EL DESARROLLO
Sus condiciones, obstáculos y objetivos
ALAIN BIROU, O. P.

 

 

 

 

 

 

EL R. P. Alain Birou, sociólogo y economista perteneciente al equipo de <<Economía y Humanismo>>, cuyo fundador y director es el P. Louis Joseph Lebret, O. P., ha realizado investigaciones en diversos países en desarrollo de Asia y Africa. Ha estudiado particularmente las condicíones culturales, religiosas y socio-económicas del desarrollo de la América Latina. En Colombia formó parte de la <<Misión Lebret>> que desde diciembre de 1954 hasta junio de 1956 realizó el importante y conocido <<Estudio sobre las condiciones del desarrollo de Colombia>>, Ed. Cromos, Bogotá, 1958. Recientemente (julio 22-agosto 6 de 1961) asistió como Director Técnico del Primer Seminario Latinoamericano de Pax Romana, efectuado en Bogotá, que tuvo como tema de estudio los problemas económico-sociales de Latinoamérica.

Se habla mucho actualmente de "desarrollo", pero se habla en forma demasiado confusa y sin dar una definición precisa del término desde el principio. Antes de abordar el verdadero desarrollo, conviene analizar rápidamente los diversos sentidos, a veces falsos, a menudo incompletos, que los autores dan al término desarrollo.

La expresión es empleada para significar un cierto crecimiento económico. ¿Qué debe entenderse por crecimiento económico? Como fenómeno cuantitativo, el crecimiento económico puede caracterizarse por el aumento de dos elementos: la población y los recursos disponibles. El crecimeinto económico no es necesariamente la prueba de un progreso económico. Para que este se realice, es necesario que haya un crecimiento de los recursos disponibles mayor que el crecimiento de la población.

Los índices que permiten formarse una idea del progreso son dados por los tres promedios significativos siguientes:

  1. El ingreso nacional medio per cápita. Es la relación entre el ingreso global (total de los salarios, de las ganancias y de los beneficios del capital y la cifra de la población global.
  2. El producto real medio por habitante.
  3. El consumo real medio por habitante.

Pero estos promedios tienen una significación relativa. En particular, no dicen si hay mejoramiento cualitativo, progreso generalizado, aumento de los medios de producción, elevación general de los niveles de vida. Para formarse un juicio, es necesario analizar otras caracterísiticaaas de la economía que son las estructuras de la producción y las estructuras del consumo. Así, pues el progreso económico no ha de ser considerado solamente en función de una riqueza global, sino en función de estructuras sociales y de factores humanos. El auténtico progreso economómico es un progreso humano en la actuación armónica de los hombres entre sí, en sus relaciones de producción y en la repartición más equitativa del ingreso nacional. Tal progreso no es posible si no existe una economía generalizada, es decir, que constituya una red homogénea de producción y de intercambio entre todas las ramas profesionales y todas las capas de la población.

Los teóricos de la economía han llegado progresivamente a introducir en su teoría explicativa factores extraeconómicos a fin explicar las condiciones y las leyes del crecimiento. Comprobamos así que son las razones y motivos de la existencia de una sociedad los que condicionan y explican su progreso económico.

Hace falta, pues, dar un paso más y preguntarnos ahora no solo en que consiste el progreso económico, sino en que consiste el progreso humano. En efecto, no se puede comprender nada del desarrollo económico si no lo ordena al desarrollo de la sociedad entera.

  1. Naturaleza del verdadero desarrollo.

El verdadero desarrollo de una sociedad consistirá en un desarrollo económico para y por el desarrollo de los hombres que en ella viven. Más exactamente, será el desarrollo de todo el hombre y todos los hombres por medio de un progreso económico generalizado. Así llegamos a esta afirmación fundamental:

No es el hombre quien está al servicio de las pretendidas leyes económicas; es la economía la que está al servicio del hombre.

Esta afirmación no es una toma de posición de filósofo que ignora lo que es la economía. Es la consecuencia misma de los análisis económicos de sabios como Gunnar Myrdal, jean Marchal, Francois Perroux, etc. Este último ha afirmado que es necesario abandonar una economía de la avaricia de las naciones y poner en su lugar "una economía de todo el hombre y de todos los hombres" (Europe sans rivages, p. 400).

El mismo F. Perroux hace una importante observación: "Las condiciones elementales de la vida de cada ser humano tienden a ser relegadas o comprometidas detrás del telón, gracias a los intermediarios abstractos de la "economía nacional" y del "sistema económico". Que el hombre sea "el capital más precioso", como ha dicho Stalin, es precisamente la proposición que debe ser demitificada, tanto en el capitalismo como en el colectivismo y en los países retardados que buscan aún su camino. El hombre no es un capital, cualquiera que sea un régimen, lo que supondría que el hombre es un bien material o una cosa sometida a un plan de empleo. Por naturaleza y como ser existente es sujeto: toda economía que no se defina en consecuencia es una fórmula de poder o de enriquecimiento directamente enemiga de los hombres". (La coéxistenez pacifique. III, p. 570-71). ¿Qué quiere decir "una economía del hombre y de todos los hombres"?. Esto significa no solamente que la economía debe estar al servicio de la humanidad, sino que debe permitir a todos vivir y vivir mejor. No puede, pues, escapar a una ética, es decir, de los hombres en una sociedad.

Cualesquiera que sean las creencias y las opiniones, parece que una gran parte de la humanidad podría admitir como objetivo común a la vida de acá abajo una voluntad de promoción humana generalizada. De todas maneras, para nosotros cristianos, esta exigencia está incluída en nuestra vida de fe y nuestra visión del hombre. Sabemos que la sociedad temporal debe permitir a cada hombre y a todos los hombres vivir humanamente y poder hallar así los medios de superación y de vida espiritual. Reconocemos también dos grandes principios solidarios e interdependientes que deberían ser la carta de la vida social en el mundo: el respeto de la persona humana y la instauración del bien común.

  1. Respeto de la persona humana, es decir, considerar que todo ser humano en el mundo tiene el derecho a la vida y a los medios que le permitan vivir. Este respeto implica una voluntad de obrar para que todo hombre viva más humanamente y, en particular, combatir todas las injusticias que son la causa del aniquilamiento y de la desgracia de las masas humanas;
  2. Instauración del bien común, es decir, comprender y admitir que existe un bien general de la vida en sociedad que no resulta automáticamente de la suma de los intereses particulares, y que, incluso, a menudo se opone a estos últimos, este bien común está hecho de un querer común de convivir y de coexistencia. Es más que la suma de los bienes materiales. Implica otros bienes que son espirituales y humanos propiamente dichos. Se trata de toda la forma de organización de la sociedad no solo para un bienestar general, sino también para un bienvivir juntos.

El bien común implica en primer lugar una buena organización política de la "ciudad", ya que la política tiene por función y por fin precisamente promover este bien común. Los otros bienes más o menos particulares o más o menos extensos no tienen todo su sentido y no alcanzan su finalidad propia sino cuando están sometidos al bien común. Por esto en una sana doctrina social, las realidades económicas y sus exigencias deben estar ordenadas al bien común y finalizadas por él. Una de las misiones de lo político es precisamente hacer que la economía esté así al servicio del hombre y de todos los hombres. Solo con esta condición se realiza el verdadero desarrollo humano en un armonioso desarrollo económico.

  1. Exigencias que implica el desarrollo.

El desarrollo así concebido es una generalización y una armonización de la economía, de suerte que ella mejore el nivel general de existencia y eleve los niveles de vida de las capas menos favorecidas, con miras al crecimiento y a una mejor repartición del ingreso nacional.

Así, pues, no se puede ni se debe concebir el desarrollo como un simple crecimiento de la producción global y de las actividades de las unidades de producción, sin tener en cuenta los efectos de este crecimiento y de la manera más o menos feliz como se presentan en el conjunto del cuerpo social. El desarrollo consiste en hacer la economía más humana, es decir, en permitir a todos los hombres alimentarse, tener alojamiento, instruirse, saber un oficio, fundar un hogar, etc. Es necesario por eso ordenar la economía según normas que permitan esos fines.

  1. Desarrollo y economía de las necesidades.

Una economía ordenada primordialmente hacia las ganancias, las más fuertes posibles, de cada individuo y de cada grupo privado, no cumple la necesidad de satisfacer la promoción de los hombres. De ahí sea necesario distinguir en las necesidades humanas un orden de prioridad:

  1. Necesidades primordiales fundamentales, " aquello sin lo cual se muere". Asegurar la supervivencia. Poder ser.
  2. Necesidades apremiantes también "para hacer un hombre". Instrucción, cultura, esparcimiento, amistad social, religión. Necesidad de ser más.
  3. En último lugar las necesidades de confort y de lujo, más o menos útiles, a veces superfluas, inútiles o peligrosas. Necesidades de mejor estar.

  1. Desarrollo y economía de responsabilidad.

Una economía diferenciada en función de las necesidades jerarquizadas no es suficiente y no puede realizarse sin una participación activa de los diversos grupos socio-profesionales. Cada entidad y cada grupo busca su interés y sus ventajas inmediatas. Pero si este interés no está sometido al interés general del país no hay otra salida que la lucha social y los conflictos de fuerzas. Esta sumisión no debe ser una sumisión pasiva ni una obediencia soportada bajo el golpe de la represión. Se necesita una participación activa: cada unidad económica debe sentirse y desear ser responsable de la buena marcha general de la economía. Esto plantea el problema del juego de la democracia económica y de los modos de ejercicio y de delegación del poder económico.

Una voluntad del desarrollo económico corresponde muy a menudo a una simple prolongación de las tendencias del crecimiento capitalista, que es a la vez prolongación de los abusos de los grandes poderes económicos. De hecho, en lugar de hablar de una economía del desarrollo habría que hablar más exactamente de una política del desarrollo de la sociedad. El desarrollo humano y social dentro del cual la economía está no inhibida sino encaminada, en el sentido de servir para que viva mejor la comunidad humana. El desarrollo así entendido implica una economía dinámica y su expansión pero al servicio del bien común que el poder político tiene como fin servir y promover.

  1. Principios de una justa teoría del desarrollo.

Para precisar una justa teoría del desarrollo me parecen esenciales algunos principios:

  1. Es necesario superar, como se ha dicho antes, la concepción de un desarrollo identificado con un crecimiento, aun suponiendo una economía armónica y ligada de hecho, hoy primordialmente, a la industrialización. Los objetivos del desarrollo no deben, pues, ser identificados con un aumento global del ingreso nacional. No deben formularse como fines para alcanzar un cierto nivel de ingreso per cápita, o de ocupación, o de industrialización, etc.. Tales objetivos son necesarios, pero con carácter instrumental, como medios.
  2. Se trata de un proyecto total de la sociedad que quiere superar sus límites actuales para un mejor vivir común. El problema es social y humano, y también económico. Para la realización efectiva y eficaz de este proyecto es necesario que haya una realización política a fin de evitar que sea desviado para provecho de los más fuertes, a fin de coordinar las acciones particulares, para asegurar un control de la realización.
  3. Si el desarrollo es un proyecto global de la sociedad, que halla su expresión y su medio de realización en lo político, debe ser considerado como la política de autodesarrollo de la sociedad. El problema que se plantea entonces es el de saber cuáles son los objetivos específicos del desarrollo consciente de una sociedad. De qué manera es responsable de prever su futuro y organizar su presente para fines más o menos a largo plazo.

Si el desarrollo de un país no puede ser sino su autodesarrollo, se advierte inmediatamente que este supone un mínimum de voluntad general para una tarea presente dura y laboriosa que no alcanzará sus efectos sino en un futuro no siempre inmediato. Tal programa corre el riesgo, evidentemente, de no tener el asentimiento de todos y aún de hallar fuertes oposiciones en nombre de ideologías diferentes. Muchos no consentirán en perder lo que tienen en nombre de un bien futuro que no les interesa o que juzgan imposible. Son los que nada tienen que perder y todo que ganar quienes desearán los cambios profundos que permitan al país ir hacia un mejor estar generalizado. Se establecerán relaciones de fuerza, de donde resultará casi necesariamente, puesto que tal es la naturaleza humana, un conflicto entre el orden establecido y el progreso que debe promoverse.

Lo más hábiles entre los que quieren quedar en sus posiciones adquiridas y en sus privilegios, son los que no lo dicen. Tanto empresarios como políticos. Se dicen los promotores del desarrollo económico, aun "hacen hacer" estudios por expertos, pero impiden las reformas profundas necesarias para poner por obra un plan real. En muchos países de América Latina –"el que leyere entienda"- hay hombres tales que a veces involuntaria e inconscientemente se oponen a las transformaciones de las estructuras necesarias al desarrollo.

  1. Dificultades para promover los cambios indispensables al desarrollo.
  2. Una de las principales dificultades radica en el hecho de que las fuerzas que constituyen el equilibrio pasivo actual –el, cual tiene por objeto mantener un orden establecido- no quieren cambiar. Esas fuerzas intervienen y actúan continuamente para mantener un "statu quo". Ellas identifican la conservación de sus privilegios con el orden social y la estabilidad social. Las resistencias a los cambios no son siempre abiertas y declaradas, a veces son indirectas y disfrazadas, ni son tampoco siempre organizadas y conscientes, sino espontáneas e inconscientes. Lo propio de una "mentalidad" es hacer adoptar a aquellos que viven en ella actitudes y comportamientos sobre los cuales no reflexionan, pero que guían su conducta colectiva y actúan para mantener por inercia las situaciones adquiridas. Por otra parte, muchos de aquellos que tienen una responsabilidad económica o política mantienen la ilusión de que "desarrollo" quiere decir esencial y únicamente un crecimiento económico. En consecuencia se comportan y actúan socialmente como si la economía constituyera un sistema aparte, totalmente autónomo, capaz de extenderse y de crecer independientemente del contexto sociológico, de las estructuras sociales, de las instituciones y del comportamiento colectivo de los hombres. Ignoran o fingen ignorar que en la dinámica social estas realidades se hallan estrechamente ligadas y son solidarias.

    Otra dificultad proviene del hecho de que los intelectuales y los responsables no son capaces de imaginar, prever y organizar otra estructuración socioeconómica, un nuevo orden dinámico con las formas de organización que él implica en cada escala de la vida política, social, cultural, económica.

    Se teme sea necesario cambiar todo, y, por temor a las consecuencias imprevisibles que de ahí resultan, no se cambia nada. Ahora bien, estando todo organizado en un equilibrio vivo y dinámico en la sociedad, no hay reforma sobre un plano que no tenga sus repercusiones sobre los demás. Y pocos hombres son capaces de ver tales efectos en cadena de una acción sobre un sector dado.

    Para un cambio armonioso son necesarios dos esfuerzos interdependientes:

    1° Una acción a favor de una estructuración de la sociedad, de manera que establezca estructuras jurídicas, económicas, sociales e institucionales más equitativas que las existentes dentro del sistema de vida industrial y moderna;

    2° Una acción educativa continua y eficaz en todas las escalas de la sociedad, para preparar al mismo tiempo para los cambios, hacerlos aceptar sin nuevas esclavitudes y hacer a los responsables capaces de operar la reforma de estructuras que se imponen en orden a un auténtico desarrollo integral de los hombres.

  3. Condiciones previas u objetivos inmediatos del desarrollo.
  4. Para la mayor parte de los países de la América Latina es necesario que alcancen rápidamente una relativa autonomía económico política con las capacidades internas correspondientes. Muchos de estos países son formalmente independientes, pero en realidad están dominados en cuanto son proveedores de materias primas para potencias económico políticas de carácter internacional.

    Es necesario también desde el principio tener cuidado de integrar al progreso general del país zonas geográficas o capas de población que correrían el riesgo de quedar fuera. Es todo el problema de la coordinación de los desarrollos regionales y seccionales con el desarrollo general. Porque hay sectores subdesarrollados importantes, al lado de otros sectores nacionales que se desarrollan. Los casos más notorios son bien conocidos: el nordeste del Brasil, las zonas periféricas de Colombia, ciertas partes de la Argentina en relación con la región de Buenos Aires.

    Una visión global y no puramente económica del desarrollo conduce a importantes consecuencias. En primer lugar, obliga a tomar directamente en consideración a todos los hombres y a todos los grupos humanos. Y en lugar de mirarlos desde un principio, como viene a menudo la tentación de hacerlo, como obstáculos al desarrollo, se llega a considerarlos como la razón de ser del desarrollo, su estimulante fundamental y el principal factor eficiente del mismo.

    En segundo lugar, en el examen de los medios y de las condiciones favorables o desfavorables del desarrollo, nos veremos obligados a incluir, aun en los cálculos económicos, los costos humanos y todos esos factores que a menudo se consideran como exógenos a la economía y por eso se les deja de lado.

    Se llega así a valorar y a ponderar en su tendencia evolutiva todos los elementos propulsores y todos los factores limitativos. No solo los recursos materiales, el capital técnico, la fuerza de trabajo, sino también el grado de desarrollo más o menos grande de la cultura general, el espíritu, el ambiente de iniciativa, la capacidad de emprender más o menos difundida en la población, las estructuras sociales y su mayor o menor rigidez, la vida política, su grado de organización y su capacidad de servir al bien común.

  5. Necesidad de una ética del desarrollo.

Para que el desarrollo total de que hablamos sea posible, es necesario un mínimum de valores comunes aceptados y queridos por todos. En particular un querer vivir juntos, un querer vivir mejor juntos. Esta voluntad de coexistencia y esta plataforma de acción colectiva son indispensables para que surja un poder que sea representativo de toda la nación y que tenga la autoridad para llevarla hacia el progreso al que aspira.

Esto equivale a afirmar que es indispensable una ética política y social basada en los principios que hemos enunciado atrás: respecto activo de las personas, servicio eficaz del bien común. Si los falsos valores continúan predominando, no hay salida.

Las dos principales jerarquías de valores son :

1ª La que concede al "tener más" una prioridad y el papel de motor de la sociedad. La jerarquía del "tener más" tienda a "gastar más", al confort, al lujo, al despilfarro, a la ostentación. Termina en la lucha de clases y en el acaparamiento de la mayoría de los bienes por parte de los privilegios;

2ª La que concede al "poder más" un papel determinante y principal. Desemboca en la hegemonía de los más fuertes y en todas las formas de imperialismo de los grupos dominantes.

Hay además grupos que conceden la prioridad al "parecer más", al "gozar más", etc. Contra todas estas fuerzas hay que oponer una verdadera jerarquía de valores sociales que reside en la búsqueda para todos del "ser más" y del "valer más". Sin esta, no puede haber ni comunidad de destino ni un mínimum de unidad social, en un mundo en el que, la solidaridad de la aldea y la seguridad colectiva por pequeños grupos se ve sustituida por una solidaridad y una seguridad nacionales y aun internacionales.

Pero no hay que creer que se desterrarán las fuerzas de destrucción y de segregación social con elocuentes discursos académicos sobre el bien común o sobre el valor del hombre. Es necesario organizar la acción, unir las voluntades, tener una estrategia y una táctica de lucha.

De cuento hemos dicho se deduce que el desarrollo tiene que ver esencialmente con el hombre. No como un hombre abstracto e irreal, sino con el hombre concreto, la humanidad solidaria. Aquí cabe mencionar la definición que el P. Lebret de del desarrollo: " Es la serie de pasos, para una población determinada y para todas las subpoblaciones que la componen, de una fase menos humana a una fase más humana, con el ritmo más rápido posible, habida de todas las solidaridades entre todas las subpoblaciones y poblaciones"

El criterio que guía tal definición es la promoción de los hombres de menos humanos a más humanos. Es un criterio de "ser más" y no de "tener más" o de "poder más". En una tal perspectiva se trata de un problema de civilización y de la razón de ser temporal de las sociedades. Se tarta de construir una civilización nueva, sin destruir sino integrando los valores positivos anteriores.


<<Al observar los acontecimientos más cercanos a nosotros, se diría que, en esta época nuestra, la aprensión y el miedo producen una fiebre y un ardor de mutua desavenencia, tal vez inconsciente en muchos, pero siempre observable las relaciones recíprocas, lo que conduce a un continuo desconcierto en las relaciones domésticas y sociales, civiles e internacionales. Esta comprobación es más dolorosa cuando se piensa que el Creador, en el plan de su Providencia, ha puesto en los hombres la inclinación a entenderse, a ayudarse, a integrarse unos con otros, en la fraterna colaboración en sus empresas, en la paciente conciliación de sus diferencias, en la justa distribución de los bienes materiales>> (JUAN XXIII, Mensaje de Navidad de 1.961).>>


 

 


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