Muchos
calificarán estas consideraciones de utópicas. Responden sin
embargo a la aspiración universal y, para los cristianos, a la
exigencia evangélica. El adelanto por este camino seria de
lejos el más fácil y el menos gravoso.
Los
comienzos de esta nueva civilización se multiplican rápidamente,
ahogados, lamentablemente, o disminuidos por las coagulaciones de
egoísmos, por las ideologías caducas, por los grandes temores
enfermizos, por la demora de los hombres o de los pueblos en
considerarse como miembros de una comunidad que debe hacerse
universal.
La
"pesadez" humana y sociológica no debe impedir el
esfuerzo de ascensión. No es poco tender hacia un ideal que nunca
será alcanzado. La gran utopía es considerar que lo mejor puede
llegar sin que se le haya realmente deseado y buscado.
El
terreno sobre el cual nos colocamos es el más seguro. La revolución
que proponernos es una revolución intensiva en profundidad; se
trata de una renovación del hombre mismo que debe adquirir, y la
talla suficiente frente a una situación del mundo tan difícil y
el control continuo de si mismo en una sociedad compleja tan rápidamente
evolutiva.
Se
trata de un cambio en la manera de ser, de abordar, de acoger, de
dar, de recibir; se trata de una reconversión de todas las
estructuras en una perspectiva de objetividad, de complemento,
de servicio; se trata de un movimiento universal que remueva las
conciencias, transforme mentalidades y costumbres, active las inteligencias,
provoque la investigación, afine los métodos, se imponga a los
dirigentes y dé dinamismo y disciplina a las masas.
La
acción a emprender es multiforme.
Pero
siempre y en todas hartes se trata, a pesar de la amplitud de la
empresa, de preparar y de asegurar el paso para poblaciones
determinadas y para el conjunto de poblaciones, de las fases menos
humanas a las más humanas, por medio de una cooperación
fraternal y de la entrega vigorosa de líderes en todas las
escalas de la vida colectiva, al ritmo más acelerado posible,
al menor costo posible. Se trata de promover la responsabilidad
del hombre, de respetar la diversidad de poblaciones, de estrechar
la unidad de la humanidad. .
La
economía humana, como la hemos definido, nos parece el único
camino posible para la humanidad si se quiere escapar a la
barbarie.
Les
pedimos se asocien ustedes de alguna manera a nuestro esfuerzo, ya
sea trabajando en alguna línea paralela, incorporándose directamente
a los grupos que constituyen la Asociación Internacional de
Economía Humana, fundando otros grupos necesarios por la
localización o la especialización, o adhiriéndose a título
personal como miembros aislados al acecho de circunstancias
favorables para coagular las buenas voluntades.
Quienes
ansían. la llegada de la economía humana forman legión; cansadas
de esperar, muchos se descorazonan y desesperan, muchos se engañan
en los "ersatz": trabajad pues con nosotros en devolver
a los hombres la esperanza porque estarán asociados a un gran
propósito realista.
La
empresa de la economía humana exige de sus pioneros mucha
abnegación, paciencia y sacrificio y, en. el creyente,
indispensable al éxito, confianza en el socorro divino.
No
os pedimos vuestro entusiasmo pasajero, sino vuestro don lúcido a
la humanidad y vuestro compromiso de servirla eficazmente.
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