El Bienestar Según Un Nóbel
DAVID MONTOYA

 

 

 

 

 

 

En medio de un mundo que se debate en una crisis financiera, la humanidad intenta hallar respuestas y soluciones para resolver el problema económico. En este contexto emerge la figura de Amartya Sen, economista y filósofo que ha obtenido el máximo galardón de la Academia Sueca. Su trabajo ha logrado influir en los textos y los estudios internacionales sobre desarrollo humano y calidad de vida.
Javier Iguiñiz gracias a el se conoce a Sen en el Perú.

"Aunque los bienes y servicios son valiosos, no lo son por sí mismos. Su valor radica en lo que pueden hacer por la gente o más bien, lo que ésta puede hacer con ellos".

"El proceso de desarrollo no consiste esencialmente en extender la oferta de bienes y servicios, sino las capacidades de la gente... Necesitamos prestar más atención a crear y asegurar los derechos y convertirlos en capacidades".

Estas citas son las que mejor reflejan el pensamiento del premio Nobel de economía de 1998, profesor Amartya Sen. Sen, de 64 años, enseña actualmente, en el Trinity College de los Estados Unidos, y ha sido catedrático en la universidad de Oxford, y profesor de economía y filosofía en Harvard, así como en el College de Cambridge.

Nació en la India y al parecer no olvida sus orígenes, a tal punto nos dice el economista peruano -de origen vasco- Javier Iguiñiz que "siempre cuenta y recuerda la hambruna que hubo en la ciudad de Bengala en 1943, donde vio cómo las gentes caían muertas por las calles".

Este hecho parece haber marcado las preocupaciones y los intereses de Amartya Sen. Quizás eso explique, en parte, los títulos principales de sus obras: "Hambre y Acción Pública"; "Pobreza y Hambruna"; "Sobre la Desigualdad Económica"; "The Standars of Living"; y "Elección colectiva y bienestar social", entre otros.

En América Latina una de las personas que introduce el pensamiento y la obra del nobel es el doctor Javier Iguiñiz Echevarría, profesor principal de la Universidad Católica. La empatía con las tesis de Sen son de tal naturaleza que algunos amigos apenas se enteraron de quién había sido nominado como premio nobel, lo llamaron para felicitarlo.

Sobre él dice que "su propuesta central tiene que ver con la preocupación que tiene sobre la calidad de vida de las personas y la libertad que deberían tener éstas para poder escoger sus maneras de vivir".

  Pero, es la denominada "economía del bienestar" por donde más ha influido Sen en el mundo, sobre todo en los estudios e informes internacionales sobre el desarrollo humano, como en el de los organismos de Naciones Unidas.


"Una de las tesis que maneja, nos dice Iguiñiz, en ese estudio fundamental de pobreza y hambrunas, es que las grandes hambrunas, la causa principal no fue la escasez de alimentos, sino un fenómeno económico. Es decir ausencia de una política económica que podía evitar esto".

Máximo Vega Centeno, miembro del Departamento de Economía de la Universidad Católica también refiere que otro de los aportes de Sen tiene que ver con su concepción sobre el empleo. "Para él, dice, el empleo es una contribución a la producción, ayuda a la generación de ingresos, pero también tiene una significación social, además de sus teorías sobre la familia con un contenido social y humano, y la teoría del crecimiento".
Iguiñiz, quien en 1992 fue alumno libre en las clases que dictaba Sen en Harvard, recuerda que el premio nobel en algunas ocasiones preparaba debates públicos en el aula con expertos que discrepaban diametralmente de sus tesis. Una de ellas fue la discusión que sostuvo con el filósofo Robert Nozick, y donde los alumnos preguntaban y tomaban posición, libremente, sobre lo que se discutía.


Amartya Sen cambió la tradicional manera de entender la economía del bienestar que existía en el mundo, que entendía que el desarrollo de las personas tenía relación directa con el acceso que pudieran tener a los bienes.


Por el contrario propone que el ser humano es el fin último de la economía, por lo que los bienes deben potenciar las capacidades de las personas. Por eso una de las preocupaciones últimas de Sen es cómo se puede vincular la ética con la economía. Esto según Iguiñiz contradice la vorágine que existe en América Latina al concebir el desarrollo como una adopción de estilos de vida de los países occidentales.

 


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