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Al
invitar así al amor fraternal, queremos estar integralmente
atentos a la humanidad total. Todo nos interesa. Todo toma valor.
Partiendo de la observación de, los hombres de` cualquier
villorrio del mundo, o suburbio urbano, llegamos a lo universal.
La
miseria vista en cualquier sitio sensibiliza sobre la miseria universal,
la miseria material de los pobres sobre la miseria espiritual de
los ricos, la miseria de los sub‑desarrollados sobre la
miseria de los pueblos que se pudren en el exceso de facilidades.
Creemos
que los hombres se condenan a la desgracia cuando hacen de si
mismos un absoluto y cierran así los ojos a la realidad de los
problemas de hoy, olvidando la solidaridad entre todos. Los
hombres, volcados totalmente. hacia la materia y sobre sí mismos
se mutilan en vez de hacer primero crecer en ellos la dimensión
espiritual y de agrandarse a las dimensiones de la humanidad salvándose
así de su "yo" pequeño y sórdido, de su proyección
absoluta sobre si.
Por
amor, hemos descubierto a la humanidad, y el pensamiento de'
valorizarla nos obsesiona. Por ese motivo estamos en muchos puntos
a la vanguardia: por ahí hemos descubierto lo esencial.
Cuando
uno busca que los hombres valgan más, y que la humanidad en su
conjunto sea más, todo se aclara. Las ciencias económicas y
sociales hacen saltar sus separaciones facticias. Todo se une
cuando lo que cuenta es el hombre, y todos los hombres. Las hipótesis
se hacen fecundas; la investigación se centra, las ciencias físicas
y biológicas se integran dentro de la visión del mundo.
El
conocimiento se objetiviza en vez de divagar en la prestidigitación
de conceptos o en el amontonamiento de citas. No se pierde ya la
vida en analizar lo secundario indefinidamente, para justificar
una ocupación o para lucirse. Todo toma su lugar y se puede así
juzgar sobre conjuntos, discernir los factores positivos y los
negativos, percibir lo importante y lo urgente.
En
la intervención no se improvisa más lo que va a demoler o
desequilibrar, no se crea más lo que lleva en sí el germen de
dificultades inextricables. Se ha hecho uno capaz de comprender
una estructura y sus tendencias evolutivas, de dominar una
transformación y de suscitar, para ello, fuerzas nuevas.
PARA
INTERVENIR EFICAZMENTE ES NECESARIO ANALIZAR NECESIDADES Y
POSIBILIDADES
Nuestro
método de análisis de los hechos sociales está sujeto a esta
perspectiva. Consiste en el análisis de las necesidades y de las
posibilidades de responder a las mismas. Todo, por lo tanto, parte
del hombre, en su marco geográfico, en su medio, en sus ambientes
sociológicos que más o menos le determinan, en las estructuras
y las coyunturas económicas que le dan ‑o le
quitan‑‑‑ sus medios de subsistencia y de
progreso, en el complejo de ideologías y de mitos que tanto lo
encadenan como lo liberan, en su búsqueda o su rechazo de los
valores más espirituales.
Sería
fácil, para el centenar de países que hay en el, mundo, proceder
al descubrimiento sistemático de las situaciones y necesidades,
no refiriéndose las necesidades por otra parte a un absoluto.
Para nosotros, la necesidad, diferencia que separa lo que es de lo
que, debiera ser, es extremadamente variable de un pueblo a otro,
teniendo en cuenta diferencias de clima, de recursos, de
aspiraciones, de civilización. Seria ilusorio, considerar la
civilización del "tener más", llena de necesidades
facticias, como la civilización de la necesidad auténtica. Otra
ilusión más seria olvidar que lo más importante, para el
ascenso humanó, es el esfuerzo constructivo y, particularmente,
‑el largo proceso de elevación de las comunidades de base.
Estos
objetivos que deben ser alcanzados, por lo manos aquellos de la
primera fase, no son siempre lo "deseado", ni siquiera,
lo "deseable". Lo deseado y lo deseable pueden estar más
allá de lo posible. Según las diferentes fases, es necesario
referirse a lo posible y es por ello que, luego de un análisis
dedicado a las estructuras de situaciones, analizamos la! estructuras
de "potencialidades".
La
potencialidad es aquello que. una valorización .completa de los
recursos físicos o humanos nos permitiría transformar en bienes
útiles. De hecho, un cierto número solamente de potencialidades
‑es decir, los recursos físicos y humanos‑. pueden
ser utilizadas: las infra‑estructuras faltan, o el ambiente
técnico, o la capacidad de invertir, o la voluntad de producción,
o la aptitud de dominar el proceso de valorización, o todo
eso‑junto. Los posibles son las potencialidades susceptibles
de explotación.
Es
obvio que las potencialidades que se deban explotar en primer
lugar son aquellas que pueden colmar completamente las necesidades
y realizar un proceso autopropulsor durable. La explotación
efectiva debe medirse por lo posible
El
diagnóstico y el tratamiento se formulan pues a partir de un
doble análisis, el microanálisis de situaciones de grupos
diversos de población, el macro análisis del conjunto de los
factores positivos y negativos del desarrollo. El arbitraje de las
necesidades y de las posibilidades, por lo tanto de las normas
de fases, cesa entonces de ser arbitrario, lo que no quiere
decir que no haya que acercarse lo más rápidamente posible a las
normas de fases de la satisfacción plena de las necesidades de
subsistencia y de dignidad mientras se espera llegar a la
satisfacción de un número creciente de necesidades de facilidad.
La
elección de mecanismos a adaptar, a perfeccionar, a inaugurar,
cesa así de estar dominada por la fantasía o impuesta por la
imitación.
Sin
subestimar los riesgos de error, se hacen posibles una
perspectiva a largo plazo, un plan a mediano plazo, un programa a
corto plazo.
NECESIDAD
DE UN ESTUDIO EN EL PLANO UNIVERSAL
Si
se hiciera una encuesta tal en todos los países del mundo,
llamados subdesarrollados, se dispondría ‑‑.‑y
esto a un costo mínimo con relación al costo de los expedientes
a los que uno se ve reducido‑‑‑‑, de datos
sobre las necesidades de las poblaciones desgraciadas,
generalmente de crecimiento ultra rápido, y de una aproximación
de las posibilidades de hacerles frente.
Estas
posibilidades podrían crecer en proporción enorme si, en los países
desarrollados; estudios similares permitieran determinar en la hipótesis
de una utilización universalmente fraternal, lo que convendría
producir, en bienes y en hombres especializados o preparados,
para que las posibilidades de cada país subdesarrollado sean
llevadas al nivel que permita a su población llegar a una vida
digna de hombres.
Es
sorprende que las Naciones Unidas se hayan quedado con el informe
de cinco expertos ([i])
para avaluar las necesidades de cooperación entre países desarrollados
y subdesarrollados. Han presentado, sin duda, monografías
globales, producto por producto, ó problema por problema; pero,
demasiado dependientes todavía de los esquemas de un análisis
económico y de un análisis social ya superados, no disponen, que
sepamos, de una oficina de estudio capaz de captar en forma
aproximativa, pero suficiente en primera instancia para orientar
la intervención: por una parte las necesidades nacionales o
regionales, y por la otra las posibilidades nacionales o
regionales; por una parte lo que conviene aportar en materias
primas, en productos semi‑acabados y, acabados, en mano de
obra calificada, en técnicos,
en
investigadores, en sabios, en consejeros, según la urgencia
existente,, en la cantidad necesaria, a las zonas que
carezcan de ello. Por otra parte qué país puede suministrar lo
que falta. Seria necesario evidentemente arbitrar, dentro del
contexto físico, sociológico y cultural, lo que puede esperarse
del esfuerzo realizado en la base por las poblaciones y lo que
seria tributario de la acción ejercida en la cumbre.
Tal
oficina de estudió debería disponer de expertos propios,
formados en los mismos métodos, con idéntica preocupación por
lo "mejor humano" y por' la realidad histórica, y
trabajando alternativamente en algún país y en la Oficina
central.
Pensamos
que una institución de este tipo condiciona una planificación,
o por lo menos una orientación firme de la valorización racional
del mundo. Pensamos que perfeccionando el método concreto que
nosotros mismos buscamos afinar sobre el terreno y por reflexión
posterior, se llegaría rápidamente a salir de la noche, y a
sustituir las intervenciones improvisadas o desequilibrantes por
intervenciones objetivas, inteligentes, aceptadas de muy buen
grado, por los países beneficiados por haber estado ellos mismos
asociados íntimamente a la investigación y por que el espectro
de los imperialismos habría, desaparecido.
UNA
TECNICA DE ARBITRAJE
El
empleo de un método analítico y sintético a la
vez, que permita el arbitraje de las necesidades, de las
inversiones, de las localizaciones de los modos de utilización
de los suelos, de los crecimientos industriales,‑de las
migraciones de poblaciones, de los intercambios,, de los préstamos
y los dones, no impedirla llamar, para estudios de detalle, a
expertos en diversas especializaciones, pero se terminaría con
esa yuxtaposición y esos desfiles de expertos que acumulan
trabajos parciales que, a menudo, los otros expertos no pueden
consultar.
Además
estaríamos dispuestos, asociados con otros centros de formación
y si se nos dieran los medios materiales, a contribuir a
asegurar la formación de expertos en análisis, expertos en
vocaciones múltiples, expertos en síntesis, cuyo trabajo en
equipos polivalentes pondría a disposición de los gobiernos y de
la Organización de las Naciones Unidas los elementos necesarios
para las decisiones objetivas, en función del “gran propósito"
como dice Francois Perroux: contribuir a ritmo acelerado un mundo
humano posible, al menor costo.
Los
postulados de economía humana (respeto activo de toda persona
humana, instauración eficaz del bien común en todos los grados
de la vida colectiva) suministrarían los hilos conductores de
tal empresa.
No
bastaría por cierto preparar equipos polivalentes de análisis
regionales, nacionales, continentales. Haría falta preparar, o
poner en marcha, controlar, perfeccionar equipos polivalentes de
ciudades; de grupos de ciudades, de pequeñas regiones, de
transformación urbana, ya que ningún esfuerzos de desarrollo
desde la cumbre podría triunfar sin asegurar un esfuerzo. complementario
en el plano de las comunidades de base y de las comunidades
intermediarias.
Por
lo tanto, nunca insistiremos demasiado sobre la necesidad dé
formar analistas exactos, en cada sector de las necesidades o de
las posibilidades; de entre ellos se separarán poco a poco
expertos de vocaciones múltiples y expertos de síntesis
verdaderamente capaces.
Bien
considerado, nuestro propósito no tiene nada de quimérico.
Bastaría que en la cumbre internacional se decidieran a mirar el
mundo como un conjunto solidario que debe ser estudiado y
atendido. Pero para lograrlo haría falta que los países
desarrollados, de rasgos todavía imperialistas, abandonen sus
perspectivas en desuso de explotación de los pueblos más débiles
y de asistencia parcial sórdida e ingenuamente Interesadas.
También
seria necesario que los pueblos a desarrollarse comprendan que
desarrollarse no es gastar, sino evaluar debidamente las
necesidades y posibilidades, lo que exige que cada uno de ellos
disponga lo más rápidamente posible de un mínimo de personal
político y administrativo competente, en el plano nacional y en
el regional. Ningún plan será "recibido" y
"realizado" si esta condición no se cumple.
La
cooperación continua, en el seno de organismos coordinadores, de
los países, de región supranacional, de continente, y global,
permitiría a las ciencias sociales, disponiendo por fin de un
laboratorio a la medida. de sus exigencias, vincularse en una
elaboración realista partiendo de la visión de conjunto.
Doctrina y teoría se verían rápida y completamente renovadas.
HOMBRES
DE SINTESIS Y DE VISION
Hombres
capaces de un juicio político seguro surgirían de esos equipos
de expertos, hombres de síntesis todos; poseedores todos de una
especialidad ampliada. Algunos de ellos, por temperamento,
permanecerían como consejeros de las autoridades; otros serian
aptos para tomar en mano los asuntos de los Estados particulares
o de los organismos supranacionales de decisión.
Los
hombres de vocación intelectual que consintieran
en‑consagrar algunos años a recabar personalmente datos
para los trabajos de análisis, podrían, poco a poco elaborar una
visión del mundo más realista, más viva y más accesible. Nada
puede reemplazar la observación directa de los hombres y de los
ambientes. en que se mueven, de sus dificultades, de sus
esperanzas, de sus intentos, de sus fracasos, de sus rebeldías.
El
mundo tiene‑urgente necesidad hoy día de filósofos, de
moralistas, de dirigentes espirituales; que lo hayan comprendido a
fuerza de minuciosos análisis, antes de hablarle. Los sabios de
estos tiempos no podrían estar formados solamente por los
libros y las tradiciones; su saber debe provenir de la reducción
a la unidad de una multitud de hechos complejos percibidos
directamente.
Un
gran esfuerzo se impone a los intelectuales si no quieren quedarse
muy por debajo de su vocación, y si quieren cumplir su misión
respecto de los ayudantes, asistentes, expertos, responsables
políticos, económicos y administrativos.
No
se trata tan sólo de analizar, es preciso transformar. En método
estricto, el análisis que comentamos en las páginas
precedentes no puede ser sino un análisis preliminar. Permite
indicar los errores que no se deben cometer y ciertas líneas
principales, constructivas, de la intervención. Pero el análisis
debería continuarse en estrecha ligazón con aquellos que resuelven
la intervención y con los encargados de llevarla a buen término.
Estudio
y acción deben estar íntimamente mezclados si se quiere ser
verdaderamente objetivo y corregir progresivamente las
conclusiones y las proyecciones que resultan del análisis. El
equipo de análisis, una vez instalado, debe mantener sus cuadros
y sus investigadores y trabajar en cooperación estrecha con los
responsables de las opciones y con los organismos ejecutivos.
Creernos
haber abierto un camino de investigación y de intervención por
el cual tenemos la obligación de encaminar a quienes desean
servir a la humanidad, pero corren el riesgo de marchar a ciegas
en la noche o, durante el día, sobre pistas falsas.
[i]
O.N.U. "Medidas a tomar para asegurar el desarrollo em
los países subdesarrollados, 1951.
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