MANIFIESTO POR UNA CIVILIZACIÓN SOLIDARIA
L.J. Lebret O.P.
VII
SE TRATA DE VALORIZAR A LA HUMANIDAD

 

Al invitar así al amor fraternal, queremos estar integralmente atentos a la humanidad total. Todo nos interesa. Todo toma valor. Partiendo de la observación de, los hombres de` cualquier villorrio del mundo, o suburbio urbano, llegamos a lo universal.

La miseria vista en cualquier sitio sensibiliza sobre la miseria uni­versal, la miseria material de los pobres sobre la mise­ria espiritual de los ricos, la miseria de los sub‑desarrollados sobre la miseria de los pueblos que se pudren en el exceso de facilidades.

Creemos que los hombres se condenan a la desgracia cuando hacen de si mismos un absoluto y cierran así los ojos a la realidad de los problemas de hoy, olvidando la solidaridad entre todos. Los hombres, volcados totalmente. hacia la materia y sobre sí mismos se mutilan en vez de hacer primero crecer en ellos la di­mensión espiritual y de agrandarse a las dimensiones de la humanidad salvándose así de su "yo" pequeño y sórdido, de su proyección absoluta sobre si.

Por amor, hemos descubierto a la humanidad, y el pensamiento de' valorizarla nos obsesiona. Por ese motivo estamos en muchos puntos a la vanguardia: por ahí hemos descubierto lo esencial.

Cuando uno busca que los hombres valgan más, y que la humanidad en su conjunto sea más, todo se acla­ra. Las ciencias económicas y sociales hacen saltar sus separaciones facticias. Todo se une cuando lo que cuen­ta es el hombre, y todos los hombres. Las hipótesis se hacen fecundas; la investigación se centra, las ciencias físicas y biológicas se integran dentro de la visión del mundo.

El conocimiento se objetiviza en vez de divagar en la prestidigitación de conceptos o en el amontonamiento de citas. No se pierde ya la vida en analizar lo se­cundario indefinidamente, para justificar una ocupación o para lucirse. Todo toma su lugar y se puede así juzgar sobre conjuntos, discernir los factores positivos y los negativos, percibir lo importante y lo urgente.

En la intervención no se improvisa más lo que va a demoler o desequilibrar, no se crea más lo que lleva en sí el germen de dificultades inextricables. Se ha hecho uno capaz de comprender una estructura y sus tendencias evolutivas, de dominar una transformación y de suscitar, para ello, fuerzas nuevas.

PARA INTERVENIR EFICAZMENTE ES NECESARIO ANALIZAR NECESIDADES Y POSIBILIDADES

Nuestro método de análisis de los hechos sociales está sujeto a esta perspectiva. Consiste en el análisis de las necesidades y de las posibilidades de responder a las mismas. Todo, por lo tanto, parte del hombre, en su marco geográfico, en su medio, en sus ambientes sociológicos que más o menos le determinan, en las estruc­turas y las coyunturas económicas que le dan ‑o le quitan‑‑‑ sus medios de subsistencia y de progreso, en el complejo de ideologías y de mitos que tanto lo encadenan como lo liberan, en su búsqueda o su rechazo de los valores más espirituales.

Sería fácil, para el centenar de países que hay en el, mundo, proceder al descubrimiento sistemático de las situaciones y necesidades, no refiriéndose las nece­sidades por otra parte a un absoluto. Para nosotros, la necesidad, diferencia que separa lo que es de lo que, debiera ser, es extremadamente variable de un pueblo a otro, teniendo en cuenta diferencias de clima, de re­cursos, de aspiraciones, de civilización. Seria ilusorio, considerar la civilización del "tener más", llena de necesidades facticias, como la civilización de la necesidad auténtica. Otra ilusión más seria olvidar que lo más importante, para el ascenso humanó, es el esfuerzo cons­tructivo y, particularmente, ‑el largo proceso de elevación de las comunidades de base.

Estos objetivos que deben ser alcanzados, por lo manos aquellos de la primera fase, no son siempre lo "deseado", ni siquiera, lo "deseable". Lo deseado y lo deseable pueden estar más allá de lo posible. Según las diferentes fases, es necesario referirse a lo posi­ble y es por ello que, luego de un análisis dedicado a las estructuras de situaciones, analizamos la! estruc­turas de "potencialidades".

La potencialidad es aque­llo que. una valorización .completa de los recursos físicos o humanos nos permitiría transformar en bienes útiles. De hecho, un cierto número solamente de poten­cialidades ‑es decir, los recursos físicos y humanos‑. pueden ser utilizadas: las infra‑estructuras faltan, o el ambiente técnico, o la capacidad de invertir, o la voluntad de producción, o la aptitud de dominar el proceso de valorización, o todo eso‑junto. Los posibles son las potencialidades susceptibles de explotación.

Es obvio que las potencialidades que se deban explotar en primer lugar son aquellas que pueden colmar completamente las necesidades y realizar un proceso autopropulsor durable. La explotación efectiva debe medirse por lo posible

El diagnóstico y el tratamiento se formulan pues a partir de un doble análisis, el microanálisis de situa­ciones de grupos diversos de población, el macro análisis del conjunto de los factores positivos y negativos del desarrollo. El arbitraje de las necesidades y de las posi­bilidades, por lo tanto de las normas de fases, cesa en­tonces de ser arbitrario, lo que no quiere decir que no haya que acercarse lo más rápidamente posible a las normas de fases de la satisfacción plena de las necesi­dades de subsistencia y de dignidad mientras se espera llegar a la satisfacción de un número creciente de necesidades de facilidad.

La elección de mecanismos a adaptar, a perfeccio­nar, a inaugurar, cesa así de estar dominada por la fan­tasía o impuesta por la imitación.

Sin subestimar los riesgos de error, se hacen posi­bles una perspectiva a largo plazo, un plan a mediano plazo, un programa a corto plazo.

NECESIDAD DE UN ESTUDIO EN EL PLANO UNIVERSAL

Si se hiciera una encuesta tal en todos los países del mundo, llamados subdesarrollados, se dispondría ‑‑.‑y esto a un costo mínimo con relación al costo de los expedientes a los que uno se ve reducido‑‑‑‑, de datos sobre las necesidades de las poblaciones desgraciadas, generalmente de crecimiento ultra rápido, y de una aproximación de las posibilidades de hacerles frente.

Estas posibilidades podrían crecer en proporción enorme si, en los países desarrollados; estudios similares permitieran determinar en la hipótesis de una utiliza­ción universalmente fraternal, lo que convendría producir, en bienes y en hombres especializados o prepara­dos, para que las posibilidades de cada país subdesarro­llado sean llevadas al nivel que permita a su población llegar a una vida digna de hombres.

Es sorprende que las Naciones Unidas se hayan quedado con el informe de cinco expertos ([i]) para ava­luar las necesidades de cooperación entre países desa­rrollados y subdesarrollados. Han presentado, sin duda, monografías globales, producto por producto, ó proble­ma por problema; pero, demasiado dependientes toda­vía de los esquemas de un análisis económico y de un análisis social ya superados, no disponen, que sepamos, de una oficina de estudio capaz de captar en forma aproximativa, pero suficiente en primera instancia para orientar la intervención: por una parte las necesidades nacionales o regionales, y por la otra las posibilidades nacionales o regionales; por una parte lo que conviene aportar en materias primas, en productos semi‑acabados y, acabados, en mano de obra calificada, en técnicos, en investigadores, en sabios, en consejeros, según la urgencia existente,, en la cantidad necesaria, a las zonas que carezcan de ello. Por otra parte qué país puede suministrar lo que falta. Seria necesario evidentemente arbitrar, dentro del contexto físico, sociológico y cultural, lo que puede esperarse del esfuerzo realizado en la base por las poblaciones y lo que seria tributario de la acción ejercida en la cumbre.

Tal oficina de estudió debería disponer de expertos propios, formados en los mismos métodos, con idéntica preocupación por lo "mejor humano" y por' la realidad histórica, y trabajando alternativamente en algún país y en la Oficina central.

Pensamos que una institución de este tipo condi­ciona una planificación, o por lo menos una orientación firme de la valorización racional del mundo. Pensamos que perfeccionando el método concreto que nosotros mismos buscamos afinar sobre el terreno y por reflexión posterior, se llegaría rápidamente a salir de la noche, y a sustituir las intervenciones improvisadas o desequili­brantes por intervenciones objetivas, inteligentes, aceptadas de muy buen grado, por los países beneficiados por haber estado ellos mismos asociados íntimamente a la investigación y por que el espectro de los imperialismos habría, desaparecido.

UNA TECNICA DE ARBITRAJE

El empleo de un método analítico y sintético a la  vez, que permita el arbitraje de las necesidades, de las inversiones, de las localizaciones de los modos de utili­zación de los suelos, de los crecimientos industriales,‑de las migraciones de poblaciones, de los intercambios,, de los préstamos y los dones, no impedirla llamar, para es­tudios de detalle, a expertos en diversas especializacio­nes, pero se terminaría con esa yuxtaposición y esos desfiles de expertos que acumulan trabajos parciales que, a menudo, los otros expertos no pueden consultar.

Además estaríamos dispuestos, asociados con otros centros de formación y si se nos dieran los medios ma­teriales, a contribuir a asegurar la formación de exper­tos en análisis, expertos en vocaciones múltiples, expertos en síntesis, cuyo trabajo en equipos polivalentes pondría a disposición de los gobiernos y de la Organi­zación de las Naciones Unidas los elementos necesarios para las decisiones objetivas, en función del “gran pro­pósito" como dice Francois Perroux: contribuir a ritmo acelerado un mundo humano posible, al menor costo.

Los postulados de economía humana (respeto acti­vo de toda persona humana, instauración eficaz del bien común en todos los grados de la vida colectiva) sumi­nistrarían los hilos conductores de tal empresa.

No bastaría por cierto preparar equipos polivalen­tes de análisis regionales, nacionales, continentales. Haría falta preparar, o poner en marcha, controlar, perfec­cionar equipos polivalentes de ciudades; de grupos de ciudades, de pequeñas regiones, de transformación ur­bana, ya que ningún esfuerzos de desarrollo desde la cumbre podría triunfar sin asegurar un esfuerzo. com­plementario en el plano de las comunidades de base y de las comunidades intermediarias.

Por lo tanto, nunca insistiremos demasiado sobre la necesidad dé formar analistas exactos, en cada sec­tor de las necesidades o de las posibilidades; de entre ellos se separarán poco a poco expertos de vocaciones múltiples y expertos de síntesis verdaderamente ca­paces.

Bien considerado, nuestro propósito no tiene nada de quimérico. Bastaría que en la cumbre internacional se decidieran a mirar el mundo como un conjunto solidario que debe ser estudiado y atendido. Pero para lo­grarlo haría falta que los países desarrollados, de ras­gos todavía imperialistas, abandonen sus perspectivas en desuso de explotación de los pueblos más débiles y de asistencia parcial sórdida e ingenuamente Interesadas.

También seria necesario que los pueblos a desarrollarse comprendan que desarrollarse no es gastar, sino evaluar debidamente las necesidades y posibilidades, lo que exige que cada uno de ellos disponga lo más rápi­damente posible de un mínimo de personal político y administrativo competente, en el plano nacional y en el regional. Ningún plan será "recibido" y "realizado" si esta condición no se cumple.

La cooperación continua, en el seno de organismos coordinadores, de los países, de región supranacional, de continente, y global, permitiría a las ciencias sociales, disponiendo por fin de un laboratorio a la medida. de sus exigencias, vincularse en una elaboración realista par­tiendo de la visión de conjunto. Doctrina y teoría se verían rápida y completamente renovadas.

HOMBRES DE SINTESIS Y DE VISION

Hombres capaces de un juicio político seguro sur­girían de esos equipos de expertos, hombres de síntesis todos; poseedores todos de una especialidad ampliada. Algunos de ellos, por temperamento, permanecerían co­mo consejeros de las autoridades; otros serian aptos pa­ra tomar en mano los asuntos de los Estados particula­res o de los organismos supranacionales de decisión.

Los hombres de vocación intelectual que consintie­ran en‑consagrar algunos años a recabar personalmente datos para los trabajos de análisis, podrían, poco a poco elaborar una visión del mundo más realista, más viva y más accesible. Nada puede reemplazar la observación directa de los hombres y de los ambientes. en que se mueven, de sus dificultades, de sus esperanzas, de sus intentos, de sus fracasos, de sus rebeldías.

El mundo tiene‑urgente necesidad hoy día de filósofos, de moralistas, de dirigentes espirituales; que lo hayan comprendido a fuerza de minuciosos análisis, antes de hablarle. Los sabios de estos tiempos no po­drían estar formados solamente por los libros y las tradiciones; su saber debe provenir de la reducción a la unidad de una multitud de hechos complejos percibidos directamente.

Un gran esfuerzo se impone a los intelectuales si no quieren quedarse muy por debajo de su vocación, y si quieren cumplir su misión respecto de los ayudan­tes, asistentes, expertos, responsables políticos, econó­micos y administrativos.

No se trata tan sólo de analizar, es preciso trans­formar. En método estricto, el análisis que comenta­mos en las páginas precedentes no puede ser sino un análisis preliminar. Permite indicar los errores que no se deben cometer y ciertas líneas principales, cons­tructivas, de la intervención. Pero el análisis debería continuarse en estrecha ligazón con aquellos que re­suelven la intervención y con los encargados de llevar­la a buen término.

Estudio y acción deben estar ínti­mamente mezclados si se quiere ser verdaderamente objetivo y corregir progresivamente las conclusiones y las proyecciones que resultan del análisis. El equipo de análisis, una vez instalado, debe mantener sus cua­dros y sus investigadores y trabajar en cooperación estrecha con los responsables de las opciones y con los organismos ejecutivos.

Creernos haber abierto un camino de investigación y de intervención por el cual tenemos la obligación de encaminar a quienes desean servir a la humanidad, pero corren el riesgo de marchar a ciegas en la noche o, du­rante el día, sobre pistas falsas.



[i] O.N.U. "Medidas a tomar para asegurar el desarrollo em los países subdesarrollados, 1951.



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