MANIFIESTO POR UNA CIVILIZACIÓN SOLIDARIA
L.J. Lebret O.P.
I

 

POR UNA CIVILIZACION SOLIDARIA

El presente texto titulado: "Por una civilización so­lidaria" se dirige exclusivamente a los hombres y a las mujeres de buena voluntad que consideran deseable y posible un esfuerzo desinteresado y eficaz para la ins­tauración de una economía humana.

Los autores de este documento no constituyen ni un partido político, ni un movimiento de masas, ni un círculo filosófico; tratan de reunir técnicos, hombres de acción y hombres de pensamiento venidos de fronte­ras muy distintas para confrontar, más 'allá dé las téc­nicas, los fines de su acción y para respaldarse frater­nalmente para llevarlos a cabo. .

"Economía humana" no quiere decir "economía so­cial". La economía social no es, en efecto, sino el as­pecto de la ciencia económica que introduce al hom­bre, su situación, sus ambientes, sus necesidades como un apéndice de la economía política y de las estructu­ras económicas sin modificarlas radicalmente.

Para nosotros, lo. "social" y lo "económico" no pue­den separarse; no se trata de aplicar lo social como co­rrectivo o paliativo, sobre una economía que por sí engendra el mal humano; se trata de preconizar y de buscar la forma de instaurar un régimen económico integralmente, social e integralmente personalista, al mismo tiempo que muy diferenciado, cuyo objetivo sea el "ascenso humano universal”, es decir, según la ex­presión cara a Francois Perroux, el de "todo el hom­bre" y "todos los hombres".

La economía humana entendida así, plantea, más allá de los problemas propiamente económicos, el pro­blema da una nueva civilización. La economía humana puede ser únicamente una economía humanista.

NUESTRO PROPOSITO: INVESTIGACION Y ACCION

Nuestro propósito no es, pues, proceder solamente hacia una elaboración doctrinal y teórica coherente, si­no hacer que el mundo, evolucionando sus modos de trabajo y de relaciones, se haga más humano por medio de una aproximación progresiva de la satisfacción de las necesidades auténticas de los diversos pueblos y, en ca­da pueblo, de las diversas capas d a población. Nuestro propósito n o es pues la investigación pura, sino que comprende también la acción que sigue a la investiga­ción, que la prepara, y que la acompaña.

Nos parece que un propósito tal no puede dejar in­diferente a una multitud de hombres de buena volun­tad de tódos los pueblos, y cuyas aspiraciones e inves­tigaciones son convergentes. Este propósito debe retener la atención, es más, debe ganar la simpatía de un gran número de jóvenes y también de adultos ya con gran­des responsabilidades en el plano local, regional, nacio­nal o internacional. Debe provocar la adhesión de un número siempre en aumento de personas que aún tienen libertad para elegir sus compromisos extra‑profesionales o de aquellos ya comprometidos qua puedan apor­tar algo a la economía humana. Debe hasta entusias­mar a los más entregados para que lleguen al don de si mismos a la humanidad. Para quienes ya sinceramen­te están entregados a Dios, tendría que ser obvio, ya que el amor a Dios no es verdadero, si no incluye un amor intenso a todos los miembros de la humanidad.

El entusiasmo de que aquí se trata, no es el fuego fatuo de una atracción pasajera, sino la ofrenda dura­dera de sí mismo a una causa gigantesca, el ascenso hu­mano de cada hombre, de cada fracción de la humani­dad, de grupos motores de la humanidad, de la humani­dad entera tornándose cada vez más y más solidaria.

Esta causa es gigantesca, tanto en función d e los miembros de la humanidad, cuyo número crece tan rápidamente, como en razón de los obstáculos formidables e imprevisibles de los que será necesario triunfar. E1 entusiasmo tendrá que volcarse tanto sobre la lucha a emprender contra sí mismo y contra los autores y los factores de la decadencia humana, como sobre el fomento de elementos positivos y sobre las metas pro­puestas.

No estamos invitando para una excursión de placer, para un gran juego, sino para la empresa colosal de una construcción, siempre imperfecta, siempre a rectificar, de la humanidad. De ello se desprenderá por lo tanto para cada uno, un continuo superarse.; cada cual crece, en efecto, en razón de su aporte al ascenso universal, cada cual logra ser más, haciendo que el mundo sea más y combatiendo sin respiro para impedirle que sea menos.

El problema de una nueva civilización, civilización de la economía humana y del ascenso humano universal, no es la uniformización, la "estandarización" de los hom­bres mediante el acceso de todos a los mismos modos de vida, por ejemplo los de los países técnicamente más desarrollados en la actualidad. Sería ridículo y extra­vagante proponer a la humanidad entera la adquisición de un nivel de vida y de un estilo de vida de tipo norte­americano. La operación no es ni posible, ni deseable. Las aspiraciones materialistas de Occidente no tienen valor normativo para la humanidad.

La economía humana, según la entendemos noso­tros, no tiene por fin un salto súbito, ni aún una pro­gresión rápida, hacia la satisfacción de necesidades fac­ticias o desviadas continuamente en aumento.

EMPUJAR HACIA LA ECONOMIA HUMANA

En cuanto investigación. definimos la economía hu­mana como la disciplina ‑disciplina del saber y disci­plina de la acción‑ del paso, para una población deter­minada, de una fase menos humanas a una fase más humana. al ritmo más rápido posible, al costo financiero y humano lo menos elevado posible, teniendo en cuenta la solidaridad entre todas las poblaciones.

El punto difícil en esta definición es la estimación de lo "menos humano" y de lo "más humano". Lo más humano, en efecto, depende de la concepción que se ten­ga del hombre, de su naturaleza, de su vocación, de su destino. Aparece diferente al "provisto" y al "despro­visto", al materialista y al espiritualista, al pagano y al cristiano. Para definirlo, tenemos sin embargo un ancho margen de entendimiento tal, como la adquisición de un nivel de alimentación sin carencias mayores, la reduc­ción de las "enfermedades en masa", el despertar intelec­tual progresivo a problemas cada vez más vastos, el aprendizaje d e la libertad y de la responsabilidad, las condiciones de vida colectiva por las‑cuales las relacio­nes humanas se hacen más fraternales.

Lo más humano es lo que colma la necesidad auténtica, ya se, trate de la necesidad de subsistencia, necesidad de dignidad, necesi­dad de facilidades funcionales, necesidad de avance espi­ritual. La gran necesidad del hombre es llegar a ser más, partiendo de lo que ya es, de las potencialidades que están en él, de las posibilidades que le ofrece su ambiente físico, económico, social y cultural. La nece­sidad es siempre relativa a una personalidad y al am­biente que le es dado para desarrollarse.

Hay pues un gran peligro en estimar lo "más huma­no" ‑‑‑como sucede a muchos‑ sólo por criterios cuantitativos de posibilidad de consumo. Tales criterios conducen a considerar "lo más humano" según la dispo­nibilidad de mayores facilidades de satisfacción o de confort para cada persona y a descuidar los valores morales y espirituales incluidos en una forma determi­nada de ‑civilización.

El peligro no sería menos grave si se juzgara lo más humano únicamente por la instrucción adquirida, olvidando la necesidad que tiene todo hombre, luego de una cultura elemental, de hacer el aprendizaje de reflexionar y de pensar. En muchos casos este apren­dizaje se hace más, a través del oficio o por el ejercicio de responsabilidades familiares y sociales, que por la lectura o la escuela. Esto, evidentemente, no significa que la lectura y la escuela no sean de primordial im­portancia.

En cuanto régimen; la economía humana seria el término de múltiples series de pasos de lo menos a lo más humano coordinándose y armonizándose progresivamente. No es seguro que tal régimen pueda existir universalmente, ya que ciertas condiciones físicas, his­tóricas o ideológicas podrían, en ciertos países, zonas o períodos, oponerse a su instauración.

Lo esencial es tender a él y hacer que se tienda a él según las posibilidades de cada momento. Sin una adhesión moral que llegue a ser casi unánime por la irradiación de los mejores, el fracaso es seguro tanto en el plano nacional como en el mundial.. .

UN SISTEMA DE EXIGENCIA

La economía humana no se presenta pues como un sistema a aplicar universalmente, o como una llave que basta girar para que abra un camino. Los modos de pasaje de una fase menos humana a otra más humana son, en efecto, de muy variado tipo, según sea la fase alcanzada por una población, su actitud progresista, estancada o regresiva en esta fase, las potencialidad‑es económicas de que dispone, su estructura sociológica, sus posibilidades de auto‑desarrollo o su grado de in­dependencia económica; financiera, cultural y política.

La economía humana, como sistema, no es sino un sistema de exigencias, que modifica, poco a poco, las conductas Individuales o colectivas. No es sino la apli­cación, en casos cada vez más concretos y más técnicos, de los dos postulados éticos fundamentales acep­tables por los hombres de todas las civilizaciones: respeto activo de toda persona humana, instauración, efi­caz del bien común.

"Respeto activo" significa que uno no se contenta con no hacer daño, sino que, según las posibilidades y las circunstancias, uno ayuda a llegar a "ser más" con toda libertad. "Toda persona humana" significa que uno no se detiene ante barreras de nivel de vida, de capa social, de casta o de raza.

"Instauración del bien común" significa que se trabaja en implantar o en mejorar los equipos colec­tivos y las instituciones jurídicas de manera que cada grupo adquiera mayor solidaridad constructiva gene­radora de prosperidad, de seguridad y de paz. "Eficaz" agrega la urgencia que existe para cada uno, en su plano, de adquirir capacidad para servir a la colectivi­dad y, para los responsables económicos, políticos y cul­turales, el imperativo de coordinar con inteligencia y competencia los esfuerzos personales y los da grupo con el objeto de armonizarlos. Estas dos exigencias, una vez planteadas y admitidas por los mejores, y lue­go progresivamente por las masas, generan una multi­tud de exigencias prácticas, cuya satisfacción asegura de manera continua la transformación del individua­lismo en solidaridad, de las sociedades en comuni­dades.

En estas pocas páginas anhelamos solamente pre­cisar, en función de estos dos postulados fundamen­tales, algunas de las posiciones de base de economía humana tales como aparecen a un grupo compuesto principalmente de, cristianos deseosos de entenderse con los no‑cristianos en busca de "lo mejor" humano en una civilización solidaria.

Nos colocaremos primero ‑‑‑aun cuando sea una simplificación excesiva‑‑ frente a algunas fuerzas, ideo­logías, regímenes designados por términos aproxima­dos y sin corresponder a una división estrictamente homogénea de capitalismo, socialismo, comunismo y de Tercer‑Mundo ([i]).

Luego de esta presentación critica, trataremos de fijar nuestras posiciones positivas: la necesidad de recu­rrir a un amor fraternal, inteligente, el objetivo de "va­lorización" de la humanidad, el análisis indispensable de las necesidades y de las posibilidades para orientar las intervenciones.

Nos restará entonces expresar cómo deseamos coo­perar con el movimiento obrero, el movimiento rural y las "élites" auténticas que deben ser promovidas, tomando en cuenta el factor "tiempo", para preparar vías a la democracia y contribuir a acercarnos a una civilización de economía humana y de solidaridad universal,



[i]. Esta expresión ha sido puesta en circulación por la obra "El Tercer Mundo" publicada con el patrocinio del I.N.E.D., (Instituto Nacional francés de Estudios Demográficos), y bajo la dirección de Georges Balandier a las " Presses Universitaires de France" en 1956. Ella designa el conjunto de países subdesarro­llados para distinguirlos de los países occidentales Industrializa­dos y adelantados y de los países bajo régimen comunista.

 

 



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