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Entre 1936 y 1966,
el Padre Luis José Lebret, miembro de la Orden de Predicadores,
logró desarrollar la obra de un pionero al colocarse en el centro
de los grandes cambios del siglo XX.
Inicialmente capellán de pescadores y promotor de una economía
cooperativa al servicio de un mejor destino para el mundo de los
marinos, se convenció de la necesidad de articular las medidas
económicas, sociales y culturales en un todo acercándose
paulatinamente a una concepción integral del desarrollo, que
surgió de las vivencias realizadas al compartir de manera directa
las necesidades de los hombres y sus comunidades y de participar
activamente en las tareas organizativas generadas para llevar
adelante los proyectos.
En 1941, fundó el movimiento "Economía y Humanismo"
donde en compañía de François Perroux construyeron e ilustraron
la problemática y la práctica de la Economía Humana preocupada
fundamentalmente en generar un nuevo acercamiento de los
estudiosos sociales a la realidad, abriéndose a una visión
global de la dinámica de las sociedades y las culturas.
En 1953, se integró a un grupo de alto nivel dentro de la
Organización de las Naciones Unidas para establecer los "Niveles
de Desarrollo en el Mundo";. En compañía de Josué de
Castro, Director de la FAO, trabajó por establecer una acción
internacional para luchar contra las desigualdades y promover un
nueva Etica del Desarrollo. Su libro “Suicidio o Supervivencia
de Occidente” es un grito de alerta y el preludio del “Manifiesto
para una Civilización Solidara” de 1959.
Llamado por los gobiernos del Brasil, Colombia, Venezuela,
Vietnam, Senegal y el Líbano, desempeñó el papel de "Consejero
en temas del Desarrollo", tanto en el plano de las
formulaciones conceptuales como de la práctica concreta logrando
elaborar un amplio rango de herramientas innovadoras para la
investigación y la puesta en marcha de un "desarrollo
integral y armonioso". Toma cuerpo asi la visión fundacional
de la Economía Humana al pretender "el desarrollo de todo el
Hombre y de todos los Hombres"; que se aplica particularmente
en el IRFED que creó en 1958, para sostener sus acciones en el
eje Norte-Sur.
Al mismo tiempo jugó un papel de primer orden en la apertura de
posiciones de la Iglesia Católica hacia los problemas del
Desarrollo Internacional, tanto con ocasión del Concilio Vaticano
II como en la preparación de la Encíclica Populorium Progresso
de la que será uno de los principales artesanos.
El Padre Lebret inscribió su acción espiritual dentro de una
gran sensibilidad ecuménica que fue más allá del mundo del
Cristianismo trabajando junto a compañeros del universo
musulmán, la espiritualidad asiática y los valores
negro-africanos.
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