¿Quiere
decir que al optar por la promoción obrera y la promoción de los
rurales tomamos posición radicalmente contra las profesiones
liberales, los cuadros superiores, los de dirección, lo que un
análisis rudimentario sociológico clasifica bajo el nombre de
‑"burguesía" o de clases medias y dirigentes? De
ninguna manera tomamos posición contra, sitio a favor, siempre
que todo privilegio reconocido a esas categorías sociales,
necesarias en toda civilización, esté condicionado por servicios
reales prestados, es decir que toda superioridad sea por el bien
común.
Nuestro
rol respecto de aquellos que tienen más, es ayudarlos a ser más,
a valer mas, así sea necesario para lograrlo que dejen de
considerarse como de otra especie que los hombres menos provistos
de posesiones, conocimientos, relaciones y poder; ayudarles
también a no sucumbir a la "tentación del poderío" o
a la tentación de considerarse maestros irrefutables en doctrina,
cuando tanto podrían mejorar poniéndose a dialogar, si no a
aprender, con aquellos que han madurado no tanto con libros,
sino en la lucha cotidiana.
Nos
damos cuenta que si a menudo son atacados injustamente, merecen
sin embargo, en una gran mayoría, muchos reproches. Su visión
es de corto alcance cuando se debiera mirar lejos. Se repliegan
sobre si mismos achicándose, cuando su verdadera forma de crecer
seria lograr que instituciones y costumbres tiendan hacia la
elaboración de una economía, más aún, de una civilización auténticamente
humana. Tenemos hacía ellos un doble sentimiento de agresividad y
de misericordia. Quien posee la riqueza, el conocimiento o el
poder podría hacer tanto para transformar el mundo que su egoísmo
nos parece monstruoso.
Sin
embargo, tenemos compasión de su pobreza referente al valor
integral. Nuestro aporte a los diversos movimientos que agrupan a
los privilegiados no puede ser sino el de encaminarlos a
comprender que hacen demasiado poco porque tienen miras demasiado
estrechas y están demasiado desprovistos de amor. Podemos también
ayudarles a "ser más" en cuanto a valor real, mostrarles
cómo su acción debe insertarse en un programa más amplio de
acondicionamiento de territorios y de desarrollo en bien‑ de
todos. Si continúan siendo tan deficientes, serán algún día
barridos ‑y lo habrán merecido por lo menos por omisión‑
aun aquellos que se dicen, o se creen, los cristianos y que no
logran sino rara vez liberarse de prejuicios de clase o de casta.
Se reúnen para hacerse mejores olvidando que lo mejor, para
ellos, es olvidarse de si mismo cada vez más y que la
transformación de si exige un prolongado esfuerzo.
En
las clases dirigentes, el egoísmo o el paternalismo se atenúan.
Sopla un viento nuevo de comprensión y de respeto entre aquellos
que más han recibido y cuya tarea absorbente es lo más difícil.
Quisiéramos hacer que muchos de ellos, entre los jóvenes, se
decidan a consagrar tanto sus bienes, como sus conocimientos, y su
poder a la reedificación del mundo y a la asistencia técnica
fraternal a las poblaciones de su país o a. los pueblos lejanos
que los necesitan.
Para
ser uno mismo plenamente, es necesario elegir salir de si mismo;
para ser libre, hay que saber encadenarse. Las élites
tradicionales o nuevas tienen gran necesidad de que se las
hostigue para impedirles que se replieguen y decaigan. Tendrían
necesidad, por encima de las disciplinas científicas parciales
que ya más o menos poseen, de saber analizar las estructuras
económicas y sociales y la evolución de la coyuntura económica,
sociológica, cultural, política y espiritual a fin de no
quedarse tan atrás en cuanto al humanismo real y a la intervención
eficaz.
Las
elites tradicionales o nuevas, laicas o clericales, tienen la
obligación de adquirir una calificación humana que exige mucho más
esfuerzos de especialización técnica y de cultura general que en
el pasado. Si no se ponen al unísono con el mundo en transición,
no cumplirán toda su misión.
Esto
pone en tela de juicio todo el sistema pedagógico de Occidente,
de los países soviéticos y del Tercer Mundo. Se trataría de
enseñar a los hombres a vivir una sociedad en la cual la evolución
crea lazos de solidaridad cada vez más complejos y más fuertes,
pero que debieran ser también cada vez más humanos. Se trataría
de educar en el ejercicio consciente de la libertad, en una
voluntad más fuerte del progreso colectivo.
LOS
DIRIGENTES ESTÁN MAL PREPARADOS PARA SUS TAREAS
La
cultura occidental está a la vez demasiado preocupada, por un
pasado cuya historia e instituciones aparecen todavía hoy como
normas plenamente valederas, y muy poco preocupado por un
presente que capta superficialmente y sólo por medio de técnicas.
La inteligencia occidental está rellena de cosas inútiles y es
corta de vista; los dirigentes económicos, políticos y espirituales
de Occidente se ven en dificultades para pensar con amplitud, en
función dé toda la realidad ampliada. Y tan es así que los
dirigentes de visión amplia son raros. El Occidente se hunde en
lo inmediato tanto como el Tercer Mundo.
Pero
éste tiene disculpas. Desembocar de golpe de la edad analfabeta y
pre-técnica, o de una civilización con cierto desprecio hacia
las técnicas, a la edad científica e industrial provoca
fatalmente un gran número de desequilibrios intelectuales, psíquicos
y éticos. 'Los más evolucionados se nutren de una cultura
occidental sin vinculo con la cultura tradicional de sus países.
Están
poco más o menos "acomplejados", tanto más que sus
preferencias culturales rara vez se dirigen al aprendizaje científico
y técnico, neutro de por si respecto a las civilizaciones. Su
superioridad en alguna rama del saber los lleva sin embargo a
puestos de dirección política sin que puedan arbitrar la
condiciones de un desarrollo sano en su país. Quienes comienzan
a evolucionar se encuentran asociados al poder creyéndose
capacitados para encarar ese desarrollo; de hecho, no pueden concebir
el conjunto de los problemas que tienen que resolver.
La
instrucción primaria recibida por un número creciente de niños,
por imitar a Occidente y por falta de maestros, carece de iniciación
práctica a la valorización debida de la tierra, al
mantenimiento de la casa, al aprendizaje de técnicas elementales.
Esta instrucción. muy, a menudo no se cumple hasta el final v
quienes la terminan no se complementan con una iniciación
evolucionada hacia oficios tradicionales o innovados.
En
cuanto a la pedagogía soviética, ella ha hecho sus pruebas en
los planos científico y técnico, pero ha quedado corta en cuanto
a humanismo, ya que el sistema de pensamiento es impuesto con toda
rigidez y su concepción del hombre totalmente errada. El
desequilibrio interno de la cultura soviética no podrá sino
acentuarse mientras el régimen continúe de esta manera dominado
por el terror a fracasar y no tome una actitud intelectual más
liberal que permita la revisión de una concepción del mundo por
demás simplista.
Así,
en ninguna parte del mundo los altos dirigentes y los dirigentes
intermediarios están verdaderamente preparados para resolver los
problemas a los que si enfrentan.
EL
APORTE IRREMPLAZABLE DE LO: PUEBLOS DE TODAS LAS CULTURAS
La
investigación francesa está en el buen camine al hacerse más
positiva, en economía como en sociología dando a la demografía
las dimensiones de una ciencia de la población, al extender la
noción de geografía y evolucionando hacia la integración de las
ciencias sociales.
Tiene
todavía mucho que adquirir siguiendo lo: numerosos esfuerzos que
se hacen fuera de Francia..Y se ha beneficiado con el tan
importante aporte anglosajón y escandinavo, tanto en su forma
empírica como en su forma teórica. El aporte italiano,
impregnado de humanismo, puede serle particularmente valioso. Pero
ella no deberá descuidar ni los estudios ya comenzados ni las
experiencias hechas en Rusia, en América Latina, en el Japón, en
el sud‑este asiático, en Medio Oriente, en Africa.
Por
todas partes donde se analizan estructuras, situaciones,
evoluciones, se reúnen datos valiosísimos. Por doquier se
busquen procesos de mejoramiento y de elaboración teórica como
guía, hay algo que examinar, criticar y asimilar. Por doquier
los hombres de acción enfrenten y modifiquen la realidad, es
importante escucharlos.
Es
necesario comprender que todos los pueblos, todas las culturas
son capaces de aportar algo, irreemplazable por el hecho de sus
diversos temperamentos, a una investigación que debe tender a lo
universal.
El
esfuerzo que hemos comenzado y que quiere extenderse no ocupa
sino un lugar chico, pero no despreciable en el conjunto de la
investigación actualmente en marcha. Nuestro empeño en centrar
todo directamente en el hombre y en querer considerar toda la
humanidad, nos ha hecho atentos y acogedores a todos los esfuerzos
que hoy día demuestran su convergencia.
HACIA
LA ECONOMIA HUMANA POR APROXIMACIONES SUCESIVAS
Conviene
notar por otra parte que, bajo nombres distintos, la economía
humana viene siendo una preocupación capital en los medios
intelectuales. Nos parece obligatoria una colaboración más
estrecha con los universitarios, especialmente en economía y en
geografía, con los investigadores de economía, sociología, en
acondicionamiento urbano y de territorios, en filosofía y en
teología, con los grupos dedicados a la acción, en el territorio
francés, y fuera de Francia. Sólo se trata en realidad de
intensificar relaciones y colaboraciones ya existentes.
Como
disciplina a promover y como régimen a instaurar, la economía
humana se beneficiará por lo tanto del esfuerzo francés y le
impedirá, si tuviera tentaciones de hacerlo, de cerrarse sobre
los problemas franceses o de presencia francesa. Pero ella también
se beneficiará con, todos los esfuerzos convergentes que conmueven
al mundo.
Si
la economía humana, como disciplina, puede ser definida
estrictamente, la economía humana, en cuanto régimen,
permanece siendo un objetivo que no se logrará sino por
aproximaciones siempre imperfectas, ya que se ve incesantemente
contrarrestada por obstáculos imprevistos y la malignidad o la
pesadez de individuos y grupos.
El
adelanto hacia la economía humana se desenvuelve en el tiempo.
Exige numerosas series de operaciones controladas y conjugadas,
prolongadas a través de años, a menudo varias décadas. En un país
a desarrollar un plan educacional, por ejemplo, supone que se
preparan suficientes locales y suficientes maestros no solamente
para dar enseñanza directa en los distintos grados sino también
para preparar a los maestros. Se debe establecer un programa de
llamado a profesores extranjeros como también un programa de envío
de alumnos a los mejores centros extranjeros de formación. Si
no se quiere "pegar" modelos ajenos, es indispensable
crear paralelamente centros de investigación y de experiencia.
Solamente
después de veinte o veinticinco años un plan educacional puede
llegar así a responder a las necesidades. Se logrará si los
sacrificios necesarios a su preparación y a su ejecución son
aceptados por los autores del presupuesto nacional o regional
y siempre que la realización del plan no sufra interrupción.
Lo
mismo sucede con respecto a las infraestructuras. Las
disponibilidades financieras de un país todavía subdesarrollado
no le permiten establecer en pocos años una red completa de
infraestructuras. Son necesarias etapas que tomen en cuenta al
mismo tiempo lo "importante" y lo "urgente"
y la coherencia de lo que se construye con un plan de conjunto a
muy largo término.
El
problema es paralelo en organización o en reforma
administrativa: de lleno no se puede poner en marcha una
administración de Estado moderno. Aquí también es menester
comenzar por lo más importante y lo más urgente, pero de tal
manera que la organización progresiva no se vea comprometida.
Un
punto sobre el cual convendría insistir es que el problema de la
propiedad progresivamente se ve superado por el problema más
amplio del derecho ala decisión y al mando. Las reacciones contra
la propiedad tienen origen, en parte, en la ligazón propiedad
- autoridad. La sociedad moderna no puede ya aceptar que la decisión
económica, en una empresa, en un grupo de empresas, en una rama
de actividad o en la producción nacional, se vea librada a
incapaces ni a gentes preocupadas únicamente de intereses
particulares, por el hecho de poseer los instrumentos de producción.
Aún el expediente tecnocrático comienza a ser puesto en duda,
por estar los técnicos muy poco dispuestos a tomar en cuenta el
conjunto de los problemas humanos.
UNA
DEMOCRACIA POLÍTICA Y ECONOMICA A LA VEZ
Los
problemas de la democracia a la vez económica y política en los
países desarrollados y la forma de gobierno para los países
subdesarrollados se ven planteados de esta manera.
En
el primer caso, la autoridad de los inversores de capital, de los
jefes de empresa, de los responsables de la economía regional o
nacional está limitada, sea por un régimen d e co‑gestión,
sea por el control de las inversiones, .sea por la planificación,
Co‑gestión, control, plan, asocian a los representantes del
personal, o de lós sindicatos, o de las colectividades públicas
en la decisión económica directa o indirecta ya se trate del
porcentaje global de la masa salarial y de su repartición, de
tasas de inversión y de aplicación privada o pública del
capital, de la repartición entre inversiones económicas o
inversiones sociales,
La
autoridad se encuentra así distribuida entre numerosos
individuos y numerosos grupos y el "control social" se
ejerce en forma continua cualquiera sea el modo de apropiación de
los medios de producción y de ,los equipos colectivos.
Un
tal régimen, comenzado ya en algunos países desarrollados, exige
que las poblaciones hayan logrado en alto grado el sentido d e las
responsabilidades personales y colectivas.
En
el segundo caso, el nivel cultural, la falta, de técnicos, la
debilidad sindical, las estructuras sociales preexistentes hacen
prácticamente imposible la democracia económica. El gobierno,
legal o ilegalmente, necesariamente es muy autoritario, hasta
acercarse a menudo al poder absoluto o a la dictadura. Los
funcionarios abusan a menudo también del poder que les toca. La
corrupción administrativa es frecuentemente muy grande. Los
despilfarros son enormes.
El
feudalismo de hacendados, sin que haya residencia de los propietarios
atraídos por la ciudad, se alía al manchestearismo industrial,
pero un paternalismo más o menos lúcido y más o menos
politizado puede templar el rigor de tal régimen de explotación
de las masas. En esas condiciones, el aprendizaje de la
democracia política no se hace sino difícilmente y el pasaje a
la democracia económica podrá exigir décadas en el mejor de los
casos.
Sin
embargo los grupos activos que, en buen número de países,
trabajan en las aldeas o por la radio en la educación de base,
multiplican las experiencias de desarrollo de las comunidades de
base, investigan sistemáticarnente sobre las necesidades y las
posibilidades de atenderlas, definen doctrinal y técnicamente una
forma social de pensar, hacen presión sobre los gobiernos para
una planificación racional, velan por la aplicación de leyes
sociales disminuyen las oposiciones partidarias para obtener una
convergencia constructiva, o forman élites sindicales. Todos esos
grupos crean poco a las condiciones de la democracia política y
económica.
En
definitiva, la esperanza puesta en los hombres debe prevalecer por
encima de los temores a su regresión, por amenazador que sea el
retroceso.
|