En los países de estructura económico-social desarrollada,
como los países de la América del Norte y la mayor parte de los de Europa
occidental, la diferenciación tradicional entre vida urbana y vida rural tiende
a atenuarse. Una misma corriente de civilización baña a estos dos mundos que,
sin embargo, tienen horizontes tan diferentes: las mismas influencias se hacen
sentir en la prensa, la radio y el cine, y persiguen la creación de un tipo
humano idéntico; los intercambios económicos y los contactos humanos se
multiplican, disolviendo los prejuicios que cada grupo tenía frente al otro y
esfumando los caracteres originales de cada uno. El campesino se convierte en
agricultor, se inicia en la técnica, y sus actividades profesionales, antes
replegadas sobre sí mismas, se integran en la economía general. En estas
condiciones no es solamente inútil sino que también sería nocivo crear dos
tipos de enseñanza, una destinada al mundo urbano y otra al mundo rural, pues
se iría contra la corriente de la evolución, que tiende a unir íntimamente
estos dos medios con nexos económicos, sociales y culturales cada vez más
estrechos.
La situación difiere profundamente en los países menos
desarrollado. Generalmente en ellos domina el mundo rural, que comprende en
promedio el 60 y 80% de la población. Su economía es en gran parte
autárquica, pues consume la mayor parte de lo que produce, construye su
habitación con lo que encuentra a mano, se contenta con las herramientas
fabricadas en el lugar, algunas veces teje sus vestidos y reduce lo más posible
sus intercambios comerciales. Su cultura permanece estrechamente
"terrígena", en el sentido de que su espíritu extrae su alimento
más bien de tradiciones ancestrales y de las observaciones directas que de la
enseñanza de profesores que poco frecuenta, o de libros que no lee. Permanece
muy marcado por el ambiente de la naturaleza, por el ritmo astral, por
las leyes biológicas, y permanece rebelde a las innovaciones de la técnica. Se
contenta con un nivel de vida muy bajo, aceptándolo con fatalismo, y sin tratar
de mejorarlo porque así han vivido sus antepasados y así conviene vivir.
Finalmente, reside en el seno de una sociedad cerrada: su
ambiente habitual es el de su pueblecito, y su horizonte más extendido no va
más allá de la pequeña ciudad a donde lleva al mercado algunos productos de
su finca.
Es fácil concluir por lo anterior que una diferenciación
extremadamente profunda opone al campesino no solamente a las capas cultivadas y
pudientes del país, sino también a las poblaciones urbanas.
Ante semejante situación, se hace legítimo y necesario
crear, tanto para los niños como para los jóvenes y adultos, dos tipos de
educación, cada uno de los cuales será apropiado al medio social tan diferente
uno del otro.
En todas las regiones colombianas en que predominan las
pequeñas propiedades agrarias las que son mayoría- el medio social ha
permanecido hasta ahora muy tradicional y recogido sobre sí mismo. Los
departamentos que tienen grandes propiedades dedicadas a la ganadería cuentan
con una tenue capa de agricultores cuya situación es holgada y permeable al
progreso técnico, pero que sin embargo mantienen una masa importante de obreros
agrícolas o de pequeños campesinos pobres y poco evolucionarlos.
En ambos casos la educación debe desempeñar un papel
capital para la elevación del nivel humano y cultural, así como del técnico y
económico de estas poblaciones. La educación solamente tendrá éxito en esta
tarea si se adapta íntimamente a la mentalidad y a las necesidades del mundo
rural. Este último forma un bloque compacto, arraigado a sus tradiciones y sus
rutinas, todavía poco permeable a las influencias extrañas; con el fin de
crear en su seno corrientes profundas, es necesario un esfuerzo educacional
persistente, homogéneo y que alcance a la vez a la población en todos sus
niveles, desde los niños hasta los adultos. Es lo que se puede llamar una
educación rural integral, en el sentido que ella concentra sus esfuerzos en
función de una finalidad precisa por alcanzar.
Estudiaremos sucesivamente la necesidad y las finalidades de
una educación rural para Colombia, los métodos que han de emplearse y las
condiciones de realización.
A) METAS DE UNA EDUCACION RURAL INTEGRAL
Examinar cuáles son las necesidades específicas del mundo
rural colombiano en materia de educación es al mismo tiempo determinar sobre
qué bases se debe sentar esta educación, y qué programas debe adoptar su
esfuerzo de enseñanza y de formación.
Mas las poblaciones rurales de Colombia, que se cuentan entre
las más pobres y las menos evolucionadas del país, necesitan una elevación
rápida de su nivel humano y técnico; esta transformación es urgente para que
las diferencias de nivel no se acentúen aún más entre la ciudad y el campo, y
porque la población creciente de Colombia aumenta las necesidades de productos
agrícolas. Es indispensable, pues, provocar una evolución rápida del mundo
rural durante los años por venir, y esta evolución, para ser homogénea y sin
desequilibrios, debe realizarse a la vez en tres planos: debe ser una evolución
personal y familiar; una evolución de la comunidad rural en su conjunto; una
evolución técnica y profesional. Una educación adaptada al mundo rural debe
suscitar su transformación desde este triple punto de vista.
1) Transformar la persona en el seno de la familia.
La educación tiene como primer objetivo al hombre mismo. Por
ella el campesino debe llegar a un mínimum de cultura y a un nivel decente de
vida material.
El educador no encuentra en el campesino un ser inculto;
quizá lo sea mucho menos que el pueblo desarraigado de las ciudades. El
campesino posee, gracias a su arraigamiento y a sus tradiciones, principios
religiosos y morales, cierto sentido de los valores, cierta filosofía de la
existencia. Pero estos sentimientos se encuentran en él en estado instintivo.
No ha reflexionado sobre su contenido, y por ello las desviaciones son casi
fatales; su religión se convierte en superstición, su sentido moral se expresa
en preceptos rígidos, su concepto del mundo permanece congelado y rebelde a
toda innovación. El papel de la educación es hacerle adquirir conciencia de
estas riquezas, justificarlas a sus propios ojos, integrarlas en una escala de
valores universales, ampliar sus horizontes y aligerar su juicio. Es una obra
relativamente fácil, pues el campesino no está embrutecido por el alcohol,
reflexiona, y las semillas intelectuales toman en él raíces; los auxiliares de
las Escuelas Radiofónicas de Sutatenza pueden dar testimonio de esto. De la
misma manera, el niño rural tiene reflejos más lentos pero más profundos que
el niño de las ciudades.
Esta cultura debe contribuir al mismo tiempo a elevar, el
nivel material del campesino o más exactamente, a través de este esfuerzo
material debe adquirir la perspectiva de problemas más vastos. Debe adquirir
conciencia de que cierta dignidad de la vida le prohibe vivir sin limpieza, sin
higiene y sin confort. Principalmente debe convencerse de que no tiene derecho
de mantener a su familia en degradante miseria.
Esta elevación material y moral debe cumplirse en el seno de
la familia. La familia continúa siendo la gran realidad y fuerza del mundo
campesino. La educación rural que no contemple a la familia entera, se equivoca
de camino, y es un error de la educación rural colombiana haber disociado con
frecuencia su esfuerzo en este campo. Los miembros de la familia deben ser
despertados al mismo tiempo a la necesidad de mejorar la vivienda, de hacer el
hogar más agradable, de preparar una alimentación más sana y más variada, de
practicar la higiene del cuerpo y la de los vestidos. Una educación que alcance
estas finalidades en el plano familiar realiza una obra de largo alcance, porque
inaugura nuevas tradiciones en el mundo rural, las que se transmitirán como una
herencia y transformarán definitivamente todo el medio.
-
Transformar la comunidad rural.
Si la familia es la primera célula en el seno de la cual se
desarrolla y educa el hombre, la comunidad rural desempeña un papel educativo
casi igualmente importante. Por comunidad rural se debe entender el grupo
básico en cuyo seno se dibuja una unidad social elemental. En ciertas regiones,
será la vereda o un grupo de veredas; en otras partes, el propio municipio.
La función educativa de la comunidad rural es
irreemplazable, porque en su seno el hombre adquiere todas sus dimensiones,
ejerce responsabilidades, organiza la vida colectiva y participa en el espíritu
común que la anima. También es necesario que este grupo sea verdaderamente una
"comunidad" y no un conglomerado. Y es allí en donde una política
general de educación rural debe preocuparse de volver homogéneos, vivos y
realmente "comunitarios" a los grupos de campesinos repartidos en el
territorio, con el fin de que a su vez las comunidades se vuelvan educadoras de
las familias y de los hombres.
Es necesario, pues, buscar los caracteres de una verdadera
comunidad rural, con el fin de determinar las medidas que se deben tomar para
favorecer su germinación y desarrollo.
La comunidad rural, que es lo contrario de una masa amorfa,
se caracteriza par los tres rasgos siguientes:
-
Es un grupo de población que ha adquirido conciencia de sus propios
problemas colectivos y que está decidido a afrontarlos. Una comunidad, como
su nombre lo indica, tiene una vida común, intereses comunes, dificultades
y desgracias comunes, necesidades y aspiraciones idénticas. Caminos que
construir o mantener, escuelas que edificar, enfermedades que combatir,
plagas naturales que ahuyentar, compras o ventas que organizar.. ; muchos
otros problemas interesan a la comunidad como tal, y de su solución
dependen en parte el bienestar y la satisfacción de cada uno. La comunidad
existe a partir del momento en que estos problemas nacen en cada individuo,
cuando se forma una conciencia colectiva, cuando el sentimiento de
solidaridad se despierta, cuando el deseo de una acción colectiva se
transforma pronto en fuerza actuante. Es fácil imaginar la influencia que
una escuela o un grupo de educadores pueden ejercer para crear y mantener
esta adquisición de conciencia y este sentimiento de un bien común que se
debe promover.
-
Es un grupo de población animado por élites. Sería vano esperar que
todos los miembros de una comunidad sintieran dentro de ellos con la misma
fuerza los problemas colectivos del grupo y se consagraran a ellos con la
misma devoción. En una comunidad se destacan ciertas personas de
inteligencia más lúcida, de dinamismo más fuerte, de mayor generosidad,
que constituyen como los portavoces y la "conciencia colectiva" de
los otros:
Toda comunidad verdadera crea sus propios élites y es
animada por ellas. De su presencia o de su ausencia depende la suerte del
futuro de la comunidad. Si no existen, la conciencia de los problemas comunes
se expresará débilmente y no avanzará hacia realizaciones; habrá veleidad
de comunidad, sin que haya comunidad efectiva; si existen, por el contrario.
las aspiraciones de cada uno se traducirán en acción y la comunidad
cristalizará en una organización viviente.
-
Es un grupo de población integrado por organismos vivientes. Una
comunidad expresa su "deseo de vivir" creando organizaciones
destinadas a satisfacer las necesidades colectivas. Mientras más viviente
sea una comunidad, más numerosas brotarán las organizaciones en todos los
campos: profesional, cultural, social, cívico, religioso, etc.; y más
numerosos serán los hombres capaces de asumir responsabilidades. Existen
grupos humanos que no son comunidades reales, y que sin embargo están
dotados de organizaciones, pero éstas tienen como carácter el que les es
impuesto por una autoridad superior de fuera, sin que sea verdaderamente la
expresión del grupo, y sin que sus miembros asuman una participación
efectiva. Semejantes organismos no tienen ni la solidez, ni la duración, ni
la función educadora de aquellos que han nacido del interior y brotado de
la vitalidad interna de la comunidad. Una política que se considere
educadora, nunca debería crear organizaciones que no sean instituidas por
los votos de la población ni dirigidas y animadas por ella.
-
Transformar las condiciones técnicas y económicas.
Los campos colombianos necesitan una rápida evolución
técnica y económica para la modernización de los métodos de cultivo y el
aumento de la producción agrícola.
El progreso técnico del campo no se impondrá desde el
exterior, como ocurre en el mundo industrial, por la acción de dotaciones
costosas y de una mecanización intensa. El progreso debe ser introducido
mediante el mejoramiento de la agricultura, y, en consecuencia, por la
educación de los agricultores. En efecto, en la mayoría de las regiones es
necesario orientar hacia una agricultura intensiva en pequeñas superficies,
además de una mecanización importante. Las razones que impiden concebir una
"agricultura industrial" del tipo centro y oeste de los Estados
Unidos, son numerosas. En primer lugar, las condiciones geográficas de la mayor
parte de las regiones no lo permiten; las vertientes de las montañas son muy
abruptas para que el material motorizado normal pueda ser utilizada. Además, la
mecanización, aunque fuese posible, removería rápidamente de la tierra a un
número importante de trabajadores, que los otros sectores económicos no son
capaces de acoger al mismo ritmo en el estado de desarrollo del país.
Finalmente, este sobrante ni siquiera puede ser destinado a transformar en
agricultura intensiva las grandes superficies de llanuras actualmente
consagradas a una ganadería extensiva, ni puede ser orientado hacia la
colonización de tierras aún vírgenes; la situación presente no deja entrever
una reforma agraria de gran envergadura, necesaria en la primera hipótesis, que
pueda ser realizada prontamente, y la labor de colonización sólo se puede
hacer lentamente mediante la transferencia de poblaciones que supone, de
capitales que exige, y de la fase experimental que debe preceder a toda
valorización en escala importante. Por el momento, el desarrolla agrícola debe
ser previsto dentro de la estructura actual, y sólo puede realizarse con un
mejoramiento de los métodos que intensifiquen la producción utilizando hasta
el máximo las posibilidades de las plantas y de los animales, así como del
suelo.
Por otra parte y dentro de esta hipótesis, no se trata tanto
de modernizar el material o la máquina, sino al hombre, es decir, prepararla
para las necesidades y para la utilización del progreso técnico. Una mejor
capacitación profesional del campesino es la garantía más segura de una
intensificación rápida de la producción. La enseñanza agrícola de los
jóvenes y de los adultos habrá de ejercer por eso una función importante, y
de su extensión depende en gran parte la modernización de los campos.
Finalmente, esta misma evolución técnica y económica
requiere el desarrollo de la red de cooperativas, de los establecimientos de
crédito agrícola, de los organismos de mutualidad que ya existen en unas pocas
partes. Pero un esfuerzo educativo es necesario para que estos organismos
respondan a su misión. Deben ser gerenciados por los campesinos en vez de estar
en manos de algunos funcionarios; deben servir a las necesidades de todos y no
solamente de algunos agricultores ricos; deben velar por la elevación del nivel
humano de sus miembros en vez de contentarse con una visión puramente
económica y monetaria. Estos organismos solamente conservarán tal espíritu si
son animados por una élite campesina que una educación rural habrá despertado
a estos problemas sociales y al sentido de sus responsabilidades.
B) MÉTODO DE ACCION
Esta transformación del mundo rural en todos los planos
exige a la vez, para su éxito, un conjunto de condiciones que deben realizarse
simultáneamente en todos los frentes de la cultura. Exige también que se
empleen métodos adaptados al temperamento campesino, a sus condiciones de vida
y a su mentalidad. Las numerosas experiencias que se han emprendido en el mundo
desde hace unos veinte años para la educación integral de los campesinos,
permiten deducir algunas leyes generales, entre las cuales las siguientes
parecen válidas para .el caso colombiano:
-
Inculcar a la población la conciencia de sus propios problemas.
En el mundo rural no se puede llevar a buen término ninguna
obra de envergadura mientras no se haya obtenido la adhesión profunda de la
población. Las masas campesinas están dotadas de una fuerza de inercia que se
opone a toda nueva tentativa mientras ésta no sea juzgada necesariamente como
respuesta a una necesidad evidente. Los campesinos, resignados desde siempre a
su vida laboriosa e ingrata, no adquieren espontáneamente conciencia de los
problemas que se les presenta: subalimentación, falta de educación de los
hijos, técnica atrasada, tugurios, etc. Desconfiarán a priori de los
predicadores de novedades y no colaborarán voluntariamente en los esfuerzos
hechos para la elevación de su nivel de vida.
La primera labor educativa se propondrá, pues, cambiar las
mentalidades. Es necesario que el mundo campesino adquiera conciencia de los
problemas técnicos, económicos, sanitarios y familiares que se le presentan.
Es necesario que poco a poco se convenzan de que muchas cosas no marchan bien,
de que las necesidades de mejoramiento son inmensas para llevar una vida más
humana, y que estas transformaciones son posibles. Sin lugar a duda, esta obra
de educación es lenta, porque la mentalidad del campesino no se cambia
fácilmente. Pero sin esta renovación de los espíritus, no se puede esperar
ninguna colaboración. Será necesario en seguida crear en ellos la voluntad de
afrontar estos problemas, de participar en el esfuerzo de los que luchan por su
solución. En suma, hay que introducir en el mundo rural una especie de
"mística": sana mística que ayuda a entrever, a desear y después a
querer la realización de una vida más humana, de una vida que haga desaparecer
la miseria y la inseguridad, que permita educar mejor a los hijos, que haga más
fraternal la convivencia del pueblo. La experiencia demuestra que se trata de
valores a 'los cuales el mundo rural. es sensible, a partir del día en que su
espíritu haya sido despertado y su convicción fortalecida.
2) Preparar un personal docente de origen rural.
Gran número de experiencias extranjeras, especialmente en el
Brasil, han fracasado por causa del reclutamiento en las ciudades de los
"cuadros" destinados a la transformación del mundo rural. En los
países en que diferencias profundas oponen la vida urbana a la vida rural, es
raro que las gentes de la ciudad lleguen a adaptarse a las condiciones de
existencia de los campesinos, a su mentalidad, a sus costumbres; igualmente es
muy raro que se hagan "admitir" por ellos, y que obtengan la confianza
necesaria para cualquier acción educativa.
Los profesores o monitores de origen rural, si no han sido
"desadaptados" por el período de estudios, están, por el contrario,
en pie de igualdad con ellos: conocen sus problemas, utilizan su lenguaje y,
como consecuencia, no tropiezan con una oposición sistemática. También
soportan mejor la ausencia de comodidades y el aislamiento que acompañará
fatalmente a su instalación lejos de los grandes centros.
Es, pues, muy importante no solamente que el reclutamiento
del personal docente sea de origen rural, sino también que el ambiente en que
se formen sea también netamente rural. Los centros de capacitación, las
escuelas normales rurales en particular, deben estar. situados en pequeñas
Iocalidades en que predomine la vida campesina. Los alumnos no deben
enclaustrarse, separarse del medio ambiente, sino, por el contrario, el centro
de capacitación debe participar en las actividades locales, multiplicar los
contactos y preparar desde luego a los alumnos en la práctica de esta obra
educativa para los campesinos, a la cual sé consagrarán más tarde.
3) Actuar a la vez en todos los planos
La vida rural forma una unidad profunda y debe ser atacada a
la vez en todos sus frentes, si se quiere lograr su transformación. Es decir,
que la labor educativa debe dirigirse al mismo tiempo a los adultos, hombres y
mujeres, sea separadamente, o bien en el plano del hogar, a los jóvenes y a las
jóvenes, a los niños. El medio en todas sus capas de edades debe ser alcanzado
a la vez.
Esta unidad del mundo rural exige también que la acción
educativa se ejerza conjuntamente en todos sus aspectos: cultura personal,
elevación del nivel familiar, evolución técnica, actividades sociales y
cívicas. Este esfuerzo de conjunto es necesario porque se trata de un todo
indispensable; es superfluo exigir al campesino que mejore su vivienda o su
alimentación, si al mismo tiempo no se le enseña a producir más, pero no se
puede proceder a su evolución técnica, sin elevar al mismo tiempo su nivel
cultural. También cada factor de su vida está íntimamente ligado a todos los
demás y se halla dependiendo estrechamente de ellos.
Es una de las razones que explican el fracaso frecuente de
una propaganda de extensión agrícola, cuyos objetivos son puramente técnicos;
o la poca influencia de una escuela de agricultura que no se dirige a los
jóvenes; o las pocas consecuencias de una "campaña" en favor de la
vacunación, o de una mejor alimentación.
Hay que substituir estas tentativas dispersas por un esfuerzo
educacional integral, único medio para remover todo el compacto que forma la
masa campesina, y de elevar, por todos los aspectos, su nivel miserable de
existencia.
-
Proceder a realizaciones concretas, confirmadas por resultados visibles.
El campesino es un ser profundamente realista, que
desconfía de los discursos aunque los escuche con placer. No se obtendrá su
convicción, y con mayor razón no se le arrastrará a la acción, sino con la
demostración de experiencias concretas de éxitos indudables, y cuya amplitud
haya podido medir.
La educación rural debe, pues, realizarse mucho más
mediante demostraciones que por la enseñanza propiamente dicha. O más
exactamente, es necesario que la demostración preceda a la enseñanza y le
dé su interés práctico. Esto ya es valedero para el niño o para el joven,
pero lo es mucho más para el adulto.
De lo cual se desprende la necesidad de campos de ensayo,
de fincas piloto, de demostraciones públicas de instrumentos o de métodos
nuevos, de esos cursos al aire libre mucho más llenos de conversación y de
intercambios que de enseñanza académica. De ahí, la necesidad, aun para las
escuelas primarias, de poseer un campo de cultivos, una pequeña cría
doméstica, de efectuar sesiones de demostración de costura o de cocina;
finalmente, que se le enseñe al niño con hechos y que propague en su casa
los resultados tangibles de sus experiencias.
-
Hacer que el esfuerzo educativo influya en unidades regionales completas.
Finalmente, cada región rural forma un todo, con mentalidad
característica, a veces muy diferente de la de una región vecina, con sus
problemas agrícolas y económicos, con su red de relaciones humanas y sociales,
con sus élites y sus organizaciones.
Debe ser emprendido un esfuerzo de educación rural por
unidades regionales completas, a fin de contemplar a la vez el conjunto de los
problemas y el conjunto de la población. Poco importa la dimensión de esta
región, que generalmente será reducida; algunas veces no sobrepasará al
municipio; lo esencial es que se trate de una unidad humana, económica y
social.
Una encuesta extremadamente seria, del tipo de las que
ejecuta la Federación de Cafeteros, debe preceder a la instalación del
dispositivo educacional con el fin de conocer las necesidades, de responder a
los problemas reales de la población, teniendo en cuenta, evidentemente, la
política general del desarrollo del país.
-
MODALIDADES DE REALIZACIÓN
Para responder a las exigencias definidas anteriormente, la
educación rural debe desarrollarse a la vez en el nivel básico, con sus
organismos propiamente educativos, y en los niveles superiores, departamentales
y nacionales, con el fin de asegurar la dirección, la orientación y la
coordinación de las actividades.
La organización en los niveles básicos.
Por nivel básico hay que entender la unidad regional
elemental en el seno de la cual la población forma un todo, y que se
caracteriza por la homogeneidad de los problemas que se presentan. Esta unidad,
esta zona de acción, como la podríamos llamar, debe ser objeto de una acción
concertada que abarque a la vez a los niños, a los jóvenes, a las jóvenes y a
los adultos; a los niños, por medio de escuelas primarias con un programa de
orientación propiamente rural; a los jóvenes y a las jóvenes, a través de
escuelas agrícolas y domésticas; a los adultos, gracias a una red de
extensión de vulgarización agrícola y doméstica, según una fórmula
ampliada.
Estos organismos deben estar todos animados por un mismo
espíritu, proseguir objetivos análogos. Esta unidad de acción será posible
por medio de un comité rural de zona, compuesto por personalidades locales y
por representantes de los organismos de educación, y que asegurará a la vez la
dirección y el control de la acción educadora.
1) La escuela primaria rural.
La escuela primaria rural constituye uno de los pivotes del
sistema, y si responde a su misión, puede ejercer una influencia considerable
sobre la población entera.
a) Objetivos y métodos.
Como su nombre lo indica, la escuela primaria rural debe
tener como objetivo responder a las necesidades precisas del mundo rural y echar
raíces profundas en el medio campesino que le es propio. Se propone preparar a
los niños para la vida campesina, y para esto les da una iniciación en la
cultura intelectual y una preparación para los problemas de la vida por medio
de actividades.
Para esto es indispensable que la construcción escolar esté
acompañada de un terreno bastante grande para el trabajo manual de los niños;
como es necesario también, al menos que haya imposibilidades geográficas, que
la escuela se levante en el seno de un grupo de habitaciones para facilitar los
contactos frecuentes de los alumnos con la colectividad.
Aseguradas estas condiciones, el programa de enseñanza se
basará lo más posible en actividades. La fórmula más adecuada en Colombia se
encuentra realizada por las "Concentraciones Escolares de Cafeteros",
en las cuales el trabajo manual ocupa un sitio importante dentro del sistema de
educación. Pero estas "concentraciones" están determinadas por el
cultivo dominante de la región, aunque no enseñan únicamente a los niños a
cultivar el café. Se trata de ampliar la fórmula y de tomar como campo de
actividad no solamente el aprendizaje agrícola para los muchachos y el
aprendizaje doméstico para las jóvenes, sino también el pueblo mismo, que
constituye un excelente instrumento para la formación social.
-
Los programas.
El programa puede dividirse por partes iguales entre la
enseñanza escolar y las actividades manuales o sociales; el trabajo escolar
mismo debe éstar fuertemente orientado hacia las realidades rurales.
Comprende una formación intelectual y cultural. En realidad,
el niño aprende a leer, a escribir, a contar, como en todas las escuelas
primarias. Pero es fácil unir esta enseñanza con la necesidad de medir las
parcelas de tierra, de calcular la cantidad de las cosechas, de anotar los
precios de venta y calcular sus costos, de llevar un cuaderno de actividades y
elaborar informes periódicos, y esto sólo es un ejemplo tomado de las
actividades agrícolas.
Una preparación práctica para los problemas de la vida.
Esta preparación se impone para demostrar al niño (e indirectamente a los
padres) cómo pueden ser mejoradas las condiciones de la existencia. Se deben
abordar todos los temas de la higiene: limpieza del cuerpo y de los vestidos,
mantenimiento de la salud y lucha contra las enfermedades más comunes en la
región, cuidados a los niños, cuidados a los enfermos. Los problemas de la
alimentación, y para las jóvenes una iniciación a la culinaria, tienen gran
importancia. El mejoramiento de la vivienda, la manera de hacer que el hogar sea
claro, limpio y agradable, los problemas domésticos, todo esto se enseña de
una manera práctica y dentro de la perspectiva moral de una mayor dignidad de
la vida humana.
Un preaprendizaje profesional. Las actividades agrícolas no
pretenden dar a niños de 8 a 12 años la técnica de un oficio. Pero ya los
orienta hacia lo que constituirá más tarde su profesión. Sobre este punto,
los métodos de las "Concentraciones Rurales de los Cafeteros" pueden
seguirse, con la división de los niños en equipos, con proyectos elaborados
para cada cultivo, con informes periódicos, llevando contabilidad, registrando
las ventas efectuadas, y preconizando cierto ahorro colectivo. Acompañará a
estas actividades una enseñanza teórica muy elemental relativa a los problemas
del suelo, de las plantas, de los animales, y a las leyes fundamentales que
presiden la agricultura racional.
Las jóvenes serán iniciadas en la pequeña cría (conejos,
gallinas, etc.) y en el cultivo de las flores, como también en la práctica de
actividades domésticas (costura, cocina, mantenimiento de la casa, etc.).
Una función social. Esta tiene como instrumento el trabajo
en equipo y. la participación en la vida del pueblo. El trabajo en equipo puede
efectuarse en toda oportunidad, y será particularmente intenso en el curso de
las actividades agrícolas. El maestro podrá aprovecharlo para dar la
educación moral: para mostrar a los alumnos la manera como ellos han respetado
o infringido las leyes de una vida común; cómo han practicado la cooperación,
la responsabilidad, la justicia, la lealtad, la puntualidad; les enseña que por
negligencia de uno solo, toda una obra colectiva fracasa. Los niños son muy
puntillosos en cuanto a las leyes de equipo, y los estímulos o las
amonestaciones dados en un momento propicio pueden influir en ellos
profundamente. La escuela también puede contribuir a la formación social del
niño mediante participación de éste en las actividades de la comunidad;
participación en las fiestas religiosas o nacionales, organización de
esparcimientos, esfuerzos por mantener al pueblo limpio y acogedor,
colaboración en las campañas en favor de la higiene, de la nutrición racional
o de la lucha contra la erosión, exposiciones, etc.; todas estas son ocasiones
para dar a los niños el sentido de la comunidad rural y la costumbre de
dedicarse a ella. Los alumnos también pueden estudiar por equipos las
condiciones climáticas, el sistema de aguas, las producciones y los
intercambios, las disposiciones sobre vivienda, adquirir una primera iniciación
concreta en materia de geografía, complementada más tarde por el conocimiento
de la región y del país; la historia del pueblo o del municipio, cuando sea
conocida, será igualmente de gran interés como introducción a la historia
más general de la nación.
c) Los maestros
Sin lugar a duda, un programa tan diferente en su contenido
de los programas clásicos exige de los maestros una formación especial. Esta
será dada en escuelas normales rurales, especializadas en esta finalidad. Las
escuelas de Juazeiro do Norte y de la Fazenda do Rosario en el Brasil, la
escuela normal rural de El Mexe, en México, para hablar solamente de las
experiencias continentales, pueden servir de ejemplo en sus métodos y sus
programas. Estas escuelas normales, ya se ha dicho, deben estar establecidas en
un medio rural, deben participar en las actividades locales y animarlas, deben
aceptar una gran proporción de actividades agrícolas, domésticas, sociales y
culturales. Deben imponer un reclutamiento específicamente rural y mantener en
los alumnos la mística del mundo campesino, de su finalidad, de su papel dentro
de la nación, de su evolución necesaria.
El maestro debe conocer disciplinas variadas, pero no se le
pide que se convierta en un agrónomo, ni en un experto en higiene o en arte
doméstico. Forma a los niños, y sólo les da una primera iniciación en estas
materias. Además, estará ayudado en su trabajo por especialistas que se
ocupen, en la misma región, de los jóvenes y de los adultos. Con ellos orienta
sus programas en función de las necesidades locales y coordina sus enseñanzas
con las principales campañas adelantadas en la población. No es un aislado, su
escuela es el elemento de trabajo colectivo. El maestro también participa por
derecho propio en el comité rural y contribuye a la elaboración de los
programas de conjunto y a las campañas regionales.
-
Las escuelas vocacionales para los jóvenes y para las jóvenes.
La formación dada por la escuela primaria rural constituye
una iniciación a los múltiples problemas de la vida campesina. Es inevitable
que un número bastante grande de niños no avancen más en sus estudios. Pero
es capital para el porvenir de la región que los mejores de entre ellos continúen
su educación con el fin de constituir la élite de mañana, la levadura que
hará levantar la pasta. Las escuelas vocacionales rurales tienen que cumplir
precisamente esta misión.
En esto, más se debe perfeccionar que innovar. En la primera
parte hemos visto que la fórmula de las escuelas vocacionales es por sí misma
bastante buena, aunque las realizaciones dejan mucho que desear. Hay que cambiar
pocas cosas en la concepción, la estructura y los reglamentos de este tipo de
educación para su adaptación dentro del cuadro de una educación "rural
integral". Pero es necesario, para romper las costumbres adquiridas y para
mejorar el nivel medio de formación, un impulso firme y lúcido que salga de la
administración central. Es además indispensable, para una acción eficaz en la
región, que la educación de los jóvenes y de las jóvenes se suministre
paralelamente. Allí donde irradie una escuela vocacional agrícola, también es
necesario que exista una escuela hogar, para que más tarde una diferencia de
nivel cultural no desequilibre los hogares.
Dentro de éstas perspectivas, es suficiente pasar revista a
las principales medidas por adoptar, para mejorar el rendimiento de las escuelas
existentes y para lograr su integración en la educación del conjunto de la
región.
El problema de la localización de los establecimientos se
presenta en primer lugar. Debería existir uno por unidad regional, o por grupo
de unidades regionales, cuando éstas sean pequeñas y homogéneas. Es inútil
crear escuelas si no se emprenden esfuerzos educacionales en las otras capas de
la población: la experiencia enseña que su acción profunda es casi
inexistente. Sobra decir que la situación de la escuela en la región debe
tener en cuenta los medios de comunicación y la proximidad de los organismos
educadores que trabajan con los adultos.
Se debe abolir la costumbre de reclutar gentes de la ciudad v
alumnos que viven en otras regiones y que tienen la intención de regresar: la
escuela vocacional y hogar trabaja en la formación de la región, adapta sus
pro gramas a las necesidades locales y tiene como misión formar a las élites
sacadas de la misma población. El reclutamiento debe, pues, ser propiamente
local. Hay que velar con mucho cuidado por su calidad. Los párrocos, alcaldes,
los maestros de escuela rurales, que conocen bien a los niños y a sus familias,
deben estar encargados de descubrir a los mejores alumnos, de actuar sobre los
padres para convencerlos de que hagan seguir estudios a sus hijos y proponerlos
a la aprobación del comité rural de zona, el cual obtendría la beca del
Ministerio, dado el caso.
Los programas deben ser adaptados para una formación
totalmente rural. El principio de profundizar la cultura general y de
perfeccionar la formación humana y moral debe conservarse. Pero se debe agregar
a los programas de las escuelas de varones toda una enseñanza práctica para la
elevación del nivel de vida: salud e higiene, alimentación, vivienda,
economía doméstica; hay que dar a las jóvenes alguna iniciación en los
problemas propiamente agrícolas, especialmente en materia de pequeña cría y
de contabilidad, con miras a una mejor comprensión y una colaboración entre el
hombre y la mujer en el seno del hogar. La enseñanza técnica de la agricultura
y de la ganadería debe ser estrictamente adaptada a la región. Esta
adaptación, partiendo de directivas generales dadas por el Ministerio, puede
ser hecha por el director de la escuela, en enlace con los expertos agrícolas
de la región y sometida a la aprobación del comité rural de zona. Se dará a
los alumnos una iniciación sobre los organismos que integran las actividades
agrícolas y sobre la necesidad que tienen de participar en ellos más tarde:
extensión agrícola, cooperación, mutualidad, crédito, etc. Finalmente, la
escuela vocacional, así como la escuela primaria también debe participar
estrechamente en la vida local, y los programas de enseñanza deben prever las
modalidades: estudio de las condiciones geográficas, meteorológicas,
geológicas y agrícolas de la localidad; participación en las
"campañas" adelantadas entre la población; cooperación del cuerpo
docente en las organizaciones agrícolas locales: cooperativas, centros de
extensión agrícola, etc.; participación de los alumnos en los certámenes, en
las fiestas, en las distracciones de la colectividad.
El trabajo agrícola debe organizarse según métodos
activos, de la misma manera que en las escuelas primarias agrícolas: equipos,
proyectos, cultivo técnico de las parcelas, contabilidad; venta, etc. Es
indispensable una superficie por lo menos de 10 hectáreas, prevista por los
reglamentos, y debe ser adquirida si no existe. Se impone un material agrícola
moderno, de la misma clase del que pueden utilizar los campesinos en sus fincas,
y deben hacerse los gastos necesarios para su obtención.
Finalmente, el problema del cuerpo docente no está resuelto
actualmente. La escuela normal agrícola de Buga, que ya tiene una experiencia
bastante prolongada, debe adaptar su formación pedagógica a métodos activos y
aumentar su personal escolar en la medida de sus posibilidades. Las escuelas de
Paipa y Lorica tomarán la amplitud proporcional a las necesidades y mejorarán
también la formación pedagógica de los alumnos. Se fundarán otras escuelas
normales agrícolas, a medida que se multipliquen las escuelas vocacionales.
Sería útil aprovechar la experiencia de países vecinos, particularmente de
Cuba (Escuela Provincial de Agricultura de Pozos Dulces), de Puerto Rico, que ha
realizado grandes avances en materia de pedagogía agrícola, y de Venezuela,
con su Escuela Rural Interamericana bajo los auspicios de la O. E. A. Sería
inútil formar alumnos si éstos, una vez diplomados, abandonan la carrera del
profesorado. Puede exigirse a los becarios un compromiso de servicio de una
duración igual a la de los estudios. Por sobre todo, es necesario que el sueldo
de los profesores no sea tan bajo para que no ahuyente a la mayoría de los
candidatos.
Desde un punto de vista más elevado, es indispensable que el
personal de dirección de la División de Educación Campesina del Ministerio de
Educación sea seleccionado de tal manera que esta administración esté en
manos de técnicos especializados en agronomía y pedagogía vocacional,
acabando con la improvisación. No es menos indispensable que las escuelas-hogar
sean reintegradas a esta División, de la cual nunca debieron haber sido
separadas.
3) La educación de los adultos.
La evolución y el progreso no se hacen sentir verdaderamente
en una región sino a partir del día en que los adultos, o al menos los más
preparados de ellos, hayan comenzado a actuar. Por ello un esfuerzo de
educación rural completo halla su culminación en la acción sobre la
población adulta. Es una acción difícil y de resultados lentos e inciertos,
porque las personas maduras tienen sus hábitos de pensamiento como también sus
rutinas de comportamiento, y porque han perdido la ligereza de espíritu y la
facultad de entusiasmo de la juventud. Es, pues, necesario emplear con ellas
métodos extremadamente concretos, avanzar con pasos lentos y convencerlos con
demostraciones sin apelación.
Conocemos el número de organismos que por uno u otro aspecto
se preocupan de la educación rural de los adultos. Unos tienen objetivos
netamente especializados, como por ejemplo los servicios de vulgarización de la
Federación Nacional de Cafeteros o del Instituto de Fomento Tabacalero. Otros
tienden a una formación más vasta. Entre éstos, dos deben retener la
atención porque tratan de abrazar las actividades agrícolas o rurales en todos
sus aspectos, y porque se esfuerzan en extender su acción a todo el territorio:
los "Cursos para campesinos y campesinas", del Ministerio de
Educación, y el "Servicio de Extensión Agrícola", del Ministerio de
Agricultura. No existen entre ellos conflictos de competencia, porque no actúan
en las mismas proporciones de territorio y porque los vacíos que han de llenar
son todavía inmensos. Mas, dentro del cuadro de una educación rural integral,
evidentemente es imposible concebir su presencia simultánea en la misma zona.
Se impondrá una opción política, y es probable que se hallará una solución
transaccional, a ejemplo de otras naciones en las cuales se ha presentado el
mismo conflicto. En el seno de una organización única no es posible solicitar
a los funcionarios de Educación que suministren la cultura general y la
formación en todo lo que tiene carácter de elevación del nivel de vida, y a
los funcionarios de Agricultura que se dediquen a la capacitación propiamente
técnica; la coordinación de los dos servicios se hará en un nivel superior,
como se indicará posteriormente. La importancia de cómo se resolverá esta
cuestión, es secundaria; lo que importa es estudiar la función y los métodos
de acción del centro local encargado de la formación de los adultos, y su
enlace con los organismos especializados, como también con las autoridades
superiores.
Este centro podría inspirarse, en gran parte, para su
método y su estructura, en las experiencias ya existentes en Colombia, ya se
trate de los "Cursos para campesinos y campesinas", de STACA en
Boyacá, o de los centros de vulgarización de la Federación de Cafeteros. Sin
embargo sus finalidades serán un poco más amplias.
-
Objetivos de un centro de formación para adultos.
Este centro se propondrá la formación total del
campesino, tomado en todas sus dimensiones: personales, familiares técnicas,
económicas y sociales y la elevación de su nivel de vida en todos los
aspectos. No es necesario ni posible buscar simultáneamente todas estas
finalidades; pero cada uno de los objetivos parciales deberá integrarse en
esta visión de conjunto. Se trata aquí mucho más que de vulgarización
agrícola o de campaña de alfabetización. Por ello es necesario, más aún
que para el caso de la escuela primaria rural o de la escuela vocacional,
hacer preceder este esfuerzo educativo de un estudio extremadamente serio de
la región: recursos naturales, nivel y clase de vida de los habitantes,
mentalidad, nivel técnico, situación económica, actividades y mentalidad
sociales. Esta encuesta revelará los aspectos más deficientes, las
necesidades más urgentes, y en consecuencia los puntos en los cuales debe
emplearse el esfuerzo educativo en función de los objetivos generales
precisados más arriba.
-
Estructura del centro.
La variedad de los objetivos de formación exige la
presencia de un equipo polivalente de monitores. STACA se ha dado cuenta de
esta necesidad, ya que cada uno de los 13 centros de Boyacá dispone de 4
miembros con funciones variadas dentro de la perspectiva de una educación
integral; parece que un director especializado en sociología y pedagogía
rural, un agrónomo y una monitora de enseñanza doméstica podrían
constituir el personal básico del centro local, adscribiéndoles el número
de auxiliares requeridos según el estudio de la zona.
-
Métodos
Los métodos necesarios para la educación de los adultos son
conocidos y utilizados diariamente por los organismos ya citados: conferencias,
proyecciones cinematográficas, demostraciones prácticas, campos
experimentales, visitas colectivas a cultivos o a establos, visitas individuales
a domicilio, etc. Deben predominar los medios audiovisuales; la mayor
simplicidad animará la enseñanza, y los intercambios de puntos de vista
contribuirán al contacto permanente del monitor con su público. Solamente
insistimos sobre estos dos puntos.
Primero hay que distinguir los dirigentes, de las masas. En
cada región existe en la población una mayoría de individuos sin iniciativa
que se contentan con seguir el movimiento general. El esfuerzo educativo no debe
desdeñar ni abandonar esta masa, pero tampoco agotar en ella sus fuerzas.
Ella debe ser objeto de un trabajo general de opinión que la
prepare para seguir el ejemplo de los más dinámicos. A éstos, que constituyen
la elite de la población, se les dará una formación más profunda y continua,
animándolos con el deseo de actuar y de irradiar su acción a su alrededor.
Ellos tomarán las iniciativas, realizarán los nuevos ensayos, criticados,
claro, cuando fracasen, pero instados cada vez que obtengan éxito. En ellos
obrará la inteligencia, la masa los seguirá porque habrá sido desde luego
"sensibilizada". A causa de no haber hecho esta distinción, muchos
esfuerzos de vulgarización agrícola se agotan sin resultados, impotentes para
penetrar la inercia campesina.
El enlace con los organismos especializados constituye un
segundo punto importante. Un centro local, aun dotado de un equipo polivalente,
no es competente en todo. Tomará, pues, la iniciativa, para coordinar su
acción con los organismos especializados que existan, o bien propiciará su
creación si no existen. Los centros locales o regionales del Ministerio de
Salud, los servicios técnicos del Ministerio de Agricultura, las federaciones
agrícolas especializadas, serán llamados a aportar sus luces, a participar en
las campañas y a colaborar de todas maneras.
Finalmente, sobra decir que el director del centro
participará por derecho propio en el comité rural de zona y desempeñará un
papel importante en la elaboración de los programas y en las decisiones que se
tomen.
4) El órgano de coordinación: el Comité Rural de zona.
Con el fin de asegurar dentro de la zona la eficacia de la
acción educativa, es necesario que todos los esfuerzos converjan hacia ciertos
objetivos determinados con cuidado. Esta unidad será mantenida por un órgano
director y coordinador: el Comité Rural de Zona.
La composición de este Comité se realizará de tal manera
que comprenda a representantes de la población educada y a representantes de
los órganos educativos. Por derecho propio deben figurar en él las autoridades
locales: Párroco, Alcalde y algunas personas escogidas entre los campesinos
más valiosos y más influyentes; por otra parte, los centros educativos
estarán allí representados: escuelas primarias rurales, escuelas vocacionales,
centros de adultos, centros especializados si existen. Este Comité, como será
bastante numeroso, no podrá reunirse con demasiada frecuencia. Será necesario
que su trabajo sea preparado y que las responsabilidades de su ejecución estén
a cargo de un Consejo restringido compuesto por cuatro miembros, escogidos
según lo determinen las personalidades del Comité.
Las funciones del Comité y de su Consejo son importantes.
Trazará la línea general que debe seguir el esfuerzo educativo general en toda
la zona. Esta elección se hará, por una parte, de acuerdo con las
instrucciones recibidas de las autoridades superiores, de las cuales volveremos
a hablar y, por otra parte, en función de las necesidades locales determinadas
por una encuesta previa. Esta orientación general debe estudiarse
cuidadosamente, pues cada órgano educativo debe orientar su propio programa de
formación basado en ella. La segunda función será, pues, la de aprobar el
programa de cada centro educativo, después de corregirlo si hay lugar.
Finalmente, este Comité debe preparar y dirigir las actividades o certámenes
comunes a toda la zona, y que tendrán como finalidad la de trabajar en conjunto
sobre la opinión pública: campañas, certámenes, fiestas, etc.
El Comité Rural de Zona no trabaja solo. Su acción se
integra dentro de las líneas generales de un desarrollo del mundo rural
determinado y dirigido por los organismos situados en el nivel departamental o
en el nivel nacional.
LA ORGANIZACION EN LOS NIVELES INTERMEDIOS Y SUPERIORES
Para que la educación rural se desarrolle en las regiones y
en las zonas de manera armónica y en relación con las necesidades del país,
es indispensable que obedezca a un plan de conjunto.
Es pues necesario que por encima de los Comités Rurales de
Zona, otros organismos aseguren la dirección y la coordinación al nivel de
cada departamento o al nivel nacional. Podemos llamarlos, para comodidad de la
exposición, Comités Departamentales y Comité Nacional de Educación Rural.
En el plano nacional, las funciones de este Comité son
múltiples. Primero, orientar la educación rural en función de las necesidades
del país. No se trata de elaborar un programa para cada Departamento o para
cada zona, sino de determinar adecuadamente las líneas generales que se deben
seguir, a la luz de la situación general del campesino colombiano y en función
de las necesidades del país en productos agrícolas. Es evidente que esta
política de educación rural sólo será determinada mediante un entendimiento
entré los Ministerios interesados y los organismos de planeación. El Comité
debe en seguida determinar, en función de las posibilidades presupuestarias, la
amplitud del esfuerzo educativo que se debe realizar cada año, y distribuir los
créditos por Departamentos; a los Comités Departamentales les queda la
responsabilidad de escoger las zonas y de la ejecución. Finalmente, el Comité
estará encargado de coordinar el trabajo de múltiples organizaciones públicas
y privadas que trabajan en la educación rural, para integrar sus actividades en
las líneas generales del programa.
Si bien las funciones del Comité Nacional de Educación
Rural son bastante fáciles de precisar, su estructura es mucho más delicada de
determinar. Se debe descartar la solución simple, que consistiría en colocar
toda la responsabilidad en manos de un Ministerio, por ejemplo, el de
Educación. Muchísimos organismos importantes (entre los cuales se encuentran
varios Ministerios) trabajan desde hace tiempo en la educación del mundo rural,
con costumbres adquiridas y, por así decirlo, con prerrogativas aseguradas, por
lo cual la autoridad de un simple Ministerio no sería suficiente para asegurar
la coordinación y la unidad de acción necesarias. Parece que sea indispensable
crear una entidad más vasta, constituida por representantes de todos los
organismos que se ocupan del mundo rural, y adscrita directamente a la
Presidencia de la República, o que goce de autonomía, con administración y
patrimonio propios, a la manera de la Universidad. Este Comité comprendería
pues: representantes de los Ministerios de Educación, de Agricultura, de Salud,
de Hacienda, del Trabajo, como también del Comité Nacional de Planeación;
representantes de las federaciones agrícolas, Federación Nacional de
Cafeteros, Federación Nacional de Ganaderos, Federación de Arroceros,
cultivadores de trigo y de papa, Instituto de Fomento Algodonero, Instituto de
Fomento Tabacalero, Sociedad de Agricultores de Colombia; organismos de
crédito, como la Caja de Crédito Agrario y la Caja Colombiana de Ahorros;
organismos propiamente técnicos: Instituto de Colonización, Parcelación y
Defensa Forestal, Instituto de Irrigación y Electrificación; finalmente, los
organismos internacionales: UNESCO, FAO, STACA, etc. Esta lista no es taxativa.
Ella muestra la imposibilidad, para una autoridad que no sea superior a la de un
Ministerio, de asegurar la coordinación de un conjunto tan vasto.
Este Comité así constituido debe asumir la dirección de la
educación rural y velar porque todos los esfuerzos converjan hacia fines
idénticos en todos los puntos del territorio. Para asegurar una eficacia mayor
a esta tarea, este Comité debe estar organizado en un plano doble. En un plano
muy extenso reuniría a todos los organismos precitados que se ocupan del mundo
rural a cualquier título: técnico, económico, profesional, temo también
educativo; esta asamblea sería apta para determinar las necesidades. generales
del mundo rural y las grandes orientaciones que se deben tornar. En un plano
más restringido, se reunirían los organismos que se consagran a la educación
propiamente dicha; esta asamblea debe preparar los programas educativos en
función de líneas de conjunto previamente fijadas, y asegurar la dirección
general y la administración de la educación rural. En ella reposarán las
principales responsabilidades.
En el plano departamental, el Comité tendría una
composición análoga y con funciones idénticas. Por una parte, dependería del
Gobierno Departamental, y por otra, del Comité Nacional.
Este conjunto, coordinado desde la base. hasta la cuna para
asegurar la educación del mundo rural, exigiría de la Nación gastos
presupuestarios considerables. Al principio, el costo de la operación sería
relativamente igual a los gastos actuales, pues este conjunto utilizaría los
organismos ya existentes y de hecho sólo constituiría una reagrupación de
fuerzas y su convergencia hacia fines comunes. Por otra parte, como el esfuerzo
educativo en el mundo rural es muy insuficiente, es cierto que habría que
multiplicar progresivamente las zonas y autorizar los gastos correspondientes.
La intensidad de esta progresión depende de la política general del país. Una
educación eficaz del mundo campesina acrecentaría rápidamente el ingreso
nacional. Es probable que el país no tendría por qué lamentar las inversiones
que hubiese hecho en favor de una educación integral del mundo rural.