PRIMERA PARTE
REAFIRMACIÓN DE PRINCIPIOS
1. - El fracaso de los cristianos ante los materialismos se debe, ante todo, a sus desfallecimientos espirituales; o, dicho de otra manera, es necesario plantear primero la lucha en el plano del espíritu.
Lo que hace el éxito del marxismo es su visión del mundo, que incluye la capacidad de dominio del hombre sobre la naturaleza y el desarrollo histórico.
El repetido fracaso de los cristianos se debe a que han perdido esa visión, ignorando las riquezas depositadas en la Iglesia. La primera tarea es la de dársela. Sólo entonces los portadores del espíritu podrán dar a su testimonio, en plenitud de la vida, todo su vigor.
2. – Si la posición política concreta de los cristianos, entre ciertos límites, es "en doctrina", indiferente, "en prudencia" no lo es.
El cristiano que tenga en cierto grado la visión cristiana del universo en marcha y de la humanidad en busca de lo absoluto, es él solo capaz de penetrar victoriosamente en el desarrollo histórico, optando por la orientación que, en un momento dado y considerando las circunstancias, sea la mejor.
La fuerza cristiana ha sido enervada por una excesiva insistencia en la libertad de los cristianos ante los sistemas económicos y las estructuras políticas. Si "en doctrina" el margen a elección es amplio, él se restringe a medida que va siendo mejor conocida la ocasión total.
3. – Optando por tal lo cual posición económica o política que no esté en contradicción con la moral natural o cristiana, el cristianismo no comprometa a la Iglesia.
La Iglesia reconoce a los cristianos, aislados o en grupos, la libertad de comprometerse por el camino que les parezca mejor, recomendándoles prudencia. Pero insiste mucho sobre la necesaria autonomía de lo político. Ninguna agrupación política puede, pues, erigirse en "partido de la Iglesia".
4. – Si un conjunto de agrupaciones cristianas más o menos coordinadas tuviesen, a la vez, una doctrina precisa, un sistema constructivo, capacidad estratégica, y poseyeran una táctica de inserción, técnica de acción eficaz, se convertirán rápidamente en la fuerza mundial más decisiva.
Los cristianos se han adormecido, sea en la evasión hacia lo sobrenatural puro, o en la aceptación de las llamadas estructuras tradicionales, cuando no en las estructuras de hecho que se les impone. No han llevado a cabo el esfuerzo doctrinal de absorción de todas las nociones científicas nuevas, de crítica de las modernas búsquedas del humanismo, de actualización de la filosofía y la tecnología cristianas en función del estado real del mundo. Ni tampoco el esfuerzo bastante para elaborar un sistema económico-social que pueda asegurar la mejor evolución de las estructuras vigentes y proporcionar a los reformadores las grandes líneas de un programa constructivo. Tampoco han sabido delinear una estrategia a largo plazo, considerando todas las fuerzas en presencia, ni determinar una táctica de penetración en todos los dominios de la actividad social, ni generalizar un empleo racional de los medios de acción más eficaces. Este es uno de los aspectos de su pecado de omisión. O por otra parte, no han creído bastante en las posibilidades de la inteligencia, u olvidaron la importancia de las ocasiones temporales. Sobre este respecto sus movimientos se han quedado demasiado a menudo en la etapa infantil, ora por carencia de pensamiento o falta de fines precisos, ora por restricción del frente de avanzada.
Más si tales fallas se eliminasen, los cristianos constituirán una fuerza irresistible.
LOS CRISTIANOS DEBEN ROMPER CON EL RÉGIMEN CAPITALISTA
5. – Los cristianos deben romper resueltamente, en cualquier terreno, su constante colusión con el régimen y la defensa capitalista.
Un grandioso número de cristianos ha hecho causa común con el régimen capitalista. A pesar de ser defensores de la propiedad no han luchado contra la continua expropiación que resulta de la extensión universal de las estructuras capitalistas: defensores de la personalidad no han reaccionado ante la proletarización de los trabajadores; defensores de la libertad, no ha rechazado la esclavización de las masas.
Cuando los cristianos deberían ser los defensores de los grupos más deshumanizados de la población, se han puesto del lado de los opresores.
Condenar el capitalismo, régimen de iniquidad, no es, por lo demás, condenar en modo alguno el capital, potencial de producción y riqueza acumulada, ni el ahorro, garantía de seguridad o potencia de inversión.
6. – Los cristianos deben comprender el sentido de proceso histórico y dar toda su importancia al hecho de que el proletariado se ha dado cuenta de su existencia y poderío, y el campesinado de su impotencia y de su necesidad de una acción colectiva.
Al abrigo de una moral formulada en una época en que las instituciones evolucionaban muy lentamente, los cristianos no advirtieron con la debida anticipación de la importancia del factor "tiempo" en un momento de evolución por lo general conservadora., si no reaccionaria. Quisieron congelar las instituciones cuando se trataba de orientar su transformación. Formaron un bloque con las minorías egoísticamente dirigentes, sin considerar bien el despertar de las masas obreras oprimida y el lento trabajo de formación de una conciencia de sí mismo que se operaba en el campesinado.
Es necesario, pues, que los cristianos adquieran lo antes posible el sentido de su inserción en el gran movimiento dialéctico en el cual se juega la vida.
7. – Los cristianos tienen que comprender que deben, ante todo, ayudar a su ascensión a las masas obreras y campesinas sin asociarse a la defensa de los privilegiados de las clases convertidas en más o menos incapaces o parásitas.
Apoltronarse en las propias comodidades y en la propia cultura cuando la vida de inmensas muchedumbres sigue siendo primitiva o retrógrada no tener la pasión de un mejoramiento humano universal son contradicciones manifiestas con el Evangelio, que enseña: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". "No hagas a otro lo que no querrías que te hicieran a ti".
Asegurar la satisfacción de las legítimas aspiraciones populares a la seguridad, la justicia, la iniciativa, la cultura, es hoy por hoy la obra esencial a que debe sacrificarse todo y, ante todo, los privilegios que ya no tienen sino justificaciones históricas.
La misericordia evangélica no se adquiere con el ejercicio de la beneficencia a favor de tal o cual desgraciado –en esta época día a día más solidaria y colectiva-, sino por la acción continua y vigorosa contra las causas más generales de los males comunes.
Cualquier privilegio que no corresponde a un servicio, se gasta y caduca, después de cierto tiempo.
NO ES PARA LOS CRISTIANOS EL ANTI-COMUNISMO "BETA"
8. – Los cristianos no deben caer en el anti-comunismo "beta".
Un gran número de cristianos han caído en un anti-comunismo sin matices. Unos, movidos por el sentimiento legítimo de una grave amenaza para el cristianismo; otros, para salvar sus privilegios hereditarios de rango o de posesión.
Así se rechaza en bloque al comunismo entero, sin discernir lo que hay en él de reacción sana contra un mundo injusto, o de interpretación objetiva de la naturaleza o de la historia de sinceros deseas e instituciones generosas en la busca de un nuevo humanismo.
Y cuando hay que atacarlo por su rechazo metafísico de la trascendencia del espíritu y gratuita negativa de lo divino, de donde se derivan sus múltiples errores sobre el valor de la persona, el papel de la violencia, la naturaleza de la familia, la estrategia y la táctica revolucionaria las nociones de verdad, libertad y moral, se le ataca doctrinariamente en el terreno donde el comunismo contiene elementos indispensables a toda visión objetiva de la historia y se piensa que es necesario reducirlo a fuerza de carcelazos o a disparos de ametralladora.
El anti-comunismo de los cristianos no debe hacerle el juego a las fuerzas que temen y oprimen a las masas obreras.
9. – Los cristianos deben aceptar del marxismo y el anarquismo la suma considerable de verdades y orientaciones válidas que estos movimientos expresan, comportan o bosquejan:
Un examen bien atento y objetivo lleva a reconocer, sea en Marx o en Engels, sea en Proudhom o en Kropotkine:
- el entusiasmo ante los descubrimientos de la ciencia;
- la admiración ante las invenciones técnicas;
- la importancia de los factores económicos;
- el papel de los trabajadores en la historia;
- la ruptura del orden humano por el juego del capitalismo;
- la confianza en las posibilidades de la inteligencia humana;
- el valor de la cooperación para liberar progresivamente al hombre de la naturaleza:
- la necesidad de una nueva pedagogía que reduzca la oposición entre el intelectual y el obrero manual;
- la grandeza de las instituciones comunales;
- las desventajas de la concentración urbana;
- los perjuicios del trabajo prematuro y excesivo y de las deficiencias de la habitación;
- la lucha contra el antagonismo ciudad-campo;
- la nocividad actual de las estructuras capitalistas;
- los beneficios de la alteración de las actividades;
- la legitimidad de una reacción de los oprimidos contra los opresores;
10. – Los cristianos deben aparecer ante el mundo como un fermento de avanzada y progreso.
Los cristianos no tienen por qué lamentar el esfuerzo científico o el progreso técnico, ni la racionalización del trabajo o la reducción del tiempo de trabajo productivo; tampoco la generalización de la instrucción y la cultura o el acceso de los mejores a las responsabilidades.
Por el contrario, los cristianos deben tomar a pecho el hacer pasar a la humanidad de la etapa de la necesidad a la de la libertad. Nadie debe desear más que ellos que el hombre sea libre de la constricción de la materia. Nadie más que ellos deben provocar una ascensión de la humanidad tan universal como sea posible.
Los cristianos deben pensar en que después de los maravillosos descubrimientos de la ciencia y los éxitos de la técnica, quedan por asegurar progresos inmensos en la distribución de los bienes producidos y en la organización de la vida social.
BUSCAR EL ACUERDO CON QUIEN ESTE EN LÍNEA DE AVANCE
11. – Los cristianos deben estar de acuerdo con quien quiera esté en la línea del avance humano, o como ellos dicen, con todo los que instauren de alguna manera el bien común.
El cristiano que no concurre con todas sus fuerzas al progreso del hombre, no ama de verdad a sus hermanos. La desgracia de las multitudes le es indiferente. El será rechazado en el último día como responsable de sufrimientos inútiles.
Cuando se trata de mejorar o multiplicar las habitaciones, de establecer el equilibrio económico, de organizar un sistema de seguridad o previsión, rechazar azotes sociales, producir en abundancia bienes sociales, facilitar una superación humana, preconizar o perfeccionar medios de mejoramiento sanitario, cultural o espiritual, el cristiano debe estar pronto a cooperar, si es que ya no hubiese tomado la iniciativa.
Nunca el cristiano debe ser sectario. Su lugar está con todos los que trabajan en la instauración concreta del bien común. Es en eso, precisamente, en lo que debe consistir la acción política. Para el cristiano la política nunca puede ser otra cosa que la ciencia, el arte, y la virtud del bien común.
12. – Los cristianos deben, en todos los terrenos y donde quiera, buscar pura e inteligentemente el bien común y no subordinar su acción entera a la defensa simplista y siempre conservadora de la Iglesia.
Ante todo, no se trata de defender una Iglesia que se da en imaginar como modificada, sino de dar un máximo de virulencia al testimonio que prestan los cristianos de la Iglesia militante.
Limitándose a la defensa de la Iglesia, los cristianos olvidan las dimensiones de la justicia social o comunitaria y lo olvidarán tanto más cuanto vean la Iglesia como una institución ya congelada por su alianza con determinadas formas de gobierno, por su fidelidad a ciertas formas que tuvieron su grandeza y por su apego al pasado.
Todo ello, como si la Iglesia no fuese un cuerpo día a día vivificado, hecho de células animales, siempre renacientes, como si no fuera inmortal la juventud de la Iglesia.
El cristiano conservador a toda costa, fuerte de lamentaciones, enamorado del pasado, es un cristiano falsificado, sin confianza en la creación ni en las infinitas posibilidades del espíritu.
La defensa de la Iglesia no se hace necesariamente a fuerza de rechazos, sino, lo más a menudo y mucho mejor, probando con múltiples realizaciones la viabilidad omnivalente de los cristianos.
SEGUNDA PARTE
ELEMENTOS DE LA OCASIÓN POLÍTICA
Establecidos ya los principios más generales, se hace necesario considerar el contexto histórico y comprobar los elementos siguientes de las circunstancias políticas actuales:
1. – La mayoría de las naciones (exceptuando solo a la URSS y a los Estados Unidos no son ya naciones independientes.
2. – El régimen parlamentario, tal como fue definido por Inglaterra y luego practicado por las democracias occidentales, es inaplicable en aquellos países donde el partido comunista ha adquirido tanta influencia política que no es posible dejarlo sistemáticamente sin participación en el gobierno. El juego leal de la democracia, es en el hecho, imposible.
De tal manera, cualquier acción política que se inspire en las tradiciones y recetas prácticas de antes de la guerra está irremediablemente condenada al fracaso.
3. – Todo esfuerzo de tinte paternalista marcha también por adelantado al fracaso. La susceptibilidad de las masas, demasiado a menudo engañadas, puede ser a este respecto excesiva, pero sería culpable y tonto no tomarlo en cuenta.
4. – Toda unión sistemática y permanente con los defensores del capitalismo no puede menos de aparecer como una traición a la clase obrera, cual si se tomaran posiciones contra el movimiento de los trabajadores.
5. – Quien no se encuentre en la vanguardia del movimiento obrero y campesino en todo lo que éste comporta de legítimas exigencias y deseos profundamente sanos de liberación y progreso contribuye a ahondar aún más el foso que separa a las masas populares de las pretendidas "elites" desligadas de la humanidad. Si los cristianos lejos de estar en esta vanguardia la combaten o luchan contra su formación, existe el peligro de que nunca se colme el foso que separa de la Iglesia a las masas materializadas.
6. – Cualquier esfuerzo político que se lleva a cabo en una sola nación no corresponde ya a la realidad del mundo moderno, más y más solidario. Para hacer frente a las ideologías y formaciones materialistas que se difunden y extienden por todas las naciones, se necesita una ideología y formaciones impregnadas del espiritmática y permanente con los defensores del capitalismo no puede menos de aparecer como una traición a la clase obrera, cual si se tomaran posiciones contra el movimiento de los trabajadores.
5. – Quien no se encuentre en la vanguardia del movimiento obrero y campesino en todo lo que éste comporta de legítimas exigencias y deseos profundamente sanos de liberación y progreso contribuye a ahondar aún más el foso que separa a las masas populares de las pretendidas "elites" desligadas de la humanidad. Si los cristianos lejos de estar en esta vanguardia la combaten o luchan contra su formación, existe el peligro de que nunca se colme el foso que separa de la Iglesia a las masas materializadas.
6. – Cualquier esfuerzo político que se lleva a cabo en una sola nación no corresponde ya a la realidad del mundo moderno, más y más solidario. Para hacer frente a las ideologías y formaciones materialistas que se difunden y extienden por todas las naciones, se necesita una ideología y formaciones impregnadas del espiritualismo más puro y dinámico posible.
TERCERA PARTE
ORIENTACIONES POSIBLES
En estas condiciones, la conducta política de los cristianos puede orientarse:
1. – Hacia una unión a cualquier precio con el movimiento obrero en conjunto, más o menos dominado por el marxismo-leninismo.
Yo sigo atentamente la evolución de cierto número de jóvenes cristianos de los más ardorosos y mejor formados, a quienes mueve la necesidad de formar un bloque con la clase obrera. Uno de ellos que es filósofo, se incorporó a un centro de cultura popular dominado por los comunistas; otro se ha convertido en el médico de la C. G. T. (Confederación General de Trabajadores) de una gran ciudad francesa y solo su fe le impide entrar al partido, pero es comunista de corazón: un tercero, joven doctor en derecho, está aprendiendo un oficio manual con la intención de fusionar su vida con el movimiento obrero; le parece que su deber es entrar al partido. Ninguno de ellos quiere traicionar su fe, pero todos estiman que, privada de esta fusión, la clase obrera será traicionada indefinidamente y nunca se encontrará alguien capaz de enfrentar el estallido espiritual del marxismo.
Por cierto que los peligros de tal actitud son considerables. Los que la asumen ¿resistirán siempre al materialismo? ¿No arriesgan, tal vez, el arrastra a cristianos menos formados que serán absorbidos rápidamente? ¿Puede uno dejarse coger por el juego lininista en gracia de la adhesión a las tesis válidas del marxismo? Cuando el partido advierta la existencia del virus cristiano en su seno, ¿no tratará a sus nuevos miembros, considerados como impuros, de la misma manera como ha tratado a los troxtkistas?
Y por fin, ¿no resulta ingenuo tentar lo imposible y no es grave imprudencia dar mayor fuerza a los equívocos marxistas?
2. – Hacia la constitución de formaciones políticas nacionales, con la posibilidad de una coordinación internacional, rigurosamente cristianas o de inspiración cristiana.
3. – Hacia la formación de un tercer frente de carácter provisional.
Ante la grave amenaza del predominio del marxismo-leninismo en toda Europa y ante la amenaza no menos grande de un desquite estruendoso del capitalismo, las ideas de un tercer frente se abren camino. El se realizará por la unión provisoria sin fusión de socialistas y movimientos de inspiración principalmente cristiana. Es, quizá, el único camino ofrecido a Europa para escapar a las dictaduras y conservar la autonomía política de las naciones que la constituyen.
4. – Hacia la constitución de un bloque progresista obrero y campesino a-capitalista y a-comunista.
Otros hombres, reducidos en número, es cierto, piensan que sería mejor abandonar las formaciones socialistas o de inspiración cristiana existente para encarar la constitución de un vasto movimiento revolucionario sobre un programa de reformas claramente definido y que deba asegurar la liberación y ascensión de las masas obreras y campesinas.
La operación, evidentemente, no deja de tener sus peligros y exigirlas para triunfar, el concurso de personalidades de la más alta figuración y de una perfecta rectitud. Por lo demás el establecimiento de semejante formación exigiría varios años, con lo que correría el riesgo de que se llegara demasiado tarde o se encontrase rápidamente dislocada por la expresión contradictoria de las ideas en ella subyacentes.
LOS CRISTIANOS DEBEN APURAR LA REVOLUCIÓN
5. – Hacia la constitución y animación de grupos nuevos, de comprensión más amplia que la de los partidos y de inspiración comunitaria, que operen la revolución con seguridad, de abajo hacia arriba y capaces de intervenir en el momento oportuno en la revolución de alto abajo.
Otros finalmente, como los adherentes al "Rassemblement communautaire francaise" (Unión comunitaria francesa), opinan que está ya superada la fase de la coordinación política por medio de los partidos, y que incluso lo está la fase del verdadero juego de las instituciones sindicales.
Es preciso, pues, concretarse a la transformación general coherente de las estructuras, por una acción directa emprendida de abajo hacia arriba en todos los dominios de la vida social y por la penetración de la idea comunitaria en todos los partidos. Por esta segunda manera se obtendría el aflojamiento de los lazos estatales que impiden la desconcentración administrativa y el florecimiento comunitario.
Tal perspectiva, supone, ante todo y necesariamente una base espiritual. Ella opera una transformación y una elevación de las conciencias y subentiende la multiplicación de las experiencias que tienden a transformar las empresas, grupos de empresas, explotación, grupos de explotaciones, aldeas, barrios, ciudades, comarcas, regiones, enseñanza, etc.
En esta materia es cuestión de discernir, primero, por análisis minucioso, el problema de fondo y los problemas inmediatos de precisar los sectores de actividades profesionales y de vida total que se amplían progresivamente: de construir núcleos de fuertes a esta materia es cuestión de discernir, primero, por análisis minucioso, el problema de fondo y los problemas inmediatos de precisar los sectores de actividades profesionales y de vida total que se amplían progresivamente: de construir núcleos de fuertes animadores de los equipos del bien común, capaces de enfrentarse con cualesquiera persona o grupos que combatan el bien común. Esta fórmula se revela también como de una extrema solidez, al mismo tiempo que de una extrema flexibilidad.
De esta manera se multiplicarían las oficinas de estudio de lo concreto por unidades naturales al alcance del hombre. Se multiplicarían los hombres capaces, sea cual fuere en lo alto la evolución política de enderezar las situaciones en la acción política real de las bases: los políticos capaces de dominar progresivamente los problemas políticos de las alturas.
6. – Hacia la combinación sistemática o hacia la utilización simultánea y flexible de estas fórmulas.
Después de todo, ¿son, acaso, contradictorias estas orientaciones? Yo no lo creo. Ellas pueden combinarse según los países y las circunstancias, y también de acuerdo con las vacaciones individuales.
Cuando el espíritu es vacilante, las más numerosas agrupaciones no le darán virulencia y eficacia. Cuando el espíritu es puro y poderoso, no hay temor de que él se debilite por alianzas y contactos.
Me doy cuenta muy bien de que esto parecerá excesivo o quimérico a varios de entre vosotros, o al menos demasiado influenciado por el caso francés. Yo he querido expresar sencillamente, y con toda lealtad, la posición de un hombre que, desde hace treinta años, observa y escucha mucho, investiga mucho: que, en conjunto con otros hombres, ha analizado y discutido largamente, y que también ha tenido posibilidades de experimentar. Un testimonio no es nunca sino un testimonio. Si vuestras propias observaciones y certidumbres no lo confirmasen, quedaría probado, sencillamente, que es necesario continuar nuestra búsqueda de los principios y los modos de la acción política de los cristianos.
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