Hambre, prensa y democracia
Clarin, Buenos Aires, Argentina, 18 de octubre de 1998

 

 

 

 

 

 

La existencia y el ejercicio de las libertades y los derechos políticos, incluida la libertad de expresión, hacen más fácil evitar desastres económicos como las hambrunas. En la terrible historia de las hambrunas, se destaca que no se produjo ninguna hambruna significativa en un país con forma de gobierno democrática y una prensa relativamente libre. Tienen lugar en antiguos reinos y en las sociedades autoritarias contemporáneas, en comunidades tribales primitivas y en las dictaduras tecnocráticas modernas, en economías coloniales gobernadas por los imperialistas desde el Norte y en países de independencia reciente del sur, gobernados por nacionalistas despóticos o por partidos únicos intolerantes.

Pero las hambrunas nunca afectaron a un país independiente, con elecciones regulares, partidos de oposición, que permite a los diarios informar libremente y cuestionar las políticas gubernamentales sin sufrir la censura.


La conexión entre los derechos políticos y las necesidades económicas se puede ejemplificar en el contexto específico de la prevención de hambrunas, si tenemos en cuenta las hambrunas masivas de China de 1958 a 1961. Aún antes de las recientes reformas económicas, China había tenido mucho más éxito que la India en materia de desarrollo económico. La esperanza promedio de vida, por ejemplo, se elevó en China mucho más que en la India, y mucho antes de las reformas de 1979 ya había alcanzado la alta cifra de 70 años que se menciona hoy. Sin embargo, China no fue capaz de evitar la hambruna. Se calcula que las hambrunas de China de 1958 a 1961 mataron a 30 millones de personas, diez veces más que la gigantesca hambruna de 1943 en la India británica.


El llamado "gran salto adelante" iniciado a fines de los años 50 fue un fracaso masivo, pero el gobierno chino se negó a admitirlo y siguió aplicando dogmáticamente las mismas políticas desastrosas durante otros tres años. Es difícil imaginar que esto hubiera podido pasar en un país que tiene elecciones regularmente y una prensa independiente. La falta de un sistema libre de distribución de noticias indujo a engaño al propio gobierno. Se creyó su propia propaganda y los informes optimistas de las autoridades del partido local que competían por hacer méritos en Beijing. Cuando la hambruna alcanzaba su punto más alto, las autoridades chinas creían equivocadamente que tenían 100 millones más de toneladas métricas de grano de las que tenían.

Estos temas siguen siendo relevantes en la China de hoy. Desde las reformas económicas de 1979, las políticas oficiales se han fundado en el reconocimiento de la importancia de los incentivos económicos sin un reconocimiento similar de los incentivos políticos. Cuando las cosas marchan razonablemente bien, el rol disciplinario de la democracia no se echa mucho de menos, pero cuando se cometen grandes errores políticos, esa laguna puede ser ruinosa.

 


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