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«Se pueden limitar los daños de la
globalización pero no se puede detener el proceso». Son palabras del
premio Nobel de Economía, Amartya Sen, uno de los más convencidos
defensores de una sociedad más justa que apunte al bienestar de las
capas menos favorecidas.
El economista, profesor afiliado del Trinity College de Cambridge
(Reino Unido), hace estas declaraciones en los momentos en los que en
Praga estallaba una protesta contra la Asamblea anual del Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial, a la que asisten los
gobernadores de los bancos centrales y los ministros de Economía de las
182 naciones que forman parte de ambas instituciones. Hasta la noche de
ayer se produjeron duros enfrentamientos entre manifestantes y
policías. El balance definitivo es de más de 100 heridos (54 de ellos
policías), algunos detenidos y numerosos destrozos en puntos
localizados de la ciudad. Parece volver a revivirse el escenario de la
última reunión celebrada en Seattle de la Organización Mundial del
Comercio (WTO).
El profesor Sen, nacido en Bengala (India) hace 77 años, analiza en
esta entrevista algunos de los interrogantes éticos que hoy día plantea
la globalización.
-- ¿La globalización puede conducir a una
mayor prosperidad para todos?
Aunque al hacer las cuentas los
índices en su conjunto suben, junto a quien gana está siempre quien
pierde. Y ante estas disparidades económicas, la respuesta correcta
debería incluir un esfuerzo coordinado para dar a la globalización una
forma menos destructiva del empleo y de los modos tradicionales de
vivir. Para hacer menos accidentado este proceso es importante dar a
quien corre el riesgo de encontrarse marginado la posibilidad de
recualificarse y adquirir nuevas capacidades, además de proporcionarle
una red de garantías bajo forma de seguridad social y ayudas de otro
tipo. El mundo de las comunicaciones y de los intercambios modernos
reclama una educación y una formación profesional básicas. Mientras
algunos países pobres, como Asia oriental y sudoriental han hecho
grandes progresos en este campo, otros, como Asia meridional y África,
tienden a quedarse atrás. La equidad no sólo de las oportunidades
económicas sino también de las culturales puede tener una importancia
decisiva en un planeta globalizado. Pero, en este nuevo escenario, la
única solución que no se puede aplicar es detener el proceso de
globalización de la economía y del comercio.
--A menudo, se da por descontado que se puede hacer muy poco para
vencer la desnutrición y el hambre en el mundo.
Estoy convencido que es posible detectar
medidas capaces de eliminar el hambre y reducir radicalmente la
desnutrición crónica. Para hacerlo no hay que limitarse a una especie
de equilibrio contable entre población y víveres. Una persona puede
verse obligada al hambre incluso cuando hay comida en abundancia, por
ejemplo, si pierde el puesto de trabajo. Si, luego, en un país cae la
oferta alimentaria, hay que distribuir mejor los recursos existentes y
crear nuevos puestos de trabajo con nueva renta para las víctimas
potenciales del hambre. En los países más ricos, son las medidas
políticas las que protegen la economía de los individuos, con programas
contra la pobreza y ayudas a los parados. En los países en vía de
desarrollo en cambio no existen formas sistemáticas de ayuda a los desempleados.
--¿Qué deberían hacer los gobiernos?
Hay diversas políticas contra la pobreza. Si
es verdad que el crecimiento económico es un bien para un país es
también verdad que, si no lo hace el Estado, nadie se ocupa de los
pobres y de los analfabetos. Con la reformas económicas, hay que cuidar
la educación, la información, la asistencia sanitaria, la indigencia y
la pobreza. En definitiva, es más conveniente elaborar estrategias que
creen más puestos de trabajo para procurarse lo necesario con los propios
recursos.
--¿Cuál es el papel de la educación en el
alivio de la pobreza?
En estados con un producto interno bruto
relativamente bajo, los mayores estándares de educación han hecho que
el nivel de pobreza sea más bajo respecto a otros estados más ricos. La
alfabetización femenina, por ejemplo, está relacionada, a nivel
estadístico, con una reducción de la mortalidad por debajo de los cinco
años de vida, independientemente de la alfabetización masculina. De
hecho, los efectos de la actividad de las mujeres sobre la vida social
pueden ser muy importantes. La participación de las mujeres en las
actividades económicas, además, puede cambiar profundamente la
situación.
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