MANIFIESTO POR UNA CIVILIZACIÓN SOLIDARIA
L.J. Lebret O.P.
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PARA LAS AUTENTICAS ELITES

 

¿Quiere decir que al optar por la promoción obrera y la promoción de los rurales tomamos posición radical­mente contra las profesiones liberales, los cuadros supe­riores, los de dirección, lo que un análisis rudimentario sociológico clasifica bajo el nombre de ‑"burguesía" o de clases medias y dirigentes? De ninguna manera toma­mos posición contra, sitio a favor, siempre que todo pri­vilegio reconocido a esas categorías sociales, necesarias en toda civilización, esté condicionado por servicios rea­les prestados, es decir que toda superioridad sea por el bien común.

Nuestro rol respecto de aquellos que tienen más, es ayudarlos a ser más, a valer mas, así sea necesario para lograrlo que dejen de considerarse como de otra especie que los hombres menos provistos de posesiones, conocimientos, relaciones y poder; ayudar­les también a no sucumbir a la "tentación del poderío" o a la tentación de considerarse maestros irrefutables en doctrina, cuando tanto podrían mejorar poniéndose a dialogar, si no a aprender, con aquellos que han ma­durado no tanto con libros, sino en la lucha cotidiana.

Nos damos cuenta que si a menudo son atacados injustamente, merecen sin embargo, en una gran mayo­ría, muchos reproches. Su visión es de corto alcance cuando se debiera mirar lejos. Se repliegan sobre si mismos achicándose, cuando su verdadera forma de crecer seria lograr que instituciones y costumbres tien­dan hacia la elaboración de una economía, más aún, de una civilización auténticamente humana. Tenemos hacía ellos un doble sentimiento de agresividad y de mise­ricordia. Quien posee la riqueza, el conocimiento o el poder podría hacer tanto para transformar el mundo que su egoísmo nos parece monstruoso.

Sin embargo, tenemos compasión de su pobreza referente al valor integral. Nuestro aporte a los diversos movimientos que agrupan a los privilegiados no puede ser sino el de encaminarlos a comprender que hacen demasiado poco porque tienen miras demasiado estrechas y están demasiado desprovistos de amor. Podemos también ayudarles a "ser más" en cuanto a valor real, mostrar­les cómo su acción debe insertarse en un programa más amplio de acondicionamiento de territorios y de desarrollo en bien‑ de todos. Si continúan siendo tan deficientes, serán algún día barridos ‑y lo habrán me­recido por lo menos por omisión‑ aun aquellos que se dicen, o se creen, los cristianos y que no logran sino rara vez liberarse de prejuicios de clase o de casta. Se reúnen para hacerse mejores olvidando que lo mejor, para ellos, es olvidarse de si mismo cada vez más y que la transformación de si exige un prolongado esfuerzo.

En las clases dirigentes, el egoísmo o el paternalis­mo se atenúan. Sopla un viento nuevo de comprensión y de respeto entre aquellos que más han recibido y cu­ya tarea absorbente es lo más difícil. Quisiéramos ha­cer que muchos de ellos, entre los jóvenes, se decidan a consagrar tanto sus bienes, como sus conocimientos, y su poder a la reedificación del mundo y a la asistencia técnica fraternal a las poblaciones de su país o a. los pueblos lejanos que los necesitan.

Para ser uno mismo plenamente, es necesario elegir salir de si mismo; para ser libre, hay que saber encade­narse. Las élites tradicionales o nuevas tienen gran ne­cesidad de que se las hostigue para impedirles que se replieguen y decaigan. Tendrían necesidad, por encima de las disciplinas científicas parciales que ya más o me­nos poseen, de saber analizar las estructuras económicas y sociales y la evolución de la coyuntura económica, sociológica, cultural, política y espiritual a fin de no quedarse tan atrás en cuanto al humanismo real y a la intervención eficaz.

Las elites tradicionales o nuevas, laicas o clericales, tienen la obligación de adquirir una calificación humana que exige mucho más esfuerzos de especialización técnica y de cultura general que en el pasado. Si no se ponen al unísono con el mundo en transición,  no cumplirán toda su misión.

Esto pone en tela de juicio todo el sistema pedagógico de Occidente, de los países soviéticos y del Tercer Mundo. Se trataría de enseñar a los hombres a vivir una sociedad en la cual la evolución crea lazos de solidaridad cada vez más complejos y más fuertes, pero que debieran ser también cada vez más humanos. Se trata­ría de educar en el ejercicio consciente de la libertad, en una voluntad más fuerte del progreso colectivo.

LOS DIRIGENTES ESTÁN MAL PREPARADOS PARA SUS TAREAS

La cultura occidental está a la vez demasiado preocupada, por un pasado cuya historia e instituciones aparecen todavía hoy como normas plenamente valede­ras, y muy poco preocupado por un presente que capta superficialmente y sólo por medio de técnicas. La inte­ligencia occidental está rellena de cosas inútiles y es cor­ta de vista; los dirigentes económicos, políticos y espi­rituales de Occidente se ven en dificultades para pensar con amplitud, en función dé toda la realidad ampliada. Y tan es así que los dirigentes de visión amplia son ra­ros. El Occidente se hunde en lo inmediato tanto como el Tercer Mundo.

Pero éste tiene disculpas. Desembocar de golpe de la edad analfabeta y pre-técnica, o de una civilización con cierto desprecio hacia las técnicas, a la edad cien­tífica e industrial provoca fatalmente un gran número de desequilibrios intelectuales, psíquicos y éticos. 'Los más evolucionados se nutren de una cultura occidental sin vinculo con la cultura tradicional de sus países.

Es­tán poco más o menos "acomplejados", tanto más que sus preferencias culturales rara vez se dirigen al aprendi­zaje científico y técnico, neutro de por si respecto a las civilizaciones. Su superioridad en alguna rama del saber los lleva sin embargo a puestos de dirección política sin que puedan arbitrar la condiciones de un desarro­llo sano en su país. Quienes comienzan a evolucionar se encuentran asociados al poder creyéndose capacitados para encarar ese desarrollo; de hecho, no pueden conce­bir el conjunto de los problemas que tienen que resol­ver.

La instrucción primaria recibida por un número creciente de niños, por imitar a Occidente y por falta de maestros, carece de iniciación práctica a la valori­zación debida de la tierra, al mantenimiento de la casa, al aprendizaje de técnicas elementales. Esta instruc­ción. muy, a menudo no se cumple hasta el final v quie­nes la terminan no se complementan con una iniciación evolucionada hacia oficios tradicionales o innovados.

En cuanto a la pedagogía soviética, ella ha hecho sus pruebas en los planos científico y técnico, pero ha quedado corta en cuanto a humanismo, ya que el sistema de pensamiento es impuesto con toda rigidez y su concepción del hombre totalmente errada. El desequilibrio interno de la cultura soviética no podrá sino acentuarse mientras el régimen continúe de esta manera dominado por el terror a fracasar y no tome una actitud intelectual más liberal que permita la revisión de una concepción del mundo por demás simplista.

Así, en ninguna parte del mundo los altos dirigentes y los dirigentes intermediarios están verdaderamente preparados para resolver los problemas a los que si enfrentan.

EL APORTE IRREMPLAZABLE DE LO: PUEBLOS DE TODAS LAS CULTURAS

La investigación francesa está en el buen camine al hacerse más positiva, en economía como en sociología dando a la demografía las dimensiones de una ciencia de la población, al extender la noción de geografía y evolucionando hacia la integración de las ciencias sociales.

Tiene todavía mucho que adquirir siguiendo lo: numerosos esfuerzos que se hacen fuera de Francia..Y se ha beneficiado con el tan importante aporte anglo­sajón y escandinavo, tanto en su forma empírica como en su forma teórica. El aporte italiano, impregnado de humanismo, puede serle particularmente valioso. Pero ella no deberá descuidar ni los estudios ya comenzados ni las experiencias hechas en Rusia, en América Latina, en el Japón, en el sud‑este asiático, en Medio Oriente, en Africa.

Por todas partes donde se analizan estructu­ras, situaciones, evoluciones, se reúnen datos valiosísimos. Por doquier se busquen procesos de mejoramiento y de elaboración teórica como guía, hay algo que exa­minar, criticar y asimilar. Por doquier los hombres de acción enfrenten y modifiquen la realidad, es importante escucharlos.

Es necesario comprender que todos los pueblos, to­das las culturas son capaces de aportar algo, irreempla­zable por el hecho de sus diversos temperamentos, a una investigación que debe tender a lo universal.

El esfuerzo que hemos comenzado y que quiere ex­tenderse no ocupa sino un lugar chico, pero no despre­ciable en el conjunto de la investigación actualmente en marcha. Nuestro empeño en centrar todo directamente en el hombre y en querer considerar toda la humanidad, nos ha hecho atentos y acogedores a todos los esfuerzos que hoy día demuestran su convergencia.

HACIA LA ECONOMIA HUMANA POR APROXIMACIONES SUCESIVAS

Conviene notar por otra parte que, bajo nombres distintos, la economía humana viene siendo una preo­cupación capital en los medios intelectuales. Nos parece obligatoria una colaboración más estrecha con los uni­versitarios, especialmente en economía y en geografía, con los investigadores de economía, sociología, en acon­dicionamiento urbano y de territorios, en filosofía y en teología, con los grupos dedicados a la acción, en el terri­torio francés, y fuera de Francia. Sólo se trata en realidad de intensificar relaciones y colaboraciones ya existentes.

Como disciplina a promover y como régimen a ins­taurar, la economía humana se beneficiará por lo tanto del esfuerzo francés y le impedirá, si tuviera tentacio­nes de hacerlo, de cerrarse sobre los problemas fran­ceses o de presencia francesa. Pero ella también se be­neficiará con, todos los esfuerzos convergentes que con­mueven al mundo.

Si la economía humana, como disciplina, puede ser definida estrictamente, la economía humana, en cuan­to régimen, permanece siendo un objetivo que no se lo­grará sino por aproximaciones siempre imperfectas, ya que se ve incesantemente contrarrestada por obstáculos imprevistos y la malignidad o la pesadez de individuos y grupos.

El adelanto hacia la economía humana se desen­vuelve en el tiempo. Exige numerosas series de opera­ciones controladas y conjugadas, prolongadas a través de años, a menudo varias décadas. En un país a desa­rrollar un plan educacional, por ejemplo, supone que se preparan suficientes locales y suficientes maestros no solamente para dar enseñanza directa en los distintos grados sino también para preparar a los maestros. Se debe establecer un programa de llamado a profesores extranjeros como también un programa de envío de alumnos a los mejores centros extranjeros de forma­ción. Si no se quiere "pegar" modelos ajenos, es indis­pensable crear paralelamente centros de investigación y de experiencia.

Solamente después de veinte o vein­ticinco años un plan educacional puede llegar así a res­ponder a las necesidades. Se logrará si los sacrificios necesarios a su preparación y a su ejecución son acep­tados por los autores del presupuesto nacional o regio­nal y siempre que la realización del plan no sufra inte­rrupción.

Lo mismo sucede con respecto a las infraestructu­ras. Las disponibilidades financieras de un país todavía subdesarrollado no le permiten establecer en pocos años una red completa de infraestructuras. Son necesarias etapas que tomen en cuenta al mismo tiempo lo "impor­tante" y lo "urgente" y la coherencia de lo que se cons­truye con un plan de conjunto a muy largo término.

El problema es paralelo en organización o en refor­ma administrativa: de lleno no se puede poner en mar­cha una administración de Estado moderno. Aquí tam­bién es menester comenzar por lo más importante y lo más urgente, pero de tal manera que la organización progresiva no se vea comprometida.

Un punto sobre el cual convendría insistir es que el problema de la propiedad progresivamente se ve su­perado por el problema más amplio del derecho ala decisión y al mando. Las reacciones contra la propie­dad tienen origen, en parte, en la ligazón propiedad­ - autoridad. La sociedad moderna no puede ya aceptar que la decisión económica, en una empresa, en un grupo de empresas, en una rama de actividad o en la produc­ción nacional, se vea librada a incapaces ni a gentes pre­ocupadas únicamente de intereses particulares, por el hecho de poseer los instrumentos de producción. Aún el expediente tecnocrático comienza a ser puesto en du­da, por estar los técnicos muy poco dispuestos a tomar en cuenta el conjunto de los problemas humanos.

UNA DEMOCRACIA POLÍTICA Y ECONOMICA A LA VEZ

Los problemas de la democracia a la vez económica y política en los países desarrollados y la forma de go­bierno para los países subdesarrollados se ven plantea­dos de esta manera.

En el primer caso, la autoridad de los inversores de capital, de los jefes de empresa, de los responsables de la economía regional o nacional está limitada, sea por un régimen d e co‑gestión, sea por el control de las inver­siones, .sea por la planificación, Co‑gestión, control, plan, asocian a los representantes del personal, o de lós sindicatos, o de las colectividades públicas en la decisión económica directa o indirecta ya se trate del porcentaje global de la masa salarial y de su repartición, de tasas de inversión y de aplicación privada o pública del capital, de la repartición entre inversiones económicas o inversiones sociales,

La autoridad se encuentra así distribuida entre nu­merosos individuos y numerosos grupos y el "control social" se ejerce en forma continua cualquiera sea el modo de apropiación de los medios de producción y de ,los equipos colectivos.

Un tal régimen, comenzado ya en algunos países desarrollados, exige que las poblaciones hayan logrado en alto grado el sentido d e las responsabilidades perso­nales y colectivas.

En el segundo caso, el nivel cultural, la falta, de técnicos, la debilidad sindical, las estructuras sociales preexistentes hacen prácticamente imposible la demo­cracia económica. El gobierno, legal o ilegalmente, ne­cesariamente es muy autoritario, hasta acercarse a menudo al poder absoluto o a la dictadura. Los funciona­rios abusan a menudo también del poder que les toca. La corrupción administrativa es frecuentemente muy grande. Los despilfarros son enormes.

El feudalismo de hacendados, sin que haya residencia de los propie­tarios atraídos por la ciudad, se alía al manchestearismo industrial, pero un paternalismo más o menos lúcido y más o menos politizado puede templar el rigor de tal régimen de explotación de las masas. En esas condicio­nes, el aprendizaje de la democracia política no se hace sino difícilmente y el pasaje a la democracia económica podrá exigir décadas en el mejor de los casos.

Sin embargo los grupos activos que, en buen núme­ro de países, trabajan en las aldeas o por la radio en la educación de base, multiplican las experiencias de desarrollo de las comunidades de base, investigan siste­máticarnente sobre las necesidades y las posibilidades de atenderlas, definen doctrinal y técnicamente una for­ma social de pensar, hacen presión sobre los gobiernos para una planificación racional, velan por la aplicación de leyes sociales disminuyen las oposiciones partidarias para obtener una convergencia constructiva, o forman élites sindicales. Todos esos grupos crean poco a las condiciones de la democracia política y económica.

En definitiva, la esperanza puesta en los hombres debe prevalecer por encima de los temores a su regresión, por amenazador que sea el retroceso.



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