LA ESPIRITUALIDAD DE LUIS JOSEPH LEBRET
Mi intención no es hablar sobre los valiosos logros del
Padre Lebret. sino tratar de descubrir tras ellos su
personalidad. ¿Quién era Luis Joseph Lebret? ¿cómo se
transformó en el hombre que era? En otras palabras: ¿qué
carencias, convicciones y valores lo motivaron para pensar como
pensó, hacer lo que hizo y vivir como vivió?
Las respuestas a estas preguntas pueden ser descubiertas,
ahondando en su 'Espiritualidad".
'Espiritualidad" puede ser una palabra dificil de
definir, cuando me refiero a la espiritualidad de Lebret, estoy
hablando en primer lugar de cómo él entendió y vivió su
propia vida cristiana; y en segundo lugar: como sus ensenanzas e
intuiciones contribuyeron a una mejor comprensión de la
verdadera vida cristiana de hoy; una espiritualidad que es
positiva, renovadora e integrada.
Como introducción a mi charla sobre esta espiritualidad
debemos recordar una vez más los acontecimientos más
relevantes que conformaron su vida.
Indice
CONOCIMIENTOS FORMATIVOS
Luis J. Lebret nació en un pueblo (Le Minihic Sur Rance) en
Bretaña en 1897, de una familia marítima. Su padre fue el
primer carpintero de la Marina.
El río Rance en cuya ribera está situado su pueblo paterno,
desemboca en el Mar en Cape Horn, y por esta razón le gustaba
decir que nació como ciudadano del mundo.
En su pueblo aprendió las costumbres familiares del
campesinado. Esto lo ayudó a preservar las tradiciones, iniciar
modificaciones y consecuentemente discernir sobre los cambios en
la tradiciónes la historia. Como él dice: "Sobre el
estuario del Rance cuando está en plenamar, podía manejar un
barco antes de ir a la escuela. conocer cómo dejarme llevar por
la corriente y remontarla".
Eligió seguir la carrera naval. Entró en la marina como
cadete, participó activamente durante la primera guerra
mundial.
Retornó a la Escuela Naval para sus estudios superiores. Nos
cuentan que fue un excelente estudiante, graduándose tercero en
su clase.
Decidió entrar en la Orden Dominicana cuando era primer
Oficial de Barco y Caballero de la Legión de Honor.
No está claro por qué pensó en ingresar en la Orden
Dominicana pero sabemos que primero pensó en el sacerdocio
cuando estaba sirviendo en el Líbano. Poco después hizo un
retiro dirigido por un Jesuita que le informó que no era
suficientemente disciplinado para ser Jesuita, pero le sugirió
que podía intentarlo con los Frailes Predicadores.
Como veremos, el lema de los Dominicos: Veritas, fue
personificado en su vida de servicio a los demás. Por cierto,
podemos decir que toda su vidafue una búsqueda de la verdad.
La casa de estudios de Lyon fue clausurada al ser desterrados
de Francia sus miembros por lo cual se instaló en Holanda donde
Lebret cursó sus estudios filosóficos y teológicos.
Nos cuenta que ahí fue muy influenciado por dos de sus
maestros: Padre Augur que lo introdujo en la teología de San
Pablo y las obras de Santo Tomás de Aquino; y Padre
Serlillanges, filósofo brillante y profundamente religioso
quien lo introdujo en la corriente del pensamiento moderno. Sin
embargo, no terminó su último año de teología a causa de su
endeble salud y por lo tanto lo mandaron para su recuperación a
St. Malo.
Esta estadía en St. Malo, un pueblo pequeño de pescadores
en la costa de Bretaña, decidió la futura orientación de su
vida, porque ahí comprobó las condiciones degradantes de la
vida y del trabajo de los pescadores bretones y sus familias.
Estaba horrorizado por esta visión. La primera reacción fue
ayudar en la fundación de una asociación que tenía como
objetivo cuidar espiritualmente a la gente pescadora y sencilla,
cuyas tradiciones cristianas fueron perturbadas por esas
condiciones degradantes. Pronto, sin embargo, descubrió que eso
no era suficiente, necesitaba ir a las raíces del mal y
examinar sus causas, y así reorganizar toda la actividad económica
del sector pesquero.
Durante los próximos diez años, el Padre Lebret dedicó su
tiempo y energía investigando las pescaderías y los negocios
pesqueros, primero a lo largo de las costas francesas, después
en toda Europa y en el Mediterráneo..
Trató de ver las conexiones entre las caóticas
organizaciones locales de las empresas pesqueras y los esfuerzos
internacionales de las grandes firmas que monopolizaban los
mejores lugares de pesca, y entre la vulnerabilidad de los pequeños
pescadores y las grandes estructuras del mercado que no podían
controlar.
Sus análisis le permitieron descubrir las causas principales
de la crisis. Tomando como base estos análisis trabajó después
para la reorganización legislativa de compañías pesqueras en
Francia. Como resultado hubo nuevas leyes en 1938. 1941 y 1945,
que reorganizaron y re-estructuraron en parte a la empresa
pesquera.
Estos diez años de trabajo con y para los pescadores del Atlántico
y Costa Mediterránea dio a Lebret un entendimiento profundo de
los problemas de la economía moderna, en ese período crítico
de la Gran Depresión. Con su conocimiento podía relacionarse
con instituciones internacionales de su tiempo, como por
ejemplo. la Organización Internacional del Trabajo y la
Sociedad de las Naciones.
El Padre Lebret, no se interesó solamente en mejores
sistemas. políticas o leyes. Su principal preocupación era la
gente; en este caso los pescadores explotados.
Durante este período de investigación y análisis pasó
mucho tiempo hablando con la gente, aprendiendo de ellos, cómo
la crisis afectó sus vidas y las vidas de sus familias. Se
preocupó de todos los niveles de su existencia y pensó que la
solución a estos problemas estaba en crear una "economía
humana" es decir: una economía para servicio de la
humanidad. economía que no Impide el desarrollo humano sino que
lo favorece.
Su base es una estructura socio-económica que ofrece a los
hombres y mujeres una vida totalmente humana, en poco tiempo y
por menos precio, considerando la red de conexión entre el
desarrollo de todos los pueblos . Es una economía basada en las
necesidades genuinas de todos, más que en las ganancias y
excesivas ventajas para algunos.
En 1942 el Padre Lebret, fundó un Centro para buscar
respuestas a los complejos problemas sociales, para iniciar
equipos de trabajadores sobre la economía humana, profundizar
sus ideas y compartirlas con otros. Este Centro se fundó en
Marsella en terrenos que pertenecían a la Orden de los
Dominicos y se llamó "Economía y Humanismo", el
mismo título que el de una revista editada por él. Este Centro
fue un ejemplo destacado de la visión de Lebret y de su
confianza en Dios. Fue fundado sin recursos financieros en medio
de la guerra. Varias veces se mudó de local.
Es increíble y asombroso pensar sobre las consecuencías del
interés real de un solo hombre por esta comunidad pobre de
pescadores, en Bretaña, en la que él como estudiante dominico
recuperó su salud. Este interés genuino con su búsqueda por
la verdad lo despertó para hacer su análisis social, primero
de la situación local y después de un área geográfica mayor.
Este Interés contribuyó mucho al mejoramiento de la situación
de los trabajadores de su tiempo.
Pero por hermoso, que parezca, éste no es el final de la
historia del P. Lebret. En el año 1929 tuvo el primer shock
cuando descubrió las condiciones terribles y degradantes de los
pescadores, también en 1947 tuvo otro shock en su vida,
descubriendo el sub-desarrollo del tercer mundo.
En ese año fue invitado al Brasil por la Universidad de
Sociología y Política de San Pablo para dar una serie de
charlas introductorias sobre la "economía humana".
Viajó por este país y otras partes de América Latina
viendo la extrema pobreza de la mayoría de la gente -- una
pobreza que le dio la impresión de que el pobre más pobre de
Francia era rico--.
Su reacción fue utilizar el mismo método ya usado por él:
observación, análisis de los datos, investigación de las
causas, asesoramiento de las necesidades. haciendo programas y
proyectos, entrenando a personas comprometidas y calificadas
para la movilización de los lugares de poder de decisión.
Este trabajo ocupó muchos años de su vida, debiendo dej ar
a sus seguidores lo que habla iniciado en Europa. En todo este
tiempo su visión y compasión aumentaban.
Mientras estaba en América Latina se preocupó también por
el resto del mundo visitando e investigando en Vietnam, Dahomey,
Senegal, Ruanda y Líbano.
A pesar de que Lebret era un hombre de las bases. convencido
de que el verdadero desarrollo se basa en el protagonismo del
mismo pueblo, sobre sus propias vidas, también entendió que
todo el progreso se puede trabar con el mismo mecanismo del
intercambio internacional. Al darse cuenta de esto, comenzó a
trabajar con dos grandes instituciones que para él fueron
capaces de realizar cambios en el mundo, la Organización de las
Naciones Unidas (O.N.U.) y la Iglesia.
La O.N.U. era un lugar estratégico donde los líderes
mundiales podían ser influenciados para ver las verdaderas
necesidades y los problemas reales de la humanidad.
El Vaticano lo nombró al P. Lebret como su representante en
algunas conferencias de la O.N.U., tuvo mucha influencia en la
Conferencia de Comercio y Desarrollo (Ginebra - 1964) en la que
habló proféticamente.
La otra institución que para él era estratégica y por la
que el cambio mundial podía ser realizado, era la Iglesia. Para
este fin trabajó con el Secretariado de la Conferencia
Episcopal Francesa, influyendo sobre muchas personas que tendrán
luego un rol muy importante en el Vaticano II. Trabajó también
con las Conferencias Episcopales de América Latina, Africa, y
Vietnam. El era un amigo de confianza de Juan XXIII, que visitó
su Centro de "Economía y Humanismo" cuando era Mons.
Roncalli, Nuncio Apostólico de Francia.
Se pueden encontrar sus ideas sobre el desarrollo en la Encíclica
de Juan XXIII, "Mater et Magistra". Lebret también
participó activamente y con gran pasión en la redacción del
documento Gaudium et Spes, la Constitución, Pastoral de la
Iglesia en el mundo moderno. Trabajó de 2 maneras: desafiando
personalmente a los miembros del Concilio y distribuyéndoles
textos relevantes sobre la pobreza en las fuentes patrísticas.
Su influencia sobre la enseñianza de la Iglesia se ve más
claramente en la encíclica "Populorum Progressio",
del Papa Pablo VI, sobre el desarrollo Cuando finalmente se
publica la Encíclica en 1967, informaron públicamente que L.
J. Lebret fue uno de sus mayores promotores, y el mismo Papa
presentó la Encíclica como tributo a su memoria. Lebret también
colaboró en la fundación de algunas comisiones en Roma.
especialmente ayudó a un grupo de trabajo que tenía que
prepararla nueva organización de la Comisión Pontificia de
Justicia y Paz, pedida por el mismo Concilio.
El P. Lebret falleció en 1966 a la edad de 69 años. Sus últimas
palabras dichas a las enfermeras que cuidaron de él fueron:
"¡Qué linda es la vida! Uno tiene que lanzarse en la vída.
recibir muchos golpes por los demás y asi mostrarle al Señor
que ya entendió".
En el resumen de su biografia uno se da cuenta que su vida
estuvo siempre abierta a nuevas posibilidades. a través de su
habilidad para aceptar cualquier circunstancia de la vida como
también preguntarse el "por qué" cuando se encontró
ante la miseria y la injusticia, esta pregunta siempre estuvo
acompañada por su compasión hacia las víctimas de aquella
miseria e injusticia. Esta vida siempre abierta a nuevas
posibilidades era una expansión de su profundo espíritu
cristiano.
La espiritualidad que inspiró su vida es el tema de esta
charla. Si me piden describir esta espiritualidad, diría que es
una espiritualidad que lleva a involucrarse compasivamente en el
mundo.
Indice
PLAN DIVINO DE SALVACION
Para apreciar la espiritualidad de Lebret de
"involucrarse compasivamente en el mundo", debemos
primero darnos cuenta de la teología subyacente y que es fuente
de su espiritualidad. Nos referimos a su comprensión del Plan
de Dios para la salvación de la raza humana. Sus escritos
reflejan claramente su visieon de este proyecto y sus intentos
de colaborar con él. Además encauzó su vida, despertando
simultáneamente dos actitudes: salir para servir compasivamente
al mundo y entregarse él mismo a Dios, en contemplación
El proyecto de Dios para la raza humana, nos cuenta Lebret,
es unir toda la creación al Padre en el Hijo. Esto está
resumido en el primer capítulo de Efesios: "Dios nos da a
conocer este proyecto misterioso, fruto del amor que tiene a su
Hijo que debía realizarse cuando llegara la plenitud de los
tiempos. Todas las cosas han de realizarse en Cristo, tanto los
seres celestiales como los terrenales. (Ef. 1; 9-10. Col. 1;
19-20). En uno de sus libros, Lebret describe con detalles cómo
este proyecto se reveló gradualmente en tiempos del Antiguo
Testamento y llegó a su plenitud con el nacimiento de Cristo.
Como el pensamiento de Dios es atraer a la humanidad hacia
si, entonces todos los hombres y mujeres tenemos la obligación
de buscar a Dios y caminar constantemente hacia El. Lebret
utiliza la expresión "progreso humano" para desígnar
esta búsqueda de la humanidad. Es también el titulo de uno de
sus más famosos libros en el que define el "progreso
humano" como "el retorno del universo a Dios". .
"Progreso humano", es concebido como crecimiento y
desarrollo de hombres y mujeres individualmente, y de la
humanidad en general hacia una vida plena en Dios. Se trata de
la realidad de todas las personas y de toda la humanidad. Tiene
una dimensión personal, social, cultural, intelectual, moral,
económica, científica y también un aspecto estrictamente
espiritual.
Para Lebret hablar de progreso humano (monteé humaine) es lo
mismo que hablar de Jesucristo y el fin de la redención.
Explica que es imposible para la humanidad caminar sin ayuda
hacia Dios a causa del pecado en el mundo, pero a través de Jesús
la humanidad y todo el universo pueden llegar a Dios, porque! El
es quien comprende mejor el proyecto de su Padre y quien lo
realizó con su acción redentora. Jesucristo, según él. es
quien recapituló todo el universo de las cosas materiales y la
humanidad liberando a todo de la ley del pecado y dándonos el
poder de caminar hacia Dios. Gracias a El, la maldad en el mundo
no es un obstáculo definitivo hacia el progreso humano.
Hay progreso humano en todo el universo, aun en aquellos que
no conocen ni siguen a Cristo, porque como explica Lebret, el
Espíritu Santo está siempre actuando misteriosamente, moviendo
a la humanidad hacia Dios, su fin. Se ven estas manifestaciones
del Espíritu Santo en la preocupación por la verdad. sed de
justicia o cualquier acción constructiva para el bien de los
demás.
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NUESTRA RESPONSABILIDAD CRISTIANA
Si el progreso humano es el plan de Dios para la humanídad,
entonces lógicamente el objetivo de nuestra existencia
cristiana es comprometernos con este proyecto y hacerlo crecer
en nuestra vida buscando constantemente a Dios y entregándono a
El por amor. Lebret describe esta búsqueda y entrega como
"nuestro mayor acto de elevación, nuestro mayor avance y
desarrollo" juntamente agrega: "el límite de este
acto supremo es amar a Dios con todo nuestro corazón. alma y
espíritu"
Sin embargo, el cristiano no puede preocuparse solamente de
su propio desarrollo porque seguir a Cristo implica preocuparse
ardientemente por el desarrollo de toda la humanidad.
Lebret enfatiza la idea de que nuestra inserción en Cristo
nos permite valorar a todos los seres humanos, ricos y pobres,
ya que todos tienen en sí mismos semillas de su propio
desarrollo y, consecuentemente deseamos su realización.
Hablando de él mismo escribe: yo siento una intimidad profunda
con todas las personas. las quiero por ellas y en ellas porque
siendo humanos son maravillosos y son llamados para serlo aún más.
Yo quiero darles luz y no limitarlas. Yo no quiero ser obstáculo
en sus destinos sino solamente ayudarlos a crecer y que puedan
llegar a la plenitud.
Destacamos que un aspecto importante de la espiritualidad de
Lebret es aceptar que nuestro propio desarrollo como personas
humanas está conectado profundamente con el desarrollo de los
demás. Su comentario es el siguiente: nosotros encontramos a
Dios y su paz sin límites cuando nos preocupamos por el bien de
toda la humanidad.
El Padre Lebret nos da recomendaciones prácticas y
universales para que los cristianos de hoy puedan insertarse en
el proyecto del "progreso humano" (monté humaine).
Escribió libros enteros sobre este tema. Vamos a subrayar ahora
los puntos salientes de su obra.
La primera condición para cooperar con el proyecto de Dios
es dedicar tiempo a la reflexión sobre él. Lebret dice que ésta
es la única manera de entrar más profundamente en la acción
redentora de Dios. Los seres humanos, somos capaces de
reflexionar sobre el proyecto de Dios.
Lebret celebra nuestros dones de inteligencia, intuición y
sabiduría, y todos los demás dones que tenemos; exclamando líricamente:
"La alegría de conocer, alegría profunda, la mayor alegría
que podemos experimentar". Mediante estos dones podemos
descubrir la dirección de nuestra propia vida y la de toda la
humanidad, podemos contener el universo en nosotros mismos,
penetrar sus secretos, entender y descubrir la armonía en toda
la creación y tornarnos concientes de nuestro objetivo común.
Cuanto más los cristianos pensamos en el plan de Dios de
unir a todos a El en Jesús, más podemos entender como Lebret:
que el proyecto de Dios para el mundo es distorsionado a causa
de nuestro pecado. Lebret describe la tragedia del pecado y la
angustia de la humanidad, diciendo: en vez de buscar la verdad,
la mayoría vive en la ignorancia, en vez de solidaridad y
colaboración encontramos crueldad y avaricia: en vez de amor
existe odio. En el capitulo 9 de su libro "Dans le combat
du monde", habla de algunas señales del pecado en nuestro
mundo contemporáneo: la seducción del materialisino, la ilusión
del racionalismo, el mito de la independencia absoluta.
Sugiere que, en el mundo de hoy, el peor mal que bloquea el
"desarrollo humano", no es tanto la pobreza de
"los que no tienen" sino la falta de conciencia de
"los que tienen". A causa de esta avaricia y falta de
conciencia "las materias primas, las fuentes de energía,
la producción -- fuentes potenciales de una civilización --
son cambiadas en flores venenosas, concentradas en las manos de
algunos que no quieren compartir el patrimonio nacional entre
todos, se toman semillas de guerra--.
Reflexionando cómo el pecado rompe el proyecto compasivo de
Dios para el mundo, Lebret reza: 'Dios... no permitas que la
humanidad se destruya a sí misma".
Además del don de inteligencia nos fue dado el libre albedrío
que nos obliga, como cristianos. a utilizar esa libre voluntad
para comprometemos en el trabajo del desarrollo humano. lo que
implica que aprendamos a decir sí al bien y no al mal, a pesar
de las consecuencias.
Lebret entiende que la formación de la voluntad que busca el
bien y el desarrollo de la humanidad, es un proceso gradual y
muchas veces dificil. Requiere muchos años de esfuerzo, muchos
fracasos y nuevos comienzos. Nos formamos a través de la acción
y nos corregirnos de nuestras fallas. Poco a poco nuestra
voluntad se va formando a mediante la búsqueda de la verdad.
Encontrada la verdad nos adherimos a ella y reconociéndola la
hacemos presente en nuestra vida.
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INTELIGENTEMENTE CRISTIANO
El cristiano de hoy frente a la realidad del pecado y a sus
consecuencias destructivas en nuestro mundo, y que quiere el
desarrollo integral de todos los hombres y mujeres, es llamado
no solo a dar alivio a todas las víctimas de la injusticla sino
luchar para eliminarla.
Vimos cómo Lebret consciente y efectivamente, consiguió
esto en su propia vida. Esta actitud frente a la miseria es, según
Lebret, la actitud de todos los que son inteligentemente
cristianos. El se refiere al episodio del Buen Samaritano en el
Evangelio de San Lucas para ilustrar este punto. Recordando esta
historia y dándole una ambientación contemporánea dice:
"uno debe concluir de esta página de la Biblia que los
verdaderos cristianos son aquellos inteligentemente
miscricordiosos hasta el punto de utilizar los medios necesarios
para erradicar la miseria". Hoy "los
medio-muertos" son las multitudes humanas impedidas de
llegar a su completo desarrollo humano. El buen samaritano de
hoy es el cristiano que puede descubrir las causas generales y
universales de la miseria humana.
Sin embargo, muchas veces, los cristianos aparecen como los
menos inteligentes porque no hacen ningún esfuerzo para llegar
a las causas de la miseria y, consecuentemente son ineficaces
con sus soluciones. Lebret comenta tristemente sobre los
muchismos cristianos que no saben cómo interpretar los
problemas de la sociedad en sus múltiples aspectos, tampoco
saben cómo situarse en el proceso de las Instituciones.
estructuras y técnicas, y entonces participan en batallas
parciales con métodos materiales que son insuficientes,
inadaptados y anacrónicos,
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COMPROMETIDO EN EL MUNDO
La espiritualidad de Lebret, cuyo fundamento es el proyecto
de salvación de Dios para el universo, es evidentemente una
espiritualidad que se compromete con el mundo, en vez de
retirarse del mundo. En realidad, según Lebret, las características
del verdadero cristiano son: ser abierto, inserto en el mundo
con toda su complejidad. Los textos de la Biblia que dan
fundamento a esta tesis, incluyen las órdenes de Jesús a sus
discípulos: "Vayan y hagan discípulos en todas las
naciones" (Mt. 28,19). "Ustedes son mis testigos"
(Jn. 15,27); y "los envío al mundo" (Jn. 20,21).
Cuando los cristianos insertos en el mundo y trabajan por su
verdadero desarrollo. están siguiendo a Cristo Jesús que se
insertó totalmente en la condición humana. Lebret habla de Jesús
como "el compromiso irrevocable de Dios en la historia
secular".
Desgraciadamente muchos cristianos se retiran del compromiso
activo e inteligente del mundo. Lebret los llama
"cristianos del domingo" y su falta de compromiso es
una de las causas primeras que impiden el desarrollo verdadero
de la humanidad, y consecuentemente bloquea la llegada del Reino
de Dios entre nosotros.
Los cristianos tienen distintas maneras para comprometerse en
el trabajo del progreso humano. Lebret enfatiza nuestra
responsabilidad cristiana de discernir nuestra propia área de
compromiso según nuestros dones. nuestra vocación y
circunstancias. Nos alerta que si no hacemos este discernimiento
y contribución, ya somos menos humanos de lo que deberíamos
ser, no estamos cumpliendo con nuestra vocación y no aunamos
nuestros esfuerzos con el proyecto de Dios, y realmente no
cumplimos con la voluntad del Señor.
El área del compromiso de cada persona no es solamente un
lugar geográfico sino que se relaciona con el tiempo. Lebret
insiste en que cada persona y cada grupo deben integrar sus
esfuerzos con los de su propia generación. Las generaciones se
suceden unas a otras, y cada una da su propio aporte que es
distinto al de las demás
Cualquiera que sea nuestra generación nuestro compromiso,
tiene un sólo objetivo: ayudar a las personas a ser más, y no
a tener más. Lebret señala que es posible tener mucho y ser técnicamente
avanzado, y al mismo tiempo no tener un verdadero sentido de la
existencia rú de la armonía de sus frutos que son la sabiduría
y el entendimiento. Cuando la situación es como recién la
planteamos, no hay desarrollo humano, y la economía no es una
economía humana.
Hay 3 categorías ascendentes de las necesidades humanas que
debemos conocer para ayudar a la humanidad a "ser más en
vez de tener más": 1) necesidades básicas como comida,
ropa, casa, salud 2) necesidades de confort como tiempo libre y
ambientación agradable. 3) necesidades espirituales
relacionadas con el desarrollo humano y la trascendencia
oportunidades culturales, amistades enriquecedoras y oración.
Las personas que comienzan trabajando por el bien de los demás,
también pueden ser tentadas de tener más que de ser más.
Lebret, hablando de su propia experiencia, dice que es fácil
ser atraído por conexiones lucrativas, prestigio,
reconocimiento por los medios de comunicación, y ricos
almuerzos!
Si uno accede a esto puede terminar teniendo más pero siendo
menos persona.
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EL COMPROMISO COMPASIVO
En la espiritualidad de Lebret, la cualidad que más
caracteriza el compromiso cristiano en el mundo: es la compasión.
Los amigos de Lebret hablan mucho de su gran compasión. Su
amigo y compañero dominico Thomas Suavet, escribió:
"Ardiendo con la infinita compasión de Cristo sufrió a
causa de la miseria colectiva de la humanidad", este
progreso humano universal se tomó para él una pasión. una
angustia. El salió para Brasil, Colombia, Vietnam y Líbano a
pesar de su cansancio porque escuchó la voz del Señor que lo
llamaba desde ahí.
Otro amigo, Víncent Cosmao, destaca que la compasión es el
valor característico de la vida de Lebret. Habla de esta
compasión, que no tenía ninguna gota de sentimentalismo o
paternalismo pero si, un amor que sintió la necesidad de
identificarse con el hermano necesitado y con toda la humanidad
para crear con ellos las condiciones de su propio desarrollo.
El amor compasivo de Lebret. se lo entiende claramente en
estas palabras: "Yo siento una profunda intimidad con todas
las personas. Amándolas, me identifico con ellas. Están
aquellos que tuvieron mala suerte en la vida, o que fueron
quebrados por la vida... porque no sabían cómo buscar la
verdad... porque son infelices, los recibo a todos en mi amor.
Mi corazón los busca con mayor ternura. Sus miserias me
afectan. No puedo descansar en paz si ellos son, de alguna
manera, infelices..."
La esclavitud en que viven me despierta para luchar por su
liberación. No puedo liberarme a mi mismo, sin liberarlos a
ellos.
En un texto que no fue publicado nos dejó su reflexión
sobre la compasión: "tener compasión es abrir el corazón
a todos los aspectos de la miseria humana, gradualmente
descubierta. Para mí es un elemento esencial de ser uno en
Cristo". En otro artículo habla de la compasión como el
suspiro de Dios.
En nuestro compromiso con el mundo y en nuestro servicio a la
humanidad, la compasión nos ayuda para abrir nuestros
horizontes, ir a nuevos lugares, servir al pueblo con mayor
generosidad y sobre todo, respetar siempre la dignidad de cada
persona. Jesús que cumplió su ministerio en Galilea,
atendiendo cualquier miseria que encontró, es el modelo de esta
compasión.
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INVOLUCRARSE CONTEMPLATIVAMENTE
Para terminar esta exposición quiero agregar que es
imposible involucrarse contemplativamente en el mundo como lo
hito el P. Lebret sin una vida de oración.
Nos hace recordar que cada uno tiene sed inagotable del
absoluto, una sed que solamente Dios puede calmar. Para servir
verdaderamente a la humanidad debemos respetar esa sed
desarrollando nuestra relación constante con Dios en nuestra
vida.
Obviamente no se puede colaborar con el proyecto salvífico
de Dios para cada hombre en particular o para la humanidad en
general, si no estamos abiertos al proyecto de Dios en nuestra
propia vida. Esta proyecto como vimos, implica una entrega total
en amor a Dios. Esta entrega de uno mismo a Dios, según Lebret,
es el culmen de la actividad humana.
Entregándonos así en nuestras vidas, Dios nos permite
liberarnos de todas nuestras esclavitudes y nuestro amor humano
se torna infinito. Así podemos amar a los demás como Cristo
los amó, con el mismo amor de Dios. Lebret escribió: "Jesús
quiere que amemos a todos para que su amor pueda cambiarlos;
para que los que tienen sed de ternura puedan encontrarla en su
gran ternura". Tenemos escrito un ejemplo de su propia
oración de entrega: "En mí mismo reúno a toda la
humanidad y abrazando al mundo y a la humanidad vuelo en dirección
hacia Dios, y arrojo en El todo. El gran movimiento universal se
completa en mí ... hacia Dios en este ascenso supremo,
inseparable del mismo movimiento de Cristo.
Leyendo las oraciones de Lebret que son revelaciones de su
vida interior, nos damos cuenta que esta vida de entrega a Dios
no fue nada fácil. Muchasveces fue abrumada por dudas y su
oración fue expresión de su propia oscuridad y lucha interior.
Parece a veces, que está agarrado de Dios por un pequeño hilo
y que le cuesta, por tanto, creer. confiar, continuar viviendo y
aceptar la voluntad de Dios. 'Por qué, por qué la vida es tan
dificil? ¿por qué, por qué, por qué? le grita a Dios.
Comparte sus luchas interiores en una oración a la Virgen María:
nadie entiende su sufrimiento, su falta de coraje o su miedo al
futuro. En sus oraciones muestra su arrepentimiento y su deseo
de ser perdonado.
En una oración de la noche. muy particular. habla con Dios:
"fue un día muy dificil y yo no me comporté como debía.
Comí mucho, bebí mucho y compré cosas que no necesitaba. No
respeté a todos. a pesar de haber sido esa mi intención."
En oraciones como ésta encontramos la conciencia que tenía el
Padre Lebret de sus debilidades humanas y al mismo tiempo su
deseo de entregarse totalmente a Dios en amor contemplativo para
servir a sus hermanas y hermanos. Esto debe animamos.
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CONCLUSION
En el final de su libro. "Dans le combat du monde",
Lebret tiene un capítulo que se titula: "La santidad,
hoy". Es un resumen de la espiritualidad del compromiso
compasivo en el mundo Sugiere que un nuevo estilo de santidad es
necesario para nuestro mundo de hoy -- una santidad de
involucrarse con el mundo.
A pesar de que este libro fue escrito 20 años atrás, el
tema de involucrarse en el mundo, tiene mucha relevancia para
nuestro tiempo. Se resume de la siguiente manera: Hoy hay una
gran necesidad de santos que puedan enfrentar la vida, a pesar
de que la humanidad esté caminando hacia su propia destrucción,
a pesar de que hay más miseria individual y colectiva en el
mundo, de que la brecha de los valores materiales es cada día
mayor y más profunda y de que haya muchísimas ideologías que
son falsas.
Estas personas, perturbadas por la miseria que los rodea y
ardiendo en el deseo de cumplir con el proyecto de Dios, serán
quienes entreguen su vida activamente para cambiar todo lo erróneo.
Serán al mismo tiempo fuertes y mansos. Serán quienes puedan
sufrir por sus creencias. Serán también quienes no necesitarán
ver la cruz colgada en las paredes porque la tendrán en su
propia vida y serán ellos los que se entregarán a Dios y a sus
hermanas y hermanos continuamente y con plena libertad, y serán
purificados de esta manera para abrirse al impulso del Espíritu.
Tendrán sus propias noches oscuras y sus propios momentos
misticos en medio de este "involucrarse con el mundo".
Para ellos la atmósfera que respiren será la presencia
compasiva de Dios en el universo. Se tornarán más humanos y
cristianos a través de su lucha y compromiso diarios, Con y en
Jesús estas personas santas contribuirán al movimiento
universal hacia Dios.
Yo quiero afirmar que Luis José Lebret, el fraile dominico,
era una de esas personas santas que tanto necesitamos hoy y,
quiero decirles también que esta espiritualidad que él vivió
y escribió -- "la espiritualidad de involucrarse
compasivamente en el mundo" -- puede formar hoy a los
hombres y mujeres santos que el mundo necesita.
Indice
MARY O'Driscoll o.p.
Colaboraron en la traducción y redacción:
Hna. Estela María o. p.
Hna. Joanna o.p.
Hna. Veróníca o.p.
en composición, diagrarnación e impresión
Hnas. María de la Trinidad y Gérine
o.p.
del
Centro Dominicano.
Agradecemos a todas su generosidad y dedicación.
Congregación Irlandesa de Hermanas Dominicas de Ntra. Sra. del Rosario y Sta. Catalina (Cabra)