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En este escrito, pretendemos reflexionar sobre la Doctrina Social
de la Iglesia frente al concepto de desarrollo, al proceso de
globalización y al mundo en transformación. Se hace referencia a
los temas significativos en el mundo de hoy centrados en el
humanismo: el contexto y la superación del conflicto Este-Oeste,
las distintas concepciones del desarrollo, y la globalización
vigente; los principios y la concepción de la Doctrina Social de
la Iglesia (DSI, en adelante) frente a esa problemática. Así
mismo, se recalcan los ingredientes que la DSI considera deben
involucrarse en el mejoramiento de la calidad humana de los
pueblos.
Consecuentemente, se hace alusión a algunas propuestas que
inmersas en el pensamiento de la DSI redundarían en un mejor
bienestar para el desarrollo humano.
Indice
La incursión de un laico y economista en los temas que ha tratado
la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo ante el vasto y
profundo acervo que la constituye, en mi caso es apenas sólo un
intento de consideración de aspectos de la misma desde la
perspectiva económica en torno a los temas del desarrollo y la
globalización.
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica ha venido
reafirmando su llamado a los laicos para que se apersonen de su
trabajo en las realidades que les son propias o peculiares, o sea,
las que tienen que ver con los asuntos temporales. Pareciera que
los ciudadanos en general sintieran como ajenas las actividades públicas,
como las del mundo de la política y de la economía. Muchos
sienten impotencia, o aversión a cualquier clase de participación
en los asuntos públicos, tal vez marcados por ingratas
experiencias relacionadas con la corrupción y el clientelismo.
Ya en los tiempos de los apóstoles, la Iglesia se preguntaba
sobre el valor de las cosas en el mundo o los asuntos temporales,
en contraste con los asuntos del espíritu. ¿Tenía “valor”
el mundo? ¿Tiene sentido aferrarse y preocuparse por tantas
cosas? Algunos en la comunidad de Tesalónica, ante la magnitud de
lo que viene pronto, habían decidido esperar al Señor en la
inactividad. Pablo pide que a esos se les llame la atención (Ts
5,14) y el discípulo que escribe, 2 Ts afirma: “Quien no quiera
trabajar, que no coma” (3,11). ¿Tiene valor dedicarse a la política,
a la economía, a la ciencia, a la cultura, y si el Señor ya
viene, está a la puerta? ¿Cómo articular la fe en el señor Jesús
con la actividad familiar, social, política? Ni Pablo ni los
otros escritores de las cartas del Nuevo Testamento se plantearon
la pregunta abstracta, pero tuvieron que responder en la práctica
frente a los problemas concretos ([ii]).
“A Dios rogando y con el mazo dando”, expresa la sabiduría
popular, y es una frase que sirve también para connotar el
fracaso que puede conllevar la separación entre fe y vida.
El mensaje evangélico del humanismo cristiano es radical. Enseñanzas
como el Sermón de la Montaña o de las bienaventuranzas, hablan
de una conversión real y de una vida cotidiana responsable para
quien desea ser consecuente con ese mensaje. Y en él se expresa
una especial solidaridad con los débiles y con los que sufren,
como criterio para vivir la utopía cristiana.
Desde la patrística, se formularon fervientes llamados para que
esa justicia se concretara en equidad, la justicia de los hechos
concretos; por ejemplo san Ambrosio expresaba que lo que se le da
al pobre, en justicia le pertenece. Los bienes han sido creados
por Dios para todos los hombres. Y por tanto son comunes en cuanto
al uso. La apropiación privada de algún bien debe estar
supeditada a su función social, a que sirva para la utilidad común.
Si los bienes son comunes en cuanto al uso, la persona al tener la
propiedad, debe ser intendente, (gerente) es decir hacerla
producir para el uso común ([iii]).
De hecho, el cuerpo de la DSI ha crecido en el curso de los
siglos, siempre que la Iglesia encontraba situaciones sociales
nuevas, y en particular en el Siglo XX. La enseñanza social de la
Iglesia contiene un cuerpo de doctrina que se articula a medida
que interpreta los acontecimientos a lo largo de la historia, y a
la luz del conjunto de la Palabra revelada y de la asistencia del
Espíritu Santo. El Catecismo, el compendio de enseñanzas católicas,
expresa, asimismo, que el desarrollo de la doctrina en materia
económica y social, da testimonio
del valor permanente de la enseñanza de la Iglesia, al mismo
tiempo que del sentido verdadero de su tradición siempre viva y
activa.
Documentos como Lumen Gentium, Apostolicam Acuocitatem,
Christifideles Laici y Eclessia in America, entre
otros, vienen clamando por la reorientación de los asuntos públicos
al servicio del bien común; la política y la economía al
servicio de la sociedad y de las personas concretas.
Indice
La DSI ha establecido sus orientaciones frente a la dignidad de la
persona humana y el desarrollo económico y social por medio de
encíclicas tales como Rerum Novarum dada a conocer por el
Papa León XIII en 1891, sobre la cuestión obrera; es un
documento fundamental que, en la opinión de muchos observadores,
marca un hito de la enseñanza católica social moderna. En ella,
el Papa trata de la condición difícil de los obreros, rechaza la
tesis de la lucha de clases, afirma los derechos de los obreros y
apoya a los sindicatos. Esta encíclica ha venido siendo
rememorada y actualizada por los Pontífices del siglo XX,
incluido Juan Pablo II, en documentos de reconocida trascendencia
humana y social, como son: Quadragesimo Anno, Pio XI, 1931;
Radiomensaje, Pio XII, 1941; Mater et Magistra y Pacem
In Terris, Juan XXIII, 1961 y 1963; Octogesima Adveniems,
1971; Populorum Progressio, Paulo VI, 1967; y Laborem
Exercens y Centesimus Annus, Juan Pablo II, 1981 y
1991, respectivamente. Nombremos algunas de sus características:
León XIII y Rerum Novarun (1891). El Papa aborda tres
temas que tienen relación con la economía: la propiedad privada,
el rol económico del Estado y de las personas y el salario justo.
La propiedad privada de bienes productivos y de consumo tiene su
raíz en la naturaleza intelectual, libre, social e histórica de
la persona, que por su trabajo, por su indigencia, por velar por
su futuro y el de su familia tiene derecho a la propiedad y uso de
los bienes (cf. RN 4-11).
Pío XI, Quadragesirno Anno (1931). El
Papa describe la economía a partir de las mutuas relaciones entre
el capital y el trabajo (53,100). Este tipo de economía no es
condenable en sí, sino cuando se da una relación de abuso en que
se lesiona la dignidad de la persona y el carácter social de la
economía (54,101).
Juan XXIII, Mater et Magistra (1961). El “Papa bueno”
abordó cuatro puntos: la interrelación entre la iniciativa
privada y rol del estado, la dignidad de la persona en relación
con las estructuras socioeconómicas (82-103); los problemas
inherentes al desarrollo agrícola (123-149) y, por último, los
problemas del desigual desarrollo a nivel nacional e internacional
(51-58).
Gaudium et Spes
(1965). La
vida económico-social (II parte, 3er. capítulo). La primacía de
la persona: la afirmación básica del capítulo es que el hombre
es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica-social
(63). Por eso también en la vida económica-social debe
respetarse y promoverse la dignidad de la persona humana, su
entera vocación y el de toda la sociedad (¡bid).
Pablo VI: sus aportes más significativos están contenidos en la
encíclica Populorum Progressio, publicada en la Pascua de
Resurrección el 26 de marzo de 1967. (Cf. infra “Desarrollo y
desarrollismo”).
Tres temas diferentes, pero interrelacionados, ha abordado Juan
Pablo II; el trabajo humano, el desarrollo y el mercado y la
economía moderna. Al hablar de trabajo humano en Laborem
Exercens (1981), reflexiona profundamente sobre el eje
articulador que ya aparecía en Gaudium et Spes: la primacía
de la persona por sobre la obra. El gran pecado moderno ha sido la
inversión de valores que se produce en la conciencia humana: las
cosas valen más que las personas, tanto a nivel de producción,
como de consumo. Y la tarea importante es recuperar la dimensión
subjetiva del trabajo: que el hombre se sienta trabajando en lo
propio, sujeto de su trabajo, valorado y realizado como persona.
En Sollicitudo Rei Socialis (1987) el tema relevante fue el
desarrollo, conmemorando los 20 años de Populorum Progressio:
Hay una mirada más bien pesimista sobre la realidad, por el
aumento de desempleo y subempleo, por la pobreza, por los
problemas de deuda internacional y por los diversos problemas de
la política internacional que privilegian los intereses de los países
ricos.
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La propiedad tiene una función social, es un postulado de las
constituciones políticas de los estados democráticos. San Agustín
nos habla sobre las riquezas, y el énfasis lo puso en el recto
uso de ellas. Lo que está en íntima relación con la necesidad.
Subyace la idea de usar de los bienes tanto cuanto ayuden a
solucionar la necesidad y que todo exceso por sobre la necesidad
es malo, como sucede con la gula y el pecado de riqueza; las cosas
necesarias para vivir humanamente son pocas. Y lo que va más allá
de la necesidad es superfluo y pertenece a los pobres. Posees lo
ajeno cuando posees lo superfluo... y lo superfluo hay que
comunicarlo ([iv]).
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La santidad de la vida humana y la dignidad inherente de la
persona son los fundamentos de todos los principios de la enseñanza
social católica. Cada persona ha sido creada a imagen de Dios y
cada persona es de inestimable valor. Asimismo, todas las leyes
sociales, prácticas, instituciones y actividades económicas
deben proteger, no minar, la vida y la dignidad humana, desde la
concepción hasta la muerte natural.
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La forma como se organiza la sociedad -en lo económico y en lo
político, en leyes y normas- afecta directamente la dignidad
humana y la capacidad de los individuos para crecer en comunidad.
El hombre es un ser social que realiza su dignidad y potencial
humano en sus familias y comunidades ([v]).
En el pensamiento católico, la familia es la célula básica de
la sociedad, y por lo tanto debe ser sostenida. La construcción
de comunidad es una idea de raigambre cristiana, eclesial y democrática.
El Estado tiene la misión primordial de proteger la vida humana,
promover el bien común y defender el derecho y deber de todos a
participar en la vida social, pues a la democracia formal debe
corresponder la democracia real y esta en los nuevos tiempos debe
ser ampliamente participativa tanto en los derechos como en los
deberes en torno al bien común.
La tradición católica enseña que la dignidad humana se puede
proteger, y también se puede lograr una comunidad saludable, sólo
si se respe tan los derechos humanos y se cumplen sus deberes
correlativos. La DSI defiende la responsabilidad personal, como
también los derechos sociales. El derecho a la vida es
fundamental e incluye el derecho a la comida, al vestido, al
abrigo, al descanso, al cuidado médico y a los servicios sociales
esenciales. Varón y mujer tienen el derecho a cofundar una
familia y el deber de sostenerla en el matrimonio. La dignidad
humana requiere la libertad religiosa y política, y el deber de
ejercer estos derechos por el bien común. Igualmente, la DSI católica
enseña que el hombre tiene el deber de luchar por su bienestar
personal y colectivo. Es decir, la sociedad debe garantizar las
libertades fundamentales y el hombre tiene que aprovecharlas para
desarrollarse, tanto individual como colectivamente.
Indice
OPCIÓN POR LOS
POBRES E INDEFENSOS
La enseñanza católica expresa como un criterio ético-moral básico
el de la caridad, como expresión elevada de la política, y en
particular referida a unas condiciones económicas y sociales en
las que puedan prosperar los miembros más indefensos. La DSI no
pone un grupo social contra otro, sino más bien sigue el ejemplo
de nuestro Señor que se identificó con los pobres e indefensos ([vi]),
dándole prioridad a ellos, pero fortaleciendo la salud de toda la
sociedad. La DSI reconoce que existen poderes oportunistas y
manipuladores, que ponen la vida humana y dignidad de las
personas en peligro. Los pobres tienen prioridad sobre todos los
recursos, y no como mera opción, sino como los expresa Eclessia
in America, se trata de un “amor preferencial”, que
expresado en términos económicos se traduciría en programas
generales de acceso a las oportunidades en igualdad de condiciones,
y en la equidad que ilumina la justicia distributiva.
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LA DIGNIDAD DEL TRABAJO Y DERECHOS DE LOS TRABAJADORES
En el pensamiento católico el trabajo es más que una forma de
ganarse la vida; es una manera de participar continuamente en la
creación de Dios. Las encíclicas modernas establecieron que los
trabajadores tienen derechos al trabajo decente, salarios
justos, condiciones de trabajo seguras, formación de
sindicatos, protección contra la incapacidad, seguridad de
jubilación e iniciativa provechosa.
La economía existe para la persona humana; la persona humana no
existe para la economía, y afirman que el trabajo tiene
prioridad sobre el dinero.
El trabajo humano no es una mercancía, cuyo valor puede ser
determinado por las solas fuerzas del mercado; no basta el libre
acuerdo entre las partes para que el salario sea justo, porque el
obrero movido por la necesidad, puede aceptar cualquier
retribución. El trabajo es expresión de un ser necesitado pero
al mismo tiempo personal. Existe una justicia anterior y superior
a la mera justicia conmutativa.
Dicha justicia a la que se refiere León XIII será llamada más
adelante en el pontificado de Pío XI, justicia Social. Este mismo
Papa precisará más los criterios para determinar el justo
salario (encíclica Quadragesimo anno).
Hoy día los sindicatos y el movimiento internacional de los
trabajadores no es el mismo de hace dos décadas; políticas de
desregulación laboral o de disminución de sus posibilidades de
organización y de sus prestaciones laborales en aras de una
“flexibilización”, que de productividad a las empresas ha
recordado las enseñanzas de la DSI sobre el maltrato dado al
trabajo humano: Pío XI afirmó que °...de las fábricas sale
ennoblecida la materia inerte, pero los hombres se corrompen l,
se hacen más viles” ([vii]).
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Una adecuada concepción del trabajo humano es fundamental para
que la cultura de la solidaridad y la economía de la
solidaridad tengan plena vigencia. El hombre y la mujer, mediante
su trabajo no solamente transforman la naturaleza, sino que se
transforman a sí mismos, creciendo en humanidad. La dignidad
del trabajo no viene dada por su sentido objetivo, la obra que
resulta del esfuerzo personal, comunitario y social, sino por su
sentido subjetivo, porque el que realiza la obra es una persona,
un ser dotado de interioridad, un sujeto autónomo, libre,
creador y llamado a participar en solidaridad con otros en el
esfuerzo común ([viii]).
Al testificar que el trabajo tiene prioridad sobre el dinero, la
DSI abre la puerta a una serie de conceptos sobre posibles
estrategias de desarrollo que son particularmente aplicables en el
contexto latinoamericano. Las sociedades latinoamericanas tienen
una grave incoherencia estructural que se origina en la violación
del principio de la dignidad del trabajo y del derecho de todo
ciudadano a un trabajo digno, útil y justamente remunerado. Este
principio se relaciona con la economía y las políticas
sociales y su razón de ser al servicio de la sociedad en
general y de cada persona en particular y en concreto.
La DSI considera a cada persona como miembro de la familia
humana, cualesquiera sean sus diferencias nacionales, raciales, étnicas,
económicas, políticas y culturales. La DSI habla de un bien
común “universal” que se extiende más allá de las fronteras
de la nación hacia la comunidad global. La solidaridad,
“aquella virtud por la cual uno se enriquece dando”, ayuda a
reconocer que el destino de los pueblos de la tierra están cada
vez más entrelazados por consideraciones ambientales y de
globalización. Esta solidaridad requiere, no sólo que las
naciones ricas ayuden a las más pobres, en un ambiente de
cooperación y de subsidiaridad; exige un respeto por las culturas
diferentes y justicia en las relaciones internacionales, e insta
a las naciones a vivir en paz, como condición de su propio
desarrollo.
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EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE
Como armonía con la naturaleza y legación de un ambiente sano a
las generaciones venideras, las sociedades deben cuidar bien de
los recursos; todas las personas tenemos responsabilidad ambiental
para que el progreso no se produzca mediante la devastación de la
naturaleza y el desarrollo pueda ser verdaderamente humano, es
decir libre, responsable y con valores trascendentes. Esto es un
reto complejo. Los seres humanos son parte de la creación y
cualquier cosa que hacen en la tierra también les afecta.
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CONFLICTO Y GLOBALIZACIÓN
Si bien se han establecido los valores principales inherentes al
desarrollo integral del hombre y de la sociedad en general, nunca
habrá un consenso absoluto sobre cómo alcanzar tal objetivo.
La sociedad siempre estará en conflicto, y la solución pacífica
de los mismos está en el centro de la Palabra y de la DSl no sólo
cuando se identifica al buen cristiano como hacedor de paz, sino
también tratándose de las realidades económicas, cuando se
identifica el desarrollo auténtico con la misma paz o felicidad
colectiva. Una expresión de la política, que está en medio de
los conflictos, es el presupuesto público que en los países
con democracia participativa, sintetiza la solución pacífica de
la distribución de los recursos del estado. Allí la noción de
bien común debe primar sobre la de los intereses meramente
particulares; pero al político y al economista cristiano se les
pide aún más: que tengan como prioridad la solución de las
necesidades de los pobres y en general de todos los que sufren; en
general, que tengan en cuenta siempre a los que no tienen voz en
estos campos de la política y de la economía donde generalmente
son oídos los más fuertes, los que han tenido el poder y la
riqueza.
La economía está en manos del capitalismo de conglomerados, en
particular en los sectores energético y de las finanzas, lo que
permite controlar el crédito que es como la sangre misma de
toda la actividad económica.
La globalización nunca fue una proyección o plan de un pueblo,
ni una expresión democrática de voluntad nacional. Aunque las
estrategias globalizadoras, en algunos casos, fueron abiertamente
debatidas en foros democráticos, como sucedió en el caso de
NAFTA en los Estados Unidos y Canadá, entre pares, la globalización
no fue percibida como una estrategia para fomentar el desarrollo
del ser humano. Se trataría más bien de un fenómeno forjado y
tramitado principalmente en los consejos de administración de las
grandes corporaciones del mundo y adelantado con la connivencia
o tal vez impotencia, en algunos casos, de la clase política de
cada uno de los países.
Indice
VISIÓN
ECONÓMICA MODERNA
La posición de la DSI ha sido diáfana cuando considera que el
desarrollo se centra en el ser humano y cuando no se acepta la
separación de la economía v de lo humano. Detrás de los números
y de las estadísticas, el cristiano ve la realidad problemática,
como una oportunidad para promover el desarrollo de las personas
que están detrás de esas cifras. Lo que cuenta para la Iglesia
es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres hasta la
humanidad entera ([ix]).
Pero la economía está en manos del capitalismo de conglomerados,
en particular en los sectores energético y de las finanzas, lo
que permite controlar el crédito que es como la sangre misma de
toda la actividad económica.
No puede haber una economía de mercado creativa y al mismo tiempo
socialmente justa, sin un sólido compromiso de la sociedad y sus
actores con la solidaridad a través de un marco jurídico que
asegure el valor de la persona, la honradez, el respeto a la vida
y la justicia distributiva v la preocupación efectiva por los más
pobres (No. 145).
Indice
EL DESARROLLO Y LA EXPRESIÓN DEL CONFLICTO ESTE OESTE
Varias décadas del siglo XX vivió la humanidad pendiente de la
guerra fría o enfrentamiento de dos sistemas con modelos sociales
y económicos diferentes: el capitalismo y el socialismo, tales
como fueron impulsados por las potencias de entonces EEUU y la
Unión Soviética. Después del derrumbamiento del muro de Berlín,
pareciera triunfadora la potencia capitalista, pero la realidad es
que todavía está por realizarse otra utopía, centrada en los
valores como la verdad, la solidaridad y la participación libre y
democrática.
La distinción entre crecimiento v desarrollo se puede aplicar
provechosamente a los conceptos que forman los modelos de
desarrollo en las sociedades latinoamericanas. La cuestión
parece ser si, como pueblos con culturas y tradiciones particulares,
con una historia de grandeza, pero matizada de injusticia social,
explotación, oscurantismo cultural y otros problemas de orden
político y social, se escoja un modelo ideológico para el
futuro, uno de puro crecimiento o uno de desarrollo integral,
enfocado en las necesidades de todos los ciudadanos y de los más
necesitados en particular. Tradicionalmente el modelo preferido
por la clase política es el de puro crecimiento.
El problema más frecuente está en interiorizar la distinción
entre crecimiento y desarrollo, y es un enigma que todavía
confunde a los políticos y a la mayoría de la gente que se
interesa por las grandes propuestas sociales y culturales;
tradicionalmente se ha percibido una relación muy estrecha
entre los dos factores. Se suponía pues, que las sociedades más
crecidas económicamente siempre son las más desarrolladas y las
menos desarrolladas, las menos crecidas. De hecho, aun los economistas
no pusieron mucha importancia sobre la distinción hasta hace
poco, cuando el programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, PNUD, empezó a recoger y publicar información sobre
los índices de desarrollo humano en el mundo.
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EL MAGISTERIO DE LOS OBISPOS EN AMÉRICA LATINA
MEDELLÍN,
PUEBLA, SANTO DOMINGO
El tema económico aparece al describir aspectos de la realidad
de América Latina, especialmente en los textos de Promoción
humana: Justicia y Paz, Familia y Demografía, Educación,
juventud. Habla de los sistemas económicos, de los actores y de
las causas de pobreza. En la descripción aparecen matices y
vocablos relacionados con aspectos económicos, que ponen énfasis
en la pobreza, sub-desarrollo, marginación... Hay actitudes éticas
que van unidas: insensibilidad de los más favorecidos frente a la
miseria, acentuación del hedonismo y erotismo... propiciado por
la civilización del consumo...” ([x]).
Son constantes los llamados de los pastores para responder en el
espíritu del Jubileo con la condonación de la deuda externa de
los países pobres, o al menos, con una rebaja sustancial y de la
inversión de los dineros condonados en programas sociales como
salud, educación y vivienda.
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CONDONACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA
Constante ha sido el llamado de los Obispos de América para
impulsar la lucha contra la deuda externa. En su encuentro
habitual, celebrado en Vancouver, del 21 al 23 de febrero de 2000,
los obispos americanos han dado un importante impulso a la lucha
contra la deuda externa, siguiendo las indicaciones de la
exhortación apostólica posinodal: “Iglesia en América” y
las indicaciones de la Santa Sede con motivo del Gran Jubileo de
2000.
Los obispos de América Latina (CELAM), de Canadá (CCCB) y de
Estados Unidos (NCCB) afirmaron que en su reunión trataron de
“ lo que preocupa a la Iglesia y a la sociedad de América”
y recuerdan que en su exhortación el Papa invita a la Iglesia
americana a desarrollar colaboraciones entre las poblaciones del
Norte y del Sur, en este comienzo del nuevo milenio.
Los debates se han referido a temas como la Iglesia y la
cultura, la nueva evangelización, la misión, el desarrollo de
la pastoral y la enseñanza social católica. Los participantes
se han detenido sobre todo en situaciones que sufren en este
momento Haití y Venezuela.
Respondiendo a las urgentes llamadas en favor de una eliminación
sustancial de la deuda, hechas por el Papa, en el marco del Gran
Jubileo, los Obispos han dedicado una especial atención a este
problema. Han expresado su reconocimiento al Santo Padre que
ha llevado la voz cantante, a través del mundo, sobre la supresión
de la deuda y la disminución de la pobreza. “El Santo Padre
sigue el ejemplo de Jesucristo y nos invita a comprometernos
sobre todo con los más desposeídos”, han subrayado. En el
encuentro de Vancouver, el énfasis se ha puesto en los efectos
nefastos de la deuda internacional que afectan especialmente a
los pueblos de Latinoamérica. Aunque se han aportado mejoras
para corregir la situación, los obispos americanos desean
proseguir el diálogo y actuar concretamente para reducir la
deuda externa. Han resaltado la importancia de seguir aplacando
las consecuencias trágicas de este endeudamiento,
conscientizando a sus gobiernos respectivos, la Banca Mundial, el
Fondo Monetario Internacional, los economistas, especialistas en
ética, banqueros y otros líderes de la comunidad económica
internacional.
Así mismo han animado a las diócesis y a las parroquias a
proseguir sus programas de sensibilización sobre este problema
y a desarrollar acciones solidarias con las personas que sufren
una gran pobreza.
Han insistido también en la importancia de detener la corrupción,
asegurar la transparencia y ensanchar la participación de la
sociedad en las medidas puestas en marcha para reducir la deuda.
Por ultimo, acordaron encontrarse de nuevo para proseguir los
debates y poner en marcha medios encaminados a reducir o a
eliminar la enorme deuda de las naciones más pobres en todo el
mundo.
Entre los participantes estaban el presidente del CELAM, monseñor
Jorge Enrique Jiménez Carvajal, el presidente de los obispos
canadienses, monseñor Gerald Wiesner, o.m.i, y el presidente de
los obispos estadounidenses, monseñor Joseph A. Fiorenza.
Asistieron como invitados los nuncios en Haití, monseñor Luigi
Bonazzi; en Canadá, monseñor Paolo Romeo; y el presidente de la
Conferencia Episcopal de Haití, monseñor Hubert Constant,
o.m.i’ ([xi]).
Indice
EL MODELO “CRECIMIENTO”
En cualquier discusión sobre el desarrollo es importante
distinguir adecuadamente entre los conceptos de desarrollo y
crecimiento. La distinción es tal vez más entendible en la
biología donde el crecimiento de un organismo significa simplemente
el aumento de cuerpo, masa o volumen, mientras el desarrollo, en
las mismas ciencias, significa un proceso de transformación
gradual, lenta y continua que lleva al ser de una condición de
inmadurez, hasta un estado más completo, en el cual disfruta
de sus más altos atributos y capacidades.
La DSI habla firmemente sobre la cuestión del desarrollo, cuando
se limita a la elaboración y definición de los principios del
desarrollo integral humano v no se comparte con ideologías o
estrategias políticas particulares como caminos hacia el
progreso de la humanidad. Es decir, el compromiso expresado por
la Doctrina Social de la Iglesia no es con ideología alguna sino
con la promoción humana integral.
Hay que establecer las condiciones para satisfacer las
necesidades básicas, de tal manera que permita la liberación del
espíritu humano, empezando con la satisfacción de sus
necesidades básicas, y luego progresando y permitiendo
satisfacer sus necesidades más altas y sublimes en un proceso
de desarrollo verdaderamente completo e integral. El ser humano
no es sólo cuerpo material, psiquis e intelecto, sino también es
alma, esta gran fuerza creadora que impulsa el ser hacia niveles
de desarrollo cada vez más altos y sublimes, determinando su
propio destino en un proceso continuo. Para permitir la realización
de este gran progreso en la condición humana, hay que establecer
las condiciones para que el ser se alimente en su integridad,
satisfaga sus necesidades más básicas y, en fin, libere su único
e inestimable espíritu humano.
Indice
DESARROLLO Y DESARROLLISMO
A partir de la década
del sesenta la contradicción fundamental entre el mundo rico y
el mundo pobre fue planteada en términos de desarrollo y
subdesarrollo. Países desarrollados eran aquellos que habían
alcanzado altos grados de creación científica y tecnológica y
un estadio de industrialización que les permitía avanzar en un
crecimiento autodeterminado y auto sostenido.
Países subdesarrollados serían los restantes. Según esta
perspectiva, estos se hallarían simplemente en una situación
de mero retardo histórico con relación a los desarrollados; una
distancia en el tiempo que los países subdesarrollados debían
cubrir en la misma forma y cubriendo las etapas en que lo hicieron
los países desarrollados.
Bajo diversas formas y matices, esta concepción pudo recibir el
nombre genérico de desarrollismo. Parte del supuesto que el
modelo de sociedad industrial y de consumo de los países
desarrollados, debía ser imitados incondicionalmente por los paises
subdesarrollados. El progreso estaba basado en la idolatría de la
razón, de la ciencia y de la técnica e identificaba desarrollo
con crecimiento económico.
Pretendía
imponer a todos los pueblos, con validez universal, la sociedad
de consumo, basada en el mero tener más; en la posesión
insaciable de cosas; en el afán de lucro; la búsqueda desenfrenada
de comodidad y prestigio social: los hombres perdían su condición
de sujetos históricos, personas, para transformarse en objetos
de la lógica del consumo.
La década del sesenta, llamada la década del desarrollo, no
alcanzó ninguno de los objetivos que se propuso, ni siquiera en
el orden económico. Las políticas y estrategias desarrollistas
fracasaron.
La Iglesia se opuso frontalmente al desarrollismo y le dedicó
al tema la magnifica encíclica Populorurn Progressio de Paulo VI,
afirmando que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.
El desarrollo, en sentido estrictamente cristiano, tal como lo
han expuesto el concilio y Paulo VI, es un proceso progresivo y
permanente de crecimiento, perfección y madurez humanos y
cristianos: Consiste en el paso de todo el hombre y todos los
hombres -de personas y de pueblos, por lo tanto- de condiciones
de vida más humanas que los acerquen cada vez más a la plenitud
de su realización. El desarrollo es integral, porque abarca
toda la vida de los hombres y las comunidades, y no se agota con
el mero crecimiento económico como lo quiso el desarrollismo. Su
meta consiste en satisfacer las necesidades humanas todas, desde
el hambre de pan hasta la nostalgia de Dios. Es obligatorio,
porque nadie tiene derecho a renunciar a su vocación ni a su misión.
Consiste en ser más, en crecer humanamente, pero también en
tener más cuando ello es condición para ser más. Por el
desarrollo, el hombre se hace colaborador de Dios en ese acto
primogénito de amor divino que es la creación. Supone la existencia
de un mundo que es digna morada para el hombre, y al cual este
puede hacer cada vez más humano, porque en él esta, la huella de
Dios. Supone la dignidad esencial del trabajo y los
trabajadores, llamados a transformar el mundo con su actividad
creadora.
Indice
LA DSI Y EL DESARROLLO
El conjunto de la enseñanza católica establece su orientación
en cuanto al desarrollo del hombre, insistiendo en la necesidad de
que el hombre prospere para que pueda desarrollar cada vez más
y mejor sus posibilidades y capacidades, y realizarse en la
sociedad en que vive. Esto implica que la Iglesia tenga una visión
de la persona humana como punto focal de toda actividad de carácter
social, económico y político. El teólogo Hans Urs Von
Balthasar expresó el valor que Cristo concedió al hombre con
estas palabras:
Si no se quiere recaer en el idealismo, ni oscurecer en el
materialismo, el único camino que permanece abierto es el
camino cristiano, capaz de reconocer a tu hermano un valor
infinito, porque Dios, por elección y la muerte en la cruz, le ha
reconocido este valor y se lo ha realmente conferido, lo cual a
su turno sólo es posible si la relación yo-tú-nosotros, tiene
una dignidad absoluta y divina, en el ser trinitario del amor ([xii]).
Esa relación se concreta en la historia, en la vida cotidiana,
personal y comunitaria, particularmente desde un
“amor preferencia¡ por los pobres”. Como se observó
anteriormente, la DSI concentra su pensamiento en favor de todos
los hombres y mujeres y en particular de los más pobres y los
marginados, mediante el llamado desarrollo humano, integral, y
las condiciones sociales, económicas y culturales que favorecen
ese desarrollo.
En este contexto, Francisco de Paula Jaramillo, en su libro: Hacia
una concepción cristiana del desarrollo‘, concibe al
desarrollo como “la acción y el efecto de extender, aumentar o
ampliar algo que estaba arrollado, es decir, vuelto sobre sí
mismo, ignorante de sus potencialidades o incapaz de apreciarlas
y ponerlas en movimiento. Es, pues, lo contrario de lo quieto, de
lo estático, de lo pasivo. Supone una iniciativa, un proceso,
unas estrategias, unas prioridades, unos mecanismos y unos
criterios orientadores” ([xiii])
Amartya Sen, por su parte, considera el desarrollo no solamente
en el buen funcionamiento de los mercados y el beneficio de los
intercambios -importantes como son-, sino también en el papel
fundamental de las capacidades humanas y su dependencia de la
educación básica, de los servicios de salud, de los patrones de
propiedad, de las relaciones de género y de la oportunidad social
de colaboración y oposición política. De esta forma, el
profesor Sen y la DSI, consideran el desarrollo en un sentido más
amplio que el simple crecimiento económico, expresado en términos
del aumento del PNB per cápita.
El ser humano está en la obligación de desarrollarse en todos
los aspectos de su vida personal y social, aprovechando al máximo
el conjunto de aptitudes y cualidades; es decir, que no basta el
desarrollo material y cuantitativo, sino que éste debe ser
integral. Así entonces, la DSI considera que el desarrollo no
debe ser visto o entendido exclusivamente bajo una concepción
meramente económica, con criterios y medidas tan efímeras y
endebles como el producto por persona, el número de personas que
poseen automóviles o en general, en cuanto a indicadores relacionados
con el bienestar; con índices de analfabetismo, con la dotación
de agua o con las crecientes posibilidades de educación, entre
otros. El desarrollo desde la óptica de la DSI debe entenderse
bajo una dimensión humana integral, porque lo que cuenta en
definitiva es el hombre “...es un humanismo pleno el que hay
que promover. ¿Qué quiere decir esto sino el desarrollo
integral de todo el hombre y de todos los hombres?” ([xiv])
Es importante tener presente que cualquier modelo de desarrollo se
puede y se debe evaluar de acuerdo con los principios católicos
sobre el tema “...La riqueza económica de un pueblo no consiste
propiamente en la abundancia de bienes, estimada según el cómputo
material de su valor, sino más bien reside en que tal abundancia
ofrezca real y eficazmente la base material suficiente para el
debido bienestar personal de sus miembros... si no se realiza esta
distribución de los bienes o si se verifica sólo
imperfectamente, no se logrará el verdadero fin de la economía
nacional, pues por muy grande que sea la abundancia de los bienes
disponibles, el pueblo al no ser llamado a participar de ellos,
no será económicamente rico, sino pobre” ([xv])
En definitiva, el desarrollo debe ser visto como un proceso de
expansión de libertades reales. Esto atiende a una dimensión
integral de las personas y a los designios de Dios. Se ajusta con
el derecho a crecer en humanidad y con el derecho a vivir en una
familia unida y un ambiente moral, favorable al desarrollo de la
propia personalidad y de la vocación trascendental del ser
humano y de la solidaridad en la sociedad en que se vive.
Indice
DESARROLLO INTEGRAL
Quizá la definición más apta del desarrollo integral se expresó
en el Informe de la Comisión Colombiana:
“Se entiende por pleno desarrollo, o desarrollo integral, el
desenvolvimiento armónico de todas las dimensiones que expresan
al hombre como persona y como miembro de una comunidad y de la
Iglesia. Es tanto como hablar de la presencia de un hombre
gestor, protagonista de su propia historia. La presencia de un
hombre Hijo de Dios, en Cristo, en el Espíritu Santo. El
desarrollo es un proceso mediante el cual el hombre logra toda
la realidad que le concierne como ser en el tiempo para la
eternidad. Esa realidad es teológica y social en todo su alcance:
política, económica, cultural y trascendente([xvi]).
El solo crecimiento económico no puede ser visto como
desarrollo, pues lo que se ha dado en los países que se han
sumergido en un proceso meramente cuantitativo, además de haber
fracasado en la consecución de mejores resultados económicos,
han generado una mayor exclusión social y un aumento del
proceso de marginalización, pues la mayoría de los sectores no
fueron capaces de adaptarse a los cambios acelerados que
produjeron las distintas reformas económicas aplicadas en cada
uno de los países y al llamado proceso de globalización. De esta
forma, una política económica que no sea integrada con políticas
sociales y ambientales, es casi seguro que no surta los efectos
que de ella se esperan.
Por lo tanto, no se trata sólo de elevar a todos los pueblos a un
estado similar al que hoy poseen los países ricos o
desarrollados, se trata también de construir a las naciones bajo
una concepción de trabajo solidario en pro de una vida más digna
para sus habitantes, haciendo a la persona más creativa, con una
libertad efectiva y con una gran capacidad para responder a la
propia vocación y al llamado de Dios. Tampoco se puede concebir
el desarrollo con las intervenciones del Fondo Monetario Internacional
o de los importantes bancos nacionales o internacionales, ni con
obsequios de otros países. La experiencia del desarrollo en el
mundo, expresa la DSI, demuestra que tales inversiones crean
cambios en las comunidades, pero a menudo las dejan con los mismos
desequilibrios, injusticias y problemas. Al contrario, el legítimo
desarrollo se consigue en saber explotar los recursos naturales de
la nación, de las comunidades y del pueblo. Pero hay que
reconocer que tal afirmación se queda netamente expuesta a las prácticas
tradicionales de los países pobres.
Indice
GLOBALIZACIÓN
Y DESARROLLO
El concepto de globalización, que ha tenido su manifestación más
clara en el dinámico y complejo ámbito de las relaciones económicas
del mundo contemporáneo, ha adquirido su carta de ciudadanía
en el universo más amplio de las numerosas dimensiones de la vida
de los pueblos. Así, hoy en día se está hablando de globalización
en las comunicaciones, de la informática, de la educación, del
comercio, de la industria, de las relaciones políticas, del
trabajo, del turismo, en fin, se habla hasta globalización de la
cultura. No obstante, la globalización, como todas las realidades
humanas, puede involucrar tanto efectos positivos como negativos,
que se manifiestan en distintos niveles. Por ejemplo, los más
claros de ellas, tiene que ver con el ámbito económico, donde la
globalización sirve para que algunos consoliden su poder económico.
En el campo socio cultural muchos han vislumbrado la pérdida de
valores y de identidad cultural local y otros oportunidades de
revalorización en la interculturalidad.
La globalización es un fenómeno reciente, que marcará
profundamente el futuro económico del mundo, y que afectará a
los países en desarrollo de una manera decisiva. Muchos autores y
pensadores sobre el destino de la civilización, han venido
repitiendo incesantemente que el mundo se está acercando cada vez
más, que las comunicaciones van a tener un gran impacto en los
patrones de vicia de los países, que el acceso a la información
va a determinar el desarrollo de las naciones, que el mundo se ha
transformado en una aldea global y que el conocimiento será el
mayor recurso de las naciones.
La realidad, es que la globalización económica ya no es una teoría,
o un posible camino de la economía y el mercado, sino un hecho
concreto que está cambiando por completo las estrategias económicas
de todas las naciones, redefiniendo las relaciones internacionales
y creando nuevos y poderosos patrones culturales.
El propósito económico que inspiró la globalización es, sin
lugar a duda, el de crecimiento económico de la clase
empresarial, pero no hay evidencia de que la cuestión de
desarrollo del ser humano y de su dignidad sean cosas que
preocupen a las transnacionales que pregonan la globalización. La
globalización puede ser una buena estrategia para la acumulación
de riquezas, pero esas riquezas son acumuladas para unos pocos.
La DSI, por su parte, recomienda la generalización y difusión de
un amor fraternal v la solidaridad como los elementos que deben
unir las comunidades humanas, inclusive entre poblaciones de
distintas partes del mundo, y que se puede traducir en una
estrategia para el progreso humano; el amor, seguramente, no
figura como elemento en la política de globalización. Pero ¿de
qué se está hablando cuando se menciona el término
“globalización’? Dice Juan Carlos Tedesco:
Al estar basada fundamentalmente en la lógica económica y en
la expansión del mercado, la globalización rompe los compromisos
locales y las formas habituales de solidaridad y de cohesión con
nuestros semejantes. Las élites que actúan a nivel global
tienden a comportarse sin compromisos con los destinos de las
personas afectadas por las consecuencias de la globalización.
La respuesta a este comportamiento por parte de los que quedan excluidos
de la globalización es el refugio en la identidad local donde
la cohesión del grupo se apoya en el rechazo a los ‘externos”
([xvii])
Así, la cuestión central del fenómeno “globalización”
parece ser, si los países latinoamericanos pueden alcanzar un
proceso de desarrollo integral mientras persiguen un proceso de
puro crecimiento, o si tendrán que buscar otro modelo para asegurarse
de un progreso más auténtico, en el que pueda afirmar su propia
identidad con perspectivas globales. Algo así como la
“glocalización”, neologismo que quiere significar la relación
de fuerzas entre lo local y lo global y también la interpenetración
entre los dos ámbitos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) la define como
la interdependencia económica creciente en el conjunto de los
países del mundo, provocada por el aumento del volumen y de la
variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y
servicios, así como de los flujos internacionales de capitales,
al mismo tiempo que por la difusión acelerada y generalizada de
la tecnología.
Dos cuestiones aparecen como claves en esta visión de la
globalización: el concepto de interdependencia -que oculta los
procesos de explotación, dominación y apropiación presentes en
la lógica del capital mundial-, y el quedarse en la forma de
manifestación del fenómeno o proceso sin interesarse por los
actores políticos y económicos que lo impulsan, en este caso las
multinacionales, los Estados desde los que se impulsan
globalmente y los organismos e instituciones supranacionales, que
actúan en el ámbito mundial como garantes y creadores de
consenso para las medidas económicas y políticas que acompañan
a la globalización neoliberal.
Según el profesor Héctor León Moncayo, en principio, la
globalización podría definirse no sólo como una extensión de
las relaciones sociales a nivel mundial sino como una
intensificación de las mismas que han puesto en contacto de
manera directa todos los puntos del planeta. No se trata pues,
de movimientos o vínculos que “cruzan las fronteras” sino
de relaciones de inmediatez, donde lo local es de por sí
realización de aconteceres distantes. Pero no sólo se trata de
la globalización encarnada en la metáfora de la “aldea
global” o similares, que nos hace sentirnos muy próximos por
el desarrollo telemático y cibernético; también, se trata de la
globalización ideológica que tiende a homogeneizar en lo que
se ha denominado el “pensamiento único” que expresaría las
condiciones en que el capital financiero internacional puede hacer
sus inversiones, tan necesarias para todos los países
subdesarrollados.
Indice
GLOBALIZACIÓN E INTERNACIONALIZACIÓN DEL CAPITAL
El término globalización comprende un proceso de creciente
internacionalización o mundialización del capital financiero,
industrial y comercial, nuevas relaciones políticas
internacionales y la aparición de la Empresa Transnacional que a
su vez produjo -como respuesta a las constantes necesidades de
reacomodo del sistema capitalista de producción- nuevos procesos
productivos, distributivos y de consumo deslocalizados geográficamente,
una expansión y uso intensivo de la tecnología sin precedentes.
De cierta manera el movimiento es antagonista al comercio
internacional. Lo que se exporta hoy en día no son sólo los productos
manufacturados, sino el capital y las ganancias. Y esta pérdida
de ganancias también es una pérdida de capital; lo que más
empobrece a un país es la fuga de sus inversiones al exterior. El
país que recibe la inversión se beneficia de los salarios de los
empleados y, en algunos casos es beneficiada una actividad
comercial secundaria; pero las ganancias se reservan para los
dueños, en forma de capital para inversión en otras partes.
General Motors anteriormente fabricaba sus vehículos en Detroit y
Oshaswa y los vendían en todas partes del mundo. Hoy tienen sus fábricas
en cualquier parte del mundo en donde han encontrado una mano de
obra calificada, dócil y barata.
Anteriormente, los productos nacionales se intercambiaban porque
ningún país tenía todo los recursos o productos que necesitaba
o quería. En ello, hay una lógica inherente que tiene su explicación
en la simple necesidad de satisfacer las necesidades básicas y
avanzadas de la población. Hoy, el intercambio de capital es un
proceso económico, político y social que ha sido retomado con
mayor énfasis en los países en desarrollo, como premisa específica
para lograr un crecimiento económico y erradicar la pobreza.
Pero este fenómeno en ningún momento fue concebido como modelo
de desarrollo económico, v mucho menos de desarrollo social,
sino como un marco regulatorio de las relaciones económicas
internacionales entre los países en cuestión.
El despliegue mundial del capital no prescinde del Estado, pues
éste tiene un papel al favorecer o desfavorecer la inversión
extranjera mediante políticas que fomenten la estabilidad económica
y social. Pero para los partidarios de la globalización, los
principales actores de la historia económica, son las
transnacionales y su gran capital con sus estructuras e
instituciones supra-nacionales; los sujetos, organizaciones,
movimientos y pueblos no hacen sino presenciar los acontecimientos
y ocupar el lugar que les fijan las estructuras del mercado y
el capital global; la historia no se construye por ellos, se
presencia, se les impone una ideología según la cual no hay
alternativa al neoliberalismo y a la globalización ([xviii])
Según la opinión de Calvo sobre el tema, con el transcurso del
tiempo, el programa neoliberal se convirtió en un modelo económico,
político y social cuyo basamento teórico lo componen tres grandes
premisas: Primero, la producción y el crecimiento de los bienes
y servicios producidos van acompañados de un proceso de destrucción
de las fuentes de producción de toda la riqueza. Segundo,
concibe al mercado como el centro de la actividad económica y
acepta la existencia de fuerzas autorregulatorias hacia la armonía
de los intereses de todos. Tercero, los desequilibrios económicos
son causas de la intervención en el mercado; por tanto, debe
eliminarse la posición suprema del Estado respecto de éste y
hacerlo un garante de la acción irrestricta de las fuerzas de la
oferta y demanda.
En conclusión, la globalización es un fenómeno de carácter
internacional, cuya acción consiste principalmente en lograr
una penetración mundial de capital financiero, comercial e
industrial, desarrollándose de forma multipolar. La exportación
e importación de productos se realizan, en muchos casos, entre
diferentes ramas de la misma empresa y de este modo no hay
necesidad de compartir muy extensamente sus ganancias. Es
precisamente esa penetración, que conlleva hacia una competencia
internacional de acceso a mercados, la que permite el crecimiento
y expansión ilimitada de las empresas transnacionales por todo
el mundo, las mismas que a la vez cuentan con el respaldo
incondicional de sus respectivos Estados Nacionales. La limitación
de mercados y la necesidad de inventar mejores procesos de
producción, distribución y consumo hacen necesaria una
transformación de la manera como se desarrolla la producción, incluyendo
componentes de tecnología y deslocalización geográfica con el
objeto principal de reducir los costos.
Indice
IGLESIA Y GLOBALIZACIÓN
En una comparación que viene al caso, se puede observar que la
Iglesia católica por definición y por misión es universal y su
carisma misionero en todas las partes cercanas y remotas del mundo
ha contribuido a la globalización. La Iglesia enfoca sus
esfuerzos principales a la misma obra de desarrollo, dirigiendo
sus esfuerzos a las actividades de educación, empleo, salud,
producción y otros trabajos de espíritu caritativo, realizando
todas estas actividades principalmente en las poblaciones más
necesitadas de los países pobres del mundo. Está claro que su
tarea principal es la evangelización y ante estos nuevos signos
de los tiempos, una nueva evangelización en los diversos ámbitos,
cooperando en la formación de los laicos para que vivan su fe
en los asuntos temporales. Más que una globalización de la
economía se necesita la globalización de los valores para unas
sociedades en el mundo más justas y democráticas.
Indice
EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN
Varios estudios han concluido que la globalización ha
beneficiado tanto a los países pobres como a los países ricos.
Pero tales estudios tradicionalmente no se interesan en los índices
de desarrollo integral, sino en cifras sobre actividad comercial
global e ingresos totales. Y lo que no se calcula, principalmente
en los estudios es el impacto provocado por el cambio de los
agentes de control del comercio de la esfera local a la
internacional, don de los que toman las decisiones no son políticos
responsables a los electorados. Son más bien los que administran
las bancas de capital, naturalmente con su interés principal en
realizar ganancias sobre sus amplias inversiones. Es decir, no
son representativos del pueblo y tampoco no son responsables
ante el pueblo, ni son fácilmente asequibles por el público;
supone sólo que siempre se encontrarán lejos de la vista de la
sociedad, refugiados en las pequeñas salas de juntas de las
distintas capitales del mundo empresarial.
Por el carácter poderoso que posee el capital entre un mundo
sumamente materialista, imprevisor y ciego a los valores humanos
y espirituales, un capitalismo cada vez más prepotente por la caída
del comunismo y la obsequiosidad de los líderes políticos, la
gente de todas las clases sociales y en todas partes del mundo se
ve resignada y conforme con las intenciones de los que manejan
estos grandes capitales. Como tal, los intereses de las
poblaciones regionales y locales, se ven más y más desplazados
fuera de las comunidades local y nacional hacia el exterior del
país, alejándose cada vez más del alcance de la pobre e
impotente población local.
El sociólogo Manuel Castells, en su análisis sobre la Era de
la información, ofrece un panorama de la economía, la sociedad y
la cultura contemporáneas como resultado de la pérdida de la
legitimación nacional. De acuerdo con su análisis, el
estado-nación, para sobrevivir a su crisis de legitimidad, cede
poder y recursos a los gobiernos locales y regionales y pierde
capacidad para igualar los intereses diferentes y representar el
‘interés general”.
Según Castells,
“Lo que comenzó como un proceso de re-legitimación del
estado, mediante el paso del poder nacional al local, puede
acabar profundizando la crisis de legitimación del estado-nación
y la tribalización de la sociedad en comunidades construidas en
torno a identidades primarias ([xix]).
Con la presencia de estos grandes sistemas globales, es natural
que haya una cierta pérdida de autonomía local. Como manifestación
del despojo de poder político de los países pobres, se nota la
tendencia de funcionarios y políticos a sucumbir ante la
tentación de dar concesiones e incentivos a los inversionistas
en cambio de ciertas gratificaciones, tanto en los países
industrializados como en los en vías de desarrollo. La creación
de condiciones favorables para la inversión, la compra de
valores y la extracción de ganancias, sobre todo de las empresas
públicas que, por su poca rentabilidad, padezcan de escasez de
capital, son caldo de cultivo para la corrupción.
Federico García Morales hace alusión a este tema, así:
El neoliberalismo, esa tremenda entrada del sistema
transnacional en América Latina -y en otros continentes-,
aprovechó en su primera época la plenitud y los remanentes de
sistemas políticos autoritarios. Se instala, indudablemente no
mediante la fuerza del mercado, sino bajo el amparo del estado, de
gobiernos fundamentalmente centralistas y corruptos. Y así
transcurre esta “modernización” con apoyo del régimen
peronista en Argentina, de las democracias fingidas liberales o
conservadoras en Colombia, o con la instalación fujimorista en
Perú, con el eterno Pinochet y sus sucesores en Chile, con el
consolidado apoyo de los gobiernos priístas en México, con las
facilidades que el estado despótico ofrecía en Egipto, en Pakistán,
en África ([xx]).
En la perspectiva tradicional, el desarrollo se consigue básicamente
mediante la infusión de capital en una comunidad y la generación
de oportunidades y de actividad económica y comercial entre
la población. Tradicionalmente, no importaba tanto la clase, como
el volumen de actividad. Tampoco importaba qué producía una
sociedad; sólo que produzca algo y que se fije una etiqueta de
precio en lo que se produce. Tradicionalmente, esto constituía la
medida de progreso y de desarrollo de un país. Según este modo,
el grado de desarrollo se mide de acuerdo con indicadores de
actividad económica que no tienen necesariamente que ver con el
beneficio que brinda al ser humano o con las señales de bienestar
humano.
Indice
GLOBALIZACIÓN, AGRICULTURA Y BIODIVERSIDAD
Entre las consecuencias de la globalización es la vulnerabilidad
del sistema agrícola a la adquisición y dominio por intereses
ajenos a las comunidades campestres. La adquisición de esta
industria efectivamente pone en riesgo el sustento de muchos
campesinos y la diversidad de sus culturas en materia de comidas
y las economías alimenticias locales. Según la conferencista
india, Vandana Shiva quien se ha preocupado por este tema:
Las patentes y los derechos de propiedad intelectual deben ser
otorgados por los nuevos inventos. Pero las patentes se han
reclamado por variedades de arroz, tales como el basmati por el
que mi valle, en donde nací, es famoso, por sus pesticidas derivados
del neem que habían estado usando nuestras madres y abuelas ([xxi]).
Y continúa la señora Shiva:
La riqueza del pobre es apropiada violentamente mediante métodos
nuevos e inteligentes como las patentes sobre la biodiversidad y
el conocimiento indígena. Rice Tec, una compañía con sede en
los EELIU, fue agraciada con la patente número 5,663,484 por el
basmati y sus granos. El basmati, el neem, la pimienta, la
calabaza amarga, el turmeric, todo aspecto de la innovación
encarnada en nuestras comidas indígenas y sistemas medicinales
ha sido ahora pirateado y patentado. El conocimiento de los pobres
ha sido convertido en la propiedad de las corporaciones globales,
creándose una situación en donde los pobres tendrán que pagar
por las semillas y las medicinas que han hecho evolucionar y que
han usado para satisfacer sus necesidades de nutrición y salud.
Una monocultura global se impone a la gente definiendo todo lo que
es fresco, local o hecho a mano corno un riesgo para la salud.
Afirma la señora Shiva,
las manos humanas han sido definidas corno el peor contaminante, y
el trabajo de las manos lrnmanas ha sido puesto fuera de la ley,
reemplazado por máquinas y químicos comprados a las corporaciones
globales. No hay recetas para alimentar al mundo, salvo robar los
medios de vida de los pobres para crear mercados para los
poderosos ([xxii]).
Indice
DESAFÍOS DE AMÉRICA LATINA
A pesar de todo, los países de América Latina siguen buscando
alinearse con los grandes bloques comerciales como estrategia
preferida para salir de la pobreza. Parece que ahora no hay mucho
interés en asociarse con países vecinos o con otros países
pobres, con la posible excepción del Mercosur, sino con países
adinerados. En el caso colombiano, los políticos encargados de
fomentar las exportaciones tienen su mirada principalmente en el
NAFTA. La razón que se expresa no es que crean que se abrirán
los mercados a los productos colombianos, sino que de este modo,
el campo colombiano estará abierto a la inversión de capital por
parte de las empresas multinacionales y, a lo mejor, estas nuevas
empresas se organizarán para crear nuevas exportaciones. La
conclusión que se impone es que las multinacionales aumentarán
la magnitud y volumen total del comercio en el país y eso
importa más que lo que se produce.
Un estudio de la situación mexicana demuestra que las cifras
globales no siempre sostienen la tesis de gran crecimiento y
mejores condiciones para la gente de este país como resultado del
acuerdo NAFTA. Y los informes anecdóticos indican que el índice
de desarrollo humano no se ha mejorado con su inclusión en el
NAFTA.
Bajo el modelo económico de la revolución mexicana -basado en
la regulación del comercio exterior así como en un papel
activo del Estado en el desarrollo económico y en la promoción
del bienestar social- el producto interno bruto por habitante
creció 340.4 % entre 1935 y 1982, con una tasa promedio de 3.1%
anual; la inversión fija bruta per cápita se expandió 1,022.1%
entre 1941 y 1982, con una tasa promedio de 5.8% anual; y el poder
adquisitivo de los salarios mínimos se incrementó 96.9%.
Bajo el modelo neoliberal -basado en la apertura comercial
unilateral y abrupta y en la reducción de la participación del
Estado en el desarrollo económico- el PIB per cápita apenas
creció 0.32% entre 1983 y 1999, es decir, a una tasa promedio de
sólo 0.02% anual; la inversión fija bruta per cápita se redujo
4%, al decrecer a una tasa promedio de 0.24% anual; y los salarios
mínimos perdieron 70.2% de su poder adquisitivo, es decir, se
redujeron a menos de la tercera parte de los vigentes en 1982.
Durante los últimos cinco años, los resultados reales son:
reducción de 30.1% en el poder adquisitivo de los salarios;
crecimiento anual de sólo 0.6% en el PIB per cápita (contra 3.1
% anual durante los gobiernos pre-neoliberales); e incremento
anual de sólo 1% en la inversión fija bruta per cápita (contra
5.8% de crecimiento anual logrado durante el vilipendiado modelo
keynesiano-cepalino o de la Revolución mexicana).
Desde luego, los costos sociales del modelo neoliberal son
gigantescos: la pérdida acumulada por los trabajadores
asalariados a lo largo de 17 años de experimentación neoliberal
alcanza la descomunal cifra de 298,448.4 millones de dólares ([xxiii]),
sin contar la enorme deuda social contraída en agravio de los
campesinos, pequeños industriales y masas de marginados. Según
cifras de la CEPAL, más de 18.7 millones de mexicanos fueron
arrojados a la pobreza y la indigencia, tan sólo entre 1984 y
1996. Entre los damnificados por el modelo neoliberal se
encuentran las generaciones de nuevos votantes, que crecieron
durante las dos décadas perdidas para el desarrollo y han visto
cerrado el acceso a una ocupación digna ([xxiv]).
Aunque la globalización tiene su origen en tiempos pasados, la
gran ola hacia la centralización de capital, la dispersión de
inversiones tras fronteras nacionales y la extracción de
ganancias, ha venido acelerando en los últimos años precisamente
cuando el internet y el correo electrónico se están generalizando
de manera muy desigual entre la gente de un solo y pequeño
planeta. Estos dos sucesos, que están ocurriendo más o menos
simultáneamente, ofrecen, según parece, la posibilidad de
ejecutar un gran impacto en la economía, las costumbres y la
vida en general en todos los países y todas las regiones del
mundo. ¿Cuál sería la naturaleza de este impacto en la América
Latina?.
Indice
IMPACTO DE LA GLOBALIZACIÓN
La cuestión importante entonces parece ser: ¿Cuál será el
impacto de la globalización en la vida económica, política,
social, cultural de los países latinoamericanos y cuál será el
impacto sobre los valores y creencias de estas poblaciones? La respuesta
a estas preguntas no se sabe con certeza, pero una consideración
sobre el tema puede ser útil. Es probable que las sociedades
subdesarrolladas serán las menos preparadas para enfrentar
todos los cambios bruscos e imprevisibles que promete la
globalización. Si un país no disfruta de un sistema democrático
sólido, bien definido y apoyado por la población, es probable
que sea más vulnerable a las influencias del exterior que
aquellos con sistemas democráticos más fuertes v estables. Lo
mismo para la economía. Un país que no tiene una economía
generalmente fuerte, equilibrada y estable, se encontrará
probablemente muy vulnerable a la imposición de expectativas de
la comunidad internacional. Igualmente, es probable que un país
que no tiene un sistema de educación y de investigación útil
y práctico, un adecuado servicio médico y de seguridad social,
todo orientado a satisfacer las necesidades de la población, será
más vulnerable a la imposición de normas extranjeras que una
sociedad desarrollada.
No hay precedentes muy exactos para indicar lo que se puede
esperar en estos países a consecuencia de las grandes olas
mundiales. Sin embargo, la historia moderna tiene un antecedente
algo parecido en el área de la cultura popular y empresarial.
La hegemonía norteamericana en las industrias cinematográfica,
comunicaciones, ciencias y tecnología y el comercio, tal vez
presten un ejemplo aleccionador. En ese caso, muchas de las poblaciones
del mundo han querido asimilar para sí el American Way en sus
costumbres y modo de vida, adaptándose a los “americanismos”
en muchos de sus aspectos. Las sociedades latinoamericanas han
cedido también a este ascendiente arrollador norteamericano.
La razón es que el desarrollo y la estabilidad tienen que ver con
un progreso y maduración interna de una comunidad. El
desarrollo no se puede imponer desde el exterior. Los cambios sí
se pueden pero el legítimo desarrollo no. El progreso
intelectual o profesional de una persona tampoco se puede
imponer del exterior. Los libros, la formación, las clases, las
conferencias pueden prestar ideas y pistas para el desarrollo
intelectual, pero no pueden hacer crecer la capacidad intelectual
ni por sí mismos, la habilidad profesional de una persona.
Lo mismo es cierto por lo que se refiere al individuo. En ningún
caso el desarrollo de una persona se puede imponer desde el
exterior; el desarrollo es un proceso que ocurre por
dentro y se logra con base en la experiencia, los ensayos y
fracasos, la imaginación de la persona y la guía de los valores
como los que proclama el cristianismo.
Igualmente,
si una comunidad no ha progresado económica, social y políticamente
mediante un proceso de crecimiento y transformación gradual, y si
no ha definido e internalizado sus valores y creencias
fundamentales dentro de un proceso de estudio, debate y discusión
serio, la colocación de industrias multinacionales en su
territorio no va a contribuir en nada al verdadero desarrollo de
esta comunidad. Va más bien a permanecer débil, subdesarrollada
y propensa a toda clase de cambio desestabilizador del exterior.
El proceso de desarrollo, como el del perfeccionamiento
personal, es una actividad continua que comparte el ser humano con
las instituciones religiosas y públicas que integran la vida
moderna. Por supuesto, el desarrollo no empieza, ni termina, con
el fenómeno de la globalización que está afectando a los
pueblos del mundo.
En el contexto nacional, cualquier actividad de desarrollo debe
ser dirigida al objetivo de la elaboración de una sociedad
plena, justa e integralmente perfeccionada, el ser humano siendo
el punto focal de todas las estrategias pertinentes. Además,
con base en la experiencia y las observaciones de la Iglesia y
en consideración de lo que se sabe acerca de la conformación
del estado democrático, se propone que cualquier ciudadano tenga
el derecho de contribuir a la realización de un plan de
desarrollo y que el proceso de elaboración del plan sea altamente
abierto, participativo y democrático. Como se anotó anteriormente,
la historia del progreso humano nos recuerda repetidamente que
todos los grandes pasos en adelante en la condición humana
fueron iniciados por personas fuera del sistema formal y por
gente, por lo general, sin cargo o poder convencional y Jesús
es el ejemplo supremo de este modelo de progreso y la inspiración
de todos los que quisieran participar en el bondadoso acto de
creación de Dios.
Indice
PÉRDIDA DE IDENTIDAD Y DE VALORES
Es decir, se han adaptado, hasta cierto punto, a la cultura
empresarial e institucional preponderante de los Estados Unidos, a
algunos de sus preceptos fundamentales en la educación -muchos de
los textos que se usan en nivel superior son textos
norteamericanos, algunos traducidos, otros no-, a los valores
sociales y culturales sobre la familia, a los pasatiempos
preferidos, a las actividades de diversión y a muchos de los valores
y creencias seculares, ahora muy generalizados entre las
poblaciones latinas. Pero es tal vez lamentable que existen
notables lagunas en la adopción de esa cultura empresarial. En la
administración de empresas en América Latina y sobre todo en la
administración pública, no hay la misma precisión o efectividad
en la atención al público. Por ejemplo, en muchas empresas no
saben contestar al teléfono con exactitud, no dan información
precisa y correcta y, en suma, no atienden al público con la
misma puntualidad que se espera en otros países.
En
el caso de la dispersión de la cultura norteamericana, que
anduvo chocando a una gran parte del mundo a través de las últimas
tres o cuatro décadas, ésta ha producido un impacto algo desolador
en los pueblos que, en algunos casos, se ven casi despojados de
sus culturas y valores tradicionales e insatisfechos por no
haber empapado a fondo la nueva cultura mundial. En El Salvador
en los años 1990, se decía que la gente se consideraba los
pobres parientes de los norteamericanos; allí usaban palabras y
modismos ingleses sin saber lo que decían y obraban más o menos
de acuerdo con las reglas impuestas por la cultura empresarial
pero no sabían exactamente por qué.
Pero vale la pena anotar, de manera aparte, que ha habido un
cierto decaimiento en la cultura norteamericana también. Parece
que lo que pasó es que la sociedad norteamericana se concentraba
a través de los 250 años de su Independencia, en la provisión
de las condiciones básicas de justicia, democracia y
prosperidad para que su población tuviera todos los medios
necesarios para alcanzar un nivel de desarrollo básico. Y esto ha
ocurrido; la sociedad norteamericana ha logrado mucho en cuanto a
las oportunidades al alcance de la población, con el resultado
de que el pueblo norteamericano ha contribuido al progreso de la
humanidad en las artes, las ciencias y la tecnología y, sobre
todo, en lo que se puede llamar la filosofía pragmática de la
vida o savior faire americain. Este modo de vida, si bien
fomenta la igualdad de oportunidades para satisfacer las
necesidades básicas de la población, debe complementarse con una
visión centrada en la persona y sus necesidades de orden superior
o espirituales.
Pero
la responsabilidad de la sociedad para proporcionar las
condiciones para el desarrollo humano, tiene sus límites. Claro,
en el concepto católico, el individuo tiene que hacer su parte;
la sociedad debe proveer las condiciones básicas, es decir, las
condiciones de justicia y oportunidad, pero le incumbe al
individuo, la familia y su contexto social inmediato hacer el
resto. Es decir, el ser humano efectivamente tiene un libre albedrío
que le permite actuar de acuerdo con, o en contra de, los propósitos
de Dios. La sociedad debe proporcionar las libertades y
condiciones básicas y el individuo tiene que cumplir con su
parte. En el concepto de la DSI, la persona debe trabajar dignamente
por su pan de cada día. El estado, en la línea central del
pensamiento católico mantiene que los padres, y no el estado,
tienen la responsabilidad de asegurar los medios adecuados de su
familia; el criterio de subsidiaridad es central en las relaciones
Estado-familias, en el sentido de que puedan las personas y sus
familias tener las condiciones sociales, económicas, políticas
y culturales en función de su propio desarrollo integral.
Tal
vez los países que han conservado algo de sus valores e identidad
propia frente a la mencionada ola de cultura foránea y que
“resisten” más efectivamente al impacto turbador de la
globalización y el capitalismo intrépido en el mundo, son los
países con mayores niveles de integración. Mientras los países
subdesarrollados no asuman su propia identidad y fomenten su
integración interna y con los países más allegados.
Indice
EL MERCADO Y LA AYUDA A LOS PAÍSES POBRES
Una mirada sobre la suerte de los países más pobres y su
trayectoria económica a través de las últimas décadas no es
muy alentadora. En la mayoría de los casos, los pueblos no han
avanzado en forma significativa, a pesar de un cierto progreso
variado que se puede observar en casos aislados. Pero aun en los
casos considerados como exitosos, el progreso ha sido logrado sólo
en forma parcial e insuficiente. En América Latina más de la
mitad de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza,
miseria y exclusión social. Para ellos la situación no ha
mejorado significativamente. Los más pobres tienen a la vista, en
su propio país o a través de los medios de comunicación, a
aquellos vecinos que viven como el rico Epulón, sin preocuparse
en absoluto por los demás que, a duras penas, viven ni siquiera
con lo que cae de su mesa, como lo propugna el desarrollismo, sino
que además son objeto de maquiavélicas conspiraciones de los
peces grandes del mercado; en la lógica del mercado, los pobres
son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos.
A pesar de la inversión de billones de dólares en la búsqueda
del progreso de los países atrasados, la situación de los
pobres del mundo no ha mejorado significativamente y todavía
existe un porcentaje considerable de la población que está
aislada de los privilegios que supuestamente trae el crecimiento
sostenido de una economía. Muchas de las donaciones o dineros de
la cooperación internacional para el desarrollo no han logrado
disminuir los niveles de pobreza. Veamos, por ejemplo, cómo
la ayuda a algunos países pobres no ha cumplido sus objetivos de
desarrollo: La guerra civil que duró doce años en El Salvador
terminó a principios de 1991 y la comunidad internacional invirtió
$350.000.000 (US) como desembolso inicial en actividades de
“reconstrucción nacional” y continuó el proceso de inversión
en programas de recuperación. Pero, según informes periodísticos
sobre El Salvador en el año 2.000, las oportunidades para la
educación, el empleo y la satisfacción de las necesidades básicas
entre la población pobre no han mejorado significativamente como
consecuencia de tales inversiones.
Heinrich Langerbein estudió los resultados de la ayuda en los países
africanos en 1999 y concluyó que África en su totalidad, todavía
se puede calificar como “la casa de caridad del mundo” a
pesar de haber recibido ayuda masiva por muchos años ([xxv]).
Y Langerbein determinó que lo que falta en estos casos es la
movilización de las poblaciones, la orientación de las
instituciones estatales hacia actividades de ayuda propia y la
coordinación entre los sectores productivos, todo dentro de un
programa metódico y proyectado de construcción nacional,
empezando desde lo más básico.
El autor mencionado muestra que los países africanos que han
recibido la ayuda de desarrollo más grande, la verdadera renta
per cápita ha caído y hoy en día son más pobres que hace 30 años.
Atribuye esta situación a la pérdida del esfuerzo personal
sofocado por la ayuda y a la fuga de capital. Parece que por más
que se invierta en algunos países, más dinero se fuga del
mismo país. Esto es concordante con lo que ha ocurrido en algunos
países de América Latina. En el negocio internacional del
desarrollo, se ha entronizado la corrupción. Miles de
organizaciones no gubernamentales viven en el mundo de estos
dineros que no llegan finalmente a donde han sido destinados, sino
que se quedan en las arcas de los grandes diagnósticos y de las
noticias escalofriantes, cuando no se desvían para provecho
particular de forma ilícita.
El legítimo desarrollo no se logra necesariamente mediante la
inyección de grandes cantidades de dinero de otros países. Lo
que cuenta más bien es efectuar cambios estructurales en estos países
para permitir un proceso de desarrollo interno v democrático.
Es probable que el cambio más esperado en América Latina sea
la creación de condiciones para fomentar el empleo productivo y
la justa remuneración de los que trabajan. Sin el empleo útil,
la sociedad no produce y los desempleados no pueden disfrutar de
las riquezas del país y, en muchos casos, piensan que no tienen
otra opción que dedicarse a actividades delincuenciales,
informales o degradantes de su dignidad, para sobrevivir.
De hecho, la experiencia de los programas de desarrollo en el
mundo demuestran claramente que las grandes inversiones de
capital, y las ‘ayudas’ crean cambios en las sociedades pero a
menudo las dejan con todos los mismos desequilibrios, injusticias
y problemas que antes. Al contrario, hay que reconocer que el legítimo
desarrollo es un proceso integral y se consigue en saber
explotar los recursos naturales de la nación, de las comunidades
v del mismo pueblo. El desarrollo humano se propicia mediante la
creación de condiciones que den a cada ciudadano acceso a la
solución de sus necesidades: alimentación adecuada, vivienda digna,
seguridad, educación de calidad (en valores) para todos, y empleo
productivo. Éstos son los elementos que permiten un desarrollo
integral. Una experiencia importante es la financiación con micro
créditos en cabeza de artesanos y microempresarios que son
expoliados diariamente por los agiotistas, los cuales se llevan la
mayor parte de sus utilidades.
Indice
CRISIS
DE SOLIDARIDAD
El mundo vive una crisis de solidaridad universal. Esa situación
ha sido claramente descrita por las conferencias episcopales:
el mundo en que vive y obra la Iglesia es presa de una temible
contradicción. Las fuerzas que trabajan por la venida de una
sociedad mundial unificada, nunca habían parecido tan fuertes
y activas... Las últimas posibilidades tecnológicas están
basadas en la unidad de la ciencia, en la globalidad y en la
simultaneidad de las comunicaciones, yen el nacimiento de un
universo económico completamente independiente... los hombres
comienzan a percibir una nueva dimensión más radical de la
unidad, porque se dan cuenta que los recursos naturales no son
infinitos, sino que, por el contrario, deben ser cuidados y
protegidos como un patrimonio de toda la humanidad.
La contradicción está en que en esta perspectiva de humanidad,
el ímpetu de las divisiones y los antagonismos parecen aumentar
hay sus fuerzas. Las viejas divisiones entre naciones, razas, y
clases, poseen nuevos instrumentos técnicos de destrucción;
la rápida carrera armamentista amenaza el bien mejor del
hombre, que es la vida. Si no se sale al paso y no es superado
por la acción social y política, el influjo de la nueva organización,
industrial y tecnológica favorecerá la concentración de las
riquezas, del poder, de la capacidad de tomar decisiones, en
un pequeño grupo de dirigentes públicos o privados. La
injusticia económica y la carencia de participación social
impiden al hombre conseguir los derechos humanos y civiles
fundamentales.
Han pasado más de treinta y cinco años desde que el Concilio
Vaticano 11 puso sobre el tapete el tema de la justicia, y
“los hechos fundamentales de la riqueza y la pobreza en el
mundo no han cambiado”; podríamos agregar que han
empeorado.
Indice
GLOBALIZACIÓN: DE LA RESISTENCIA A LA ALTERNATIVA
Con Emir Sader, uno de los promotores del Foro Social Mundial en
Brasil, podemos afirmar que es la hora de la solidaridad
efectiva: el día 30 de noviembre de 1999 ocurrió la
manifestación de Seattle, donde diversos movimientos y personas
protestaron ante la tecnocracia internacional que maneja el
capital financiero en el mundo.
Recuerda Sader que “ la crisis asiática, seguida por la de
Rusia y la de Brasil sonaron como el ingreso de la economía
internacional a un período de turbulencias, de la cual ella aún
no sale. Desde entonces la inestabilidad se instaló en las
bolsas de todo el mundo, las economías latinoamericanas no
llegaron a recuperarse, la crisis se aproximó gradualmente de
la bolsa de Nueva York y la elevación del precio del petróleo
definitivamente instaló un clima de crisis en la economía
internacional.
Teóricamente, fueron surgiendo los primeros balances generales
del siglo, con las obras de Hobsbawn, Arrighi, Robert Brenner y,
a partir de ahí, el clima internacional comenzó a cambiar. La
crisis asiática, en particular, comenzó a generar una serie de
críticas a la actuación del FMI y del Banco Mundial,
produciendo las primeras fracturas en el consenso hasta allí
general a favor de las políticas de ajuste fiscal.
El Banco Mundial reaccionó a ellas, promoviendo debates sobre
las consecuencias sociales negativas de las políticas
neo-liberales, sin poner en cuestión los modelos económicos
generadores de esos efectos negativos, que fueron tratados como
efectos paralelos indeseables, que deberían ser combatidos como
tales.
Fue en ese contexto que surgieron las manifestaciones de
malestar generalizado de la población mundial, reuniendo en
Seattle organizaciones de los más diferentes tipos, con un
abanico variado de reivindicaciones, todas convergiendo en el
ataque a las políticas de mercantilización del mundo,
personificadas por la OMC, por el FMI y por el Banco Mundial. De
allí para adelante se generalizó la resistencia a la
globalización neoliberal, reflejando el cambio de correlación
de fuerzas mundiales, expresadas en las movilizaciones de
Washington, Melbourne, Praga.
El desafío actual es el de elaborar plataformas alternativas,
que al mismo tiempo congreguen todo el potencial de lucha
acumulado en la resistencia al neoliberalismo, e incluir a los más
amplios sectores de la humanidad, víctimas todavía pasivas
de esas políticas. El Foro Social Mundial, convocado para
realizarse en Porto Alegre, entre los días 25 y 30 de enero, al
mismo tiempo que la reunión de Davos, en Suiza, apunta en esta
dirección.
El
hecho de que se realicen no solo contra manifestaciones en
Davos, sino un Foro analítico y propositivo propio ya demuestra
que el movimiento mantiene su visión contestataria y, a la
vez, que se propone elaborar visiones y propuestas
alternativas. Temas tales como “¿Qué forma de organización
de la economía para producir para todos?” y “¿Qué sistema
democrático de comunicación de masas?” demuestran la
amplitud de los temas Y del horizonte de reorganización de los
recursos acumulados por la humanidad en función de las
necesidades y de las angustias de toda la humanidad.
Al argumento de que había un descontento difuso y heterogéneo,
incapaz de organizarse bajo forma de proyecto alternativo, se
puede inmediatamente responder, incluso antes de la realización
del Foro, que un punto articula el conjunto de las
manifestaciones de protesta, expresado en varios carteles en
Praga: “El mundo no está a la venta”, esto es, contra la
mercantilización del mundo y, por tanto, a favor de la afirmación
de los derechos de todos v de cada uno, v para demostrar la
necesidad v urgencia de la reorganización del mundo en la
dirección del humanismo, de la solidaridad, de la libertad y de
la fraternidad”.
Juan
Pablo II al respecto en su encíclica Centesinius Annus
expresa la posición de la Iglesia al respecto:
hoy
se está experimentando ya la llamada “economía planetaria
“, fenómeno que no hay que despreciar, porque puede crear
oportunidades extraordinarias de mayor bienestar. Pero se
siente cada día nuis la necesidad de que a esta creciente
internacionalización de la economía correspondan adecuados
órganos internacionales de control y de guía válidos, que
orienten la economía hacia el bien común, cosa que un Estado
solo, aunque fuese el más poderoso de la tierra, no es capaz de
lograr. Para poder conseguir este resultado, es necesario que
aumente la concertación entre los grandes países y que en los
organismos internacionales estén igualmente representados los
intereses de toda la gran familia humana.
Es preciso también que a la hora de valorar las consecuencias
de sus decisiones, tomen siempre en consideración a los pueblos
y países que tiene escaso peso en el mercado internacional y
que, por otra parte, cargan con toda una serie de necesidades
reales y acuciantes que requieren un mayor apoyo para un
adecuado desarrollo. Indudablemente, en este campo queda mucho
por hacer.
Ojalá los laicos en general y todos los que manejan la política
económica y social de los países puedan desarrollar su
actividad iluminados por la DSI, y puedan integrarse para hacer
frente a quienes manejan la cultura del lucro, mediante la cultura
de la solidaridad, de la equidad, de la austeridad e incluso
de la gratuidad, que se deriva de cultivar los valores que
proclama el cristianismo.
Indice
ORIENTACIÓN
DE LA IGLESIA
Fuente de sabiduría y de salvación es la Palabra de Dios y
el sentido de conversión permanente como un encuentro verdadero
con Jesucristo vivo. La Iglesia interpreta los signos de los
tiempos a la luz del Evangelio, y señala las orientaciones de
su magisterio. En toda la temática esbozada en este escrito, la
Iglesia, Madre y Maestra de la humanidad, ha orientado estos
temas de la economía y de la política como parte de su tarea
de ayudar a la construcción del Reino de Dios en la encíclicas
papales, en los demás documentos pontificios y de las
conferencias episcopales, y en general en el compendio de la
DSI, y que hace referencia al desarrollo, a la vida económica
y social, a la pobreza y a la riqueza, al uso del dinero, a las
exigencias del bien común, a la solidaridad, al respeto debido
a la persona humana, a la educación, al trabajo, al empleo, a
las relaciones entre los estados y los gobernantes y ciudadanos.
Es la DSI, en tal sentido, patrimonio de la humanidad de
incalculable valor, de innegable vigencia, e inspiración no sólo
para los católicos sino también para todos los que se ocupan
en un desarrollo no sólo personal sino social.
Indice
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Indice
[i]
Economista. Mag. en Economía, U. Javeriana. Director
Investigaciones Económicas U. Autónoma de Colombia
[ii]
Cf. Situación económica y social en los tiempos de Jesús,
Les editions du cerf, París, 1967.
[iii]
Cf. Bravo, Sierra R., Doctrina social y económica de los
padres de la Iglesia, Ed. Compi,
Madrid, 1967, p. 21.
[iv]
Cf. Ireneo Nlarrou, "San Agustín y cl agustinismo",
citado por E. Vilanova, "Historia de la teología
cristiana", Vol. 1, Ed. Herder,1987, p. 222.
[v]
El desarrollo de la persona (notas al texto de A. Maslow).
En
el caso del ser humano, hay una jerarquía de etapas de
desarrollo que requiere un cuidadoso régimen de alimentación,
amor, afecto, enseñanza, ejercicio, socialización y
comunicación con el Creador. De hecho, el ser humano tiene
esta gama de necesidades para satisfacerse y para atravesar
efectivamente todas las etapas de desarrollo que lo llevan
desde su nacimiento y crecimiento físico hasta su
perfeccionamiento social, intelectual y espiritual.
Algunas
de estas necesidades fueron elaboradas y clasificadas por el
psicoanalista Abraham Maslow, quien propuso un proceso jerárquico,
como una escalera de progresión, mediante la cual el hombre
asciende con seguridad desde sus principios hasta su máximo
nivel de desarrollo humano y semejanza a Dios. Así, la
Iglesia ha enseñado que un plan de desarrollo humano debe ser
formulado según un proceso de esta índole, que le permita al
ser humano un progreso ordenado, integral y completo,
propulsado por el poder del espíritu, la gracia de Dios y las
condiciones sociales que conduzcan a su plena grandeza como
ser humano, cristiano e hijo de Dios.
Según
Maslow, los cinco niveles de necesidades humanas son
observables y mensurables en el ser humano, según un orden de
trascendencia, yendo de lo biogénico a lo psicógeno. Los
individuos buscan lo básico o las necesidades de nivel
inferior primero, y una vez estén satisfechas, se mueven a
las más altas necesidades aproximadamente según la siguiente
fórmula:
Necesidades
fisiológicas
Las
necesidades en este grupo incluyen el alimento, el agua, el
aire, el abrigo, la ropa y el sexo. Es probable que una pequeña
mayoría de los ciudadanos del mundo hayan satisfecho sus
necesidades fisiológicas básicas, permitiendo que se
concentren en necesidades de un nivel más alto. Pero hay un
importante porcentaje en el mundo que todavía no puede
satisfacer esas necesidades básicas. En la América Latina,
el porcentaje que vive en condiciones de miseria es alrededor
de veinte por ciento de la población. Para ellos, las
necesidades fisiológicas son dominantes y son las necesidades
más grandes de sus vidas.
Necesidades
de seguridad
Las
necesidades fisiológicas, una vez están satisfechas,
implican que uno puede concentrarse en crear condiciones de
seguridad a sus vidas. Las necesidades de seguridad incluyen
orden, estabilidad, rutina, familiaridad, control sobre su
vida y ambiente, certeza, v salud. En los países
latinoamericanos estas preocupaciones acrecen con las tarifas
del crimen.
Necesidades
sociales
Las
necesidades sociales incluyen el amor, afecto, pertenencia y
aceptación. La gente busca llenar estas necesidades enlazándose
con otras personas y motivadas por estas necesidades y por el
amor de sus familias.
Necesidades
egoístas
Hay
dos tipos de necesidades egoístas; las necesidades
"internodirigidas" del ego reflejan una necesidad de
los individuos para la aceptación de uno mismo, la
autoestima, el éxito, la independencia, y la satisfacción
personal. Las necesidades "exteriorizadas" del ego,
incluyen las necesidades del prestigio, de la reputación, del
estatus, y del reconocimiento de parte de otros.
Necesidad
de la realización de la potencialidad
Este
nivel de la jerarquía se concentra en un individuo que puede
alcanzar su capacidad máxima como ser humano e hijo de Dios.
Una vez que alguien haya satisfecho los primeros cuatro
niveles de necesidades entonces tienen la capacidad de
concentrarse en el funcionamiento, a su potencial más alto.
Lo
que delineó Maslow en el anterior pasaje, obviamente implica
mucho más que la simple maduración física del hombre; es más
bien un inherente patrón de evolución que es aplicable tanto
en el contexto del individuo, como en el comunitario y en el
nacional. Es decir, el modelo se puede usar para medir el
grado de desarrollo de un individuo pero también para medir
la capacidad de la sociedad de permitir un desarrollo integral
de la población. Si el simple volumen del comercio fuera un
índice válido de desarrollo y bienestar entre las
poblaciones, los países más ricos tendrían los niveles de
desarrollo humano más altos y sus poblaciones serían las más
felices del mundo, lo que parece dudoso a la luz de la
experiencia contemporánea. La implicación en esta afirmación,
proveniente del trabajo de Maslow y otros, es que el ser
humano y sus necesidades intrínsecas deben ocupar un lugar
mucho más céntrico en la conformación política y en los
propósitos sociales de la humanidad, porque el hombre no
puede progresar a su plena capacidad sin las condiciones
sociales apropiadas. Con todo, el hombre es verdaderamente un
animal social, que alcanza su máxima potencia cuando las
condiciones sociales así se lo permiten.
[vi]
Por
ejemplo en Mateo 25, 31-46.
[vii]
Quadragesimo
Anno, N° 135.
[viii]
Cf.
Laborem Excercens del
14 de septiembre de 1981.
[ix]
Populorum Progressio, Pablo VI, 1967.
[x]
Cf. Justicia y paz, 1, 4,5; Família 3,
Edición San Pablo, Santo Domingo, 1994.
[xi]
Agencia de Noticias Zenit, No. Z500022803, por e-mail
[xii]
Citado por Mons. Alfonso López Truiillo en:"Por un
desarrollo integral", en: Desarrollo Integral de América
Latina [(Bogotá, Secretariado General del CELAM, 1976) p. 14.
[xiii]
Hacia una concepción cristiana del desarrollo, Instituto de
Estudios Sociales Juan Pablo II.
[xv]
Palabras del Pontífice Pío XII hace más de 50 años.
[xvi]
"Criterios para el desarrollo en Colombia". Informe
de la Comisión Colombiana en: Desarrollo integral de América
Latina. Objetivos y Realizaciones (Consejo Episcopal
Latinoamericano, Bogotá, 1976) p, 34
[xvii]
Tedesco,
Juan Carlos, "Educación y sociedad del conocimiento y de
la información" en: Revista Colombiana de la Educación
06/2000.
[xviii]
Calvo, Juan, Globalización. Revista Web mensual de economía,
sociedad y cultura - ISSN 1605-5519-
[xix]
Castells,
Manuel, “The Intormation Age: Economy, Society and Culturé”,
Journal of Sociology, Nov 1999, p.375.
[xx]
García Morales, Federico, América Latina: Las transiciones
infinitas.
[xxi]
Vandana
Shiva, “Globalización y pobreza”.
[xxiii]
El
Universal, Diario Independiente de México 30/VI/2000.
[xxv]
Langerbein,
Heinrich. Schadendurch Hilfe? Trotz hoher Fórderung bleibt
Afrika das Armenhaus der Dritten Welt en Evntzuicklung und
Zuenuvnenarheit (Nr. 1, enero 2000, pp, 4-5).
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