En medio de un mundo que se debate en una crisis financiera, la
humanidad intenta hallar respuestas y soluciones para resolver el
problema económico. En este contexto emerge la figura de Amartya Sen,
economista y filósofo que ha obtenido el máximo galardón de la Academia
Sueca. Su trabajo ha logrado influir en los textos y los estudios
internacionales sobre desarrollo humano y calidad de vida.
Javier Iguiñiz gracias a el se conoce a Sen en el Perú.
"Aunque los bienes y
servicios son valiosos, no lo son por sí mismos. Su valor radica en lo
que pueden hacer por la gente o más bien, lo que ésta puede hacer con
ellos".
"El proceso de desarrollo no consiste esencialmente en extender la
oferta de bienes y servicios, sino las capacidades de la gente... Necesitamos
prestar más atención a crear y asegurar los derechos y convertirlos en
capacidades".
Estas citas son las que
mejor reflejan el pensamiento del premio Nobel de economía de 1998,
profesor Amartya Sen. Sen, de 64 años, enseña actualmente, en el
Trinity College de los Estados Unidos, y ha sido catedrático en la
universidad de Oxford, y profesor de economía y filosofía en Harvard,
así como en el College de Cambridge.
Nació en la India y al
parecer no olvida sus orígenes, a tal punto nos dice el economista peruano
-de origen vasco- Javier Iguiñiz que "siempre cuenta y recuerda la
hambruna que hubo en la ciudad de Bengala en 1943, donde vio cómo las
gentes caían muertas por las calles".
Este hecho parece haber marcado las preocupaciones y los intereses de
Amartya Sen. Quizás eso explique, en parte, los títulos principales de
sus obras: "Hambre y Acción Pública"; "Pobreza y
Hambruna"; "Sobre la Desigualdad Económica"; "The
Standars of Living"; y "Elección colectiva y bienestar
social", entre otros.
En América Latina una de las
personas que introduce el pensamiento y la obra del nobel es el doctor
Javier Iguiñiz Echevarría, profesor principal de la Universidad
Católica. La empatía con las tesis de Sen son de tal naturaleza que
algunos amigos apenas se enteraron de quién había sido nominado como
premio nobel, lo llamaron para felicitarlo.
Sobre él dice que "su
propuesta central tiene que ver con la preocupación que tiene sobre la
calidad de vida de las personas y la libertad que deberían tener éstas
para poder escoger sus maneras de vivir".
Pero, es la denominada
"economía del bienestar" por donde más ha influido Sen en el
mundo, sobre todo en los estudios e informes internacionales sobre el
desarrollo humano, como en el de los organismos de Naciones Unidas.
"Una de las tesis que maneja, nos dice Iguiñiz, en ese estudio
fundamental de pobreza y hambrunas, es que las grandes hambrunas, la
causa principal no fue la escasez de alimentos, sino un fenómeno
económico. Es decir ausencia de una política económica que podía evitar
esto".
Máximo Vega Centeno, miembro del Departamento de Economía de la
Universidad Católica también refiere que otro de los aportes de Sen
tiene que ver con su concepción sobre el empleo. "Para él, dice,
el empleo es una contribución a la producción, ayuda a la generación de
ingresos, pero también tiene una significación social, además de sus
teorías sobre la familia con un contenido social y humano, y la teoría
del crecimiento".
Iguiñiz, quien en 1992 fue alumno libre en las clases que dictaba Sen
en Harvard, recuerda que el premio nobel en algunas ocasiones preparaba
debates públicos en el aula con expertos que discrepaban diametralmente
de sus tesis. Una de ellas fue la discusión que sostuvo con el filósofo
Robert Nozick, y donde los alumnos preguntaban y tomaban posición,
libremente, sobre lo que se discutía.
Amartya Sen cambió la tradicional manera de entender la economía del
bienestar que existía en el mundo, que entendía que el desarrollo de
las personas tenía relación directa con el acceso que pudieran tener a
los bienes.
Por el contrario propone que el ser humano es el fin último de la
economía, por lo que los bienes deben potenciar las capacidades de las
personas. Por eso una de las preocupaciones últimas de Sen es cómo se
puede vincular la ética con la economía. Esto según Iguiñiz contradice
la vorágine que existe en América Latina al concebir el desarrollo como
una adopción de estilos de vida de los países occidentales.
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