HACIA UNA EDUCACION INTEGRAL DEL MUNDO RURAL
R. P, JOSEPH LOUIS LEBRET O.P.
(Tomado de la Misión "Economía y Humanismo") .

 

En los países de estructura económico-social desarrollada, como los países de la América del Norte y la mayor parte de los de Europa occidental, la diferenciación tradicional entre vida urbana y vida rural tiende a atenuarse. Una misma corriente de civilización baña a estos dos mundos que, sin embargo, tienen horizontes tan diferentes: las mismas influencias se hacen sentir en la prensa, la radio y el cine, y persiguen la creación de un tipo humano idéntico; los intercambios económicos y los contactos humanos se multiplican, disolviendo los prejuicios que cada grupo tenía frente al otro y esfumando los caracteres originales de cada uno. El campesino se convierte en agricultor, se inicia en la técnica, y sus actividades profesionales, antes replegadas sobre sí mismas, se integran en la economía general. En estas condiciones no es solamente inútil sino que también sería nocivo crear dos tipos de enseñanza, una destinada al mundo urbano y otra al mundo rural, pues se iría contra la corriente de la evolución, que tiende a unir íntimamente estos dos medios con nexos económicos, sociales y culturales cada vez más estrechos.

La situación difiere profundamente en los países menos desarrollado. Generalmente en ellos domina el mundo rural, que comprende en promedio el 60 y 80% de la población. Su economía es en gran parte autárquica, pues consume la mayor parte de lo que produce, construye su habitación con lo que encuentra a mano, se contenta con las herramientas fabricadas en el lugar, algunas veces teje sus vestidos y reduce lo más posible sus intercambios comerciales. Su cultura permanece estrechamente "terrígena", en el sentido de que su espíritu extrae su alimento más bien de tradiciones ancestrales y de las observaciones directas que de la enseñanza de profesores que poco frecuenta, o de libros que no lee. Permanece muy marcado por el ambiente de la naturaleza, por el ritmo astral, por las leyes biológicas, y permanece rebelde a las innovaciones de la técnica. Se contenta con un nivel de vida muy bajo, aceptándolo con fatalismo, y sin tratar de mejorarlo porque así han vivido sus antepasados y así conviene vivir.

Finalmente, reside en el seno de una sociedad cerrada: su ambiente habitual es el de su pueblecito, y su horizonte más extendido no va más allá de la pequeña ciudad a donde lleva al mercado algunos productos de su finca.

Es fácil concluir por lo anterior que una diferenciación extremadamente profunda opone al campesino no solamente a las capas cultivadas y pudientes del país, sino también a las poblaciones urbanas.

Ante semejante situación, se hace legítimo y necesario crear, tanto para los niños como para los jóvenes y adultos, dos tipos de educación, cada uno de los cuales será apropiado al medio social tan diferente uno del otro.

En todas las regiones colombianas en que predominan las pequeñas propiedades agrarias las que son mayoría- el medio social ha permanecido hasta ahora muy tradicional y recogido sobre sí mismo. Los departamentos que tienen grandes propiedades dedicadas a la ganadería cuentan con una tenue capa de agricultores cuya situación es holgada y permeable al progreso técnico, pero que sin embargo mantienen una masa importante de obreros agrícolas o de pequeños campesinos pobres y poco evolucionarlos.

En ambos casos la educación debe desempeñar un papel capital para la elevación del nivel humano y cultural, así como del técnico y económico de estas poblaciones. La educación solamente tendrá éxito en esta tarea si se adapta íntimamente a la mentalidad y a las necesidades del mundo rural. Este último forma un bloque compacto, arraigado a sus tradiciones y sus rutinas, todavía poco permeable a las influencias extrañas; con el fin de crear en su seno corrientes profundas, es necesario un esfuerzo educacional persistente, homogéneo y que alcance a la vez a la población en todos sus niveles, desde los niños hasta los adultos. Es lo que se puede llamar una educación rural integral, en el sentido que ella concentra sus esfuerzos en función de una finalidad precisa por alcanzar.

Estudiaremos sucesivamente la necesidad y las finalidades de una educación rural para Colombia, los métodos que han de emplearse y las condiciones de realización.

A) METAS DE UNA EDUCACION RURAL INTEGRAL

Examinar cuáles son las necesidades específicas del mundo rural colombiano en materia de educación es al mismo tiempo determinar sobre qué bases se debe sentar esta educación, y qué programas debe adoptar su esfuerzo de enseñanza y de formación.

Mas las poblaciones rurales de Colombia, que se cuentan entre las más pobres y las menos evolucionadas del país, necesitan una elevación rápida de su nivel humano y técnico; esta transformación es urgente para que las diferencias de nivel no se acentúen aún más entre la ciudad y el campo, y porque la población creciente de Colombia aumenta las necesidades de productos agrícolas. Es indispensable, pues, provocar una evolución rápida del mundo rural durante los años por venir, y esta evolución, para ser homogénea y sin desequilibrios, debe realizarse a la vez en tres planos: debe ser una evolución personal y familiar; una evolución de la comunidad rural en su conjunto; una evolución técnica y profesional. Una educación adaptada al mundo rural debe suscitar su transformación desde este triple punto de vista.

1) Transformar la persona en el seno de la familia.

La educación tiene como primer objetivo al hombre mismo. Por ella el campesino debe llegar a un mínimum de cultura y a un nivel decente de vida material.

El educador no encuentra en el campesino un ser inculto; quizá lo sea mucho menos que el pueblo desarraigado de las ciudades. El campesino posee, gracias a su arraigamiento y a sus tradiciones, principios religiosos y morales, cierto sentido de los valores, cierta filosofía de la existencia. Pero estos sentimientos se encuentran en él en estado instintivo. No ha reflexionado sobre su contenido, y por ello las desviaciones son casi fatales; su religión se convierte en superstición, su sentido moral se expresa en preceptos rígidos, su concepto del mundo permanece congelado y rebelde a toda innovación. El papel de la educación es hacerle adquirir conciencia de estas riquezas, justificarlas a sus propios ojos, integrarlas en una escala de valores universales, ampliar sus horizontes y aligerar su juicio. Es una obra relativamente fácil, pues el campesino no está embrutecido por el alcohol, reflexiona, y las semillas intelectuales toman en él raíces; los auxiliares de las Escuelas Radiofónicas de Sutatenza pueden dar testimonio de esto. De la misma manera, el niño rural tiene reflejos más lentos pero más profundos que el niño de las ciudades.

Esta cultura debe contribuir al mismo tiempo a elevar, el nivel material del campesino o más exactamente, a través de este esfuerzo material debe adquirir la perspectiva de problemas más vastos. Debe adquirir conciencia de que cierta dignidad de la vida le prohibe vivir sin limpieza, sin higiene y sin confort. Principalmente debe convencerse de que no tiene derecho de mantener a su familia en degradante miseria.

Esta elevación material y moral debe cumplirse en el seno de la familia. La familia continúa siendo la gran realidad y fuerza del mundo campesino. La educación rural que no contemple a la familia entera, se equivoca de camino, y es un error de la educación rural colombiana haber disociado con frecuencia su esfuerzo en este campo. Los miembros de la familia deben ser despertados al mismo tiempo a la necesidad de mejorar la vivienda, de hacer el hogar más agradable, de preparar una alimentación más sana y más variada, de practicar la higiene del cuerpo y la de los vestidos. Una educación que alcance estas finalidades en el plano familiar realiza una obra de largo alcance, porque inaugura nuevas tradiciones en el mundo rural, las que se transmitirán como una herencia y transformarán definitivamente todo el medio.

  1. Transformar la comunidad rural.

Si la familia es la primera célula en el seno de la cual se desarrolla y educa el hombre, la comunidad rural desempeña un papel educativo casi igualmente importante. Por comunidad rural se debe entender el grupo básico en cuyo seno se dibuja una unidad social elemental. En ciertas regiones, será la vereda o un grupo de veredas; en otras partes, el propio municipio.

La función educativa de la comunidad rural es irreemplazable, porque en su seno el hombre adquiere todas sus dimensiones, ejerce responsabilidades, organiza la vida colectiva y participa en el espíritu común que la anima. También es necesario que este grupo sea verdaderamente una "comunidad" y no un conglomerado. Y es allí en donde una política general de educación rural debe preocuparse de volver homogéneos, vivos y realmente "comunitarios" a los grupos de campesinos repartidos en el territorio, con el fin de que a su vez las comunidades se vuelvan educadoras de las familias y de los hombres.

Es necesario, pues, buscar los caracteres de una verdadera comunidad rural, con el fin de determinar las medidas que se deben tomar para favorecer su germinación y desarrollo.

La comunidad rural, que es lo contrario de una masa amorfa, se caracteriza par los tres rasgos siguientes:

  1. Es un grupo de población que ha adquirido conciencia de sus propios problemas colectivos y que está decidido a afrontarlos. Una comunidad, como su nombre lo indica, tiene una vida común, intereses comunes, dificultades y desgracias comunes, necesidades y aspiraciones idénticas. Caminos que construir o mantener, escuelas que edificar, enfermedades que combatir, plagas naturales que ahuyentar, compras o ventas que organizar.. ; muchos otros problemas interesan a la comunidad como tal, y de su solución dependen en parte el bienestar y la satisfacción de cada uno. La comunidad existe a partir del momento en que estos problemas nacen en cada individuo, cuando se forma una conciencia colectiva, cuando el sentimiento de solidaridad se despierta, cuando el deseo de una acción colectiva se transforma pronto en fuerza actuante. Es fácil imaginar la influencia que una escuela o un grupo de educadores pueden ejercer para crear y mantener esta adquisición de conciencia y este sentimiento de un bien común que se debe promover.

  2. Es un grupo de población animado por élites. Sería vano esperar que todos los miembros de una comunidad sintieran dentro de ellos con la misma fuerza los problemas colectivos del grupo y se consagraran a ellos con la misma devoción. En una comunidad se destacan ciertas personas de inteligencia más lúcida, de dinamismo más fuerte, de mayor generosidad, que constituyen como los portavoces y la "conciencia colectiva" de los otros:

  3. Toda comunidad verdadera crea sus propios élites y es animada por ellas. De su presencia o de su ausencia depende la suerte del futuro de la comunidad. Si no existen, la conciencia de los problemas comunes se expresará débilmente y no avanzará hacia realizaciones; habrá veleidad de comunidad, sin que haya comunidad efectiva; si existen, por el contrario. las aspiraciones de cada uno se traducirán en acción y la comunidad cristalizará en una organización viviente.

  4. Es un grupo de población integrado por organismos vivientes. Una comunidad expresa su "deseo de vivir" creando organizaciones destinadas a satisfacer las necesidades colectivas. Mientras más viviente sea una comunidad, más numerosas brotarán las organizaciones en todos los campos: profesional, cultural, social, cívico, religioso, etc.; y más numerosos serán los hombres capaces de asumir responsabilidades. Existen grupos humanos que no son comunidades reales, y que sin embargo están dotados de organizaciones, pero éstas tienen como carácter el que les es impuesto por una autoridad superior de fuera, sin que sea verdaderamente la expresión del grupo, y sin que sus miembros asuman una participación efectiva. Semejantes organismos no tienen ni la solidez, ni la duración, ni la función educadora de aquellos que han nacido del interior y brotado de la vitalidad interna de la comunidad. Una política que se considere educadora, nunca debería crear organizaciones que no sean instituidas por los votos de la población ni dirigidas y animadas por ella.

  1. Transformar las condiciones técnicas y económicas.

Los campos colombianos necesitan una rápida evolución técnica y económica para la modernización de los métodos de cultivo y el aumento de la producción agrícola.

El progreso técnico del campo no se impondrá desde el exterior, como ocurre en el mundo industrial, por la acción de dotaciones costosas y de una mecanización intensa. El progreso debe ser introducido mediante el mejoramiento de la agricultura, y, en consecuencia, por la educación de los agricultores. En efecto, en la mayoría de las regiones es necesario orientar hacia una agricultura intensiva en pequeñas superficies, además de una mecanización importante. Las razones que impiden concebir una "agricultura industrial" del tipo centro y oeste de los Estados Unidos, son numerosas. En primer lugar, las condiciones geográficas de la mayor parte de las regiones no lo permiten; las vertientes de las montañas son muy abruptas para que el material motorizado normal pueda ser utilizada. Además, la mecanización, aunque fuese posible, removería rápidamente de la tierra a un número importante de trabajadores, que los otros sectores económicos no son capaces de acoger al mismo ritmo en el estado de desarrollo del país. Finalmente, este sobrante ni siquiera puede ser destinado a transformar en agricultura intensiva las grandes superficies de llanuras actualmente consagradas a una ganadería extensiva, ni puede ser orientado hacia la colonización de tierras aún vírgenes; la situación presente no deja entrever una reforma agraria de gran envergadura, necesaria en la primera hipótesis, que pueda ser realizada prontamente, y la labor de colonización sólo se puede hacer lentamente mediante la transferencia de poblaciones que supone, de capitales que exige, y de la fase experimental que debe preceder a toda valorización en escala importante. Por el momento, el desarrolla agrícola debe ser previsto dentro de la estructura actual, y sólo puede realizarse con un mejoramiento de los métodos que intensifiquen la producción utilizando hasta el máximo las posibilidades de las plantas y de los animales, así como del suelo.

Por otra parte y dentro de esta hipótesis, no se trata tanto de modernizar el material o la máquina, sino al hombre, es decir, prepararla para las necesidades y para la utilización del progreso técnico. Una mejor capacitación profesional del campesino es la garantía más segura de una intensificación rápida de la producción. La enseñanza agrícola de los jóvenes y de los adultos habrá de ejercer por eso una función importante, y de su extensión depende en gran parte la modernización de los campos.

Finalmente, esta misma evolución técnica y económica requiere el desarrollo de la red de cooperativas, de los establecimientos de crédito agrícola, de los organismos de mutualidad que ya existen en unas pocas partes. Pero un esfuerzo educativo es necesario para que estos organismos respondan a su misión. Deben ser gerenciados por los campesinos en vez de estar en manos de algunos funcionarios; deben servir a las necesidades de todos y no solamente de algunos agricultores ricos; deben velar por la elevación del nivel humano de sus miembros en vez de contentarse con una visión puramente económica y monetaria. Estos organismos solamente conservarán tal espíritu si son animados por una élite campesina que una educación rural habrá despertado a estos problemas sociales y al sentido de sus responsabilidades.

B) MÉTODO DE ACCION

Esta transformación del mundo rural en todos los planos exige a la vez, para su éxito, un conjunto de condiciones que deben realizarse simultáneamente en todos los frentes de la cultura. Exige también que se empleen métodos adaptados al temperamento campesino, a sus condiciones de vida y a su mentalidad. Las numerosas experiencias que se han emprendido en el mundo desde hace unos veinte años para la educación integral de los campesinos, permiten deducir algunas leyes generales, entre las cuales las siguientes parecen válidas para .el caso colombiano:

  1. Inculcar a la población la conciencia de sus propios problemas.

En el mundo rural no se puede llevar a buen término ninguna obra de envergadura mientras no se haya obtenido la adhesión profunda de la población. Las masas campesinas están dotadas de una fuerza de inercia que se opone a toda nueva tentativa mientras ésta no sea juzgada necesariamente como respuesta a una necesidad evidente. Los campesinos, resignados desde siempre a su vida laboriosa e ingrata, no adquieren espontáneamente conciencia de los problemas que se les presenta: subalimentación, falta de educación de los hijos, técnica atrasada, tugurios, etc. Desconfiarán a priori de los predicadores de novedades y no colaborarán voluntariamente en los esfuerzos hechos para la elevación de su nivel de vida.

La primera labor educativa se propondrá, pues, cambiar las mentalidades. Es necesario que el mundo campesino adquiera conciencia de los problemas técnicos, económicos, sanitarios y familiares que se le presentan. Es necesario que poco a poco se convenzan de que muchas cosas no marchan bien, de que las necesidades de mejoramiento son inmensas para llevar una vida más humana, y que estas transformaciones son posibles. Sin lugar a duda, esta obra de educación es lenta, porque la mentalidad del campesino no se cambia fácilmente. Pero sin esta renovación de los espíritus, no se puede esperar ninguna colaboración. Será necesario en seguida crear en ellos la voluntad de afrontar estos problemas, de participar en el esfuerzo de los que luchan por su solución. En suma, hay que introducir en el mundo rural una especie de "mística": sana mística que ayuda a entrever, a desear y después a querer la realización de una vida más humana, de una vida que haga desaparecer la miseria y la inseguridad, que permita educar mejor a los hijos, que haga más fraternal la convivencia del pueblo. La experiencia demuestra que se trata de valores a 'los cuales el mundo rural. es sensible, a partir del día en que su espíritu haya sido despertado y su convicción fortalecida.

2) Preparar un personal docente de origen rural.

Gran número de experiencias extranjeras, especialmente en el Brasil, han fracasado por causa del reclutamiento en las ciudades de los "cuadros" destinados a la transformación del mundo rural. En los países en que diferencias profundas oponen la vida urbana a la vida rural, es raro que las gentes de la ciudad lleguen a adaptarse a las condiciones de existencia de los campesinos, a su mentalidad, a sus costumbres; igualmente es muy raro que se hagan "admitir" por ellos, y que obtengan la confianza necesaria para cualquier acción educativa.

Los profesores o monitores de origen rural, si no han sido "desadaptados" por el período de estudios, están, por el contrario, en pie de igualdad con ellos: conocen sus problemas, utilizan su lenguaje y, como consecuencia, no tropiezan con una oposición sistemática. También soportan mejor la ausencia de comodidades y el aislamiento que acompañará fatalmente a su instalación lejos de los grandes centros.

Es, pues, muy importante no solamente que el reclutamiento del personal docente sea de origen rural, sino también que el ambiente en que se formen sea también netamente rural. Los centros de capacitación, las escuelas normales rurales en particular, deben estar. situados en pequeñas Iocalidades en que predomine la vida campesina. Los alumnos no deben enclaustrarse, separarse del medio ambiente, sino, por el contrario, el centro de capacitación debe participar en las actividades locales, multiplicar los contactos y preparar desde luego a los alumnos en la práctica de esta obra educativa para los campesinos, a la cual sé consagrarán más tarde.

3) Actuar a la vez en todos los planos

La vida rural forma una unidad profunda y debe ser atacada a la vez en todos sus frentes, si se quiere lograr su transformación. Es decir, que la labor educativa debe dirigirse al mismo tiempo a los adultos, hombres y mujeres, sea separadamente, o bien en el plano del hogar, a los jóvenes y a las jóvenes, a los niños. El medio en todas sus capas de edades debe ser alcanzado a la vez.

Esta unidad del mundo rural exige también que la acción educativa se ejerza conjuntamente en todos sus aspectos: cultura personal, elevación del nivel familiar, evolución técnica, actividades sociales y cívicas. Este esfuerzo de conjunto es necesario porque se trata de un todo indispensable; es superfluo exigir al campesino que mejore su vivienda o su alimentación, si al mismo tiempo no se le enseña a producir más, pero no se puede proceder a su evolución técnica, sin elevar al mismo tiempo su nivel cultural. También cada factor de su vida está íntimamente ligado a todos los demás y se halla dependiendo estrechamente de ellos.

Es una de las razones que explican el fracaso frecuente de una propaganda de extensión agrícola, cuyos objetivos son puramente técnicos; o la poca influencia de una escuela de agricultura que no se dirige a los jóvenes; o las pocas consecuencias de una "campaña" en favor de la vacunación, o de una mejor alimentación.

Hay que substituir estas tentativas dispersas por un esfuerzo educacional integral, único medio para remover todo el compacto que forma la masa campesina, y de elevar, por todos los aspectos, su nivel miserable de existencia.

  1. Proceder a realizaciones concretas, confirmadas por resultados visibles.

  2. El campesino es un ser profundamente realista, que desconfía de los discursos aunque los escuche con placer. No se obtendrá su convicción, y con mayor razón no se le arrastrará a la acción, sino con la demostración de experiencias concretas de éxitos indudables, y cuya amplitud haya podido medir.

    La educación rural debe, pues, realizarse mucho más mediante demostraciones que por la enseñanza propiamente dicha. O más exactamente, es necesario que la demostración preceda a la enseñanza y le dé su interés práctico. Esto ya es valedero para el niño o para el joven, pero lo es mucho más para el adulto.

    De lo cual se desprende la necesidad de campos de ensayo, de fincas piloto, de demostraciones públicas de instrumentos o de métodos nuevos, de esos cursos al aire libre mucho más llenos de conversación y de intercambios que de enseñanza académica. De ahí, la necesidad, aun para las escuelas primarias, de poseer un campo de cultivos, una pequeña cría doméstica, de efectuar sesiones de demostración de costura o de cocina; finalmente, que se le enseñe al niño con hechos y que propague en su casa los resultados tangibles de sus experiencias.

  3. Hacer que el esfuerzo educativo influya en unidades regionales completas.

Finalmente, cada región rural forma un todo, con mentalidad característica, a veces muy diferente de la de una región vecina, con sus problemas agrícolas y económicos, con su red de relaciones humanas y sociales, con sus élites y sus organizaciones.

Debe ser emprendido un esfuerzo de educación rural por unidades regionales completas, a fin de contemplar a la vez el conjunto de los problemas y el conjunto de la población. Poco importa la dimensión de esta región, que generalmente será reducida; algunas veces no sobrepasará al municipio; lo esencial es que se trate de una unidad humana, económica y social.

Una encuesta extremadamente seria, del tipo de las que ejecuta la Federación de Cafeteros, debe preceder a la instalación del dispositivo educacional con el fin de conocer las necesidades, de responder a los problemas reales de la población, teniendo en cuenta, evidentemente, la política general del desarrollo del país.

  1. MODALIDADES DE REALIZACIÓN

Para responder a las exigencias definidas anteriormente, la educación rural debe desarrollarse a la vez en el nivel básico, con sus organismos propiamente educativos, y en los niveles superiores, departamentales y nacionales, con el fin de asegurar la dirección, la orientación y la coordinación de las actividades.

La organización en los niveles básicos.

Por nivel básico hay que entender la unidad regional elemental en el seno de la cual la población forma un todo, y que se caracteriza por la homogeneidad de los problemas que se presentan. Esta unidad, esta zona de acción, como la podríamos llamar, debe ser objeto de una acción concertada que abarque a la vez a los niños, a los jóvenes, a las jóvenes y a los adultos; a los niños, por medio de escuelas primarias con un programa de orientación propiamente rural; a los jóvenes y a las jóvenes, a través de escuelas agrícolas y domésticas; a los adultos, gracias a una red de extensión de vulgarización agrícola y doméstica, según una fórmula ampliada.

Estos organismos deben estar todos animados por un mismo espíritu, proseguir objetivos análogos. Esta unidad de acción será posible por medio de un comité rural de zona, compuesto por personalidades locales y por representantes de los organismos de educación, y que asegurará a la vez la dirección y el control de la acción educadora.

1) La escuela primaria rural.

La escuela primaria rural constituye uno de los pivotes del sistema, y si responde a su misión, puede ejercer una influencia considerable sobre la población entera.

a) Objetivos y métodos.

Como su nombre lo indica, la escuela primaria rural debe tener como objetivo responder a las necesidades precisas del mundo rural y echar raíces profundas en el medio campesino que le es propio. Se propone preparar a los niños para la vida campesina, y para esto les da una iniciación en la cultura intelectual y una preparación para los problemas de la vida por medio de actividades.

Para esto es indispensable que la construcción escolar esté acompañada de un terreno bastante grande para el trabajo manual de los niños; como es necesario también, al menos que haya imposibilidades geográficas, que la escuela se levante en el seno de un grupo de habitaciones para facilitar los contactos frecuentes de los alumnos con la colectividad.

Aseguradas estas condiciones, el programa de enseñanza se basará lo más posible en actividades. La fórmula más adecuada en Colombia se encuentra realizada por las "Concentraciones Escolares de Cafeteros", en las cuales el trabajo manual ocupa un sitio importante dentro del sistema de educación. Pero estas "concentraciones" están determinadas por el cultivo dominante de la región, aunque no enseñan únicamente a los niños a cultivar el café. Se trata de ampliar la fórmula y de tomar como campo de actividad no solamente el aprendizaje agrícola para los muchachos y el aprendizaje doméstico para las jóvenes, sino también el pueblo mismo, que constituye un excelente instrumento para la formación social.

  1. Los programas.

El programa puede dividirse por partes iguales entre la enseñanza escolar y las actividades manuales o sociales; el trabajo escolar mismo debe éstar fuertemente orientado hacia las realidades rurales.

Comprende una formación intelectual y cultural. En realidad, el niño aprende a leer, a escribir, a contar, como en todas las escuelas primarias. Pero es fácil unir esta enseñanza con la necesidad de medir las parcelas de tierra, de calcular la cantidad de las cosechas, de anotar los precios de venta y calcular sus costos, de llevar un cuaderno de actividades y elaborar informes periódicos, y esto sólo es un ejemplo tomado de las actividades agrícolas.

Una preparación práctica para los problemas de la vida. Esta preparación se impone para demostrar al niño (e indirectamente a los padres) cómo pueden ser mejoradas las condiciones de la existencia. Se deben abordar todos los temas de la higiene: limpieza del cuerpo y de los vestidos, mantenimiento de la salud y lucha contra las enfermedades más comunes en la región, cuidados a los niños, cuidados a los enfermos. Los problemas de la alimentación, y para las jóvenes una iniciación a la culinaria, tienen gran importancia. El mejoramiento de la vivienda, la manera de hacer que el hogar sea claro, limpio y agradable, los problemas domésticos, todo esto se enseña de una manera práctica y dentro de la perspectiva moral de una mayor dignidad de la vida humana.

Un preaprendizaje profesional. Las actividades agrícolas no pretenden dar a niños de 8 a 12 años la técnica de un oficio. Pero ya los orienta hacia lo que constituirá más tarde su profesión. Sobre este punto, los métodos de las "Concentraciones Rurales de los Cafeteros" pueden seguirse, con la división de los niños en equipos, con proyectos elaborados para cada cultivo, con informes periódicos, llevando contabilidad, registrando las ventas efectuadas, y preconizando cierto ahorro colectivo. Acompañará a estas actividades una enseñanza teórica muy elemental relativa a los problemas del suelo, de las plantas, de los animales, y a las leyes fundamentales que presiden la agricultura racional.

Las jóvenes serán iniciadas en la pequeña cría (conejos, gallinas, etc.) y en el cultivo de las flores, como también en la práctica de actividades domésticas (costura, cocina, mantenimiento de la casa, etc.).

Una función social. Esta tiene como instrumento el trabajo en equipo y. la participación en la vida del pueblo. El trabajo en equipo puede efectuarse en toda oportunidad, y será particularmente intenso en el curso de las actividades agrícolas. El maestro podrá aprovecharlo para dar la educación moral: para mostrar a los alumnos la manera como ellos han respetado o infringido las leyes de una vida común; cómo han practicado la cooperación, la responsabilidad, la justicia, la lealtad, la puntualidad; les enseña que por negligencia de uno solo, toda una obra colectiva fracasa. Los niños son muy puntillosos en cuanto a las leyes de equipo, y los estímulos o las amonestaciones dados en un momento propicio pueden influir en ellos profundamente. La escuela también puede contribuir a la formación social del niño mediante participación de éste en las actividades de la comunidad; participación en las fiestas religiosas o nacionales, organización de esparcimientos, esfuerzos por mantener al pueblo limpio y acogedor, colaboración en las campañas en favor de la higiene, de la nutrición racional o de la lucha contra la erosión, exposiciones, etc.; todas estas son ocasiones para dar a los niños el sentido de la comunidad rural y la costumbre de dedicarse a ella. Los alumnos también pueden estudiar por equipos las condiciones climáticas, el sistema de aguas, las producciones y los intercambios, las disposiciones sobre vivienda, adquirir una primera iniciación concreta en materia de geografía, complementada más tarde por el conocimiento de la región y del país; la historia del pueblo o del municipio, cuando sea conocida, será igualmente de gran interés como introducción a la historia más general de la nación.

c) Los maestros

Sin lugar a duda, un programa tan diferente en su contenido de los programas clásicos exige de los maestros una formación especial. Esta será dada en escuelas normales rurales, especializadas en esta finalidad. Las escuelas de Juazeiro do Norte y de la Fazenda do Rosario en el Brasil, la escuela normal rural de El Mexe, en México, para hablar solamente de las experiencias continentales, pueden servir de ejemplo en sus métodos y sus programas. Estas escuelas normales, ya se ha dicho, deben estar establecidas en un medio rural, deben participar en las actividades locales y animarlas, deben aceptar una gran proporción de actividades agrícolas, domésticas, sociales y culturales. Deben imponer un reclutamiento específicamente rural y mantener en los alumnos la mística del mundo campesino, de su finalidad, de su papel dentro de la nación, de su evolución necesaria.

El maestro debe conocer disciplinas variadas, pero no se le pide que se convierta en un agrónomo, ni en un experto en higiene o en arte doméstico. Forma a los niños, y sólo les da una primera iniciación en estas materias. Además, estará ayudado en su trabajo por especialistas que se ocupen, en la misma región, de los jóvenes y de los adultos. Con ellos orienta sus programas en función de las necesidades locales y coordina sus enseñanzas con las principales campañas adelantadas en la población. No es un aislado, su escuela es el elemento de trabajo colectivo. El maestro también participa por derecho propio en el comité rural y contribuye a la elaboración de los programas de conjunto y a las campañas regionales.

  1. Las escuelas vocacionales para los jóvenes y para las jóvenes.

La formación dada por la escuela primaria rural constituye una iniciación a los múltiples problemas de la vida campesina. Es inevitable que un número bastante grande de niños no avancen más en sus estudios. Pero es capital para el porvenir de la región que los mejores de entre ellos continúen su educación con el fin de constituir la élite de mañana, la levadura que hará levantar la pasta. Las escuelas vocacionales rurales tienen que cumplir precisamente esta misión.

En esto, más se debe perfeccionar que innovar. En la primera parte hemos visto que la fórmula de las escuelas vocacionales es por sí misma bastante buena, aunque las realizaciones dejan mucho que desear. Hay que cambiar pocas cosas en la concepción, la estructura y los reglamentos de este tipo de educación para su adaptación dentro del cuadro de una educación "rural integral". Pero es necesario, para romper las costumbres adquiridas y para mejorar el nivel medio de formación, un impulso firme y lúcido que salga de la administración central. Es además indispensable, para una acción eficaz en la región, que la educación de los jóvenes y de las jóvenes se suministre paralelamente. Allí donde irradie una escuela vocacional agrícola, también es necesario que exista una escuela hogar, para que más tarde una diferencia de nivel cultural no desequilibre los hogares.

Dentro de éstas perspectivas, es suficiente pasar revista a las principales medidas por adoptar, para mejorar el rendimiento de las escuelas existentes y para lograr su integración en la educación del conjunto de la región.

El problema de la localización de los establecimientos se presenta en primer lugar. Debería existir uno por unidad regional, o por grupo de unidades regionales, cuando éstas sean pequeñas y homogéneas. Es inútil crear escuelas si no se emprenden esfuerzos educacionales en las otras capas de la población: la experiencia enseña que su acción profunda es casi inexistente. Sobra decir que la situación de la escuela en la región debe tener en cuenta los medios de comunicación y la proximidad de los organismos educadores que trabajan con los adultos.

Se debe abolir la costumbre de reclutar gentes de la ciudad v alumnos que viven en otras regiones y que tienen la intención de regresar: la escuela vocacional y hogar trabaja en la formación de la región, adapta sus pro gramas a las necesidades locales y tiene como misión formar a las élites sacadas de la misma población. El reclutamiento debe, pues, ser propiamente local. Hay que velar con mucho cuidado por su calidad. Los párrocos, alcaldes, los maestros de escuela rurales, que conocen bien a los niños y a sus familias, deben estar encargados de descubrir a los mejores alumnos, de actuar sobre los padres para convencerlos de que hagan seguir estudios a sus hijos y proponerlos a la aprobación del comité rural de zona, el cual obtendría la beca del Ministerio, dado el caso.

Los programas deben ser adaptados para una formación totalmente rural. El principio de profundizar la cultura general y de perfeccionar la formación humana y moral debe conservarse. Pero se debe agregar a los programas de las escuelas de varones toda una enseñanza práctica para la elevación del nivel de vida: salud e higiene, alimentación, vivienda, economía doméstica; hay que dar a las jóvenes alguna iniciación en los problemas propiamente agrícolas, especialmente en materia de pequeña cría y de contabilidad, con miras a una mejor comprensión y una colaboración entre el hombre y la mujer en el seno del hogar. La enseñanza técnica de la agricultura y de la ganadería debe ser estrictamente adaptada a la región. Esta adaptación, partiendo de directivas generales dadas por el Ministerio, puede ser hecha por el director de la escuela, en enlace con los expertos agrícolas de la región y sometida a la aprobación del comité rural de zona. Se dará a los alumnos una iniciación sobre los organismos que integran las actividades agrícolas y sobre la necesidad que tienen de participar en ellos más tarde: extensión agrícola, cooperación, mutualidad, crédito, etc. Finalmente, la escuela vocacional, así como la escuela primaria también debe participar estrechamente en la vida local, y los programas de enseñanza deben prever las modalidades: estudio de las condiciones geográficas, meteorológicas, geológicas y agrícolas de la localidad; participación en las "campañas" adelantadas entre la población; cooperación del cuerpo docente en las organizaciones agrícolas locales: cooperativas, centros de extensión agrícola, etc.; participación de los alumnos en los certámenes, en las fiestas, en las distracciones de la colectividad.

El trabajo agrícola debe organizarse según métodos activos, de la misma manera que en las escuelas primarias agrícolas: equipos, proyectos, cultivo técnico de las parcelas, contabilidad; venta, etc. Es indispensable una superficie por lo menos de 10 hectáreas, prevista por los reglamentos, y debe ser adquirida si no existe. Se impone un material agrícola moderno, de la misma clase del que pueden utilizar los campesinos en sus fincas, y deben hacerse los gastos necesarios para su obtención.

Finalmente, el problema del cuerpo docente no está resuelto actualmente. La escuela normal agrícola de Buga, que ya tiene una experiencia bastante prolongada, debe adaptar su formación pedagógica a métodos activos y aumentar su personal escolar en la medida de sus posibilidades. Las escuelas de Paipa y Lorica tomarán la amplitud proporcional a las necesidades y mejorarán también la formación pedagógica de los alumnos. Se fundarán otras escuelas normales agrícolas, a medida que se multipliquen las escuelas vocacionales. Sería útil aprovechar la experiencia de países vecinos, particularmente de Cuba (Escuela Provincial de Agricultura de Pozos Dulces), de Puerto Rico, que ha realizado grandes avances en materia de pedagogía agrícola, y de Venezuela, con su Escuela Rural Interamericana bajo los auspicios de la O. E. A. Sería inútil formar alumnos si éstos, una vez diplomados, abandonan la carrera del profesorado. Puede exigirse a los becarios un compromiso de servicio de una duración igual a la de los estudios. Por sobre todo, es necesario que el sueldo de los profesores no sea tan bajo para que no ahuyente a la mayoría de los candidatos.

Desde un punto de vista más elevado, es indispensable que el personal de dirección de la División de Educación Campesina del Ministerio de Educación sea seleccionado de tal manera que esta administración esté en manos de técnicos especializados en agronomía y pedagogía vocacional, acabando con la improvisación. No es menos indispensable que las escuelas-hogar sean reintegradas a esta División, de la cual nunca debieron haber sido separadas.

3) La educación de los adultos.

La evolución y el progreso no se hacen sentir verdaderamente en una región sino a partir del día en que los adultos, o al menos los más preparados de ellos, hayan comenzado a actuar. Por ello un esfuerzo de educación rural completo halla su culminación en la acción sobre la población adulta. Es una acción difícil y de resultados lentos e inciertos, porque las personas maduras tienen sus hábitos de pensamiento como también sus rutinas de comportamiento, y porque han perdido la ligereza de espíritu y la facultad de entusiasmo de la juventud. Es, pues, necesario emplear con ellas métodos extremadamente concretos, avanzar con pasos lentos y convencerlos con demostraciones sin apelación.

Conocemos el número de organismos que por uno u otro aspecto se preocupan de la educación rural de los adultos. Unos tienen objetivos netamente especializados, como por ejemplo los servicios de vulgarización de la Federación Nacional de Cafeteros o del Instituto de Fomento Tabacalero. Otros tienden a una formación más vasta. Entre éstos, dos deben retener la atención porque tratan de abrazar las actividades agrícolas o rurales en todos sus aspectos, y porque se esfuerzan en extender su acción a todo el territorio: los "Cursos para campesinos y campesinas", del Ministerio de Educación, y el "Servicio de Extensión Agrícola", del Ministerio de Agricultura. No existen entre ellos conflictos de competencia, porque no actúan en las mismas proporciones de territorio y porque los vacíos que han de llenar son todavía inmensos. Mas, dentro del cuadro de una educación rural integral, evidentemente es imposible concebir su presencia simultánea en la misma zona. Se impondrá una opción política, y es probable que se hallará una solución transaccional, a ejemplo de otras naciones en las cuales se ha presentado el mismo conflicto. En el seno de una organización única no es posible solicitar a los funcionarios de Educación que suministren la cultura general y la formación en todo lo que tiene carácter de elevación del nivel de vida, y a los funcionarios de Agricultura que se dediquen a la capacitación propiamente técnica; la coordinación de los dos servicios se hará en un nivel superior, como se indicará posteriormente. La importancia de cómo se resolverá esta cuestión, es secundaria; lo que importa es estudiar la función y los métodos de acción del centro local encargado de la formación de los adultos, y su enlace con los organismos especializados, como también con las autoridades superiores.

Este centro podría inspirarse, en gran parte, para su método y su estructura, en las experiencias ya existentes en Colombia, ya se trate de los "Cursos para campesinos y campesinas", de STACA en Boyacá, o de los centros de vulgarización de la Federación de Cafeteros. Sin embargo sus finalidades serán un poco más amplias.

  1. Objetivos de un centro de formación para adultos.

  2. Este centro se propondrá la formación total del campesino, tomado en todas sus dimensiones: personales, familiares técnicas, económicas y sociales y la elevación de su nivel de vida en todos los aspectos. No es necesario ni posible buscar simultáneamente todas estas finalidades; pero cada uno de los objetivos parciales deberá integrarse en esta visión de conjunto. Se trata aquí mucho más que de vulgarización agrícola o de campaña de alfabetización. Por ello es necesario, más aún que para el caso de la escuela primaria rural o de la escuela vocacional, hacer preceder este esfuerzo educativo de un estudio extremadamente serio de la región: recursos naturales, nivel y clase de vida de los habitantes, mentalidad, nivel técnico, situación económica, actividades y mentalidad sociales. Esta encuesta revelará los aspectos más deficientes, las necesidades más urgentes, y en consecuencia los puntos en los cuales debe emplearse el esfuerzo educativo en función de los objetivos generales precisados más arriba.

  3. Estructura del centro.

  4. La variedad de los objetivos de formación exige la presencia de un equipo polivalente de monitores. STACA se ha dado cuenta de esta necesidad, ya que cada uno de los 13 centros de Boyacá dispone de 4 miembros con funciones variadas dentro de la perspectiva de una educación integral; parece que un director especializado en sociología y pedagogía rural, un agrónomo y una monitora de enseñanza doméstica podrían constituir el personal básico del centro local, adscribiéndoles el número de auxiliares requeridos según el estudio de la zona.

  5. Métodos

Los métodos necesarios para la educación de los adultos son conocidos y utilizados diariamente por los organismos ya citados: conferencias, proyecciones cinematográficas, demostraciones prácticas, campos experimentales, visitas colectivas a cultivos o a establos, visitas individuales a domicilio, etc. Deben predominar los medios audiovisuales; la mayor simplicidad animará la enseñanza, y los intercambios de puntos de vista contribuirán al contacto permanente del monitor con su público. Solamente insistimos sobre estos dos puntos.

Primero hay que distinguir los dirigentes, de las masas. En cada región existe en la población una mayoría de individuos sin iniciativa que se contentan con seguir el movimiento general. El esfuerzo educativo no debe desdeñar ni abandonar esta masa, pero tampoco agotar en ella sus fuerzas.

Ella debe ser objeto de un trabajo general de opinión que la prepare para seguir el ejemplo de los más dinámicos. A éstos, que constituyen la elite de la población, se les dará una formación más profunda y continua, animándolos con el deseo de actuar y de irradiar su acción a su alrededor. Ellos tomarán las iniciativas, realizarán los nuevos ensayos, criticados, claro, cuando fracasen, pero instados cada vez que obtengan éxito. En ellos obrará la inteligencia, la masa los seguirá porque habrá sido desde luego "sensibilizada". A causa de no haber hecho esta distinción, muchos esfuerzos de vulgarización agrícola se agotan sin resultados, impotentes para penetrar la inercia campesina.

El enlace con los organismos especializados constituye un segundo punto importante. Un centro local, aun dotado de un equipo polivalente, no es competente en todo. Tomará, pues, la iniciativa, para coordinar su acción con los organismos especializados que existan, o bien propiciará su creación si no existen. Los centros locales o regionales del Ministerio de Salud, los servicios técnicos del Ministerio de Agricultura, las federaciones agrícolas especializadas, serán llamados a aportar sus luces, a participar en las campañas y a colaborar de todas maneras.

Finalmente, sobra decir que el director del centro participará por derecho propio en el comité rural de zona y desempeñará un papel importante en la elaboración de los programas y en las decisiones que se tomen.

4) El órgano de coordinación: el Comité Rural de zona.

Con el fin de asegurar dentro de la zona la eficacia de la acción educativa, es necesario que todos los esfuerzos converjan hacia ciertos objetivos determinados con cuidado. Esta unidad será mantenida por un órgano director y coordinador: el Comité Rural de Zona.

La composición de este Comité se realizará de tal manera que comprenda a representantes de la población educada y a representantes de los órganos educativos. Por derecho propio deben figurar en él las autoridades locales: Párroco, Alcalde y algunas personas escogidas entre los campesinos más valiosos y más influyentes; por otra parte, los centros educativos estarán allí representados: escuelas primarias rurales, escuelas vocacionales, centros de adultos, centros especializados si existen. Este Comité, como será bastante numeroso, no podrá reunirse con demasiada frecuencia. Será necesario que su trabajo sea preparado y que las responsabilidades de su ejecución estén a cargo de un Consejo restringido compuesto por cuatro miembros, escogidos según lo determinen las personalidades del Comité.

Las funciones del Comité y de su Consejo son importantes. Trazará la línea general que debe seguir el esfuerzo educativo general en toda la zona. Esta elección se hará, por una parte, de acuerdo con las instrucciones recibidas de las autoridades superiores, de las cuales volveremos a hablar y, por otra parte, en función de las necesidades locales determinadas por una encuesta previa. Esta orientación general debe estudiarse cuidadosamente, pues cada órgano educativo debe orientar su propio programa de formación basado en ella. La segunda función será, pues, la de aprobar el programa de cada centro educativo, después de corregirlo si hay lugar. Finalmente, este Comité debe preparar y dirigir las actividades o certámenes comunes a toda la zona, y que tendrán como finalidad la de trabajar en conjunto sobre la opinión pública: campañas, certámenes, fiestas, etc.

El Comité Rural de Zona no trabaja solo. Su acción se integra dentro de las líneas generales de un desarrollo del mundo rural determinado y dirigido por los organismos situados en el nivel departamental o en el nivel nacional.

LA ORGANIZACION EN LOS NIVELES INTERMEDIOS Y SUPERIORES

Para que la educación rural se desarrolle en las regiones y en las zonas de manera armónica y en relación con las necesidades del país, es indispensable que obedezca a un plan de conjunto.

Es pues necesario que por encima de los Comités Rurales de Zona, otros organismos aseguren la dirección y la coordinación al nivel de cada departamento o al nivel nacional. Podemos llamarlos, para comodidad de la exposición, Comités Departamentales y Comité Nacional de Educación Rural.

En el plano nacional, las funciones de este Comité son múltiples. Primero, orientar la educación rural en función de las necesidades del país. No se trata de elaborar un programa para cada Departamento o para cada zona, sino de determinar adecuadamente las líneas generales que se deben seguir, a la luz de la situación general del campesino colombiano y en función de las necesidades del país en productos agrícolas. Es evidente que esta política de educación rural sólo será determinada mediante un entendimiento entré los Ministerios interesados y los organismos de planeación. El Comité debe en seguida determinar, en función de las posibilidades presupuestarias, la amplitud del esfuerzo educativo que se debe realizar cada año, y distribuir los créditos por Departamentos; a los Comités Departamentales les queda la responsabilidad de escoger las zonas y de la ejecución. Finalmente, el Comité estará encargado de coordinar el trabajo de múltiples organizaciones públicas y privadas que trabajan en la educación rural, para integrar sus actividades en las líneas generales del programa.

Si bien las funciones del Comité Nacional de Educación Rural son bastante fáciles de precisar, su estructura es mucho más delicada de determinar. Se debe descartar la solución simple, que consistiría en colocar toda la responsabilidad en manos de un Ministerio, por ejemplo, el de Educación. Muchísimos organismos importantes (entre los cuales se encuentran varios Ministerios) trabajan desde hace tiempo en la educación del mundo rural, con costumbres adquiridas y, por así decirlo, con prerrogativas aseguradas, por lo cual la autoridad de un simple Ministerio no sería suficiente para asegurar la coordinación y la unidad de acción necesarias. Parece que sea indispensable crear una entidad más vasta, constituida por representantes de todos los organismos que se ocupan del mundo rural, y adscrita directamente a la Presidencia de la República, o que goce de autonomía, con administración y patrimonio propios, a la manera de la Universidad. Este Comité comprendería pues: representantes de los Ministerios de Educación, de Agricultura, de Salud, de Hacienda, del Trabajo, como también del Comité Nacional de Planeación; representantes de las federaciones agrícolas, Federación Nacional de Cafeteros, Federación Nacional de Ganaderos, Federación de Arroceros, cultivadores de trigo y de papa, Instituto de Fomento Algodonero, Instituto de Fomento Tabacalero, Sociedad de Agricultores de Colombia; organismos de crédito, como la Caja de Crédito Agrario y la Caja Colombiana de Ahorros; organismos propiamente técnicos: Instituto de Colonización, Parcelación y Defensa Forestal, Instituto de Irrigación y Electrificación; finalmente, los organismos internacionales: UNESCO, FAO, STACA, etc. Esta lista no es taxativa. Ella muestra la imposibilidad, para una autoridad que no sea superior a la de un Ministerio, de asegurar la coordinación de un conjunto tan vasto.

Este Comité así constituido debe asumir la dirección de la educación rural y velar porque todos los esfuerzos converjan hacia fines idénticos en todos los puntos del territorio. Para asegurar una eficacia mayor a esta tarea, este Comité debe estar organizado en un plano doble. En un plano muy extenso reuniría a todos los organismos precitados que se ocupan del mundo rural a cualquier título: técnico, económico, profesional, temo también educativo; esta asamblea sería apta para determinar las necesidades. generales del mundo rural y las grandes orientaciones que se deben tornar. En un plano más restringido, se reunirían los organismos que se consagran a la educación propiamente dicha; esta asamblea debe preparar los programas educativos en función de líneas de conjunto previamente fijadas, y asegurar la dirección general y la administración de la educación rural. En ella reposarán las principales responsabilidades.

En el plano departamental, el Comité tendría una composición análoga y con funciones idénticas. Por una parte, dependería del Gobierno Departamental, y por otra, del Comité Nacional.

Este conjunto, coordinado desde la base. hasta la cuna para asegurar la educación del mundo rural, exigiría de la Nación gastos presupuestarios considerables. Al principio, el costo de la operación sería relativamente igual a los gastos actuales, pues este conjunto utilizaría los organismos ya existentes y de hecho sólo constituiría una reagrupación de fuerzas y su convergencia hacia fines comunes. Por otra parte, como el esfuerzo educativo en el mundo rural es muy insuficiente, es cierto que habría que multiplicar progresivamente las zonas y autorizar los gastos correspondientes. La intensidad de esta progresión depende de la política general del país. Una educación eficaz del mundo campesina acrecentaría rápidamente el ingreso nacional. Es probable que el país no tendría por qué lamentar las inversiones que hubiese hecho en favor de una educación integral del mundo rural.



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