Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Desarrollo Humano incluye considerar integralmente seis factores principales:
1. Equidad: Igualdad de oportunidades para todos. Especial énfasis se pone en la equidad del Desarrollo Humano entre Hombres y Mujeres, diversos grupos sociales, y territorial.
2. Potenciación: Libertad de la personas para incidir, en su calidad de sujetos del desarrollo, en las decisiones que afectan sus vidas.
3. Cooperación: Participación y pertenencia a comunidades y grupos como modo de enriquecimiento recíproco y fuente de sentido social.
4. Sustentabilidad: Satisfacción de las necesidades actuales sin comprometer las posibilidades de satisfacción de las mismas por parte de las generaciones futuras.
5. Seguridad: Ejercicio de las oportunidades del desarrollo en forma libre y segura con la confianza de que éstas no desaparecerán súbitamente en el futuro.
6. Productividad: Participación plena de las personas en el proceso de generación de ingresos y en el empleo remunerado.
El Desarrollo Humano es una nueva manera de analizar el desarrollo de los países. Este nuevo enfoque significó trasladar la "medida del éxito" de una sociedad desde la mera evaluación del desempeño económico hacia la forma en que ese desempeño se traduce en mayores oportunidades y capacidades de las personas en todos los ámbitos de su vida.
Este cambio de foco hizo necesario el diseño de un instrumento que pudiera dar cuenta de esa relación y que de alguna manera compitiera con las clásicas mediciones económicas del progreso. Este es el Indice de Desarrollo Humano (IDH).
Características del Indice de Desarrollo Humano.
Resulta claro que un concepto tan complejo no puede ser operacionalizado en toda su extensión. Por ello, el IDH pretende aproximarse sólo a aquellas dimensiones más esenciales y para las cuales existan datos disponibles y comparables.
El indice no es el concepto
Como se ha dicho: las necesidades de las personas suelen ser mútiples y cambiar en el tiempo. Existen, sin embargo, algunas condiciones básicas y que son comunes a todas las sociedades y en todo tiempo: tener una vida larga y sana; poseer los conocimientos necesarios para comprender y relacionarse reflexivamente con el entorno social y poseer los ingresos suficientes para acceder a un nivel de vida decente. Estas son las dimensiones que, en base a diversos indicadores específicos, pretenden ser captadas por el IDH.
¿Para qué sirve un Indice como el IDH?
Un índice como el IDH permite:
- Tener una mirada resumida del nivel de logro en Desarrollo Humano de cada país, región o comuna, en tres dimensiones (salud, educación e ingresos) que, generalmente, se analizan por separado.
- Dado su carácter normativo, es decir, su comparación con una meta ideal a alcanzar, permite analizar qué tan lejos se encuentra cada país, región o comuna de la meta y cuál es la envergadura de los desafíos.
- Al mismo tiempo permite comparar unidades (países, regiones o comunas) a objeto de identificar cuáles presentan menores niveles de logro y requieren por ello una atención preferente.
- Aparte del valor sintético del IDH, este instrumento puede tambien "abrirse" en sus dimensiones componentes. Con ello es posible saber, dentro de cada país, región o comuna, cuál es el logro en cada una de las tres dimensiones. Con ello es posible orientar aún con mayor precisión al análisis de los avances y de los desafíos.
- Finalmente, el IDH es una herramienta útil para generar debate público. En efecto, el IDH pretende ser punto inicial de una conversación social más amplia.
La idea es que, a la luz de los resultados que el índice arroje, el debate público se interroge acerca de las causas, las consecuencias y las estrategias posibles de implementar con miras a incrementar el nivel de desarrollo humano alcanzado.
Desarrollo Territorial:
El concepto es una categoría unificadora que permite definir un "territorio-proyecto" y que comprende una estrategia integrada de desarrollo adoptada por una población específica en función de: i) una vocación productiva compartida (ventajas comparativas), ii) una identidad cultural común y iii) un potencial prospectivo que genera sinergías, cohesiones y articulaciones encadenadas.
El Desarrollo Territorial esta ligado al concepto de Ordenamiento territorial, término genérico que hace referencia a la estructura de usos sobre la superficie de la tierra y su conducción a través de medidas políticas (que en Colombia tradicionalmente se han comprendido como lo regional y como lo local).
No obstante, no existe un definición universal de ordenamiento territorial y su comprensión está estrechamente ligada a diferentes tradiciones, arreglos jurídicos e institucionales, y a los alcances u objetivos supeditados a la definición.
Existen diferentes acepciones:
- La situación actual ("el orden existente") de la estructura de usos de la tierra como resultado de la interacción hombre – medio ambiente.
- La imagen objetivo ("el orden deseado") de la estructura de usos.
- La expresión espacial de las políticas económica, social, cultural y ambiental de la sociedad.
- La Planificación territorial, destacando que en algunos idiomas, no existe una diferencia lingüística o semántica entre "planificación" y "ordenamiento" territorial.
- La acción del estado – de planificación, gestión y política - orientada a armonizar los usos del territorio.
- El uso racional o sustentable – como combinación de aprovechamiento y protección de los recursos naturales - del territorio.
- La regulación de los usos de la tierra desde la perspectiva del interés público, realizada a través de dos tipos de acciones estatales:
- La elaboración de planes y estrategias territoriales en diferentes escalas y
- El control del desarrollo territorial a través de procedimientos político-administrativos que relacionan los planes y estrategias territoriales con las dinámicas del desarrollo territorial.
- La acción de ordenar los usos en el territorio.
- La focalización territorial de la inversión pública con fines distributivos.
- La regulación (o el saneamiento) de la propiedad de la tierra.
El Ordenamiento territorial a través de proyectos se concibe como un conjunto de aproximaciones informales a la planificación y el ordenamiento territorial, que ponen énfasis en los actores y la gestión y buscan elaborar y definir propuestas, procedimientos y políticas de ordenamiento territorial a partir de situaciones, contextos y territorios específicos.
Estas aproximaciones surgen a principios de los años 1990 en Europa Central
1. como reacción a una amplia crítica a la baja efectividad política y lentitud del ordenamiento territorial clásico de orden programático (Desarrollo Regional/Departamental y/o Desarrollo Local/Municipal), y
2. debido a la necesidad de enfrentar contingencias regionales, como p. ej. conflictos ambientales o requerimientos de grandes inversiones.
Gran parte de las iniciativas vinculadas al ordenamiento territorial a través de proyectos han estado orientadas a la realización de proyectos piloto para probar nuevas propuestas de planificación y gestión territorial, como:
· Mesas redondas o conferencias regionales,
· Herramientas de gestión regional,
· Redes urbanas o comunales,
· Concursos para la innovación regional y
· Desarrollo territorial a través de proyectos estratégicos.
En el transcurso de los años el ordenamiento territorial a través de proyectos ha recibido un reconocimiento como un enfoque válido para la planificación y el ordenamiento territorial. En Chile, en el marco del proyecto PROP (Plan Regional orientado por Proyectos para las Regiones) se ha propuesto la aplicación de este nuevo enfoque. En Colombia, el actual Presidente Alvaro Uribe ha realizado algunos señalamientos que apuntan en esta dirección en las reuniones de planificación regional.
Empresarialidad y Desarrollo:
Uno de los motores de crecimiento de las economías es el dinamismo empresarial. Para los países en desarrollo, la creación de empresas y el mantenimiento de las existentes resulta especialmente beneficiosa: genera empleo, amplia los horizontes del mercado, aumenta la producción de bienes y servicios y siembra un dinamismo contagioso.
Pero en América Latina, un reciente estudio realizado por el BID muestra que las empresas latinoamericanas son generalmente pequeñas, su crecimiento es lento y su producción son bienes y servicios más convencionales que comercializan fundamentalmente en el interior de su país. El origen social del empresario latinoamericano suele ser de clase media; los éxitos empresariales se publicitan menos; la aportación financiera de la familia y de los amigos es crucial para el mantenimiento de la empresa y las intervenciones externas, sobre todo desde el sector público, más bien podrían calificarse de trabas que se interponen en su camino y retrasan inútilmente su trabajo. Los especialistas coinciden en que las intervenciones aisladas y desarticuladas no dan resultados duraderos.
La falta de inspiración y formación adecuada a los empresarios son carencias del sistema de enseñanza —escuelas secundarias, universidades e institutos vocacionales— cuyos planes de estudios se basan en cursos tradicionales de planificación, contabilidad y similares, generalmente orientadas a tratar los problemas de las grandes empresas multinacionales. Se sugiere un cambio innovador que fomente habilidades como la capacidad analítica, la creatividad para resolver problemas y gestionar riesgos, y cómo trabajar en equipo.
La interacción entre empresarios es otro de los puntos débiles de América Latina. Las redes de personas interesadas en un mismo tema basadas en el asociativismo y la formulación de proyectos basados en el concepto de encadenamientos productivos ayudarían a los empresarios a pensar estratégicamente, refinar el concepto de negocio y acceder a recursos y a contactos.
Para revitalizar al empresariado de un país recomiendan atacar esta cuestión con una estrategia integrada y una clara visión del desarrollo económico y social pretendido. En lugar de considerarlo un elemento de alto riesgo, los sistemas públicos y privados tendrían que contemplar al empresario como una de las inversiones más rentables en el camino de su país hacia el progreso económico y social. Se requiere de iniciativas con visión y compromiso político, económico y social de largo plazo ya que el proceso de inspirar cambios de mentalidad, forjar un reposicionamiento del estamento empresarial, y favorecer la creación y el mantenimiento de empresas, es un proceso que puede durar bastantes años.
El objetivo de los países latinoamericanos, donde la mayoría de las iniciativas empresariales son de tipo MiPyME (Micro, Pequeñas y Medianas Empresas) debería consistir en ayudar a promover un tipo de empresario inspirado por ejemplos exitosos, innovador, bien informado, conectado organizacional y económicamente con otros empresarios, partidario del trabajo en equipo y con una gran responsabilidad social y ambiental.
Justicia y Paz:
La paz aparece en el mundo actual como una de las aspiraciones más fuertes y urgentes de la Humanidad para su progreso y felicidad, como ya constató Juan XXIII en su encíclica "Pacem in terris". Pero desde el primer momento se descubre que la paz no es posible sin la justicia. Dicho de otra forma: la falta de paz o falsa paz tienen su origen en claras situaciones de injusticia. Se trata, por tanto, de dos realidades íntimamente relacionadas e inseparables: porque no se busca la justicia por la justicia, como un fin en sí misma, sino en orden a la equidad, armonía y bienestar de todo ser humano y de la humaidad en general, bienes todos que se engloban bajo el nombre de LA PAZ.
Nuestra acción por la Justicia y la Paz, que es amplia, debe centrarse en el conocimiento, estudio, promoción y defensa de los Derechos Humanos que vienen a ser como el eje en torno al cual se vertebra y realiza la acción por la Justicia y la Paz.
Así mismo se debe promover una fuerte toma de conciencia de los dramáticos problemas humanos, sociales y éticos que desencadenan los fenómenos relacionados con factores económicos y sociales, problemas que golpean en su dignidad a millones de seres humanos y privan de una perspectiva de paz a nuestro mundo.
También se deben presentar mecanismos que aporten herramientas para enfrentar productivamente los conflictos que pueden poner en peligro la convivencia en diversos niveles: en la familia y en las relaciones sociales, entre las personas y/o con las Organizaciones.