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Es interesante notar, que los aportes de Sen no son
considerados por Max-Neef, así como a la inversa, a pesar de las obvias
coincidencias de fondo existentes entre ambas perspectivas, como
veremos.
Este segundo aporte "heterodoxo" reciente, de
gran relevancia para abordar la problemática del desarrollo, proviene
de Amartya Sen (1983, 1985, 1988, 1989a, 1992,1993),
profesor de economía y filosofía en la Universidad de Harvard. Según
esta visión, en la medida en que el desarrollo tiene que ver con el
logro de una vida 'vida mejor', habría que enfatizar la naturaleza -
más que la forma - de la vida que lleva la gente.
De ahí que gran parte de su trabajo esté dirigida a cuestionar
la evaluación de la calidad de vida (más que sólo del nivel de vida) en
base a los tres enfoques que estuvieron (o están aún) en boga en este
campo: el que lo realiza sobre la base de las mercancías que posee y
usa la gente (considerando su nivel y su distribución entre las
personas), el que lo determina a partir de la "utilidad"
(como la entienden los neoclásicos y que califica de 'métrica del
placer') que otorgan los bienes y servicios, y que finalmente también
se sustenta en indicadores cuantitativos de las mercancías a que
acceden las personas.
Desde este innovador paradigma, los seres humanos son analizados
en su rol dual, ya no sólo como medios primarios de toda la producción,
perspectiva tradicional de los estudios del desarrollo económico, sino
como agentes, beneficiarios y adjudicatarios del progreso.
De donde se "sostiene que el proceso de desarrollo
económico se debe concebir como la expansión de las 'capacidades' de la
gente. Este enfoque se centra en lo que la gente puede hacer y el
desarrollo se ve como un proceso de emancipación de la obligada
necesidad de 'vivir menos o ser menos'" (1983:1115, nuestro
subrayado).
Este planteamiento evita -cuando se evalúa el desarrollo o se
proponen medidas de política- que se confundan medios y fines, ya que a
menudo, no sólo en la práctica, se olvida que la vida de las personas
debe ser la preocupación principal y que la producción y la prosperidad
materiales son meros instrumentos para solventar aquélla. Aunque esto
parecería una perogrullada, tradicionalmente tal confusión ha llevado y
sigue dando lugar a una concentración analítica y de política
parcializada unilateralmente en la expansión del ingreso real y del
crecimiento económico (por habitante) como las características
centrales y determinantes de un desarrollo exitoso y como fínes últimos
de éste.
Ese paradigma tradicional no sería problemático si existiera una
correspondencia perfecta entre ambos aspectos (y en que los medios se
materializaran en fines de inmediata y completamente), es decir, entre
crecimiento y desarrollo. Pero esto evidentemente no es así, por varias
razones, como veremos a continuación, en que observa que elevados y
crecientes niveles de ingreso o de utilidad o de satisfacción de
necesidades básicas no necesariamente aseguran altos niveles
cualitativos de vida, aunque puedan estar relacionados - y, en algunos
casos, incluso, perversamente -con éstos.
De lo que se trata, por tanto, es de "evaluar el cambio
social en términos de la riqueza de la vida humana resultante de él"
(1989:43). Pero, como la propia noción de calidad de la vida humana es
una cuestión de complejidad, se requiere desarrollar conceptos
adicionales para plasmar la nueva visión con precisión. Es aquí donde
surge una primera diferencia con el enfoque de Max-Neef, ya que el
centro de análisis no son las necesidades y los logros, sino el
potencial para lograr su cobertura.
Para ese efecto, Sen desarrolla un conjunto -a primera
vista, abigarrado- de conceptos no convencionales para construir su
propia perspectiva del desarrollo, en la que implícita y explícitamente
se cuestionan los paradigmas convencionales.
Como se ha señalado, la persona humana se encuentra en el centro
de análisis y preocupaciones del autor "(...) commodities are
merely means to well-being and freedom and do not reflect the nature of
the lives that the people involved can lead" (Sen,
1989a:53). Por lo que también es el punto de
partida de su esquema, que nos llevará a la definición del desarrollo
como proceso por medio del cual se amplían y profundizan las
capacidades humanas.
En el esquema que desarrollaremos aquí -para facilitarle el
seguimiento al lector- podríamos, a manera de síntesis, establecer la
siguiente cadena de conceptos que se condicionan mutuamente (debiéndose
tener presente que unos pueden englobar o ser precondiciones de otros)
aunque no necesariamente uno lleva al siguiente (a modo de
referencia se incluyen los términos originales en inglés).
Dotaciones - Derechos -
Capacidades - Realizaciones - Calidad de Vida
ó Endowments - Entitlements - Capabilities
- Functionings - Quality of Life.
Para tal efecto, Sen inicia su estudio con el concepto de
endowments, que denominaremos dotaciones de aquí en
adelante, definidas como el conjunto de posesiones o propiedades
iniciales con que cuenta una persona (o familia), tales como su fuerza
de trabajo, tierras, herramientas, bienes, dinero.
Esa dotación de partida, la persona o familia la puede convertir
en entitlements (derechos de uso o dominio de aquí en adelante)
o conjuntos de canastas de mercancías sobre las que tiene comando o
derecho de uso. Tal conversión se puede realizar por el autoconsumo de
la familia o por un intercambio de las dotaciones iniciales con la
naturaleza (producción) o con otras personas (a través del comercio,
entendido éste como exchange entitlement por Sen).
Realizado esto, el individuo tiene derechos o dominio sobre un
subconjunto alternativo de canastas de mercancías que puede usar o
consumir (como tal, se trata en términos microeconómicos, de un vector
de dotación o de un conjunto presupuestal).
Esos derechos de uso - derivados en parte de las dotaciones-
están amparados consuetudinariamente, sea legalmente, porque se trata
de posesione privadas (aseguradas por el Estado y que pueden defenderse
en las cortes), sea porque están legitimados socialmente (caso de
bienes públicos o de subsidios o donaciones o por mecanismos de
reciprocidad entre familias o por sistemas de distribución al interior
de la familia).
Tales derechos o dominio, entendidos como el "conjunto
de mercancías entre las que una persona puede elegir un subconjunto",
permiten "relacionar el dominio real sobre bienes y servicios
de una persona o familia con las reglas de los mismos en ese sistema y
la posición real de la persona o familia en el sistema (por ejemplo: la
propiedad o dotación iniciales). Esta forma de enfocar el problema
contrasta con otras que evitan la cuestión del dominio, dando por hecho
de una manera general la disponibilidad de los bienes para su
distribución entre la población". En esta perspectiva, Sen
demuestra -a manera de ilustración- que puede haber abundante
disponibilidad de alimentos en una sociedad, sin que ello otorgue
necesariamente el derecho de uso sobre ellos, con los que se pueden
presentar - en aparente paradoja hambrunas masivas (Véase sus ejemplos
en 1989a).
Más aún, y es aquí donde establece el nexo entre las personas y
las particularidades de la sociedad en que desenvuelven, "que
una persona sea capaz de ejercer dominio sobre la cantidad suficiente
de alimentos para no morirse de hambre depende de la naturaleza del
sistema de derechos que opere en la economía en cuestión y en la propia
posición de la persona en esa sociedad. Si reflexionamos sobre esto
vemos que es algo completamente obvio, pero millones de personas han
muerto a causa de posiciones que ignoran el enfoque de los derechos y
se concentran en cambio en variables tales como la oferta de alimentos
por unidad de población. Incluso cuando la proporción total de
alimentos para la población es alta, determinados grupos pueden morir
por su falta de habilidad para ejercer dominio sobre una cantidad
suficientes de alimentos. Ver el problema alimentario como en el
enfoque malthusiano, en términos de la producción alimentaria o la
oferta per cápita, puede ser un error mortal, literalmente hablando"
(1983: 1119). Observamos en esto una primera importante de Sen,
de gran utilidad para fines de política, como veremos más adelante.
Con ello llegamos a los términos centrales de Sen, cuando
procede a distinguir entre las realizaciones ('functionings' es
el término poco afortunado que utiliza el autor) y las capacidades ('capabilities',
que quizás más fructíferamente podría traducirse como habilidades y
potencialidades) de las personas. "Si la vida es percibida como
un conjunto de 'haceres y seres' que son valorados, el ejercicio de
evaluar la calidad de vida debe adoptar la forma de evaluación de
estos funcionamientos y la capacidad de funcionar. Este ejercicio no
puede realizarse centrándose simplemente en las mercancías y los ingresos
que contribuyen a esos haceres y seres, como sucede en la contabilidad
basada en mercancías para evaluar la calidad de vida (implicando una
confusión entre medios y fines)"(1989:43s).
Las realizaciones están referidas a las diferentes condiciones
de vida que son (o pueden ser) alcanzadas por las personas, mientras
que las capacidades son las habilidades para lograr algo y, más
específicamente, son las oportunidades efectivas que posee la persona
respecto al tipo de vida que se puede llevar.
De manera que se conceptue la vida humana como un conjunto de
"haceres y seres" ("doings and beings =
functionings"), que configuran las realizaciones, en que se
relaciona la evaluación de la calidad de vida (concepto más amplio que
el de nivel de vida en su acepción tradicional) con el logro de la 'capacidad
de funcionar o realizar algo'. En ese proceso, algunas variables,
como la educación y la salud, son determinantes directos de la
capacidad humana, mientras que otras son instrumentales, tales
como la promoción agrícola o la productividad industrial.
Por lo que, según este enfoque, se perciba "el
desarrollo como una combinación de distintos procesos, más que la
expansión de alguna magnitud aparentemente homogénea, tal como el
ingreso real o la utilidad. Las cosas que la gente valora hacer o ser
pueden ser muy diversas y las capacidades valorables varían de
libertades tan elementales como estar libres de hambre o de
subalimentación hasta habilidades tan complejas como las de alcanzar el
autorespeto o la participación social" (1989:54,n.s.).
Con estas conceptualizaciones -aparentemente confusas a primera
vista- se recusa la visión de acuerdo a la cual la posesión de bienes y
servicios sirve como criterio exclusivo para definir el nivel de vida
(concepto estrecho) o de bienestar o calidad de vida (conceptos que
incluyen las capacidades) de una persona, puesto que las posibilidades
de transformación de bienes y servicios (a partir de los entitlements
o derechos) a realizaciones varían de persona en persona, según sus capacidades.
En ese sentido a la persona se la concibe en forma más dinámica y con
un potencial propio, más que como un ente pasivo, que sólo recibe o
consume o disfruta, como en las versiones económicas ortodoxas. En este
aspecto se observa un avance respecto al paradigma de Max-Neef, ya que
se consideran no sólo los logros, sino también y esencialmente las
libertades de acción es decir, para Sen es la propia libertad la
que importa y no los medios por los cuales es lograda.
Sen rastrea el origen de esta
perspectiva hasta Aristóteles, pasando por Adam Smith ,
hasta llegar a Marx. Su argumento básico radica en concebir la calidad
de vida en términos de actividades que se valoran en sí mismas y en la
capacidad de alcanzar estas actividades. En ese caso se discute la
importancia de las 'realizaciones' y de la 'capacidad de
funcionar' como determinantes del bienestar. El éxito de la vida
humana se observaría en términos del logro de las actividades humanas
necesarias o realizaciones.
Si la vida se percibe como un conjunto de 'haceres y seres'
(es decir, de realizaciones) que es valorado por sí mismo, el ejercicio
dirigido a determinar la calidad de la vida adopta la forma de evaluar
estas 'realizaciones' y la 'capacidad para funcionar'. A
diferencia de los enfoques basados en el valor o bienestar que
otorgarían las propias mercancías (en que se confunden medios y fines,
y que Marx denominó 'fetichismo de la mercancía'), en este caso
la calidad de vida se determinaría en apoyo a esos 'haceres y seres'
(realizaciones) y en la capacidad o habilidad de la persona de
lograrlos.
Los elementos constitutivos de la vida son vistos así como una
combinación de varios tipos de 'realizaciones' (en que la
persona es 'activa' y no 'pasiva'), tales como - entre
las más elementales- la de escapar a la morbilidad y la mortalidad,
estar bien alimentado, realizar movimientos usuales, etc., o - para ir
a niveles más sofisticados- lograr el autorespeto, tomar parte de la
vida en comunidad y aparecer en público sin vergüenza (en todas las
sociedades se valora esto, pero el conjunto específico de mercancías
necesarias para alcanzarlo, a través de "satisfactores",
varía en tiempo y espacio).
En pocas palabras, la idea rectora de este enfoque consiste en
que las 'realizaciones' son constitutivas del ser de una persona
y una evaluación del bienestar de una persona tiene que adoptar la
forma de una determinación de estos elementos constitutivos. Una 'realización'
es equivalente al logro de una persona: lo que él o ella hace es, y
toda 'realización' refleja una componente del estado (no solo anímico)
de esa persona. La 'capacidad' de una persona es una noción
derivada que refleja varias combinaciones de 'realizaciones' ('seres
y haceres') que él o ella puede alcanzar. De ahí que la 'capacidad'
refleje la libertad de la persona de elegir entre diferentes formas de
vida. La motivación implícita- el énfasis en la libertad- está bien
reflejada en la conocida frase de Marx, de acuerdo al cual lo que
necesitamos es "reemplazar la dominación de las circunstancias
y el azar sobre los individuos por la dominación de los individuos
sobre el azar y las circunstancias".
El enfoque de las capacidades puede ser contrastado no sólo con
los sistemas de evaluación basados en mercancías, sino también con el
derivado del enfoque de la 'utilidad'. En éste, la noción de
valor se centra básicamente (como en la teoría microeconómica o,
incluso, en la "economía del bienestar") en la
utilidad individual, que se define en términos de algún tipo de
condición mental, tal como el placer, la felicidad o la satisfacción de
deseos. Este proceder lleva a malentendidos en la medida en que no está
en condiciones de reflejar el malestar o la privación real de una
persona. Es así que, "en situaciones persistentes de privación,
las víctimas no andan llorando todo el tiempo, y muy a menudo realizan
grandes esfuerzos para derivar placeres de pequeñas compasiones o
limosnas y reducir los deseos personales a proporciones modestas
'realistas'. La privación de la persona entonces, no podría reflejarse
en absoluto en la métrica del placer, el logro de los deseos, etc.,
aún cuando él o ella pueda estar incapacitado de estar
adecuadamente alimentado, decentemente vestido, mínimamente educado y
así sucesivamente" (1989:45).
Su crítica central a estos planteamientos es que los "objetos
de valor" no pueden ser tenencias de mercancías. Juzgadas
incluso como medios, la utilidad de la perspectiva-mercancías
está severamente comprometida por la variabilidad de la conversión de
mercancías en capacidades. "Por ejemplo, el requerimiento de
alimentos y nutrientes para la capacidad de estar bien alimentado puede
variar sustantivamente de persona a persona, dependiendo de las tasas
metabólicas, del tamaño del cuerpo, del sexo, del embarazo, de la edad,
de las condiciones climáticas, de dolencias parasitarias y así
sucesivamente" (1989:47).
Aplicado a los campos de la educación, la vivienda, la salud,
etc., esto resulta aún más evidente. De ahí que el concepto de
desarrollo no se pueda limitar únicamente a la consideración de tales
medios materiales, sino que debería tomar en cuenta, sobre todo, las
realizaciones ("capabilities") que cada persona o
familia alcanza a partir de ellos.
Sabemos que el PBI apenas mide (parte de) la cantidad de los
medios de vida o bienestar que poseen los individuos (y aún eso muy
imperfectamente), pero ello nada dice de lo que la gente "extrae"
de tales bienes y servicios, lo que hace con ellos y cómo ese proceder
los enriquece en cuanto seres humanos, dados sus fines y
características personales. Es en esta perspectiva que radica la fuerza
del enfoque seniano.
Lo que le interesa no son únicamente las mercancías que sirven
para lograr algo o lo que queremos lograr, sino especialmente el logro
en sí mismo o incluso la libertad de lograr algo: "Los bienes
primarios son medios para alcanzar libertades, mientras que las
capacidades son expresiones de las libertades, mientras que las
capacidades son expresiones de las libertades en sí mismas"
(1989:48), por lo que "sólo los estados logrados son valorables
en sí mismos, no las oportunidades, que son valuadas sólo como medios
dirigidos a alcanzar el fin de estados valorables", en que
incluso "la misma elección es una característica valiosa de la
vida de una persona" (ibid.).
Este enfoque abre la visión a varias perspectivas de gran valor
para el tema que tenemos entre manos. De una parte, considera el hecho
que las personas valoran la habilidad de realizar ciertas cosas y, de
otra, la de alcanzar ciertos tipos de logros (tales como el de estar
bien alimentados, librarse de la morbilidad evitable, ser capaz de
movilizarse de un lugar a otro como deseen, etc.). Se enfatiza así el
ser y hacer (y, por tanto, la libertad), más que el tener, de la
persona humana. De manera que el bienestar de una persona dependería de
una evaluación de sus realizaciones.
Con este tipo de enfoque se posibilitan nuevas vías para
concebir y alentar el desarrollo cuando menos conceptualmente,
percibiéndose que lo importante en tales procesos - más que sólo los
medios materiales, las 'utilidades' o la satisfacción de 'necesidades
básicas' - radica en la promoción de las capacidades, las
realizaciones y los derechos de la persona humana.
Esta perspectiva ha llevado también a concentrarse en las
características de las mercancías, más que sólo en sus cantidades, ya
que aquéllas permiten- según cada persona- el desarrollo de las
realizaciones individuales o familiares. Ciertamente que la
materialización de tales 'realizaciones' no sólo depende de las
mercancías que posee la persona en cuestión, sino que también es una
función de la disponibilidad de bienes públicos y de la posibilidad de
usar bienes privados proveídos gratuitamente por el estado o el sector
privado. Tales logros (ser alfabeto, estar sano, estar bien
alimentado) dependen obviamente, en importante medida, de las
provisiones estatales de servicios de salud, educación, protección,
etc., así como del segmento privado-social para plantearlo en términos
de Quijano. De manera que, desde la perspectiva de este paradigma, se
quiere llamar la atención sobre la importancia de hacer una evaluación
del desarrollo en términos de las realizaciones logradas, más allá de
la mera disponibilidad y uso de los medios (bienes y servicios) para
tales "funcionamientos".
Expandiendo un poco al respecto de las características de las
mercancías, en un sentido cualitativo, ello no podrá llevar a
determinar hasta qué punto ciertas mercancías contribuyen realmente a
cubrir satisfactores efectivos y, con ello, necesidades, puesto que más
y más, en nuestro sistema económico se producen bienes y servicios- en
el marco de la 'obsolescencia planificada' - que no contribuyen
a ello (o que, incluso, tienden a deteriorar la calidad de vida). Lo que
nos lleva a los satisfactores no-sinérgicos de Max-Neef.
Más aún, el análisis de las características de los bienes nos
debería llevar también a un estudio de los beneficiarios en su
producción por ejemplo, si una familia sustituye las tradicionales tejas
por planchas de zinc para techar su casa ¿cuántos empleos e ingresos se
pierden en su comunidad (por la quiebra de los dueños de los hornos) y
cuántos se generan en las grandes fábricas de láminas? En añadidura,
¿la compra de láminas se efectiviza por el menor precio de éstas (que
generalmente están subsidiadas) o por el prestigio que otorgan?
Finalmente, ¿hasta qué punto la gente no llega a alcanzar el mínimo de
subsistencia por asignar 'irracionalmente' el gasto en base a
patrones culturales o por 'efecto de demostración'? Ver estudios
de Inglaterra del siglo pasado, en que se demuestra que ciertas
familias no alcanzan el nivel de subsistencia porque compran bienes
"culturales". Y, más universalmente, "es tal
la velocidad de producción y diversificación de los artefactos, que las
personas aumentan su dependencia y crece su alienación a tal punto, que
es cada vez más frecuente encontrar bienes económicos (artefactos) que
ya no potencian la satisfacción de necesidad alguna, sino que se
transforman en fines de sí mismo" (Max-Neef, Elizondo y
Hopenhayn, 1986:38).
Con ello entramos a un último tema central en el enfoque de Sen,
referido a los valores; es decir; lo que se evalúa como determinante
del 'desarrollo' depende de la noción de las cosas que se considera
valioso promover. Este tema presenta dos aspectos diferenciados, según Sen,
a saber: a. Las personas difieren entre sí en cuanto a lo que valoran
(valor- endogeneidad).
En cuanto al tema de la heterogeneidad de valores parecería ir
in crescendo el consenso en torno a lo que se valora y cómo se lo
valora.
Crecientemente se valora- al margen del indicador del PBI- la
importancia de diversos aspectos inmateriales del bienestar, más allá
de los puramente económicos. De ahí que se hayan incorporado otras
variables, tales como las demográficas, de salud, etc. Para hacer la
evaluación. Aún hay temas en debate, sin embargo, y el autor señala
concluyendo que "sería ocioso pretender resolver las disputas
sobre la importancia relativa de los diferentes tipos de funcionamiento
sobre la base de argumentos científicos únicamente" (1989:21).
De otra parte, en lo que se refiere a la endogeneidad de los
valores, esto sugiere otro problema difícil, relacionado con la
dependencia de la función de evaluación en la cosa que está siendo
evaluada. "El proceso de desarrollo puede contraer cambios en
lo que se percibe como valioso y qué pesos deben asignarse a esos
objetos. Hay implicados aquí complejos procesos filosóficos al juzgar
condiciones cambiantes, cuando esos cambios contraen alteraciones en
los valores que se asignan a esas condiciones" (ibid.:21-22).
Aunque no posee una respuesta precisa a estas dos problemáticas, es
válido partir del hecho que "el rol fundacional de los valores
sólo puede ser ignorado en favor de una visión instrumental
trivializando la base del concepto de desarrollo"(1989:23).
En conclusión, cuando hablemos del desarrollo en su nivel micro,
incorporaremos el concepto de capacidades y realizaciones como elemento
indispensable de la perspectiva alternativa que presentaremos más
adelante, ya que ellas son expresiones de libertades (para escoger
entre diversas opciones de vida), más que medios para alcanzar la
libertad (caso de los bienes y servicios).
Ahora bien, para fines de política, esta perspectiva enriquece
enormemente las propuestas, haciendo más eficaces las opciones. En la
medida en que no sólo propugna una expansión de la masa de mercancías
(por el lado de la oferta), que no es condición suficiente para el
desarrollo, establece toda una cadena de espacios de acción, desde las
dotaciones (en que la economía del desarrollo se detiene), pasando por
los derechos, hasta llegar a las capacidades y realizaciones. Una
perspectiva del desarrollo que no incorpore estos aspectos quedará
trunca desde la partida. En tal sentido, cuando menos conceptualmente, Sen
nos lleva buenos pasos adelante en esta materia.
Para terminar, en trabajos recientes, Javier Iguiñiz aplica esta perspectiva -ampliándola en medida importante- para
convertirla en el eje de su alternativa de desarrollo (para el Perú),
que también define como "un proceso de expansión de capacidades
humanas, individuales y colectivas (...), en el que el objetivo del
desarrollo (...) es el enriquecimiento de la vida humana que no está ni
tan exclusiva ni tan estrechamente ligado al crecimiento de la
producción por habitante aunque, generalmente, dicho crecimiento es un
factor importante para lograrlo. El acento esta puesto en lo que la
gente puede 'hacer y ser' y no en lo que puede 'tener'. Desde este
punto de vista, muchas veces no hace falta tener más para hacer más"
(1991:18s.).
De donde señala que, gracias a esta visión de las capacidades,
se las puede revalorar y se puede hacer uso de ellas ya que
generalmente se las ignora como potenciadoras de un desarrollo
alternativo. Al respecto nombra las siguientes, entre otras:
a.En nuestros países el sistema educativo se ha expandido a
grandes trancos; sin embargo, la posibilidad de aplicar productivamente
lo que se aprende es mínima, por falta de oportunidades.
b. Tanto las habilidades para el intercambio comercial y la
extensión del razonamiento contable, como la capacidad organizativa del
pueblo se han desarrollado hasta en sus sectores más pobres al enfrentarse,
en gran medida masivamente y de manera colectiva y autónoma, al
problema de la sobrevivencia. Con esa experiencia de gestión entre los
sectores populares y, sobre todo, de las mujeres, se han ido gestando
las capacidades indispensables para potenciar el desarrollo, en
especial a partir de la micro y pequeña empresa.
c. La industrialización de nuestros países, a pesar de todas sus
taras, ha gestado un contingente importante de empresarios, gerentes,
técnicos calificados, etc. que estarían en condiciones de asumir un
proceso de transformación productiva industrial de nuevas
características.
d. Las experiencias agrarias y, sobre todo, campesinas de los
últimos años, tanto en materia productiva y organizativa, como
política, abren un potencial inesperado de cambio.
Sin embargo, nos dice Iguiñiz,
siguiendo a Sen, "un problema fundamental para el pleno
ejercicio de estas capacidades se encuentra en la escasa vigencia de
derechos básicos en el país. La discriminación interna (...)
constituye un factor de primerísima importancia para explicar la
frustración de esas capacidades (...) la reducción de la calidad del
sistema educativo nacional. Al otro lado del espectro está la 'fuga de
cerebros'" (1991:25s).
Finalmente, por tanto, también es consciente de la importancia
de los derechos, en el sentido de Sen, para promover el
desarrollo "la estructura de productividades de nuestros países
es tan heterogénea que la resolución de los problemas elementales de
nuestras poblaciones pasa necesariamente por el establecimiento de una
serie de derechos que permitan el acceso de las mayorías a los bienes
fundamentales y a su reconocimiento social como iguales, con cierta
independencia de la productividad que las capacidades personales pueden
ejercer". (ibid.:20).
Ya hemos repasado la posición de un economista que aplica este
concepto de capacidades a escala nacional y para quien justamente la
constitución de "capacidades sociales" es el eje del
desarrollo (Henry Bruton, 1989).
Bibliografía
Iguiñiz, Javier (1991), "Hacia una alternativa de
Desarrollo", en: Aportes para la discusión, Nº1, Quito, FONDAD
Sen, Amartya (1983),
"Los bienes y la gente", en: Comercio Exterior, vol. 33, no.
12; pp. 1115-23
Sen Amartya (1985), "Desarrollo:
Ahora, ¿hacia dónde?", en: Investigación Económica, Nº 173,
julio-setiembre; pp. 129-56. Original en: Economic Journal, vol 93, no
372, diciembre 1983; pp. 745-62. Otra versión en castellano: "Cuál
es el camino del desarrollo", en: Comercio Exterior, vol. 35,
Nº10, octubre 1985; pp. 939-49.
Sen, Amartya (1988),
"The Concept of Development", en: Hollis Chenery y T.N.
Srnivisan, eds., Handbook of Development Economics, Vol. I, pp. 10-26.
Sen Amartya (1989), "Development as
Capability Expansion", en: Journal of Development Planning, Nº19;
41-58.
Sen Amartya (1992), Inequality
Reexamined, Cambridge, mass., Harvard University Press
Sen Amartya y Dean Dréze (1989a),
Hunger and Public Action, Oxford, Clarendon Press.
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