueblos en considerarse como miembros de una comunidad que debe hacerse universal.

La "pesadez" humana y sociológica no debe impe­dir el esfuerzo de ascensión. No es poco tender hacia un ideal que nunca será alcanzado. La gran utopía es considerar que lo mejor puede llegar sin que se le haya realmente deseado y buscado.

El terreno sobre el cual nos colocamos es el más seguro. La revolución que pro­ponernos es una revolución intensiva en profundidad; se trata de una renovación del hombre mismo que debe adquirir, y la talla suficiente frente a una situación del mundo tan difícil y el control continuo de si mismo en una sociedad compleja tan rápidamente evolutiva.

Se trata de un cambio en la manera de ser, de abordar, de acoger, de dar, de recibir; se trata de una reconver­sión de todas las estructuras en una perspectiva de obje­tividad, de complemento, de servicio; se trata de un movimiento universal que remueva las conciencias, transforme mentalidades y costumbres, active las inte­ligencias, provoque la investigación, afine los métodos, se imponga a los dirigentes y dé dinamismo y discipli­na a las masas.

La acción a emprender es multiforme.

Pero siempre y en todas hartes se trata, a pesar de la amplitud de la empresa, de preparar y de asegurar el paso para pobla­ciones determinadas y para el conjunto de poblaciones, de las fases menos humanas a las más humanas, por medio de una cooperación fraternal y de la entrega vi­gorosa de líderes en todas las escalas de la vida colec­tiva, al ritmo más acelerado posible, al menor costo posible. Se trata de promover la responsabilidad del hombre, de respetar la diversidad de poblaciones, de es­trechar la unidad de la humanidad. .

La economía humana, como la hemos definido, nos parece el único camino posible para la humanidad si se quiere escapar a la barbarie.

Les pedimos se asocien ustedes de alguna manera a nuestro esfuerzo, ya sea trabajando en alguna línea paralela, incorporándose di­rectamente a los grupos que constituyen la Asociación Internacional de Economía Humana, fundando otros grupos necesarios por la localización o la especializa­ción, o adhiriéndose a título personal como miembros aislados al acecho de circunstancias favorables para coagular las buenas voluntades.

Quienes ansían. la llegada de la economía humana forman legión; cansa­das de esperar, muchos se descorazonan y desesperan, muchos se engañan en los "ersatz": trabajad pues con nosotros en devolver a los hombres la esperanza por­que estarán asociados a un gran propósito realista.  

La empresa de la economía humana exige de sus pioneros mucha abnegación, paciencia y sacrificio y, en. el creyente, indispensable al éxito, confianza en el soco­rro divino.

No os pedimos vuestro entusiasmo pasajero, sino vuestro don lúcido a la humanidad y vuestro compro­miso de servirla eficazmente.



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