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Prólogo
Mucho
me honra tener la oportunidad de dirigirme a ustedes en esta
prestigiosa conferencia. Me place también que el Banco Interamericano de
Desarrollo haya decidido tratar el tema de “invertir en la infancia” en
su asamblea anual”. Este es un tema
trascendental que, por alguna razón u otra, ha sido descuidado. Es
importante no sólo examinar las necesidades de inversión en la niñez
sino también hacerlo en una forma conceptualmente adecuada.
Argumentaré
que al considerarse la inversión en la niñez como una parte del proceso
general del desarrollo lograremos una comprensión más plena del amplio
alcance y de la importancia crítica de invertir en la infancia. También
puede afirmarse que el relativo descuido de este importante tema puede ser, en gran parte,
el resultado de una visión limitada, y más bien ad hoc, de la calidad e
implicaciones de la niñez. Considerando el tema dentro de la rica
perspectiva del raciocinio del desarrollo podemos lograr un
reconocimiento más claro, por una parte, de la relación integral entre
la niñez y la edad adulta y, por otra parte, de las interconexiones
entre las vidas de diferentes personas y familias que conforman la
sociedad en su conjunto. Diría que una perspectiva de desarrollo puede
dar mayor justicia tanto a las amplias interconexiones que existen como
a las integraciones necesarias que se requieren.
El
desarrollo como libertad
Es
así que comienzo con la pregunta elemental: ¿Qué es “el desarrollo”? He
tratado de argumentar en otras ocasiones que el proceso de desarrollo
puede considerarse como una ampliación de la libertad humana.El éxito de una economía y
de una sociedad no puede separarse de las vidas que pueden llevar los
miembros de la sociedad. Puesto que no solamente valoramos el vivir
bien y en forma satisfactoria, sino que también apreciamos el tener
control sobre nuestras propias vidas, la calidad de la vida tiene que
ser juzgada no solamente por la forma en que terminamos viviendo, sino
también por las alternativas substanciales que tenemos. Para ilustrar
esta distinción, consideremos a una persona que cada día levanta cargas
muy pesadas. Por ejemplo, al evaluar la calidad de vida de esta persona,
tenemos que examinar si lo está haciendo por su propia elección (con
otras alternativas a la mano) o si está siendo forzada a hacerlo bajo
la coerción de, digamos, algún forzudo capataz de esclavos. Ello haría
diferencia.
Ya
que la evaluación de la libertad puede ser susceptible tanto a lo que
hace una persona como a las
alternativas que tiene, la libertad proporciona una perspectiva más
amplia al juzgar la ventaja humana, y por medio de ella, evaluar el
éxito social.Este es el razonamiento
básico que proporciona la base para considerar “el desarrollo como
libertad”.
El
enfoque sobre libertades humanas contrasta con las perspectivas más
estrechas sobre el desarrollo, tales como aquellas que identifican el
desarrollo con el crecimiento del producto bruto nacional, o con la
ampliación del comercio, o con la industrialización, o con el avance
tecnológico. El crecimiento del PNB, o de las industrias, o de la
tecnología, puede, por supuesto, ser muy importante como medio de
ampliar las libertades de los miembros de la sociedad. Pero las
libertades que la gente disfruta dependen también de otros factores
determinantes, tales como las instituciones sociales y económicas (por
ejemplo, las instalaciones para la educación y el cuidado de la salud),
así como también los derechos políticos y civiles (por ejemplo, la
libertad de participar en la discusión y el escrutinio públicos). Ver
el desarrollo en términos de la ampliación de las libertades
substanciales dirige la atención hacia los fines que hacen al
desarrollo importante, en vez de simplemente hacia algunos de los
medios que, entre otros, cumplen un papel importante en el proceso.
Al
usar esta perspectiva amplia, podemos examinar el papel particular de
la inversión en la niñez. Ese papel tiene muchas características y
aspectos distintos, y es importante separar las formas diferentes en
las cuales ese papel puede ser importante para reforzar la libertad
humana, y por medio de ello, avanzar el desarrollo. En estos tiempos, frecuentemente
escuchamos que debemos asumir un punto de vista “holístico”, pero el
tema requiere también distinciones analíticas y diferenciaciones
empíricas. El conjunto puede ser más que la suma total de las partes
pero tenemos que tener muy en claro cuáles son las partes antes de
evaluar el conjunto.
Mortalidad como falta de libertad
La
primera, y tal vez la más elemental conexión entre la inversión en la
niñez y el desarrollo pasa por la mortalidad infantil. Aquí hay dos
cuestiones: 1) la posibilidad empírica de reducir la mortalidad de
menores de 5 años (incluida la mortalidad infantil) mediante
inversiones públicas y privadas, y 2) la pertenencia de la reducción de
la mortalidad de menores de 5 años para el desarrollo. Respecto al
primer punto, la existencia de relaciones empíricas muy sólidas entre
la inversión y la reducción de la mortalidad está ampliamente
confirmada por la regularidad observada de que las inversiones en
nutrición, inmunización, cuidado infantil, etc., reducen en forma
radical la tasa de la mortalidad de menores de 5 años cuando esa tasa
es, comparativamente hablando, alta. En efecto, las experiencias en
diversas partes del mundo, desde Europa al Japón, muestran cómo pueden
ser muy efectivas las inversiones en estos sectores, inclusive aquellas
aún bastante pequeñas. También los logros de las políticas nacionales
en la reducción de la mortalidad infantil han sido substancialmente
suplementados en años recientes por intervenciones sistemáticas de
organizaciones internacionales como UNICEF y la OMS.
Si
la cuestión anterior (la conexión empírica) está bien establecido, la
cuestión siguiente (la evaluación) debería también ser bien reconocido.
En realidad, la importancia de la reducción de la mortalidad en la
evaluación de los logros del desarrollo es aceptada mucho más
ampliamente ahora, que lo que era hace apenas una década o dos. Como
alguien que por muchos años ha tratado de abogar en favor de la
importancia de la reducción de la mortalidad como una parte
constitutiva del desarrollo,[5][5]
me satisface
informar que la oposición a reconocer esta importancia constitutiva
parece estar desintegrándose ahora, al menos en el nivel práctico. Los
Informes sobre el Desarrollo Humano de Mahbub ul Haq que comenzaron
como una rebelión contra las medidas aceptadas del desarrollo (el
primer informe fue en 1990), se han convertido recientemente en un
elemento corriente dentro del grupo establecido de la literatura del
desarrollo. Si bien no todos concuerdan con la importancia de esta
perspectiva, y en algunos textos aún se despliega una terquedad
desafiante en la tendencia de distinguir tajantemente entre “el
desarrollo humano”, de un lado, y simplemente “el desarrollo”, del otro
(cómo si el último considerase el bienestar de los elefantes y
chimpancés, además del de los humanos). Pero en la literatura práctica
sobre el desarrollo, el aumento de la expectativa de vida y la
reducción de la mortalidad son tomados ahora en cuenta regularmente,
como parte integral de la contabilidad del desarrollo entendido en
forma amplia. Aparte de lo que podamos pensar de medidas agregadas
tales como el “índice del desarrollo humano”, que no pueden ser sino
defectuosas (como habrá de serlo cualquier representación de un vector
complejo de logros por medio de un solo número), el tema de vida o
muerte está ahora bien establecido en la literatura del desarrollo.
Sin
embargo, el tema no es sólo de aceptación contable, sino también de
claridad conceptual sobre cómo el desarrollo puede ser visto como un
proceso consolidado de ampliación de la libertad humana, y por qué la
reducción de la mortalidad de menores de 5 años (y el correspondiente
alivio de estos) pueden ser sólidamente colocados en el centro de este
entendimiento integrado. El reducir la mortalidad evitable puede ser,
en sí mismo, una contribución importante al proceso del desarrollo, ya
que la muerte prematura es una negación básica de la libertad más
elemental de los seres humanos. Esto no es sólo debido a que nosotros
valoramos, y tenemos razones para valorar, el vivir un período normal
de vida (esto está bien reflejado en el razonamiento que usamos una vez
que somos lo suficientemente adultos para razonar), pero también debido
a que la mayoría de las cosas que queremos hacer se facilitan por el
hecho de estar vivos. Uno tiene que ser “vivo” en vez de “muerto” para
poder lograr muchas de las cosas que nosotros valoramos alcanzar. Vivir
no sólo es divertido, sino también facilita grandemente las cosas que
queremos alcanzar.
Salud y supervivencia de los niños
Este
punto elemental, si bien es suficientemente obvio, merece ser
reconocido explícitamente en esta conferencia. El tema de esta
conferencia es muy amplio pero puede ser reducido en forma arbitraria
si nuestra perspectiva fuese el concentrarse solamente en la pobreza
vista como los ingresos bajos. En verdad, el imperativo de “romper el
ciclo de la pobreza” puede ser interpretado por algunos como que es
principalmente una orden de batalla para luchar contra la perpetuación
de los bajos ingresos, pero esta interpretación tendría el efecto de
reducir en forma significativa el alcance y la relevancia del tema de
esta conferencia.
La
mortalidad de menores de 5 años, que aún reclama una cantidad
sorprendente de vidas, tiene que ser vista como un empobrecimiento en
sí misma. El cuidado de la salud, la educación pública, el garantizar
el derecho a la alimentación, y otras medidas que ayuden a poner fin al
ciclo de este empobrecimiento básico deben tener un lugar central en un
planteamiento integrado, y las morbilidades y sufrimientos asociados
con la elevada mortalidad de menores de 5 años también merecen la
atención pública. Estas aflicciones representan también violaciones a
la libertad de los más jóvenes para vivir de manera que ellos puedan
disfrutar y apreciar.
Calidad de la niñez y capacidades en la edad adulta
Tras
señalar la relevancia inmediata de la salud y de la supervivencia de la
niñez en una perspectiva de desarrollo, permítanme tornar hacia las
conexiones entre la niñez y la edad adulta. En su insinuante libro The
Twelve Who Survive (Los doce que sobreviven), Robert Myers ha
planteado plausiblemente que nosotros no podemos estar preocupados
únicamente por la prevención de la mortalidad de los niños, sino también
debemos concentrarnos en “fortalecer programas de desarrollo de la
infancia” para una vida más plena de los niños. Mejorar
la calidad de vida de los niños, influenciada por la educación, la
seguridad, prevención de traumas, etc., puede ser una parte crucial del
desarrollo.
En
efecto, la calidad de la niñez tiene importancia no sólo para lo que
pase en la niñez sino también para la vida futura. Las inversiones para
la infancia “son importantes por su propio derecho debido a que ellas
abren el camino para toda una vida de mejor salud, desempeño mental
y
físico, y productividad” como lo señala Enrique Iglesias, el Presidente
del Banco Interamericano de Desarrollo, quien añade que “las
inversiones apropiadas pueden llevarnos lejos para minimizar, y aun
prevenir, una serie de otros problemas económicos y sociales, que van
desde la delincuencia juvenil hasta la maternidad adolescente y la
violencia doméstica y social”.
Las
capacidades de que disfrutan los adultos están profundamente
condicionadas a su experiencia como niños. Nuevamente aquí debemos
distinguir entre los diferentes elementos de esta imagen
interconectada. Las inversiones en educación y otros aspectos de las
oportunidades existentes durante la niñez pueden mejorar las
capacidades futuras en formas muy distintas. Primero, pueden hacer
directamente que las vidas de los adultos sean más ricas y menos
problemáticas ya que una niñez segura en la etapa preparatoria puede
aumentar nuestra habilidad para vivir una buena vida. Existe abundante
evidencia psicológica-social que sugiere esto.
Segundo,
además de ese “efecto directo” en la capacidad para vivir una buena
vida, la preparación y la confianza durante la niñez también
contribuyen a la habilidad de los seres humanos para ganarse la vida y ser
económicamente productivos. Las
vidas de los adultos son enriquecidas por medio de estos ingresos y
recompensas económicas. Dado que eso a su vez influencia las vidas de
sus niños y sus futuras vidas adultas, aquí hay un problema de
transmisión acerca del cual el Banco Interamericano de Desarrollo ha
estado muy preocupado recientemente (a juzgar por la literatura que he
tenido la oportunidad de leer).
Esta
relación, que puede ser llamada la “conexión económica indirecta”,
complementa ampliamente la fuerza del “efecto directo” de la calidad de
la niñez sobre las vidas y aptitudes de las personas al llegar a ser
adultos. Esta conexión es importante en general, pero es especialmente
seria en el contexto específico de los hogares encabezados por mujeres y
las familias sostenidas por mujeres. La
conexión económica indirecta tiene que ser un área de investigación
concentrada y acción en los próximos años.
La
tercera conexión es también indirecta, pero se relaciona con los
vínculos sociales, que pueden extenderse más allá de los puramente
económicos. Nuestra habilidad para vivir con otros, para participar en
actividades sociales, y para evitar desastres sociales, está también
profundamente influenciada por las aptitudes que adquirimos como niños.
Sabemos algo acerca de estas relaciones sobre la base de la literatura
existente, pero este es un campo en el que se necesita todavía hacer
mucha investigación social y psicológica. La acción concertada para
mejorar las capacidades sociales requiere mucho más atención de la que
ha recibido en la corriente principal de la literatura del desarrollo.
Hay
una cuarta conexión, de carácter político. El éxito de una democracia
depende de la participación de los ciudadanos y este no es solamente un
asunto de “reacción visceral” sino también de preparación sistemática
para vivir como ciudadanos activos y deliberantes. Estos temas han sido
recalcados por diversos observadores políticos como Habermas, y más
recientemente Robert Putnam, entre otros.
La
conexión entre la niñez y la edad adulta tiene, en consecuencia, muchos
aspectos. Hay necesidad de una estructura de análisis interactivo que
preste atención a los diversos elementos en esta relación así como a
sus interconexiones manifiestas. La experiencia y la calidad de la
niñez, como lo han analizado Felton Earls y Maya Carlson, tienen un
efecto profundo sobre las capacidades de los adultos para vivir en
forma exitosa en la sociedad. Mientras que la ilustración de estas interconexiones
proviene de los trabajos de Earls-Carlson basados en su estudio de las
familias estadounidenses (especialmente en el vecindario de Chicago),
hay cuestiones generales aquí que se aplican también a otros países,
incluyendo notablemente aquellos en el resto de las Américas. Tenemos
mucho que aprender de cada uno de nosotros.
Un comentario final
He comentado brevemente
sobre una perspectiva general hacia el desarrollo que nos permita ver
el tema de la inversión en la niñez en una perspectiva amplia, y
también sobre algunos de los distintos elementos en la relación entre
la niñez y la edad adulta que tienen que ser considerados más
plenamente para lograr una perspectiva más adecuada de las políticas
orientadas hacia este tema complejo. Es importante ver las diversidades involucradas,
incluyendo nuestro interés en la supervivencia y calidad de vida de los
niños, por un lado, y el impacto directo así como indirecto de la niñez
sobre las capacidades de los adultos para tener vidas dignas. Las
conexiones cubren las capacidades directas para vivir, así como los
efectos indirectos por medio de vínculos económicos, sociales y
políticos. Este es un asunto de profunda importancia, y le estoy muy
agradecido al Banco Interamericano de Desarrollo por asumir un papel de
liderazgo en enfrentar este problema. Los desafíos que esto conlleva
son de interés para todo el mundo. }
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